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jueves, 8 de septiembre de 2016

Un amigo y como entrenar el estrés con eficacia

Un amigo y como entrenar el estrés con eficacia.

Por Cecilio Andrade.

“Aquella noche me cagué vivo. Fue en aquel momento cuando me di cuenta de que no soy ningún superhombre, de que yo tambien puedo morir”.
Seguramente el párrafo anterior les resulte familiar, por haberlo vivido quizás, y no solo ante una agresión armada. Un “susto” en nuestras carreteras, llenas de conductores no tan cívicos como debieran, un resbalón donde peor  podamos imaginar, etc. En resumidas cuentas, un pensamiento común en la vida de casi todo ser humano en algún instante de su vida. Pero para los agentes de policia, militares, escoltas, bomberos, sanitarios, entre unos pocos colectivos, se ve de otra forma.
Ante un evento peligroso, por ejemplo un salvaje terrorista más o menos solitario, aprovechando la “moda” actual, todo el mumdo sale corriendo en dirección contraria a la situación de riesgo. ¿Todos? No, todos no, los colectivos profesionales anteriormente reseñados en contra de sus más innatos instintos de mamíferos corren hacia el peligro, para reducir, minimizar, neutralizar, eliminar, socorrer, salvar. ¿Cómo pueden ir en contra de sus más elementales y sólidos instintos?
Esa pregunta tiene ya miles de respuestas y todas ellas más o menos válidas, por separado y en conjunción. No voy a insistir en ello. Para mi la pregunta importante es otra, ¿podemos entrenar y reforzar esa respuesta “antinatural”?


Tener como amigo a un gran y dedicado profesional de la Psicología aplicada al trabajo del profesional armado, coautor junto a Ernesto Pérez Vera del libro "En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados", además de un privilegio es un honor poco común. Se que ya saben que hablo de Fernando Pérez Pacho, pocos halagos y presentaciones necesita.
Si alguien con su trayectoria y bagaje profesional te solicita una opinión, sobre cuestiones en las que él mismo es un destacado y reconocido experto, es obvio que debes pararte, pensar, analizar con calma las cuestiones y responder con lo mejor que seas capaz de extraer de tu cerebro. Sin duda es un irónico e inexperado generador de estrés ¿no creen?
Fernando me trasladó tres preguntas:
-                      ¿Según su opinión se puede formar a los agentes de policía para evitar o minimizar las reacciones psicofisiológicas en situaciones en que corra peligro su vida o su integridad física? Si es así, ¿cómo?
-                      Delante de estas situaciones excepcionales; ¿Se puede mejorar la preparación de los agentes de policía en otros ámbitos que no sea la formación?
-                      ¿Que consejo daría a los formadores policiales y a los agentes de policía respecto a estos casos?
Con gran generosidad profesional me ha autorizado a publicar las preguntas y las respuestas que me atreví a remitirle.
Gracias Fernando.

Primera cuestión. ¿Se puede? ¿Cómo?
“¿Según su opinión se puede formar a los agentes de policía para evitar o minimizar las reacciones psicofisiológicas en situaciones en las que corra peligro su vida o su integridad física? Si es así, ¿cómo?”
Evitarlas es imposible, salvo quizás para aquellas personas que sufran algún tipo de psicopatología que afecte a sus respuestas emocionales, y aun así, mis conocimientos no me permiten asegurarlo, no creo que el instinto básico y primario de supervivencia no tenga algo que decir incluso con psicopatologías graves.
¿Minimizar?  No creo que sea el termino adecuado para aplicar en estos casos y situaciones.
¿Reducir? Al menos hasta una medida gestionable, considero que si.
El “cómo” es la cuestión más importante y a la vez más complicada de esta ecuación vital.
Antes de definir los puntos necesarios a considerar me gustaría dejar claro una cuestión. Decir que cada ser humano es un mundo en si mismo es casi una redundancia de tan repetido que es este enunciado, por lo que pretender crear un programa eficaz de aprendizaje, condicionamiento y adiestramiento como si fuera una línea o cadena de montaje industrial, es simplemente una pérdida de tiempo, además de un sistema intrínsecamente erróneo, generador de falsas seguridades que desembocarán inevitablemente, más tarde o más temprano, en daños graves.
Deben definirse las líneas generales, y esas líneas deben adaptarse a cada uno de los integrantes de los grupos a entrenar. Es por ello que el trabajo de un instructor responsable no es simplemente repetir procedimientos como si fueran un checklist cualquiera. Debe seguirse un listado básico, eso si, pero permitiendo la flexibilidad adaptativa hacia cada alumno. Eso es lo realmente difícil de encontrar en un instructor, alguien comprometido hasta ese punto. Compromiso que implica esfuerzos y trabajos que siempre superan los mínimos requeridos para una función meramente administrativa.
Las líneas generales son conocidas por todos y han sido comentadas con mayor o menor acierto en miles de textos. Para crear un plan de entrenamiento medianamente personalizado y eficaz debemos considerar varias cuestiones previas de cada alumno:
- Personalidad.
- Experiencias.
- Capacidad de aprendizaje.
- Grado de compromiso.
Obviamente podríamos añadir infinidad de puntos a esta lista, pero esta tan simple puede darnos unas pautas más generales y efectivas para comenzar a trabajar de forma realista.

 Personalidad.
¿Qué podría decir que Fernando no conozca mejor que yo? La forma de motivar, activar y provocar reacciones de un instructor hacia su/sus alumno/s depende de este punto. Lo que a uno lo activa de forma positiva a otro lo enoja de forma pasiva, en otro genera enfrentamiento y hostilidad, y así varios etcéteras de reacciones ante el mismo gesto, acción, palabra y tono.
La personalidad de cada uno debe ser la primera cuestión a definir por un instructor en su programa general de adiestramiento que busque mitigar el estrés de supervivencia. Hay que buscar siempre un cierto nivel de empatía personal para lograr que el alumno evolucione de forma efectiva.
¿Cuántos conocen que actuen así?

Experiencias.
Incluso gemelos con personalidades “idénticas”, tienen las suficientes diferencias, merced de sus distintas experiencias vitales, profesionales y de toda índole, para que ante un evento de estrés las reacciones sean distintas. Ud´s mismos ante un evento exactamente igual, si eso existe, su segunda reacción, o tercera, o cuarta, difiere de la primera en formas más que evidentes. Y esto, lo sabemos tambien, es lo que se define como experiencia.
Esas experiencias están muy intimamente ligadas con uestra personalidad. En base a nuestra personalidad interpretamos las experiencias que obtenemos, e igualmente las experiencias redirigen la evolución de nuestra personalidad. Es un círculo pero nunca cerrado, recibimos aportes para el mismo de multiples direcciones.
La experiencia genera cambios, debemos buscar que dichos cambios sean positivos.

Capacidad de aprendizaje.
Lo que para unos es evidente y fácil de asimilar, para otros es como hablar de una ecuación einsteniana sobre el viaje en el tiempo para la mayoría de nosotros, pobres mortales. Obviamente debe adaptarse cada ejercicio, resultado, evaluación y análisis a esa capacidad personal. Hay que buscar estrategias y procedimientos que permitan facilitar la senda de aprendizaje de cada alumno, adaptando dicha senda de forma individual. Estrategias y procedimientos que deben ser generales en cuestión de metas y resultados, pero adaptativas y personalizadas respecto a rutas y plazos.
Ahora bien, adaptar no implica que le hagamos su trabajo, que no le presentemos retos, que no lo obliguemos a esforzarse, mejorar y crecer, ni mucho menos. Implica que debemos presentarle, como responsables de su mejora y evolución, esos trabajos, retos y esfuerzos de tal forma que sean eficaces y positivos en su progresión. Jamás como muros inescalables ni metas inalcanzables, si no como objetivos más o menos difíciles pero posibles con tesón, esfuerzo y confianza.
Es muy común, lo usual en realidad, descargar toda la responsabilidad del aprendizaje en el receptor, y no es así. Esto, damas y caballeros, es responsabilidad tanto de los directores académicos que crean y/o autorizan los programas, de los instructores que los implementan, como de los alumnos que los reciben.
Aquí no hay niños a quien cargar las culpas, hay responsables en todos los niveles.

Grado de compromiso.
Entrenar con y para el estrés exige que cada alumno tenga un grado de compromiso equivalente a lo que se quiere lograr. Ese compromiso personal debe ser capaz de trabajar de manera más o menos eficaz en cualquier situación que se plantee para entrenar el estrés de supervivencia. En este punto el ego será la peor de las “piedras en el zapato” si no sabemos controlarlo en la forma correcta.
Hasta aquí se que no es nada nuevo para casi nadie, al contrario, seguramente he sido redundante y pedante, disculpenme si ha sido así.

Aplicación.
En base a lo anterior el instructor debe crear ejercicios, especificamente escenarios físicos y mentales de los mismos, que sean idénticos en la forma para todos, pero considerando que el nivel de exigencia, análisis, evaluación y valoración debe adaptarse a cada uno de los alumnos, en base a los cuatro puntos anteriores. Adaptación que permitirá ir mejorando esa cadena que forman los puntos. Porque no hay que olvidar que esos puntos, junto con muchos otros, forman una cadena, y todos sabemos aquello de las cadenas y los eslabones débiles, ¿verdad que sí?
Mi trabajo y experiencia me han demostrado que no importa tanto el ejercicio concreto, pero si la personalización del mismo tanto en la ejecución como en la fase posterior de evaluación y análisis.

Segunda cuestión. Mejorar la preparación.
“Delante de estas situaciones excepcionales; ¿Se puede mejorar la preparación de los agentes de policía en otros ámbitos que no sea la formación?”
Si, sin dudar y sin matices. Se puede.
Teniendo en cuenta que al igual que en el apartado anterior desglosé un listado de cuestiones a considerar, aquí debemos tener en cuenta que como “mamíferos pensantes” debemos enfrentar este adiestramiento desde varias líneas de trabajo paralelas, en principio, y finalmente convergentes.
Nuestro “mamifero” debe perfeccionarse respecto a los tres factores que definen al ser humano desde siempre, mental, físico y emocional.

Factor mental.
Piensen en lo siguiente, no solo debemos entregar armas en forma de conocimientos basados en los “que, porque, como, cuando y donde” tradicionales. Tambien es necesario añadir conocimientos del “antes de”, del  “después de”, en referencia a como trabajar con seguridad, habilidades para ello, confianza en suma a base de ejercicios graduales que vayan familiarizando al alumno con cuestiones paulatinamente más dificiles y exigentes.
Esto no solo dará la base “documental” necesaria, si no también las confianza interna y externa que nos dan habilidades contrastadas, repetidas y, sobre todo, repetibles. Y nos regala otra cuestión más, que enlaza con el siguiente punto que veremos, la confianza personal en nosotros mismos y en nuestras propias capacidades.

Factor físico.
El punto anterior nos ha dado la pauta para lograr las habilidades físicas requeridas, eso es obvio, y a su vez nos marca el nivel exigido de magnitud para ir logrando desarrollar cada vez cosas “más dificiles”.
Ese paso a paso adaptativo y personalizado debe asentarse de forma metódica y firme, para que empuñando con firmeza esas herramientas internas consigamos la confianza que da paso al punto siguiente, “si he hecho aquello, que parecía imposible entonces, esto puedo lograrlo tambien”.

Factor emocional.
Con todo bien encadenado, conocimientos y habilidades, el nivel de autoconfianza crece y se afianza, y esto permite gestionar mejor el estrés. “He logrado cosas mucho más complicadas, se que hacer, se porque hacerlo, se como hacerlo, se cuando hacerlo y se donde hacerlo. Yo puedo”.
Esto me lleva a repetirme, disculpen, para encadenar todo esto el instructor debe hacer un trabajo previo personalizado de cada alumno, tal y como definí en la respuesta a la pregunta uno de Don Fernando. En todo lo que comento no hay que pensar en trabajos compartimentados y aislados, todo lo contrario, son trabajos encadenados y en bloque.
Los ejercicios en particular a realizar deben ser graduales de tal forma que el alumno vaya adquiriendo conocimiento de sus propias reacciones, retroalimentación o feedback si prefieren términos más específicos. Conocimientos de lo correcto y menos correcto, así como esa confianza firme en las propias habilidades para enfrentarse a situaciones novedosas y potencialmente generadoras de estrés.
Se habrán dado cuenta que he usado la expresión “correctas y menos correctas”, pero no el término “incorrectas”, ¿porqué creen que he hecho esto?
Para mi lo único realmente incorrecto es aquello de lo que no sacamos lecciones, conclusiones, análisis y, en definitiva, todo aquello que no me aporte algo para mejorar. Eso es para mi lo incorrecto, lo demás son escalones para mejorar y avanzar, por eso solo empleo términos, correcto y menos correcto o, si les gusta ser más positivos, mejorable.

Tercera cuestión. Formadores y agentes.
¿Que consejo daría a los formadores policiales y a los agentes de policía respecto a estos casos?
Los consejos creo que ya los desarrollé, con mejor o peor acierto, respondiendo a las dos preguntas anteriores. Si lo logré o no les toca a Ud´s juzgarlo.
Pero ello no me impide crear un pequeño listado general. En el mismo verán que unos puntos afectan más a la labor de los directores académicos, otros a los instructores responsables, y finalmente otros a los alumnos/agentes que en última instancia deben implementarla en la vida real.
A modo de base de trabajo destacaría:
-                      Crear programas generales.
-                      Estos programas generales deben definir claramente las metas a lograr.
-                      La progresión, ejecución, evaluación, análisis y valoración debe adaptarse a cada individuo en base a las diferencias personales, capacidades y experiencias.
-                      Los grados de exigencia deben adaptase igualmente a las capacidades individuales del alumno/agente.
-                      Todo programa será implementará de forma progresiva, adaptativa y personalizada.
-                      Debe crearse una “gráfica” de evolución por cada alumno/agente, con la cual puedan verse los progresos y eventuales estancamientos y/o involuciones, con la cual podremos identificar los parámetros para readaptar el programa a estos eventos personales.
-                      El grado de implicación del gabinete académico, instructores y alumnos debe incrementarse y fortalecerse.
-                      El entrenamiento de este tipo de entornos implica un equipo de instructores con especialidades diversas, entre las que debe incluirse de forma sine qua non especialistas médicos, psicólogos, legalistas, amén de los hasta ahora únicos presentes para el trabajo físico de defensa y uso de armas.
-                      Con este equipo de trabajo multidisciplinario se creará la suficiente adaptabilidad y capacidad de mejora que redundará en la eficaz evolución de cada individuo a instruir.
-                      Igualmente el efecto multidisciplinario permite detectar en sus primeros momentos factores potencialmente negativos, generando las pautas correctoras que eviten que el factor negativo crezca hasta convertirse en algo difícilmente corregible.
-                      No todo es disparar o hacer uso de la violencia, por más que esta sea comedida, controlada y legal. Hay que enseñar como se debe actuar e interpretar el entorno del “antes” y “despues”en cada situación del día día. Que hacer, como pensar y comportarse, ayudan a tener una confianza mucho más firme, segura y estable.
-                      El tan denostado hoy en día “espiritu de cuerpo”, denostado hoy en día que la mediocridad generalizada es la pauta politicamente correcta, es fundamental para generar las energías que den fuerza a la capacidad de mejora, perfeccionamiento y proactividad necesarias en todo profesional.
-                      Ese mismo espiritu de cuerpo dará la tan necesaria firmeza emocional interna de no estar solo, ni antes, ni durante, ni despues del peor de los eventos posibles. Muchas heróicas acciones se han perdido por fallar este punto crucial. Necesitamos el apoyo del grupo al que pertenecemos.

A modo de conclusión.
El profesional armado debe contemplarse como “un conjunto homogeneo de capacidades”, y esto debe verse desde los tres puntos que lo definen como ser humano, mental de conocimientos, fisico de habilidades y emocional con capacidad de control interno y gestión de respuestas.
Si se dan cuenta, esto es algo que desde la más remota antiguedad está en las filosofias de todas y cada una de las culturas y civilizaciones. La trinidad del ser humano, cuerpo, mente y espíritu.
Si esto se lleva contemplando desde esa remota antiguedad hasta hoy en día. ¿podemos, queremos o debemos pretender cambiarlo por un enfoque más modernista y unitario? Creo y opino que no.
Como operadores armados entrenen sus capacidades de forma escalonada, adaptada y personalizada. Generen confianza progresiva  en si mismos. Apoyense en sus logros, aprendan de las acciones menos correctas y mejorables. Piensen, analicen y recapaciten una y otra vez. Ser un profesional armado es una forma de vida, nunca olviden eso.
Como instructores deben tener en cuenta todo lo anterior. Además de todo ello incluiremos discernimiento, análisis y experiencia para poder detectar los puntos fuertes y débiles de nuestros alumnos. Saber a quien presionar, como y cuando hacerlo, de tal forma que se genere un aprendizaje continuo y estable.
Como directores y/o responsables de programas académicos investiguen y actualicen los criterios y condicionantes, siempre variables, de trabajo, para con todo ello poder definir unas metas coherentes y alcanzables.
En definitiva, debemos ser, en cualquier papel que la vida y la profesión nos coloque, adaptables y analíticos. El día a día del profesional armado tiene infinidad de similitudes entre el presente y el ayer de hace miles de años, pero tambien tiene otra infinidad de variables consecuencia de la evolución que la cultura, la civilización y la sociedad. Saber reconocer unas y otras, pero sobre todo saber reconocer el lugar de cada una en el día a día del profesional armado, es la tecla de oro que debemos saber tocar.
Parafraseando el señor EastWood en el clásico de cine, “El sargento de hierro”, la clave está en “adaptarse, vencer, sobrevivir”.
Por cierto, el párrafo que da comienzo a este texto pertenece al libro del héroe asesinado Chris Kyle, desde su libro póstumo “American Sniper”. ¿Apropiado? No lo se, juzgen Ud´s.


Cuidense y cuiden de los suyos.

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