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viernes, 12 de abril de 2013

Adiestramiento Personal


Adiestramiento Personal

 

«Así, pues, uno de los elementos esenciales de la estrategia militar clásica ha sido siempre el comprender más deprisa que el adversario».

 
General Beaufre

Introducción a la estrategia


Una de las muchas ramas de la Psicología es aquella que estudia cómo cuerpo y mente reaccionan a nuevos estímulos, nuevas enseñanzas, nuevos problemas. Dentro de ello es posible encontrarse a uno mismo, tanto como alumno o como profesor, en cualquier caso los principios que han de aplicarse son los mismos.

Estos principios no son nuevos, ni exclusivos de profesionales armados, y son aplicables tanto para aprender la más complicada táctica de asalto, como la más difícil de las katas de karate o la más sencilla de las coreografías de aerobic o ballet clásico.

Son principios que están en uno mismo, en la forma de existir y reaccionar con el entorno. Sin ellos el hombre prehistórico no hubiera podido sobrevivir. Pero mientras hasta hace muy poco tiempo se pensaba que las cosas eran así porque sí, hoy en día se ha logrado compartimentar el sistema interior de aprendizaje y mejorarlo según las capacidades individuales.

Cualquier conductor veterano realiza una serie de acciones automáticas que no necesitan del pensamiento consciente. Por ejemplo, en el recorrido habitual de casa al trabajo llegará a cambiar de marcha una gran cantidad de veces, de forma natural y sin pensar en ello, pudiendo ir conversando con alguien a su lado sin que disminuya su efectividad.

Ahora bien, ¿y ese mismo gesto de cambiar de marcha cuando era conductor novel? ¿Era tan sencillo? No, ¿verdad?

El conductor novel primero piensa en cambiar de marcha, si es necesario o no, si reduce o acelera, qué marcha conviene, cuál es el movimiento de muñeca necesario, y todo esto intentando mantener el vehículo en la parte asfaltada de su respectivo país.

Si aplicamos ese mismo razonamiento al aprendizaje táctico con armas, la situación es la misma.

Para sacar el mayor rendimiento posible a lo anterior, este entrenamiento-aprendizaje debe basarse en cinco principios elementales:

- Principio de la Unidad.

- Principio de la Generalidad.

- Principio de la Especialidad.

- Principio de la Proporción.

- Principio de la Individualidad.

 Principio de la Unidad

«El organismo reacciona como un todo, si falla cualquier sistema, esto se reflejará en su óptimo rendimiento».

El entrenamiento jamás debe fraccionarse de tal forma que algo recién aprendido no se apoye en otro punto sólidamente asimilado y retenido con anterioridad. Si se hiciera así, nos encontraríamos con técnicas y reacciones correctas, pero sin continuidad ni principio.

Realizar desenfunde rápido y saber disparar un arma, pero sin incluir, por ejemplo, una técnica de alineado correcto de miras, ¿en qué desemboca?, quizás en un buen tirador deportivo, pero no en un buen operador.

 Principio de la Generalidad

Se debe buscar y conseguir un desarrollo armónico de todas las cualidades básicas, para con ello conseguir el desarrollo de las cualidades específicas.

Volviendo al ejemplo del punto anterior, todas las cuestiones respecto a un desenfunde táctico deben tener el mismo nivel para poder unirlas de forma homogénea. No es admisible desenfundar muy bien, encarar de forma mediocre y disparar mal.

 Principio de la Especialidad

Una vez cumplidos los dos principios básicos anteriores, el entrenamiento se dirigirá a las cualidades específicas que se deben desarrollar.

Viendo de nuevo el ejemplo anterior, una vez se ha aprendido a desenfundar, encarar y disparar de forma correcta, y en circunstancias sencillas, se pasará a condiciones cada vez más difíciles, sentado, andando, corriendo, de espaldas, caído, con personal en el entorno, etc., convirtiéndolo todo en algo instintivo y natural.

Principio de la Proporción

Los periodos de trabajo-entrenamiento deben ser proporcionales a los de descanso. Si no se hace así, rendimiento y aprendizaje disminuyen, es cuando surgen los denominados «vicios», difíciles de erradicar cuanto más se avance.

Es en esta fase cuando aparecen los problemas, somos tan buenos, tan divinos, que no cometemos errores ni fallos. Es el «Síndrome del Virguero» que todos padecemos en algún momento de la vida, y muy fácil de alimentar con entrenamientos excesivos, y mal dirigidos. Al notar fallos, se debe parar y evaluar, tras lo cual se dejará hasta mañana, hasta dentro de un rato, o hasta que se pueda reconocer el error.

Principio de la Individualidad

«Cada persona es única, y sus capacidades de adaptación y aprendizaje son exclusivas».

Basándose en este principio se fijará el entrenamiento, siempre con carácter individual y único. No todos pueden aprender igual de bien o igual de rápido. Cada uno necesita su tiempo, y este puede variar tanto de un individuo a otro, como en uno mismo de un día a otro. Todos hemos tenido un mal día, nada sale bien, todo parece más difícil, cansa más, ¿les suena?

Este principio no debe descartar esa sana competencia entre compañeros. Pero con un pequeño matiz, nunca pensando: «si él lo hace, yo también»; funciona mejor: «si él puede, yo también, aunque me cueste un poco más».

¿No hay diferencia? Sí que la hay. Una frase implica obligación imperativa, «si no lo logro, soy un fracaso». La otra implica una obligación positiva, «lo voy a lograr, puede que hoy no, ni mañana, pero denme tiempo».
 
Hay que recordar siempre que la mente es la mejor y más letal de las armas para los demás, pero también contra uno mismo.

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