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jueves, 13 de octubre de 2016

Anatomía de la “posición de tiro” II

Anatomía de la “posición de tiro” II.

Por Cecilio Andrade.

“Aunque sean torpes en ellas, los guerreros deben fortalecer personalmente sus propias Artes (Marciales) tanto como puedan sus propias circunstancias”. ¿Otra vez Artes Marciales? ¿Qué manía con las Artes Marciales? Que Cecilio habla de pistolas, fusiles, tácticas, procedimientos, etc. ¿Qué tiene que ver una pistola o un fusil con las “Artes Marciales”? Eso son “otras” cosas.
Pues no, como ya comenté en la entrada del articulo precedente no son “otras” cosas, son lo mismo, y no creo que deba repetirme, solo reafirmar la importancia de considerarlo así.
El trabajo con armas, modernas o arcaicas, de policarbonato y aceros especiales, o de silex y hueso, es el mismo hoy que hace milenios, salvar vidas. La propia, como primera línea a salvar, como buenos de la “película” ese es nuestro objetivo primordial. De los “malos” mi único interés técnico pasa por como neutralizarlos. Con todo ello torno a repetirme, les vuelvo a rogar que acepten mis disculpas de nuevo, con una anatomía estándar y bilateral las variaciones gestuales y posicionales no son infinitas, por lo que existen pautas que son únicas e inamovibles, matices de estilos aparte.
Lo cual me lleva a este otro enunciado “es absolutamente imposible escribir esta ciencia con la precisión con la que la entiendo en mi corazón. Sin embargo, aunque las palabras sean insuficientes, los principios deben ser evidentes por si mismos”.
¿Conocen al autor de los dos párrafos extractados? ¿No? Como les dije en el artículo precedente, sigan leyendo.


Otra digresión.
Antes de continuar permítanme una pequeña y muy importante matización. Mis comentarios sobre Artes Marciales no van dirigidos a transmitir una falacia muy extendida, la de que un cinturón negro de cualquier Arte Marcial sea automáticamente un experto en uso de armas de fuego, un SWAT, GEO, UEI, y varios etcéteras de siglas “especiales”. Ni lo contrario tampoco.
Es muy común hoy en día confundir, o pretender confundir, a un experto en Aikido, Hapkido, Karate, KickBoxing, MMA, Krav Maga, etc. en un perito en uso de armas de fuego, tácticas, procedimientos operativos, entre otras muchas cosas más. Existen cientos o miles de puntos de encuentro comunes, pero los enfoques y orientaciones son muy distintos, y esa similitud de base es la que pretendo comentar en estos trabajos, buscando aportar a uno y otro colectivo una base de trabajo común, nada más pero tampoco nada menos.
Reciclarse desde el Aikido, Hapkido, Eskrima o Budo Tai Jutsu, nombrando algunas de las que practico personalmente, para en pocos meses regresar siendo experto en combate urbano, francotirador, antiterrorismo, por decir algunas de las más cool hoy en día, no solo es una gran estafa, si no además es un insulto a los lustros y décadas que los expertos de uno y otro campo marcial invierten en su crecimiento.
Haciendo una analogía, que como todas las analogías es imperfecta, nadie en su sano juicio desearía ser operado de un problema cardiaco por el mejor médico otorrinolaringólogo a nivel mundial, ¿me equivoco? Buscará un cardiólogo, y no uno cualquiera, si no uno que además sea cirujano. Todas las especialidades son importantes, en Medicina o en Artes Marciales, pero aun teniendo puntos en común a compartir, no pueden, ni deben, intercambiarse posiciones. Los casos de individuos con varias especialidades maestras no son tan comunes, solo son eso, especiales.
Aclarado este punto de debate pasemos a la razón de esta reunión más o menos ordenada de palabras.

Encadenando con el trabajo anterior.
En el artículo precedente definí de forma muy somera la zonas anatómicas con las que trabajo antes de unificar todo el cuerpo en un bloque único y coordinado. Fue, o és, mejor dicho, una definición a título puramente estructural, para seguir un orden, de ningún modo pretendo dar un orden ni académico, ni pedagógico y mucho menos de importancia. Es “mi” orden explicatico, ni más ni menos.
En el citado artículo además hablé de las posiciones de las extremidades inferiores, con lo cual en el presente trabajo pretendo seguir mi orden hablando del tronco (abdomen y tórax), junto con los hombros y cuello. Se bien que con los hombros debería, quizás, considerarlos cuando hable de los brazos; e incluso que la cabeza y cuello no forman parte del tórax. En fin, permitan seguir mi propio criterio, cosas de la edad, y luego júzguenme y juzguen los resultados.

Abdomen, el núcleo de todo.
Terminamos el anterior capítulo con las caderas, y tengo bien claro que la división entre caderas y zona abdominal, en lo que a nuestro trabajo con armas se refiere, es más académico que real, pero aún así necesitamos matizar ciertos puntos y detalles.
La zona abdominal es el núcleo central de la movilidad, es la zona desde donde parte toda capacidad de reacción eficaz. Para los actuales entrenadores de educación física, tanto en los tan cool y aparentemente modernos CrossFit o TRX, para evitar malas interpretaciones entreno con ambos sistemas, como en escuelas más tradicionales, es importantísimo el término anglosajón “core” (se traduce como núcleo). Y si pasamos a las tradiciones más antiguas y orientales, con términos como “hara”, “seika tanden”, tanto en las Artes Marciales Tradicionales como en algo tambien de moda (y antiguo) como el Reiki, tenemos el mismo concepto.
Todo esto, moderno y antiguo, de moda y, aparentemente, obsoleto, en todas las culturas por y con múltiles razones y metas, nos encauza hacia una cuestión, la importancia vital de esa zona tan específica.
Es el centro geométrico del cuerpo, el punto de equilibrio, el centro de gravedad. Es en este punto donde diversas culturas, aunque con diferentes nombres, han establecido toda una ciencia como base de estabilidad, y emociones, saliéndose del punto poético que establece el corazón como base de los sentimientos.
En la cultura occidental, tan práctica, ha habido siempre muchas dudas con respecto a estas cuestiones, no en vano siempre ha estado mal visto o velado todo lo relacionado con el bajo vientre, aunque no por eso dejen de existir ciertas frases relacionadas con las entrañas para expresar sensaciones.
La importancia de un centro estable y firme para el desarrollo del combate es patente, pues a través de esta estabilidad podremos generar un control no solo de nuestros gestos, acciones y reacciones, si no incluso de nuestras mismas emociones internas.
Mi entrada en los Artes Marciales Tradicionales fue hace más de 40 años con el Aikido, donde aprendí el verso que sigue:
Solo moviéndonos centrados se puede tener estabilidad,
Solo siendo estable se puede tener paz,
Solo teniendo paz se puede estar seguro,
Solo con seguridad se puede deliberar
Y sólo con deliberación se puede conseguir lo que se desea.
Cuestiones filosóficas aparte, lo cierto que en su momento no comprendí, y casi descarté, estas cuestiones, pero el paso e los años me ha dado las pautas para reconocer la sabiduría de muchas de estas “cosas” aparentemente tan esotéricas.
Necesitamos concentrarnos en esa zona, tensarla de forma que podamos redirigir esa energía reunida para controlar tanto el más mínimo gesto de un dedo del pie o la manos, como el ser capaz de controlar las emociones generadas por una actuación o reacción potencialmente letal.
Trabajen su cintura, su core, para agilizar y flexibilizar las reacciones del resto del cuerpo. Reconozcan la importancia de esa zona “bisagra” que permite homogenizar y unificar las acciones entre nuestras extremidades inferiores con todo el resto del cuerpo. Y además descubran, si no lo han hecho ya, el grado de relevancia que tiene para controlar las emociones generadas por una lucha que implique arriesgar la vida propia o de terceros.
Acostúmbrense a tensar la zona abdominal, a centrar su energía con ese simple gesto. Pero no lo hagan de tal que forma que parezca que esperan un puñetazo en el estómago, piensen en un gato, tensión relajada.
Por cierto, su importancia no se reduce a cuando estemos de pie, igualmente es fundamental tendido, de rodillas o sentados, ténganlo en cuenta.
Trabajen su core, su núcleo, su hara, su seika tanden, su centro de gravedad o de lo que quieran, pero nunca lo olviden.




Tórax y hombros, compenetración anatómica.
Igual que el abdomen aparentemente no trabajaba mucho en una situación de combate, hasta que lo analizamos en detalle en el apartado anterior, el conjunto tórax/hombros recibe normalmente la mayor de las atenciones.
El abdomen como zona bisagra marcó la pauta de las piernas y ahora la de la zona superior. ¿Cómo trabaja el tórax? Será la transmisón, el eje, que alineará nuestra “torreta” de armas contra los objetivos a neutralizar.
Los errores más habituales son:
-       Dirigir el pecho totalmente hacia la agresión.
-       Hincharlo de tal forma que nos limite todos los demás movimientos.
-       Desinflarlo totalmente y obtener el mismo efecto anterior.
-       Doblarnos sobre el abdomen como una pelota, restringiendo la respiración y la movilidad.
¿Errores? En muchas ocasiones debemos hacer algunas o todas las acciones que reseño, entonces ¿cómo oso llamarlos errores? Simple, analícenlo, porque son acciones necesarias en cuestiones muy concretas y puntuales, fuera de las acciones específicas que las generan se convierten en restricción y freno a cualquier reacción eficaz, precisa y rápida.
Veamos punto a punto el trabajo general del equipo tórax y hombros para un combate con armas de fuego.
La capacidad pulmonar nunca debe estar al límite, ni superior ni inferior. Esos extremos implican tensión que repercute en la movilidad general, así como en la coordinación de mienbros.
El ángulo del tórax y los hombros depende de varios puntos, de los cuales resaltaré los más importantes.
-       Arma que se utiliza.
-       Situación de los objetivos a neutralizar.
-       Dirección del movimiento general.
-       Ángulo de movimiento respecto al de tiro.
-       Condiciones fisicas y anatómicas personales.
-       Equipo que se porta.
-       Entorno de actuación.
Los siete puntos anteriores no se deben analizar de forma individual, si no como un todo unificado e interconectado. Dicho nexo debe  a su vez ser reestudiado y analizado para todo cambio de parámetros de cualquiera de dichos puntos.
¿Tanto re-estudio y tanto re-análisis? ¿Demasiado trabajo? La verdad es que una vez que hemos sido capaces de coordinar de manera efectiva, mediante el núcleo-bisagra abdominal, las acciones de las piernas y las del torso con los hombros, sus variaciones y adaptaciones, son tan inmediatas e instintivas que apenas requieren pensamientos conscientes.
Con el concepto principal de actuación bien asimilado todo lo demás son meras adaptaciones de los “pasos de baile”.

Hombros, la transmisión.
Como vimos en el apartado anterior la acción de los hombros debe considerarse un todo con la del tórax, pero aun así debemos tener en cuanta varias cuestiones específicas.
Al igual que la zona abdominal es la bisagra de toda acción con el cuerpo, los hombros son la la transmisión a los ejecutores principales del uso de armas, los brazos. Como transmisores reciben toda su energia de las acciones del núcleo abdominal y de las del tórax como intermediario único.
No debemos actuar con los hombros de tal forma que acaben provocando todos o algunos de los siguientes puntos negativos:
-       Adelantar y tensar los hombros de tal forma que acaben dificultando una  respiración ya de por si afectada por el estrés.
-       Tensarlos hasta el punto que impidan o dificulten giros y cambios de orientación de las armas, tanto largas como cortas.
-       Alzarlos con el cuello como pivote reduciendo aun más nuestra capacidad de movilidad  e incluso afectando a la visión periférica, amplificando el efecto túnel.
-       Que su tensión afecte a la estabilidad del empuñamiento y alineación de las armas.
-       Con armas largas en mayor medida, aunque con las cortas tambien ocurre, que un hombro ejerza excesiva presión sobre el otro.
En resumen, los hombros son importantes transmisores de energía y estabilidad para cualquier actuación, y como tales transmisores, debemos preocuparnos más de buscar su acople suave al conjunto del movimiento, que acciones rígidas, estandarizadas e inamovibles.
Los hombros deben permitirnos lo mismo que he reseñado anteriormente,  en cientos de artículos, una tensión relajada que nos permita actuar con movimientos  suaves y fluidos sea cual sea la acción, entorno, situación y arma que empleemos. Sin esa fluidez suave cualquier ejecución entrará dentro de la esfera de la imponderable suerte.
No quiero decir con ello que haciéndolo perfectamente flluido y suave salgamos con bien en el 100% de las situaciones de riesgo que enfrentemos, ni mucho menos. Imponderables siembre habrá, pero esa misma fluidez suave nos permitirá adaptarnos a los mismos de una forma eficaz y apenas levemente consciente.

El cuello, la cabeza.
Este punto será rápido, añadan a todo lo que comenté con los hombros el cuello y la cabeza en el centro del toráx.
Existe una costumbre de bajar y clavar el cuello, con la cabeza, entre los hombros, buscando de alguna forma dos cosas, por un lado crear un bloque rígido entre el tórax, hombros y cabeza; y por otro supuestamente proteger la cabeza entre los hombros. Los problemas que dicha acción genera pueden resumirse en la siguiente lista:
-       Dificutad de respirar de forma natural y relajada.
-       Transmite tensión y rigidez a las armas en forma de:
o   Vibraciones exageradas.
o   Dificulta los cambios de orientación.
o   Complica y entorpece las manipulaciones de las armas, cambios de cargador, interrupciones, etc.
o   Genera hiperextensión de los brazos.
-       Inmoviliza y bloquea la cabeza, con lo cual reduce de forma drástica la visión periférica.
La cabeza no debe bajar buscando la miras, más bien es lo contrario, el arma subirá a la línea de visión que mantenemos sobre los objetivos a neutralizar. Por otro lado no debemos inclinarla de la vertical cuando busquemos las miras con un arma larga,  algo muy común. Ese aparentemente inocuo gesto además de reducir el campo de visión, expone el cráneo y descompone el paralelismo necesario entre la línea de tiro, de miras y de visión.
Todo ello sin entrar en detalles como que dificulta las manipulaciones de cambios de cargador y subsanación de interrupciones, así como que nos hace lentos a la hora de controlar el entorno de actuación.

A modo de conclusión.
El cuerpo humano, e imagino que el de cualquier animal superior, es una máquina que requiere una coordinación esmerada para lograr realizar tareas complicadas. Obviamente si dichas tareas implican la lucha por la salvaguarda de la vida, propia o de terceros, ante ataques de la Naturaleza o de otros seres humanos, el poseer esa coordinación puede implicar la diferencia entre sobrevivir o extinguirse.
Eso intento transmitir, ni más, ni menos, la importancia de lograr unificar miles, quizás millones, de cuestiones que por intereses particulares, desconocimiento, egolatrías o simple estulticia se mantienen en esferas distintas.
Piensen en lo que les comento, pero háganlo con una mente abierta que busque las conexiones, no con la tan común y extendida mente cerrada. Mentes cerradas que todo lo llevan hacia el único lugar donde clavan su mirada, el propio ombligo.
Nada de lo que les comento es nuevo, los egos desbocados, la cerrazón y los intereses han existido en este campo siempre, y en todos los campos del saber humano en realidad. La prueba de que esto es un mal humano endémico a toda época y cultura es el origen de las frases que dan comienzo de este trabajo, Miyamoto Musashi.
Les vuelvo a recomendar la lectura de sus obras.

Cuidense y cuiden de los suyos.

Centroamérica, Octubre 2016.

2 comentarios:

  1. Pies y piernas, la base de la sustentación.

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    1. Así es. Como comento en el artículo precedente a este.

      Gracias por su lectura.

      Cuidese.

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