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sábado, 27 de octubre de 2012

Equipación Táctica II. Armamento

 Una de las partes más llamativas del trabajo táctico, radica en el empleo de las armas. Armas que no dejan de ser una herramienta más del equipo, herramienta que debe ir acorde con el resto de la equitación y de la misión. Todo debe estar en su justa concordancia.

En un principio se utilizaron armas y tácticas militares para operaciones policiales civiles, lo cual no suponía una solución coherente, de ahí que poco a poco esos sistemas de trabajo fueron variando enormemente. Pero todo esto está actualmente en nuevo proceso de cambio.

Los nuevos enemigos contra los que trabajan las policías en la actualidad, han obligado a estas a subir muy significativamente su nivel de letalidad operativa, sin llegar a extremos excesivos. Por otro lado la implicación de la Fuerzas Armadas en Misiones Internacionales de Mantenimiento de Paz ha provocado otra modificación mucho más sustancial en este colectivo armado. La táctica militar tradicional de operaciones en entorno urbano llevaba implícito el principio de potencia de fuego y superioridad de medios.

El tipo de acciones en las que deben actuar en la actualidad son de tipo más policía que militar tradicional, con lo que sus actuaciones deben seguir las mismas pautas de evitar daños colaterales y mínima bajas, ya sean propias o de oponentes. Esto ha afectado a todos los Estados Mayores de los ejércitos implicados en este tipo de acciones, obligando a un replanteamiento de todo el sistema de entrenamiento, de tácticas, de logística, de Reglas Operativas de Enfrentamiento, etc. Consecuencia de ello es el acercamiento de los listones de letalidad de ambos estamentos, por un lado subiendo el policial, por otro bajando el militar.

Como podemos ver en un principio son las unidades militares las que marcaron la pauta a seguir, tras este periodo se produce otro de divergencia y diferenciación merced de la situación social e internacional imperante. Ante la nuevo cambio social e internacional volvemos a un nuevo acercamiento, esta vez del campo militar al policial.

Remontándonos a los principios de los equipos de asalto policial, estas unidades se apoyaron en el trabajo, técnicas, tácticas y armas militares, incluyendo el uso intensivo del calibre 7.62 y 5.56 mm. dotados de unas condiciones balísticas que lo hacían desaconsejable en el 90% de las situaciones que podían encontrase en aquellos entonces. Acabando por decantarse durante casi veinte años por armas menos “potentes”, en calibres del 9 mm. hasta el .40 S&W o .45 ACP, tanto para pistolas como subfusiles.

Pero los tiempos cambian y el nuevo estatus internacional y las “nuevas” organizaciones criminales están mejor armadas y mejor equipadas. Casos de atracadores totalmente protegidos con equipos antibalísticos completos, verdaderos trajes, contra los cuales las armas de dotación de aquel entonces poco o casi nada podían hacer, obligaron a modificar las reglas de enfrentamiento imperantes y al estudio de “nuevas” armas y municiones.

Por un lado tenemos municiones con nula o muy poca capacidad de perforación, para misiones en plantas industriales de alto riesgo o en aviones. Tenemos municiones de materiales sintéticos, municiones prefragmentadas, municiones frangibles que se desintegran contra algo más duro que el aire, pero capaces de transmitir la suficiente energía cinética a un blanco humano.

Calibres hasta entonces puramente militares, como el 5.56×45 mm. o el ruso 7.62×39 mm. pasaron a dotar a muchas policías de Europa y Estados Unidos. En ambos casos buscando municiones con proyectiles con el suficiente poder de penetración como para atravesar chalecos, y poder transferir una gran cantidad de energía cinética al blanco, capaz de incapacitarlo de forma inmediata.

En esa dirección se encaminaron muchas investigaciones privadas y gubernamentales, siendo dos empresas privadas europeas las que han cosechado más éxitos de venta. La primera, alemana, es la muy conocida Heckler & Koch. Fabrica el subfusil MP7 PDW, Personal, Defence Weapon, con su nuevo cartucho de 4.6×30 mm., dotado de una velocidad inicial entorno a los 725 m/s, una cadencia entorno a los 950 dpm., y cargadores de hasta 40 cartuchos.

La otra productora es la Fábrica Nacional Belga, que fabrica el subfusil PDW P-90, y la pistola Five SeveN, recamarados para la misma munición de 5.7×28 mm. modelo SS190, velocidad inicial de 715 m/s, cargadores de 50 cartuchos para el subfusil y de 20 para la pistola, así como una cadencia teórica del subfusil de aproximadamente 900 dpm.

Ambas producciones han sido adquiridas por numerosas agencias de todo el mundo. Como podemos ver son armas con gran potencia, capacidad y poder resolutivo. Nuevos tiempos, nuevas armas. Existen otras armas más que podríamos comentar, pero todas en torno a las características ya reseñadas.Un entrenamiento realista realizado en escenarios correctamente estudiados, siempre en referencia a casos ya pasados y a otros nuevos probables, determina la elección de un tipo determinado de armas y de técnicas diferentes adaptadas a estas, pues el personal operativo encuentra la base que ha de permitir evolucionar y mantener la adecuada delantera a las probables situaciones tácticas.

÷ Desarrollar técnicas nuevas para armas ya existentes.
÷ Desarrollar armas para situaciones especiales.
÷ Modificar armas ya existentes para fines concretos.
÷ Adaptar técnicas antiguas a situaciones nuevas.
÷ Detectar y solucionar problemas antes de que estos aparezcan.

Veamos ahora un pequeño estudio sobre las características de la panoplia de armas que pueden utilizarse, siempre de forma genérica y sin entrar en cuestiones de modelo y o fabricante.

Arma corta.
Es “el arma” por definición, de la mayoría de las entidades policiales, salvo unidades específicas. Aquí debemos hacer un inciso importante. Para la mayoría de los agentes de policía su arma principal, y única normalmente, es la pistola. Para una unidad de asalto, militar o policial, esta se convierte en arma secundaria, auxiliar del arma larga. Esta matización debe realizarse ya que las formas de trabajo y de transporte del arma varían sustancialmente.

La funda de muslo, válida para alguien que porta un pesado y voluminoso chaleco táctico, resulta excesivamente aparatosa, y hasta cierto punto incómoda para un patrullero en su labor habitual. En el caso de una funda de costado puede ocurrir lo contrario si lo utiliza un operador táctico.

Hasta hace unos cuantos años, cuando nos referiamos a armas cortas siempre surgía la misma discusión, ¿pistola o revólver?, actualmente existen multitud de pistolas tan seguras y fáciles de usar y portar como un revólver, pero con las ventajas de mayor potencia de fuego y rapidez de recarga.

Desde el punto de vista táctico, el arma corta debe poseer una serie de condiciones y cualidades.

÷ Capacidad de funcionamiento frente a condiciones adversas.
÷ Simplicidad de manipulación y manejo.
÷ Buen acabado ergonómico.
÷ Miras adaptadas para al tipo de acción para el que se puede emplear.
÷ Buena precisión natural.
÷ Resistente a la corrosión y a los golpes fortuitos.
÷ Fiabilidad mecánica.
÷ Calibre y munición adecuados.

Este último punto ha sido igualmente discutido durante mucho tiempo, y la aparición de nuevos calibres no ha hecho má que complicar aún más la elección, pues a los tradicionales 9 mm. Parabellum, .38 Special, .357 Magnum y .45 ACP se han venido ha sumar el .40 Smith and Wesson, l0 mm. Auto y .357 Sig por citar los más extendidos.

Quizá de todos los calibres mencionados sea el 38 Spl el menos indicado para acciones tácticas, y en cuanto a los demás, conviene recordar que no solo es importante el diámetro del proyectil, si no también su conformación física y estructural, y por supuesto el punto de impacto.

Continuará

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