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sábado, 13 de abril de 2013

Enmascaramiento de cuerpo y equipo.

Comprobar y mejorar el enmascaramiento personal, de ropa y equipo será una de nuestras premisas. El equipo no debe estar suelto ni permitir que se enrede. Encintar todo aquello que lo necesite sin por ello reducir su eficacia.

Debido a las variadas misiones que un francotirador puede desarrollar, su equipo estará en función de la realización satisfactoria de estos cometidos. Existen otros factores que obviamente influirán en la elección del equipo, como las condiciones climatológicas donde se desarrollará la misión, el terreno en el que tendrá lugar, la duración de esta, el efectuarla sólo o en equipo, etc. Por todos estos motivos, el tirador deberá elegir entre los medios de que disponga aquellos con los que pueda cumplir lo más eficazmente la misión.

El equipo debe ser el mínimo indispensable para el cumplimiento de la misión. El exceso nos sobrecargará y agotará antes de tiempo, y el cansancio provoca errores.

El propósito de esto es lograr moverse sin ser detectado hasta una posición que nos permita asegurar que el primer disparo será letal; y desde el cual se logre retirar sin ser visto.

La ropa ha de ser blanda, flexible y cómoda. Un uniforme acartonado, además de incómodo, hace ruido. Al igual que un uniforme demasiado holgado se enreda fácilmente y también hace ruido.

En Vietnam, algunos francotiradores escogían ropas holgadas, al estilo de los duelistas del siglo XIX, confiando en deformar la silueta y ocultar la posición del corazón al enemigo. Realmente, con los modernos fusiles y municiones utilizados por los francotiradores, el lugar del tórax donde hace impacto la bala suele ser irrelevante.

El casco es una prenda prohibida, distorsiona y amortigua los sonidos, además de tener una forma muy característica. Lo mejor es sombrero blando que disimule la forma de la cabeza.

El traje de francotirador (Ghillie), resulta especialmente apto para pasar desapercibido en un terreno con vegetación, sin embargo tiene el inconveniente de dificultar notablemente cualquier desplazamiento entre la vegetación con la que se confunde. Una solución la constituye la manta mostrada en la figura tan eficaz como el traje pero que permite ser abandonada rápidamente en caso de necesidad, evidentemente presenta el problema de su transporte, dada la limitada capacidad de carga del francotirador. En todo caso éste debe conocer todas las posibilidades existente y elegir la que se adecue más a la misión que se le ha encomendado.

Enmascaramiento.

Recordaremos siempre los siguientes puntos.

 Silueta.

 No estar a contraluz.

 Fundirse con el entorno.

 Recordar que el sol se mueve.

 Brillo. Evitar cualquier objeto que brille (reloj, anillos, arma, etc.), las gafas evidentemente están prohibidas en un acecho, y apantallar las lentes del visor para evitar reflejos indeseados.

 Forma. Evitar formas reconocibles (casco, figura humana, armas, etc.). Un arbusto móvil es buena idea, si tenemos cuidado al movernos. También es una buena idea la malla mimética.

 Sombra. La sombra lo iguala todo, debemos saber sacarles todo el partido posible. Recordar que las sombras se mueven y que nuestra propia sombra también nos puede delatar.

Debemos procurar dejar el sol a nuestra espalda (atentos además a la silueta y reflejos). Lo contrario sólo significaría tener la luz como un obstáculo en el momento de disparar, nos cansará la vista (la fatiga provoca errores) y puede delatarnos.

 Color. Debe fundirse con el tono local pero no debe ser para un solo fondo, si no fuera así no podríamos adaptarnos a las distintas zonas que podemos vernos obligados a cruzar.

 Pintura mimética. Cualquier tiznado vale, monocolor, multicolor, etc. Las únicas condiciones son no oler ni emitir reflejos delatores, y por supuesto estar acorde con la zona.

 El arma. Debemos mantenerla en perfecto uso, recordando que un exceso de aceite en el ánima produce una nubecilla delatora al disparar, y en zonas de polvo el aceite atrae a este. Un trozo de loneta colocado bajo el cañón, o el humedecer esa zona impide que se levante una nube de polvo delatora.

 Observación aérea. Estar atento en las zonas despejadas, desérticas y nevadas. Cuidado con el movimiento, la silueta y la sombra.

 Visor nocturno. Mantener el ocular pegado al ojo para evitar que nos ilumine el rostro. El visor no debe caer en manos enemigas. Si no hay más solución debe ser destruido con un par de disparos a través del ocular o con una granada. Lo más importante a destruir son los componentes ópticos, el conducto intensificador de imagen y el oscilador.

 Ocultación. Debemos aprovechar, en la medida de lo posible, cualquier fenómeno metereológico-atmosférico, niebla, oscuridad, lluvia, humo, calima, etc. que nos facilite la aproximación. Fuertes ruidos de cualquier clase producen distracciones en la vigilancia del enemigo. Cualquier circunstancia que nos oculte o distraiga al enemigo debe ser aprovechada.

 El crepúsculo. Debido a la tendencia de los francotiradores de servirse de la luz del crepúsculo para localizar a incautos objetivos, todos los tiradores de los Marines conocen esos versos marineros que, en versión ligeramente modificada, dicen:

“El anochecer rojizo es del francotirador el mejor amigo”.

Los amaneceres lentos, cuando los cielos se tiñen de rosa, rojo y púrpura, incitan a los perseguidos a abandonar la protección de los árboles o de la maleza demasiado pronto. La 1ª oscuridad es una ilusión, pues el espacio próximo al emboscado aparece más oscuro a sus ojos que a los del tirador que le observa desde la distancia.

Durante un crepúsculo rojizo el perseguido tiene la falsa impresión de que ya no es visible para quien lo tiene en su punto de mira.

 Bengalas. Debemos saber reconocer el ruido característico de un lanzador de bengalas y echarnos al suelo antes de que se ilumine el terreno. Si ya nos ha iluminado, tenemos una décima de segundo para lanzarnos al suelo. El súbito resplandor cegará momentáneamente a los observadores enemigos (recordar que les habrá afectado a su visión nocturna). Nos moveremos en el momento que se apague la bengala. Si lo que nos sorprende es una bengala terrestre, debemos salir rápida y silenciosamente de la zona iluminada. También pueden sorprendernos al cruzar un obstáculo (alambrada, muro, ruinas, etc.), en tal caso nos agacharemos permaneciendo lo más inmóvil posible.

 Olfato. El aliento, un producto de higiene personal, el lubricante del arma, etc., puede delatar nuestra posición, o la de nuestro oponente. Durante la IIaGM. los francotiradores rusos y alemanes se descubrían mutuamente por el olor de sus respectivas raciones de campaña (crema de remolacha los rusos y repollo fermentado los alemanes). En Vietnam ocurría lo mismo con el olor del sudor del americano típico.

La inmovilidad.

Un hombre vestido con un uniforme mimetizado, agazapado en un terreno con vegetación, es de por sí muy difícil de localizar a más de 100 m., sin embargo cualquier movimiento brusco que realice atraerá rápidamente la atención del observador Esto ha de ser tenido en cuenta por el francotirador, determinando fundamentalmente la selección de aspirantes a esta modalidad de combate. Un francotirador deberá pasar muchas horas al acecho, dentro de una posición de tiro a la espera de un objetivo que frecuentemente no aparecerá, sin embargo desarrolla su acción en territorios habitualmente sujetos a la observación enemiga, contando como única defensa ante ella con la sorpresa, su enmascaramiento e inmovilidad absoluta.

Movimiento.

Debemos tener mucho cuidado, el menor movimiento por nuestra parte nos delatará a la observación enemiga.

Hay que elegir entre correr o andar más despacio, nunca a un paso normal. En la naturaleza nada se mueve a la velocidad de un hombre caminando, ya sea ciervo, oso, lobo o serpiente; y avanzar a 5 ó 6 Km./h. supone convertirse instantáneamente en un blanco.

Andar con movimientos sigilosos, pausados, dándonos tiempo para reconocer el terreno. Cada paso calculado de antemano. Escudriñando.

Al caminar sigilosamente, imitaremos el caminar del zorro, trazando con las pisadas una línea recta, y apoyando el canto del pie antes que la planta. De esa manera reducimos la posibilidad de hacer ruido al rozar la vegetación con las piernas o aplastarla con los pies.

Aminoraremos la marcha, deslizándonos por el terreno, los pies confundidos con la tierra que pisamos. Nos dejaremos engullir por la vegetación. Nos habremos vuelto invisibles.

Al reptar, aunque lento como método de movimiento, nunca colocaremos ninguna parte del cuerpo a más de 40 cm. del suelo.

¿Rapidez o sigilo? Este dilema ha sido fuente inagotable de controversia en todos los ámbitos militares. ¿Sacrificar la seguridad a la velocidad? ¿O extremar los cuidados a riesgo de perder el blanco? Nadie a llegado a una conclusión satisfactoria.

La opinión más generalizada es la de emplear el sentido común. Cualquier método que nos permita cumplir la misión, sabiendo compaginar seguridad, velocidad y el llegar en las mejores condiciones posibles.

Nuestra primera regla será:

¡¡¡EL ENEMIGO SIEMPRE ESTÁ VIGILANTE!!!

Además hay una serie de consignas que siempre, en cualquier situación y circunstancia, debemos observar.

 Conservar en todo momento el sentido de orientación.

 Observar con cuidado y frecuentemente.

 Saber reaccionar en caso de ser localizados.

 Procurar no alterar la fauna local.

 No correr riesgos innecesarios.

 Saber reaccionar ante los cambios de cobertura.

 Alerta, alerta, alerta... ¡¡¡SIEMPRE ALERTA!!!


Buena caza...

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