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jueves, 22 de septiembre de 2016

Trabajando con fusil. Diario de una jornada

Trabajando con fusil. Diario de una jornada.

Por Cecilio Andrade.

Joseph Jouber escribió “Enseñar es aprender dos veces”. Imagino que no le era desconocida la frase muy anterior de Cicerón “Si quieres aprender, enseña”.
Jamás entro en una clase con la idea de “voy a enseñar”, y no lo hago simplemente por humildad o autodisciplina, no tan solo al menos. En realidad es un poco de lo anterior y un mucho de respeto a las personas con las que compartiré el curso, alumnos o condiscípulos. Aunque en realidad quizás lo hago por un cierto egoismo, pienso en todo lo que ellos me van a enseñar a mi. Y créanme, siempre salgo enriquecido y pleno, sea el nivel que sea el alcanzado. Instruir, enseñar, transmitr, en la forma que se plantee, es un enorme ejercicio de responsabilidad, ejercicio que debe basarse, en mi opinión al menos, en el deseo de aprender y mejorar. Mejorar fundamentándose en un inconformismo y curiosidad sobre todo lo que nos rodea en el campo especializado que busquemos mejorar.
Otra frase, en este caso de Clive Staples Lewis, me aclaró hace años una idea de lo que implica enseñar. No solo debemos dar las herramientas para abrir sendas, si no la filosofía, principios y valores para mantenerla siempre abierta y limpia. ¿La conocen? Seguro que si: “La tarea del educador moderno no es cortar selvas, sino regar desiertos”.

Aprovechando el puente del Día de la Independencia unos compañeros guatemaltecos, y algunos expatriados, me solicitaron apoyo para una clase de empleo táctico del fusil. No fue nada concertado más allá de una reunión de amigos, antiguos compañeros de proyectos y de trabajo. Todos ellos son policias, militares y operadores. Sin excepción ya me habían sufrido en más de una clase en antiguos proyectos comunes, así que sabían a lo que se exponían, largas y aburridas charlas, preguntas imprevistas, ejercicios revienta egos, etc.
En fin, espero no haberlos defraudado.

Herramientas.
Todos ellos son expertos tiradores con fusil a distancias de 30 a 150/200 metros, y en algunos casos mucho más allá. Donde la mayoría tenían dudas era en el empleo de ese mismo fusil en rangos de distancia que normalmente se consideran más aplicables para pistola.
Los fusiles fueron variados, M4 en distintas versiones, Tavor tambien en diferentes versiones, AK de varias nacionalidaes, un par de Galil y hasta un venerable M16 que podría contar muchas cosas de las junglas de Indochina.
Cada arma tiene sus particularidades, no creo descubrir a ningun lector  nada nuevo, por lo que parte de la mañana se pasó en recordar las manipulaciones básicas con armas largas. Con ello luego se pasó a desglosar las particularidades específicas de cada arma, por su configuración y/o palancas y botones de manipulación. Así mismo “perdimos”, prefiero emplear “invertirmos”, un tiempo en intercambiar armas para que todo el grupo viviera y practicara con todas las otras disponibles. De esta forma adquirieron una capacidad motora mejorada gracias a estas experiencias variadas en apariencia, pero de conceptos comunes, que afianzaron la capacidad de manipulación de una forma más firme y estable. Algo que luego se pudo  contrastar en los ejercicios.
El equipo, aparte del arma principal, fue tan variado como se pueda imaginar. Portacargadores improvisados, comerciales privados, adquiridos por las unidades a las que pertenecían, etc. De nuevo “invertimos” un tiempo en ver pros y contras de cada uno de los equipos que portaban. Igualmente se lograron corregir muchas leyendas y malas prácticas generalizadas, principalmente a causa de malas comprensiones de conceptos, pero principalmente de malas gangas de “Master Youtube” y “Doctor Hollywood”.
Como curiosidad debo comentar que la mayoría de los que traian empuñaduras delanteras, con o sin linterna, acabaron retirándola o modificando su posición, en algunos casos utilizándola solo cuando necesitaron el uso de la linterna para ejercicios de baja luminosidad.
Otra cuestión fueron las correas, la mayoría empezaron con posiciones, cruzadas al torso o del cuello, enganches de uno, dos o tres puntos, que finalmente acabaron modificándose tambien en base a los resultados de los ejercicios y las “complicaciones” introducidas.
Respecto a las miras casi todos emplearon las miras metálicas estándar de cada fusil. La excepción fue la familia Tavor, todos ellos con visores holográficos de serie, y uno de los M4 con un magnífico Eotech 512.A65 de adquisición privada y nunca utilizado antes, con fuego real al menos, aunque se pudo constatar que el usuario había realizado un gran trabajo en seco.
Lo primero que se plasmó con munición real fue la constatación del cero del arma, pudiendo confirmar que todos habian hecho sus deberes de forma intachable. Tras comprobar el “segundo cero” a 100 metros que todos sin excepción definieron con dos cartuchos, se pasó a localizar el “primer cero” que en todos los casos se encontraba en un entorno de 12 a 21 m. según el arma y munición utilizada. A fines prácticos todos comprobaron en tres secuencias de dos disparos aislados las distancia de los impactos respecto al punto exacto de puntería. Con este dato ya todos tuvieron claro las correcciones de alineación a realizar para el resto de la jornada.
La primera parte del trabajo se realizó a 25 metros de los blancos

Ejercicios básicos.
Obviamente se empezó por buscar, y lograr, una posición corporal que facilitara el encare, alineamiento, movimientos y manipulación del arma. En ello se demoró el equivalente a un ejercicio y unos poquísimos minutos de comentarios.
Tras ello se perfeccionó el empuñamiento general del fusil en base al principio de los “tres puntos de apoyo”,  ambos brazos y mejilla.  Buscando la distancia ocular entre miras o visores, así como la mayor estabilidad con el mínimo esfuerzo muscular posible. Al igual que en el punto anterior tampoco se invirtió mucho más de un ejercicio y algunos comentarios.
Pasamos al trabajo de recargas, reactiva y proactivas, en las que si fue necesario realizar una inversión de ejercicios, munición, explicaciones y tiempo significativamente mucho mayor. El resultado valió la pena sin duda alguna.
Tras lo cual se realizó un trabajo de interrupciones básicas, con cartuchos inertes, con la base de la conocida técnica del Tap-rack-bang, nada nuevo en realidad.
Estos ejercicios dieron pie para departir y ejercitar las transiciones, y sobre la conveniencia de realizar o no una transición al arma corta para solventar el riesgo inmediato. Las conclusiones fueron unánimes  en base a los ejercicios y escenarios específicos.
Con todo esto se logró una plataforma más que amplia para poder hablar de las distintas posiciones no de tiro propiamente, pero si necesarias. Se trabajó con escenarios y ejercicios muy específicos y puntuales, diseñados para magnificar la noción de flexibilidad operativa, para nunca ser rígidos en conceptos, posiciones, técnicas ni en tácticas. Las posiciones estudiadas fueron las cinco que ya conocen de mis otros trabajos escritos, arma encarada, arma alineada baja, posición Sul, arma arriba, posición de espera. En todas ellas se buscó la máxima estabilidad posible, la posibilidad de pasar de una a otra según necesidad puntual, y facilitar la movilidad con prontitud, eficacia, seguridad y precisión
Arma encarada.
En esta posición tenemos el arma prácticamente en la posición de tiro, pero con el cañon ligeramente más bajo, lo cual nos permite tener una gran visión del frente si dejar de estar cubriendo con nuestra arma esa zona. Nos permite ver, cubrir y reaccionar de forma instantánea, lo cual es ideal para movimientos en zonas muy compartimentadas y en distancias cortas, tipo entorno urbano, algunas zonas de bosque y montaña, o similares. Arma y cabeza se mueven en bloque merced del contacto de la mejilla con la carrillera.
Arma alineada baja.
En esta posición el arma baja mucho más, sin llegar a los 45º tradicionales, lo cual permite “desanclar” la mejilla, aportando el control de la zona sin perder la rapidez de encare y apoyo en caso de necesidad. La cabeza puede moverse de forma independiente del arma. Es una posición más flexible aun manteniendo la máxima alerta.
Posición Sul
En esta posición las manos mantienen su posición de empuñamiento aunque el arma se mantiene casi en el centro del torso, con la cantonera fuera del punto de apoyo del hombro. Esta posición es tanto de espera en alerta, como útil para rebasar accesos muy estrechos, descenso y ascenso de vehículos, control del entorno sin riesgos específicos claros y definidos, etc. Se puede pasar a las dos posiciones anteriores y/o a la de tiro con un simple gesto.
Arma arriba.
Esta posición facilita muchos los desplazamientos rápidos, sobre todo en entornos muy concurridos de personal civil,  igualmente puede ser útil en determinados escenarios boscosos o ambientes muy cerrados. Aquí se tiene en cuenta que lo más importante no es el disparar rápido, si no más bien el poder desplazarnos a la mayor velocidad posible y con seguridad. Los desplazamientos serán muy cortos y la mano que empuña no modifica dicho empuñamiento aun dirigiendo el arma hacia arriba.
Posición de espera.
En esta posición, tambien conocida como Rhodesiana, el empuñamiento de las manos es el mismo, pero la culata del fusil pasa por encima del antebrazo que empuña. Ambos brazos estarán en una posición que les permita un máximo de relajación, prácticamente estirados según el equipo dorsal que porte el usuario. Con toda seguridad esta posición ocupará el 95% del tiempo de cualquier operativo por lo que conviene conocerla y practicar los movimientos a posiciones más “agresivas”.

Detalles de base.
Con estos puntos se observó y pudo analizar la importancia de una buena y eficaz correa portafusil, así como el aprender a sacarle el mejor rendimiento posible.
La otra cuestión que surgió fueron las diferencias existentes, respecto a las posiciones ejercitadas, en referencia a los distintos modelos de armas que se emplearon.
Los AK demostraron estar a la altura, y en algunos casos por encima de sus compañeros más modernos y vistosos. Creo que se me notó, y nota, mucho mi aprecio a la robustez y fiabilidad todoterreno de este arma clásica.
En general las armas cumplieron con una equilibrada eficacia merced al esmerado trabajo previo en seco de cada uno de los usuarios.

Tiro muy cercano.
Tras los ejercicios anteriores, ya con una base firme y contrastada, se pasó a  una distancia de 7 metros.
A esta distancia el uso de las miras es  aparentemente innecesario, los objetivos  las “llenan” con tan solo un gesto que nos posicione correctamente.  Los holográficos, tanto los IMI de los Tavor como el solitario Eotech, aparentemente facilitaban mucho la efectividad de los disparos. Lo cierto es que no se pudo identificar una variación significativa entre los tiradores en tiempos, agrupación ni precisión. De  una forma homegénea se constató que la práctica esmerada con cada arma es más importante que los accesorios tecnológicos, por más que estos sin duda alguna ayudan a mejorar; eso si,  siempre y cuando tengamos la base técnica personal indispensable.
Sin duda en este caso la base técnica personal brillaba en todos sin excepción, con firmeza, estabilidad pero sobre todo contrastable y repetible.
Con todo esto bien asegurado se pasó a practicar casi todo lo anterior con el hombro contrario al habitual. Pudo comprobarse que realizando los ejercicios con suavidad, buscando hacerlos lo más suavemente posible en realidad, se conseguía una efectividad que si bien era más lenta que la del lado habitual, no era menos precisa, y sobre todo era 100% repetible en cualquier escenario recreado. Parafraseando una antigua máxima de instrucción táctica, que seguro todos Ud´s conocen, se confirmó que “lo lento es suave, lo suave es… preciso”.
Se realizaron varios ejercicios de adaptación, así como otros ya con cambios de un lado al otro y modificaciones de posición corporal.

Comenzando a moverse. El factor X.
En este momento se retrasó la línea de tiradores a 18 metros. Se empezaron a conformar, con todo lo anterior, ejercicios en los cuales era necesario realizar manipulaciones, cambios de posición, tiro y alineamientos saliendo de la  famosa X.
Se realizaron ejercicios de avance y retroceso lineal, movimientos transversales y oblicuos, materializando las 8 direcciones básicas partiendo desde el centro de nuestra X personal. En dichos ejercicios se ejecuraron cambios de cargador, subsanar interrupciones, cambios de hombro, todo ello de una forma muy fluida y suave.
El nivel técnico del personal, además de su grado de enfoque y concentración, permitió realizar ejercicios complejos en equipo sin riesgo alguno para el personal ejecutante u observador

Terminando el día.
Tras todo lo visto a lo largo de este provechoso día se realizó un pequeño alto para, a modo de post-briefing, analizar y profundizar cada punto ejercitado en el contexto correcto y adecuado para cada uno de los implicados. Recordemos que todos pertenecen a distintos colectivos profesionales unidos por una herramienta común,  un fusil del modelo que sea.
Se analizaron procedimientos, o trucos si lo prefieren, de chequeo y análisis de entorno, el efecto túnel, el chequeo en 360º usando una posición alta o sul según situación, como y porque debemos autochequearnos en busca de heridas no detectadas con el coctel de hormonas que el estrés nos ha provocado, entre varos otros detalles.
Uno de los puntos destacados, y en el que más tiempo se invirtió del post-briefing, fue la necesidad, o no, de activar y desactivar el seguro del arma tras cada ejercicio. Personalmente abogo por su activación y desactivación, pero admito entornos y situaciones que no consienten esta práctica. Es por ello que si defiendo sin excepción tres cuestioes principales a respetar:
-       Saber analizar la situación y entorno con eficacia.
-       Tener técnicas de base firmes y estables.
-       Ser capaces de adaptarnos, y con ello nuestras capacidades y técnicas, a cualquier situación, entorno y escenario en el nos veamos obligados a actuar.
Con estos tres puntos bien claros todo lo demás se dará por si solo sin necesidad de grandes esfuerzos.

Una jornada provechosa.
Una jornada provechosa y gratificante, sin duda, pero mucho más gracias a la profesionalidad y buen hacer de estos compañeros y amigos.
Como dije al principio de este texto, el más beneficiado  sin duda alguna fui yo, aún así no pude evitar que mi ego me la jugara y me trajera a la memoria las palabras de William Ward, “El profesor mediocre dice. El buen profesor explica. El profesor superior demuestra. El gran profesor inspira.”
No pude evitar pensar en donde estoy realmente y en que lugar quisiera estar.
Perdonen la divagación.


Cuidense y cuiden de los suyos.

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