domingo, 19 de mayo de 2024

Hoy “filosofadas tácticas” sobre instrucción…

 Hoy “filosofadas tácticas” sobre instrucción...

Por Cecilio Andrade.

... de esas que aburren y es mejor ignorar y no leer, así que ya saben. no sigan leyendo, el que avisa...

En el actual mundo “ciberconectado” no es fácil llamar la atención del mercado y despertar su interés, y en el campo “tactic-sexi-fashion” aun es más difícil. Lo que la semana pasada deslumbró hoy aburre, el listón de llamar la atención se eleva cada segundo. 

Existen estrategias publicitarias, tan conocidas por nuestros políticos, destinadas a atrapar el interés manipulando el sistema emocional, sin olvidar el antiquísimo método de contar con buenos argumentos, aparentes o reales. Argumentos que no solo se limitan a captar la atención, sino que también la mantienen.

¿Es distinto el “mundillo” de la instrucción con armas?

La atención tiende a centrarse en lo que importa y tiene sentido. El argumento que puede utilizar un instructor, como líder, debe imbuir con tal resonancia un determinado aspecto, que implique la necesidad de definir en qué concentrarse y dónde poner la energía. 

El liderazgo del instructor gira en torno a la necesidad de captar y dirigir eficazmente la atención colectiva. Y ello implica cuestiones como saber centrar, en primer lugar, su propia atención para atraer y dirigir luego la de los alumnos u oyentes, así como lograr mantenerla. 
El instructor-líder bien enfocado debe ser capaz de equilibrar su foco interno, dirigido hacia el ambiente y entorno del grupo, con el foco en los demás, los que aplicarán lo que enseñe, y el foco exterior, el de las realidades mayores que configuran el entorno en el que opera el grupo.

Al igual que ocurre en la práctica Zen, el reconocimiento de que nos hemos distraído es el primer paso para recuperar la concentración y el enfoque, individual y de grupo.

El campo de atención de un instructor, sus metas y objetivos, dirige, lo manifieste o no explícitamente, la atención de sus oyentes, que deciden dónde deben concentrarse en base a la percepción de lo que para el instructor tiene importancia. Esto deposita sobre la espalda de los instructores y líderes una carga importante de responsabilidad, porque no solo están enfocando su propia atención sino también la de los demás. Crea estrategia, que en este sentido representa la pauta deseada de atención que todo el grupo, cada uno a su modo, debe compartir. 

Una estrategia se basa en decisiones que contribuyen a discernir qué hay que ignorar y a qué hay que prestar atención. Cuando los instructores establecen una estrategia, están orientando hacia ella la atención de sus alumnos. 

El significado de la palabra estrategia originalmente se refería al “arte de liderar”, al ámbito de acción de los generales. La estrategia se centra en el modo de emplear los propios recursos, mientras que la táctica se ocupa del modo de luchar la batalla. En la actualidad, los instructores necesitan generar estrategias que tengan sentido en los entornos en los que imparten, una tarea propia del foco externo.

Una estrategia novedosa significa reorientar, con un nuevo enfoque, lo que hasta entonces había sido habitual. Pero, para dar con una estrategia radicalmente nueva, se necesita percibir una nueva posición que los adversarios no hayan comprendido, después de todo, sin duda alguna todo el mundo tiene acceso a las tácticas más efectivas, pero solo unos pocos las tienen en cuenta. Una cita clásica nos enseña que la estrategia efectiva “requiere creatividad e intuición”.

Cientos de “pseudoinstructores”, y en no pocos cassos "destructores", ofrecen sofisticadas técnicas, tácticas y estrategias, pero todos ellos enmudecen cuando se enfrentan a una única pregunta ¿de dónde proceden esas estrategias? 

Todos los “ingredientes” comentados están relacionados, respectivamente, con los focos interno y externo. Los mejores instructores poseen una conciencia sistémica que les ayuda a responder a las continuas preguntas de hacia dónde y cómo deben dirigir sus pasos. Su autocontrol y habilidades comunicativas combinan el foco en si mismo con el foco en los demás, para construir una inteligencia emocional que moviliza el ingenio necesario para llegar hasta el objetivo buscado. 

El instructor necesita contrastar su decisión estratégica con todo lo que sabe; para una vez tomada la decisión, ser capaz de transmitirla con pasión y habilidad, apelando a la empatía cognitiva y emocional. En ausencia de sabiduría estratégica esas habilidades personales fracasan.

Tan importante es decidir qué no hacer como decidir qué hacer, y por ello, al pensar de forma sistémica surgirán los valores, la visión, la misión, la estrategia, las metas, las tácticas, las técnicas, la evaluación y el bucle de retroalimentación que reactiva todo este proceso. 

Como dijo Arthur Schopenhauer:

 “El genio es el que acierta en una diana invisible para otros”.

Sobre técnicas y procedimientos operativos.

Algo que ya comenté en múltiples ensayos previos, incluida esta serie de artículos, es que de todas partes se pueden extraer perlas de conocimiento, aun de aquellos lugares en los que creemos no tener ni lo más mínimo en común. 

Uno de esos lugares, autor en este caso, es el italiano Pier Paolo Pasolini, escritor, poeta, guionista y director de cine. Sus creaciones son consideradas como obras de arte por muchos, que esté de acuerdo o no sobre ello es lo de menos en este caso, mi opinión en según que aspectos, este entre otros, deben valorarla en menos de un ardite, o sea, de escaso valor. Disculpen la pedantería. 

En su película, de guión propio, “Teorema”, pueden escuchar unas lineas que aplican a la perfección al mundo actual. 

“Hay que inventar nuevas técnicas que sean irreconocibles, 

que no se parezcan a ninguna operación precedente.

Para evitar así la puerilidad y el ridículo.

Hay que construirse un mundo propio, 

con el cual no haya comparaciones posibles.

Para el cual no existan medidas de juicio anteriores. 

Las medidas deben ser nuevas, como la técnica.

Ninguno debe entender que el autor no vale (...).

Ninguno debe pescarlo en falta (…).

Todo debe presentarse como perfecto, 

basado sobre reglas desconocidas y, 

por lo tanto, 

imposibles de juzgar”. 


¿Les suena de algo? Estoy total y completamente convencido que si, que les suena y les resuena, aunque, fíjense Uds. por donde, Miyamoto Musashi ya se quejaba de lo mismo en el Japón del siglo XVII. 

Esa costumbre tan extendida de convertirse en uno parente, tradúzcanlo como "padre único" desde el latín, de técnicas novísimas, únicas y personales, creadas en base a experiencias también novísimas, únicas y personales, si hay verdaderas experiencias, claro, y que se atienen a reglas tan novísimas, únicas y personales como todo lo anterior. 

¿Sigo? 

No creo que sea necesario, con seguridad me acusarían de falta de respeto, algo con lo que no estoy muy dispuesto a confraternizar. 

Necesitamos la técnica, para todo, lo cual no implica que esa técnica, esas técnicas, las que sean del campo que gusten, resulten inamovibles e inmutables. 

Muy al contrario deben estar en continua adaptación y evolución, buscando rendir con el máximo de eficacia en cualquier circunstancia, situación y entorno. 

No se confundan, no pretendo decir que no se reconozca la adaptación de ideas a lo tiempos y circunstancias que nos toquen vivir, muy al contrario, admiro a quien es capaz de perfeccionar la rueda para adaptarla a otras circunstancias y situaciones distintas a las originales. Lo que desprecio es la falta de respeto a las raíces y la egolatría de querer escribir en piedra unas técnicas en base a aplicaciones únicas y asignarse paternidades cuando menos dudosas. 

Con dos brazos, dos piernas, un tronco y una cabeza rellena de más o menos 1300 gr. de gelatina gris, la calidad de la misma ya es otro asunto, desde hace por lo menos 6 millones de años las variaciones técnicas de combate del antropoide sin pelo, el auto nominado Homo Sapiens al que me he tomado la libertad de rebautizarlo como Glaber Simiae, no da para tantas alteraciones e invenciones fuera de las meras  herramientas que emplea.

El experto en productividad David Allen no se refería a la Teoría de la Evolución ni a la hoy políticamente incorrecta aplicación de la violencia justificada, legal y éticamente, si lo hacía sobre eficiencia e importancia de la técnica cuando escribió:

“El juego del trabajo y los negocios de la vida en realidad son lo mismo si los reducimos a los principios, los comportamientos y las técnicas que eliminan las distracciones y fomentan un enfoque beneficioso“. 

Después de todo para eso es la técnica, eliminar distracciones y enfocarse, ya sea para vender un nuevo modelo de tanga masculino, o para aprender a emplear una linterna en combate, que era sobre lo que pensaba escribir hoy, fíjense Uds.

Añadan a ello el instinto de supervivencia innato en sus genes y obtienen algo que se parece mucho a  lo que comentó el ultramaratoniano Scott Jurek en su libro “Correr, comer, vivir”: 

“Al combinar el instinto con la técnica, buscaba esa pequeña zona donde me podía exigir al máximo sin hacerme daño y desentrañar los sistemas de mi cuerpo.  
Acceder y permanecer en esa pequeña zona es la clave del éxito.” 

Éxito que en nuestro negocio políticamente incorrecto, insisto en ello, del profesional armado, es ni más ni menos que sobrevivir y salvar vidas. 

Pero bueno, a lo mejor debí reducir las casi de 900 palabras de este, pedante, acusador y aburrido apartado del artículo, a la simple y sencilla frase de un filósofo y ensayista tan hispano como D. José Ortega y Gasset

“La técnica es el esfuerzo para ahorrar esfuerzo”. 

Si... sin duda debí empezar y terminar por ahí. Pedante de mi, quería hablar de técnicas y procedimientos operativos, acabé, decepcionado, escribiendo de paternidades, gelatinas, monos sin pelo y otras lindezas… me hago viejo.

A ver si puedo recuperar algo de interés en el tercio final de este artículo.

Vivir con Principios… Valores… Coraje… Honor… 

"¿De qué habla Cecilio? ¿Se le ha ido la cabeza? No empieza muy bien esta parte."

Espero que se den cuenta porque me ha tocado escribir este artículo pseudo filosófico-táctico a modo de panegírico, en su definición de la RAE como elogio enfático de algo o de alguien... espero haber sabido finalmente transmitir algo.

¿Principios?


La definición más aceptada de Principios, y sí, con mayúscula, es: 


Conjunto de creencias y normas, que orientan y regulan la vida. 

Son el soporte de la visión, la misión, la estrategia y los objetivos. 

Principios que se manifiestan y se hacen realidad en la cultura, 

la forma de ser, pensar y conducirse”. 


Parafraseando a mi hija que de pequeña me lo decía, sin usar palabras “farmacéuticas”, es todo aquello que nos dice que está bien y mal en nuestro actuar en la vida que nos tocó vivir y en la que decidimos permanecer. Teniendo muy claro que si alguien atenta contra esos Principios toca defenderlos, porque, no lo olviden, son los cimientos de todos. 


Los Principios no son solo de militares, policías, personal entrenado, gente trasnochada... no,  son de todos y cada uno de nosotros como ciudadanos de una sociedad


Sociedad mejor o peor, imperfecta siempre como todo lo humano, pero nuestra. Sociedad que hemos hecho crecer con la sangre y el dolor de miles de años y millones de seres. 


Con sufrimientos de parto lento y doloroso. Donde millones han muerto y se han sacrificado, voluntaria o involuntariamente, para  que ahora tengamos una forma de vida civilizada y más segura. 


Sabiendo que si cada uno de nosotros no defiende cada milímetro de esos Principios, es un milímetro menos para el futuro. 


Y un futuro sin Principios no existe, no se equivoquen.


¿Valores?


Valores viene del latín, “valere”, “ser fuerte”, aludiendo a todos aquellos Principios que permiten a los seres humanos, mediante su comportamiento, realizarse como mejores personas. 


Son cualidades y creencias que vienen anexadas a las características de cada individuo, ayudándole a comportarse de una forma determinada. 


Los Valores posibilitan definir prioridades; ayudan a encaminar la vida del ser humano a su autorrealización; son creencias que permiten elegir entre una situación u otra. 


Donde los Valores corresponden a las acciones o comportamientos correctos o incorrectos, permitiendo diferenciar el bien del mal, de lo que se debe y lo que no, lo justo de lo injusto; pudiendo decir que los Valores involucran sentimientos y emociones, como por ejemplo cuando enaltecemos el amor y aborrecemos el odio, cuando estamos de acuerdo con la paz y no con la guerra, cuando valoramos la libertad contra la esclavitud.


Cada individuo debe identificar sus Valores, dándose cuenta de lo que realmente es importante en su vida. 


Para mantener Principios y Valores se necesitan actitudes y conductas, ya que es la forma en la que se actúa en un momento determinado lo que define que  creemos, sentimos y valoramos. 


Los Valores son valiosos por lo que son, es decir, por lo que pueden llegar a significar o representar, y no por lo que se opine de ellos. 


Entre los Valores más comunes tenemos: responsabilidad, respeto, audacia, compromiso, compasión, consistencia, competitividad, cortesía, creatividad, confianza, disciplina, justicia, bondad, lealtad, apoyo, gratitud, por seleccionar entre muchísimos otros que cada uno de Uds. puede y debe añadir.


¿Coraje?


Otra sencilla palabra, Coraje, con dos significados aparentemente antagónicos para muchos, y que para mi, y espero que también para muchos de Uds., en realidad son complementarios. 


Su primer significado es valor, decisión y apasionamiento con el que se acomete una acción, especialmente cuando se afronta un peligro o una dificultad. 


El segundo es la rabia, enfado o disgusto, que causa no haber podido evitar una situación o suceso adverso. 


Es una palabra curiosa, ya que es préstamo del francés del siglo XIV, “courage”, que significa valentía; a su vez derivado del latín “cor”, corazón


Etimológicamente las dos acepciones del sustantivo pertenecen a la familia de corazón, respecto a los sentimientos. Y si a cualquier ser vivo se le detiene el corazón, ¿qué ocurre? Así es, se muere. 


Pero vayamos más lejos... ¿Qué le ocurre a una persona y sociedad sin Coraje para defender sus Principios y Valores? ¿Para defenderse como individuos? Sin Coraje, y etimológicamente hablamos de corazón no lo olviden, perecen, biológica y éticamente. 


¿No me creen? 


Quizá podrían preguntar a los romanos del siglo V, a los aztecas del XVI, o persas, China Imperial, España Imperial, Sacro Imperio Románico Germánico… ¿sigo? 


Por cierto, la palabra coraza, tiene el mismo origen etimológico. Curioso, ¿no creen?


¿Honor?


Y finalmente Honor, esta si se considera hasta despreciable y trasnochada a día de hoy. Siendo tan banales que confundimos Honor con simple reputación, y esta con fama y notoriedad. 


Cuando es la cualidad moral que impulsa a una persona a actuar rectamente, cumpliendo su Deber con Coraje, de acuerdo con sus Principios y ValoresEs el respeto y buena opinión que se tiene de las cualidades morales y de la dignidad de una persona. 


Honor viene del latín “honos”, “honoris”, describiendo cualidades como rectitud, decencia, dignidad, gracia, fama, respeto, etc. que deben tener las personas. De ahí surgen también las palabras honesto, honrado, honradez, honra, honorable, etc. 


Por cierto.. respecto al concepto "deben tener", no es lo mismo que "tienen” … ¿verdad?

La Hoja de Ruta final.


Todas las cualidades morales descritas son las que deben marcar la hoja de ruta en la vida, siendo la brújula de esa ruta la propia conciencia. Y sí, lo sé, en las sociedades actuales conciencia propia hay poca y cada vez menos, lo sé, no me lo recuerden.


Procuraré regresar a escribir de cosas más mundanas, sobre pegar tiros y demás.


No disculpen mi salida de tono en este articulo... hay días que toca... y cuando toca... toca ...


Cuídense y cuiden de los suyos.

domingo, 12 de mayo de 2024

Luchando por sobrevivir a un enfrentamiento armado.

Luchando por sobrevivir a un enfrentamiento armado.


Por Cecilio Andrade.


 Veamos... enfrentamiento armado… estrés… ansiedad… pelear… sobrevivir… entrenar… ¡wow! ... menuda locura psicodélica... ¿no creen?


Ya conocemos lo que los pensamientos hacen en las emociones y estas a su vez en el organismo, para que en base a todo ello este desarrolla sus propias respuestas.


Veamos si es factible crear una pequeña hoja de ruta ante un cuadro de ansiedad.

  • Los pensamientos nacen de la corteza cerebral, la misma que genera la conciencia del entorno y de uno mismo, para desde ahí dirigirse hacia el cerebro medio donde se encuentra el sistema límbico, el dulce hogar, a veces, de las emociones.
  • El sistema límbico, tras generar la o las emociones correspondientes a los hechos pensados, envía mensajes a las glándulas suprarrenales, situadas encima de los riñones, para que liberen un conjunto variable de sustancias químicas en el torrente sanguíneo, con el objeto de acelerar las funciones de muchos órganos, preparándolos y activándolos.
  • Estas sustancias, además de lo comentado, al anegar el organismo activan también la glándula pituitaria en el cerebro, sita bajo el órgano rector de las funciones básicas de supervivencia como especie y como ser vivo, el hipotálamo, la cual libera a su vez más sustancias que obligan a las glándulas suprarrenales a generar de nuevo más compuestos químicos, con lo que acaban provocando lo que se llama de forma genérica síndrome de estrés, sin ser este su función biológica fundamental.

Eso es muy … muy … a groso modo lo que ocurre ante la ansiedad, con un cuadro de estrés sorpresivo tan solo debe retirarse de la ecuación el primer punto, ya que los pensamientos no actuarán como generadores, pasando directamente esa función a las emociones, aunque estas actuarán por una muy pequeña e ínfima fracción de tiempo, siendo el hipotálamo el que, como verdadero ángel guardián de la especie, tomará las riendas ordenando a las glándula pituitaria, anexa al  mismo hipotálamo, segregar todo su coctel de ordenes químicas de forma inmediata, siendo este mismo coctel el que a su vez alerte a las glándulas suprarrenales para actuar.


Muchos se preguntarán porque hablar de ansiedad en este asunto de armas, combates y agresiones, si en un enfrentamiento armado no existe tal cosa como la ansiedad común, no existe ni lo permite un lapso de tiempo tan ínfimo, la realidad es que surge directamente el estrés puro y duro. 


No puede ser más correcto, tienen toda la razón del mundo, pero la ansiedad puede ayudar de gran manera para entrenar al propio organismo y mente ante una acción de supervivencia estresante y extrema como es un enfrentamiento armado. 


¿Cómo? Se preguntarán... espero saber explicarme de forma mínimamente coherente. 


Analicemos el resultado del coctel anterior a nivel químico, hormonal y biológico, coctel que es prácticamente el mismo para el organismo, ya sea debido a la ansiedad como por al estrés. Lo cual es algo muy a tener en cuenta a la hora de diseñar programas, planes y ejercicios de adiestramiento operativo de forma realista, con vistas a su aplicación en el mundo real. Generando ansiedad en los entrenamientos es factible simular en gran medida las situaciones de estrés real ante una confrontación armada.


Curioso, ¿no creen? De cualquier forma no por ello es menos real y aplicable si se conoce en profundidad y se le sabe sacar todo el rendimiento posible.


Ante una agresión o acción armada el organismo libera sustancias químicas porque necesita ser más fuerte, más rápido y más capaz de recibir y asimilar pequeños, o no tan pequeños, daños. 


Con la ansiedad son liberadas prácticamente las mismas sustancias. Usen ese dato en sus entrenamientos.



¡Agresor neutralizado! 


"Ok... Ok... he neutralizado la agresión y estoy bien…. O eso creo… Y… ¿ahora qué hago? ¿Qué… toca?"


En principio tras neutralizar una agresión es necesario permanecer observando y controlándola situación y entorno con el arma, salvo que haya otros agresores y sea necesario repeler más ataques. 


Si no es tan multitudinaria la acción o verdaderamente importante es no dejar de controlar situaciones y entorno hasta que por el motivo que sea, fallecimiento, patente pérdida de capacidad, engrilletamiento, etc. el agresor(es) deje de ser un riesgo. El control visual, insisto en ello por su importancia, debe ser completo, desde el antes si la situación lo ha permitido, pero durante y después lo es de forma inexcusable.


Se bajará el arma, como se comentó en algunos ensayos anteriores, hasta una posición que sin dejar de "alinear" el arma sea posible ver sus manos, que es donde realmente y está el verdadero riesgo, ya que salvo que sea un artista circense y pueda manipular armas con sus pies, o su esputo sea acido o venenoso, no me disculpen el sarcasmo, manteniendo la distancia el único peligro estará en las manos. 


Si la situación se relaja un poco más es factible pasar a una posición Sul,  guardia alta o baja, etc, posición,  sea cual sea, de alerta y control, que sin ser aparentemente ofensiva permitirá reaccionar en milésimas de segundo.


Obviamente, en toda posición que se adopte de vigilancia, el dedo permanecerá a lo largo del arma, jamás dentro del guardamonte ni en contacto con el disparador. El arma, si se ha disparado, estará en la mayoría de los casos en simple acción, y el coctel hormonal del organismo favorecerá que un simple roce o estornudo ajeno contraiga ese dedo, generando un disparo indeseado, con lo que si el arma está dirigida en dirección al agresor neutralizado…. 


¿Cómo se justificaría legal y éticamente ese otro disparo… sorpresivo y negligente?


Se ha desenfundado de forma suave, fluida y a la mayor velocidad que permita controlar todos los pasos necesarios de la la técnica, y ahora ¿cómo enfundar? Sin prisas, con calma, respirando y oxigenándose antes, favoreciendo el pensar que cosas deben chequearse. 


Recargar si se considera necesario, comprobar si hay o no cartucho en recámara, que el arma quede en doble acción y/o asegurada, para tras todo ello desandar el camino del desenfunde y llevar el arma a su lugar de transporte, dejándola asegurada y lista para otra acción si es requerida. Lo mismo se aplicaría para un arma larga.


Unas simples manipulaciones, junto con la respiración correcta y la actitud mental positiva del que sabe que actuó legítimamente, ayudan a estabilizarse y a no cometer fallos de seguridad. Actuando todo ese conjunto a modo de ritual que ubica al sobreviviente en una situación controlada y calmada. 


Otro ritual muy recomendable, tanto psicológica como por motivos físicos evidentes, es el chequeo táctil de comprobación que no se ha sufrido heridas que puedan ocasionar mayores daños futuros. Lo crean o no, hay demasiados casos documentados en los que el vencedor de un enfrentamiento fallece, o casi, como consecuencia de una herida que por el estado emocional y hormonal interno no pudo o supo detectar a tiempo.


Recuerden que una de las acciones del estrés y su descarga química, es la reducción de la sensación de dolor con vistas a elevar las posibilidades de supervivencia, con el objetivo de que este dolor no bloquee las tareas de defensa y combate.


Este "ritual" puede ampliarse realizando el mismo chequeo, visual esta vez, tras practicar el táctil primero a uno mismo, con los compañeros que puedan acompañarnos, y a su vez ellos con nosotros, para reafirmar esa comprobación de estatus físico. 


Esta ampliación del proceso de verificación también ayuda a la conciencia de unidad grupal, al pensamiento de que se ha hecho lo correcto, y, lo más importante psicológicamente, calma, centra y enfoca la mente.


Suelo detallar y desmenuzar tanto la aparentemente simple acción de desenfundar y presentar un arma, que da la impresión de que pretendo transmitir, en lugar de un gesto aparentemente simple, un acto circense acrobático. 


No pretende ser esa la razón de mi detallada descripción. Tan solo considero que la atención a los detalles es lo que define a un maestro de un simple aficionado. Lo crean o no, ese es el secreto del piloto de rallys que llega a ser campeón del mundo, del gran maestro de piano, del trapecista casi suicida, del cirujano de éxito, del cantante de renombre y del futbolista tan aclamado, entre otros muchos buscadores de la excelencia.


Nadie logra la maestría, o su aproximación a ella, entrenando una vez al mes, ni una vez a la semana, se requiere mucho más compromiso y atención al detalle. Y por supuesto repetir, analizar y entrenar, hasta convertirlo en un reflejo adquirido, suave, fluido, sencillo y natural. 


No hay más secreto.


Lo que nos dice nuestro propio cuerpo tras sobrevivir.


Lo cierto es que es increíble todo lo que nos dice el propio cuerpo tras sobrevivir a un enfrentamiento armado … o quizás no tan increíble.


Todo aquel que haya pasado por uno o más sustos en su vida, no solo en acciones armadas, sino también ante un simple suceso durante la conducción diaria camino del trabajo, por ejemplo, sabrá reconocer determinadas señales.


Veamos si es posible identificar algunas.

  • El estomago me ardía, y me subía ese ardor hasta la garganta”. 
    • Las sustancias vertidas en el sistema sanguíneo no se llevan muy bien con el estómago. 
    • Este genera de forma natural ácido clorhídrico para poder descomponer los alimentos, pero el problema surge cuando esas sustancias estresantes le dan un mensaje para que libere más ácido. 
    • Y ahí está el conocido ardor de estómago que quita el apetito durante la ansiedad, o tras una situación de estrés vital no permite comer mucho, con el estómago encogido y ardiente.
  • No podía moverme, los músculos no me respondían, ni podía hablar”. 
    • Que los músculos se contraigan, se pierda coordinación y tacto es una particularidad de todos conocida, así como el hecho de sufrir temblores y estremecimientos sin control.
    • La respuesta del cerebro, sus ordenes a través de las neuronas, de los nervios, son confusas y fragmentarias, siendo esto que comentamos, temblores, estremecimientos, tics, etc. uno de los efectos más visibles.
  • Notaba mis manos como con hormigueo, sin tacto, y vi en el espejo que estaba extremadamente pálido”. 
    • La sangre abandona parcialmente las zonas periféricas, concentrándose en los órganos vitales y los músculos más grandes y potentes, los que permitirán responder, resistir, pensar, luchar o huir con mayor garantía de éxito. 
    • Se busca con esto reducir el riesgo de desangrado ante daños y cortes leves.
    • Así como resistir más durante todas las acciones necesarias de supervivencia.
  • Sentía una presión en el pecho, apenas podía respirar, me costaba mucho meter aire en los pulmones”. 
    • Los pulmones se contraen, dificultando la respiración que se vuelve irregular y jadeante.
  • Las manos me sudaban tanto que apenas podía agarrar el arma y mucho menos empuñarla, el sudor se me metía en los ojos, notaba mis axilas pegajosas y chorreando, el olor de mi sudor era nauseabundo”. 
    • Las glándulas sudoríparas son activadas con la primera descarga de sustancias químicas buscando mantener una temperatura corporal normal a pesar del aumento de presión sanguínea. 
    • Sangre que por otro lado se retira de las zonas específicas en la periferia del cuerpo como vimos en un punto anterior, con lo cual no es factible esa refrigeración correcta.
  • Notaba la boca seca, apenas podía tragar, tenía la garganta también seca y como hinchada”.
    • Las funciones orgánicas normales no son necesarias ante una lucha, el organismo busca por todos los medios reducir gastos superfluos y acumular medios y energía para reparar posibles daños. 
    • La hidratación es fundamental para poder actuar durante un tiempo, y por ello reduce la producción de saliva innecesaria para sobrevivir en una lucha, salvo que consideremos que escupir pueda ser una forma de combate.

¿Les suena de algo todo eso?


Seguro que sí, y no solo a miembros de una unidad de fuerzas especiales como ya comenté, también a un ciudadano tranquilo y supuestamente sin riesgos ante un sobresalto en el tráfico, una llamada diciendo que su hijo o pareja ha tenido un accidente grave, una entrevista importante para su futuro profesional, una aparición de ese o esa ex que no necesita ni desea ver más, o un instructor que les exige un ejercicio muy difícil frente a todos los compañeros.


Los casos pueden ser infinitos. 


Sí, sin duda alguna les suena, así que permítanme un consejo... recuérdenlo cuando entrenen sus capacidades y habilidades para trabajar en entornos de alto riesgo.


Cuídense y cuiden de los suyos.

domingo, 5 de mayo de 2024

Maravillosa entrevista con Indómitos TV

 Maravillosa entrevista con Indómitos TV

Transmitir el conocimiento es la última fase del aprendizaje.

Intentar trasmitir, explicar y expresar a alguien una idea o un concepto que uno ya sabe, nos obliga a esforzarnos en reflexionar sobre el por qué y el cómo lo sabemos.

Luchamos por convertir el conocimiento tácito en conocimiento consciente y razonado.

Eso es aprender.

No importa si es en un seminario, curso, conferencia o, como en este caso, una fantástica entrevista con Brian Porcel.

Gracias amigo por enseñarme tanto.



En breve repetimos.

domingo, 28 de abril de 2024

¡¡¡SIN MUNICION!!! ¡Rápido, Cambia de cargador! ¡¡¡RÁPIDO!!!

¡¡¡SIN MUNICION!!! ¡Rápido, Cambia de cargador!   ¡¡¡RÁPIDO!!!

Por Cecilio Andrade.


En todo saber humano encontramos distintos procedimientos, más o menos correctos, para alcanzar las mismas metas. Normalmente estas diferencias son honestos intentos de dar una solución personal a un mismo problema, visto desde experiencias, habilidades y conocimientos diferentes. 


Enfocándonos en la necesidad de cambiar un simple cargador, algo que en realidad no es tan simple, esta acción no puede ser diferente a lo comentado en las líneas anteriores, varios procedimientos y diversos tips, algunos supuestamente antagónicos y, para una gran cantidad de buenos fanáticos obcecados, solo hay una única forma correcta, la “suya” obviamente.


Pero… 

- ¿Realmente existe un único procedimiento?

- ¿Puede la situación, el entorno, las habilidades, el estado físico, anímico, entre otros factores de uno mismo, definir mejor que procedimiento emplear? 

- ¿Son todos esos tips antagónicos? 

- ¿Podrían ser realmente adaptaciones a según qué circunstancias dadas? 


Muchas preguntas, demasiadas para una mayoría de usuarios de armas, ante un acto tan aparente simple y sencillo como es cambiar un cargador vacío, o con poca munición, por uno lleno y completo. 


Lo cierto es que cambiar un cargador de una forma eficaz y rápida puede en muchos casos marcar la diferencia del resultado final de un enfrentamiento, ya saben “el diablo está en los detalles”, pero claro hay que conocer esos detalles al dedillo… y de paso al diablo.


A lo largo de la Historia los mejores guerreros, tácticos y estrategas han sido siempre los que más rápido ha sabido adaptarse y aplicar nuevas variables a las circunstancias. 


Anoten, antes de continuar, un pequeño tip mental:


En el trabajo con armas nunca nada es inamovible, muy al contrario, es adaptativo y evolutivo. 



Y ahora... ¿Neurología?

Me van a permitir, que remedio si están leyendo este artículo, explicar el por qué de mi terminología personal sobre la denominación de las técnicas de recarga de armas, después de todo me ha traído más de un agresivo comentario reprochándomelo en mis seminarios, hablo de  recargas reactivas y recargas proactivas.

En el rico idioma español, y más en sus versiones internacionales, existen infinidad de términos para definir cuando y como cambiar un cargador, y no hablaré de sinónimos del cargador mismo. 


Respecto al cambio tenemos de emergencia, táctico, operativo, administrativo, etc., entre los principales. Todos ellos son correctos y descriptivos, pero para mi opinión adolecen de definir la situación externa, del entorno en la que se realiza dicha acción, entorno externo sobre el que no tenemos control alguno.


En mi concepto considero que es más útil definir la situación interna personal, la única que se percibe claramente y sobre la que es posible influir directamente. Por todo ello empleo términos neurológicos como proactivo y reactivo, definiendo cómo actúa la mente ante una situación determinada, la que sea, pero en este caso aplicando estos mismos principios a los cambios de cargador.


Una acción proactiva:


Es aquella que se realiza por propia y consciente decisión. 


En el caso de una recarga es cuando se decide cambiar el cargador para poder disponer de uno completo en el arma, no tiene que haber un motivo concreto y definido, ni prisa o premura de tiempo, se considera pertinente y se actua pensando de forma activa en previsión de posibles acciones y necesidades futuras.


Una acción reactiva:


Implica, por el contrario, responder ante una situación ya dada. 


En nuestro caso que el arma se queda sin munición, donde técnicamente hablando el hecho de estar frente a un adversario o no es casi lo de menos. Se reacciona ante ese hecho que hay que subsanar con la mayor premura posible, actuando de forma reactiva ante un evento concreto y vital, no queda munición en el arma, algo que con o sin adversarios a la vista está que es un riesgo vital.


Como ven, ambas definiciones hacen mención a la actitud mental que debe poseer el profesional armado, sin entrar en cuestiones particulares, situaciones concretas ni circunstancias puntuales. Considerando siempre que es la mente la principal arma y, por tanto, la que debe ser pulida, afinada y afilada, empezando por utilizar términos, desde el punto de vista de la Neurolinguística, que faciliten dichas acciones. 


Algo que ya he comentado en trabajos precedentes, la mente inconsciente, la que toma el control en situaciones de supervivencia inmediata, no tiene sentido del humor ni interpreta, es literal y directa. El empleo de una u otra aparentemente simple palabra puede resultar una ayuda o un hándicap, dependiendo de los múltiples factores externos. Es siempre mejor buscar formas y términos que no le compliquen un trabajo ya de por si extremadamente complicado.


Ante la necesidad de recargar solo existen dos posibilidades, recarga reactiva o recarga proactiva, y sin duda ambas generan discrepancias fanáticas, empezando por como nombrarlas... como ya comenté...


Ahora añadan a esta "complicada" ecuación de recarga  que mientras la primera, la reactiva, tiene un procedimiento básico y reconocible de forma casi universal, la proactiva por su parte tiene dos procedimientos principales a considerar y muy discutidos por los especialistas  y/o expertos... con o sin comillas, lo dejo a su criterio.


En ambos casos es muy importante conocer y entrenar la enorme serie de pequeñas variaciones, en forma de tips adaptados a anatomías, situaciones, equipaciones y entornos más que a la acción de recarga en sí.


Por cierto, utilizo también estos dos términos en muchos otros casos y situaciones, no solo recargando, sino también en aspectos como son el tiro reactivo o proactivo, acciones reactivas, planificación proactiva, etc., etc. y etc.


Recarga Reactiva... la acción que puede marcar la diferencia.

Es más que obvio que ante la situación indeseable, pero por otro lado normal, de tener el arma vacía por haber consumido toda la munición, lo más importante es devolverla a la condición de lista para seguir disparando lo más rápidamente posible. Lo de menos es si el cargador vacío cae al suelo y se pierde, el factor de riesgo de indefensión es mayor que el factor de salvaguardar la equipación


Hasta ahí todo es sencillo, obvio y claro, veamos ahora unos pequeños detalles.


La Recarga Reactiva en condiciones operativas y en su procedimiento general y básico es muy sencilla:


1º - El arma deja de disparar y al presionar el disparador este no realiza ninguna mecanización.

2º - Levantamos ligeramente la pistola o giramos, también ligeramente hacia la izquierda, el fusil, en ambos casos sin perder de vista al objetivo mientras chequeamos la ventana de expulsión. 

        2º bis - Y por cierto... todos miramos esa ventana fatídica en una situación real.

3º - ¡El arma se ha quedado sin munición... /()(=9(("$ ! ... 

        3º bis - Normalmente esta evidencia surge con más de un exabrupto no actos para mentes puritanas.

4º - La mano que empuña genera la expulsión del cargador vacío.

4º bis - A la vez la mano de apoyo va a tomar un cargador lleno.

5º - Lo introduce de forma inmediata y precisa mientras el vacío cae.

6º - Esa misma mano acerroja el arma, dejando el arma lista para hacer fuego de nuevo.


Algunos seguro que sonreirán y pensarán... "Yo me ahorro varios pasos... lo hago mejor". Estoy seguro de ello, pero veamos mi excusa-explicación sobre mi tan larga cadena de acciones.


Desde mis primeros días en el ejército muchos instructores se empeñaban que contara los cartuchos para saber cuándo recargar para "jamás de los jamases" quedarme con el arma vacía. Como procedimiento standard muchos lo conocerán, y seguro que lo habrán sufrido. Ahora bien:


- ¿Cuántos de Uds. lo hacen realmente?

- ¿En pleno y verdadero estrés vital? 

- ¿Cuándo la cabeza quiere “ver” lo máximo posible? 

- ¿Cuándo quieren abatir ese blanco antes que él lo haga con Uds.? 

- ¿Cuándo todo el entorno se ha reducido al ancho de las miras? 


Sean sinceros, al menos para Uds. mismos:


- ¿Cuántos cuentan los disparos? 


La respuesta es sencilla y escabrosa, en un enfrentamiento... nadie.



Para aquellos que insistan que ellos si lo hacen, que saben en todo momento cuanta munición han consumido y la que les queda, mis más asombradas e incrédulas felicitaciones, entonces podrán poner en práctica el tip comentado, dejar un cartucho en recámara mientras insertan un cargador nuevo y completo, ahorrándose el paso de acerrojar su arma. Mis felicitaciones… o eso creo...

Para el resto de los pobres mortales a los que no nos es posible contar en situaciones de verdadero, real y vital estrés, siempre aconsejo que no pretendan acerrojar sus armas, las que sean, largas o cortas, presionando diminutos botones o palanquitas, para llevar los cierres adelante arrastrando un cartucho a la recámara. 


Botones o palanquitas los cuales, por cierto, suelen "encogerse" aun más de tamaño en situaciones de riesgo vital... curioso encogimiento tal cual como dicen algunos que también ocurre con cierto esfínter y gónadas...


El punto principal del párrafo anterior, no la parte del "encogimiento" anatómico, lo comento por varios motivos, como son las prisas, el sudor, uso de guantes, pérdida del tacto fino, etc. debido todo ello al coctel fisiológico, entre otros muchos otros factores que surgen cuando la vida está en juego, y que hacen que sea sumamente difícil encontrar esos mismos botoncitos y palanquitas


Por otro lado, no siempre los cierres se quedan atrasados y bloqueados tras disparar el último cartucho de un cargador, pudiendo ser la causa de una pérdida mayor de tiempo, al creer tener un cartucho en recámara y estar en realidad vacía. Siempre recomiendo acostumbrarse a acerrojar, ya sea con una pistola o con un fusil.


Pese a todo lo anterior debo decir que no considero totalmente incorrecta la técnica de entrenar el presionar de palancas o botones, por más reducidos que se vayan haciendo con el aumento de estrés. La repetición inteligente puede conseguir minimizar muchos errores de tacto, de forma que se conviertan en prácticamente inexistentes. No obstante, aun así existe el riesgo de que el cierre haya quedado adelantado con la recámara vacía y de todas formas se deba acerrojar. 


Personalmente prefiero aprender un solo movimiento que resuelva cualquier situación que se me pueda presentar. 


Por otro lado, mientras con las pistolas apenas hay diferencias de acerrojado, con las armas largas es otro cantar, cada fabricante y/o modelo tiene su forma específica de acerrojado que debe ser entrenada, un AK47 no es un HK G36, ni un FN FAL es un FN Five Seven. Ténganlo en cuenta.


Una vez llegados a este punto hay irreductibles que perjuran que no deben deshacerse del cargador vacío hasta que el lleno esté casi en el arma. Las razones que se ofrecen son múltiples y variadas, aunque en mi opinión estando el arma ya vacía lo que realmente interesa es tenerla despejada lo más rápidamente posible para insertar el lleno y seguir enfrentado un adversario(s) aun activo. 


Entrenando correctamente ambas manos, y sus dedos con ellas, puede realizarse todo de forma simultánea, una desalojando el cargador vacío y otra agarrando, trasladando e introduciendo el lleno y acerrojando finalmente. 


Se pueden conseguir tiempos relativamente buenos, tanto con arma larga como con arma corta, entorno al 1.5 segundos por lo bajo y 3 segundos en lo alto, pero incluso 4 segundos puede considerarse una buena marca si con ella como referencia se entrena inteligentemente para ir reduciendo el intervalo.


Recarga Proactiva.

Como ya se comentó en las líneas precedentes, en la recarga proactiva no hay tanta premura de tiempo, se decide completar la munición del arma por lo que pueda suceder, pero no existe un peligro inmediato enfrente al que reducir, ya que si así fuese se seguiría disparando hasta consumir toda la munición o abatir la agresión, lo que suceda antes, y pasar a realizar una recarga reactiva


Por tanto no es necesario deshacerse y dejar caer al suelo el cargador a medio usar, a veces esos pocos cartuchos restantes pueden marcar una diferencia vital unos minutos más tarde, si se saben guardar, obviamente. 


Las recargas proactivas difieren poco de las reactivas, salvo que el cargador “usado” no debe dejarse caer y si “guardarlo” en algún lugar, siendo este punto donde se observa el primer tip diferenciador de los dos sistemas de recarga proactivatip diferenciador que genera infinitas discusiones bizantinas. 


Procedimiento uno de recarga proactiva:

  • La mano de empuñe procede a destrabar el cargador usado.
    • Si el diseño del arma lo permite, en las cortas no suele haber problema, pero con las armas largas no todas permiten este acto con la misma mano que empuña.
  • La mano de apoyo lo extrae y coloca o deposita en alguna parte del equipo del tirador.
  • Tras lo cual la misma mano de apoyo busca un cargador lleno.
  • Procediendo finalmente a introducirlo en el arma.

Los tips posteriores son idénticos a los comentados en el caso de la recarga reactiva, no variando en detalle alguno, salvo que normalmente no es necesario acerrojar el arma ya que disponemos de un cartucho en la recámara.


Los detractores de este procedimiento alegan que el tiempo de recarga se ralentiza en exceso, pero lo cierto es que en ejercicios cronometrados los tiempos han coincidido casi en exactitud con las recargas reactivas, con mínimos medios de 1.38 segundos y máximos aceptables de 3.30 segundos. 


Lo innegable es que este procedimiento es sencillo de entrenar ya que la mano de apoyo solo debe realizar un movimiento, de bajada y subida, con lo que la habilidad y el tiempo invertido en dominar toda la acción es muy asimilable y sencillo de mantener. Por otro lado los problemas de tacto y estrés se ven bastante reducidos al no implicar movimientos ni agarres finos ni exageradamente precisos.


Estoy relativamente seguro que más de uno/a se habrá dado cuenta que escribí, “coloca o deposita”, ¿qué diferencia hay? 

Antes de continuar hagamos un pequeño inciso: 

No es recomendable situar cargadores a medio usar junto con los llenos, las confusiones que se pueden crear podrían resultar letales

El cargador usado debe ubicarse sobre uno mismo y disponible para un caso de necesidad, pero separado de los llenos. Puede  colocarse entre el cinturón y el abdomen, dentro de la camisa o chaleco si se porta, o incluso  en la menos recomendable de las soluciones, en un bolsilloUna posibilidad muy en boga es depositarlo en una bolsa de descarga situada para estos casos en el cinturón. 

En todos los casos es posible disponer de ellos en una emergencia sin que se mezclen nunca con los completos, evitando el riesgo de generar errores fatales al creer estar introduciendo uno lleno en el arma.


Procedimiento dos de recarga proactiva:


Este procedimiento implica que deben realizarse dos acciones simultáneas relativamente complicadas pero no imposibles si se entrenan con constancia.

  • La mano de apoyo va primero por el cargador lleno.
  • Lo mantiene sujeto entre el índice y corazón en oposición con el pulgar.
  • Con el meñique y el anular en oposición con el talón de la mano agarra el cargador usado que es liberado en ese momento por la mano de empuñe.
  • Lo extrae y mantiene retenido para, con un giro de muñeca, introducir el cargador lleno.
  • Tras lo cual lleva el cargador usado va al mismo lugar comentado en la recarga anterior.

Los defensores de esta ejecución comentan que de esta forma el tiempo sin munición es mínimo; y los detractores alegan que el stress, sudor, humedad, guantes, tamaño de las manos y habilidad requerida la hacen muy complicada como procedimiento operativo. 


Lo cierto es que con entrenamiento inteligente y buen criterio se pueden conseguir tiempos medios entre 1.42 y 3.40 segundos casi con cualquier arma, larga o corta, cosa que está bastante bien.


La mano de apoyo debe realizar algunas acciones de ir, volver y manejar volúmenes relativamente grandes, pero insisto que no es algo negativo ni contraproducente, tengo manos muy pequeñas y recargo un G36 con este método sin problema alguno, incluso con guantes.


Tan solo requiere una inversión en tiempo de entrenamiento y mantenimiento algo mayor, pero nada que no pueda llevar a cabo por un buen profesional … con un disciplinado e inteligente trabajo diario.


Aunque en el 75% de las situaciones empleo el procedimiento uno, también practico el dos y me resulta muy útil en el 25% de muchas otras situaciones.


Pragmatismo y adaptación, virtudes de un profesional armado.


Se que es una parábola que cuento muy a menudo, no, demasiado a menudo.... pero la de "el elefante y los cinco sabios ciegos" es demasiado larga.


Según una antigua leyenda, existía un diamante con miles de facetas que mostraba la verdad mirando a través del mismo. Obviamente nadie veía una verdad común, ya que cada cual miraba por una faceta distinta que modificaba la verdad a su ojo y le hacía pensar que era el único que veía lo correcto. 


El primer gran sabio fue aquel que intentó mirar por el mayor número de facetas posibles, sumando todo lo que observaba para hacerse con una imagen lo más completa y aproximada posible de esa verdad.  


Y han leído bien, lo más aproximada posible, ya que no existen verdades absolutas, lo lamento por los dogmáticos respecto a sus realidades.


Debemos ser pragmáticos, es una de las virtudes principales que un operador armado con posibilidades de éxito necesita poseer. Si además poseen la capacidad de adaptación, sin duda todo ello es prueba de que saben pensar… de forma pragmática y adaptativa. 


Con esas tres virtudes las posibilidades de supervivencia pueden considerarse como mínimo mucho más amplias.


Recuerden, si solo tienen un martillo solo verán clavos, si tienen una caja completa de herramientas, y saben usarlas y sacarles partido en cualquier entorno y situación, sin duda podrán adaptarse a casi cualquier situación y entorno con las máximas posibilidades de supervivencia.


Cuídense y cuiden de los suyos.