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viernes, 27 de febrero de 2015

Escopeta Táctica I. Condicionantes de una elección.


Escopeta Táctica I. Condicionantes de una elección.

Por Cecilio Andrade

La escopeta, como arma de uso táctico y operativo, es una de las armas más extremas en cuanto a opiniones de todo el arsenal disponible para los profesionales armados, sean del colectivo policial, militar o para defensa personal. Unos la idolatran como el arma perfecta, otras la aborrecen como si fuera un enemigo personal. Extraño es aquel profesional que la coloca en su justo lugar, como una pieza más en la caja de herramientas de ese mismo profesional armado. De cualquier forma, amada, odiada o en su lugar correcto, raramente podemos encontrar a alguien que en realidad conozca completa y firmemente sus virtudes y defectos respecto al uso específico para la que se ha adquirido. Y si hablamos de un entrenamiento eficaz y correcto de la misma ya los puestos empiezan a estar más vacios aun. Veamos algunos detalles previos a la adquisición y uso de esta herramienta tan discutida.

Para utilizar una herramienta cualquiera que se nos venga a la mente, ya sea de un profesional armado o de un fontanero, un técnico electrónico o un cirujano plástico, lo importante es conocer que, como, donde y para qué condiciones de empleo han sido diseñadas, debemos tener un contexto, en definitiva.

El trabajo de hoy será un texto de ese tipo, aburrido y técnico, sin tácticas, ni disparos, ni ejercicios, ni tampoco de la discusión típica sobre qué modelo y marca es mejor o peor, tan en boga en los foros más o menos profesionales. Hablaremos de un tipo de texto que solo sirve para poder estudiar cómo seleccionar el uso de una escopeta en las mejores condiciones posibles dado un entorno y situación determinada. Para ello vayamos, como siempre, comiéndonos de nuevo ese virtual elefante táctico, bocado a bocado, pero solo un bocado cada vez.

Por último, antes de entrar en materia, las escopetas a las que hace referencia este reportaje son las denominadas tácticas, ya sean de repetición, semiautomáticas o de acción mixta. Dejaremos las armas de caza en su entorno y con sus expertos, sobre las que ciertamente no puedo opinar ya que no entra dentro de mis conocimientos ni experiencias fuera de casos muy puntuales y específicos.

Entorno.

Como con cualquier otra arma existen entornos en los cuales la escopeta tienen mejores actuaciones y otros en los cuales es obviamente superada. Pero esa clasificación cada vez es más difusa y lejana con cada año que pasa.

Hasta hace apenas unas décadas su uso prácticamente se había restringido a combates extremadamente cercanos, a “quemarropa” dirían algunos, combate urbano principalmente así como en entornos muy confinados como bosques y junglas. Pero de un tiempo a esta parte la evolución de las municiones específicas, un mejor conocimiento de la balística interna, externa y terminal, gracias a las investigaciones de los múltiples fabricantes que supieron reconocer el filón de ventas que implica lograr municiones según las necesidades y deseos de los profesionales, han logrado no solo mejorar los alcances, si no también la precisión, por no hablar de los efectos sobre el objetivo, sea este del tipo que sea.

Es por ello que el hasta no hace mucho inamovible entorno de empleo de la escopeta se ha alejado en distancia, efectos y precisión. La escopeta ya no es como el viejo arcabuz que regaba bolas de plomo en una nube, pero que no llegaba muy lejos ni atravesaba muchos obstáculos. Hoy día, sin lograr la precisión de un fusil estándar, una escopeta puede lograr alcances, precisión y efectos (letales o incapacitantes) impensables apenas unas décadas atrás. Su capacidad de perforación en obstáculos comunes a distancias medias, con municiones específicas, no va muy alejada de los proyectiles de algunos fusiles.

¿Entorno de uso? Ya no es tan restringido, pero veamos por qué.

Municiones.

Hablar de munición para escopeta hace 20 años ofrecía pocas posibilidades tácticas fuera de cartuchos muy especializados y caros, o la adaptación de los cartuchos diseñados por lo general para uso cinegético. El 90% de los usuarios profesionales les dirán que en aquella época la munición que llevaban en sus operativos, patrullas o servicios donde se requiriera su uso, poco o nada se diferenciaba de la usada por un cazador.

A raíz de la evolución histórica de la violencia mundial, terrorismo, mafias de todo pelaje, crímenes, etc., las fuerzas policiales y militares se han visto obligadas a buscar municiones mucho más específicas y resolutivas según la situación. Los policías de todo el mundo portan hoy día armas, municiones y equipaciones (chalecos de protección balística, por ejemplo) que eran impensables hace esas dos décadas, considerándose exclusivos para militares. Por otro lado los militares realizan misiones de pacificación donde los daños colaterales y las bajas inocentes no se permiten, por lo que portan y emplean equipos que hasta hace también poco tiempo se consideraban de uso exclusivamente policial. Los policías han debido subir su capacidad letal, mientras las fuerzas militares deben reducirla. Todo ello ha generado, entre otras muchas cosas, un mercado de municiones específicas como pocas veces se ha visto en la Historia.

Municiones de escopeta multiproyectil (postas) suelto o eslabonado de distinto tipo y metal, de alto impacto, perforante, de alcance extendido, subcalibrada, etc. pueden ser una muy ligera muestra de la familia letal. El crecimiento de las “menos letales” o de “baja letalidad” no ha sido menor, generando un abanico que casi parece un catálogo de ciencia ficción. Postas de goma, pelotas, saquetes rellenos con arena o pelotitas de goma, etc. son lo más conocidos, pero también existen joyas como balas de plástico blando rellenas líquido o gel incapacitante, lacrimógeno, estornudógeno, eméticos (generan vómito), y otras sustancias quizás más exóticas, cuando no combinaciones de varias de las comentadas. La joya de este arsenal menos letal puede ser el cartucho tipo “taser” que genera un shock eléctrico neutralizador al impactar.

Hemos visto municiones de uso antipersonal, pero la escopeta todavía dispone de municiones específicas para acciones mecánicas, reventar bisagras y/o cerraduras, proyectiles para reventar bloques de motor, específicas para perforar neumáticos, y un muy largo etc.

Los párrafos anteriores dan una muestra muy somera de la carta de cartuchería con la que se puede actuar  hoy en día según el entorno, adversario, situación táctica e incluso política que requiera el escenario. Y cuando digo somera realmente quiero decir que apenas he arañado el catálogo de municiones disponibles. Toda esta variedad ¿convierte a la escopeta en la panacea de las armas tácticas? Sin duda no, disponibilidad, precios, misiones, circunstancias específicas de despliegue, y varios etc. más definirán su verdadera utilidad y operatividad.

Recuerden, es una herramienta más en nuestra caja de herramientas profesional, ni más ni menos.

Selección de una escopeta táctica.

Tras ver los cartuchos disponibles toca ver qué puntos debemos estudiar a la hora de elegir una escopeta táctica, y estos puntos pueden resumirse en cuatro generales, veamos cuales.

La longitud será una de las primeras características observables antes incluso de empuñarla. Una escopeta para trabajo encubierto no puede ser muy grande, pero una de trabajo táctico tampoco puede ser como los viejos rifles Kentucky de la guerra de Independencia Americana. Hay que analizar su principal campo de acción y trabajo para poder buscar un arma acorde con las características de dicho entorno.

El tamaño de una escopeta suele definir la cantidad de cartuchos que puede portar, y por tanto disparar antes de verse forzado a recargar, ese es el segundo factor a tener en cuenta, capacidad. Muy poco puede dar poca versatilidad en según que entornos, y muchos cartuchos puede convertir la escopeta en una lanza, más que en un arma de fuego, en otros ambientes más restringidos. Ya tenemos la segunda característica, el tamaño importa... según el entorno al menos.

No todas las escopetas admiten los mismos cartuchos, no por tamaño, si no por soportar las presiones generadas por los denominados cartuchos Magnum. La recomendación para toda escopeta táctica es que pueda disparar tanto cartuchos estándar como los Magnum. He ahí la tercera condición.

El cuarto parámetro es simplemente capacidad de adaptación, que pueda asumir misiones variadas, así como accesorios que amplifiquen, mejoren o modifiquen las características del arma para adaptarse a esas nuevas misiones.

Accesorios adaptativos.

En este apartado podríamos estar hablando páginas y páginas sin llegar a ninguna parte, ciñámonos a puntos concretos y veamos qué y para que pueden ser útiles los gadjets que nos proporciona el mercado actual.

Bocachas.

La mayoría de las escopetas tácticas no disponen de este accesorio, las características de las municiones que emplea no solo no las necesita si no que en algunos casos puntuales son contraproducentes. No incluyo en este punto las que se emplean para lanzar medios de control de masas.

Pese a lo anterior algunos modelos de escopetas tácticas disponen de bocacha que no está pensada para reducir el fogonazo de los disparos, si no para concentrar un disparo especifico en un punto concreto (cerradura o bisagra) y magnificar los efectos sobre ese punto. Por ello suelen disponer de una especie de “corona” de púas en el borde frontal, para poder anclar y bloquear el cañón en ese punto exacto y que el disparo se dirija sobre el punto a “romper”.

¿Necesarias? El usuario debe decidirlo, teniendo en cuenta que algunas municiones pueden verse afectadas por dicha bocacha.

Correa portafusa (¿o será portaescopeta?

Al ser un arma larga, los condicionantes que ya expliqué en otros artículos sobre trabajo con fusil o subfusil, se aplican de la misma forma y por los mismos motivos. La correa debe permitir su porteo, encare, disparo, transición, etc., en definitiva, debe facilitar nuestro trabajo y su uso, y no ser una complicación más a un trabajo ya bastante complicado en sí mismo.

Uno, dos o tres puntos, respecto al anclaje de la correa, debe ser analizado por el usuario respecto a su misión y trabajos requeridos, amén de la seguridad y la comodidad de portación.

Medios de iluminación.

Pese a no ser tan extendido como puede parecer, pocas veces se ven fotografías de un operador táctico con un arma larga que no lleve incorporada una linterna (y en muchos casos mil y un cachivaches más). La realidad es que aun siendo muy de desear y recomendar no es una práctica muy extendida ni común.

Con la escopeta es aun menos habitual, normalmente por las características estructurales de la misma arma. Una escopeta tiene una forma y ergonomía que deja pocos lugares donde colocar la linterna de una forma útil y segura. En realidad son solo tres los lugares, a saber, cañón, tubo y corredera/guardamanos.

Engarzar una linterna en el cañón suele (no siempre) ser la peor de las decisiones. La vibración generada por el disparo es de tal magnitud que perder la linterna tras uno o varios disparos suele ser bastante común. Por otro lado la linterna (y su soporte) debe poder resistir dichas vibraciones. La presión del soporte puede dar lugar a “hernias” en las escopetas de cañones menos resistentes. Sin demonizarla ni descartarla de forma inmediata no es la mejor de las elecciones en la mayoría de los casos.

Colocar la linterna en el tubo porta cartuchos reduce aparentemente los problemas comentados en el punto anterior, pero tenemos que en algunas armas dicho tubo está construido en materiales livianos que no soportan muy bien presiones externas como puede ser la de un soporte de linterna, o la torsión generada si la linterna es golpeada y se retuerce. Debemos analizar la solidez de dicho anclaje antes de colocar la linterna en ese punto.

Sin duda el guardamano es el mejor lugar, por regla general, donde situar la linterna. Las vibraciones del disparo, y los riesgos por golpe o torsión apenas afectarán al arma más allá de quedarnos sin iluminación. Existen guardamanos completos, o fundas rígidas para colocar sobre el mismo que llevan incorporado los controles de la linterna sin modificar el empuñamiento. También podemos encontrar kits que facilitan atornillar al guardamanos un acople de linterna y su correspondientes controles de encendido.

¿Cuál es mejor? Su equipo, misión y disponibilidad se lo dirá con un poco de análisis y estudio.

Elementos de puntería.

En su forma más básica podemos tener una escopeta, sin alza, con un canal sobre el cañón hasta el extremo de la boca de fuego donde se encuentra el “punto de mira”, que en realidad es una simple bola. Obviamente la precisión con este tipo de miras es muy general y básica, más pensada para distancias cortas.

Hoy en día rara es la escopeta táctica que no disponga un alza y un punto de mira como cualquier fusil estándar. Y la variedad de estos elementos es tan amplia como en los fusiles. Alzas cerradas o abiertas, en “V” o cuadrada, de librillo o tipo corredera, etc, la oferta es enorme. Incluso para poder acoplarlos de forma eficaz a escopetas que vengan originalmente sin más medios de puntería que los del párrafo anterior.

Gracias a las mejoras que llevamos comentando durante más de 2100 palabras hoy en día es relativamente común ver escopetas con medios ópticos de puntería, ya sean visores estándar u holográficos de algún tipo. Obviamente facilitan el encare y disparo preciso como con sus hermanos los fusiles y subfusiles.

Estos medios de puntería tienen un gran apoyo para su uso en los carriles tipo picatinny que facilitan su acople casi en cualquier arma de fuego, para cualquier accesorio en realidad ya que linternas y otros medios pueden usar también este tipo de carriles. Un par de taladros y dos tornillos colocados por un armero de tipo medio, y la escopeta queda lista para usar eficazmente cualquier gadget que se nos ocurra.

Pistolete y culata.

En este punto, como arma larga en si, tiene las mismas características  que para cualquier fusil o subfusil de tipo policial o militar. Un buena elección de culata facilita un encare rápido, la alineación ojo elementos de puntería, la absorción del retroceso y consecuentemente la realineación posterior para repetir el disparo si es necesario. Eso a modo de condicionantes generales.

La elección de pistolete no es tanto por estética como parece, el pistolete facilita la alineación del arma con el hombro, mejilla y el objetivo sin forzar la posición de la muñeca y manteniendo el codo pegado al tronco. ¿Puede trabajar de forma táctica sin pistolete? Sin duda la respuesta es sí, pero debemos saber las ventajas de una u otra opción, para poder entrenar con eficacia y saber exprimir hasta la última gota de eficacia operativa de la herramienta que usemos.

La culata es para apoyar el hombro y la mejilla, personalmente no recomiendo el acoplar portacartuchos en la misma, por más que seamos diestros o zurdos podemos vernos obligados a cambiar de hombro, si ello ocurre el apoyo de la mejilla con ese accesorio quedará muy alejado de la línea ideal ojo, elementos de puntería y blanco.

Suelo recomendar portar los cartuchos en el costado izquierdo de la escopeta, en el lado opuesto a la ventana de expulsión. De esta forma la recarga es más rápida, tanto por proximidad como por tacto, apenas es necesario mirar ni mover la mano que recarga, podemos hacerlo sin desencarar incluso. Para recargar desde la culata  la mano debe hacer mucho más recorrido y movimientos específicos, resultando casi imposible de realizar sin desencarar el arma.

Por cierto, hablando de recargas, si usan cartuchos especiales como los antes comentados, colóquenlos en el arma y en el portacartuchos en la secuencia de disparo y de recarga correcta, y ensayen  bien dicha acción. El estrés es mal amigo para intentar adivinar que cartucho específico acabamos de introducir, revienta bisagras, letalidad reducida o … ¿Cuál?

Pero recuerden, solo es una recomendación personal.

Medición de dispersión de las postas.

Un cartucho de postas con, por ejemplo, 9 proyectiles de plomo, tiende a separarlos según aumenta la distancia, algo obvio ¿a que si? Podemos, y debemos, evaluar el grado de dispersión a distintas distancias para conocer el grado de eficacia y precisión de nuestras municiones.

Para ello rodearemos con una línea de rotulador por el exterior los impactos de cada posta, tras lo que haremos lo mismo por el interior dejando los impactos entre ambas líneas. El grado de dispersión viene dado por el espacio interior (ver imagen). En distancias cortas la copa que mantiene las postas en el cartucho puede impactar en el blanco, se considerará un proyectil más a la hora de medir la dispersión.

En caso de postas muy finas el perímetro se definirá por una sola línea exterior (ver imagen).
 


Un poco de culturilla.

Es bastante común escuchar (y leer) de escopetas de “12 mm”, pero lastimosamente ese doce no hace referencia a mm, ni tampoco a centésimas o milésimas de pulgada, sino a otro factor más arcaico.

El 12 hace referencia al número de bolas, cuyo diámetro coincide con el interior del cañón del arma que las dispara, que se pueden fundir con una libra de plomo. Por eso los calibres 20 y 16, en escopeta, son más pequeños que el más común del 12., la misma libra de plomo genera 20 y 16 bolas, obviamente más pequeñas. El calibre 10 genera 10 bolas, más grandes, con la misma libra de plomo.

En próximos trabajos veremos como trabajar con esta polivalente, y exigente, arma, una de las muchas herramientas que podemos encontrar en nuestra caja de supervivencia táctica.

Hasta pronto.

Cuídense y cuide de los suyos.

 

Guatemala. 02 de febrero de 2015.

2 comentarios:

  1. Sin duda, un impresionante post. Lo utilizaremos como apoyo para nuestros clientes.

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