Buscar en este blog

jueves, 29 de diciembre de 2016

Recargas. Métodos y tips

Recargas. Métodos y tips.

Por Cecilio Andrade.

Hay muchos autores a los que no tengo gran aprecio, lo cual no me impide leerlos. Siempre he pensado que de la peor de las obras que podamos leer siempre podremos sacar alguna buena lección. He leido obras de desgracias para la humanidad como son Hitler, Mao, “Che” Guevara, y por supuesto sin entrar a hablar de determinados textos religiosos de “revelación divina”. Y sí, de todos ellos saqué lecciones y conceptos, ya sean aplicables o para descartar. Un autor al que muchos idolatran como el referente de la estrategia occidental fue Karl von Clausewitz. Personalmente lo estimo como un autor más, sin llegar a la idolatría de tantos, ya que considero que su visión estratégica del combate y la guerra es totalmente parcial y muy influenciada por la moda bélica y cultural de su época, grupo social y parte del mundo donde nació y creció, tanto social como profesionalmente.
Pues bien, su obra “De la Guerra” la he releeido varias veces, subrayando cada una de esas veces aquello que en ese momento de mi vida me llamó la atención. Dos de esos subrayados son “Toda actividad militar esta relacionada, directa o indirectamente, con el combate. Es el fin por el cual un soldado es reclutado, equipado, armado y entrenado, y propósito por el cual come, duerme, bebe y marcha es, simplemente, que él debe luchar en el lugar y momento correcto”, y “El combate determina todo cuanto se refiere a las armas y los equipos, y éstos a su vez modifican la esencia del combate. En consecuencia, existe una relación recíproca entre unos y otro.” ¿Interesante? Creo que sí, aunque nada nuevo realmente, ni para su época ni para las anteriores.
Para empezar a dar pie al texto del trabajo de hoy me gustaría que recordaran lo que escribió León Tolstói en su obra “Guerra y Paz”, “Ve bien la batalla, quien algo lejos se halla”. La distancia es buena para ver fallos y errores, pero recuerden una cosa, demasiada distancia, ya sea física o personal, nos aleja de la realidad e impide ver los detalles importantes. Si anexo a esto le añadimos intereses particulares y egos que siempre fueron, son y serán personales, nos permite comprender mejor la frase insertada en “Traición a Roma” por Santiago Posteguillo, “Las batallas no se ganan si dejamos que se mezclen con asuntos personales.”
En fin, para terminar esta densa entradilla recuerden a los maestros Tzu y Bin cuando nos legaron lo siguiente, “Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después. Esta es la diferencia entre los que tienen estrategia y los que no…” Piensen que una batalla de uno o de miles solo se diferencia en números.


En todo  saber humano nos encontramos con diversas formas de alcanzar las mismas metas, y los procedimientos suelen ser más o menos correctos. Normalmente estos distintos procedimientos suelen ser honestos intentos de dar con una solución eficaz a un mismo problema visto desde experiencias y conocimientos distintos.
Cambiar el cargador de un arma no podía ser menos, varios procedimientos, diversos tips, algunos supuestamente antagónicos y, para muchos profesionales más intransigentes solo hay un único procedimiento correcto.
Pero y si, hereje de mi, preguntara ¿es posible que realmente no exista un único procedimiento? ¿Y si la situación, el entorno, el estado de uno mismo definan mejor que procedimiento usar en cada tesitura? ¿Y si esos tips en lugar de ser antagónicos son igualmente complementarios, incluso adaptativos a según qué circunstancias?
Antes de entrar en procedimientos y tips permítanme explicar un poco de mi terminología particular, ya que me ha traído más de un comentario sobre el tema y creo que bien merece unas explicaciones.

Conceptos de reactivo y proactivo.
En el idioma castellano, y más en sus versiones internacionales, tenemos infinidad de términos para definir el cambio de cargador, emergencia, táctico, operativo, de circunstancias, etc. Todos ellos buscando definir la situación del entorno en la que realizamos dicha acción. El problema es que muy raramente las situaciones son perfectamente definidas y repetibles. La situación externa, su control específicamente,  no está en nuestras manos.
Es por ello que uso los términos, “proactivo” y “reactivo”, para definir cómo actúa nuestra mente ante una acción determinada. Nuestra mente es el único punto sobre el que podemos tener un control más o menos claro y definido en cualquier situación que requiera el uso de armas.
Una acción proactiva es cuando la realizamos por propia y consciente decisión. En el caso de una recarga es cuando decidimos cambiar el cargador para poder disponer de uno completo en el arma, no siempre es necesario tener prisa ni premura de tiempo, solo actuar y pensar de forma activa, previendo posibles acciones y necesidades futuras.
Por el contrario, una acción reactiva implica reaccionar ante una situación dada, en el caso que nos implica, el arma se queda sin munición. El hecho de que estemos o no frente a un adversario es lo de menos técnicamente hablando. Reaccionamos ante un hecho que hay que subsanar con la mayor prontitud posible, actuando, en este caso, de forma reactiva.
Como ven, mis definiciones hacen mención a la actitud mental que debemos tener, sin entrar en cuestiones particulares ni situaciones específicas sobre las que, insisto, raramente tenemos control. Considero que es la mente nuestra principal arma y por tanto la que debemos afinar y afilar, empezando por utilizar términos que le faciliten dichas acciones.
Con estas definiciones es obvio por qué uso estos dos términos en muchos casos, no solo recargando, también en tiro reactivo o proactivo, acciones reactivas, planificación proactiva, etc.
Ante la acción que da razón a este trabajo, la recarga, tenemos dos posibilidades, recarga reactiva o recarga proactiva. La recarga reactiva solo tiene un procedimiento básico, la proactiva tiene dos procedimientos a considerar, eso sin contar una serie de pequeños tips, particulares en muchos casos.
El trabajo con armas nunca nada es inamovible, muy al contrario es adaptativo y evolutivo, a lo largo de la historia el mejor guerrero y táctico ha sido siempre el que más rápido ha sabido adaptarse y aplicar las nuevas armas y técnicas.
Empecemos con la más rápida, la recarga de forma reactiva.

Recarga reactiva.
El procedimiento básico es sencillo, tras quedarnos sin munición y mientras con una mano presionamos la expulsión del cargador vacío la otra mano va por uno lleno introduciéndolo de forma inmediata mientras el vacío cae, dejando el arma en situación para hacer fuego de nuevo. La prioridad es tener el arma lista para seguir disparando lo más rápidamente posible, que el cargador vacío caiga al suelo y se pierda es lo de menos, el riesgo es mayor que el factor de salvar la equipación.
Hasta ahí todo está bien definido y claro, veamos unos pequeños detalles.
Desde mis primeros días en el ejército se empeñaban en que contara los cartuchos para saber cuándo recargar sin quedarme con el arma vacía, como procedimiento muchos lo conocerán. Ahora bien, ¿cuántos realmente lo hacen con verdadero estrés? Cuando el cerebro quiere “ver” lo máximo posible, cuando queremos abatir ese blanco antes que él nos lo haga a nosotros, cuando el entorno se reduce al ancho de nuestras miras, ¿Cuántos de Ud´s. cuentan sus cartuchos?
Reconozco que, para enojo de mis instructores, normalmente fuí, y sigo siendo, incapaz de hacerlo. Si Ud´s lo consiguen mis felicitaciones, ya que entonces pueden poner en práctica uno de los tips, dejar un cartucho en recámara mientras insertan un cargador nuevo y completo, ahorrándose el paso de acerrojar su arma.
Para los que no les es posible contar en situaciones de verdadero y real estrés, siempre aconsejo que no pretendan acerrojar sus armas, las que sean, largas o cortas, presionando diminutos botones o palanquitas, para llevar su cierre adelante arrastrando un cartucho a la recámara. Esto lo comento por varios motivos, las prisas, el sudor, el uso de guantes, la pérdida de tacto fino con la adrenalina, entre otros, hacen que sea muy difícil encontrar esos botoncitos y palancas cuando la vida está en juego. Por otro lado no siempre los cierres se quedan atrasados y bloqueados con el último cartucho de un cargador, pudiendo ser la causa de una pérdida mayor de tiempo, al creer tener un cartucho en recámara y estar esta en realidad vacía. Siempre recomiendo acostumbrarse a acerrojar tirando del cierre, ya sea una pistola o una palanca en un fusil.
Respecto a acerrojar una pistola no recomiendo nunca hacerlo de pinza, con el dedo pulgar y el indice doblado, algo muy común, el tacto y presión ejercida se ven reducidas por los mismos motivos que comenté anterioremente de pérdida de psicomotricidad fina. Ejerzan la tracción reteniendo el cierre con toda la mano de apoyo mientras empujan la pistola hacia el frente con la mano de empuñamiento.
Aun así, a priori no considero incorrecta la técnica de entrenar el empleo de palancas o botones, la repetición hasta la saciedad puede conseguir minimizar los defectos de tacto que comento, de forma que se conviertan en prácticamente inexistentes. No obstante, es necesario ser consciente de que existe un riesgo, el de que el cierre haya quedado adelantado con la recámara vacía y debamos acerrojar de todas formas. Personalmente prefiero aprender un solo movimiento que me resuelva cualquier situación. Por otro lado las armas largas tienen una forma de acerrojar específica, un AK no es comoun G36, ni un FN FAL es igual a un FN Five Seven.
En otro orden de cosas, aún dentro de este tema que nos ocupa, hay quien opina que no debemos deshacernos del cargador vacío hasta que el lleno esté casi en el arma. Las razones pueden ser múltiples y variadas, aunque en mi experiencia estando el arma vacía lo que nos interesa es tenerla despejada lo más rápidamente posible para insertar el lleno. Lo cierto es que una de las razones principales de esta opinión, incluso sin que los mismos defensores lo sepan, deriva de un detalle ya obsoleto, hablo de una época donde muchas armas de empleo operativo estaban viciadas de un seguro creado para uso exclusivamente deportivo, me refiero al seguro de cargador. Este seguro desactiva el sistema de disparo mientras no se introduzca y bloquee un cargador en el arma. Hoy en día apenas hay armas de diseño moderno que fuera del ámbito 100% deportivo empleen este teórico, en principio, sistema de seguridad.
Entrenando ambas manos, y sus dedos con ellas, estas pueden trabajar de forma simultánea en distintas funciones, una desalojando un cargador vacío y otra llevando e introduciendo el lleno. Se puede conseguir sin apenas esfuerzo tiempos muy buenos, tanto con arma larga como con una corta, entorno al 1.80 segundos por lo bajo y 3 segundos en lo alto, pero incluso 4 segundos puede considerarse una buena marca si con ella como referencia entrenamos para ir reduciendo ese intervalo.

Recargas Proactivas.
Como ya vimos, en este tipo de recarga no hay premura de tiempo, decidimos completar la capacidad de munición de nuestra arma por lo que pueda suceder, no teniendo un peligro inmediato al frente. Por tanto es innecesario deshacernos de nuestro cargador a medio usar, a veces unos pocos cartuchos pueden marcar la diferencia a posteriori, si los conservamos, claro.
Las recargas proactivas difieren poco de las reactivas, salvo en un punto, el cargador usado debe colocarse en algún lugar, y en esto ya vemos el primer tip diferenciador de los dos sistemas de recarga proactiva.

Procedimiento uno de recarga proactiva.
La mano principal procede a soltar el cargador usado mientras la mano de apoyo lo extrae y coloca o deposita antes de ir por un cargador lleno e introducirlo. Los tips posteriores son idénticos a los comentados en el caso de la recarga reactiva, no varían en nada, salvo que normalmente no es necesario acerrojar el arma.
Alguno se habrá dado cuenta que escribí, “coloca o deposita” ¿Qué signica en este contextp? Antes de continuar hagamos un pequeño inciso aclarador: no recomiendo situar cargadores a medio usar junto con los llenos, las confusiones que se pueden crear podrían resultar letales. El cargador usado debe ubicarse sobre nosotros y disponible para un caso de necesidad extrema, pero siempre separado de los llenos. Podemos ·”colocarlo” entre nuestro cinturón y el abdomen, dentro de la camisa o chaleco si llevamos, o incluso en un bolsillo en la menos recomendable de las soluciones. Igualmente podemos depositarlos en una bolsa de descarga situada en nuestro cinturón, si llevamos equipación operativa, obviamente. En ambos casos dispondremos de ellos en una emergencia pero no se mezclarán con los cargadores completos.
Los detractores de este procedimiento alegan que el tiempo de recarga se ralentiza en exceso. Lo cierto es que en ejercicios cronometrados los tiempos han coincidido casi en exactitud con las recargas reactivas, con mínimos  de 1.88 segundos y máximos aceptables de 3.30 segundos.
Es este un procedimiento sencillo de entrenar ya que la mano de apoyo solo debe realizar un movimiento, con lo que la habilidad y el tiempo invertido en toda la acción es bastante asimilable y fácil de mantener. Por otro lado los problemas de tacto y estrés se ven bastante reducidos al no implicar movimientos ni agarres finos.

Procedimiento dos de recarga proactiva.
Esta recarga implica que debe realizar dos movimientos y acciones relativamente complicadas, mas no por ello imposibles si las entrenamos con dedicación y constancia.
La mano de apoyo va por un cargador lleno. Mientras lo mantiene sujeto entre el pulgar contra el índice y el corazón, con el meñique, el anular y la palma de la mano se agarra el cargador usado que está liberando en ese momento la mano principal. Lo extrae y lo mantiene retenido, mientras con un leve giro de muñeca se introduce el cargador lleno. Finalmente lleva el cargador usado al mismo lugar comentado en la recarga anterior y por las mismas razones.
Los defensores de esta técnica comentan que de esta forma el tiempo del arma sin munición es mínimo; mientras, los detractores alegan que el stress, sudor, humedad, guantes, tamaño de las manos y habilidad requerida lo hacen muy perjudicial como procedimiento.
De nuevo descubrimos que con entrenamiento y buen criterio se puede conseguir tiempos entre 2.12 y 3.40 segundos casi con cualquier arma, cosa que está bastante bien.
Ciertamente la mano de apoyo debe realizar algunas acciones de ir, volver y manejar volúmenes grandes, pero insisto, sin recomendarla no la considero negativa ni contraproducente, yo mismo tengo manos muy pequeñas y recargo un AK47, por ejemplo, con este procedimiento sin problema. Tan solo requiere una inversión en tiempo de entrenamiento y mantenimiento algo mayor que la técnica anterior. Nada que no pueda llevar a cabo un profesional con un buen trabajo previo.
 Recarga con cargadores unidos.
Con arma larga es muy habitual ver a operadores con dos cargadores unidos, ya sea por procedimientos de circunstancias, cinta adhesiva por ejemplo, o porque los fabricantes ya prevén esa idea y facilitan cargadores con tetones para unirlos a gusto del “consumidor”. Personalmente no lo uso, y los motivos que alego para ello son varios, aun reconociendo que la recarga es extremadamente rápida.
Para empezar es el transporte en los porta-cargadores hace bastante difícil e incómodo llevarlos y mucho más extraerlos. Introducirlos en el arma de forma rápida partiendo desde el portacargador puede ser una odisea. Ya en el arma misma, las variaciones en el centro de gravedad, peso y volumen hacen que el  porte resulte bastante incómodo, aunque esto último tambien se puede subsanar y trabajar con entrenamiento intensivo.
Considero que, una vez insertados dos cargadores unidos, el desequilibrio del arma es muy acusado, restando además un agarre correcto tanto antes del cambio como después del mismo. El cargador dos suele quedar a la izquierda modificando el agarre correcto de la mano de apoyo, de su muñeca especialemnte. Es por ello que suele generar problemas de empuñamiento de la mano de apoyo, que debe aprender a empuñar de dos formas, con cargador doble y con uno simple.
El peso mayor de dos cargadores unidos hace que una caída de los mismos pueda resultar más destructiva que el de un cargador solitario. Así mismo el retén en muchas armas suele sufrir mucho más al soportar un mayor peso, así como una torsión por ese peso desequilibrado, algo para lo que no han sido diseñados esos retenes. Algunas interrupciones, doble alimentación por ejemplo, requiere tirar, o ejar caer, el cargador al suelo, llevando dos unidos podemos perder no solo el que generó la interrupción si no el lleno, y teóricamente indemne, al que va unido.
Otro factor a tener en cuenta es que el cargador que no está inserto puede acabar con restos que dificulten posteriormente su introducción, e incluso generen una interrupción. Esto es más común al unir los cargadores uno hacia arriba y otro hacia abajo, el inferior se llena de baro, tierra o restos en general al apoyarlo contra el suelo, algo por otra parte normal dada la altura resultante del conjunto. Independientemente de la dirección de los cargadores el exterior puede recibir no solo los restos comentados, si no además golpes que desalineen los cartuchos. El resultado final implica de todas formas retrasos en disponer de un arma lista para su empleo de forma eficaz.
En general, con este procedimiento, debemos aprender a realizar dos tipos de recargas distintas y dos empuñamientos distintos, una con cargadores unidos, y otra con cargadores simples, exigiéndonos mayor inversión de tiempo, esfuerzo y trabajo. Ciertamente es otro procedimiento, y tiene buenas cualidades, pero que en mi opinión adolece de otras características restrictivas y potencialmente negativas, requieriendo invertir mucho más tiempo en el mismo, tanto en el aprendizaje como en el mantenimiento, así como el hecho de realizar movimientos distintos para un único resultado final, tener el arma con un máximo de munición en el menor plazo de tiempo posible.

Unos pequeños tips.
He visto, como Ud´s seguramente, infinidad de exhibiciones de recargas  en las que los operadores las realizan en apenas algo más de un segundo, incluso en menos, marcando ellos cuando recargar. No chequean el arma, no apartan ropa o equipo, no montan el arma, tan solo recargan. Y eso está muy bien ciertamente, da una enorme habilidad motora y gran autoconfianza.
Ahora bien, un operador táctico o un policía no llevan sus cargadores, ni de pistola ni de fusil, como un tirador de IPSC, sino más bien un poco más trabados y/o tapados y protegidos. Si hablamos de un escolta, un policía de incógnito o un usuario civil, si bien puede llevar portacargadores más parecidos a los deportivos y de extracción rápida, estos suelen ir tapados por una chaqueta o algún tipo de prenda.
Conclusión, la extracción suele ser algo más complicada y debemos entrenarla en esas condiciones con más ahínco por ello mismo, eso si, seguro que no es tan glamurosa ni ultraveloz vista en video.
Por otro lado también se realizan ejercicios, con munición o sin ella, sabiendo exactamente en que determinado momento deben recargar, haciéndolo sin más. Lo cierto es que en el 99.99% de los casos cuando el arma deja de funcionar el cerebro no sabe que pasa, y sigue presionando al menos un par de veces el disparador antes que giremos, y levantemos, el arma para ver porque no funciona. En ese instante se enciende la bombilla del “¡estás sin munición, tontolaba, cambia el cargador!” siendo a partir de ahí donde empieza el reflejo que hayamos entrenado, sea este reflejo correcto o no.
¿Cuántas veces han visto ese sencillo gesto en una demostración? Pocas, ralentiza una acción de demostrar lo rápido que recargamos. Pero lo cierto es que no es lo mismo tener una interrupción que quedarnos sin munición, y las acciones son distintas, por lo que es importante definir que ha enmudecido nuestra arma para actuar correctamente en consecuencia. Es por ello que debemos incluir ese detalle, aparentemente nimio, en el entrenamiento cotidiano.
Muchos operadores y usuarios llevan sus cargadores de repuesto en distintos ángulos, posiciones, unos con la punta (bala o proyectil) hacia adelante y otros hacia atrás en sus portacargadores, buscando la estética en su colocación. Espero que no los esté confundiendo con ese último párrafo o cementario, pero lo que con mayor o menor acierto describo implica que la mano que los agarra no sabe en que posición están antes de dirigirlos hacia la embocadura del arma, teniendo que girarlos en el último momento o, en el peor de los casos, intentar introducirlos al revés, cosa que en muchos casos logran, con los problemas de interrupciones y mayores retrasos que implica todo ello.
Coloquen sus cargadores todos simétricos, “mirando” hacia adelante o hacia atrás, no importa, y luego entrénenlo, que su mano siempre haga el mismo movimiento, sea la primera, segunda o decimoctava recarga que deban efectuar, su mano solo debe aprender un único gesto.
Una de las puntuales veces que recomiendo apuntar el arma hacia arriba es en una recarga. Todos acabamos mirando el arma aunque tan solo sea una décima de segundo, por ello recomiendo tenerla casi frente a nuestra cara, de un palmo y medio a dos palmos de distancia aproximadamente, la llamada zona de trabajo, de tal forma que aunque tengamos que mirar ese cargador recalcitrante, que no quiere entrar, podamos seguir vislumbrando nuestra zona frontal  de riesgo. Nunca debemos perder de vista la zona de riesgo por lo que este es un buen tip para conseguirlo y a la vez recargar eficaz y rápidamente.

Conclusiones.
Cualquiera de los procedimientos comentados es correcto, a pesar de mis acotaciones negativas en algún caso, siempre y cuando sepamos reconocer los puntos fuertes y débiles de cada uno de ellos. La idea final que debemos tener en cuenta es clara, nosotros somos los únicos que conocemos como y en que circunstancias vamos a actuar, por lo tanto cada uno debe decidir que procedimiento reúne las máximas condiciones favorables para salir con bien en una actuación armada.
Un consejo más, intenten conseguir una serie de procedimientos que se apoyen y solapen mutuamente, donde un máximo de movimientos coincidan entre si, reduciendo el tiempo total invertido en entrenamiento tanto para generar el reflejo correcto como para mantenerlo.
Pero recuerden también otra cosa, quzás la más significativa de todo ste trabajo, no existen procedimientos absolutos y perfectos, todos tienen pros y contras que debemos conocer para poder sacarle el máximo rendimiento y servicio. No se inmovilicen, ni física ni mentalmente….
Manténganse siempre en movimiento… insisto... física y mentalmente.
Cuídense y cuíden de los suyos.

Centroamérica, Diciembre 2016.

Reconstrucción de un viejo texto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario