Aunque aparentemente solo son para francotiradores, para cualquier profesional armado tambien son importantes, no olvidemos que el adversario es el mismo, independientemente del arma que empuñe.

Nuestra mente no puede detectar nada si no tiene tiempo suficiente para verlo.

Para que el cerebro pueda reconocer algo, los ojos deben mirarlo lo suficiente como para registrar una impresión.

Girar la cabeza demasiado rápido produce una confusión indescifrable.

Hay que pausar deliberadamente el movimiento de los ojos, examinando conscientemente desde un punto a otro, volviendo hacia atrás y repitiendo lo mismo pero más despacio, y volviéndolo a hacer más despacio todavía.

Como regla general, cuanto más pequeño o más lejos se prevea que va a estar un objetivo potencial, más despacio se deben mover los ojos.

Nuestra mente no puede encontrar algo a no ser que esté programada para hacerlo.

El personal sin experiencia espera encontrarse con un cuerpo humano entero, vistiendo uniforme y/o portando un arma.

La mente está programada para eso, con lo cual, si aparece algo distinto, probablemente no se den cuenta.

La solución es “decirle” a la mente que lo que buscamos es una parte pequeña de un ser humano - quizás el talón de su bota, la mitad de su cara, una mano, un hombro, el cañón de su arma.

Si la mente está programada para encontrar nada más que hombres enteros, automáticamente desestimará claves más pequeñas.

El adversario debe resultar tan familiar que deber ser capaz de distinguir un gesto, un cm de empuñadura de una pistola o navaja, un cañón, el tapón de una cantimplora o la parte de arriba de un casco en un fondo irregular y confuso.

Apreciar el significado de las sombras.

Los profesionales con experiencia prefieren las sombras para caminar, descansar o situar sus posiciones de tiro.

Los humanos parados buscan, de forma instintiva, la sombra para evadirse del sol, y muchas veces será al abrigo de una sombra donde encontraremos a un adversario.

Hay que penetrar en las sombras para localizarlo.

Asimismo, también hay que estar posicionados en sombra, no sólo por camuflaje, sino también porque las pupilas se dilatarán y tendremos una mejor observación sobre otras zonas.

Hay que prestar especial atención al amanecer y al anochecer, cuando las sombras son más largas.

La paciencia es la clave de una detección exitosa.

Es posible estar días enteros observando un sector sin detectar ni siquiera un objetivo, o acabar por detectar varios de forma inmediata.

El autocontrol debe ser tal que reaccionemos de la misma manera en las dos circunstancias.

La paciencia no es otra cosa que una forma de autodisciplina.

Hay que combatir la tentación de abatir el primer blanco que aparezca.

El adversario estará alerta, por lo cual se debe tomar el tiempo suficiente como para identificar los blancos prioritarios, y, después, actuar.

Los seres humanos son animales de costumbres y ocupan o viajan a través de lugares predecibles.

Por supuesto, hay que aprender el modo de trabajo de nuestros adversarios y sus tácticas tan bien que sea posible anticiparse a cómo se situará en un determinado lugar.

Hay que interpretar el entorno tal y como él lo haría.

Después, contrastar esto con los conocimientos sobre la naturaleza humana: los seres humanos prefieren estar con la espalda cubierta (un muro) a en medio de una plaza, prefieren estar cerca de rutas de escape, calientes, a cubierto del viento, cerca de las carreteras o caminos, y cerca de lugares concurridos.