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jueves, 9 de marzo de 2017

Cubierta y abrigo. ¿Son importantes?

Cubierta y abrigo. ¿Son importantes?

Por Cecilio Andrade

El humor relativamente negro de Sir Terry Pratchett respecto a sus ancestros bien puede definirse con una frase que se le atribuye, “Las últimas palabras de muchos señores antiguos han sido: No puedes matarme porque llevo una armadura máaaargh”. Algo mismo se puede aplicar a muchos instructores y operadores que apenas utilizan el entorno para protegerse.
El saber popular tienen miles de frases categóricas sobre todo lo aplicable para la vida, y la de protegerse no lo es menos, “Barco sin cubierta, sepultura abierta.” “Escarcha sin cubierta, sepultura cierta.” Esas dos pueden ser las más aplicables para el trabajo de hoy, claro que rebuscando un poco pude encontrar dos más que no tienen pérdida, aunqe no sean tan acordes con el trabajo que nos ocupa, “A barba muerta, obligación cubierta.” “Más vale guerra abierta, que paz fingida y cubierta.” Sin duda me gustaron, pegan con el mundo actual. ¿No creen?
Cubierta y abrigo es una forma de armadura que no portamos, pero que debemos guardar y saber utilizar perfectamente. Lo cual me trae a la mente aquella conversación de la película “La última Legión”:
“- ¿Guardas tu armadura después de tantos años?
- Diez años como campesino te dan algo por lo que luchar. Diez años como legionario, te preparan para este día.
- Bien dicho.”
En fin, permítanme otra de mis ya habituales digresiones cuasi seniles. Seguro recuerdan a Keyr O´Donnell en el papel de Jeff Kyle, padre de Chris Kyle en la película biográfica “El francotirador”, cuando dijo aquello de: “Hay tres tipos de personas en este mundo. Ovejas, lobos y perros pastores. Algunas personas prefieren creer... Que el mal no existe en el mundo. Si la oscuridad llega a sus puertas, no saben cómo protegerse a sí mismas. Esas son las ovejas. Y entonces están los malvados, usan su violencia para maltratar al débil, son los lobos. Y entonces están esos, benditos con el don de la agresión y la necesidad de proteger a los débiles. Estos hombres son el tercer tipo, viven para confrontar al lobo. Esos son los perros pastores. Y no criamos ninguna oveja en esta familia. Y les azotaré el trasero si se vuelven lobos.”
Es un texto en el que sin dudar lo más mínimo creo desde que se lo leí a su autor real, el Tcol. Dave Grossman. Pero me gusta añadir cierto matiz, un cuarto tipo de persona, el del perro-lobo cazador de lobos. Y Denzel Washington sin duda se refería a ello cuando en “Training day” dijo: “Para proteger a las ovejas hay que cazar al lobo y solo otro lobo puede hacerlo.” Claro que en la misma película que dio pie a esta digresión, Bradley Cooper en su papel de Chris Kyle, lo expuso también de otra forma más patriótica, “Me inscribí para proteger a este país. Yo no elejí las guerras.”
Quizás mi falta total de creencias religiosas, aunque si las tengo espirituales, me hace finalmente recordar cierto diálogo de la película “El reino de los cielos”, “Yo no creo en la fe. En nombre de ella, he visto a miles de fanáticos de todas las confesiones cometer atrocidades. La santidad está en los buenos actos, en el valor de proteger a aquellos que no pueden defenderse. Es lo que decidáis hacer cada día lo que os hará un buen hombre o no”
Ya ven, de cubiertas y abrigos paso a la filosofía políticamante incorrecta. Será cosa de la edad. Sin duda.


Antes de alguna otra cosa permítanme dos respetuosas clarificaciones para matizar conceptos. Clarificaciones dirigidas a mis lectores asíduos de todos estos países separados por un idioma común, el castellano. Ese que a veces nos permite unas risas merced de las anécdotas que generamos al interpretar palabras según la geografía de origen de oyentes y parlantes. Seguro que me comprenden.
-       El abrigo detiene el fuego enemigo.
-       La cubierta solo impide la visión del enemigo.
-       Una cubierta NO es un abrigo.

Se que en cada país se emplean palabras ligeramente distintas para definir los mismos conceptos. En mi caso crecí, militarmente hablando, con estas dos, por lo que espero sepan disculparme si no soy capaz de apearme de las mismas en este texto.
A modo de broma pedante, que suelo utilizar para clarificar estos conceptos, explico que la cubierta me esconde solo de la visión del enemigo, y el abrigo del fuego y de la visión, salvo que estemos protegidos tras un buen vidrio blindado, ya que entonces me protege del fuego aunque me siguan observando.
Lo sé, lo sé, lo sé, mejor sigo pegando tiros, contar chistes y chascarrillos no me dará de comer.

Conceptos base.
Casi sin excepción los conceptos que desarrollaré son más que conocidos por todos, aunque pocas veces pensemos en ellos y, muy normalmente, a veces los obviemos en nuestro trabajo y entrenamiento cotidiano.
Piensen en todos esos videos super cool que podemos visualizar en Youtube, donde el intrépido héroe de turno jamás se cubre, ni hace el más mínimo gesto de parapetarse, aguantando impertérrito, lo que significa literalmente “persona que no se altera, perturba o muestra emoción alguna ante una impresión o estímulo externo que normalmente producen turbación, desencadenan una emoción o inducen a determinada acción”, mientras hace frente a pie firme el brutal y deliverado ataque de las crueles y altamente entrenadas… siluetas de cartón del campo de tiro. Si, lo sé, he sido exageradamente sarcástico e irónico, hasta hipócrita si quieren, teniendo en cuenta que yo mismo realizo y enseño muchos ejercicios de ese tipo “heroico cool megafashion”.
Cubrirse es la táctica más importante a dominar en un enfrentamiento, todo lo demás se supedita a este punto. Con lo cual nuestra mente debe estar siempre analizando el entorno en busca de lugares y zonas que nos permitan protegernos.
Dicho lo cual me lleva a otro punto controvertido, debemos aprender a retirarnos si es necesario para encontrar el abrigo necesario.
Clarificado lo sarcástico, irónico e hipócrita que soy, pasemos a cuestiones concretas.

Pegado versus separado.
Lo primero que debemos saber sobre un abrigo es que, dependiendo de la situación y entorno, nos protegerá de la misma forma ya estemos pegados literalmente a el como a cierta distancia.
Las circunstancias y entorno marcaran la forma de emplear los obstáculos disponibles. Como regla general cuanto más “adheridos” y cerca estemos de los mismos dispondremos de menor ángulo de tiro, así como un más reducido control visual del entorno. El alejarnos unos 50 cm, por ejemplo, no reducirá la eficacia de protección física del obstáculo, pero nos puede dar un control visual de la zona mucho más amplio.
Por otro lado, muchos obstáculos pueden detener los proyectiles y a la vez lanzar esquirlas, proyectiles secundarios, a consecuencia de esos impactos que no nos alcanzan directamente. El separarnos una distancia mínima reduce sustancialmente dicho efecto.
Existe la posibilidad de disparos dirigidos, ya sea de forma accidental como buscándolos ex profeso, en ángulo oblicuo contra el obstáculo. Esta técnica es conocida como “disparos con rebote”, algo utilizable tanto como táctica propia como por los adversarios, por lo que debemos considerarla y tener muy en cuenta.
Si el ángulo de fuego es menor de 45º, una bala chocará en la superficie y continuará volando a no más de 12 cm. de la superficie. Las esquirlas y restos consecuentes se reducen drásticamente si nos separamos algo más de esos pocos centímetros. Esto es mucho más observable y común mientras progresamos por pasillos o calles pegados a las paredes en busca de una protección a veces ficticia.
Por otro lado hay que tener mucho cuidado cuando nos movemos e introducimos el arma por una esquina antes que el resto del cuerpo. ¿Sabemos si hay alguien allí que nos pueda arrebatar el arma? Arma que posteriormente con toda seguridad se dirigirá hacia nosotros por su lado más letal.
¿Hasta que distancia nos debemos separar? Entorno, situación, habilidades, capacidad personal, número y dispersión de los adversarios así como de nuestro personal y compañeros, dirección del avance o de la agresión, etc. son algunos de los aspectos a considerar a la hora de separarnos más o menos del refugio que nos ofrece un parapeto.
Personalmente he podido comprobar que la mayoría de las veces es más una cuestión de seguridad psicológica que física, ya que sentimos que estamos demasiado expuestos al separarnos lo más mínimo de ese parapeto que nos “protege y ampara”. Normalmente es una falta personal de control situacional, unido a una inseguridad en las propias capacidades, lo que nos hace escondernos tras el parapeto.
Entrenamiento, enfrentando acciones dinámicas durante el mismo, es la respuesta para saber como y donde situarnos tras un parapeto. Sobre todo, dicho entrenamiento nos dará el conocimiento base para darnos cuenta que por muy bueno que sea el abrigo que utilicemos, por más buenas que sean nuestras tácticas y procedimientos, ese abrigo no es permanente, tan solo es lo que nos dará unos segundos de seguridad para poder analizar y buscar la forma de pasar a otro, y a otro, y a otro, hasta que logremos neutralizar o eludir la acción adversaria.
Que la acción sea ofensiva o defensiva, por nuestra parte o de los adversarios, es lo de menos, el abrigo tan solo nos dará ese respiro y ese tiempo preciso para poder analizar y actuar con eficacia, coordinación y precisión.

Detalles, mil detalles.
Lo que es importante de un abrigo es cuán rápidamente nos protegemos tras el mismo.  Debemos conseguir un abrigo entre nosotros y la amenaza lo más pronto posible, pero teniendo en cuenta que no siempre la aproximación de “irse derecho” puede ser la más segura.
Cuando nos enfrentemos, ya sea uno o varios adversarios, si es factible debemos disparar desde el lateral del abrigo, no desde la parte superior del mismo. Claro que existen algunos casos, como cuando enfrentemos a múltiples adversarios, en los cuales quizá necesitemos disparar desde la parte superior del abrigo, debido a la mejor vista general que nos ofrece.
Los parapetos de cualquier tipo, ya sean cubierta o abrigo, magnifican el efecto túnel, con lo cual es obligado vigilar los flancos, y hacia atrás, para ver si hay actividades adversarias, así como de compañeros y posibles apoyos.
Si el abrigo es un poste de luz o de teléfono, algunos instructores contemplan colocar los brazos alrededor del mismo para reducir su exposición al fuego por los flancos.  Personalmente lo consideraría como una posibilidad a analizar con mucha precaución. La pérdida de velocidad de reacción, sobre todo para cambiar la dirección de tiro ante blancos múltiples y/o móviles, es algo sumamente arriesgado de asumir desde dicha posición, eminentemente estática. Por otro lado la exposición de los brazos los hace objetivos rentables y asumibles, una vez heridos en los brazos las posibilidades de lucha eficaz se reducen drásticamente.
Si disparamos desde el lado contrario a nuestra mano de empuñamiento, la mano derecha y el lado izquierdo del parapeto habitualmente, podemos inclinar el arma unos 45º para reducir la exposición de la cabeza. Esto es aplicable tanto en arma larga como en una corta, aunque en esta última no siempre es tan necesario si poseemos una buena técnica de cambio puntual del ojo director. Si a lo anterior añadimos un leve giro de la cabeza para que se consiga apuntar sobre la nariz, reduciremos el área expuesta de la cabeza de manera bastante eficaz.
La colocación del pie adelantado es importante cuando se dispara desde un lateral del abrigo. Dicho pie, el del mismo lado desde el que disparemos, puede estar tocando la barricada lo cual nos dará un indicador físico de distancias y ángulos. Si no estamos en contacto con el abrigo, lo más deseable, ese mismo pie debe estar dirigido hacia el parapeto en paralelo a la línea de tiro de nuestra arma.
 Los nudillos de la mano de apoyo “mirarán” hacia el abrigo. Tanto si están en contacto contra el mismo o no, ese gesto nos ayudará a llevar el arma lo más cerca posible del borde, minimizando nuestra exposición. Tambien ayudará en los casos donde inclinemos longitudinalmente el arma, facilitando el control y estabilidad de la misma.

En el mundo real.
A modo de ejemplo, y como referencia de contraste con lo cotidiano del mundo real, veamos una serie de abrigos y cubiertas que podemos encontrar en un día cualquiera.
Los buzones más modernos de la mayor parte del globo no detendrán la mayoría de balas de pistola, a menos que ese día el servicio de correos haya recibido el envío de la Enciclopedia Británica por tomos o, más probable, guias telefónicas. Esta, quizás aparente tontería, la tiene muy en cuenta el Servicio Postal de EE.UU. ya que no recomienda el uso de sus buzones como abrigos. Los buzones antiguos de mi país de origen, España, los del tipo champiñón, curiosamente pueden soportar incluso calibres de fusil según distancia y/o ángulo de incidencia.
Por lo general, a nivel global, su tamaño relativamente pequeño ofrece poco abrigo en los flancos; sin embargo, a distancias extremas un individuo armado debe moverse muy significativamente a un lado para lograr ventaja en ese flanco. Si se lo permitimos, obviamente.
Las cocinas y refrigeradores modernos, con tanto material plástico y aleaciones de aluminio en sus estructuras, ofrecen una protección mínima frente a la mayoría de calibres.
Algunas tiendas tienen sistemas refrigeradores de tipo industrial que pueden ofrecer un verdadero abrigo debido a su construcción y ubicación, por lo general en la parte posterior de la tienda, en un área sólo para empleados.  Por otro lado los frigoríficos expositor, de helados o refrescos, ofrecen un abrigo ínfimo.
Las viejas y entrañables estufas/cocinas de leña de nuestras abuelas, fabricadas en sólido y duradero metal, pueden ser un buen abrigo.
Las puertas de los vehículos, en especial de los vehículos más modernos, no proporcionan protección contra casi ningún tipo de proyectiles modernos, incluso los más livianos, olviden a Hollywood.
¿Ventanas abajo o arriba? El momento lo dirá, no nuestra perfecta lógica y razonamiento. Recibir disparos con la ventana bajada puede ofrecer otra capa de resistencia a la puerta del vehículo. La ventana bajada también evitará que nos explosionen los vidrios en la cara.  Evaluen su situación y entorno para decidir como “viajar” por una zona de riesgo.
El bloque del motor y los neumáticos, debido al metal fuerte de la base de las ruedas junto a los ejes y transmisión, de un vehículo son sus mejores áreas a utilizar como abrigo.
Es recomendable inspeccionar visualmente el motor de nuestro vehículo para determinar su distribución, lo que no permitirá establecer exactamente dónde está localizado el mejor abrigo respecto al bloque del motor. Muchos vehículos tienen distintas partes ubicadas en lugares diferentes, así como también diferentes espacios vacíos que pueden variar sustancialmente de un vehículo a otro.
Es factible utilizar fuego dirigido oblicuamente, disparado por debajo del vehículo, pero atentos ¡los adversarios también pueden hacerlo!
Como regla general debemos sacar el vehículo fuera de la zona de muerte y/o hacia un mejor abrigo. Para ello un procedimiento es agacharse bajo el tablero de instrumentos y conducirlo así, obviamente si ello es posible. El vehículo puede moverse mucho más rápido que nosotros y, recuerden, siempre es más difícil dar a un blanco móvil.
Algo muy importante a tener en cuenta es que el vehículo puede ser un abrigo móvil, tanto desde el interior como desde el exterior. Los atacados que están a pie pueden usar el vehículo en movimiento, a modo de escudo móvil, para que los saque de la línea de fuego.
Sin duda el mejor abrigo es aquel que podemos ponernos y llevar con nosotros. Hay pocas cosas mejores en pleno tiroteo que estar tras un buen abrigo mientras portamos un chaleco y un casco de protección balística. Si tenemos en cuenta que la mayor parte de los órganos necesarios para la supervivencia están en el cráneo y en el torso superior, llevar nuestro abrigo portatil puede cubrir el 48% del área expuesta de nuestro cuerpo.

Repasando algunas cuestiones prácticas.
Buscaremos siempre una posición fuerte, si es posible por supuesto. De no encontrarla, o no existir a nuestro alcance, mientras nos están disparando, lo mejor es moverse lateralmente mientras disparamos de forma agresiva a los adversarios localizados.
Nuestra meta debe ser reducir y dificultar el impacto en las áreas vitales de nuestro cuerpo, pero siempre sin comprometer la capacidad para disparar y movernos eficazmente.
Lanzarse en plancha hacia el primer rincón que mínimamente parezca un abrigo es un movimiento desesperado, como poco. Por más paranoico que nos parezca en esta sociedad bienpensante y políticamante correcta, debemos pensar en localizar eventuales abrigos antes de que empiecen los disparos, sean estos probables o no. Más de una pareja y amigos saben donde nos deben dejar el asiento si no quieren provocarnos una luxación de cervicales irreversible, ¿verdad que sí?
Combinar cubiertas con abrigos es también un excelente movimiento. El atacante no podrá insistir en su ataque si no sabe dónde nos encontramos.
Disparar tras una abrigo implica mantener el arma en una posición lista para ser utilizada con seguridad, eficacia y precisión, brazos extendidos normalmente y usando las miras, por lo que para que esto sea factible asomar, disparar, ocultarse, todo en un instante, es necesario mantenernos a una distancia mínima del parapeto, algo que ya vimos al principio de este trabajo.
Debemos asegurarnos que la boca del arma no sobresalga del abrigo. Permaneciendo lo suficientemente atrás del abrigo como para permitirnos actuar sobre los objetivos desde cualquier dirección, si fuese necesario.
Como ya dijimos no es aconsejable, salvo casos particulares, disparar desde la parte superior de un abrigo. Por otro lado mirar sobre la parte superior del abrigo para dar un rápido y eficaz vistazo al campo no es tampoco una mala idea. Hagámoslo y hagámoslo rápido, pero sabiendo que el ataque a los blancos localizados debe realizarse desde los lados del abrigo, y a distintas alturas cada vez.
Solo expondremos el mínimo de áreas vitales al fuego hostil, y aún así debemos ser capaces de disparar con efectividad. Una buena táctica, o procedimiento, es asomarse desde un lugar diferente cada vez, si ello es posible. Es buena política crear y mantenerles en dudas buscando no ser predecible. De no hacerlo, nuestros oponentes simplemente se darán cuenta del lugar desde donde vamos a disparar, con lo que tan solo necesitarán esperar para alcanzarnos si repetimos demasiadas veces el mismo punto.
Algo que no cambia en ninguna técnica de combate con armas, para disparos precisos al menos, respecto al combate cuerpo a cuerpo hablamos de otra situación, es la obligación de usar las miras, al menos el punto de mira o guión, así como una presión medida y controlada sobre el disparador. El que lo hagamos tras un abrigo o cubierta es lo de menos, no debe modificar la ecuación ni su resultado preciso final.
Pese a lo que comento más arriba, existe esa técnica de varias y repetidas “ojeadas rápidas”, que por lo general es demasiado rápida como para permitir ver algo con un mínimo de efectividad. No debemos desperdiciar esos necesarios vistazos rápidos y repetidos por un lateral del abrigo, el adversario raramente es idiota, acabará por esperar que haga el mismo movimiento una y otra vez, para, como comenté, tener su arma esperando y apuntada hacia ese punto. Todo en equilibrio, poco y eficaz es suficiente, mucho y sin control es demasiado.
Por cierto, un error muy común, atentos al codo del brazo que empuña, con arma larga principalmente, es recomendable no asomarlo mucho, pues podría delatar nuestra ubicación exacta, convirtiéndolo en un objetivo alcanzable. Acostúmbrense a no disparar al viejo estilo de “línea napoleónica”, levantando el codo.
Para abrigos bajos y estrechos una eficaz posición de disparo puede ser apoyados sobre ambas rodillas, inclinando y asomándo a un lado u otro sin tener que mover las piernas. Aquí tambien es buena técnica inclinar el arma, incluso hasta 90º, para disparar por el lado izquierdo del abrigo, si se es diestro.
Insisto que mientras disparamos hay que evitar que nuestra arma o cualquier parte del cuerpo, salvo circunstancialmente la mano o brazo de apoyo a modo de amortiguador y apoyo vertical, toquen real y fírmemente el abrigo. El arma dará un salto violento después de cada disparo, magnificado por el choque contra el parapeto, algo que hará difícil su recuperación para el siguiente disparo.
Otro error muy común, fruto de la Hollywood Tactical Academy, es permitir que tras disparar los brazos se vengan abajo y pegarse, literalmente, al parapeto. El arma acabará apuntando al aire o hacia el suelo y, el problema real, muy posiblemente comprimida entre el cuerpo y el obstáculo. Si en esos momentos un atacante salta sobre nosotros, lo más probable es que no seamos capaces de reaccionar lo suficientemente rápido con el arma, además de vernos “aplastados” y acorralados contra el mismo abrigo que instantes antes parecía protegernos.
Nunca disparen demasiado rápido, ni tampoco desde detrás del abrigo sacando su arma sin apuntar, a la “palestina” le denominan por cuestiones obvias. Lo más probable es que no logremos darle a nadie que de verdad deba ser alcanzado, desperdiciemos municiones, y, para mí lo más importante, somos los buenos y por ello los únicos responsables de cada proyectil que pongamos en el aire. Los malos no tienen ese freno ético, he ahí una diferencia primordial.
Hollywood Tactical Academy tambien nos enseña que los buenos pueden salir corriendo disparando como ametralladoras sin jamás fallar ni darle a un inocente. Nunca salgan a disparar de forma apresurada y sin control, en especial si esto nos pone en riesgo de alcanzar a un solo inocente y a la vez nos expone a nosotros mismos al fuego contrario.
Sin duda alguna, una mínima exposición es necesaria para disparar con eficacia. La alternativa es no hacer disparo alguno y permitir que los adversarios maniobren a sus anchas.
Se que sería muy deseable pero durante un tiroteo no podemos permanecer siempre detrás de un abrigo, especialmente tras el mismo abrigo. Ya saben aquello de “objetivoo inmóvil, blanco fácil”. Si pueden evitarlo no permanezcan jamás por demasiado tiempo ocultos en un mismo lugar
Podemos utilizar cubiertas en combinación con abrigos, aunque no detengan las proyectiles pueden ocultarnos y confundir a nuestros adversarios. En situaciones de poca luz, las sombras pueden ser eficaces cubiertas, úsenlas y aprendan la mejor forma de sacarle el mayor rendimiento, su nivel de confianza y eficacia puede que crezca varios enteros.
Permanezcan detrás de cualquier cosa que como simple cubierta, arbustos, flores, ropa tendida, etc., los oculte y disperse la silueta característica de un ser humano, confundiendo al adversario sobre su ubicación exacta.
De la misma forma que en el abrigo, observaremos desde los lados y no sobre la parte superior. Mientras más cerca estemos del suelo, menos visibles y destacables nos haremos cuando observemos.
Por cierto, si buscan esa academia que nombro unos párrafos más arriba, no lo hagan, es otro de mis odiosos sarcasmos irónicos

Máxima final.
Si tanto ustedes como sus adversarios están disparando desde detrás de todos los abrigos posibles, tan solo recuerden:
Repelo el pánico.
Me controlo.
Haré aquello para lo que he entrenado.
Miraré de frente a la Muerte
Y
Dispararé con toda mi precisión y eficacia.
Venceré y sobreviré.
Venceré y salvaré a los mios.
Venceré.

Cuidense y cuiden de los suyos.

Guatemala, Marzo del 2017.

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