Buscar en este blog

jueves, 25 de agosto de 2016

Fallar en planificar es planificar el fallo

Fallar en planificar es planificar el fallo.

Por Cecilio Andrade.

Estaba en los últimos segundos de aproximación a la pista para tomar tierra y dar por finalizado aquel largo y pesado vuelo. En un instante el aparato comenzó a vibrar de una forma peligrosa y desestabilizante, no le había ocurrido jamás en sus treinta años de experiencia. Durante el intervalo intangible de ese único instante inicial, sin tan solo organizar conscientemente un pensamiento, aumentó la potencia de los motores para ascender a una altura segura. Tras un par de explicaciones y algunas vueltas realizó la aproximación y toma de tierra resultó como siempre la había realizado, suave y segura.
En la entrevista posterior, la de la investigación del evento, se le preguntó al piloto cuando tomó la decisión de ascender, su contestación fue simple, concisa y, tambien para muchos, curiosa, “la tomé hace 25 años”.
Es decir tenía planificada su respuesta con anterioridad.

Antes de continuar, debo pedir disculpas a todos mis amigos y conocidos que como pilotos pueden sentirse ofendidos por mis incorrecciones en la “historia” (o “historieta” para muchos) que da pie a este texto. Por favor, no me lo tengan muy en cuenta, solo es una forma de dar pie a una idea.
Una vez realizada mi penitencia por pedante indocumentado pasemos a la razón de estas letras.
Una gran generalidad de los profesionales y usuarios armados, dentro del contexto de enfrentamiento potencialmente letal, entran dentro de los parámetros de dos tipos standarizados de personajes, a saber:
-       Lo planifica todo hasta el más minimo detalle y gesto.
-       No planifica nada, es más ni siquiera piensa en ello.
Todos los lectores estarán de acuerdo conmigo que de las dos opciones la segunda es la menos recomendable. La menos recomendable a pesar de ser la más común, por mucho que acodados en la barra de un bar escuchemos los tan conocidos “yo haría esto”, “yo respondería aquello”, “a mi no me pasaría”, y un largo y ególatra etc. ¿les suena de algo? Presumir de algo no implica pensar en ello con la focalización necesaria y exigible, piénsenlo.
Pero… ¿el primer punto? “planificar todo hasta el más minimo detalle y gesto”, ¿es lo deseable? ¿lo correcto?

Una digresión histórica
Para comenzar a desarrollar mi concepto permítanme otra de mis digresiones tan habituales, divagaciones si prefieren usar una palabra más común.
La cita “ningún plan, por bueno que sea, resiste su primer contacto con el enemigo”, con toda seguridad les resulta muy conocida. La paternidad de la cita ya es otra cuestión. La frase se le reconoce al Mariscal de Campo Helmuth Carl Bernard von Moltke, apodado “El Viejo”. Fue uno de los genios militares que ayudó a convertir a Prusia en la nación que dominó Alemania, y que finalmente generó toda la Historia conocida del siglo XX a la actualidad.
“OK, Cecilio nos explicará ahora por que no es bueno planificar, que no debemos tener un plan”. Muy al contrario, si “El Viejo” no quiso decir eso, y no lo quiso creanme, ni de lejos me atreveré a contradecirlo. Un plan es necesario, hay que analizar al enemigo, potencial o real, y conocer su situación en el entorno; pero hay que saber que cuando vayamos a la realidad, al enfrentamiento de verdad, las cosas no van a ser como esperábamos o por lo menos no todas ellas.
Cuando realizamos la planificación de una actuación, una estimación de nuestra propia respuesta, recuerden que la iniciativa normalmente la llevan los “malos”, los “buenos” debemos responder, no podemos olvidar que una cosa es estar definiendo, analizando y estimando que va a suceder, como van a ser las cosas y como se van a desarrollar, y otra muy diferente es como serán cuando empecemos a responder ante la agresión real.
Confiar en un plan inamovible, detallista y rígido nos condena al fracaso, pese a que un plan analizado y ensayado es nuestra primera baza para vencer. Aun con ello, debemos olvidarnos de la idea de apostarlo todo por el plan perfecto y dejar que la reacción fluya en modo automático con todo el bagaje de experiencias y entrenamientos previos.
Lo que me lleva a preguntar ¿uds entrenan, verdad?
Lo contrario de un plan rígido e inamovible, es estar siempre por delante de nuestra planificación, analizando constantemente, realizando cambios y adaptaciones. Y esto es tanto en la fase de estudio y entrenamiento como en el momento de poner toda la carne en el asador de la supervivencia. Durante un enfrentamiento las cosas no seguirán el guión lineal de nuestro plan, sucederán cosas imprevistas, en el momento que identifiquemos una desviación debemos reaccionar y corregir, y esto solo se logra con flexibilidad mental.
Una vez reaccionemos al nuevo parámetro, esto no significa que tengamos que volver al plan original necesariamente, pero sí que podremos realizar los ajustes necesarios para alcanzar el éxito, porque eso es lo importante. La finalidad de un plan no es cumplirlo, es alcanzar los objetivos marcados, y estos son simples y claros en el tema que nos ocupa, sobrevivir y regresar a casa con los nuestros que nos aman.
Siguiendo con el pensamiento base de que “ningún plan sobrevivirá al primer encuentro con el enemigo”, debemos prepararnos con unas directrices generales para que sepamos y logremos reaccionar en cualquier momento de la acción.
Tras la digresión comencemos de una vez al tema principal.

Ajedrez de supervivencia, todos saben, todos opinan.
Dentro del “mundillo” del profesional o legitimo usuario armado, casi todos “saben” o creen saber como ocurrirá un enfrentamiento, como lo iniciará, como lo desarollará y, obviamente, como lo terminará. Lo cual, patologías ególatras aparte, ya hemos visto en la digresión anterior que no será así. El Mariscal de Campo von Moltke nos lo dejó muy claro, y, si lo piensan bien, el señor Murphy también, “todo lo que puede salir mal, saldrá mal”.  Por cierto ¿saben si Mr. Murphy se apellida Moltke?
Una de esas cosas cotidianas que observo desde hace años, aunque sospecho que es algo inmutable en cualquier entorno y época de la humanidad, en cursos, talleres, seminarios o entrenamientos, es la idea de crear respuestas  del tipo que yo llamo “tablero de ajedrez”, “si hace A yo haré B”.
En principio, saber que responder y como en cada situación dada es positivo, pero solo en principio. La vida real no es un tablero ordenado, mensurable, con reglas fijas e inmutables, ni previsible. “El Viejo” nos lo dejó bien claro, el ajedrez en la vida real solo funciona si los adversarios colaboran y respetan las mismas reglas que nosotros utilizamos.  ¿Lo hacen? Contesten ustedes a la pregunta.
A lo largo de los años he generado la habilidad de pensar como mis adversarios, o al menos aproximarme a esos pensamientos lo más posible. Esta habilidad me ha permitido realizar muchos analisis de situación que evitaron problemas y, tambien, escenarios potencialmente de riesgo.
¿Es una habilidad fácil de adquirir? La verda no, no lo es en absoluto. Las experiencias vitales, profesionales, sociales, culturales e intelectuales, por citar las principales, son parte fundamental e ineludible de su adquisición y perfeccionamiento.
La inmensa mayoría de las personas analizan a los demás en base a si mismos. Seguro conocen el viejo adagio “todo ladrón piensa que todos son de su condición”, que se aplica tanto a “buenos” como a “malos”. Juzgan en base de su propio vagaje, y con toda seguridad raramente son capaces de ponerse en “las botas del otro”.
El poder pensar como el adversario es fundamental para un tipo de entrenamiento cada vez más en boga y del que cada vez hay más “expertos”. Esa moda mal aplicada y peor analizada ha generado que este tipo de entrenamiento acabe degradando su eficacia, generando conclusiones incorrectas alejadas de la realidad. Hablamos del Force on Force.
Soy un fervoroso defensor de los entrenamientos Force on Force, en todas sus facetas, para muchos de ustedes no es un dato nuevo, pero incluso este procedimiento puede generar malos hábitos si el instructor, o director del ejercicio, no capta un matiz muy importante, todos reaccionamos en base a nuestro entrenamiento y experiencia. Un policía actuando como un malo, si no es bien aleccionado y dirigido, actuará como eso mismo, “un policia actuando como malo”. El instructor debe buscar que el “policia actuando como malo” pase a ser “un malo” con toda la aleatoriaridad que ello implica. El “malo” empezará por “ponerse los zapatos” correspondientes, lo que le permitirá pensar mejor y más rápido, y el “bueno” tendrá que responder con un mayor realismo y eficacia. Ambos aprenden, ambos mejoran, ambos evolucionan.
Debemos aprender a generar pensamientos escalonados del tipo:
-       ¿Cuál es el peor escenario posible?
-       ¿Y el mejor?
-       ¿Qué queda en medio?
-       ¿Tengo las capacidades para responder a todos los escenarios?
-       Y si surge algo en lo que no he pensado ¿cómo podría responder con eficacia?

La realidad no es cómoda ni sencilla.
Con todo lo anterior es momento de clarificar una serie de puntos:
-       Necesitamos un plan A, pero recordando que el abecedario tiene muchas mas letras.
-       Nuestro plan nunca debe ser inamovible, si no flexible y adaptativo.
-       Debo tener las capacidades necesarias, y si no es así las entrenaré, para llevarlo a efecto y poder modificarlo sobre la marcha.

¿Difícil? Pues si, pero ello no lo hace menos necesario, lo siento mucho pero portar, y usar, armas no es solo un trámite o situación administrativa, es un deber y obligación para usarlas como corresponde, profesional, legal y éticamente.
Las cinco viejas cuestiones, ¿qué?, ¿por qué?,  ¿cuándo?, ¿cómo? y ¿dónde o por dónde?, nos daran muchos datos y cientos de posibles respuestas. Pero ¿qué ocurre cuando las respuestas varían de una décima de  segundo a la siguiente? Las preguntas son las mismas, las respuestas jamás.
Podemos entrenar cientos, miles incluso, de respuestas específicas. ¿las podremos llevar a buen término? Lo más probable es que en todas y cada una lleguemos tarde a la respuesta correcta, y aquí el suspenso implica no regresar a casa, no lo olviden.
No podemos entrenar cada sitación posible. Pero si podemos entrenar las habilidades necesarias para poder responder en cada una de las situaciones. No planeamos con líneas de respuestas, si no con un conjunto homogéneo y flexible de hablidades y capacidades. He ahí la diferencia radical de planeamiento, no planeamos lineas secuenciales, sino hojas de ruta con atajos entre puntos.
Ante cualquier escenario dado, nuestra respuesta dependerá de miles de cuestiones situacionales sobre las que no podemos influir, solo podemos influir y controlar las habilidades fundamentales que poseemos. Movimiento, comunicación, desenfunde, empuñe y manipulación del arma, empleo de cubiertas y abrigos, etc. (en realidad son muchísimos etcétera). Nuestro “plan” debe generar respuestas del tipo que salvaron el avión, con sus pasajeros y tripulación, de la “historia” inicial de este trabajo. Debe darnos respuestas tipo  “piloto automático”, y estas debes ser flexibles y adaptativas.

No piense, actúe.
Pensar en responder es no poder responder, ¿por qué?, simple y llanamente porque llegamos tarde. Cambiar nuestro enfoque y planificar respuestas inmediatas y flexibles, basadas en lo que si controlamos, es decir, a nosotros mismos y nuestras capacidades, es lo que ampliará la “ventana” de probabilidades de sobrevivir.
“¿Mis habilidades? Cambio cargadores en 1.8” sin mirar y soluciono una interrupción en 1.5”. Soy muy rápido”. ¿Les suena de algo? Lo escucho infinidad de veces, y ustedes tambien con toda seguridad. Es fácil planear respuestas en base a nuestras habilidades en condiciones de laboratorio, o peor y más común, de grabación para mostrarnos en Youtube. En la realidad tendremos que apartar una prenda de ropa para poder empuñar el arma, o portar un cinturón lleno de equipo desde un vehículo atestado, apartar la chaqueta que esconde nuestros cargadores, mirar para saber porque el arma no dispara, analizar que debo hacer, y todo eso bajo estrés, uno o varios adversarios hostiles delante,  sin olvidar toda la problemática que el principio OODA del Coronel Boyd nos mostró.
¿Les complico las cosas? Lamento que la realidad no sea tan amable como deseariamos. Luego de todo lo anterior ahora añadan al conjunto resultante una interrogante más, el tan repetido estrés y sus efectos neurofisiológicos.
Con toda esta ecuación, con tantas variables, descubrimos que planificar, y pretender desarrollar dicho plan de forma ordenada, completa, consciente y detalladamente cuando llega la batalla real nos hará lentos en la respuesta. Como nos enseña otro viejo adagio “más vale la respuesta menos correcta en el momento adecuado, que la perfecta un momento más tarde”.

Planifique hacer trampas, gane siempre.
Debemos entrenar bajo presión para pulir  habilidades y procedimientos., agresividad, determinación, movilidad, capacidad de comunicación, análisis del entorno, uso efectivo de nuestra arma, decidir correctamente de forma casi instantánea, entre otra infinidad de cuestiones más.
Busquen atajos durante dichos entrenamientos, de tal forma que puedan hacer trampa siempre para ganar ocurra lo que ocurra.  “Trampa” no implica ser un sicario, implica utilizar cualquier procedimiento que nos permita ganar la iniciativa a pesar de que nuestras acciones son reacciones a las acciones de nuestros adversarios, curioso trabalenguas., ¿no creen?
Los “malos” jamás jugarán con nuestras reglas salvo cuando estas impliquen una ventaja para ellos. Así que piensen que la unica “lucha justa” es aquella en la que a pesar de todo podremos regresar a casa cono nuestros seres amados.
Planifiquen la agresividad, la rapidez, la fluidez, el estar alerta al detalle delator, decidir rápido, ser frío cuando la supervivencia es el premio, generar la sorpresa en lugar de dejarse sorprender. No planifiquen donde poner el pie derecho en cada caso, si no como ponerlo en cualquier situación.
Como ya comenté en otros trabajos, la precisión siendo uno de los puntos más importantes en un enfrenamiento, no es realmente el primero de la lista. Lo realmente prioritario y difícil es tomar decisiones efectivas en centésimas de segundo bajo estrés. Y para ello la única palabra que debemos meter en nuestra táctica y dura mollera es “adaptación”.
Todo lo comentado nos llega a través del bucle ya nombrado definido por las siglas OODA, observar, orientar, decidir y actuar.  Debemos planificar  nuestros entrenamientos para que a la hora de la realidad podamos superar los prejuicios sociales, legales, morales, la negación e incredulidad, la resistencia a moverse. Planificar al detalle el entrenamiento para que en la realidad podamos ser flexibles y adaptativos.
Con ello lograremos ser capaces y hábiles a nivel inconsciente, respondiendo de forma instantánea, sin pensar, pero siempre de una forma ordenada, eficaz y precisa.

¿Conclusión? Sin análisis no hay conclusión.
El piloto de la historia que da pie a este trabajo planificó en detalle en la fase de adiestramiento, por lo que pudo reaccionar con eficacia el día que fue necesario. ¿Pensó en su plan de acción durante su evento? Obviamente no, si lo hubiera hecho no existiría su historia como ejemplo.
Planifiquen con la realidad en al mano durante el entrenamiento previo, el antes. Con ello podrán ser eficazmente reactivos en cualquier enfrentamento, el durante.
Movimiento no es solo desplazar un cuerpo, no en nuestro caso al menos, si no tener una mente capaz y fluida, siempre en movimiento.

Cuidense y cuiden de los suyos.


2 comentarios:

  1. Gracias cecilio por este articulo.un saludo y suerte en tu nueva aventura

    ResponderEliminar