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martes, 4 de noviembre de 2014

Desenfunde y presentación II.

Hace unos minutos, mientras preparaba la publicación de este trabajo, me llegó, por uno de los múltiples sistemas de comunicación social de nuestros tiempos, una noticia desde Argentina. Un compañero de la policia recibió un tiro en la nuca mientras esperaba tranquilamente en una esquina. Relajado, tranquilo, confiado, no vió al individuo que bajándose de un vehículo y sin mediar un gesto, mucho menos una palabra, le disparó en la nuca, robarle su arma y desaparecer en el mismo vehículo.

Me gustaría me permitieran dedicarle este trabajo, no por la temática, que es lo de menos, si no por el momento, así como a toda su familia y compañeros. Y, tambien, a todos los profesionales de las armas, de toda bandera, color de uniforme o traje, servicio y obligación, que sufren la falta de interés y respuesta a sus necesidades de preparación, que no reciben el apoyo que su sacrificio diario y a veces, como este caso, extremo merecen.

Con su permiso.


Desenfunde y presentación II.

Por Cecilio Andrade

Existe otra vieja sentencia, muy vieja realmente, que aproximadamente, en distintos formatos y combinaciones culturales, viene a decir algo como esto, “El luchador victorioso estudia antes y combate después. Los demás (suelen usar el término perdedores) luchan primero y son vencidos”. Personalmente le añadiría ”…y si por suerte sobreviven, analizan porque perdieron”. Quizás usar el término perder y derrotado pueda parecer muy típico de un censor crítico y pagado de sí mismo. Por desgracia la vida real, en su aspecto de luchar por la existencia, no suele ser muy amable ni condescendiente con los errores. Luchar por un segundo puesto cuando el precio de la derrota es la vida solo da como resultado la derrota definitiva. Por ello es tan importante dominar las bases del trabajo con armas, y no concentrarnos exclusivamente en hacer agujeritos perfectos en un cartón numerado. Tan importante como presionar el disparador y apuntar bien, es tener antes el arma bien empuñada, y este buen empuñamiento parte no de un arma ya enfrente de un agresor, si no desde el mismo momento que la colocamos sobre nuestro cuerpo.

Es por ello que el adiestramiento previo cobra tal importancia, la repetición metódica y sistemática de un procedimiento y su secuencia acaban convirtiéndolo en una acción instintiva adquirida, en un reflejo como vimos en el trabajo anterior. Esta puede perfeccionarse hasta el punto de hacerla tan nuestra como los instintos más atávicos y biológicos, pero sin ese entrenamiento previo no será posible. Igualmente si descuidamos el mantenimiento de este reflejo adquirido su ejecución posiblemente no se pierda del todo, pero si su suavidad, sutileza y fluidez. Recuerden el ejemplo de la bicicleta del trabajo anterior.

Es por ello que soy tan… ¿pesado? … con la manía de la atención al detalle, por mínimo que sea. Vimos muchos de esos detalles en el trabajo anterior, veamos ahora el acto en sí de desenfundar y presentar.

Practicando el desenfunde.

Mi pasado militar me ha imbuido del concepto de aprendizaje “por tiempos”, aplicado principalmente para el orden cerrado de paradas militares, pero muy útil para dominar cualquier técnica que requiera habilidades motoras más o menos complicadas y/o finas. La idea, estoy seguro de ello, es clara para todos, aprendemos cada movimiento aislado hasta que lo dominamos, haciendo lo mismo con cada movimiento requerido para la secuencia completa. Al final vamos uniendo y enlazando esos movimientos, aprendidos de forma aislada, para convertirlo en una secuencia única y fluida. Y esto es válido para cualquier aprendizaje mecánico, no solo con armas.

Con el desenfunde y presentación es exactamente igual y necesario este sistema “por tiempos”.

Para ello primero localizaremos los tiempos que debemos analizar y entrenar, los cuales podríamos listar partiendo de tan solo tres puntos:

1-      Traslado de la mano y agarre.

2-      Extracción del arma.

3-      Presentación final.

Visto así parece muy sencillo, pero cada uno de esos tres puntos tiene una infinidad de microgestos y detalles que merecen un análisis profundo para ser capaces de maximizar y dar fluidez a la acción.

La posición antes de cada desenfunde pueden ser tan infinita como las circunstancias, pero para aprender y perfeccionar empezaremos con una sencilla. Un tirador diestro (los zurdos y ambidextros, por favor, les ruego giren la imagen presentada durante el resto del presente trabajo) se colocará de tal forma que su cadera este en 45º (aprox.) respecto al objetivo usado como referencia. Con lo cual el pie izquierdo, adelantado, apuntará al objetivo; y el derecho un poco atrasado y hacia la derecha, apuntará 90º a la derecha (también aprox). La distancia de ambos pies será la de anchura de los hombros más o menos, cómodo y relajado.

Si se dan cuenta es una posición simple de alerta y vigilancia relajada, de guardia sin guardia, que dirían los practicantes de artes marciales tradicionales. Los ojos jamás pierden de vista a la amenaza, antes, durante, ni después de la acción puntual.

Veamos los tres pasos en detalle.

Paso 1. Traslado de la mano y agarre.

La mano izquierda subirá hasta dejar el pulgar apoyado en pectoral de ese lado, esperando a que el arma avance para apoyar el empuñamiento, pero también para poder usarse como defensa y bloqueo si el agresor estuviera muy cerca. En este caso específico podemos subir la mano más arriba para proteger la cabeza de impactos. Lo que no puede suceder nunca es dejar esta mano colgada en lo que yo denomino “brazo chorizo”, ya saben, por aquello de estar colgados para ahumarlo. La mano de apoyo debe estar siempre preparada para hacer algo útil, como todo nuestro cuerpo.

Con la mano izquierda sobre el pectoral de ese lado, la derecha puede encontrarse con dos situaciones, arma tapada o arma descubierta. En el primer caso antes de proceder a buscar el arma debe apartar la prenda que la cubre. Para ello lo mejor es agarrar la prenda a la altura del pectoral derecho, si es tipo chaqueta, para con un movimiento pivotante bajar y a la vez lanzar la ropa hacia atrás, en un momento dado la mano estará casi encima de la pistola y en ese instante modificará muy ligeramente su trayectoria para bajar a buscarla. Con este procedimiento no necesitamos tener los bolsillos lastrados ni hacer malabarismos con la mano izquierda para por la espalda tirar de la chaqueta hacia atrás.

Si fuese una prenda tipo suéter, la mano izquierda bajará hasta la zona inguinal derecha y agarrando el borde inferior tirará hacia arriba, hasta tocar con el dorso de la mano la mejilla derecha, dejando descubierta el arma para la mano principal. En esta acción, de levantar el suéter, al quedar el dorso de la mano izquierda contra la mejilla derecha, el brazo mismo, con su codo por delante actúan como protección del torso e incluso de la cara y cabeza si el agresor está muy cerca. Esto considerémoslo como detalle anexo al tema principal de este trabajo, el desenfunde.

Para que el agarre sea correcto la mano buscará empujar con el vértice de la “V” formada entre el dedo índice y el pulgar, hasta que este vértice haga tope con la rabera (borde sobre dimensionado en la parte superior de la empuñadura de toda pistola moderna, sobre la que normalmente se desliza la corredera). Con este ligero “empuje” nos aseguramos que la mano quede donde debe para empuñar correctamente.

El agarre se producirá con tres dedos, el índice quedará extendido a lo largo de la funda y el pulgar permanecerá ligeramente extendido con vistas a apartar la posible ropa. En este momento se desactivarían los seguros de la funda, si dispone de ellos, con el índice o el pulgar, o ambos, según el modelo de funda que se use.

Este es el primer gesto, y por tanto el más importante, ya que su mala aplicación implicará que el resto de la presentación requiera correcciones que impidan la fluidez y efectividad necesaria. Grabar en la memoria muscular este gesto requiere realizar bastantes repeticiones hasta lograr que se convierta en un movimiento instintivo adquirido, que este movimiento sea finalmente correcto o no depende de nuestra atención a los detalles.

Paso 2. Extracción del arma.

Con todo lo anterior bien materializado procedemos a extraer el arma verticalmente, para una vez que el cañón abandona la funda permitir que la muñeca se alinee correctamente con el antebrazo. Fíjense que no digo alinear el arma, no, dejo que el cuerpo se alinee solo, al tener la pistola bien empuñada (de ahí la importancia del paso 1) esa alineación corporal natural e instintiva automáticamente pone el cañón en su línea correcta, como una prolongación del antebrazo, muñeca y mano.

La mano sube hasta el pectoral derecho donde el pulgar, que manteníamos aun ligeramente extendido, hace contacto con el mismo. Ese es el tope, en ese mínimo recorrido, si el paso 1 fue bien realizado y tenemos una referencia mano-muñeca-antebrazo correcta, el arma estará dirigida hacia el blanco. Con un ángulo un poco bajo pero si hacia el objetivo.

Ese ángulo bajo no es malo en sí mismo, al contrario, en situaciones de contacto físico con el agresor dicho ángulo nos permitirá disparar sin riesgo de alcanzar a nuestra mano izquierda, que estará en pugna con el agresor intentando que no seamos alcanzados por sus ataques. Al disparar un poco abajo nuestra mano de apoyo estará segura y podremos alcanzar con efectividad la zona inguinal del agresor. Cuestiones de balística de efectos aparte todo impacto en la amenaza reduce sus capacidades dándonos mayor margen de actuación y posibilidades de supervivencia.

Si el contacto es tan cercano como se comenta en el párrafo anterior, en este paso debemos desactivar el seguro manual del arma, si lo tiene. Si el objetivo está más lejano y podemos extender nuestros brazos debemos esperar a desactivarlo en el paso 3º.

Paso 3. Presentación final.

Por presentación se entiende la posición final en la cual el conjunto tirador-arma están con todo en su lugar para realizar una acción de fuego eficaz. En resumen, ya no queda nada más que hacer salvo disparar, si ello es necesario, claro.

En este paso la mano principal avanza con la pistola en una ruta “triangular” convergente con respecto a la mano izquierda, es decir avanzan ambas hacia la línea del centro del cuerpo.  En ese avance la mano izquierda la encuentra, como en un “aplauso”, para juntas terminar el resto del recorrido hasta adoptar la posición de tiro final que usual o circunstancialmente empleemos..

Si bien en determinados casos muy puntuales podemos desactivar los seguros manuales e introducir el dedo índice en el disparador en el paso dos, lo normal es hacerlo en este punto, en ese avance. Igualmente, en una situación de emergencia, es posible desactivar el seguro en el paso dos, para disparar a partir ese punto durante todo el recorrido del arma, y de  las manos, hasta su posición final. Esto es más sencillo de comentar que de realizar y requiere muchas horas de trabajo para que los disparos no acaben en el mundo.

La mano izquierda no se moverá de su posición hasta que la mano derecha no esté a su altura, de tal manera que avancen en una ruta convergente hasta entrar en contacto y ambas terminar de adoptar la posición de tiro. De esta forma la mano de apoyo jamás se cruzará con la línea de fuego , desvaneciéndose el riesgo de autolesionarnos.

Los brazos, en su avance, suben el arma de tal manera que la línea de miras busque y alcance la línea de visión del operador. Bajar la cabeza para buscar las miras del arma es un error muy común. Dificulta la movilidad general, la del tronco superior en especial, la respiración también puede verse afectada, y realmente no mejora en nada la técnica de tiro. La cabeza debe estar en una posición normal encarada al agresor, ligeramente adelantada quizás, permitiendo su movilidad junto con la del resto del cuerpo, facilitando la respiración y el control del entorno. En esa posición los brazos llevarán el arma hasta su posición correcta.

Si no es una emergencia, y no necesitamos disparar durante el recorrido hasta que el arma alcance su posición final, el dedo puede de todas formas entrar en contacto con el disparador, sin presionarlo, pero solo si el arma es o está en doble acción. Si el arma es o está en simple acción y queremos realizar el disparo igualmente al final de la extensión de los brazos, el dedo solo tocará el disparador una vez el arma esté ya detenida en su posición final. Esto es para evitar un disparo no deseado por tensión de los músculos de los dedos en el recorrido de avance de los brazos. La seguridad siempre debe ser nuestra primera premisa, en todo trabajo.

Empuñamiento a dos manos.

La importancia de este punto bien merece su propio apartado, aunque obviamente pertenece a las acciones del paso 3º.

En el punto final  del recorrido de los brazos el arma quedará, normalmente, empuñada con las dos manos, y mientras con el agarre de la mano principal apenas hay dudas, con la de apoyo suelen surgir muchas opiniones más o menos divergentes.

El empuñamiento de la mano principal quedó explicado en el punto 1º, y si se ha hecho correctamente ya es inamovible hasta que el arma regrese a su funda. La de apoyo, la izquierda normalmente, al entrar en contacto con el arma debe “rellenar” los espacios que quedan libres en la empuñadura con el talón y palma de la mano, mientras los dedos se colocan sobre los de la mano principal que ya empuñaban el arma. De esta forma tendremos un bloque uniforme y compacto sin espacios huecos ni puntos sin contacto y apoyo

¿Y con los pulgares qué hacemos? Si hemos colocado correctamente el talón de la mano de apoyo y sus dedos, el pulgar de forma natural quedará por delante y debajo del respectivo pulgar de la mano principal, con lo cual ambos quedaran paralelos y a su vez a lo largo del lateral de la pistola. Lo cual facilitará su control por tres motivos básicos.

1-      Al no dejar espacios huecos el control del arma es total.

2-      Los pulgares dirigidos al frente facilitan la alineación del arma en dirección.

3-      Estos mismos pulgares ayudan a tener una referencia lineal de la pistola respecto a la muñeca y el antebrazo.

¿Y montar o cruzar un pulgar sobre el otro? En este caso su misma posición genera esos espacios huecos que intentamos reducir para controlar mejor el arma. Se producen tensiones laterales que desalinean el arma de su línea de tiro correcta. Con estrés, estas tensiones laterales, pueden ampliarse de tal forma que unidas al leve descontrol con los espacios huecos creados provocarán errores angulares que nos llevarán a fallar completamente nuestros disparos.

Apoyar el dedo índice de la mano de apoyo sobre el guardamonte del arma tan solo generará mayor error angular y fallos. La tensión del momento se transmitirá a través del brazo, mano y, por último, el dedo al arma sacándola de la línea de tiro.

Ahora sumen, espacios huecos, dedos cruzados, dedo índice de la mano de apoyo sobre el guardamontes….. ni hablemos si le añadimos “gatillazos”, excesiva presión de las manos por el estrés…. Etc. Detalles, detalles, detalles…. De ahí la importancia de la tención al detalle.

Ni comentaré el poner el dedo pulgar sobre la muñeca de la mano principal…. Solo pruébenlo para ver cómo queda el empuñamiento, y que defectos comentados detectan. Si deciden disparar así tengan preparado desinfectante para su pulgar, es muy probable que les haga falta.

Una vez neutralizado el objetivo.

Tras neutralizar al objetivo permaneceremos mirándolo y controlándolo con el arma, salvo que haya otros agresores y debamos repeler más ataques. Si no es tan “grande” la acción, no debemos dejar de controlarlo hasta que por el motivo que sea, fallecimiento, pérdida de capacidad, engrilletamiento, etc. deje de ser un riesgo evidente. Nuestro control visual, insisto en ello por su importancia, debe ser completo, antes si la situación lo ha permitido, pero durante y después lo será de forma inexcusable.

Bajaremos el arma, como se comentó en artículo anterior, hasta una posición que sin dejar de encañonarlo nos permita ver sus manos, que es donde está el verdadero riesgo, no en otra parte. Salvo que sea un artista circense y pueda manipular armas con sus pies, o su esputo fuera venenoso, manteniendo la distancia el único peligro estaría en sus manos. Si la situación se relaja un poco más podemos pasar a la posición Sul de alerta y control, sin permanecer de forma muy aparentemente ofensiva, pero si siendo capaces de reaccionar en milésimas de segundo.

Obviamente, en la posición que adoptemos de vigilancia, el dedo permanecerá a lo largo del arma, pero no dentro del guardamonte ni en contacto con el disparador. Aquí el arma, si hemos disparado, estará en simple acción, y el coctel hormonal de nuestro organismo favorece que un simple roce o estornudo ajeno contraiga ese dedo y se produzca un disparo indeseado, con lo que sil está el arma en dirección al agresor neutralizado…. ¿Cómo se justificaría legal y en conciencia ese otro disparo?

Hemos desenfundado a la mayor velocidad que nuestra suavidad y fluidez nos permite controlar todos los pasos que hemos visto. Ahora ¿cómo enfundamos? Sin prisas, con calma, respirando y oxigenándonos antes, favoreciendo el pensar que cosas debo chequear. Recargo si lo considero necesario, compruebo si dejo o no cartucho en recámara, que el arma quede en doble acción y/o asegurada, tras todo esto deshago el camino del desenfunde y la llevo a su lugar. Ya tengo el arma asegurada y lista para otra acción si es necesario.

Estas simples manipulaciones, junto con la respiración correcta y la actitud mental positiva del que actuó legítimamente, ayudan a estabilizarnos y a no cometer fallos de seguridad. Actúan a modo de ritual que nos ubica en una situación controlada y calmada.

Otro ritual muy recomendable, tanto psicológica como por motivos físicos, es realizar un chequeo táctil de comprobación que no hemos sufrido herida que nos pueda ocasionar daños mayores futuros. Lo crean o no hay muchos casos documentados en los que el “vencedor” de un enfrentamiento fallece, o casi, como consecuencia de una herida que por el estado emocional y hormonal interno no pudo o supo detectar a tiempo. Recuerden que una de las acciones del estrés y su descarga química es la reducción de la sensación de dolor con vistas a elevar las posibilidades de supervivencia, para que este dolor no bloquee las tareas de defensa y combate.

Este ritual puede ampliarse realizando el mismo chequeo, tras practicarlo primero a nosotros mismos, con nuestros compañeros y a su vez ellos con nosotros, para reafirmar esa comprobación de estatus físico. Esta ampliación también ayuda a la conciencia de unidad grupal, al pensamiento de que hemos hecho lo correcto, y, lo más importante psicológicamente, nos calma y centra.

Les he detallado y desmenuzado tanto la  aparentemente simple acción de desenfundar que tengo la impresión de haberles transmitido, en lugar un gesto aparentemente simple, un acto circense acrobático. No era esa mi intención. Tan solo creo que la atención a los detalles son los que hacen que uno sea un virtuoso o un simple aficionado. Lo crean o no este es el secreto de ese piloto de rallyes  que llega a ser campeón, de ese maestro de piano, de ese trapecista casi suicida, del malabarista de éxito, del cantante de renombre. Nadie logra la maestría, o su aproximación, entrenando solo una vez al mes, ni una vez a la semana, requiere mucho más.

Atención al detalle y repetir (entrenar) hasta convertirlo en algo innato.

No hay más secreto.

Cuídense y cuiden de los suyos.

 Dedicado a la Memoria de los que no reciben Memoria.

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