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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Baja luminosidad II. Técnicas de iluminación.

Baja luminosidad II. Técnicas de iluminación.
Por Cecilio Andrade

Algo que ya les comenté en trabajos previos es que de todas partes se pueden extraer perlas de conocimiento, aun de aquellos lugares en los que creemos no tener ni lo más mínimo en común. Uno de esos lugares, autor en este caso, hace referencia al italiano Pier Paolo Pasolini, escritor, poeta, guionista y director de cine. Sus creaciones son consideradas como obras de arte, que esté de acuerdo o no es lo de menos en este caso, mi opinión en según que aspectos deben valorarla en menos de un ardite. Volvamos a la pedante entradilla que les “encarto” hoy. En su película, de guión propio, “Teorema”, pueden extraer unas lineas que aplican a la perfección al mundo actual, aunque Miyamoto Musashi ya se quejaba de lo mismo, fíjense Uds.. “Hay que inventar nuevas técnicas que sean irreconocibles, que no se parezcan a ninguna operación precedente, Para evitar así la puerilidad y el ridículo. Hay que construirse un mundo propio, con el cual no haya comparaciones posibles. Para el cual no existan medidas de juicio anteriores. Las medidas deben ser nuevas, como la técnica. Ninguno debe entender que el autor no vale (…). Ninguno debe pescarlo en falta de ingenuidad. Todo debe presentarse como perfecto, basado sobre reglas desconocidas y, por lo tanto, imposibles de juzgar”. ¿Les suena? Estoy total y completamente convencido que si, que les suena y les resuena.
Esa costumbre tan extendida de convertirse en “uno parente”, tradúzcanlo como padre único los pocos que no dominen el universal latín, de técnicas novísimas, únicas y personales, creadas en base a experiencias también novísimas, únicas y personales , que se atienen a reglas tan novísimas, únicas y personales como todo lo anterior. ¿Sigo? No creo, ahí si entraría en la falta de respeto, algo con lo que no estoy dispuesto a confraternizar.
Necesitamos la técnica, para todo, lo cual no implica que esa técnica, esas técnicas, las que sea del campo que sean, sean inamovibles e inmutables. Muy al contrario deben estar en continua adaptación y evolución, buscando rendir con el máximo de eficacia en cualquier circunstancia y situación. No se confundan, no pretendo decir que no se reconozca la adaptación de ideas a lo tiempos y circunstancias que toquen, al contrario, admiro a quien es capaz de perfeccionar la rueda para adaptarlo a otras circunstancias y situaciones distintas a las originales. Lo que desprecio es la falta de respeto a las raíces y la egolatría de querer volver de piedra unas técnicas  en base a aplicaciones únicas y paternidades cuando menos dudosas.
Como muchas veces me han leído, y escuchado, con dos brazos, dos piernas, un tronco y una cabeza rellena de más o menos cantidad de gelatina, desde hace por lo menos 10 millones de años las variaciones técnicas de combate del antropoide sin pelo, el auto nominado Homo Sapiens, no da para tantas variaciones e invenciones fuera de las herramientas a emplear. Aunque el experto en productividad David Allen no se refería a la Teoría de la Evolución ni a la políticamente incorrecta aplicación de la violencia, si lo hacía de eficiencia e importancia de la técnica cuando escribió, “El juego del trabajo y los negocios de la vida en realidad son lo mismo si los reducimos a los principios, los comportamientos y las técnicas que eliminan las distracciones y fomentan un enfoque beneficioso. “ Por que para eso es la técnica, eliminar distracciones y enfocarse, ya sea para vender un nuevo modelo de tanga masculino, o para aprender a emplear una linterna en combate. 
Añadan a ello el instinto de supervivencia innato en sus genes y nos da algo que se parece a un párrafo escrito por el ultramaratoniano Scott Jurek en su libro “Correr, comer, vivir”. “Al combinar el instinto con la técnica, buscaba esa pequeña zona donde me podía exigir al máximo sin hacerme daño y desentrañar los sistemas de mi cuerpo. Acceder y permanecer en esa pequeña zona es la clave del éxito.” Éxito que en “nuestro negocio”, políticamente incorrecto, del profesional armado es ni más ni menos que sobrevivir y salvar vidas.
Pero bueno, a lo mejor debí reducir las más de 680 palabras de esta entradilla, pedante, acusadora y aburrida a la simple y sencilla frase de un filósofo y ensayista hispano, “La técnica es el esfuerzo para ahorrar esfuerzo”. Si… sin duda debí empezar, y terminar por ahí, por D. José Ortega y Gasset. Pedante de mi.

martes, 11 de septiembre de 2018

Baja Luminosidad I. Principios Básicos.

Baja Luminosidad I. Principios Básicos.
Por Cecilio Andrade
Emplear la palabra proactividad es ahora muy común, hace unos años lo era tan solo en los textos de dirección de empresas y los pseudo-manuales de autoayuda tan de moda. Incluso era un término que no se encontraba en la mayoría de los diccionarios, mi propio corrector al escribirlo en este texto no lo reconoce como correcto, me sugiere cambiarlo por “productividad”. No creo que sea una corrección aceptable ni que, como muchos indican,  signifique tan sólo tomar la iniciativa. En mi personal opinión significa que, como seres pensantes, somos responsables de nuestras propias acciones y decisiones. Nuestra conducta es producto de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones personales, ni del entorno ni de las opiniones de otros. Ser proactivo, sigue sin reconocerlo el corrector, significa, para mi al menos, que tengo la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan. 
Stephen Covey escribió, allá por finales de los años 80 del siglo pasado, en su libro "Los siete hábitos de las personas altamente efectivas”,  se lo recomiendo,“La proactividad forma parte de la naturaleza humana, y, aunque los músculos proactivos puedan encontrarse adormecidos, sin duda están en su lugar”.
Como pueden leer, eso de la proactividad, proactivo, y su antagonista, “reactividad”, tampoco lo reconoce el corrector, y “reactivo”, no es mi invento personal, ni siquiera es algo novedoso. No es mío pero lo considero desde hace décadas el hábito más importante y fundamental del ser humano, y mucho más para  aquellos profesionales que lidian cada día en la palestra de poner su vida, o la de terceros, en riesgo. Los enfrentamientos reales nunca son justos, no siguen reglas, normas, ni pautas ordenadas y organizadas, ni siquiera éticas en muchos casos. Todo eso está bien y perfecto para una competición deportiva, algo que jamás son las “competencias” a vida o muerte.
Ser proactivo implica conceptos de adaptación, cambios, salir de la zona de confort. El cambio jamás es bueno o malo como parecen indicar según que libros y que autores de autoayuda consultemos, pero el conocimiento que implica ese cambio, sea del tipo que sea ese conocimiento, siempre será positivo. En la sociedad actual, para que la vida tenga sentido, todo debe ser comprensible desde el punto de vista de pautas, normas, reglamentos, estructuras, medidas, ideas, leyes fijas, y todo esto, a su vez, debe corresponder a realidades inmutables y eternas por más que sea obvio que el escenario es siempre cambiante.
En su gran obra “Los bufones de Dios”,Morris West escribió “Vivo esperando lo mejor y preparándome para lo peor”. En mi opinión esa es la base de ser verdaderamente proactivo. Y ese concepto me lleva a volver a reseñar a Stephen Covey, en la misma obra que nombré unas lineas más arriba, “…desarrollar el primero y fundamental hábito de las personas que, en cualquier medio, son altamente efectivas: el hábito de la proactividad”.
Ustedes deciden, ¿serán proactivos o reactivos? Pregunta sencilla para unas respuestas infinitas, por más que mi corrector de texto no quiera reconocerlo.

martes, 17 de abril de 2018

Lo lento es suave, lo suave es rápido.


Lo lento es suave, lo suave es rápido.



Por Cecilio Andrade



No me gusta lo más mínimo, para todo aquel que me conoce es bien sabido; hablo de ese deporte de veintidós tipos en calzoncillos corriendo tras una pelotita, básicamente sobre-asalariados pega patadas, ya saben cuál, lo llaman balompié, futbol, soccer. Pues bien, hasta de esa versión moderna de “pan y circo” romano de hace dos mil años se pueden extraer frases y protagonistas que aportan algo. Uno de esos casos, por suerte no el único, es Johan Cruyff, “[...] no es necesario correr tanto. El fútbol es un juego que se juega con el cerebro. Debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde.”

Algún lector fruncirá el ceño pensando, ¿Qué caraj… tiene que ver esto con armas, tácticas y demás especialidades del enano pedante este de Cecilio? No sé qué decirles, sigan leyendo si se atreven y juzguen después. Uds. verán.

Dice un refrán hispano muy conocido “vísteme despacio que tengo prisa”, sin duda alguna evolución del más antiguo proverbio romano, amén de locos (según Obélix) parece que también eran sabios estos romanos, “Anda con calma, que estamos apurados”. Sin duda alguna ambos son refranes o proverbios anticuados, de una época más tranquila, hoy en día no sirven para nada, hay que correr hasta para tomar un relajante muscular, nos les digo nada si de emplear armas hablamos.

El problema actual sobre correr, apurarse y prisas, es sencillo, falta de orden, si no me creen a mí, lean a un poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán del siglo XVIII, Johann Wolfgang von Goethe, con un nombre y currículo así quien no le creería, “Aprovechad el tiempo que vuela tan aprisa; el orden os enseñará a ganar tiempo.” Ese es el problema real, el orden, pero para tener orden primero hay que saber qué orden, antes de eso hay que saber “que saber”, y antes de eso hay que tener el deseo de saber. Sencillo. ¿a que sí? Entonces, porque es tan difícil encontrar quien sepa llevar el ritmo adecuado, y por cierto, leyeron bien, escribí ritmo. ¿Hablaré de Vals y Samba ahora?

Por desgracia en una época de pastillas instantáneas para todo mal, aplicaciones ultra-mega-rápidas, descargas de cuatro trillones de mega-gigas por décima de segundo, etc. además de egos que soportan pocos reveses y “pérdidas de tiempo”, hacen que olvidemos todo lo anterior de esta entradilla y un comentario de Don Gregorio Marañón, “la rapidez que es una virtud, genera un vicio, la prisa”, y la prisa, lo crean o no, lleva demasiado tiempo, siempre. “Juez con prisa, juez que yerra” y “La prisa se tropieza con sus propios pies” son dos refranes de la cultura hispana, antiguos, muy antiguos, pero a día de hoy completamente relegados al baúl aquel del desván donde dejamos los trastos viejos del abuelo, el mismo que nos hace parecer cultos e interesantes pero que jamás abrimos, pues… ¿para qué? Mi abuelo decía mientras se liaba un cigarrillo de “picadura” que “quien para mear tiene prisa acaba por mearse en la camisa”, y ¿Qué quieren que les diga? No me gusta eso de llevar mis camisas meadas, y puesto a ello, menos aún sangradas… por mí propia sangre al menos.

En fin, volveré a ponerme serio, culto y pedante, que sarcástico y escatológico ya lo soy por defecto. Según Marie Von Ebner-Eschenbach “Cuando llega el tiempo en que se podría, ha pasado el que se pudo”. Analicen la frase con detenimiento, con calma, eso que tan poco de moda está hoy en día, calma. Si logran hacerlo como digo, ¿es aplicable al mundo real del empleo eficaz de las armas de fuego? ¿Si? ¿No? Les dejo la respuesta a Uds. Personalmente ya tengo la mía, y seguro que ya saben cuál es.

Después de todo, para terminar esta insulsa y pedante entradilla, gracias a Odín, ya lo dijo Bernard B. De Fontenelle, “El que no lo pierde tiene mucho tiempo”. Pues eso, no pierdan tiempo… conmigo.

martes, 3 de abril de 2018

Sube el arma… baja el arma… a ver… ¿nos aclaramos? ¿Arriba o abajo?


Sube el arma… baja el arma… a ver… ¿nos aclaramos? ¿Arriba o abajo?


Por Cecilio Andrade


Sin duda alguna el orador, o vendedor según algunos, motivacional Brian Tracy está en lo cierto cuando dice que “El crecimiento personal es un gran ahorro de tiempo. Cuanto mejor te vuelves, menos tiempo te lleva alcanzar tus objetivos”. También es justo reconocer que su comentario no lo pensó para el violento y políticamente incorrecto mundo de las armas, sino más bien para el de los negocios y el mercado. Pero, que quieren que les diga, crecer es crecer, aprender es aprender, y evolucionar es evolucionar, el entorno donde se desarrollen esas acciones es lo de menos.

Me gusta reconocer mis propios cambios y evoluciones en un mundo tan inmovilista y anclado en dogmas arraigados y casi sagrados como es la sociedad global actual, y más específicamente en los temas que trato del mundillo táctico y del trabajo con armas. Así que si, mis técnicas y enseñanzas evolucionan, año tras año, experiencia tras experiencia, lección tras lección. Lo que me parecía perfecto e inmutable hace unos años hoy lo veo como un “si en su mayor parte, pero en este otro caso podemos hacer esto otro…”. Reconozco que los cambios son cada vez más lentos y menos extremos, quiero pensar, o mejor dicho, mi humano ego lo necesita, que esa ralentización en los cambios es porque ya cada vez tengo menos que cambia. Pensar eso me daría tranquilidad, sin duda, pero lo cierto es que un diablillo suele salir de cuando e vez a sembrar cizaña en mi conciencia profesional y personal, ¿no será que me hago viejo y menos adaptable? ¿No será que mi ego no soportaría hacer cosas nuevas que no serían ni la mitad de perfectas que las viejas que “siempre” he hecho?

Lo cual me lleva a pensar en uno de mis autores favoritos dentro del campo de la Psicología Humanista, Abraham Maslow, “Uno puede optar por volver a la seguridad o avanzar hacia el crecimiento. El crecimiento debe ser elegido una y otra vez; el miedo debe superarse una y otra vez”. Pensar en esto me relaja a nivel profesional, pero el maldito ego personal, ese que nos hace querer ser perfectos e inmaculados me la sigue jugando a la hora de hacer cambios de técnicas, de criterios, de tácticas, de… opinión.

Cambiar es bueno, eso lo tengo claro, estancarse es el primer paso para involucionar y poco a poco perder todo lo logrado, después de todo Darwin ya subía que todo aquello que no se utiliza se atrofia y acaba desapareciendo. Simple y clara ley evolutiva. “En este mundo estás creciendo o estás muriendo, así que ponte en movimiento y crece”, muchos me habrán leído, o escuchado, mi frase estándar parafraseada  de la anterior y más académica del entrenador Lou Holtz, “el movimiento es vida”. La mayoría creen que solo la aplico a temas puramente tácticos, y no, la aplico a todo en la vida, ya sea profesional o personal. Para quien conozca mi hoja de ruta curricular lo deducirá, soy lo que vulgarmente se llama un “culo inquieto”.

Me gusta, y lo disfruto, poner en la palestra técnicas, ejercicios, criterios, y procedimientos, analizando todo lo que implique confirmación o cambio para, lo deseable, mejorar. Considero, al igual el escritor sobre liderazgo Robin S. Sharma, que “Invertir en ti es la mejor inversión que harás. No solo mejorará tu vida, mejorará las vidas de todos los que te rodean”. Mejorar la de los que me rodean no lo sé, es mi intención sin duda, pero que lo logre ya es otra cuestión.

Al final, resulta que termino una entradilla de más de seiscientas cincuenta palabras con la frase lapidaria de mi Ō-sensei, Morihei Ueshiba, que sin duda lo resume todo y podría haberla dejado como entradilla en sí misma, “La vida es crecimiento. Si dejamos de crecer, estamos muertos técnica y espiritualmente”.

Definitivamente me gusta “enrollarme” y dar vueltas al mismo hilo, cosas de la edad… espero.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Portando un arma en el mundo de Yupi.


Portando un arma en el mundo de Yupi.
Por Cecilio Andrade.
Mi filosofía personal del combate es simple y concreta, algunos dirán que obvia y lógica, la opinión de otros muchos se decantará a que es bárbara y políticamente incorrecta para “su” civilizado y magníficamente ordenado mundo actual. En fin, que ya comienzo dispersándome, para mí, una vez en combate, la única meta es vencer, teniendo muy claro que basándome únicamente en la defensa raramente podré obtener la victoria. Mi espada es más importante que mi escudo, pero no por ello dejaré de usar ese escudo como punto de partida para mi espada. También tengo claro que las técnicas que empleo son más importantes que ambos “objetos”, sin olvidar jamás que todo lo que ejecute se apoya en ellos. Con lo cual, como desarrollo lógico final, mi única arma, la definitiva para mí al menos, es la mente. Todo lo demás son simples suplementos y herramientas más o menos caras, más o menos complicadas.
Que admiro, respeto y releo hasta la interiorización a Miyamoto Musashi no es un dato nuevo para quienes me leen con mayor o menor asiduidad. Más bien dirán que soy repetitivo y aburrido respeto a ello. En fin, ¿qué les puedo decir? ¿busquen otros textos más amenos? En lo que me concierne me viene a la mente que en la Edad Media, tanto en oriente como en occidente, todos aquellos que querían crecer y desarrollarse en un arte, guerrero o no, solían emprender un peregrinaje formativo, viajando de escuela en escuela, de maestro en maestro, aprendiendo, desarrollándose y creciendo en experiencia, hasta lograr alcanzar el anhelado título de Maestro. Algo que por otro lado alcanzaba una ínfima parte de los “peregrinos”. Miyamoto Musashi lo alcanzó con creces sin duda. En el Japón medieval el peregrinaje que realizó el Maestro recibía el nombre de “Musha Shugyo”.
No sé cuando comencé mi particular “Musha Shugyo” para aprender todo lo que me fuera posible sobre el combate. No recuerdo haber dejado, o haber empezado si vamos a ser más exactos, de pensar en ello alguna vez. De cuando era niño mis recuerdos me traen imágenes de juegos y lecturas bélicas, deseos de poder comprender cada detalle que caía ante mis jóvenes e inocentes ojos. Ello me ha llevado a convencerme y compartir la opinión de modernos, y auténticos, maestros sobre que el combate con armas de fuego es un arte marcial en sí mismo.
Al principio trataba todo de forma separada y compartimentada, como todos, imagino; técnicas de golpeo, técnicas de suelo, técnicas de cuchillo, técnicas de palo corto, de palo medio, de palo largo, de lanza, técnicas de desequilibrio, Etc. Etc. Etc… Al cabo de los años y con más experiencias, buenas algunas, malas pero ejemplarizantes la mayoría, acabé descubriendo que todo lo que “sabía” y aplicaba se había convertido en un único arte marcial, donde combatir era la única cuestión importante y vencer su meta. Ya no distingo entre combate con o sin armas, entre armas de fuego y contundentes o punzo-cortantes, entre uno o varios agresores, entre pistola y fusil o escopeta, o, cuando me da el “aire” frikie, la espada láser. Ya no hago distinciones, tan solo matizaciones técnicas. Las bases y fundamentos son las mismas, las técnicas son meras adaptaciones, el arma es mi mente, todo lo demás son herramientas y conceptos. Ni más ni menos.

viernes, 11 de agosto de 2017

Dime con quién andas y …


Dime con quién andas y …

Por Cecilio Andrade

Según Jim Rohn, empresario, autor y orador motivacional estadounidense, “Eres el promedio de las cinco personas con quienes más tiempo pasas”. No tengo muy claro si el numero de personas sea lo importante, pero si creo en el espíritu de la frase, “con quien pasamos tiempo”.
Y “pasar tiempo” no lo veo tampoco tanto como estar a un metro de distancia día tras día, si no más bien con estar ahí, incluso a 9000 km de distancia, pero “ahí”, con ellos y ellas.
Sin duda alguna es más conocida la vieja frase popular que dio pie al titulo de este texto, “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Muchas de las frases que escuchamos son creencias limitantes, no del todo reales pero que las asumimos como ciertas sin pensar primero en su veracidad.
Pues bien, resulta que la frase que se encuentra en el título de este artículo de cierta forma sí lo es.
No creo en las personalidades fijas,  ni mucho menos que nacemos con una personalidad fija e inmutable. Ya saben lo que opino de las excusas, y de esas frasecitas que siempre incorporamos, “así soy no puedo hacer nada” o “nací así qué voy hacer”, son estupideces. ¿Conocen la mía? ¿Mi frase para este tema? “Las excusas son como los culos, todos tenemos uno y a todos nos huele mal”. Escatológica y mal educada, sin duda, pero clara y concisa.
Todos evolucionamos día a día, somos influenciados constantemente por los demás. Ciertamente es mucho más evidente este hecho de pequeños. Nacemos y aprendemos todo de quienes nos rodean, tanto lo bueno como lo malo. Poco a poco nuestra personalidad se va formando.
Llega un momento en el que nos convertimos en personas con personalidades bien marcadas. Con formas de ser que han sido moldeadas durante toda una vida.
El problema está cuando creemos que a partir de determinado momento, edad o situación estas no pueden ser modificadas. Creemos poseer una personalidad fija sobre la que no podemos hacer algo al respecto, si es que estamos mal en algún punto. Como dicen mis amigos gringos, bullshit. De nuevo escatológico y maleducado.
Sí, podemos cambiar nuestra forma de ser. Sí, podemos convertir nuestros aspectos negativos en positivos. Y sí, para ello todo se reduce al principio de las influencias.
Piensen en las cinco, por decir un número, personas con quienes más se relacionan. Familiares, amigos, compañeros, personal de servicios de cualquier tipo… . mascotas.
¿De alguna forma nuestra personalidad se adapta en algún aspecto a las de estos?
Con toda seguridad … sí.
Si queremos ser algo en cualquier campo ¿De quién nos vamos a guiar? ¿De ese amigo que sabe algo del tema por algo que leyó y recuerda borrosamente? 
Si deseamos transmitir y aprender a influir sobre los demás ¿De quién nos vamos a guiar? ¿De un compañero de trabajo que se cree líder?  cuando en realidad se hace el jefe y el mandón abusivo con los demás, o ¿de una persona que dedicó parte de su vida a ello y se esforzó?
Mahatma Gandhi dijo, “Si quieres volar con las águilas no nades con los patos”
Lo cual nos enseña que si queremos ser mejor o cambiar en algo debemos rodearnos, no necesariamente intercambiando espacio físico,  con personas que valgan la pena y nos permita aprender de ellas.
Leo cientos de biografías, libros, voy a conferencias, etc.  Hace mucho que dejé de rodearme, o más bien de hacerles el más mínimo caso, de gente negativa. Si no puedo hacer nada para cambiarlos, mejor alejarme de ellos o por lo menos reducir el tiempo que contacto con ellos.
Recuerden, la manera en que vemos las cosas, la forma en que se crea nuestra personalidad, se determina fundamentalmente en las influencias que recibimos de otros.
Es por ello que tengo mucho cuidado en quiénes influyen sobre mi y, sobre todas las cosas,  la manera en cómo yo mismo influyo en los demás.
¿Cuáles son las personas con las que me junto?  Podría decir mucho más de cinco, y seguro nos serán nunca todos los que son. Siempre me quedarán muchos fuera.
Tengo la suerte de tener un grupo de amigos y hermanos que influyen de una forma increible en que no me descarríe, que no me salga de la senda correcta, de la ruta definida por esas palabras tan denostadas. Ya saben, Deber, Principios, Valores.
No sois todos, sois muchos, y muchas, más, pero debo daros las gracias de alguna forma.
GRACIAS.

jueves, 15 de junio de 2017

Seguridad del Hogar, nuestro castillo

Seguridad del Hogar, nuestro castillo.

Por Cecilio Andrade

Doctor, escritor, poeta, Oliver Wendell Holmes Senior creía que “Nuestro amor es el hogar, y el hogar pueden abandonarlo nuestros pies pero nunca nuestros corazones.” No creo que ninguno de Uds me escriban para rebatir esta opinión. El hogar es nuestro refugio, nuestro castillo, nuestra meta y nuestra base de partida. Es ese lugar donde se reune todo lo que de una forma u otra amamos, añoramos, deseamos cuidar y proteger.
Hogar no es simplemente un alojamiento, es lo que Johnny Depp expresó, y todos sentimos,“Mi hogar es cualquier lugar donde esté con los míos, un lugar tranquilo, un lugar no violento.” Despues de todo hasta Plinio “El Joven” lo resumió, “el hogar es donde está el corazón”. Por desgracia los hogares de esta época que nos ha tocado vivir, aunque honestamente creo que en todas las épocas fue lo mismo, pero es solo mi opinión, no son tan seguros como nos gusta pensar. Para Thomas Jefferson, uno de los padres de la Democracia e Independencia moderna, “Los mejores momentos de mi vida han sido aquellos que he disfrutado en mi hogar, en el seno de mi familia.” Y para una afamada Ava Gardner “La fama y el dinero no dan la felicidad. Si no tienes un hogar feliz no significan nada.”
Pero, ¿podemos tener un hogar generador de momentos felices si no tenemos un hogar seguro? Estoy escuchando sus pensamientos con total claridad, no sufran, se la contestación, sin seguridad no hay tranquilidad, y sin esta no puede existir la tan esquiva y sobredimensionada felicidad.
Es posible que sean defensores de los valores del desarme del universo según las reglas de Barrio Sésamo y de los Mundos de Yuppi; o también “violentos” e hiper proteínicos profesionales armados, legítimos usuarios civiles o ciudadanos de ojos abiertos en un mundo violento. Mundo violento merced de congéneres bipedos y de apariencia humana, dispuestos a estropearnos el día y la vida, si no a rematárnosla tanto a nosotros como a las personas que amamos o hemos jurado proteger y servir. Ya sean unos u otros, todos, de una forma u otra, tienen un hogar, hasta los “malos”. Todos deben regresar a un lugar que les debería hacer sentir seguros y tranquilos, cuando no felices y satisfechos.
“Un hogar es más que la suma de los elementos materiales que lo componen: es un almacén de recuerdos, un archivo, un guardián de todo lo que ha sucedido dentro de sus límites.” Tal cosa la dijo la bella novelista australiana Kate Morton, no sufran no son palabras mias, por más que las secunde y sienta como propias. Seguro que no soy el único en sentirlo así, como también lo que expresó el dramaturgo español del siglo XIX Don Manuel Tamayo y Baus, “El que no encuentra alegría dentro de su propia casa, ¿dónde la irá a buscar?”
Hogar, hogar, hogar… o estoy melancólico o, sin duda, tengo problemas hormonales a consecuencia de la edad. Seguro que más de uno piensa eso hoy leyendo la entradilla del texto de la semana. Pues no, ni una cosa ni otra… o quizás si. En realidad da lo mismo, lo cierto es que la seguridad propia, personal, profesional, física, mental y, si me permiten decirlo, espiritual de cada uno de nosotros, pasa por disponer de un hogar seguro al que regresar cada día, o cuando las circunstancias nos lo permitan. Sin ese punto, que para mi es piedra clave fundamental que soporta la presión de nuestra cúpula personal, todo lo demás es un simple discurrir de día en día hasta que, literalmente, “reventemos”.
Y, atención a la preguntita, ¿cuan seguro es nuestro hogar? Lo damos por hecho, es seguro, los malos, los trolls, los ogros y orcos están fuera, jamás osarían penetrar en nuestro idílico mundo élfico… hasta que lo hacen. Y logran tamaña afrenta por una cuestión tan simple como que damos por hecho que la seguridad es intrínseca a nuestro concepto de hogar. Seguridad que por otro lado exigimos de puertas para fuera a todo el mundo, compañeros, ciudadanos, jefes, a todos salvo… a nuestro castillo. “En casa de herrero cuchillo de palo”.
Recuerden lo que dijo la atriz y comediante de los años 60 Phyllis Diller, “Las tareas del hogar no pueden matar, pero ¿por qué arriesgarse?” Pues eso, para que arriesgarnos.

jueves, 8 de junio de 2017

Un artículo que no les gustará y no deberían leer

Un artículo que no les gustará y no deberían leer.

Por Cecilio Andrade.

No deberían leer este artículo, texto, trabajo, reportaje, o como quieran nombrarlo, de verdad que no deberían. Lo cierto es qu deberían poner su digital mirada en páginas más “cool”, más “fashion”.  De esas donde salen megainstructores exSEAL que además pasaron sus tácticos y operativos culos por los “GEO” de la Guardia Civil española y el BOPE brasileño, cuando no, y a la vez, por los “Spectznas” del sr. Putin. Y no se preocupen mucho, de esos abundan y hay “a manta”, no tendrán problemas en encontrarlos con ese perfil en poco tiempo.
Les prometo que hoy no hablaré de tácticas, procedimientos, tips, balística, municiones ni armas. Ni mucho menos, no hablaré de nada “molón” y entretenido.Y no lo haré porque simple y llanamente  estoy “emputado” y “encabronado” hasta las orejas, teniendo en cuenta que digo orejas porque mis gónadas están demasiado cerca del suelo como para ser representativas de algo.
Si. No relean, lo han leido bien. El megaeducado y comedido Cecilio Andrade acaba de soltar unos “palabros” fuera de tono y de lo que el civismo y la educación marca.
Pero, ¿saben que? Hoy hasta la hierba del jardín me toca los huevos, y no solo porque mida menos que el ratón Mickie. No. Me toca esas calientes partes por que mi nivel de soportar estupideces ha entrado en la zona roja, mi reactor atómico personal acaba de entrar en un “sindrome de China” fulminante. ¿No saben que es “sindrome de China”? Pues hoy  ya ven, ni tengo el horno para bollos ni el chichi para farolillos, por lo que les digo una cosa, igual que pueden buscar perfiles como los arriba descritos, pueden “perder” un poco de su ocupado tiempo en aprender algo útil. Y sí, así estoy hoy. No me disculpen, ni lo quiero ni me importa.
Bien, como buen pedante que soy, según la RAE, para quien no lo sepa es la Real Academia Española, esos que recogen y normalizan todo el como se habla en el mundo hispánico; sobre mis dos “palabros” malsonantes, pero muy y fielmente descriptivos, arriba expresadas dicen:

- Emputarse: 1. prnl. malson. coloq. El Salv., Hond. y Méx. encolerizarse.
- Encabronarse: 1. tr. malson. coloq. Enojarse, enfadarse.

Como pueden ver, ambas aceptadas y correctas. ¿Malsonantes? Sin duda alguna, pero a día de hoy me importa un “ardite”. ¿No saben que es un ardite? Sin duda Google o los “señores” arriba descritos se lo pueden explicar, o quizas ellos no, pero sin duda google si lo hará.
Algunos dirán que la primera es solo aplicable en determinada parte del mundo hispano parlante, sin duda tienen razón, pero el que escribe hoy soy yo y uso el idioma como considero. ¿Les parece? Perfecto. ¿No les parece? Tambien perfecto, como arriba les avisé, desde el título mismo, hoy no deberían leer este trabajo, y ya saben, “el que avisa no es traidor”. Enojado puedo cambiar algunas costumbres pero ni un ápice voy a modificar mis principios y valores, al contrario que muchos, y muchas, no tengo otros por lo que no puedo cambiarlos. Son únicos e inamovibles.
Así que , háganme caso, no sigan leyendo, busquen los perfiles arriba descritos y “a otra cosa mariposa”. Luego no digan “yo no sabía”, “yo creí que”, “supuse que”, “jamás imaginé algo así”… luego no busque excusas, que en definitivas cuentas “son como los culos, todos tenemos y a todos nos huele mal”.
Cambien a otro texto, háganme caso, no sigan leyendo, no les gustará, además hoy no pienso releerlo para buscar erratas, así que seguro no les gustará, no insistan.

jueves, 11 de mayo de 2017

¿Psicología Táctica? o ¿Preparación Mental?

¿Psicología Táctica? o ¿Preparación Mental?

Por Cecilio Andrade.

“En el arte individual de la guerra, también sucede que un adversario pierda el ritmo en el combate y empiece a derrumbarse. Si no aprovecha esta oportunidad, el adversario se recobrará y empezará a presentarte dificultades. Es esencial seguir con atención cualquier pérdida de posición por parte de tu contrincante, para impedirle que se recupere.” Así de claro y contundente lo plasmó Miyamoto Musashi con sus letras y acciones a lo largo de su vida. Una máxima guerrera lo resume aun más, “haz trampa siempre, vence siempre”. Por trampa debemos entender emplear todo lo que nos permita vencer y regresar con los nuestros. Un enfrentamiento, un combate en el mundo real no admite segundos puestos, vences y sobrevives, pierdes y eres muerto, en el peor de los casos alguien de los tuyos, o uno de esos ciudadanos que hemos jurado proteger, lo hace. Recuerdo en este momento a un antihéroe, del mundillo del espectáculo del wrestling, en el particular Menphis de los años 50, imaginen el entorno, llamado Monroe “Sputnik” Merrick Elvis. Pues bien, dicho personaje fué infinitamente más directo al refinar ese concepto, aunque no tengo muy claro si lo por él descrito es aplicable en la políticamente correcta sociedad actual, ”Vence si puedes, pierde si debes, siempre haz trampas y si te derrotan, márchate después de aniquilarlo todo”. Ahí les dejo sus palabras, Uds verán como aplicarlas, si son aplicables obviamente.
Mejor regresaré a un entorno menos escatológico, más acto para las mentes bienpensantes y amables del mundo actual, dominado por el amor y la comprensión, de besos con lengua y abrazos entre AK rosas de Hello Kitty. Vamos, que hablo del maravilloso mundo de yuppie que nos toca vivir. ¿Cómo? ¿Qué no? ¿No es de yuppie? Vaya, inocente de mi.
Según Sir Winston Churchill "Cuanto más atrás puedas mirar, más adelante verás." La Historia, con mayúscula, nos enseña siempre. El bíblico Eclesiastés lo expresó en su apartado 1:9, “Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol.” Ya ven, palabras divinas para indicar cosas cotidianas, quien lo diría, ¿verdad? Pero, ¿las sabemos aplicar? ¿Sabemos aprender? Según Claude Bernard Lo que creemos que ya sabemos es a menudo lo que previene que aprendamos.” Si a ello añadimos que “Los que no pueden cambiar sus mentes no pueden cambiar nada”, ya detectamos lo que falla en el mundo. ¿A que sí? Por cierto la última cita es de George Bernard Shaw.
Vivimos en un mundo de miedos, y no hablo de terrorismo, de ataques amok, de guerras, de pagar impuestos, de ser atropellado, de ir a cenar con los suegros, no, no me refiero a nada de eso. Me refiero al miedo de perder la imagen, de no dar la pauta que la sociedad nos exige, no lograr alcanzar esas metas que nos han impuesto otros. Ese es el mundo de miedos del que hablo, de los miedos defininidos con las apariencias y el ego. Ralph Waldo Emerson creyó que “El conocimiento es un antídoto para el miedo”, y añadió “El que no está conquistando todos los días algún miedo no ha aprendido el secreto de la vida.” Si tenía, y tiene, razón, prefiero dejarselo a Uds, a su propio criterio personal.
Karl Ludwig Börne sugirió que “Deshacernos de un engaño nos hace más sabios que aferrarnos a una verdad”, algo que siempre he creido correcto. Bueno, siempre siempre no, digamos más bien que es así desde aquel momento en el que la vida real me supo poner en el lugar adecuado, para que acabar reventándome el hocico contra el siguiente muro, virtual o físico, que mi ego creyó necesario atravesar con la cabeza por delante. Que les voy a contar, ya saben, cosas de esas del tipo “no hay coj…, perdón, gónadas.” Que mal hablado me estoy volviendo con la edad, copón.
En fin, “Cuanto más vivo, más aprendo. Cuanto más aprendo, más me doy cuenta de lo poco que sé.” Lo que gustan las bandas sonoras compuestas por este hombre. ¿Quién? Disculpen, me refiero a Michel Legrand