Introducción.
Utilizados por Unidades de Operaciones Especiales por su poco peso, por Grupos Antiterroristas por su poco volumen y alta letalidad, por unidades policiales de todo el globo o por guardaespaldas que los llevan ocultos en maletines, guanteras o bajo las chaquetas. Todos ellos, entre otros, quieren un arma barata, sencilla, fiable, con la mayor potencia de fuego posible, de forma controlable y precisa, y todo ello en el menor volumen posible.
El subfusil, por definición, reúne todas estas características.
Los subfusiles son armas baratas de fabricar y mantener. Es más barato fabricar armas simples en grandes cantidades, que construir el utillaje para la manufactura de los fusiles de asalto modernos, más complejos, caros y “difíciles” (relativamente) de mantener. Además, en la mayoría de las situaciones en las que se ven involucradas las unidades arriba mencionadas, es necesario la utilización de armas más precisas que una simple pistola. Con la potencia necesaria para acabar de forma efectiva con cualquier enemigo, pero no tanta como para que lo atraviese e impacte en un inocente, o rebote si falla.
El nacimiento.
Retrocediendo en el árbol genealógico de los subfusiles, es necesario marcar a las pistolas automáticas Borchart y Mauser, de finales del pasado siglo, como las antecesoras evolutivas de los subfusiles. A consecuencia de su volumen y peso, pronto se les dotó de un culatín adicional y, posteriormente, la última de ellas dispuso de un selector de tiro a ráfagas. Fueron, pues, los progenitores del subfusil, entendiendo por tal a un arma automática, con munición de pistola, más corta y ligera que un fusil.
Con esos antecedentes la idea y aplicación militar de la nueva arma ya estaba concebida, siendo durante la Primera Guerra Mundial (PGM) cuando varios Ejércitos decidieron acometer su diseño y fabricación. Aunque históricamente le corresponde a Italia la primacía, la escasa aceptación del modelo que este país desarrolló y la inmediata aparición del MP-18 Bergmann, hicieron que fuese Alemania la primera en fabricar un logrado diseño que tuvo gran aceptación y empleo en la contienda, llegando a crear unidades exclusivamente equipadas con este arma, las Stormtrooper. Aunque la derrota del Reich, en 1918, silenció en parte la verdadera importancia y aplicación que la nueva arma había conseguido, no pasó desapercibida para el resto de las naciones que tomando al alemán como modelo, comenzaron el estudio y experimentación de los prototipos que más tarde serían fabricados en serie y declarados reglamentarios.
El MP-18 constituyó el inicio de una serie de subfusiles a los que se les conoce como modelos de la primera generación y cuyas características más comunes fueron su gran peso y tamaño, ir provistos de culata de madera, cañón rodeado de un tubo perforado para refrigeración, cargador circular (de caracol) de gran capacidad y un funcionamiento muy simple por retroceso directo de masas, oponiendo a la apertura de la recámara un cerrojo muy pesado.
Finlandia fue uno de los primeros países que, basándose en las experiencias del MP-18, inició a partir de 1922 una serie de investigaciones y diseños que continuó perfeccionando hasta conseguir, en 1931, el arma denominada Suomi mod 31, declarada reglamentaria en su Ejército y fabricada posteriormente en distintos países (Dinamarca, Suecia, Suiza, etc.). Caracterizaba a este subfusil un cargador circular de gran autonomía (71 cartuchos) distinguiéndose en la guerra ruso-finesa de 1939-40 por su gran fiabilidad y eficacia en golpes de mano e incursiones en la retaguardia enemiga.
La Unión Soviética, también se dio cuenta del valor táctico de los subfusiles decidiendo, a principios de los años treinta, en base a importantes ingenieros y proyectos, abordar el estudio y fabricación de un arma de esta clase con la que posteriormente dotar a su Ejército. En 1934 los soviéticos dispusieron, por fin, de su primer subfusil, el PPD-34, inspirado en el modelo MP-18 alemán y con las características citadas en las armas de primera generación. Poco después fue ligeramente perfeccionado, pasando a denominarse PPD-38 y dos años más tarde apareció el PPD-40 que comenzó a fabricarse ya iniciada la Segunda Guerra Mundial (SGM).
Otro nuevo mo-delo le fue entregado al Ejército Rojo en plena contienda, el PPSh-41, que aun-que por su concep-ción no variaba esencialmente de sus predecesores, hubo algo en él que causó una verdadera revolución y que fue su proceso fabril gracias al cual los capítulos de costos y trabajo se simplificaban nota-blemente siendo ambos, pero sobre todo este último, de transcendental importancia en tiempos de guerra. Mediante la estampación, se aumentó vertiginosamente la fabricación, eliminando el empleo de las caras y lentas máquinas anteriores. Como características más importantes, el PPSh-41 introducía un freno de boca para disminuir el retroceso y elevación en tiro ametrallador, el alza corredera se sustituyó por otra más simple de librillo sólo con dos posiciones, para 100 y 200 m, mucho más realista, y fue eliminada la aguja percutora de balancín del anterior modelo por una fija que sobresalía del plano delantero del cierre.
Tras el cese de las hostilidades, en 1945, este modelo continuó fabricándose hasta bien entrados los años 60, no sólo para los soviéticos sino también para los países de su órbita, especial-mente la R.P. de China y Corea del Norte.
La URSS también fabricó durante la SGM otro subfusil, el PPS-43 que, con respecto al PPSH-41, estaba notablemente aligerado. Amén de un cargador de petaca de 35 cartuchos, contaba con empuñadura en forma de pistolete y de un culatín ple­gable que se abatía sobre la parte superior del arma, lo que supuso el nacimiento del primer subfusil soviético perteneciente a la segunda generación.

La guerra civil española.La guerra civil española fue el primer y más importante campo de experimentación del subfusil de los que aparecieron toda clase de modelos en ambos bandos, incluidos los de origen nacional. Esas experiencias sirvieron para tomar posición a diversos fabricantes que posteriormente, en los campos de batalla de la SGM, comprendieron los verdaderos alcances de este arma. Por supuesto quedó claro que no podía sustituir al fusil, dadas sus inferiores pres­taciones, pero tampoco se le ocultaba a nadie que su papel era muy válido para determinadas fuerzas especiales, cuadros de mando subalterno, sirvientes de armas y equipos y fuerzas de seguridad, que precisan de algo más ligero, cómodo y manejable que el fusil, todo esto nos llegado sin variación hasta la actualidad.
En el aspecto nominal es totalmente imposible desarrollar una relación de subfusiles, participantes en la contienda, completa. En ella participaron armas de todos los paises productores de la época, y de toda procedencia posible. Subfusiles estonios como el Tallinn Mod 1923; alemanes como el MP-18, 28 y el 34/I, el SIG Mod 1920, los Erma Vollmer y EMPel finlandes Suomi 1931; americanos Thomson; el suizo Solothurn S1-100, o italianos Beretta 1938-A.
Tambien debemos añadir armas de producción nacional e incluso local, tanto copias como modelos originales. Modelos originales Star como los S.I.35, R.U.35 y Gollat MX 1935, copias del MP-28 como el Naranjero, o el catalán Labora-Fontbernat.
El periodo preguerra y la SGM.
Volviendo nuevamente a la Alemania de la primera postguerra mundial, habrá que decir que el MP-18, como consecuencia de la derrota, desapareció en su Ejército, aunque continuaron disponiendo de él las unidades policiales para fines de seguridad interna. Hugo Schmeisser le introdujo ligeras modificaciones y pocos años más tarde, con otras variaciones, hizo acto de presencia el MP-28, con selector de tiro a tiro o ráfagas, nueva alza de corredera y un cargador de petaca, si bien el diseño de la boca de carga permitía seguir introduciéndole el antiguo cargador de tambor. Además de en Alemania, se fabricó bajo licencia en España (en cuya guerra civil se experimentó ampliamente), Suiza y en Bélgica, teniendo una gran aceptación en América del Sur y Portugal. A consecuencia del Tratado de Versalles, que prohibía la producción de armas a la derrotada Alemania, esta se vio obligada a producirlas en el extranjero, como el modelo Steyr-Solothurn S1-100 fabricado en Suiza y Austria.
En 1938, ante los graves acontecimientos que se avecinaban, el Estado Mayor del Ejército alemán basándose en la experiencia adquirida y con unas nuevas normativas, esencial-mente en tamaño y peso, le encargó a la firma Erma un subfusil (MP: Machinen Pistol) concebido fundamentalmente para ser utilizado en las unidades especiales (tropas paracaidistas, zapadores de asalto, carristas, etc.). Dicha empresa materializó con tanta rapidez el proyecto que ese mismo año la Werhrmaht recibió las primeras partidas del nuevo MP-38 que llegaría a ser uno de los mejores subfusiles de cuantos actuaron en la SGM. Con él desapareció la pesada culata de madera, sustituida por un ligero culatín abatible sobre la parte inferior, disponiéndose de un cargador de petaca con 32 cartuchos y de un pistolete con cachas de plástico para empuñar el arma. El sistema de cierre era por percusión avanzada, con una aguja percutora independiente del cerrojo e introducida en el interior del mismo. Alemania obtuvo así un subfusil de la segunda generación aunque, al estallar la contienda, en 1939, fue preciso reconsiderar el sistema de producción para adaptarlo a los planteamientos de guerra. Esos estudios culminaron con el MP-40, de apariencia similar al anterior pero con un sistema de estampado y soldadura que reducía notablemente sus costes y tiempos de fabricación. Salvo el cañón y el cierre, casi todo el subfusil se elaboraba con chapas de acero estampado.
Los EE.UU., por su parte desarrollaron en el transcurso de la PGM el subfusil Thompson, pero llegó tarde para participar en la contienda. Sus fabricantes tuvieron serios problemas para sobrevivir en los años de la postguerra, agravados posteriormente por la depresión económica de la década de los 30. Saldada ésta, se fue introduciendo en cuerpos de Policía, así como en manos de delincuentes, siendo un arma que todos hemos relacionado (gracias sobre todo al cine) con los gansters de aquella época. En 1938 el subfusil Thompson fue adoptado por el Ejército norteamericano, produciéndose en grandes cantidades durante la SGM con destino a las fuerzas aliadas. Entre sus características más notables destacan el freno de boca, el tradicional sistema de retroceso a recámara abierta, pero con un dispositivo de retardo en la apertura del cierre, y un cargador de tambor a cuerda de 50 cartuchos, que posteriormente fue sustituido por otro de petaca de 20. Otra destacada característica fue el montaje de un pistolete en la parte delantera gracias al cual el agarre con la mano izquierda era mucho más eficaz, especialmente en tiro automático.
Este no fue el único subfusil producido por los EE.UU., aunque sí el más popular y el de mayor difusión. La firma Smith&Wessom presentó el S&W mod. 1940 del que sólo se entregaron pequeñas cantidades, parte de las cuales fueron adquiridas por el Reino Unido. De otros modelos norteamericanos cabe destacar tres: el Reising mod. 50, patentado en 1940, de resultados negativos en combate por sus constantes interrupciones debidas a su complejidad de mecánica y sensibilidad a la suciedad; el United Defense mod. 42 que también fracasó no llegando a ser a producido en serie, y el M3, de Small Arms, subfusil muy ligero de culatín metálico retráctil, con estampaciones. Posteriores mejoras de este último dieron lugar al M3-A1 que, a principios de 1945, reemplazaba oficialmente al Thompson como subfusil reglamentario en el Ejército de los EE .UU.
Como anécdota, más que como un dato, reseñar el curioso caso del arma Pedersen Device, una pistola ametralladora que utilizaba la recámara de un fusil Springfield y el cargador de una pistola. Nunca llegó a producirse en serie.
El Reino Unido se quedó descolgado en el período de entreguerras al no desarrollar ni adaptar ningún modelo definitivo. En boca de un destacado oficial: “El Ejército británico no tiene necesidad de equiparse con armas de gangters”. De ahí que, al estallar la SGM, adquiriese y copiase subfusiles de otros países aliados (especialmente en los EE.UU) y enemigos, a la vez que abordaba con toda celeridad un diseño propio.
Aparte de la adquisición urgente de armas en todos los mercados accesibles, copió el MP-18, pasando a denominarlo Lanchester, casi toda la producción fue íntegra a su Armada.
De estos últimos esfuerzos fue fruto, en 1941, el Sten, de concepción muy sencilla y ligera que se manufacturó a gran escala. Al cabo de unos meses le siguió el Sten 2, más simplificado con objeto de obtener una mayor y más rápida producción. Hubo un Sten 3 y 4 así como el Sten 5, que fue el mejor de la familia y que estuvo en servicio desde 1944 hasta bien entrada la década de los 50. El Sten 6 incorporaba silenciador siendo usado en operaciones especiales por las tropas británicas.
Es curioso destacar que los alemanes lo copiaron y produjeron hacia el final de la guerra.
Australia decidió, en plena SGM, abordar el estudio y diseño de un subfusil que a finales de 1941, fue fabricado y adoptado por su Ejército. Se trataba del Owen, un arma bien diseñada y fabricada con esmero aunque un poco pesada para el tipo de subfusil (segunda generación) ya habituales en aquella época. Fue muy popular entre las tropas australianas y todavía era reglamentario en la década de los 60. Como su detalle más significativo resaltar la posición del cargador, situado verticalmente,lo que se justificó por su empleo en zonas de espesa vegetación y que la gravedad facilitaba la alimentación, pero que aparejaba grandes inconvenientes como fue la necesidad de descentrar la mira, y el hecho de que al encarar una de estas armas en una trinchera destacaba por encima de la misma su largo cargador de 32 disparos.
Italia ha tenido un papel importante en la historia del subfusil. Al Víllar-Perosa mod. 1915, le cabe el honor de ser históricamente el cabeza de lista. Arma curiosa, ya que poseía dos cañones (realmente eran dos armas unidas), y fue concebida en origen como arma ligera de apoyo.
Aunque para un pleno florecimiento habría que esperar a la SGM cuando surgieron varios modelos, casi todos ellos del Beretta mod 38, que datan de la posguerra. Fue de interesante diseño con unos mecanismos de excelente fabricación y acabado incorporando diversas mejoras en sus tres versiones y habiendo sido utilizado no sólo por los italianos, sino igualmente por otros países como Alemania, Rumania y Argentina. Ya en plena SGM Beretta lanzó el mod. 42 que mejoraba notablemente al anterior y que, como toda arma que surge en esa clase de circunstancias sufrió un notable proceso de simplificación, gracias al cual fue posible abaratarla y obtener grandes series. Incorporó otros avances que dos años más tarde dieron lugar al mod. 44 cuyo éxito lo revela el hecho de que, finalizada la guerra, se mantuvo en servicio en muchas unidades italianas y extranjeras.
De distinto origen fue el TZ-45 desarrollado durante los últimos años de la guerra y cuya producción fue muy limitada. Se trataba de un subfusil más ligero que los citados de Beretta, y, al contrario que éstos, la culata era metálica, muy ligera y retráctil. Arma que llegó tarde, con los excedentes que había, en prácticamente todos los países, al cesar las hostilidades, no fue posible comercializarla.
Francia desarrolló el subfusil MAS-38, arma original tanto en diseño como en calibre, y que dotó a sus fuerzas hasta la década de los 50.
Suecia, país neutral durante la SGM, potenció en el curso de la misma considerablemente a sus Fuerzas Armadas y también realizó una serie de estudios para equiparlas adecuadamente con un subfusil acorde con las circunstancias. El Carl Gustav mod. 45, que no se fabricó hasta ya finalizado el conflicto, fue durante bastantes años reglamentario en este país, adquiriéndolo también otros Ejércitos. Su peso, tamaño y diseño lo sitúan entre los de la segunda generación, disponiendo de un característico culatín tubular de forma rectangular, que se plegaba lateralmente. Fabricado mediante estampación, con aceros de gran calidad, ha sido un arma muy fiable y considerada, aunque comercialmente no haya alcanzado las cotas que le correspondían.
Japón no aceptó la idea del subfusil más que muy superficialmente. Produjo un arma, el Tipo 100 en tres versiones. Prácticamente este arma apenas se utilizó, aparte de por sus paracaidistas en muy contadas intervenciones.
Los años cincuenta.
Por todo ello, al terminar la SGM, el subfusil alcanzó un gran esplendor y los distintos modelos fueron decantándose hacia una optimización de las características propias de la denominada segunda generación: se redujo notablemente el tamaño y peso, desaparecieron las pesadas culatas de madera sustituidas por otras metálicas, ligeras y retráctiles y se impuso el cargador de petaca. Los pesados cargadores de tambor, difíciles de volver a recargar en combate y con problemas de alimentación, se eliminaron definitivamente.
En la década de los 50, casi todos los países mejoraron los anteriores modelos o diseñaron y produjeron otros.
El Reino Unido adoptó en sus Fuerzas Armadas un nuevo modelo, el Sterling, en 1953. Aunque su concepción y patente era de años atrás, los excedentes de la post-guerra no aconsejaron probablemente un cambio de arma. Se trata de un subfusil de cuidadoso acabado, que actúa sin interrupciones en condiciones adversas, y que fue muy utilizado por los británicos en sus conflictos coloniales. Es también de destacar su ligereza, con un peso inferior a los 3 kg., siguiendo en la actualidad de uso reglamentario en las unidades británicas, especialmente en las tropas paracaidistas. Nuestra Infantería de Marina también lo utiliza, aunque muy limitadamente.
Francia, en el inicio de los 50 adoptó para sus Fuerzas Armadas el subfusil MAT-49 muy experimentado en sus ex-colonias del Sudeste asiático, así como en Argelia. Lo tuvo en dotación también la Policía, habiendo estado en uso hasta casi nuestros días.
La década de los 50 no la podemos dejar pasar sin hacer especial mención del subfusil israelí UZI actualmente en servicio en muchos países, y comienzo de la tercera generación de estas armas. Basándose el arma checoslovaca CZ-23/25, el comandante Uziel Gal diseñó, en unos momentos trascendentales para la historia de Israel, un arma que fue rápidamente fabricada y en los constantes conflictos y guerras que este país ha mantenido con sus vecinos árabes obtuvo una considerable fama. Como característica más original, posteriormente muy imitada (y que a su vez imitó del modelo checoslovaco), señalar la posición del cargador que se introduce por la empuñadura, obteniéndose así un perfecto equilibrio del arma, y una gran estabilidad en el tiro ametrallador. Los modelos iniciales llevaban culatín de madera que, posteriormente, fue sustituido por el metálico plegable. Realmente es un de fácil mantenimiento y ruda fiablidad.
Suiza de gran tradición armera, ofertó en 1953 el subfusil Rexim y a pesar de los esfuerzos desplegados para su comercialización y del prestigioso sello helvético, no tuvo contratos importantes, pasando sin pena ni gloria.
En Australia, y tras el ya referido Owen, que aún era reglamentario bien iniciada la década de los 60, aparecieron varios diseños que no pasaron de ser pre-series, y que tras unas cuantas variaciones dieron lugar al F-1, bastante más ligero y logrado que el Owen aunque de nuevo presentaba el cargador en la parte superior.
La industria española también contribuyó de manera notable a la producción de estas armas. Tras la guerra civil la firma Star produjo el Z-45, claramente inspirado en el MP-40, que fue declarado reglamentario en el Ejército donde ha permanecido activo por más de veinte años. Fue posteriormente sustituido por el Z-62, así como, finalmente, por versiones mejoradas de éste: el Z-70 y Z-70B. Son estos últimos subfusiles de gran sencillez y facilidad de manejo, elevada cadencia, gran fiabilidad así como un reducido tamaño y peso idóneo para las misiones y puestos encomendados. La última versión continúa siendo reglamentaria en las FAS.
La fábrica española Cetme diseñó también el mod C-2 que a pesar de su calidad, ligereza y buenas prestaciones, es un arma de segunda generación, nacida demasiado tarde y por ello destinada al olvido.
Aparece el fusil de asalto.
En la década de los años 60 el fusil de asalto automático fue adoptado por la mayor parte de los Ejércitos en ambos bloques. Ello supuso un duro revés y una amenaza para el puesto alcanzado hasta entonces por el subfusil. Además los Ejércitos estudiaban unas versiones del fusil de asalto con el cañón acortado y la culata de madera o plástico sustituida por otra más ligera y retráctil, es decir, que pretendían lograr un arma que iba a estar en condiciones de competir ventajosamente con el subfusil ya que, con análogo tamaño, la primera poseería sobre la segunda las siguientes ventajas.
Unificación de la munición, teniendo además en cuenta que la del 7,62x51 mm. era mucho más eficaz que la de pistola empleada por el subfusil.
Simplificación de la logística de abastecimiento y mantenimiento, ya que estos fusiles acortado emplea las mismas piezas y mecanismos que el original con lo que se reducía notablemente su entretenimiento.
En la década de lo 70, el calibre 5,56 x 45 mm. (223. Remington en los EE.UU), experimentado en Vietnam, va sustituyendo al 7,62 x 51 mm. y lógicamente los nuevos fusiles que aparecen son más ligeros que los anteriores, con lo cual la versión acortada compite más con el subfusil y paulatinamente lo va reemplazando. En la década de los 80 ya hay una casi total aceptación del calibre 5,56 x 45 mm. en los Ejércitos occidentales, y con la aparición del nuevo fusil de asalto Bullpup (Steyr Aug en Austria, FAMAS en Francia, Royal Ordenance SA-80 en el Reino Unido, etc.), al estar ubicado el cajón de los mecanismos detrás del pistolete la longitud del fusil se reduce notablemente, pero conservando la misma longitud del cañón y por lo tanto sus prestaciones balísticas. Así por ejemplo, el fusil FAMAS francés de esta generación tiene una longitud total de 760 mm. o 590 mm. en la versión acortada, con un peso de unos 3,5 kg. En una palabra, los franceses ya no necesitan (aparentemente) subfusiles puesto que con su nueva arma prácticamente han conseguido lo que éstos le proporcionaban por lo que a tamaño se refiere, pero con unas características balísticas muy superiores.
El subfusil tiene, pues, un aparentemente claro sustituto y se inicia su declinar. Sin ir más lejos en el Ejército español las nutridas dotaciones de subfusiles Star se encuentran en buen estado, con lo cual las entregas de los nuevos fusiles CETME mod. L no van aparejadas con la del modelo LC.
Se ha llegado a opinar, en medios más o menos documentados, que si el subfusil ha perdido la batalla en el campo militar, otro tanto ocurrirá en el policial, ya que entre las Fuerzas de Orden la escopeta tiene cada vez más aceptación dada su polivalente (postas de plomo o plásticos, balas de plomo, lanzamiento de pelotas de goma, botes fumígenos o lacrimógenos, etc.) con la gran ventaja de que un disparo de postas o bala de plomo con la escopeta en ciudad es mucho menos peligroso que una ráfaga de subfusil, por los numerosos e increibles rebotes que un cartucho blindado puede producir en el asfalto.
Todo esto es más que discutible, ya el aumento de acciones militares puntuales tipo comando (quirúrgicas ), acciones antiterroristas, antinarcos, etc. La mejora en la calidad, eficacia y rendimiento de las municiones actuales, ha multiplicado la precisión de las actuaciones de este tipo arma. Así mismo existen misiones para las que este arma es insustituible, misiones que requieren mayor contundencia que una pistola y menor que los fusiles de mayor calibre, así como más precisión que una escopeta. Aunque muy reducidas en las dotaciones de las Fuerzas Armadas modernas no por ello desaparecerán, tan solo permanecerán en la orgánica de unidades muy especializadas, que requieran las buenas características de estas armas. Los subfusiles de muy reducido tamaño como el lngram norteamericano (más conocido por Marietta) o el Skorpion checoslova-co, seguirán usándose en determinadas operaciones policia-les, pero en limitado número y nunca como dotación reglamen-taria para todo un estamento de esa clase.
En resumen, la gran capacidad de los cargadores; mayor precisión que las pistolas; proyectiles de baja velocidad y gran calibre que se deforman o rompen al impactar; pequeño tamaño para ser más manejables en reducidos espacios y no ser muy obvias de ser necesario, etc. todo esto, entre otras características, convierte a estas armas en útiles herramientas, para las que es muy difícil que surga un sustituto eficaz.
Las penúltimas novedades.
En los últimos años han aparecido bastantes nuevos modelos con cambios importantes en concepción y que son clasificados como de tercera generación. Entre ellos destacan, por Italia, el modelo SGM-821, de SOCIMI, el Beretta PM.12-S y el Spectre, de Sietes. Por Alemania, el MP-5, de Heckler&Koch, y por España el Star Z-84.
En los subfusiles de primera y segunda generación el disparo se efectúa con el cierre abierto, también llamado percusión avanzada o de recámara abierta. La palanca de montar hace retroceder al cierre que queda retenido por la cola del disparador, encontrándose en la cara delantera del cierre el percutor. Accionando el gatillo, el muelle recuperador impulsa hacia delante el cierre, que arrastra el cartucho a la recámara golpeando en el tramo final de este recorrido el culote del proyectil, con lo que tiene lugar el disparo. La presión de las gases hace retroceder al cierre automa-tizándose la extracción, expulsión, alimentación, disparo y así sucesivamente.
Con este sistema, y previsión de un disparo fortuito, las subfusiles suelen llevarse con el cierre acerrojado (valga la redundancia), con lo que el usuario, para hacer fuego, tiene que montar el arma y/o accionar el dispositivo del seguro, encarar y apretar el gatillo, es decir, un engorroso proceso, cuya demora priva al tirador de los segundos de Ios que, muchas veces, puede depender su vida.
Todo este proceso es subsanable con un adiestramiento depurado y exigente, evidentemente solo al alcance de unidades muy instruidas y especializadas.
En los subfusiles MP-5 fabricados por Heckler&Koch, así como en sus diversas varian-tes, se ha adoptado el mismo sistema de cierre que el de los fusiles de asalto: el de rodillos, denominado semirrígido. La presión de la recámara y los rodillos están vinculados, por lo que en el disparo, cuan-do la presión es elevada, los rodillos se mantienen en su posición de acerrojamiento, y cuando la presión desciende se retraen generando un movimiento de la vaina hacia atrás que empuja al cierre en la misma dirección y produce la extracción y expulsión del casquillo. Mediante este sistema, la distribución de las fuerzas de impulso reducen la velocidad de retroceso del cierre y, por consiguiente, el golpe de retroceso del arma en el hombro o cadera. Además de estas ventajas el arma se puede llevar con toda seguridad con cartucho en la recámara y asegurada, bastando un rápido movimiento del pulgar sobre la aleta del seguro para, casi instantáneamente, abrir fuego.
Otro interesante sistema de acerrojamiento es el desarrollado por la firma italiana Spectre en el subfusil mod. 1. Este también dispara con el cierre acerrojado v con un disparador de doble acción. Al montar el arma el cierre se desplaza hacia adelante, se introduce un cartucho en recámara, ésta queda obturada y el martillo queda trincado por el gatillo en la parte trasera del armazón, con lo que el subfusil se encuentra listo para disparar con el cierre acerrojado. Presionando la cola del disparador queda libre el martillo que por la acción de su muelle se proyecta hacia delante para golpear la base del percutor. Este sistema aumenta la estabilidad del tiro ya que al disparar en ráfagas el movimiento del martillo, que pesa muy poco, produce menos desequilibrio que la masa percutante de los subfusiles clásicos. A las ventajas citadas cabe añadir la de llevar el arma con cartucho en recámara en condiciones plenas de seguridad, con la posibilidad de poder pasar rápidamente a la acción de fuego.
Otras tendencias de la última generación de subfusiles es la sustitución de los cargadores rectos por otros ligeramente curvados, con lo que se consigue una perfecta alimentación, y también el montaje de un ligero pistolete cilíndrico de plástico en su parte delantera lo que facilita el encaramiento del arma así como un mejor control en el disparo, especialmente en tiro ametrallador. Se han reducido más aún tamaños y pesos y la ergonomía de estas armas es mucho más perfecta, así como sus elementos de puntería (alza giratoria de forma dióptrica) y en su mayoría tienen la posibilidad de utilizar todo tipo de complementos, desde sistemas de puntería redpoint, laser, u ópticos, hasta silenciadores, pasando por todo un mundo de pequeños accesorios más o menos importantes, destinados a facilitar al usuario la utilización en cualquier circunstancia y situación.