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viernes, 28 de noviembre de 2014

Empuñando el arma larga III. Artistas, Historia, historias y canteos.


Empuñando el arma larga III. Artistas, Historia, historias y canteos.

Por Cecilio Andrade

Hablar de armas es hablar de herramientas diseñadas, creadas y empleadas con el propósito final, modernos usos deportivos aparte, de neutralizar a otro u otros seres vivos. Sonará, se leerá, feo y frio, inhumano si se quiere, pero no cambia el concepto ni la realidad. Y así ha sido desde hace miles de años, desde que alguno de nuestros ancestros homínidos decidió agarrar una rama caída, una piedra o una quijada de burro para agredir a su vecino. Que el empleo de esa herramienta tenga usos legítimos y honorables o no, depende del “animal” que la empuña no de la herramienta en sí. Y ese uso, legítimo o egoísta, no se ha modificado lo más mínimo con el paso de los siglos, marcando incluso las mitologías y religiones con “buenos” y “malos”, dejo a cada cual que marque su línea.

Desde aquellas lejanas eras ha habido individuos en busca de la habilidad máxima en su disciplina para hacer uso de las armas, que hoy se use un arma de fuego y entonces una espada, piedra o la emblemática quijada de burro, no cambia el concepto real y concreto, usar un arma con la eficacia requerida para vencer al adversario. Las sociedades de todas esas épocas los consideraban, entre otras cosas, “artistas”, algo que aun se mantiene hoy en día, deformado y alterado, pero aun subsistiendo.

Actualmente se considera el término artista más desde el punto de vista del espectáculo que de ninguna otra cosa, por desgracia es un gran error. Si añadimos que la reata actual de muchos de los que son definidos y se definen a sí mismos como artistas, en cualquier ámbito del espectáculo, no los lleva mucho más allá que a desgraciados bufones, el concepto artista no tiene un gran aval.


El concepto aun es considerado serio dentro de los denominados Artes Marciales, léase por ejemplo Judo, Kárate, Muay Thai, y ciento y pico de etcéteras. Para los que me hayan leído en trabajos previos les sonará lo que diré a continuación, Arte Marcial es el arte de la lucha, del combate, da lo mismo usar la mano desnuda, un tipo determinado de objeto punzante, cortante o contundente, o las más actuales armas de propulsión química, la base real cambia.

¿Por qué me voy tanto por las ramas? Simplemente quiero definir la importancia, para mí al menos, del concepto Artista Marcial. La palabra artista no se origina del espectáculo, si no del arte. Arte es cualquier actividad humana realizada con esmero y dedicación, actividad que requiere capacidad, habilidad, experiencia y el tan  imponderable talento. Los mejores, los verdaderos artistas, tienen ese talento y los Artes Marciales no están exentos de ello. Un artista tiene una serie de características bien definidas, es metódico, sistemático, perseverante, características que sin ser generalizadas sin son comunes. Lo que convierte esas características más o menos comunes en especiales es el talento, que en el caso que nos ocupa, la lucha en todas sus formas, es básicamente la adaptabilidad. Todos podemos seguir patrones, métodos y sistemas con mayor o menor precisión, el artista genuino con talento sabe adaptar todo eso a las circunstancias puntuales y concretas. Y lo hace de forma aparentemente innata y sencilla.

Luchadores, soldados, policías, instructores de la relevancia de Pincus, Pecci, Yeager, Vera, Costa, Cobos, McKee, Suarez, McNamara, Cooper, Proctor, Lamb y muchos etcéteras junto a todos los que no son tan conocidos, ¿son artistas marciales? Lo cierto es que si, y por doble partida. Para empezar son artistas marciales porque, como sus antecesores desde hace miles de años, buscan la excelencia en su desempeño con perseverancia. Y por último porque como artistas saben darle ese toque personal que es convertir una inexactitud en una ventaja para magnificar los efectos deseados. Ese es el talento que un profesional armado debe buscar, y que quizás en última instancia siga siendo adaptación.

Con respecto a las armas y su empleo los conocimientos nunca son suficientes, siempre se debe avanzar, perfeccionar, adaptar. Las circunstancias son las que dictan que métodos, y la aplicación de los mismos, permitirán sobrevivir. Los mejores, los artistas marciales genuinos, lo logran gracias a que comprenden las circunstancias y se adaptan. Sus combates son 90% con su mente y un 10% con su cuerpo. No se quedan en lo que “siempre se ha hecho así” para convertir aparentes irregularidades de forma en métodos para sorprender, adaptarse y superar las circunstancias.

Esa es la diferencia entre un metódico y adaptativo artista marcial y un simple repetidor de técnicas,  pautas y patrones. Ese es el talento a buscar.

Un poco de Historia.

En la época feudal los únicos que recibían verdadera instrucción de combate eran apenas un 5% del total de la población, los nobles y sus hombres de armas. Como su principal misión en la vida era guerrear, esto no es del todo correcto, disculpen mi generalización histórica,  dedicaban todos los días de su vida a entrenar para ello. En realidad y a ciencia cierta sería otra minoría dentro de esa minoría la que obraría así, tal y como ocurre hoy en día en comisarías y cuarteles. El resto mayoritario con toda seguridad solo “pasearía la espada” ante la plebe. Esa plebe y siervos que frente a una guerra eran reclutados sin adiestramiento ni apenas mucho más que aperos de caza y trabajo. Lo cierto es que la gran mayoría de las armas “exóticas” de la antigüedad son simples aperos de labranza y sus evoluciones.

Con la desaparición del sistema feudal surgen las naciones tal y como hoy las podemos entender, y con ellas aparece la necesidad de los ejércitos nacionales. Nace el servicio militar, y con ello el problema de instruir a miles de jóvenes cada año de una forma ordenada, coherente y eficaz. Jóvenes que, durante siglos, carecían de la educación y capacidades suficientes para poder exigírseles mucho más que la repetición mecánica y sistemática de procedimientos determinados y perfectamente definidos. Este sistema fue útil y necesario hasta hace muy pocas décadas, donde la base educativa, social, técnica y táctica eran tal que solo se podía maniobrar con grupos compactos realizando gestos idénticos a la vez, con un orden y sincronización esmerado y pulido hasta la exageración. Las armas de la época tampoco permitían mayores florituras operativas. Los dos mandamientos de esta época son sencillos de recordar, quizás a muchos lectores les suenen, “siempre se ha hecho así” y el tan manido “no te pagan por pensar”.

Hoy en día con un teórico nivel intelectual y educativo mejorado, mayor capacidad de “pensar”,  posibilidades de analizar y adaptar, de armas infinitamente más flexibles y letales en manos de simples individuos, con la capacidad de fuego que antiguamente podía tener una compañía de infantería al completo, seguir esa pauta de hacer “lo de siempre sin pensar” en todo lugar y circunstancia puede ser un suicidio.

Como comenté en trabajos precedentes la anatomía varía de un individuo a otro, las actitudes y aptitudes varían aun más, y ya no se avanza a la batalla hombro con hombro al toque de tambores. Hoy el militar de la unidad más convencional puede sentirse solo y aislado, y debe saber actuar en tales circunstancias. Pero un policía o un profesional armado tampoco es que actúe con el apoyo de helicópteros de combate en su quehacer diario. Las poco ergonómicas y exigentes armas  del pasado han dado lugar a otras más cómodas y adecuadas. Es por todo ello que lo que era considerado imperdonable y errado en aquella época son procedimientos de casi obligado cumplimiento hoy en día.

Tras esta larga digresión pseudohistórico-filosófica veamos qué  “incorreción”, en apariencia y según los patrones inamovibles de algunos, podemos usar para sacar ventaja en según qué circunstancias y entornos.

¿Nunca cantear el fusil?

Durante siglos cantear, inclinar lateralmente un arma colocada en línea de fuego, arcabuces, mosquetes, escopetas y similares, era un pecado gravísimo. La potencia de fuego se basaba en la homogeneidad de la “nube” de proyectiles que una unidad podía lanzar a los de enfrente. Además la patada del retroceso de estas armas obligaba a asentarlas exacta y perfectamente si los mosqueteros no querían recibir daños físicos. Por otro lado incluso a nivel de cazadores o tiradores aislados las características balísticas de armas y proyectiles obligaba a ello.

Hoy en día todo esto ha cambiado. Los estudios de balística, trayectorias, efectos, control y ergonomía de las armas hacen que las posiciones inamovibles en tiro ya sean no solo innecesarias cuando no contraproducentes. Las municiones comunes, aun con su máximo retroceso posible, son totalmente controlables aun por los usuarios más endebles. Recordemos que hay competiciones de apenas adolescentes con armas hasta hace poco consideradas exclusivamente militares. Después  de todo,  un .223 Rem/5.56 mm, por  ejemplo, es poco más que un simple .22 con esteroides.

Incluso un francotirador policial o militar con el más potente .308 Win/7.62x51 mm realiza entrenamientos canteando en mayor o menor medida su fusil, consiguiendo no solo agrupar sino además repetir y crear tablas de tiro para ello. En definitiva, cantear un arma ya no es el pecado balístico ni anatómico de antaño.

Tácticamente no solo deja de ser pecado sino que se convierte en algo fundamental para la actuación de todo profesional armado actual. No solo canteará el arma, si no que buscará hacerlo para adaptarse al equipo que porta, al entorno, al movimiento que realice, a los obstáculos y parapetos, en definitiva a las circunstancias del enfrentamiento armado.

Antes de continuar permítanme una puntualización, el canteo busca ayudar al operador a moverse con la mayor fluidez y soltura posible, ni más ni menos.  Y cuando hablamos de movimiento es tanto del operador en los desplazamientos como de su cuerpo al dirigir el arma, esté el cuerpo estático o desplazándose. Se analiza desde el punto de vista operativo y táctico, dejando claro que en caso de vernos obligados a realizar un disparo de máxima precisión se buscara la posición de arma y tirador más estable que sea posible. Dicho esto pasemos a analizar el canteo.

Ángulos y sentidos de canteo.

Podríamos hacer casi un centenar de matices según el ángulo de canteo que imprimamos al fusil, calculen Uds. si hay ángulos que definir. Además según si el ángulo se dirige hacia dentro o hacia fuera, respecto al centro de masas del tirador, ya vemos que la cosa se amplia.

Comencemos a definir puntos y parámetros de uso, para ello lo haremos desde el punto de vista de un empuñamiento mayoritariamente diestro, para los trabajos con la otra mano ruego inviertan las descripciones.

Respecto al centro de masas del tirador:

-          Interior, hacia el centro del torso.

-          Exterior, hacia fuera del torso.

El primer caso es más natural y suele o puede ocurrir sin apenas percepción consciente del operador, ya sea por motivos situacionales, anatómicos o de equipo que porte. El segundo suele ser más consciente y forzado, dependiendo normalmente de la situación puntual y entorno.

Respecto al ángulo en sí:

-          Menor a 30º

-          Entre 30º y 50º

-          Entre 50º y 90º (a veces mayor pero no es habitual ni recomendable para tiro).

Ambas divisiones se interrelacionan, el ángulo de canteo puede ser interior o exterior según las circunstancias, y suele depender básicamente de la lateralidad, entiéndase mano que se emplea, que el operador utiliza en ese momento.

Por otro lado el uso de las miras puede verse restringido, deteriorado o totalmente anulado, con lo cual esta forma de dirigir el arma es casi exclusivamente por referencia corporal en muchos casos y un mínimo de apoyo ocular. Siendo aplicable para combate cercano y dinámico, donde la capacidad de fuego relativamente preciso en conjunción con el movimiento y el uso de obstáculos priman sobre la precisión pura.

¿Cómo canteamos?

Para un tirador diestro es más natural cantear su arma larga hacia el interior, esto ocurrirá en más de un 70% de los operadores que deban hacerlo. Este canteo busca básicamente relajar la tensión articular, muñecas, codo y hombros, sobre todo en movimiento, para facilitar la alineación del arma con el objetivo a alcanzar, pudiendo mantener más tiempo la actividad al retrasar el agotamiento muscular.

Todo usuario de armas largas considera que lo correcto es mantener el fusil vertical, fundamentando la verticalidad como la relación plasmada entre la línea ascendente desde el suelo a través empuñadura hasta  la línea de miras, si el ángulo de dicha línea es cero se considera que el arma está “vertical”. Cualquier variación de ese ángulo cero es considerado canteo.

Al movernos el cuerpo busca su equilibrio de forma natural, y no solo equilibrio de bipedestación, si no también equilibrio interno, minimizando en lo posible tensiones y agarrotamientos musculares, principalmente en las zonas articulares. De forma innata casi todos los operadores con arma larga tienden a cantear el arma al moverse. Si el desplazamiento es avance frontal suele ser menos común o destacable, pero en los retrocesos si suele manifestarse en mayor medida al retrasar el hombro de apoyo mientras se desplaza hacia atrás todo el cuerpo. Este hecho suele ser más observable en movimientos laterales y oblicuos.

El grado de canteo suele depender principalmente de la anatomía, variando de unos a otros, aunque hay estadísticas que nos dan medias aplicables a la hora de instruir de una forma personalizada y dirigida. Los chalecos de protección y equipación tienden a aumentar este efecto, al alejar el punto de apoyo de la culata y forzar las articulaciones. Es por ello que debemos ser muy conscientes a la hora de colocar accesorios en la zona donde apoyemos el arma.  Otros factores son en el uso y/o paso de obstáculos y coberturas,  giros, cercanía del adversario/s, etc.  resumiendo, combate dinámico.

El control y orientación del arma sigue realizándose con el trípode de ambos brazos y la mejilla, aunque en algunos ángulos extremos ese tercer apoyo de alineación nos lo dará la barbilla más que la mejilla. Como vimos en el artículo precedente, la mano de apoyo puede colocarse en tres zonas generales, en canteos extremos la posición de máxima extensión tiende a facilitar y reducir tensiones en las articulaciones implicadas, facilitando la adquisición de una posición estable y segura.

Desplazándonos de forma transversal u oblicua al objetivo, estando este en el lado de nuestra mano principal, nos resultará muy difícil dirigir la boca de fuego sin girar todo el cuerpo, por lo que nos frenará y dificultará la adquisición correcta de la línea de tiro. Para minimizar este esfuerzo podemos apoyar el costado de la culata, no la cantonera, en el lateral del hombro o incluso sobre él. Esto permite dirigir la línea de fuego hacia el lado de la mano principal sin forzar y llegando hasta casi 60º de giro del torso.

Igualmente si sacamos o abrimos, de su posición natural bajo la línea del arma, el codo de apoyo, así alzado podemos empujar o tirar del arma lateralmente sin apenas girar el tronco. Esto es aplicable tanto a arma larga como a pistola/revólver.

Aplicaciones del canteo según circunstancias.

Las indicaciones y aplicaciones que siguen deben considerarse orientativas y jamás como una regla fija. Se trata de ayudar a cada operador individual, no de crear nuevas pautas generales e inamovibles.

Canteo en movimiento.

Por debajo de los 20º más que canteo se considera cuestión anatómica de empuñamiento, e implica simplemente homogenizar el arma y sus miras respecto al usuario.

-          En movimientos frontales suele ser hacia el  interior y superior o igual a los 30º.

-          En movimientos de retroceso y también es hacia el interior y suele  superar los 45º.

-          El movimiento lateral hacia la derecha (para diestros) puede dar lugar a canteos  interiores superiores a los 45º así como a canteos exteriores de 90º en algunos tiradores.

-          Si el movimiento es a la izquierda (seguimos con diestros) tenemos dos opciones:

o   Retroceso reculando, caminando ligeramente de espaldas, donde el canteo tiende a ser inferior  de los 45º, en este caso es tan común el empleo del canteo interior como el exterior, dependiendo del operador.

o   También se puede dirigir la cadera en la dirección de avance, girando el tronco hacia el objetivo y sin desempuñar el fusil con la mano derecha girar el arma hasta los 90º normalmente al interior, apoyando el arma sobre el hombro o en su lateral. El arma vertical fuerza excesivamente la cintura, y el canteo exterior tiende a forzar las articulaciones.

-          En movimientos oblicuos los grados de inclinación suelen suavizarse respecto a los movimientos transversales.

-          Corriendo frontalmente el arma suele quedarse entre los 45º y 90º hacia el interior hasta bajar el ritmo y acomodarse en su posición estándar.

-          En los cambios de ritmo y sentido de movimiento se va variando de ángulo según la orientación del objetivo,  de acuerdo con los puntos ya comentados. Pasando de un ángulo a otro de forma dinámica e inconsciente.

Canteo ante cubiertas y abrigos.

Ante cubiertas, abrigos, parapetos y obstáculos, ya sea en estático o en movimiento, el concepto primordial es ofrecer un mínimo objetivo alcanzable mientras nuestra arma y ojo tienen el máximo de capacidad para localizar y neutralizar. Aquí el ser capaz de cantear cobra máxima necesidad, y casi ningún operador pone en duda su eficacia.

-          Curiosamente un tirador diestro raramente canteará asomando por el costado derecho del parapeto, aunque puede darse un canteo exterior de hasta 45º en movimientos al rebasar u ocupar el obstáculo.

-          Por el lado izquierdo ese mismo tirador podrá llevar el arma hasta los 90º hacia el interior sin cambiar de hombro. También puede cambiar de hombro pero mantener la mano derecha empuñando, con lo que el arma puede mantener la verticalidad o cantear hasta los 90º, en este último caso apoyando la culata sobre el hombro. Con o sin canteo dependerá de equipación y anatomía del tirador.

-          Asomando por la parte superior cantear interiormente en 90º nos ayudará a minimizar la exposición al fuego enemigo, asomamos menos la cabeza. Por otro lado evitará que con las prisas y el estrés acabemos viendo nítido el objetivo con nuestras miras, pero el cañón esté alineado con el borde superior del parapeto y acabemos disparando contra este, o si nos damos cuenta de ello debamos asomar la cabeza casi completamente para poder “liberar” la línea de tiro del borde del parapeto.

-          Si debemos agacharnos, inclinarnos, disparar por debajo de un obstáculo (un vehículo por ejemplo), adquiriendo una posición distinta a las comúnmente entrenadas, sin duda alguna tenderemos a cantear en mayor o menor medida para buscar la posición más anatómicamente estable y cómoda.

-          Disparando a través de rendijas estrechas, grietas, boquetes, etc, algo muy común en combate urbano, ocurre lo mismo que en el punto anterior, el arma debe acomodarse y cantear para librar su boca de fuego de forma limpia hacia el objetivo.

Otras necesidades de canteo.

El combate en todos los tiempos es tan fluido, ágil y variado en entornos y circunstancias que intentar listar de forma completa todos los escenarios es imposible, pero si podemos intentar buscar generalidades aplicables a muchos entornos.

-          En interiores muy reducidos, pasillos y escaleras muy estrechas, interior de un vehículo, alcantarillas, etc.  puede resultar imposible acomodar el fusil en la zona del hombro, obligándonos a colocar la culata no apoyada la cantonera en el frontal del mismo, si no pasándola por encima  el lateral hombro para reducir la longitud del arma, como ya comentamos.

-          En combate muy cerrado en distancias con los objetivos pueden darse los mismos casos que el punto anterior teniendo que acortar y alargar la longitud del arma canteando y situando la culata sobre o lateral del hombro en lugar de frente a él.

-          En situaciones de combate donde el arma sea agarrada o apartada por el adversario el uso y dominio de la “esgrima de fusil”, para redirigir el cañón hacia el enemigo, implica el uso de canteos y deslizamientos.

A modo de comentarios finales.

Cantear es un factor a tener en cuenta, no es obligado, ni siempre recomendable, perdemos la calidad del uso de las miras, perdemos precisión  en mayor o menor medida, pero pese a todo ello ocurre y lo necesitamos. El cuerpo lo emplea, lo busca incluso, en situaciones límite de forma natural. Obviar el canteo y/o considerarlo un error a corregir puede ser el verdadero y grave error. Nuestro cuerpo y organismo tienen las herramientas para sobrevivir y adaptarse, ignorarlas es ignorar la evolución natural que nos ha traído hasta donde actualmente estamos.

Pretender que todo el mundo debe luchar de una única, correcta, uniforme y homologada forma es cuando menos estúpido. Hemos visto la infinidad de factores, internos y externos al operador, que influyen en toda actuación. Igualmente que sabemos que no hay dos situaciones iguales,  ni que jamás dos personas reacción igual, ni siquiera la misma persona en la misma situación lo hace exactamente igual, parecido sí, pero nunca igual.

La adaptación pasa por reconocer nuestras capacidades y características personales, las que podemos controlar y entrenar, para luego poner ese conocimiento en la ruta que nos permita sacar el mejor resultado posible en las circunstancias externas que no dependen ya de nosotros.

Dejemos para próximos artículos más detalles a sumar a su ya abultada bolsa de “herramientas”.

Cuídense y cuiden de los suyos.

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