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sábado, 25 de febrero de 2017

¿Y ahora con Fisiología? ¡Por favor! ¡Sólo disparemos!

¿Y ahora con Fisiología? ¡Por favor! ¡Sólo disparemos!

Por Cecilio Andrade

Según Leonardo da Vinci “El aprendizaje nunca agota la mente”, me consta que si lo hace, a unos más que a otros si somos justos. Quizás el gran genio pretendía decir que no se agota el ansia y deseo de saber más, el espíritu de mejora y aprendizaje. Pero la masa gelatinosa contenedora de ese espíritu y voluntad, sin duda se agota. Despues de todo estarán de acuerdo con Ray LeBlond y que “Aprendes algo todos los días si prestas atención”, por más que Margaret Mead matizara “He aprendido el valor del trabajo duro trabajando duro”.
Ya que “No aprendes a caminar siguiendo reglas. Aprendes haciendo y cayéndote”, porque “Siempre estoy haciendo lo que no puedo hacer para poder aprender cómo hacerlo”, y sin duda “Cuando una persona es rechazada, atormentada, derrotada, tiene la oportunidad de aprender algo”. Richard Branson, Pablo Picasso y Ralph Waldo Emerson, respectivamente, con toda seguridad sabían perfectamente de que hablaban.
Aprender implica actuar y decidir. Nadie aprende por “ciencia infusa”, ni puede delegar su aprendizaje en otros, debe decidir y actuar conscientemente para hacerlo efectivo. Es un ejercicio de voluntad sin lugar a dudas, ya que “El aprendizaje no es un deporte de espectadores” nos dice Blocher. La mayoría de las veces cuando no logramos aprender, a la velocidad y nivel donde nuestro ego se siente cómodo y feliz, buscamos excusas, edad, tiempo, costumbres y un largo etcétera, ya saben, “quien quiere algo de verdad busca razones, quien realmente no lo desea busca excusas”. Sin duda muchos, y muchas, conocen mi muy politicamente incorrecta frase favorita sobre las excusas, “son como el culo, todos tenemos uno, y, en ambos casos, a todos nos huele mal”. Ni que decir tiene que Benjamin Franklin lo supo expresar mejor que este malhablado que les escribe, y por ende maleducado juntaletras pseudotáctico, “Ser ignorante no es tanta vergüenza como no tener la voluntad de aprender”.
En fin, según Confucio “No puedes abrir un libro sin aprender algo”, algo con lo que estoy total y completamente de acuerdo, sea el libro que sea, el tema que sea, el autor que lo escriba, algo nos enseñará, aunque tan solo sea como no queremos escribir, como no queremos pensar ni actuar, que otras ideas circulan ajenas a las nuestras, etc. Por cierto, sobre el asunto de pensar y aprender también nos advirtió Confucio, “El que aprende pero no piensa está perdido. El que piensa pero no aprende está en gran peligro”.
Poniendo los pies de nuevo en el terreno firme y sólido de lo práctico e inmediato me viene a la mente un comentario de Maya Angelou, “El coraje es la más importante de las virtudes porque sin coraje no se pueden practicar otras virtudes consistentemente”. Sin duda, en el egocéntrico mundo actual, aprender de verdad, requiere realmente mucho coraje y virtud.


Como ya comenté en algún que otro artículo anterior, muchos textos técnicos son realmente eso, textos técnicos para personal técnico. La mayoría de las veces por ser dirigidos a personal muy especializado con unas necesidades profesionales muy concretas. Pero también existen otros trabajos no tan especializados que siendo dirigidos a personal menos técnico, y con necesidades más de “andar por casa”, se vuelven quizás enrevesados y engorrosos para muchos profesionales. En estos casos muchas veces es mejor buscar un ideal término medio.
Como comunicadores, instructores y profesores se debe intentar hacer más accesible los temas, por muy específicos que sean, a modo de un primer paso que genere el interés suficiente para introducir, al oyente y alumno, en trabajos más especializados de grandes profesionales. Veamos si lo logro.
Antes de entrar en como reacciona nuestro organismo ante el estrés y la ansiedad, respecto a la Biología y la Fisiología, analicemos un poco la acción de nuestra mente actuando sobre el organismo, pensamientos y emociones versus cuerpo físico de animal mamífero, primate sin pelo para ser más descriptivo.

Mente y cuerpo, ¿polos opuestos?
Ansiedad y estrés son muchas veces consideradas sinónimas, sin duda su interrelación es muy íntima y profunda, así como  sus efectos muy similares a nivel corporal, pero no siempre son lo mismo ni surgen por la misma  vía o razón.
Ante una entrevista para un empleo muy necesario, una reunión con un, o una, “ex” con el que no terminamos del todo bien, un trabajo para el que no estamos seguros de estar capacitados, un policía o militar que entra en una zona que sabe no es segura y no seguramente no será bien recibido, etc., es muy común sentir ansiedad y que esta acabe desembocando en un cuadro de estrés.
Ante un ataque por sorpresa, una agresión, un “susto” en lenguaje coloquial, directamente sentimos ese estrés, sin pasar por la fase de ansiedad, que normalmente aparece posteriormente.
Obviamente estoy siendo muy “general”, resumiendo quizás demasiado para el criterio de un profesional de la Psicología, por lo que me adelanto a pedir disculpas sobre ello.
En un sencillo y asequible “andar por casa” la ansiedad se apoya en cuatro puntos, a saber:
-       Lo que pensamos, anticipadamente.
-       Lo que estos pensamientos afectan a nuestras emociones.
-       Lo que estas emociones afectan a nuestro organismo.
-       Y como se comporta nuestro cuerpo y mente a consecuencia de ello, nuestro proceder o respuesta.


Como podemos observar estos cuatro pasos parten de un punto inicial, pensar, y estos pensamientos anticipan situaciones negativas.
El cerebro recibe muchísima más información de la que podríamos procesar conscientemente, eso quedó claro en trabajos anteriores. Y si bien este proceso es una gran ayuda a la supervivencia en general, muchas veces nos genera otros problemas, como la ansiedad. Si la comparamos con un iceberg, esta sería tan solo lo ínfimo que asoma a la superficie.
En ocasiones mucha información es demasiada información, lo que nos lleva a alcanzar conclusiones, y acciones, erróneas y negativas. Normalmente es el sistema consciente el que se equivoca, el subconsciente solo analiza y llega a conclusiones frías y concretas, como ya vimos en un artículo precedente, es nuestro consciente el que no interpreta correctamente la información que nos hace llegar el subconsciente. También vimos, en aquel mismo artículo previo, los problemas y trabas que nuestra cultura y educación pone a esa información, así como a su interpretación.
La ansiedad surge del pensamiento, ¿recuerdan cuantas veces les han dicho, “es solo un pensamiento, no puede dañarte”?, y desde esa ansiedad podemos llegar a un cuadro de estrés. Pero el estrés por una agresión directa y sorpresiva no pasa por el primer punto de ansiedad, el pensamiento consciente ya no actúa, entrando en liza directamente las emociones. Ante un ataque el orden sería:
-       Al ser atacado aparecen determinadas emociones, normalmente sorpresa e incredulidad.
-       Estas emociones actúan sobre nuestro organismo generando reacciones químicas, hormonales y nerviosas.
-       En base a esas reacciones orgánicas, junto con los instintos innatos y adquiridos, así actuamos y respondemos físicamente.

Ya podemos afirmar, llegados a este punto, que ansiedad y estrés no son lo mismo, aunque si suelen ir de la mano y apoyándose íntimamente.
Respecto a los factores pensamiento y emociones poco puedo decir que no hayan leído, oído, aconsejado y pensado infinidad de veces. Generar autoconfianza, autoevaluación, capacidades, escucharse a uno mismo, observar y ver, etc. en definitiva, mejorar y ampliar nuestra capacidad de captar y procesar información interna y externa. “Saber es poder” dice el saber popular, y no puede ser más cierto en este, intimamente personal, caso que nos ocupa.
Respecto a lo que la Biología hace con nuestro organismo, respecto a la Fisiología, veámoslo desde una ventana muy amplia y general, una ventana apta para todo tipo de lectores, no solo para operadores armados de las unidades de élite o psicólogos especializados.

Bioquímica versus cuerpo.
Los pensamientos actuan sobre las emociones, y estas sobre el organismo y sus respuestas.
Hagamos una pequeña hoja de ruta ante un cuadro de ansiedad.
-       Los pensamientos nacen de la corteza, o córtex, cerebral, la misma que genera la conciencia del entorno y de uno mismo, desde donde se dirige hacia el cerebro medio donde se encuentra el sistema límbico, el dulce hogar, a veces, de las emociones.
-       Este sistema límbico tras generar las emociones correspondientes a los hechos pensados, envía mensajes a las glándulas suprarrenales, situadas sobre los riñones, para que liberen un conjunto de sustancias químicas en el torrente sanguíneo, cuyo objetivo es acelerar las funciones de muchos de nuestros órganos, preparándolos y activándolos.
-       Estas sustancias, además de lo comentado, al anegar el organismo activa también la glándula pituitaria en el cerebro, situada bajo el órgano rector de las funciones básicas de supervivencia como especie y como ser vivo, el hipotálamo. Esta glándula libera a su vez más sustancias que obligan a las glándulas suprarrenales a generar más compuestos químicos. Compuestos que sin ser su función biológica fundamental acaban provocando lo que llamamos de forma genérica síndrome de estrés.

Eso es, muy a grosso modo, lo que ocurre ante la ansiedad. Con un cuadro de estrés sorpresivo tan solo debemos quitar el primer factor, los pensamientos ya no actúan como generadores, lo son las emociones, aunque estas durante una muy pequeña y ínfima fracción de tiempo. Es el hipotálamo el que, como verdadero ángel guardián de la especie, toma finalmente las riendas ordenando a la glándula pituitaria, asociada al hipotálamo, segregar todo su cóctel de ordenes químicas de forma inmediata, siendo este coctel el que a su vez alerta a las glándulas suprarrenales a actuar.
Muchos se preguntarán porque hablo de ansiedad, en un enfrentamiento armado no hay ansiedad, existe estrés puro y duro. Y es cierto, pero la ansiedad nos puede ayudar mucho para entrenar al organismo y mente para una acción de supervivencia estresante y extrema como es un enfrentamiento armado. ¿Cómo? Analicémoslo.
El resultado del cóctel a nivel químico, hormonal y biológico es prácticamente el mismo, pero no igual me dirán casi todos, en el interior del organismo afectado por ansiedad y por estrés. Y esto es algo muy a tener en cuenta a la hora de diseñar programas, planes y ejercicios de adiestramiento operativo realista con vistas a su aplicación en el “mundo real”. Generando ansiedad en los entrenamientos podemos simular en gran medida las situaciones de estrés real ante una confrontación armada. Curioso, ¿No creen? Pero no por ello menos real y aplicable si lo estudiamos y conocemos en profundidad.
Ante una agresión o acción armada el cuerpo libera sustancias químicas para ser más fuerte, más rápido y más capaz de admitir pequeños, y no tan pequeños, daños. Con la ansiedad liberamos prácticamente las mismas sustancias. Usen ese dato en sus entrenamientos.

Cóctel químico para actuar.
Todo aquel que haya pasado por uno o más sobresaltos en su vida sabe reconocer determinadas señales y sensaciones. Debo dejar claro que no hablo solo acciones armadas, un simple “suceso” durante nuestra conducción diaria en vehículo, camino del trabajo por ejemplo, es suficientemente descrictiva. Veamos si estoy en lo correcto.
-       “El estomago me ardía, y ese ardor me subía hasta la garganta”. Las sustancias comentamos no se llevan muy bien con el ácido de estómago. Este genera de forma natural ácido clorhídrico para poder descomponer los alimentos. El problema surge cuando esas sustancias “estresantes” le dan el mensaje para que libere más ácido. Y ahí surje el conocido ardor de estómago que nos quita el apetito durante la ansiedad, o tras una situación de estrés vital no nos deja comer, con el estómago “encogido” y/o ardiente.
-       “No podía moverme, los músculos no me respondían, ni siquiera podía hablar”. Que los músculos se contraigan, perdamos coordinación y tacto es una particularidad de todos conocida, así como el hecho de sufrir temblores y estremecimientos sin control. Como veremos en el apartado siguiente sobre la respuesta del cerebro, las órdenes a través de las neuronas, de los nervios, son confusas y fragmentarias, siendo una de los efectos más visibles esto, temblores, estremecimientos, tics, etc.
-       “Notaba mis manos como con hormigueo, sin tacto, y vi en el reflejo que estaba extremadamente pálido”. Los capilares se contraen y la sangre abandona parcialmente las zonas periféricas, concentrándose en los órganos vitales y músculos más grandes y potentes. Esto nos permite responder, resistir, pensar, luchar o huir con mayor garantía de éxito. Así mismo se reduce el riesgo de desangrarnos ante daños y cortes leves, para con todo ello lograr resistir más durante dichas acciones de supervivencia.
-       “Sentia una presión en el pecho, apenas podía respirar, me costaba mucho meter aire en los pulmones”. Los pulmones se contraen, dificultando la respiración que se vuelve irregular y jadeante. Lo veremos con más detalle en el próximo apartado de este trabajo.
-       “Las manos me sudaban tanto que apenas podía agarrar y mucho menos empuñar, el sudor se me metía en los ojos, notaba mis axilas pegajosas y chorreando, notaba el olor de mi sudor nauseabundo”. Las glándulas sudoríparas son activadas con la primera descarga de sustancias químicas, buscando mantener una temperatura corporal normal a pesar del aumento de presión sanguínea. Presión sanguínea que depende de esa misma sangre que por otro lado se retira de estas zonas específicas en la periferia del cuerpo, como vimos en un punto anterior, con lo cual una refrigeración correcta resulta prácticamente imposible. El olor nauseabundo puede ser consecuencia de un efecto, apenas estudiado ciertamente, de generar feromonas olorosas desagradables que nos hagan poco apetitosos a los depredadores ancestrales.
-       “Notaba la boca seca, apenas podía tragar, tenía la garganta también seca y como hinchada”. Las funciones orgánicas normales no son necesarias ante una lucha, el organismo busca por todos los medios reducir gastos superfluos de energía y acumular medios para reparar posibles daños. La hidratación es fundamental para poder actuar durante un tiempo, y por ello reduce la producción de saliva innecesaria para sobrevivir en una lucha, salvo que consideremos que escupir puede ser una forma de combate es un efecto fisiológico positivo.

¿Les suena conocido todo lo anterior? Seguro que si, y no solo a miembros de una unidad de fuerzas especiales, si no, como ya dije, a un ciudadano tranquilo y sin riesgos, ante un sobresalto en el tráfico, una llamada diciendo que nuestro hijo o pareja ha tenido un accidente, una entrevista importante, una aparición de ese ex que no queremos ver más, un instructor que nos pone ante un ejercicio muy difícil frente a todos nuestros compañeros, y miles de etcéteras más. Sí, sin duda seguro lque es suena conocido a todos. Recuerden todas esas experiencias y sensaciones cuando entrenen sus capacidades y habilidades para trabajar en situaciones de alto riesgo.

El cerebro, un órgano más.
Pues sí, un órgano más, sin duda el generador de las ordenes y reacciones específicamente, pero que también sufre sus propias acciones biológicas y químicas, y de una forma muy acusada además.
-       “No podía pensar con claridad, sabía que tenía que hacer algo pero no recordaba que, no reconocía que estaba pasando”. Esas sustancias afectan, llegando a impedir y obstruir, a la transmisión nerviosa normal. Pensar es una acto electro-químico de nuestras neuronas, el cerebro está formado por esas neuronas, por tanto si la transmisión entre neuronas está afectada, obstruida o reducida, el pensamiento cuando menos es incompleto e ineficaz.
-       “Después que pasó todo no recordaba apenas nada”. No pensar con claridad por esa transmisión nerviosa irregular afecta a como recibimos los datos, despues de todo recordar es ni más ni menos que recuperar datos. No se puede recuperar lo que no se ha recibido o se ha recibido de forma fragmentaria e inconexa. Ahí nuestro subconsciente nos puede ayudar con las terapias y técnicas adecuadas, pero cuidado con otro factor importante, los recuerdos falsos, inventados o añadidos por ser “coherentes”. La coherencia a posteriori puede ser inducida externa o internamente, por comentarios, lecturas, pensamientos, etc. Ser conscientes de que el cerebro no puede recibir información de la forma correcta puede ayudarnos a reconstruir ese recuerdo sin añadir “coherencias”, positivas o negativas pero, normalmente, incorrectas e irreales.
-       “No recordaba nada, tan solo que mi cabeza se quedó en blanco”. Pensar y recordar son simple y llanamente procesos electro-químicos, como ya comenté. Las células nerviosas, neuronas, liberan sustancias químicas para comunicarse entre ellas, neurotransmisores. El problema surge cuando las sustancias químicas de la ansiedad y el estrés chocan y obstaculizan a estos neurotransmisores, provocando que memoria y pensamiento se vean alterados. Esta alteración resulta mayor o menor dependiendo de la gravedad  de la situación vivida, así como la concienciación y experiencias previas. Piensen en un accidente, de tráfico o similar, que hayan vivido, ¿recuerdan como llegaron al hospital tras recibir la llamada de que su hijo estaba en el hospital? No es necesario ser un SWAT para sufrir estos efectos.
-       “No podía pensar ni respirar, solo oía que me decían respira despacio y profundo”. Todo el mundo ha vivido situaciones propias o ajenas altamente estresantes en las que alguien  dice, “tranquilo, tú solo respira profundo”. El cual uno de los mejores consejos del mundo para estas situaciones. Los maestros zen, sin ir más lejos, basan todo su trabajo físico en este punto, repirar, simplemente concentrarse en respirar. Ya hemos visto que los pulmones se contraen ante una situación de ansiedad y estrés, con lo cual no podemos tomar suficiente oxígeno, y la cuestión, damas y caballeros, es que el oxígeno es fundamental para las funciones de pensar y recordar. Un déficit en la cantidad recibida provoca una deficiencia en el funcionamiento correcto del cerebro. Por otro lado el cerebro necesita el 20% del total respirado, lo cual, si lo comparamos con su volumen respecto al resto del cuerpo, es mucho oxígeno para el solo. Pot otro lado, mientras otros órganos pueden ralentizar sus funciones para consumir menos oxígeno, los músculos usan otros “combustibles” anaeróbicos, sin necesidad de oxigeno, el cerebro no puede hacer ni una ni otra cosa. Si no recibe su 20% de oxigeno sus capacidades se van reduciendo hasta simplemente “apagarse” o “desconectar”.

Como podemos darnos cuenta en este trabajo, y algunos anteriores, no somos animales tan racionales y pensantes como creíamos, muy al contrario somos sumamente dependientes de nuestra biología y bioquímica para responder a los estímulos externos e internos de la vida. Eso no quiere decir que nos escudemos en ello para dejarnos llevar. La concienciación, el entrenamiento bien dirigido, la comprensión de los hechos pasados y/o posibles sucesos futuros, usar la innata capacidad de aprendizaje del animal humano, emplear el mayor atributo del intelecto humano, la curiosidad, investigar, en definitivas cuentas, pensar, nos dará miles de posibilidades. Infinitas posibilidades más que si simplemente nos dejamos llevar por las olas de un coctel químico, por más biológico y natural que sea. Es obligado aprender a llevar el timón en esas olas, nunca permitirles que nos estrellen contra los arrecifes de una reacción incorrecta e improcedente.
Recuerden las tres “E” más importantes, Educar, Estudiar, Entrenar. Y no hay mucho  más, damas y caballeros.

¿Podemos ejercitarnos?
He intentado mostrar como nuestro cerebro y organismo reaccionan ante situaciones estresantes o de simple ansiedad. Igualmente intenté plasmar porque actuamos de una determinada forma. Buscando con todo ello alcanzar las herramientas necesarias para aprender a sacar el mejor partido y ventaja.
 También he indicado ejercicios y capacidades que es posible fomentar para allanar la labor a un cerebro consciente y subconsciente, a un organismo ansioso y/o estresado.
Les propongo, de nuevo, dos ejercicios específicos, los mismos que ya describí en algunos trabajos anteriores. Son ejercicios solo para Ud´s., para su propia autoevaluación e autoinstrucción. Pueden comentarlos en la web si gustan, en una conversación entre compañeros o amigos, escribir su propio artículo, rebatirlo, aceptarlo, olvidarlo, o simplemente ver hasta dónde llegan junto a que conclusiones sacan de todo ello.
Hagan lo que hagan, si han llegado hasta aquí significa que tienen un interés genuino, lo cual ya es mucho.
El primer ejercicio es que busquen en su vida cotidiana, familiar, social y profesional sucesos que ejemplaricen lo comentado. Sucesos del tipo frenazo en un cruce, semáforo en rojo intempestivo, una desgracia familiar, una acción profesional, una entrevista, una fiesta o reunión incomoda, etc. Busquen e intenten sacar conclusiones, datos, lecciones, más ejemplos. Se darán cuenta que esos puntos, entre otros, están tanto en su vida cotidiana como en esos sucesos más de acción y violencia, los hayan tenido o no.
¿Conocen el último libro de Don Ernesto Pérez Vera y Don Fernando Pérez Pacho? “En la línea de fuego. La realidad de los enfrentamientos armados”. Si me leen a mí con más razón lo harán con. Bien, el ejercicio es el mismo que ya les planteé en varios trabajos previos. Capítulo a capítulo, caso a caso, busquen e identifiquen cada uno de los puntos aquí comentados, individual y en conjunto. Analícenlos desde lo relatado, desde los hechos, sin críticas negativas y sí como lecciones para analizar, repasen las explicaciones, datos y magníficos comentarios de ambos autores, para con todo ello sacar sus conclusiones personales.
Como ya les dije, asumiendo el riesgo de ser repetitivo, con estos ejercicios y lecturas seguirán sin ser los mejores profesionales, o quizás sí lo logren. No será por el hecho de realizarlos que logren ser los mejores, será nuevamente su interés y deseos de mejorar, aprender y avanzar en la dura vocación de proteger y servir, lo que les hará de verdad marcar la diferencia.
Acabaré parafraseando, que no plagiando, un viejo anuncio de mi juventud, busque, lea, compare, analice y decida, pero sobre todo, piense.
Cuídense y cuiden de los suyos.


Colombia, Febrero 2017.

6 comentarios:

  1. Excelente artículo, una vez más. Quisiera añadirle, aunque estoy seguro que no lo desconoce y, simplemente, no lo ha referido aquí, que uno de las desventajas de sufrir un caso de ansiedad (no clínica), por parte de un profesional de los cuerpos de seguridad, es que nuestro cerebro toma por estímulos negativos ante los que tiene que dar una respuesta, estímulos de carácter neutro. Esto es, por un sesgo de negatividad, por un impulso mal medido de protegerse por adelantado de un peligro que no existe, uno puede tomar actos neutros (un movimiento de la mano del sospechoso), como un acto de agresión y responder apresuradamente a él, no en vano, en más de una ocasión un policía disparó a una persona creyendo que llevaba un arma y luego nada... Creo que debemos tener en cuenta estas pautas.
    Por otro lado, ya al fnal de su artículo, parece que haya perdido parte del mensaje escrito porque el texto se entrecorta y se ha perdido información.
    Sin otro particular, me despido de usted con un saludo.

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    1. Gracias por su tiempo y sus acertados incisos para enriquecer el texto.

      Como muy bien dice, la alteración cognitiva nos hace reinterpretar, de forma incorrecta en muchos casos, muchos gestos y acciones.

      Respecto a lo perdido, de nuevo gracias, ya ha sido corregido.

      Un saludo también agradeciendo de nuevo su tiempo.

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  2. Enorme Cecilio, gran artículo, como siempre.
    Ahora mismo estoy con la lectura del libro de Don Ernesto y Don Fernando prestado por un compañero, buen libro hasta donde llevo leído (capítulo 6), serio y riguroso.

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    1. Gracias por su tiempo.

      Sin duda su lectura le permitirá ver muchas cosas que usualmente consideramos "normales", sin saber si es cierto o que concepto de normalidad tienen.

      Un saludo y cuídese.

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  3. Gran artículo, me he visto descrito tanto en las reacciones fisicas como psíquicas, ademas muy bien explicadas. En lo del olor del sudor es increíble cuando ''sudas'' la adrenalina.
    Una pregunta: Hay tanta mermacion de las habilidades motoras finas como para no poder dar a la retenida de la corredera? Pero tampoco podria dar al reten del cargador no?.

    Gracias

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    1. Gracias por su tiempo.

      Respecto a su pregunta no es tanto por el tamaño o psicomotricidad fina, si no por el tipo de presión ejercida.
      Una es vertical respecto al arma, la retenida de la corredera,y con un arrastre parcial del dedo sobre la corredera. Mientras la otra, presión del retén del cargador, es totalmente transversal con presión directa.

      En ambos casos entrenando bien y de forma repetida es facilmente controlable. Pero exige una gran cantidad de repeticiones en seco de forma diaria, para mantenerlo y crearlo.

      Gracias de nuevo. Cuidese.

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