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viernes, 8 de mayo de 2015

Acciones en interiores I. La puerta decisiva




Acciones en interiores I. En la puerta decisiva.

Por Cecilio Andrade

Sentía el corazón en la garganta, sus pupilas se cerraban y relajaban con cada latido, unido al sudor que le resbalaba desde sus cejas, a pesar del frio de esa noche de invierno, le hacía parpadear de manera exagerada. No podía dejar a su compañero solo. Le costaba llenar sus pulmones completamente, tenía que forzarlos a admitir aire. Estaba nervioso, tenso, tenía miedo, curiosamente más a fallar que a ser herido o algo peor. Necesitaba centrar sus pensamientos, sacar todo lo superfluo fuera. En este estado era como se cometían los errores, se lo habían dicho en los pocos cursos y capacitaciones a los que había asistido, más por curiosidad que por interés real. Joder! Que llamen a los GEO´s o a la UEI, que carajo hace un simple patrullero en esta mierda! Necesitaba concentrarse, hubiera lo que hubiera en esa habitación un compañero estaba herido de un escopetazo de postas que casi le arranca la pierna, aun así lo estaba viendo cubriendo y protegiendo a la esposa del “pirado” ese mientras intentaba taponarse la herida y… levantar su pistola, ambos se desangrarían antes de que vinieran los expertos, joder….. joder… joder…. Entrar…. Tenía que entrar…… …. … Joder!!!

Mucha película, mucho espectáculo, muchas palabrotas, mucha ficción….  Hollywood es muy malo.

Permítanme otra “historia” (alguno/a dirá historieta), una que circula en muchas versiones y autorías, personalmente me llegó a lo largo de mi vida con  variados protagonistas y profesiones.


Resumiendo muchos los detalles, recuerden que yo no soy piloto y disculpen los que sí lo son si al resumir cometo errores, es la acción de un piloto al encontrarse con un grave problema a punto de aterrizar. Apenas a unos pocos metros de la pista una súbita ráfaga de viento desestabilizó al avión en su descenso, desequilibrándolo para la toma de tierra. Casi en el mismo instante el piloto aceleró los motores y remontó el vuelo, alejándolos del peligro. Tras otra vuelta regresó y aterrizó sin percances. Cuando en el informe posterior se le preguntó por qué tomó esa decisión de forma tan inmediata, tan solo contestó: “En realidad esa decisión la tomé hace 15 años”. ¿Cómo que hace 15 años? “Si, pensando en cualquier incidente que pudiera tener en el aire mi decisión fue simple, siempre acelerar y remontar”

Este piloto tomó la decisión de actuar de una forma determinada ante determinados eventos, se preparó, se concienció, se adelantó. Muchos pilotos habrán pasado por toda una vida profesional sin incidentes de este tipo, jubilándose sin problema alguno, después de todo volar es una de las formas más seguras de viajar, la estadística así lo dice. Quizás esa sea la forma estandarizada de responder de todo piloto, lo que se les enseña por defecto, pero lo mejor de esta historia no son las acciones en si mismas, si no el principio que remarca, la preparación previa, la concienciación precedente en cada una de las profesiones que hemos elegido para guiar nuestra vida, en este caso piloto de aeronave, en el de la presentación del artículo la de policía, ya saben, esos que se dedican a “proteger y servir”

En la “historieta” de la entradilla no hay terroristas, no son narcos, no es una violenta banda entrenada en algún país del este europeo o en oriente medio, no, es un simple individuo que horas antes estaba tan tranquilo tomando su cerveza con unos compañeros del trabajo. Nadie pensó que pudiera “cruzársele los cables” de esa forma, “era tan educado y trabajador, tan de su familia”, “quien iba a pensar esto”.

Una discusión familiar que se salió de control, una llamada al 091 de una vecina, una pareja de policía acostumbrada a cientos de llamadas de este tipo. Más de lo de siempre, problemas domésticos, “leerle la cartilla” al tipo para que entre en razón y no vaya más allá, hablar con la esposa por si quiere denunciar, lo normal, nada del otro mundo. Y de repente…. una vieja escopeta de caza apareció no se sabe de dónde, su compañero es alcanzado mientras apartaba a la mujer, ambos desangrándose, solo otra patrulla de refuerzo a dos minutos, no hay más, ni fuerzas especiales ni más compañeros, si se pierde tiempo en esperar a tener todo lo necesario se desangrarán los dos heridos, y ese policía ileso está también atrapado, debe intentar salir si no quiere ser baja como su compañero...

¿Conocemos los rudimentos básicos para intervenir? ¿Podemos al menos salir de ese edificio con algo de seguridad? ¿Tenemos conocimientos de estabilización de heridos? ¿TCCC? ¿LERF? ¿Técnicas básicas de intervención en inmuebles? ¿Sabemos cómo ayudar? ¿Cómo ayudarnos a nosotros mismos? ¿O simplemente esperamos a los sanitarios y a los “especiales”?

Cada uno debe contestar a esa pregunta en la intimidad de su cabeza, la respuesta que se den a sí mismos marcará su decisión futura, como la del piloto.

Procedimientos básicos.

En el presente texto no verán procedimientos de unidades especiales, aunque también los usen; no leerán sobre técnicas avanzadas de asalto con rehenes, ni nada similar. Tan solo verán una serie de procedimientos básicos que les permitirán protegerse y proteger a terceros en el caso de que se vean atrapados, u obligados a intervenir, en el interior de inmuebles. Son procedimientos que ayudarán a maximizar la seguridad, el control del entorno, el apoyo mutuo y sobre todo el minimizar la exposición. No son procedimientos infalibles, no existe nada de eso en táctica, no se engañen ni  se dejen engañar, tan solo son útiles si han sido entrenados con anticipación. Pero por encima de todo utilizaremos el menos común de los sentidos humanos, el sentido común.

“Corte en tarta” o “media luna”.


Más que un procedimiento es un concepto de control y chequeo, es la base sobre la que todos los demás procedimientos derivan y actúan. Se trata del simple concepto de ir limpiando las zonas de riesgo tramo a tramo, paso a paso, porción a porción. ¿Cómo se comen un elefante? Trocito a trocito. Se trata de ir eliminando zonas donde se pueda situar un potencial agresor sin exponernos en exceso. Cada paso lateral que realizamos en un sentido significa un tramo en sentido opuesto en el sector que queremos chequear, ya sea con vistas a entrar o simplemente para asegurarlo. La velocidad no modifica el concepto, tan solo el procedimiento y la técnica a emplear.

Como procedimiento es el más elemental y sencillo de todo el bagaje de un profesional armado, así como de toda organización policial y militar del mundo. Permite controlar y chequear áreas con un mínimo de exposición, facilitando el acceso a zonas no controlables. Con este método sencillo podemos detectar tanto al posible adversario (o adversarios) como localizar zonas ciegas de riesgo potencial sin exponernos en exceso. Tras cubrir de esta forma todo lo posible del interior solo queda tomar la decisión de una entrada dinámica, una conminación a rendirse, lanzar artificios, “asomarse” y disparar sin ofrecer un blanco asequible al objetivo, etc.  Todo ello surge de aprovechar el ángulo de incidencia sobre el objetivo.



 

     Este procedimiento puede realizarse lentamente o con rapidez, dependiendo del entorno y situación táctica, sin merma sustancial de la seguridad del oficial o del equipo. Igualmente es compatible con un trabajo individual, en binomio o equipo tipo escuadra o pelotón, así como en cualquier circunstancia de falta de visibilidad por obstáculos intermedios, puertas, muros, columnas, esquinas, muebles, etc.

Como podemos ver en los gráficos el operador se mantiene lo más lejos posible de la zona de riesgo, la puerta en este caso. Desde ese punto ya ve que en el rincón interior no hay espacio para que alguien se esconda y suponga un riesgo real. Entonces se separa de la pared para mover ese ángulo de visión, su porción de tarta, y así va avanzando porción a porción hasta haber chequeado la mayor cantidad posible de la habitación. Siempre quedarán espacios “ciegos”, lo cual es una ventaja táctica, sabemos que en todo lo chequeado no hay nadie, y si lo hay está en esas zonas ciegas. Si decidimos que es necesario a entrar ¿Qué zonas deben buscar al pasar la puerta? No es lo mismo cubrir un pequeño sector que toda una habitación ¿verdad?

Estando solo el riesgo más obvio es que exponemos nuestra espalda a zonas no controladas ni cubiertas, aquí entra en juego el sentido común y evaluar todos los riesgos, potenciales, reales, asumibles, etc. Trabajar solo implica siempre un riesgo mayor y no es recomendable, pero no siempre se puede elegir.

También podemos realizar un chequeo similar en esquinas, interiores o exteriores, como se ve en la siguiente imagen.

Con arma corta no es muy importante cambiar de mano para cubrir sectores a la derecha o a la izquierda, cosa que con un arma larga si puede implicar una mayor o menor exposición y riesgo. Con un arma corta podemos cantearla sin cambiar de mano para cubrir la zona chequeada sin exponer el cuerpo, cosa que con un arma larga suele ser más recomendable cambiar de hombro. De una forma u otra, se haga lo que se haga, cambiar de mano o cantear el arma, es algo que no debemos intentar aprender en plena acción, si no mucho antes.

 

Hay que tener la precaución de no exponer el pie adelantado, ni la rodilla, algo muy típico. Tampoco es conveniente asomar el codo levantado, muy común con arma larga, ya que puede convertirse en un objetivo muy tentador, además de prevenir al individuo oculto de donde estamos.

El inclinar la cabeza con la intención de “ver más” no solo expone la parte más sensible de nuestro cuerpo, la parte superior del cráneo, la frente y el cerebro tras ella, sino que además en realidad no permite ver más, al contrario, hagan la prueba. Mantendremos la cabeza vertical y visualizaremos la zona con el ojo, uno, que se encuentre en el lado hacia donde nos movemos, sin cerrar el otro.

Es un procedimiento muy sencillo pero que debe trabajarse y analizarse antes de verse obligado a aprenderlo por las malas.

Movimiento y chequeo en equipo.

Es obvio que el trabajo en equipo, aun siendo el de un solo compañero, multiplica la seguridad de forma exponencial. En las imágines que siguen podemos ver dos formas de “negociar” una puerta con el apoyo de un compañero. En el ejemplo superior uno de los profesionales mantiene el control de un sector de la puerta, mientras el otro chequea de forma completa todo el resto de la habitación hasta que llega al otro lado con un procedimiento de “corte en tarta” estándar.

En ese primer caso o bien el entorno es considerado seguro, protegido por otros compañeros, o bien se prima el riesgo definido dentro de la habitación contra un posible riesgo no definido en el exterior. Recuerden, en el trabajo armado no existe eso del 100% de seguridad, existen riesgos asumibles y riesgos a evitar, riesgos concretos y riesgos probables. La situación, momento y lugar definen esos riesgos, y como los enfrentamos.


En el segundo ejemplo es obvio que existen riesgos externos que no es factible obviar, por lo que ambos profesionales se mueven de forma simultánea, cubriendo ambos los 180º frontales de su esfera de responsabilidad, cuidando sus espaldas mutuamente. La suma general es un control completo de la esfera de seguridad.

Usar una u otra forma de trabajo depende de muchos factores, externos principalmente, pero también del nivel de coordinación para trabajar en equipo que posea el binomio.

Penetración limitada.


Otra forma muy sencilla de proporcionar seguridad en un inmueble entre dos agentes es la denominada penetración limitada.  En este procedimiento uno del binomio cubre ligeramente retrasado la aproximación al punto de acceso del otro. Es un procedimiento bastante sencillo pero pese a ello no resulta muy utilizado, ya sea por desconocimiento, por nulo o deficiente entrenamiento como equipo o simplemente falta de confianza mutua..


Al aproximarse al punto de acceso  lo más pegado posible a la pared, acercaremos el pie de ese lado, en el caso del dibujo el pie izquierdo, lo más posible sin llegar a exponerlo hacia dentro. El compañero habrá ido realizando simultáneamente un “corte en tarta” hasta un punto donde exponerse más suponga un riesgo mayor. A un señal de coordinación previamente acordada, y entrenada si es posible, el que está pegado al punto de acceso pivota sobre su pie adelantado, izquierdo en el caso del dibujo que nos ocupa, y avanza el pie contrario en un semicírculo sin llegar a penetrar del todo en la habitación, minimizando el blanco expuesto a un nivel relativamente seguro y cubriendo el sector más peligroso de la habitación, el rincón “ciego”. El compañero simultáneamente avanzará sin llegar asomarse en el interior para cubrir todo el resto de la habitación y a su binomio.

Es conveniente que el primer agente reduzca silueta lo más posible para minimizar riesgos de pasar frente al arma de su compañero.

Este procedimiento es fácil y efectivo, pero requiere un nivel de coordinación que exige un trabajo previo, no es algo que se pueda improvisar sobre la marcha con potenciales agresores al frente. Tampoco es un procedimiento para cualquier tipo de circunstancias, si no para lugares, situaciones y entornos concretos.

Este tipo de penetración limitada también puede realizarse en una habitación con la puerta centrada. En este caso cada uno acabará apuntando al rincón opuesto,  derecha e izquierda, de la puerta. Dependiendo del ancho de la misma  uno puede acabar rodilla en tierra y el otro en pie para no entorpecerse.

Picando puerta.


Es básicamente una variación de la penetración limitada con mayor entrada del primer agente. Suele utilizarse con adversarios de bajo riesgo y/o si contamos con medios de protección del tipo escudos. De todas formas, puede sacarse un buen partido de esta técnica si la realizamos con rapidez, energía  y decisión contra objetivos más peligrosos.

Básicamente es pivotar igual sobre el marco de la puerta penetrando más, mientras el compañero cubre el otro rincón por encima. Evidentemente conocemos donde está el objetivo más peligroso y como está distribuido el interior. Puede también acabar con cada uno de los operadores a cada lado de la puerta en el interior de la habitación.

Es fácil de aplicar siempre y cuando, lamento ser tan repetitivo, se entrene con la debida diligencia, sin la coordinación adecuada implica riesgos tanto para los agentes como para él, o los, posibles ocupantes del interior.


Killian Crunch con paso lateral


Quizás este sea el más, relativamente, aparatoso de los procedimientos derivados del concepto “corte en tarta”.

Mientras el primero se deja caer sentado hacia atrás para realizar un disparo semiabdominal, el segundo da un simple paso lateral. Con esta técnica conseguimos varias ventajas, sorprendemos al adversario por la aparición instantánea de dos blancos simultáneos, a diferente altura, con las armas ya encaradas y  listas para abrir fuego si ello lo requiere.

El nivel de coordinación exigido es mucho mayor, así como un buen estado físico y de reacción del agente que acaba en el suelo. No es una técnica sencilla ni recomendable de forma general, quedando como algo a considerar en casos muy concretos y específicos. Parafraseando a algunos programas de televisión, “no hagan esto sin entrenarlo”, pero sobre todo sin usar el sentido común para su correcta aplicación en lugar y situación.


Control de personas.


En el mundo actual, táctico o de defensa del hogar, existen más ocasiones donde no debemos abrir fuego que las que nos exijan hacerlo, pero ello no es razón ni excusa para que el nivel de seguridad con el tenemos que trabajar se reduzca lo más mínimo.

Siempre mantendremos el contacto, bajo cobertura del compañero si contamos con el. Si estamos con apoyo solo hablará uno, este será el que establece y mantiene el contacto, apuntando su arma igualmente, mientras su compañero, si disponemos de él, mantiene la cobertura en silencio y buscando el mejor ángulo posible por si se ve obligado a usar el arma. Utilizaremos todo lo que el entorno nos pueda ofrecer como protección, muebles, esquinas, obstáculos en general. Tendremos en cuenta que todo individuo es un riesgo mientras no se demuestre lo contrario, lo cual no implica que debamos disparar sin más.


Conduciremos al individuo hasta un lugar controlable y le obligaremos a adoptar una posición que nos ofrezca ventaja, utilizando para ello órdenes sencillas, claras, enérgicas y concisas. Debemos dominar al individuo mental y físicamente.

Puntos finales.

Insisto y recuerdo, estos procedimientos no son para personal de unidades especiales, aunque los emplean; no requieren un entrenamiento diario ni esmerado, aunque si es recomendable un mínimo de ello; no es algo que solo deba tener en cuenta el personal de unidades de asalto, especiales o de elite, una simple denuncia vecinal por ruidos molestos, tras acceder a una vivienda puede acabar  siendo una retirada ante un agresor enajenado o drogado, algo en lo que cualquier policía puede verse implicado. O, porque no, un simple legítimo usuario que ve asaltada su casa y familia por individuos violentos y agresivos. La escenografía de esta “película de miedo” puede tener miles de guiones, y ninguno de ellos tener como protagonista a John Rambo, sino más bien a un José García, que de uniforme o paisano debe defender su vida y quizás la de otros más o menos queridos.

Recordando las dos ·historietas del comienzo, ante lo acaecido en la entradilla ¿son Uds. como el piloto? ¿se anticiparán y preverán ante lo que pueda ocurrir? ¿O parafrasearán a Axterix y Obelix? ya saben, aquello de “están locos estos …………..”, pongan lo que gusten en la línea de puntos.

Más vale prevenir que curar, dice el viejo refrán, cada uno de Uds. sabe mejor que nadie que grado de prevención necesita, la dosis de vacuna solo la pueden decidir Uds.…. solo cada uno de Uds. conoce lo que necesita. El nombre de la medicina es “entrenar”.

Por cierto, si alguno o alguna piensa que mi entradilla al artículo demuestra lo “mal hablado” que soy, solo les diré una cosa, en situaciones como la descrita la vida real no admite grandes discursos, ni versos como los de Shakespeare en Ricardo III, más bien nos salen los más viscerales “palabros”… de la versificación y embellecimiento políticamente correcto se encargan otros a posteriori, con suerte podremos leerlos con una sonrisa irónica en los labios y una copa en la mano… si no hay suerte serán el panegírico póstumo.

 

Cuídense y cuiden de los suyos.

 

 
San Salvador, 25 de Enero del 2015
 
 




 

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