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jueves, 20 de octubre de 2016

Anatomía de la “posición de tiro” ( y) III

Anatomía de la “posición de tiro” ( y) III.

Por Cecilio Andrade.

Para no modificar mucho la norma implícita de mis últimos trabajos, comencemos con otro de esos extractos sacados de libros enigmáticos, “Al distinguir las ventajas de las armas de los guerreros, descubrimos que cualquiera que sea el arma, existe un momento y una situación en la que esta es apropiada (…) Esto es algo imperativo para los guerreros; ignorar la maestría de las armas y la comprensión de las ventajas específicas de cada una de ellas sería indicar una falta de cultura en un miembro de una casa guerrera”.
Si sustituyen las palabras “armas y “miembro de una casa guerrera” por otras más aparentemente modernas como pueden ser “técnicas”, o “procedimientos”, y “profesional armado” respectivamente, quizás les resulte todo más cercano al mundo actual y cotidiano de cualquier policía, militar, oficial de protección u otra profesión similar, de esas en las que sus integrantes corren hacia el peligro en lugar de alejarse de él, al contrario de lo que concibe el 99% de las personas.
¿Qué nos demuestran esos párrafos? Seguro que ya lo han deducido, “nada nuevo hay bajo el sol”, tan solo adaptaciones y ajustes a cuestiones específicas, a herramientas específicas si lo prefieren, pero dejando el núcleo real en el mismo lugar. Y, centrándonos en la razón de este trabajo, anatómicamente no hay diferencia entre hoy y ayer, por más lejano que sea ese “ayer”.
¿Aun les interesa la razón de esta trilogía de trabajos? Si es así continuen leyendo.



En los dos textos previos hablamos de las posiciones generales de las extremidades inferiores, del tronco y la cabeza, con lo cual el trabajo de hoy se centrará en los brazos.

Cuestiones ya comentadas.
Como ya expuse en los trabajos anteriores, y en casi todos mis obras, escritas o prácticas, las habilidades y capacidades de combate no son cuestiones aisladas, y en ámbito anatómico mucho menos. Un pie mal colocado puede imfluir en el resultado final de la presión ejercida sobre un disparador, repercutiendo en un disparo más o menos efectivo.
Comenté que la colocación, presión, ángulo y/o fuerza ejercida por los hombros y cuello repercuten tanto en la respiración como en la mayor o menor tensión de los brazos, y esta última nuevamente en la precisión de nuestros disparos.
Les recomiendo releer al menos el trabajo anterior para poder continuar de forma ordenada la progresión, anatómica, de mis explicaciones.

Brazos.
¿Recuerdan una relación de 25 y 15 sobre la que escribí en varios artículos de fisiología y neurología? ¿No? Sin problema, hagamos un pequeño recordatorio.
El 25 % de las conexiones nerviosas de nuestro cuerpo son exclusivamente para las manos, y el 15 % para los brazos, quedando el 65 % restante a repartir por el resto del organismo. Ese primer 25 % controla la gran habilidad, capacidad y respuesta que tienen nuestras manos ante tantos eventos que el ser humano ha sufrido a lo largo de su evolución en el planeta. Si lo añadimos con el 15 % de las conexiones nerviosas que controlan los brazos empezamos a comprender porque el ser humano es un ser gesticulante. Hablamos y expresamos más con las manos y brazos que con los labios. Y estas mismas habilidades son las que actúan a una velocidad aparentemente inhumana ante situaciones de estrés y supervivencia.
Bien, entendamos los datos, el 15% de las conexiones nerviosas de nuestro organismo están relacionadas con los brazos, y el 25% pertenecen  a nuestras manos,  pero, esos datos de pura y aburrida matemática ¿qué utilidad tienen? Mucha, casi toda, como ya comenté en los artículos de referencia. Esos números en la tarea que nos ocupa, trabajo con armas, son tan importantes que ignorarlos, o no tenerlos en cuenta, pueden generar efectos muy negativos e indeseables.
El desequilibrio de datos transmitidos y recibidos, entre los porcentajes por partes anatómicas, que negocia nuestro cerebro, pero sobre todo la gestión de esos datos de forma coordinada, es la causa de que algunas personas sean capaces de juegos de equilibrio y coordinacion circenses, mientras otros no seamos capaces de caminar y meternos un dedo en la nariz sin riesgo de sacarnos un ojo en el proceso.
Los brazos no deben estar tensos ni rígidos, las razones de  ello son simples y fáciles de observar a poco que hayan hecho un trabajo serio y analítico con armas, del tipo que sean.
-       Se generan vibraciones. La propia rigidez y tensión muscular las genera, prueben a intentar aplastar, apretando, la empuñadura de su pistola o fusil, la vibración referida surge por si misma.
-       Dificulta el control de las vibraciones transmitidas por el resto del cuerpo a la hora de caminar, girar, agacharse, etc.
-       Cualquier movimiento, cambio de dirección se ve ralentizado por la rigidez misma.
-       Caminar en una dirección y apuntar en otra, o simplemente girar el arma, se vuelve un esfuerzo enorme y lento.
-       El agotamiento y agarrotamiento generado repercute en la eficacia y efectividad si la acción se prolonga más allá de unos pocos minutos.
-       Cualquier manipulación inmediata, cambio de cargador o solucionar interrupciones, se vuelven más lentas al exigir un control cognitivo mayor.
-       Los brazos tensos tienen mayor dificultad para realizar movimientos de psicomotricidad fina, que exijan tacto si lo prefieren.
Anexo al último punto es importante explicar el por que los brazos y manos demandan ese mayor tiempo de ejecución. Veamos a modo de ejemplo lo que ocurre al verse en la obligación de componer los siguientes pasos en un cambio de cargador en su forma reactiva:
o   Detectar que el arma esta vacía.
o   Ordenar aflojar la tensión de los brazos. Dicha tensión exagerada ha agravado la pérdida de psicomotricidad fina, ya deficiente en si misma por las razones tan conocidas por estrés.
o   Esa pérdida de tacto ralentiza el movimiento coordinado de expulsar el cargador vacío con una mano y buscar, agarrar y dirigir uno lleno al lugar correcto del arma.
o   Insertar y asegurar el cargador puede convertirse en una frustración que aumente la tensión y pérdida de coordinación efectiva.
o   Tras insertar y asegurar, debemos montar, o acerrojar, el arma para introducir un cartucho en la recámara, lo cual puede “olvidarse”, o realizarlo de forma incorrecta generando una interrupción en el peor de los casos. El primer error puede considerarse como un déficit cognitivo y en el segundo pérdida de la ya nombrada psicomotricidad fina. Juntos pueden ser un mal trago con un potencial trágico resultado.
Todo ese desglose… ¿a dónde nos lleva? La mayoría de los lectores dirán que a ellos nos les ocurre, de lo cual me alegro, por lo que implica, entrenamiento correcto, intenso y repetitivo para coordinar y controlar todo el conjunto de tareas y gestos requeridos para una acción-respuesta eficaz. Aunque tambien sé que en muchos casos será más un deseo de que así sea que de la realidad, y en otros, espero que muy pocos, puro ego y mentira de creerse “divinos”.
Retornando a la preguta de ¿a dónde nos lleva? Ya la contesté, coordinar todo lo comentado con “entrenamiento correcto, intenso y repetitivo para coordinar y controlar todo el conjunto de acciones y gestos requeridos para una acción-respuesta eficaz”. Ese es todo el secreto, simple entrenamiento correcto, intenso y repetitivo, lo que sirve lo mismo para el éxito y perfección de un as del futbol, europeo o americano, una cantante, una artista de circo como para un amo de casa con su barbacoa en casa. La perfección implica repetición, y esta requiere atención y esfuerzo.
Ya he terminado con el argumento sobre el 15% de aquellos números que les comenté al principio de este texto. ¿aún les interesa el otro? ¿el del 25%?
Pasemos entonces al eslabón  anatómico final, las manos.

Las manos, eslabón y defensa de la evolución humana.
El 25% de las conexiones nerviosas del cuerpo están en las manos, con lo que es obvia la cantidad de información que trasmiten hacia el cerebro. Información que este debe gestionar junto con la de todas las demás conexiones y estímulos que recibe del resto del cuerpo, para posteriormente enviar ordenes de actuación detalladas y específicas. Miles de bits circulando en muchas direcciones simultáneamente en milisegundos. Si la coordinación lograda no es atenta y esmerada, en base a repeticiones correctas y analíticas, los resultados son los que personalmente tengo cuando me empeño en subir escaleras y masticar chicle, o me muerdo la lengua o tropiezo, no gozo de otros esultados. Esa es la importancia de que sean correctamente utilizados todos esos miles de bits, la supervivencia depende de ello, hoy o hace 50.000 años.
Al igual que los brazos, los hombros, cuello, tórax, abdomen y piernas, la tensión no debe ser tan leve que no controlemos el arma, ni tan excesiva que magnifiquen los males que ya hemos comentado. Seguro conocerán la frase “empuñar de forma similar a cuando se tiene un pajarillo (o un huevo) en la mano, ni tan fuerte que lo aplaste, ni tan suave que se escape”. Risitas de “machos” aparte, típicas en todo curso o conferencia, el concepto es correcto, aunque el grado de fuerza ejercida no lo sea, obviamente.
La fuerza debe ser la justa para controlar el arma sin que esta esté excesivamente apretada, en ese caso los errores generados son prácticamente los mismos que los observados en los brazos. Tan solo añadir dos puntos más:
-       El exceso de presión dificulta el trabajo preciso del dedo que presiona el disparador, amén de que muchas veces impide tambien su colocación en el lugar exacto según el tipo de arma y disparador.
-       Si además en el empuñamiento de la pistola a dos manos, refiriéndome a la colocación de los dedos sobre la empuñadura y el arma, esta colocación no es la correcta, junto con el exceso de presión se generan errores angulares que en muchos casos provocan perder el objetivo a alcanzar.
Sobre la puntual colocación de los dedos no voy a incidir en este trabajo, pueden leer muchos, propios o de diferentes autores, sobre esa cuestión. Alineación de muñecas, ángulo de las mismas, tipo de agarres, etc. Personalmente tengo un criterio que he dejado en claro a lo largo de varios libros, cientos de artículos y miles de horas de cursos y entrenamientos.  Lo cierto es que mi trabajo personal mezcla muchos de esas técnicas, estilos, escuelas y formas específicas, buscando un ajuste correcto a cualquier escenario posible.

A modo de justificación.
Como ya dije en el párrafo anterior no centro mi trabajo en una técnica, escuela, estilo o forma específica; y esto lo aplico tanto a cuestiones de combate con o sin armas, sean las armas del tipo que sean, como a las cosas más cotidianas de la vida en si.
Ejemplos puedo ponerles miles, empleo de técnicas de pies, Tai Sabaki, de Aikido cuando me muevo en un entorno urbano durante un allanamiento, usando una pistola o un fusil. Aplicar un Kotegaeshi tradicional ante alguien que me agarre la pistola o el cañón del fusil. Pasar de una posición de tiro Isósceles Moderna frontal para moverme en una de las posiciones CAR y cubrirme tras un parapeto en una Weaver Clásica. Empuñar el fusil con el brazo de apoyo totalmente estirado y firme mientras me muevo y disparo contra blancos lejanos, para colocarlo en una posición media cuando me parapeto a una distancia del objetivo tambien media, y entrar en un pasillo o habitación con la mano de apoyo lo más plegada que el arma me permita. Utilizar movimientos del kendo (uso de armadura pesada) cuando se trabaja con blindaje corporal. Salir, o entrar, de un vehículo con el “arma a la sien” para llegar a una puerta a atravesar y posicionarme en posición Sul. ¿Necesitan más ejemplos? Seguro que no.
¿Es posible mezclar todo ese coctel histórico, anatómico, operativo, académico y táctico en el mismo recipiente? Lo es, con algo tan simple como darnos cuenta que cualquier problema que un profesional armado actual tenga, con toda seguridad lo han vivido otros de su época y entorno, pero tambien muchos de épocas anteriores. Insisto, anatómica, biológica y neuro-fisiológicamente no estamos más lejos de nuestros ancestros, del siglo, o milenio, y época que sean, que un chimpance de un orangután.
¿Como lo logramos? Con entrenamientos realistas y de dificultad creciente, tal y como se debe enseñar a un niño, que es lo que siempre somos ante técnicas nuevas. Si se entrenan a Ud´s mismos, autodidactas, analicen y sean honestos con sus resultados. Si entrenan a otros vean sus puntos fuertes y débiles, potencien unos y otros con la mente enfocada en conceptos de adaptación, personalización y sobre todo buscando la suavidad y fluidez por encima de la rapidez.
¿Sin buscar rapidez? Así es, sin buscar rapidez. Busquen que sus movimientos sean suaves y fluidos, cuando lo logren advertirán que son veloces sin ser conscientes de ello. Y no les digo nada que todos Ud´s no sepan ya, se lo aseguro. Sus mejores ídolos del deporte ¿los ven ejecutar los movimientos de forma fluida y suave? Casi sin esfuerzo aparente ¿me equivoco? Y en esa suavidad y fluidez resultan increiblemente veloces.
¿Cómo lo logran? Buscando, de la forma más relajada que permita el ejercicio, ejecutarlo con fluidez y suavidad; analizando y buscando eliminar posiciones rígidas y excesivamente de fuerza.

Razón final.
La anatomía ha sido la razón para estos tres últimos trabajos, no la defensa de una posición, ni de una escuela, ni de una técnica, ni de un estilo. Pero a la vez quizás, tan solo quizás, es una defensa de que todas esas posiciones, escuelas, técnicas y estilos pueden tener su lugar en contextos y situaciones específicas. Que una ilustrada combinación de todas ellas  puede ser la más sabia respuesta al fluido entorno del combate de todos los tiempos, edades y épocas.
Relean de forma continuada estos tres últimos trabajos, y algunos otros relacionados, mios y de terceros, verán que quizás he logrado acercarme a crear la imagen completa que buscaba a la hora de definir como emplear dos brazos, dos piernas, una cabeza y un corazón. Porque, como decía un ya viejo compañero “esto es todo lo que hay, y no hay más”.
Para terminar este trabajo permítanme incluir una frase que aparentemente no tiene relación, aunque en mi experiencia si la tiene, pero como va dirigida a Ud´s, los lectores, les dejo el compromiso de considerar si tengo razón o no:
“En cualquier arte y en cualquier ciencia no debe ignorarse el ritmo”.
Espero que mi inclusión continua de párrafos de Miyamoto Musashi no les haya aburrido ni cansado.
Cuidense y cuiden de los suyos.


Centroamérica, Octubre 2016.

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