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jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Cubiertas? ¿Abrigos? ¿Parapetos?

¿Cubiertas? ¿Abrigos? ¿Parapetos?

Por Cecilio Andrade.

Tras tantos años dando vueltas por Iberoamérica, visitando todos los bellos paises que la componen, por trabajo casi siempre, muy pocas por placer puramente, procurando siempre sacarle el máximo de este en cada minuto, confirmo una frase que leí hace muchos años. Irónica, sarcástica, como es tan común en mi, pensarán muchos, pero ciertamente real, “paises separados por un idioma común”. Seguro la habrán oido infinidad de veces.
Y como no podría ser de otra forma, en el mundo del uso de las armas, de tácticas y principios operativos, de escuelas y estilos, de maestros, maestrillos y maestrazgos, el efecto se multiplica. “Cada maestrillo tiene su librillo”, dice el “sabio” saber popular, y ciertamente es así, pero aquí más que librillos tenemos trípticos, comics y tebeos, por no rebajarme a decir tiras cómicas.
La cantidad de definiciones y términos para nombrar cuestiones simples, que muchas veces han sido definidas desde la más remota antigüedad, roza lo absurdo cuando no lo puramente egocéntrico. No creo que esté diciendo nada nuevo para nadie.
Para que vean que lo que comento no es nada nuevo ni moderno, hace más de 3500 años en la antigua India se escribió un texto, el Rig Vedas. Una de las muchísimas verdades que podemos leer en el vetusto texto citado es la que sigue, “la verdad es una, pero los sabios le adjudican diversos nombres”. Ciertamente la razón real de dicha frase no fue en referencia a lo que ocupa mis trabajos habitualmente, si no a cuestiones más espirituales, divinas y humanas, pero no puedo evitar pensar en ella de todas formas.
El texto de hoy será más sencillo y práctico que todo esa filosofía tan habitual en mi últimamente. Hará referencia a dos cuestiones que todos conocemos, aunque pocas veces se piense en ellas, y gran parte de las veces obviemos en nuestro trabajo y entrenamiento.
 Quizás no debí empezar con una entradilla tán … ¿melodramática? Pero de alguna forma debo despertar su interés. ¿No?



A nivel operativo la importancia de movernos con precisión, fluidez y velocidad, está exactamente en el mismo nivel que saber utilizar de forma eficaz y segura todos los obstáculos que se interpongan entre las armas adversarias y nuestro cuerpo.
Personalmente no pretendo que utilicen mis términos, tan solo clarificarlos para hacer comprensible el presente texto a todos los profesionales que acostumbren a utilizar otras palabras, igualmente correctas y comunes en sus respectivos paises. Me resulta muy difícil utilizar todas las distintas designaciones empleadas por paises y, en muchos casos, por colectivos específicos de cada país. Disculpen si unifico todo en mi propia versión y considérenlo solo desde el punto de vista de facilitar la actual lectura que tienen en sus pantallas.
Veamos primeramente unos conceptos para unificarlos de forma acorde a todos los “castellanos” de mis lectores habituales.
-       El abrigo detiene el fuego adversario.
-       La cubierta solo nos protege de la vista del adversario.
-       La cubierta NO es un abrigo, no protege de los disparos.

Saber como protegerse es la táctica más importante a dominar, al igual que saber cuando retírarse si es necesario, nunca lo olviden.
Con estos puntos clarificados pasemos a repasar como protegernos tras cubiertas y abrigos.

Abrigos.
Cuando se enfrenten con un adversario disparen desde el lateral del abrigo, si es posible, no desde la parte superior de éste. Por el contrario, cuando se enfrenten a varios adversarios, lo más probable es que se vean en la necesidad de disparar desde la parte superior del abrigo debido a la mayor amplitud visual de campo que ofrece.
Situarse tras un parapeto limita mucho el campo visual, tendiendo a magnificar aún más el “efecto túnel” generado por el enfrentamiento en si. Por ello oblíguese a mirar de forma repetida a los flancos y hacia atrás para detectar si hay actividades del adversario. Abrazar, colocar los brazos alrededor del abrigo (por ej., un poste de luz o de teléfono), para reducir la exposición al fuego por los flancos suele ser una solución muy utilizada, pero debe determinarse desde el punto de vista de la grave limitación de movilidad que genera.
Más del 85% de la humanidad es diestra, si se utiliza la mano derecha cuando disparamos desde el lado izquierdo del abrigo, inclinar el arma unos 45º, tanto en arma corta como larga, ayuda a  reducir la exposición de la cabeza. En el caso de un zurdo es lo mismo pero en el lateral opuesto.
La colocación de los pies es importante cuando se dispara desde el lateral de un abrigo, en realidad ya sabemos que es importante en cualquier acción de combate, con o sin armas y, evidentemente, con o sin abrigo.  Si el pie del lado desde el que disparamos está tocando el parapeto nos servirá de referencia, y así mismo no se expondrá como objetivo a las balas adversarias.
Giren muy levemente la cabeza, apunten y alineen su arma por encima de la nariz para reducir el área expuesta de su cabeza.
Si no nos agarramos en el abrigo los nudillos de la mano de apoyo “miran” hacia la abrigo, para llevar la pistola o el fusil lo más cerca del abrigo. Si nos apoyamos contra el mismo lo haremos con la palma completa contra el parapeto y descansando el arma sobre la “horquilla” formada por el dedo pulgar de la mano de apoyo. Mientras disparamos evitaremos que el arma, larga o corta, toque realmente el abrigo. Si lo permitimos el arma dará un salto violento después de cada disparo y será muy difícil la recuperación para el siguiente.
Si el ángulo de fuego es menor de 45º una bala chocará en la superficie y continuará volando a no más de 12 a 20 cm. de la superficie. Ténganlo en cuenta para dirigir oblicuamente su fuego, “disparos con rebote”, como táctica, así como para evitar lo empleen con Ud´s.
Tengan cuidado cuando se muevan y asoman su arma por una esquina antes que el resto de su cuerpo, no saben si hay alguien ahí que les pueda desarmar.
Conseguir un abrigo entre nosotros y la amenaza lo más pronto posible debe ser una de nuestras primeras prioridades. Una vez en el mismo no siempre “pegarse”, literalmente, al mismo es la mejor opción, reducimos nuestros ángulos de visión y capacidad de movimiento posterior. Igualmente una aproximación directa y evidente puede no ser la más segura. Lo más importante es cuán rápidamente nos protegemos tras la abrigo, no tanto lo rápido y diecto que corremos para llegar a el.
Busquen siempre una posición fuerte y protegida, si es posible. Si no lo es o no existe alguna y les están disparando, muévanse lateralmente y disparen al adversario. El objetivo de esto es el de minimizar la exposición de las áreas vitales del cuerpo, pero sin comprometer la capacidad para disparar eficazmente.
Planificar y pensar en los abrigos disponibles en el entorno antes de que empiecen los disparos debe formar parte de nuestras costumbres de autoprotección cotidiana.
Cuando disparemos desde detrás de una abrigo, hay que mantener el arma en posición lista para disparar, arma alzada, brazos extendidos, usando las miras, para que así poder asomar, disparar, ocultarse, todo ello en un instante sin que la boca del arma sobresalga ni choque contra el abrigo. Para ello debemos permanecer lo suficientemente atrás del abrigo como para permitirnos atacar los objetivos desde cualquier dirección, si es necesario.
Expondremos el mínimo de áreas vitales al fuego hostil, pero aun así hay que ser capaz de disparar con efectividad. Asomarse desde un lugar diferente cada vez, si es posible, manteniéndo al adversario en dudas con nuestra impredecibilidad. De no hacerlo así el oponente simplemente se dará cuenta del sitio desde donde vamos a disparar y esperará para alcanzarnos si se repite demasiadas veces el mismo lugar.
Cuidado con el codo del brazo de empuñamiento, puede delatarnos.
Mirar sobre la parte superior del abrigo para dar un rápido vistazo al campo de batalla no es una mala idea en principio. Hagámoslo primero y rápido para pasar al ataque desde los lados del abrigo.
Con un abrigo bajo y estrecho podemos colocarnos con ambas rodillas en el suelo, inclinándonos y asomándo a un lado y a otro sin tener que mover las piernas, solo la cintura.
Uno de los errores más comunes es disparar demasiado rápido, así como disparar desde detrás del abrigo sacando el arma sin apuntar. Lo más probable es que no lleguemos a impactar a algún adversario, desperdiciemos munición, y además, jamás lo olviden, somos responsables de cada proyectil que ponemos en el aire.
Nunca asomen a disparar apresuradamente, en especial si esto expone sus áreas vitales al fuego enemigo sin ningún beneficio plausible. Una mínima exposición es necesaria para disparar con puntería, despues de todo la alternativa es no hacer ningún disparo y permitir que los adversarios maniobren libremente. En todo disparo debemos usar las miras y una presión cuidadosa y controlada del disparador.
Eviten la técnica de la “ojeada rápida”, ya que por lo general es demasiado rápida como para permitir ver algo útil y aprovechable. No deben desperdiciar vistazos rápidos por el lado del abrigo, pues el adversario puede estar esperando que haga el mismo movimiento otra vez y tendrá el arma apuntada y esperando hacia ese lugar.
A veces el mejor abrigo es aquel que podemos colocarnos y llevarlo con nosotros, en un tiroteo hay pocas cosas mejores que estar tras un abrigo llevando chaleco y casco balístico. Los órganos necesarios para la supervivencia son el cerebro y los situados en el torso superior, llevar chaleco antibalas y casco puede cubrir el 36% del área expuesta del cuerpo.

Abrigos más comunes.
Salvo que ese día toque enviar guías telefónicas por correo, los buzones modernos no protegen de la mayoría de las municiones. Como curiosidad el Servicio Postal de EE.UU. no recomienda los buzones como abrigos.. Los buzones antiguos españoles, del tipo champiñón, aguantan calibres de fusil según distancia y/o ángulo de incidencia.
Las cocinas y refrigeradores modernos ofrecen una protección mínima frente a la mayoría de calibres. Algunos comercios tienen sistemas de refrigeradores que pueden ofrecer un verdadero abrigo debido a su construcción y ubicación, por lo general en la parte posterior del local, en el área sólo para empleados. Los frigoríficos de tipo expositor, de helados o refrescos, ofrecen un abrigo mínimo apenas útil.
Las estufas antiguas de leña, fabricadas en metal denso y grueso, pueden ser un buen abrigo.
Las puertas de los vehículos, en especial de los vehículos más modernos, y más livianos, no proporcionan la protección suficiente contra las armas y municiones modernas. Disparar con la ventana bajada puede ofrecer otra capa mínima de protección a la puerta del vehículo, además evitará que explosionen los vidrios en la cara.
El bloque del motor y la zona de los neumáticos de un vehículo son sus mejores áreas a utilizar como abrigo. Es importante inspeccionar visualmente el motor de cada vehículo para determinar su distribución y establecer exactamente dónde está localizado el mejor abrigo según ángulos de ataque. Muchos vehículos tienen sus distintas partes ubicadas en lugares diferentes, así como también diferentes espacios vacíos que pueden variar de un vehículo a otro. Podemos utilizar fuego dirigido oblicuamente, disparando por debajo del vehículo, pero cuidado, el adversario también puede hacerlo.
El vehículo puede ser empleado como un abrigo móvil. Si es posible  debemos sacar el vehículo fuera de la “zona de muerte” y/o hacia un mejor zona de reacción. Nos agacharemos bajo el tablero de instrumentos manejandolo así si es factible. Recuerden que si es más difícil alcanzar con nuestros disparos a un blanco móvil un vehículo puede moverse mucho más rápido que un adversario a pie. Por otro lado el personal a pie puede usar el vehículo en movimiento para que los saque de la línea de fuego.

Uso táctico de la cubierta respecto del abrigo.
Si somos capaces de alcanzar sin ser detectados una cubierta en lugar de un abrigo también es un buen movimiento, el adversario no disparará si no sabe dónde estamos. Pero si nos localizan, recuerden la cubierta no protege de las balas.
Por más deseable que sea, durante un tiroteo no es posible permanecer siempre detrás de un abrigo, especialmente en el mismo abrigo. Hay que moverse, atacando, flanqueando o replegándose, saber emplear una hábil combinación de cubiertas y abrigos es la mejor de las técnicas. No siempre es posible encontrar abrigos eficaces, una cubierta, aunque  no detenga las balas, puede ocultarnos y confundir al adversario.
Permanecer en las sombras, en situaciones de baja luminosidad, puede ser otra eficaz técnica de uso de cubiertas. Cualquier cosa que oculte y disperse la silueta confunde al adversario sobre nuestra ubicación exacta. No permanezcan por demasiado tiempo ocultos en un mismo lugar, si pueden evitarlo. Mientras más cerca se encuentren del suelo, menos visibles se harán cuando tan solo observen.
En definitiva, como en cualquier otra situación, repelan el pánico, contrólense, hagan aquello que han entrenado, disparar con precisión y eficacia aprovechando todas las protecciones que el entorno le ofrezca, en forma de cubiertas y abrigos, y en una sabia combinación de protección y movilidad.

Cuidense y cuiden de los suyos.

Centroamérica. Noviembre 2016.


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