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jueves, 27 de octubre de 2016

¡Emergencia! Planificación profesional

¡Emergencia! Planificación profesional.

Por Cecilio Andrade.

“No importa lo buenos que sean planificando, la presión jamás se irá. Así que no luchen contra ella. Motívense con esta para hacerlo de la mejor forma posible”. Si no me creen a mi háganlo con  Benjamín Carson, la cita es suya. Como pudieron leer en un artículo reciente, y en casi todos mis comentarios y trabajos, abogo siempre por hacer caso de un viejo soldado de Infantería como fue Don Miguel de Cervantes cuando nos dice “El hombre que se prepara, tiene media batalla ganada”. Sin duda muy en la línea de SunTzu entre otros.
Muchos, por otro lado, prefieren malinterpretar frases de, igualmente, grandes hombres. Dos muy repetidas son: “Ningún Plan, por bueno que sea, resiste su primer contacto con el enemigo” y/o “Cuando lleguemos a ese río, hablaremos de ese puente” del Mariscal de Campo Helmuth Carl Bernard von Moltke “El Viejo” y Cayo Julio César, respectivamente. Si ellos, supuestamente, abogaron en contra de planificar ¿porque empeñarnos en lo contrario? De lo que que se “olvidan” habitualmente es de una pequeña “nimiedad”, tanto “El Viejo” como el “Julio” fueron planificadores detallistas, minuciosos y esmerados, no se confundan con un equivocado y mal extrapolado contexto de muchas autores posteriores. Sus logros y éxitos se basaron en dos principios de planificación, "La planificación a largo plazo no se ocupa de las decisiones futuras sino del futuro con las decisiones actuales" y "Una planificación meticulosa permitirá que todo lo que un hombre haga aparezca como espontáneo”. Peter Drucker y Mark Caine respectivamente.
Antes de seguir leyendo el presente trabajo repasen el precedente sobre planificación, “”Fallar en planificar es planificar el fallo” (http://cecilioandrade.blogspot.com/2016/08/fallar-en-planificar-es-planificar-el.html ), con ello podremos sentar las bases de la razón del texto que sigue.


El piloto de la historia que dió pie al trabajo que les enlacé en la entradilla, planificó en detalle en su fase de adiestramiento, por lo que pudo reaccionar con eficacia el día que fue necesario. ¿Pensó en su plan de acción durante el evento? Obviamente no, si lo hubiera hecho no podríamos emplear su historia como ejemplo.
Concluí en ese texto en planificar con la realidad en la mano durante el entrenamiento previo, el antes; para con ello lograr ser eficazmente reactivos en cualquier enfrentamento, el durante. Igualmente abogué por lo que conforma la  base de mi desempeño académico y operativo, el movimiento no es solo desplazar un cuerpo, no en nuestro caso al menos, si no en adquirir una mente capaz y fluida, siempre en movimiento.
La mente, como los músculos, debe ejercitarse de forma diaria y metódica. Nuestro primer paso para crear una buena tabla de ejercicios, del “CrossFit mental” necesario, para mejorar las posibilidaes de sobrevivir, actuando con precisión y eficacia, es crear un Plan Personal de Reacción (e.a. PPR).

Plan Personal de Reacción.

Como profesionales armado debemos tener, siempre, nuestro PPR. Estructurado de tal forma que posea las características de flexibilidad, adaptación y eficacia necesarias para minimizar riesgos e incrementar las posibilidades de supervivencia, propia o de terceros.
La reacción más habitual, a la vez que más indeseable, ante un evento potencialmente lesivo, es la de congelarse y ser incapaz de reaccionar. Esto ocurre en muchos niveles de nuestra biología y psiquis de animal mamífero. En casi todos estos niveles podemos intervenir para mejorar la capacidad de reacción, mitigando las acciones, o falta de ellas, negativas. Una de esas intervenciones es crear, estudiar, evaluar, estructurar, adaptar y, si es necesario, modificar nuestros propios  PPR´s.
Dichos planes no pueden ser rígidos e inamovibles, ya lo comenté en otros trabajos, deben ser flexibles e ir adaptándose día a día, con ensayos personales, mentales y/o prácticos de forma cíclica y, en todos los casos, continua. Buscando crear una tabla maestra básica con la que conformar la estructura de reacción de cada uno de los supuestos con los que podamos encontrarnos en nuestro quehacer, profesional o personal.
La estructura elemental de un PPR debe cubrir, como mínimo, 10 puntos con los que generar la base mental de adaptación y respuesta.

-       Funciones.
-       Prioridades.
-       Zonas de Seguridad.
-       Zonas de Riesgo.
-       Itinerarios.
-       Puntos de evacuación más rápidos.
-       Puntos de evacuación más aconsejables.
-       Primeros Auxilios.
-       Comunicaciones.
-       Coordinaciones.

Existe una muy sutil línea entre planificar de forma correcta y planificar en exceso. Los puntos desglosados, que desarrollaremos a continuación, son las líneas maestras para recopilar datos, analizar y generar respuestas adaptadas a las situaciones dadas.

Funciones.
El significado general de la palabra “función”, sin entrar en ciencias ni particularidades, es usualmente bien comprendido, pero para entrar en contexto veamos las dos principales definiciones, de entre otras 25 más específicas, que nos da el Diccionario de la RAE.
-       Capacidad de actuar propia de los seres vivos y de sus órganos, y de las máquinas o instrumentos.
-       Tarea que corresponde realizar a una institución o entidad, o a sus órganos o personas.
Con ambas definiciones básicas, “capacidad de actuar” y “tareas que corresponde realizar”, podemos observar de forma clara como plantear nuestra actuación. Por  “capacidad de actuar” no solo debemos pensar en conceptos de habilidades, técnicas, reacción, si no también en si nos incumbe hacerlo, si nos “corresponde”, como marca la segunda definición. En algunos casos, sobre todo profesionales, nos corresponde la tarea de reaccionar y actuar contra un determinado evento. En otros lo que “corresponde” es evitar y eludir. En algunos pocos lo que corresponde es simplemente mantener la calma y esperar.
Definir la función “que” nos corresponde, en base a nuestra capacidad de actuación para cada supuesto evento general a planificar, es el paso a definir antes de ninguna otra cosa.
Este punto, “que” hacer, marcará el siguiente, prioridades.

Prioridades.
Regresemos con el Diccionario de la RAE y la definición básica de este concepto.
-       Anterioridad o precedencia de algo respecto de otra cosa que depende o procede de ello.
Esa definición nos dice, básicamente, los “cuando” de los “que” vistos en el punto anterior, y el siguiente paso es ordenar los “cuando” definidos del presente punto. Perdonen el trabalenguas, intentaré clarificarlo un poco.
Una vieja, y polémica, máxima nos dice “es mejor la acción incorrecta en el momento adecuado, que la perfecta en el momento incorrecto”. De acuerdo o no con la letra de la misma, el espíritu nos deja claro que existe un momento para toda acción, si se busca que esta sea eficaz.  Adelantarse o retrasarse en realizarla es el mismo y grave error, por lo que los resultados suelen ser los mismos.
Es por ello que debemos crear una lista ordenada de acciones a realizar o prioridades. El orden no es en referencia a una secuencia determinada del tipo “si ocurre A activo B y luego paso a C. Muchas veces ocurrirá F y debemos pasar a T para luego acabar en B. Más trabalenguas, redios, estoy espeso hoy, discúlpenme.
Prioricen sus acciones en base a importancia, de tal forma que la secuencia les lleve de forma natural de una acción a la siguiente, este en la letra del alfabeto que sea. Prioricen responsabilidades, acciones, reacciones, respuestas, resultados buscados, etc.
Ya tenemos el “qué” y el “cuándo”, veamos el “a dónde”.

Zonas de Seguridad vs Zonas de Riesgo.
Un buen PPR debe organizar las zonas del entorno en base al criterio de Zonas de Seguridad respecto a Zonas de Riesgo, zonas deseables respecto a zonas a evitar y/o vigilar. Esa organización nunca será inamovible y fija, una zona puede ser segura en un momento determinado y poco después convertirse en una de riesgo superlativo.
Simple y llanamente la organización de las zonas debe estar constantemente en análisis y reevaluación, modificando el plan de actuación de forma continua, adaptándolo a las circunstancias siempre cambiantes de un entorno vivo y socialmente activo.
El concepto de Zona, de Seguridad o de Riesgo, vendrá dado por los resultados de los dos primeros puntos, funciones y prioridades, el que y el cuando. Si analizamos desde el punto de vista de un equipo de protección ante una evacuación de un VIP de alto nivel, tenemos claro que no siempre será equivalente al criterio de otro equipo de seguridad general de un hotel o casino. Como no lo sería para un equipo de intervención policial o militar, ni al de una esposa intentando evacuar a su marido herido ante una acción tipo AMOK.
El “a dónde”, de las definición de Zonas de Seguridad y Zonas de Riesgo, depende de las funciones que tengamos que realizar y las prioridades que nos marque el evento a enfrentar o eludir.
Tenemos ya tres puntos, qué, cuándo y a dónde, pasemos al siguiente, “por donde”.

Itinerarios.
Elegir la senda correcta, “por dónde”, siempre ha sido una decisión difícil en cualquier aspecto de la vida, así que piensen cuanto más difícil es si nos va la vida, propia o de terceros, en ello.
Cualquier Plan de Seguridad contempla rutas principales, secundarias, alternativas, de evacuación y de emergencia, como cualquier experto puede confirmar. Pues bien, un PPR debe contemplar sus itinerarios de la misma forma. Buscando las mejores rutas en base a los mismos criterios que se definieron en el punto de Zonas de Seguridad y de Riesgo.
Los itinerarios deben definirse en base a cual es la función y prioridad de nuestra actuación, bajo el prisma de si somos integrantes de un equipo de protección, de seguridad interior, un equipo de intervención, agentes de policia ante una detención, un padre de familia evacuando a sus hijos, o un civil cualquiera buscando como salir de una zona hostil.
El “por dónde” será el resultado de haber decidido el “a dónde” en base al “cuando” y al “que”.
¿Aún no les aburrí? ¿Pasamos al “cómo”?

Evacuación, velocidad vs protección.
Este punto quizás sea el más fácil de visualizar en frío, sin riesgos directos, otra cosa es cuando sentimos el aliento del miedo en el pecho. Para todo el mundo es obvio que la velocidad de movimiento viene definida por la situación del entorno respecto al evento que nos afecta. En muchos casos la velocidad estará reñida con la cobertura, en otras será lo contrario.
Buscar un equilibrio entre velocidad y protección no es fácil en pleno evento, correr suele ser la primera e inmediata reacción, hacerlo sin saber “a dónde” ni “por dónde” suele terminar de la peor de las formas.
En este punto del PPR es donde se debe buscar la mayor sangre fría y capacidad de análisis posible. Definiendo claramente cuando es conveniente una mayor velocidad, cuando es conveniente una mayor cobertura, y, sobre todo, cuando es conveniente saber combinar ambos extremos.

Primeros Auxilios.
Según la optimista de Sra. Murphy “todo lo que pueda salir mal, saldrá mal”. Sin llegar ese extremo es necesario estar preparados para minimizar la posibilidad de perder vidas, la propia en primera instancia, así como la de protegidos, compañeros, familia u otras personas afectadas a las que podamos auxiliar.
¿Primero nosotros? Si, primero nosotros, según el triage elemental que se aplica en los incidentes en aviones de pasajeros. ¿La recuerdan? Antes de colocar la máscara de respiración a alguien que no pueda hacerlo solo, aun niños o ancianos, debemos ponernos primero la nuestra. La lógica es bien sencilla e inapelable, si nos vemos incapacitados de actuar ¿cómo podremos ayudar finalmente a nadie más?
No es necesario ser un paramédico para conocer los rudimentos de los primeros auxilios básicos si se es una persona civil sin más responsabilidad que uno mismo, pero aun esa civil puede verse obligada a auxiliar de forma extrema a un hijo o esposo. Obviamente a mayor responsabilidad profesional mayor obligación de conocimientos en este campo.

Comunicación y coordinaciones.
En el moderno mundo actual las noticias apenas tardan unos minutos en dar varias vueltas al globo, y así exigimos las comunicaciones personales, al instante. La bondad o no de este hecho no entra dentro del campo que nos ocupa.
Saben que mi concepto básico de acciones tácticas y operaticas, sean reactivas o deliveradas, es siempre la movilidad, pues bien, junto a la movilidad debe estar la comunicación, y ambas deben ser inmediatas.
Comunicar implica entre otras cosas coordinación, o por lo menos debe buscar favorecerla. Para un policía o un militar, pertenezca a una unidad de fuerzas especiales o a una unidad regular, el de un policía de proximidad, o a un oficial de protección con un VIP de cualquier nivel, en su día día, su segundo pensamiento, despues de la acción, o reacción, en la que se vea implicado, es siempre comunicarse con su centro de operaciones, o similar. Con ello busca informar y transmitir la mayor cantidad de datos posible, tanto para solicitar una acción de apoyo como para la coordinación de esta misma.
Para un civil implicado en cualquier evento de riesgo el concepto debe ser el mismo, informar para poder apoyar a las autoridades en la coordinación de su propia evacuación, o la de terceros que no hayan podido evadirse.
Comunicación rápida con reacción rápida, que solo es factible con un PPR profesionalmente creado, analizado, actualizado y sobre todo, concienciado e interiorizado.
 
A modo de conclusión final.
“Nunca pasa nada, hasta que pasa” y para entonces más vale seguir el viejo consejo sobre los preservativos “más vale llevarlos y no necesitarlos, que necesitarlos y no llevarlos”. Por cierto ese último consejo tambien aplica para las armas.
La necesidad de un eficaz PPR no es solo para personal en zonas de riesgo, a día de hoy, con el crimen, las mafias, el terrorismo y la violencia campando a sus anchas en el planeta, tanto en el hipócrita y políticamente correcto mundo occidental, como el menos hipócrita, pero igual de violento, “tercer mundo”. La violencia no entiende de numerales, ni hoy ni nunca.
Siendo más positivo, aunque igual de “pseudo-paranoico”, este esquema de PPR no solo se aplica ante acciones de violencia humana, la Naturaleza puede ser más cruel e insidiosa que el peor de nosotros, los humanos. Ante un tifón, tsunami, terremoto, o evento similar de cualquier tipo, la aplicación de un PPR bien definido y con capacidad de adaptación, como el desarrollado en el presente trabajo, es igualmente necesario y de obligada aplicación.
“Vincit Qui Patitur”, traducido por “el que persevera gana” o “persevera y vencerás”, nos debe recordar siempre que para perseverar con un mínimo de éxito necesitamos “si o si” una idea mínima de como actuar, y para ello debemos prever que puede ocurrir y como debemos reaccionar.
¿Cómo prever?  Piensen, analicen y con ello planifiquen, sin darse cuenta tendrán su PPR, mejor o peor. Como mejorar ese PPR elemental ya entra dentro de esa perseverancia y constancia en pensar que no somos ni infalibles, ni invulnerables y, sean conscientes de ello, la vida no viene con un seguro del tipo “a mi nunca me puede pasar nada”. Tarde o temprano “algo” nos pasa a todos.
¿Conocen mi firma en los emails? “Amat Victoria Curam”, les recomiendo investigar su significado, se que les gustará si han logrado leer, y sufrir, el texto entero.
Cuidense y… planifiquen cuidarse y cuidar de los suyos.

Centroamérica, Octubre 2016.




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