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jueves, 24 de noviembre de 2016

Teoría sobre el control del disparador

Teoría sobre el control del disparador.

Por Cecilio Andrade

Leonardo da Vinci nos legó tanto que resulta casi imposible encontrar un campo del saber donde no podamos encontrar alguna enseñanza. “El placer más noble es el júbilo de comprender”, es una de sus máximas que podemos aplicar a la vida, en cualquiera de sus ámbitos. Que fácil es encadenar a Leonardo con Horacio cuando nos dice “Gobierna tu mente, o ella te gobernará a ti”. Y a Goethe “Las experiencias nos muestran tal como somos, nos hacen ver nuestros propios defectos”.  Necesitamos comprender para actuar, aprender para comprender, experimentar para aprender, actuar para experimentar. Y en todo ello necesitamos ritmo.
El ritmo está en todo, insisto, la vida es ritmo, y no hablo de bailar ni música, despues de todo tengo dos pies izquierdos para el baile, y un oido que no pasa de discernir entre un “do” y un disparo de AK47. La importancia del ritmo nos lo reclacan grandes expertos de todos los campos.  Fritz Lang, el gran director de “Metrópolis”, entre otras obras meritorias, “Cada película tiene una especie de ritmo que sólo el director puede darle. Tiene que ser como el capitán de un barco”. El intelectual argentino Julio Cortazar en su “Bestiario”, “Las costumbres, André, son formas concretas del ritmo, son la cuota de ritmo que nos ayuda a vivir”. Un novelista como Jerzy Kosinski “Lo único importante era seguir su propio ritmo, como las plantas en su crecimiento”. Incluso una autora moderna de literatura juvenil como Jandy Nelson nos dejó “Encuentra el ritmo y no lo dejes escapar”.
El ritmo es tan importante en la supervivencia de un profesional armado como en la de un empresario. ¿No lo creen? Tan solo recuerden que los maestros (Tzu) Sun, tanto Sun Wu como su descendiente Sun Bin, son utilizados tanto por estrategas y tácticos como por grandes ejecutivos. Jack Welch, escritor y empresario de éxito, escribió “Cuando el ritmo de cambios dentro de la empresa es superado por el ritmo de cambios fuera, el final está cerca.” ¿Pueden aplicarlo al combate? Seguro que sí.
Pero déjenme regresar a terrenos más firmes, para mi al menos. Miyamoto Musashi sabe poner, como siempre, la guinda perfecta, a todas las citas anteriores, cuando nos dice “En cualquier arte y en cualquier ciencia no debe ignorarse el ritmo”, y lo reconfirma “La desintegración es algo que le sucede a todas las cosas. Cuando se desploma un caballo, una persona o un adversario, se desmoronan del ritmo del tiempo”.
En fin… ¿buscamos ese ritmo?


Buscar un ritmo para empuñar un arma, manipularla, disparar con eficacia y precisión, subsanar interrupciones, y todo ello mientras nos movemos y analizamos el entorno, no solo no es fácil sino que el más mínimo error desencadena una cadena de eventos de consecuencias potencialmente letales.
Moverse sin lograr controlar el disparo es una condena segura, tanto a nivel legal como ético y moral. Por eso debemos buscar el esmerado control del disparador, del movimiento seguro, del control firme, y todo ello siempre bajo los principios de ritmo, fluidez y precisión... ¿Difícil? Quizás. De todas formas piensen una cosa, “si fuese fácil lo haría cualquiera”.
El punto crítico de un disparo preciso, y probablemente el más importante, es el control del disparador, de la palanca de disparo, o, más comúnmente denominado, gatito pequeño, ¡ay no! quise decir “gatillo”, perdonen el sarcástico “lapsus linguae”.
Un buen control del mismo permite realizar el disparo, o disparos, sin que afecte en modo alguno al seguimiento de los elementos de puntería. Pulsando suavemente hacia atrás, sin brusquedades, y sin ningún tipo de presión angular que afecte a la alineación del arma con el blanco. Es muy importante saber que la suavidad da precisión, y que suavidad, correctamente aplicada, jamás implica lentitud. Dos son los elementos clave para un perfecto control, colocación y presión. Correcta colocación del dedo y correcta presión ejercida, ni excesiva ni brusca.

El dedo.
Las dos cuestiones comentadas depende de varios factores, donde uno de los principales, entre otros, es el sistema de disparo del arma, simple acción, doble acción, DAO, etc. De forma general, independientemente del sistema, la colocación del dedo debe permitir una presión totalmente paralela al eje longitudinal del arma, sin provocar desviación lateral alguna al presionar.
Empuñando con la mano derecha, introducir demasiado el dedo suele generar disparos desviados hacia la derecha, por el contrario, si solo es la punta del dedo la que presiona el disparador, el disparo tiende a ir hacia la izquierda. Si el tirador fuese zurdo las variaciones se invierten. Ahora bien, exactamente ¿qué parte del dedo debe ejercer esa presión?
Según el tipo de arma o, siendo más exacto y correcto, según el sistema de disparo del arma, apoyaremos una zona u otra del dedo. Para armas de simple acción lo más recomendable y común es apoyar el centro de la yema del dedo. Para armas de doble acción, en las que se requiere realizar una presión mayor y más prolongada, lo aconsejable es apoyar la articulación de la tercera y segunda falange, distal y media o, para los que somos más viejos, falangeta y falangina. En armas con sistemas del tipo DAO o similar, al no necesitar tanta presión como en doble acción, pero algo más que en simple acción, se suele aconsejar apoyar una zona entre la yema y la articulación.
Es evidente que todo lo anterior depende de más factores, como puede ser el tamaño del arma respecto a la mano que la empuña, los kilos de presión del disparador o el nivel de adiestramiento del tirador, entre otros.

Reacciones instintivas.
Para el actual cerebro humano, no muy distinto operativamente del de nuestros ancestros homínidos, no lo olvidemos, golpear, lanzar piedras o palos es algo sumamente sencillo, asumible, básico y natural. Pero, siempre hay un pero ¿verdad?, es evidente que una explosión en el extremo de la mano es algo, cuando menos, antinatural. Es por ello que cuando disparamos el cerebro tiende a buscar alejarnos de esa explosión, cerrando los ojos, haciendo que nos encojamos, nos tensa excesivamente, por nombrar algunas de las cosas a las que nos obliga. Esto provoca errores de precisión en los disparos, algo evidente sin duda. ¿Podemos evitarlo? Y si es un sí ¿Cómo podemos entrenar para evitar esas reacciones? La verdad es que sí es posible, con una técnica tan antigua como sencilla, el disparo por sorpresa.
Casi el 100% de los tiradores la conocen, se les ha explicado en alguna fase de su adiestramiento aquello de “el disparo debe sorprenderte”, si bien en la fase de iniciación y precisión es fundamental esta técnica, también nos ayuda a corregir ese instinto erróneo que he comentado.
Al presionar el disparador, notando los clics de los pasos del mismo, pero sin detenernos a pensar en ello, manteniendo la atención totalmente centrada en los elementos de puntería respecto al blanco, en su correcta alineación, aplicando una presión constante, homogénea y suave, hasta que en un momento dado, ¡BANG!, se “escapa” el disparo. Esa es la definición rápida de un disparo por sorpresa.
Compárenlo con la aplicación de un colirio. Cuando colocamos el pequeño bote sobre el ojo, primero se debe visualizar el agujero del gotero de forma correcta y centrada, tras lo cual se presiona poco a poco hasta que una gota cae “por sorpresa” en el ojo. Si la alineación no es la correcta la gota probablemente no alcanzará el ojo. Pero si ejercemos una presión excesiva o irregular, las gotas, cuando no el chorro, alcanzarán definitivamente cualquier lugar menos ese ojo.
En esta técnica, durante la fase de aprendizaje y corrección, es importante que el disparo no se pueda prever, sabiendo que se producirá el disparo, pero no el instante exacto del mismo. Buscando que el disparo surja de forma imprevista. Si ello no es así, el ejercicio no servirá de nada, al menos respecto a lo que buscamos corregir. Con este simple y sencillo ejercicio corregiremos no solo los efectos reactivos adversos, cerrar ojos, presión excesiva del arma, etc. sino además otro fenómeno negativo anexo, el denominado gatillazo, el indeseado e impreciso disparo fruto de una contracción brusca del dedo.

Mientras mantengamos nuestra concentración en la alineación correcta del alza y el punto de mira sobre un punto concreto del blanco, la mente no podrá definir cuando la presión ejercida sobre el disparador soltará el disparo. Se concentrará en la puntería olvidando la explosión que se producirá, con lo cual se perderá, poco a poco, el miedo instintivo al disparo, mejorando la capacidad de alcanzar un blanco con precisión y eficacia, sin perderlo en ningún momento de vista. La mente humana está programada para poder concentrase con precisión y exactitud en un único objeto o acción en concreto, ni una sola cosa más. Bajo presión esta capacidad se agudiza.

De la adaptación a la realidad de supervivencia.
Evidentemente el ejercicio anterior no es válido para trabajar y entrenar una acción defensiva o de combate, no es posible perder tanto tiempo en realizar un disparo cuando la propia vida, o la de terceros, está en riesgo. De todas formas, en esas situaciones, la atención siempre estárá por instinto en el blanco, jamás en el disparador. Es por ello que si se ha entrenado previamente de forma correcta el movimiento del dedo, bajo estrés este actuará de idéntica forma, solo que más rápido. E aquí donde entra en juego ese factor tan importante, y también menospreciado en el tiro defensivo y de combate, el control del disparador o gatilleo.
El gatilleo consiste en identificar los distintos pasos o tiempos que realiza el disparador antes de que se produzca el disparo. Esto permite conocer cuanto recorrido mínimo debemos soltar el disparador para que vuelva a armarse el sistema de disparo tras una acción de fuego, y poder volver a presionarlo para repetir el disparo. Es evidente que cuanto menor sea el recorrido del disparador, menor será el movimiento del arma, y por tanto menor la posibilidad de errar.
Al disparar un arma esta se eleva, mientras mantenemos la atención en recuperar la alineación con el blanco, sobre todo del punto de mira, el dedo no debe soltar el disparador. Mientras el retroceso siga actuando mantendremos esa presión. Una vez recuperada la alineación de los elementos de puntería soltaremos ligeramente el disparador lo justo y preciso para que el sistema vuelve a armarse posibilitando otro disparo. Con el tiempo, y práctica, podremos soltar el disparador lo justo y necesario a la vez que el arma recupera su alineación.
¿Cuándo ocurre esto? En la mayoría de las armas modernas basta con soltar un par de milímetros el disparador, notándose un ligero “clic” sonoro, y vibrante, que lo identifica, tras lo cual es posible volver a presionarlo para repetir el disparo. Evidentemente en una acción real no podemos estar pendientes de detectar u oír ese “clic”, es algo a entrenar previamente, para que en la cruda y dura realidad surja de forma natural e instintiva. No entrenar este punto genera que el dedo suelte en exceso el disparador, con lo cual, no solo el arma se moverá en exceso entre y durante cada disparo, sino que además se perderá un tiempo precioso y necesario.
Todo esto no es un secreto de grandes, ni pequeños, maestros. Todo lo contrario, es algo que casi todo tirador, del tipo que sea, comenta hasta la saciedad. Pese a ello muy pocos lo entrenan debidamente y aun menos comprenden su enorme relevancia.

Educando el dedo.
Mis propias experiencia, tanto las positivas como las negativas, me han marcado tajantemente en este punto. Es con toda certeza el entrenamiento más importante así como el menos desarrollado, habitualmente. Su relevancia, entrenar el dedo de forma correcta, la baso en una regla de seguridad que considero fundamental, como estoy seguro que harán la mayoría de los lectores. 


“Hasta que no tengas el objetivo en tus miras no pongas el dedo en el disparador”
¿Y que razónes científicas podemos aportar para contrastar esta especial relevancia? La razón es consecuencia del fenómeno denominado “Interacción Entre Miembros”. Termino que describe la contracción instintiva de los músculos, de la mano entre otros, en situaciones de estrés.
Este fenómeno se subdivide en tres factores o respuestas interconectadas.
-       Respuesta de Pérdida de Equilibrio.
-       Respuesta de Presión Simpática.
-       Respuesta Sorpresiva.

Respuesta de Pérdida de Equilibrio.
En cualquier acción, defensiva u operativa, es muy común pisar un suelo de superficie inestable o deslizante, vidrios, canicas, aceite, escalones, etc. Perder el equilibrio, tambalearnos, llegar incluso a caer es un factor mucho más sencillo y común de sufrir de lo que se suele plasmar en entrenamientos.
En estos casos la respuesta instintiva es bajar el centro de gravedad mientras se tensan todos los músculos. Con ello buscamos recuperar el equilibrio, o minimizar los daños en la caída si no lo logramos.
¿Qué ocurrirá si el dedo está apoyado sobre el disparador?
Probablemente un sonoro, indeseado y, sobre todo, incontrolado ¡¡¡BANG!!!

Respuesta de Presión Simpática.
Piensen una cuestión, de nuevo en una reacción defensiva o acción operativa, ¿cuantos gestos bruscos, o de fuerza, realizarán con una mano mientras la otra empuña un arma? ¿Muchos? ¿Pocos? ¿Algunos? ¿Ninguno?
Imaginen varios casos. Un policía o militar, en una entrada un civil desarmado y aterrorizado se arroja encima obligando a apartarlo con brusquedad para encarar el objetivo real. Un escolta protegiendo a su VIP, o una madre armada protegiendo a sus hijos, apartan a VIP o retoños con un gesto brusco de fuerza. Desarrollen más supuestos si lo desean, el concepto creo que está claro. En cualquiera de esos casos una mano realiza un gesto brusco o fuerza, la otra, la que empuña, por reflejo realizará una presión similar.
Si el dedo está de nuevo sobre el disparador ¿qué creen que es lo más probable que ocurra? ¿BANG?

Respuesta Sorpresiva.
Para todos es muy común, no lo nieguen, que encontrándose en el propio, confiable, seguro y conocido hogar, vayamos con la mente en cualquier otro mundo, muy lejos del que sus pies pisan. Lo preocupante es que muchos profesionales tambien lo hacen en la calle y trabajando, pero eso es otro tema. De repente nos sobresaltamos de forma exagerada ante un hijo, nuestra esposa o esposo, una voz a la espalda, un sonido fuerte, etc. ¿Quien no se ha encontrado prácticamente saltando hasta el techo y con las pulsaciones descontroladas?
No es miedo, ni algo negativo o malo, no somos cobardes ni asustadizos, es la reacción instintiva de nuestro organismo ante una sorpresa, es lo que familiarmente se denomina un “susto”. Una simple y fundamental respuesta de alerta de nuestro organismo. Natural, sana y a nivel evolutivo absolutamente imprescindible para poder sobrevivir como especie.
Ahora sumérganse en alguno de estos escenarios, en una acción, defensiva u operativa, con todo el stress que ello conlleva, un simple gato aparece por donde no lo esperamos, una bocina suena bruscamente, alguien grita de miedo o dolor desde un lugar imprevisto, incluso nuestro propio teléfono móvil comienza a vibrar, en resumen algo nos sorprende. Si en estas circunstancias, mientras sufrimos esa sorpresa, y susto, el dedo está encima del disparador ¿qué probabilidades creen que tenemos de que no se produzca un disparo indebido?

Nadie es más rápido en disparar por llevar el dedo en el disparador, tan solo es más rápido en disparar cuando no debe, hacia donde no debe y hacia quien, o que, si hay suerte, no debe.

Velocidad versus control.
¿A qué velocidad se debe realizar todo lo comenado? Sin correr, a una velocidad tal que se pueda controlar todos y cada uno de los pasos a ejecutar. En resumen, con un ritmo repetible y controlable. Todos erramos, y entrenar con errores es entrenar el error, no lo olviden. Jamás debemos descuidar la seguridad. Nunca lo hagan, ni en sus planificaciones, ni en sus adiestramientos, ni en su trabajo. Siempre entrenen con seguridad, con lo que solo trabajarán con seguridad.
Estudiar y comprender es la obligación de todo profesional armado o legítimo usuario. Portar un arma no es un simple capricho, sino que debe buscar servir y proteger, algo que debe hacerse desde la profesionalidad y la dedicación.
Al fin y al cabo esa es la diferencias clave de los buenos respecto a los malos, profesionalidad y dedicación.
El próximo trabajo que se publicará, el jueves siguientes, desglosaré una secuencia de ejercicios para poder educar, entrenar y controlar eficazmente esa parte de nuestra anatomía, el dedo, que damos por controlada y educada. Si es cierto o no de ustedes depende.
Cuídense y cuiden de los suyos.


Centroamérica, Noviembre 2016.

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