Buscar en este blog

miércoles, 4 de febrero de 2015

Arma larga VI. Recargando, también con pistola.


Arma larga VI. Recargando, también con pistola.

Por Cecilio Andrade.

En todo saber humano nos encontramos con diversas formas de alcanzar las mismas metas, y los procedimientos suelen ser más o menos correctos. Normalmente estos distintos procedimientos suelen ser honestos intentos de dar una solución personal a un mismo problema, visto desde experiencias, habilidades  y conocimientos distintos. Y con la necesidad de cambiar un simple, o no tan simple en realidad, cargador de nuestra arma no podía ser menos, varios procedimientos, y diversos tips, algunos supuestamente antagónicos y, para muchos profesionales, solo hay un único correcto, el suyo obviamente.

Pero…  ¿realmente existe un único procedimiento? ¿puede  la situación, el entorno, el estado de uno mismo definir mejor que procedimiento usar? ¿son esos tips antagónicos?  ¿podrían ser realmente adaptaciones a según qué circunstancias? Muchas preguntas, demasiadas quizás para un acto tan simple y sencillo, cambiar un cargador vacio, o con poca munición, por uno lleno y completo. Lo cierto es que cambiar un cargador de una forma eficaz y rápida puede en muchos casos marcar la diferencia del resultado final de un enfrentamiento, ya saben “el diablo está en los detalles”, pero claro hay que conocer esos “detalles”.

Me van a consentir una pequeña libertad, que reescriba un viejo trabajo para adaptarlo un poco a la línea de publicaciones que sigo en este momento, a muchos ya les sonará la mayor parte pero, disculpen mi atrevimiento, nunca viene de más repasar.

Anoten antes de empezar un pequeño tip mental, en el trabajo con armas nunca nada es inamovible, muy al contrario es adaptativo y evolutivo. A lo largo de la Historia los mejores guerreros, táctico y estrategas han sido siempre los que más rápido ha sabido adaptarse y aplicar las nuevas variables a las circunstancias.

Antes de entrar en procedimientos y tips permítanme explicar un poco de mi terminología personal, ya que me ha traído más de un comentario reprochándomelo.

Reactivo y proactivo.

En el idioma castellano, y más en sus versiones internacionales, tenemos infinidad de términos para definir cuando cambiar un cargador, emergencia, táctico, operativo, administrativo, etc. Todos ellos son correctos y descriptivos, pero para mi opinión solo definen la situación del entorno en la que realizamos dicha acción, cuando lo más útil es definir nuestra situación interna personal. En mi caso uso los términos “proactivo” y “reactivo” para definir cómo actúa nuestra mente ante una acción determinada, la que sea pero en este caso aplicable a los cambios de cargador.

Una acción proactiva es en concreto cuando la realizamos por propia y consciente decisión. En el caso de una recarga es cuando decidimos cambiar el cargador para poder disponer de uno completo en nuestra arma, no tiene que haber un motivo concreto  ni prisa o premura de tiempo, lo consideramos pertinente y actuamos pensando de forma activa en previsión de posibles acciones y necesidades futuras.

Por el contrario, una acción reactiva implica reaccionar ante una situación dada, en el caso que nos implica, el arma se queda sin munición, el hecho que estemos frente a un adversario o no es lo de menos técnicamente hablando. Reaccionamos ante un hecho que hay que subsanar con la mayor premura posible, actuamos de forma reactiva ante un hecho concreto, no queda munición en el arma.

Como ven, mis definiciones hacen mención a la actitud mental que debemos tener, sin entrar en cuestiones particulares, situaciones concretas ni circunstancias puntuales. Considero que es la mente nuestra principal arma y por tanto la que debemos pulir, afinar y afilar, empezando por utilizar términos que le faciliten dichas acciones. Como ya he comentado en trabajos precedentes, la mente no tiene sentido del humor ni interpreta, es literal y directa, el uso de una u otra simple palabra muchas veces significa una ayuda o un  hándicap.

Con estas definiciones podrán también comprobar por qué uso estos dos términos en muchos otros casos y situaciones, no solo recargando, sino también en tiro reactivo o proactivo, acciones reactivas, planificación proactiva, etc.

Recargando, varios métodos, pequeños tips, y todos son válidos.

Ante la acción de recargar tenemos dos posibilidades, recarga reactiva o recarga proactiva, ahora bien, mientras la recarga reactiva tiene un procedimiento básico, la proactiva tiene dos procedimientos principales a considerar, eso sin contar una serie de pequeñas variaciones, en forma de tips más que en la recarga en sí, pero que considero importantes para conocer y entrenar.

Recarga reactiva.

El procedimiento básico es sencillo, detecto que me he quedado sin munición y mientras con una mano presiono la expulsión del cargador vacio la otra mano va por uno lleno introduciéndolo de forma inmediata mientras el vacio cae para, tras acerrojar el arma, dejar el arma lista para hacer fuego de nuevo. Aquí la prioridad es tener el arma lista para seguir disparando lo más rápidamente posible, que el cargador vacio cae al suelo y se pierde es lo de menos, el riesgo es mayor que el factor de salvaguardar nuestra equipación.

Hasta ahí todo está sencillo y claro, pero veamos pequeños detalles.

Desde mis primeros días en el ejército muchos instructores se empeñaban que contara los cartuchos para saber cuándo recargar sin quedarme con el arma vacía, como procedimiento muchos lo conocerán. Ahora bien, ¿cuántos realmente lo hacen con verdadero estrés?, cuando la cabeza quiere ver lo máximo posible, cuando queremos abatir ese blanco antes que él  lo haga con nosotros, cuando el entorno se reduce al ancho de nuestras miras, ¿Cuántos de Uds. cuentan sus disparos? Respuesta es sencilla, nadie.

Si lo hacen, mis más asombradas felicitaciones, entonces pueden poner en práctica uno de los tips, dejar un cartucho en recámara mientras insertan un cargador nuevo y completo, ahorrándose el paso de acerrojar su arma.

Para los que no les es posible contar en situaciones de verdadero y real estrés, siempre aconsejo que no pretendan acerrojar sus armas, las que sean, largas o cortas, presionando diminutos botones o palanquitas, para llevar su cierre adelante con un cartucho en recámara. Esto lo comento por varios motivos, las prisas, el sudor, el uso de guantes, la perdida de tacto fino con la adrenalina, entre otros, hacen que sea muy difícil encontrar esos botoncitos y palancas cuando la vida está en juego. Por otro lado no siempre los cierres se quedan atrasados y bloqueados tras el último cartucho de un cargador, pudiendo ser la causa de una pérdida mayor de tiempo, al creer tener un cartucho en recámara y estar en realidad vacía. Siempre recomiendo acostumbrarse a acerrojar tirando del cierre, ya sea una pistola o una palanca en un fusil.

Aun así, no considero incorrecta la técnica de entrenar esa presión en palancas o botones, la repetición hasta la saciedad puede conseguir minimizar los errores de tacto, de forma que se conviertan en inexistentes. No obstante, aun así existe el riesgo de que el cierre haya quedado adelantado con la recámara vacía y debamos acerrojar. Personalmente prefiero aprender un solo movimiento que me resuelva cualquier situación. Y por otro lado, cada arma, las largas sobre todo, tienen su forma de acerrojar específica, entrénenla, un AK no es un G36, ni un FN FAL es igual a un FN Five Seven.

A este tenor hay quien comenta que no debemos deshacernos del cargador vacío hasta que el lleno esté casi en el arma. Las razones pueden ser múltiples y variadas, aunque en mi opinión estando el arma vacía lo que nos interesa es tenerla despejada lo más rápidamente posible para insertar el lleno.

Entrenando ambas manos, y sus dedos con ellas, pueden trabajar de forma simultánea, una desalojando un cargador vacio y otra llevando e introduciendo el lleno. Se puede conseguir tiempos muy buenos tanto con arma larga como con corta entorno al 1.95 segundos por lo bajo y 3 segundos en lo alto, pero incluso 4 segundos puede considerarse una buena marca si con ella como referencia entrenamos para ir reduciendo ese intervalo.

Recargas Proactivas.

Como ya vimos, en este tipo de recarga no hay premura de tiempo, decidimos completar la munición de nuestra arma por lo que pueda suceder, pero no tenemos un peligro inmediato enfrente. Por tanto no es necesario deshacernos de nuestro cargador a medio usar, a veces unos pocos cartuchos pueden marcar la diferencia futura, si los guardamos, claro.

Las recargas proactivas difieren poco de las reactivas, salvo que el cargador usado debe ir a algún lugar, y en esto ya vemos el primer tip diferenciador de los dos sistemas de recarga proactiva.

Procedimiento uno de recarga proactiva.

Aquí la mano principal procede a destrabar el cargador usado mientras la mano de apoyo lo extrae y lo coloca o deposita antes de ir por un cargador lleno e introducirlo. Los tips posteriores son idénticos a los comentados en el caso de la recarga reactiva, no varían en nada, salvo que normalmente no es necesario acerrojar el arma.

Alguno se habrá dado cuenta que escribí, “coloca o deposita”, ¿qué diferencia hay? Antes de continuar hagamos un pequeño inciso: no recomiendo situar cargadores a medio usar junto con los llenos, las confusiones que se pueden crear podrían resultar letales.

El cargador usado debe ubicarse con nosotros y disponible para un caso de necesidad, pero separado de los llenos. Podemos ·”colocarlo” entre nuestro cinturón y el abdomen, dentro de la camisa o chaleco si llevamos, o incluso en un bolsillo en la peor de las soluciones. Una posibilidad muy en boga es depositarlo en una bolsa de descarga situada para estas acciones en el cinturón.

En ambos casos disponemos de ellos en una emergencia pero no se mezclan con los completos.

Los detractores de este procedimiento alegan que el tiempo de recarga se ralentiza en exceso, pero lo cierto es que en ejercicios cronometrados los tiempos han coincidido casi en exactitud con las recargas reactivas, con mínimos de 1.98 segundos y máximos aceptables de 3.30 segundos.

Lo innegable es que este procedimiento es sencillo de entrenar ya que la mano de apoyo solo debe realizar un movimiento, con lo que la habilidad y el tiempo invertido en toda la acción es bastante asimilable y sencillo de mantener. Por otro lado los problemas de tacto y estrés se ven bastante reducidos al no implicar movimientos ni agarres finos ni exactos.

Procedimiento dos de recarga proactiva.

Esta recarga implica que debe realizar dos movimientos y acciones relativamente complicadas, pero no imposibles si las entrenamos con dedicación y constancia.

La mano de apoyo va por un cargador lleno. Mientras lo mantiene sujeto entre el pulgar y el índice y corazón, con el meñique y el anular y el talón de la mano agarra el cargador usado que está liberando en ese momento la mano principal. Lo extrae y lo mantiene retenido, para con un giro de muñeca introducir el cargador lleno. Tras lo cual lleva el cargador usado al mismo lugar comentado en la recarga anterior.

Los defensores de esta posición comentan que de esta forma el tiempo sin munición es mínimo; y los detractores alegan que el stress, sudor, humedad, guantes, tamaño de las manos y habilidad requerida lo hacen muy negativo como procedimiento. Lo cierto es que con entrenamiento y buen criterio se pueden conseguir tiempos entre 2.12 y 3.40 segundos casi con cualquier arma, larga o corta, cosa que está bastante bien.

Evidentemente la mano de apoyo debe realizar algunas acciones de ir, volver y manejar volúmenes grandes, pero insisto, sin recomendarla no la considero negativa ni contraproducente, yo mismo tengo manos muy pequeñas y recargo un G36 con este método sin mucho problema. Tan solo requiere una inversión en tiempo de entrenamiento y mantenimiento algo mayor que la técnica anterior, pero nada que no se pueda llevar a cabo por un buen profesional con un correcto trabajo previo.

Recarga con cargadores unidos.

Con arma larga es muy habitual ver a operadores con dos cargadores unidos, ya sea por procedimientos de circunstancias, cinta adhesiva por ejemplo, o porque los fabricantes ya prevén esa idea y facilitan cargadores con tetones para unirlos a gusto del consumidor. Personalmente no lo uso, mis motivos para ello son varios aun reconociendo que la recarga es extremadamente rápida.

Para empezar está el transporte, en los porta-cargadores es bastante difícil llevarlos y extraerlos, cuando más introducirlos en el arma de forma rápida; pero en el arma misma, respecto a su  centro de gravedad,  peso y volumen hacen que el porteo resulte incómodo, aunque esto último, siendo correcto, se puede subsanar y entrenar para reducirlo.

Es evidente que el desequilibrio del arma es muy acusado cuando pretendo disparar, restando además un agarre correcto tanto antes del cambio (el cargador numero dos suele quedar a la izq. estorbando a la mano de apoyo), como después de cambiar. Suele generar problemas de empuñamiento de la mano de apoyo, que debe aprender a empuñar de dos formas, con cargador doble y con uno simple, además de desalinear el codo y brazo de apoyo.

El peso mayor de dos cargadores unidos hace que una caída de los mismos pueda resultar más destructiva para los mismos que el de un cargador solitario, dañándolos e inutilizándolos de forma permanente. Así mismo el retén suele sufrir mucho más por dos motivos,  tanto por soportar el mayor peso así como una torsión por el peso desequilibrado y descentrado respecto al retén del cargador  en algunas armas.

Algunas interrupcines, doble alimentación por ejemplo, requiere tirar el cargador al suelo, si van dos unidos podemos perder no solo el que generó la interrupción si no el lleno al que va unido.

En general debemos aprender a realizar dos tipos de recargas distintas, una con cargadores unidos y otra con cargadores simples, exigiéndonos mayor inversión de tiempo y trabajo.

Ciertamente es otro procedimiento y debe conocerse ya que  tiene buenas cualidades, pero que en mi opinión adolece de otras que implican mucho tiempo a invertir, riesgos, aprendizaje y mantenimiento de varios movimientos distintos para un único resultado final, tener el arma con un máximo de munición en el menor plazo posible.

Unos pequeños tips.

Ropa y accesorios.

He visto infinidad de exhibiciones de recargas en las que los operadores las realizan en apenas algo más de un segundo, cuando lo deciden o reciben una señal específica recargan y punto. No chequean el arma, no apartan ropa o equipo, no montan el arma, tan solo recargan. Y eso está muy bien, sin duda, da mucha habilidad motora y confianza.

Ahora bien, un operador táctico o un policía no llevan sus cargadores, ni de pistola ni de fusil como un tirador de IPSC, sino más bien un poco más trabados,  tapados y protegidos. Si hablamos de un escolta, un policía de incognito o un usuario civil, si bien puede llevar portacargadores más parecidos a los deportivos y de extracción rápida, estos suelen ir tapados por una chaqueta o algún tipo de prenda como mínimo.

Conclusión, la extracción suele ser algo más complicada y debemos entrenarla con más ahínco por ello mismo, eso si, seguro que no es tan glamurosa ni ultraveloz vista en video.

Mirar para saber que ocurre.

Por otro lado también realizan su ejercicio, con munición o no, y saben que en determinado momento deben recargar y lo hacen sin más. Lo cierto es que en el 99.99% de los casos cuando el arma deja de funcionar y de hacer el bang que debería, el cerebro no sabe que pasa, y sigue presionando al menos un par de veces el disparador antes que giremos y levantemos el arma para ver porque no funciona, y entonces se enciende la bombilla del “¡estás sin munición, tontolhaba, cambia el cargador!”, y a partir de ahí empieza el reflejo que hayamos entrenado.

¿Cuántas veces han visto ese sencillo gesto de mirar que pasa en una demostración o exhibición? Pocas, ralentiza una acción de demostrar lo rápido que recargamos. Pero lo cierto es que no es lo mismo tener una interrupción que quedarnos sin munición, las acciones necesarias son distintas, por lo que es importante definir que ha hecho enmudecer nuestra arma para poder  corregirlo correctamente, por ende debemos incluirlo en entrenamiento.

Girar el arma ayuda a recargar.

A modo de continuación al gesto anterior, de mirar porque el arma ha dejado de disparar, puede sernos de ayuda a la hora de expulsar el vacío e introducir un nuevo cargador. Cuando el arma deja de disparar debemos descubrir si es una interrupción o que estamos sin munición, para ello podemos adaptar el gesto al uso de un arma larga o arma corta, tan solo teniendo en cuenta donde está la ventana de expulsión en el 90% de las armas, en el lado derecho.

Con arma larga canteamos hacia el interior el arma para poder ver la ventana de expulsión, al detectar la falta de munición la mano izquierda irá por el cargador de repuesto mientras la mano derecha gira con energía el arma hacia el interior  para expulsar el vacio con energía y colocar el arma en camino del cargador lleno que sube. Esto tan aparentemente sencillo a groso modo es aplicable a todas las armas con pequeños gestos y detalles adaptados, dependiendo obviamente del tipo de retén de cada modelo de fusil o pistola.

Con arma corta el gesto es casi el mismo encogiendo un poco los brazos. Por su configuración podemos solo levantar un poco la punta del arma al frente o inclinarla hacia el interior, ambos gestos son correctos para ver que pasa. Lo demás, presionar retén para liberar el cargador vacío mientras rotamos la pistola hacia el exterior para ayudar a la expulsión y alineación con la llegada con el nuevo, que ha ido a buscar en ese lapso la mano izquierda, es igual al punto con arma larga. Eso si el reten del cargador está a la altura del disparador, lo usual en armas actuales, si está en la base de la empuñadura, común en muchas pistolas antiguas, el gesto es obligado para poder presionarlo con la mano izquierda antes de expulsar el vacio y poder ir por uno lleno.

Portar los cargadores.

Muchos operadores y usuarios llevan sus cargadores de repuesto en distintos ángulos o posiciones, unos con el proyectil hacia adelante y otros hacia atrás en sus portacargadores, buscando una imagen estética equilibrada, ojala no los esté liando con esta descripción, de tal forma que la mano que los agarra no sabe en qué posición están antes de dirigirlos hacia la embocadura del arma, teniendo que girarlos en el último momento o en el peor de los casos pretender introducirlos al revés, lo que en muchos casos logran, con los problemas de interrupciones y mayores retrasos que implica todo ello.

Coloquen sus cargadores todos simétricos, “mirando” hacia adelante o hacia atrás, no importa, y luego entrénenlo, que su mano siempre haga el mismo movimiento, sea la primera, segunda o decimoctava recarga que deba efectuar, su mano solo debe aprender un solo y único gesto de agarre y traslado.

Arma arriba.

Una de las puntuales veces que recomiendo apuntar el arma hacia arriba es en una recarga, todos acabamos mirando el arma aunque tan solo sea una décima de segundo. Por ello recomiendo tenerla casi frente a nuestra cara y un poco más baja, de un palmo y medio a dos palmos de distancia aproximadamente, en la denominada zona de trabajo, donde colocamos el móvil para mandar mensajes y notas a facebook, de tal forma que aunque tengamos que mirar ese cargador que no quiere entrar podamos seguir vislumbrando nuestra zona frontal de riesgo. Nunca debemos perder de vista la zona de riesgo y este es un buen tip para conseguirlo y a la vez recargar.

Acerrojar o montar.

Podría comentar otra vez el motivo de porque montar la corredera de la pistola con toda la mano, o el uso de la palanca en armas largas, pero tan solo les recordaré lo comentado al principio de este reportaje, aprendan un gesto único aplicable a todas las manipulaciones, les facilitará su entrenamiento, aplicación y mantenimiento de la habilidad.

Con una pistola no acerrojen usando la pinza entre el pulgar y el índice, como ya he repetido infinidad de veces, el tacto se degrada en condiciones de estrés. Usen la mano entera para tirar del carro de la pistola, empleando los cuatro dedos en oposición del talón de la mano, de tal forma que la presión, contacto y tracción sean máximos. Una mano entera ejerce una mayor y más firme presión y tracción que tan solo con dos dedos. Por otro lado el gesto es infinitamente más enérgico y rápido, y bien entrenado mucho más fácil de emplear que buscar una pinza con dos dedos.

Conclusiones.

A pesar de mis acotaciones aparentemente negativas en algún caso, cualquiera de los procedimientos comentados es correcto, siempre y cuando sepamos reconocer los puntos fuertes y débiles de cada uno de ellos. La idea final que debemos tener en claro, nosotros somos los únicos que conocemos como y en qué circunstancias vamos a actuar, por lo tanto cada uno debe decidir que procedimiento reúne las máximas condiciones favorables para salir con bien en una actuación armada.

Un consejo más, intenten conseguir una serie de procedimientos que se apoyen mutuamente, con un máximo de movimientos que coincidan entre si reducirán mucho tiempo de entrenamiento tanto para generar el reflejo correcto como para mantenerlo. No existen procedimientos absolutos y perfectos, todos tienen pros y contras que debemos conocer para poder sacarle el máximo rendimiento y partido.

No se inmovilicen, ni física ni mentalmente…. Mantengan siempre el movimiento.

Pero recuerden, solo es mi opinión, una más, ni más ni menos.

Cuídense y cuiden de los suyos.

 

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias por sus palabras.

      Cuídese y cuide de los suyos.

      Eliminar
  2. Cecilio: Despues de 16 años en la profesión y habiendo realizado diferentes cursos durante todo este tiempo en los que he aprendido buenos y malos hábitos, y tras mi recién estrenado titulo de instructor de tiro, tras leer varios de tus artículos solamente me queda un camino: aprender, entrenar, experimentar y...enseñar. Muchas gracias Cecilio.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por sus palabras.

      Cuídese y cuide de los suyos.

      Eliminar