lunes, 3 de agosto de 2020

Un clásico del tiro… una historia… un Coronel … y muchos detalles a considerar.

Un clásico del tiro… una historia… un Coronel … y muchos detalles a considerar. 


Nota corta por Cecilio Andrade.


Llegaba tarde al aeropuerto, perdería el último vuelo y quedaría atrapado en ese país. Tenía que correr, tras esa esquina ya solo le quedarían unos cientos de metros hasta la terminal y podría embarcar hacia un lugar más acogedor. La esquina, girar y…. un rebelde con su ubicuo AK. Toda la adrenalina que llevaba en su organismo le dio alas a la mano derecha para ir por la Browning High Power, desenfundando y colocando dos “taponazos” tan perfectos que parecía estar en el campo de tiro. Por ello mismo, por la perfección de su desenfunde y tiro, bajó el arma más relajado, aliviado incluso, lo había hecho bien, sus instructores estarían contentos, le habían grabado de forma inapelable que una secuencia así a esa distancia tumbaba a todo el mundo, …. ¡imposible! El rebelde no había caído, se tambaleaba, eso sí, pero aun estaba intentando encarar su fusil. “¡La cabeza! ¡Dale en la cabeza!” le gritaba su híper-acelerado cerebro. Comenzó el lentísimo, para él al menos, paso de caracol ascendente de su arma hasta la línea de tiro a la cabeza de aquel rebelde que también estaba alzando su AK47… no llegaría… a tiempo…

Podría dejar la incertidumbre sobre si el protagonista logró llevar su arma a la línea de tiro correcta para salvar su vida, si no hubiera sido así quizás esta técnica sería conocida con otra anécdota, otro protagonista, otro país y por tanto con otro nombre. El protagonista, John Rouseau, es menos conocido, casi tan poco como las circunstancias de entrada a esta nota corta. Pero el señor Rouseau logró elevar su pistola antes que el rebelde lo encañonara, y por los condicionantes de este tipo de acciones, estrés, prisas, precipitaciones, efecto túnel, magnificado por el coctel hormonal, no logró alcanzar la cabeza como buscaba, su proyectil impactó en la clavícula, desviándose para acabar alojándose en la médula espinal, incapacitando al rebelde, permitiendo al señor Rouseau salvar su vida y subir al avión que lo sacó del país, y lo más importante del cuento, después de salvar su vida, fue que se lo contó a alguien que supo bien que hacer con la historia, nada más y nada menos que al Coronel Jeff Cooper… lo que son las cosas ¿verdad?

Esta técnica, Mozambique, es un paso más desde la base de un secuencia cualquiera al centro de masas. Enajenación mental, adrenalina, drogas, chaleco de protección balística, etc pueden ser razones por las que los disparos a esa zona parezcan no dar resultado, o el perfecto resultado deseado, lo cierto es que dos o más “taponazos” en el pecho puede que no lo neutralicen, pero muy difícilmente no se verá afectado y frenado de forma dolorosa, aunque no sea letal. Por ello el señor Rouseau, recuperado de la sorpresa buscó la parte del cuerpo que visiblemente no tenía protección, que de ser alcanzada cortaría cualquier problema hormonal, psicológico o químico de raíz, a saber, la cabeza. Esa es la técnica, y su secuencia mínima dos al torax y uno a la cabeza.

Pero atención al detalle importante, entre la secuencia y el último disparo a cabeza, el arma debe bajar un poco, lo justo para ver que efecto han causado, si no hay uno apreciable sin dudar se buscará la cabeza, es su vida o la de Ud´s, decidan en adiestramiento, no en pleno tiroteo. Por norma se dice que el arma debe bajar hasta el abdomen, a modo de referencia, del adversario, para ver sus manos y los efectos en el torso. Pero esto no es tan simple como parece, personalmente soy una persona que eufemísticamente se puede definir con de una talla por debajo de la media, enfrentado a un objetivo de 1.75 m. en una posición isósceles mi arma suele quedar alineada sobre el tercio inferior del esternón,  para mi bajar hasta su cinturón y luego regresar por su cabeza es un gran recorrido, pero es que además no lo necesito, sus brazos, los que portan el peligro evidente de un arma, siempre están por encima de mi línea de miras, y veo como reacciona con claridad con apenas unos cm´s que baje mi arma, ventajas de ser un pigmeo. Y para mí hipotético adversario que ya debe apuntar no al frente, si no un poco hacia abajo para alcanzar mi torso, bajar hasta mi cinturón casi le implica apuntar al suelo.

Lo he exagerado ligeramente, lo reconozco, pero la intención era tan solo dejar claro y de forma evidente que no se trata de marcar pautas fijas, si no de adaptarse al entorno, a nuestro estado, a la actuación del adversario, al adversario mismo, etc. Bajará el arma lo justo para controlar las reacciones del objetivo, ya sea hasta el cinturón, el ombligo, la boca del estómago o el centro del esternón, se trata de ver claramente, no de cumplir normas divinas.

La velocidad de la secuencia inicial lo marcará lo que ya vimos en notas anteriores, para definir cual utilizar específicamente; el último disparo requiere una pausa de “inspección” y luego subir el arma hasta alinearla con la zona buscada, la cabeza. Este intervalo de tiempo debe marcarse claramente en los entrenamientos para ver realmente los objetivos. El estrés de la realidad ya se encargará de acortar los intervalos, que si no se marcan en el adiestrarnos se acabará generando disparos letales que en muchos casos serán innecesarios. Eso implica ser de los buenos, los que neutralizan y no matan, y si mueren a consecuencia de sus acciones, ellos son los únicos responsables; los buenos no matan por una mala “costumbre”, o vicio, de entrenamiento.


Les veo el Viernes, espero, con otra nota corta. 


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 31 de julio de 2020

Secuencias de disparos, de dos en dos o de 15 en 15, la cuestión está en los detalles… como en todo.

Secuencias de disparos, de dos en dos o de 15 en 15, la cuestión está en los detalles… como en todo.


Nota corta por Cecilio Andrade.


Como toda técnica, encadenar disparos debe siempre encuadrarse dentro de un contexto de situación, y este dentro de una táctica o procedimiento de uso y empleo. Quedar anclados en un adiestramiento de “x” disparos rutinario y específico es un gran error. Su aplicación debe siempre prever repetir disparos, ampliado secuencias hasta que el peligro haya sido neutralizado, no cayendo en la trampa integrista de dar por inamovible una idea determinada. En los acciones a vida o muerte, donde la voluntad humana y su capacidad de supervivencia y superación entran en lid, no existe algo que pueda considerarse “norma fija”, siempre hay que esperar lo inesperado. 

Veamos antes dos cuestiones aclaratorias. ¿Qué es eso de “secuencias” y “encadenar”?, a unir la acción de un disparo con la siguiente, lo que es esencialmente una secuencia o encadenamiento de disparos, sean de dos o sean de 100. La otra cuestión hace referencia a que las diferencias de los disparos en secuencia solo pueden ser definidos a nivel de velocidades, en la diferencia de tiempo entre disparos. Dicho esto se pueden distinguir claramente cuatro tipos de secuencias, diferenciadas siempre bajo el parámetro de velocidad o intervalo.

  • Secuencia controlada. En la cual el siguiente disparo de la cadena solo se materializa tras recuperar completamente la alineación del arma y muñecas, comprobar las miras, y disparar conscientemente. Aun siendo una secuencia relativamente rápida es manifiestamente más lenta por todos los actos conscientes que deben realizar.
  • Secuencia especializada. Esta es un poco más rápida ya que la recuperación de posición de arma y muñecas es menos consciente, en base a la propiocepción entrenada del tirador, más comúnmente conocida como memoria muscular. Las miras solo se vislumbran apenas sobre el blanco, principalmente el punto de mira.
  • Secuencia inconsciente. Este es el concepto clásico de este tipo de secuencias de tiro, tal y como fue definido en su momento por el Instituto Americano de Pistola. Esta técnica se apoya totalmente en la propiocepción. Tras el primer disparo el siguiente se materializa en el momento exacto que las referencias corporales y visuales se corresponden a las interiorizadas por miles de repeticiones. Apenas hay control visual fuera de un alineamiento muy somero y siempre sobre el punto de mira.
  • Secuencia dividida. Puede denominarse dividida o repartida, ambos adjetivos son correctos. En este supuesto ante dos objetivos muy cercanos y casi alineados, tras realizar el primer disparo a uno de ellos, debe aprovecharse la recuperación del arma para alinearla con el segundo blanco. En ambos casos se usará el punto de mira en la zona correcta. Es básicamente una variación para dos blancos de la  “secuencia especializada” que se comentó antes. Hasta una distancia de 4 ó 5 metros realizar esta técnica correctamente en un intervalo inferior a 1 segundo se puede considerar nivel experto, bajar de 1.30 segundos estando uno mismo en movimiento también es algo muy avanzado. Con objetivos en movimiento, y uno mismo evadiendo su línea de ataque, más el estrés y sus efectos campando a sus anchas por el organismo, rondar 1.5 segundos puede ser un intervalo más que realista.

A modo de resumen la secuencia de disparos para cada una de estas cuatro variaciones sería como sigue:

    • Secuencia controlada: 
    • Alinear miras - disparo - recuperación - verificar posición - alinear miras -  disparo - repetir secuencia… 
    • Secuencia especializada: 
    • Punto de mira - disparo - recuperación - punto de mira - disparo - repetir secuencia…
    • Secuencia inconsciente: 
    • Punto de mira - disparo - recuperación - disparo - repetir secuencia…
    • Secuencia dividida: 
    • Punto de mira - disparo - recuperación/alineación con el segundo objetivo - punto de mira-disparo - repetir secuencia…

¿Por qué realizar secuencias? ¿Por qué no un único disparo? En este punto la cantidad de discrepancias y discusiones bizantinas sobre eficacias balísticas, balísticas de efectos y velocidades para alcanzar uno o varios blancos antes que alguno o todos lo alcancen a uno mismo, puede ser interminable. Mi opinión es muy pragmática, objetivo lejano y móvil es más difícil de alcanzar y de que me alcance, objetivo alcanzado es objetivo que ve mermadas sus habilidades motoras, será más lento y torpe, lo que permitirá seguir alcanzándolo hasta que deje de ser un riesgo y haya sido neutralizado completamente. Puedo disparar 10 cartuchos o solo con dos se neutralice, pero ¿llegaré a tiempo al segundo objetivo antes de que me alcancen a mi? La pregunta del millón.


Quizá siga con ella el Lunes  en la próxima nota corta… quizá.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 27 de julio de 2020

Mitos y detallitos … sin pretender defender su uso general… y sí, el misterioso Doble Tap.

Mitos y detallitos … sin pretender defender su uso general… y sí, el misterioso Doble Tap.


Nota corta por Cecilio Andrade.


Repito lo que dice el título de esta nota, “sin pretender defender su uso general”, que quede claro.


- “Los dos impactos deben ir muy juntos, muy pegados, para que sea realmente eficaz”. Este es uno de esos detalles sobre el que no hay razones inamovibles a favor o en contra, ni forenses ni técnicas. La idea básica es que al estar muy juntos el daño es exponencialmente mayor y por tanto genera una neutralización más eficaz y rápida. Los opositores alegan que el segundo proyectil al penetrar en una zona ya dañada no amplifica los daños, como mucho penetra más,  contraponiendo que al separar un poco los impactos, sobre 15 a 20 cm, las dos zonas dañadas se suman en una de mayor amplitud y volumen, neutralizando más rápida y eficientemente. Personalmente nunca me he planteado este asunto para cuestiones de trabajo real, lo más cercano que he llegado a plantearme es en referencia a intentar agrupar lo máximo posible en entrenamientos, ya que me consta que en un enfrentamiento real el estrés, la precipitación y la situación en si misma van a aliarse para separar mis disparos. Si me acostumbro a agrupar en 20 cm con el “relax” de un entrenamiento, ¿qué ocurrirá cuando este hiperventilado para encarar el arma desde una posición imprevista? La agrupación se abrirá, quizás hasta el punto de perder el objetivo. En los entrenamientos exijo la máxima agrupación posible para que con estrés tenga la mínima dispersión. Por una simple cuestión de efectividad, no por balística.


- “Doble tap, solo hay uno". Con este razonamiento suelen quitar el factor distancia para materializar un doble tap. Factor que define si un doble tap debe ser más lento o más rápido ¿cuántas de sus cejas se han levantado? “si es lento no es un doble tap”. Disparar más lento o más rápido es tan sencillo de explicar como que si el objetivo está muy cerca es un riesgo mayor que si está a 20 metros. Y es un riesgo mayor hay menos tiempo para reaccionar, debiendo disparar más rápido para neutralizarlo más pronto. Como además es un objetivo cercano es más grande y más fácil, relativamente, impactar. Por ello “ese” doble tap debe ser rápido, muy rápido. Pero si el objetivo es más lejano, el riesgo se reduce un poco a la vez que se dificulta alcanzarlo, y más si este se mueve, por ello es necesario asegurar los disparos disparando más despacio. Y, aquí muchos volverán a levantar de nuevo la ceja para decir, “entonces no es doble tap”… Ya se verá, o no, en una próxima nota corta sobre este punto en particular.


El primer disparo de un doble tap es, habitualmente, el caballo de batalla de toda discusión sobre su utilización, veamos tres mitos.


- “El primer disparo siempre se falla”. Curiosamente las estadísticas dicen todo lo contrario, el 75% de los fallos corresponden al segundo disparo. Y por fallo entiendo todo disparo que no alcanza la zona exacta buscada, impacte o no en el objetivo. En tiradores de tipo medio, si tienen una buena técnica de desenfunde y presentación de su arma, el primer disparo suele partir desde una posición estable y sólida, pero al querer sacar su segundo disparo con la máxima rapidez, este tiende a salir antes de tener el arma correctamente posicionada. En tiradores de bajo nivel, con desenfundes y presentaciones defectuosas, el error puede ser del 100% en ambos disparos. Y aunque a veces arma y blanco se alinean, pudiendo dar la impresión de que algo hace bien, recuerden que hasta un reloj inmóvil da la hora correcta dos veces al día.


- “El primer disparo es para corregir”. La mayoría de quienes opinan así suelen apoyarse en el punto anterior, “como voy a fallar el primero pues lo uso al menos para corregir”. Esta “excusa” es más común en tiradores de arma larga que en los de arma corta, pero en cualquier caso no deja de ser una excusa más. Si disparan alto no verán lo impactos y no podrán corregirlos, por ello “fallan” por abajo para “guiar” su segundo impacto el blanco. Pero lo cierto es que raramente ese segundo disparo “corregido” da donde desean. El error acumulado de técnica pasa factura con intereses cada vez mayores, si no somos capaces de dar al blanco con la posición más firme es improbable darle una vez que esta posición se modifique con el retroceso y posterior “carrera” por recuperar la alineación.


- “El primer disparo es para que baje la cabeza y no me dispare". Desgraciadamente el efecto túnel por el estrés de un enfrentamiento afecta tanto al agresor como al agredido. Y leen bien, digo desgraciadamente, ya que me refiero al uso de esta excusa. El adversario no verá donde dan los impactos, hasta es probable que ni se entere si le dan a él, cuanto menos verá si dan en el suelo delante, a un lado o encima. ¿Por qué? El efecto túnel hará que apenas vea un círculo que tendrá como centro el arma que lo quiere neutralizar, la de Uds. Todo lo que quede fuera de ese “tunel” simplemente no existirá. Y esto es así tanto para el policía, el militar, el escolta y el legítimo usuario, por el lado de los buenos, como para los agresores de todos ellos. No bajarán la cabeza por la simple razón que no verán nada que se la haga bajar.


Les veo el Viernes con la siguiente nota corta.


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 24 de julio de 2020

Agresor neutralizado y aun sigo ileso, hoy vencí … ¿y ahora qué toca?

Agresor neutralizado y aun sigo ileso, hoy vencí … ¿y ahora qué toca?


Nota corta por Cecilio Andrade.


Tras neutralizar al agresor es necesario seguir observándolo a la vez que se le controla con el arma, salvo que haya evidencias o sospechas de otros agresores que sea necesario repeler o controlar. Si no es una multitudinaria “gran balacera” no es recomendable dejar de controlar al agresor hasta que por el motivo que sea, fallecimiento, pérdida de capacidades, engrilletamiento, etc. deje de ser un riesgo evidente. El propio control visual, insisto en ello por su importancia, debe ser completo en todo el desarrollo de la acción, en el antes no siempre la situación lo permite, pero durante y después debe realizarse de forma inexcusable. El arma se bajará hasta una posición en la que sin dejar de encañonarlo permita ver sus manos, que es dónde está el verdadero riesgo, en ninguna otra parte. Salvo que sea un artista circense y pueda manipular armas con los pies, o su esputo sea venenoso, manteniendo la distancia el peligro estará siempre en las manos. Si la situación se relaja un poco más, es posible pasar a la posición Sul, de alerta y control, de una forma aparentemente poco agresiva, pero a la vez siendo capaces de reaccionar en milésimas de segundo.

Obviamente, en la posición de vigilancia y control qué se adopte, el dedo permanecerá a lo largo del arma, jamás dentro del guardamonte ni en contacto con el disparador. En este momento el arma, que ha sido disparada, estará en simple acción en la mayoría de los casos, y el coctel químico, enzimático y hormonal del organismo favorecerá que un simple roce o estornudo ajeno contraiga ese dedo y se produzca una descarga negligente. Que es la definición correcta, negligente, y no la vocalización de una excusa al utilizar términos como indeseada o accidental, es disparo por negligencia en su manipulación, ni más ni menos. Con lo que, volviendo al tema que nos ocupa, si durante la realización de esa negligencia el arma está dirigida hacia el agresor, neutralizado y ya no agresivo, ¿cómo se justificaría legal y en conciencia ese otro disparo? Piénsenlo.

Se ha desenfundado a la mayor velocidad que permita que con suavidad y fluidez controlar todos los pasos para hacer una acción de disparo segura, precisa, eficaz y efectiva; ahora ¿cómo enfundar? Simplemente sin prisas, con calma, respirando y oxigenándose antes, favoreciendo el pensar que cosas deben hacerse y cuales no. Recargar si se considera necesario, comprobar y decidir si se deja o no un cartucho en la recámara, que el arma quede en doble acción y/o asegurada si lo requiere el modelo y los procedimientos entrenados, y entonces se “desandará” el camino y gestos del desenfunde. Dejando el arma en su funda, asegurada y lista si es requerida para otra acción. Estas simples manipulaciones, junto con una respiración correcta y la actitud mental positiva del que actuó legítimamente, ayudan a estabilizarse y lograr la calma, pero sobre todo a no cometer fallos de seguridad. Las acciones reseñadas actúan a modo de ritual que dirige la mente hacia una situación controlada y calmada. 

Otro ritual muy recomendable, tanto por razones psicológicas como de supervivencia, es realizar un chequeo visual y táctil a modo de comprobación de que no se ha sufrido herida alguna que pueda ocasionar daños mayores. Lo crean o no, hay infinidad de casos documentados en los que el “vencedor” de un enfrentamiento acaba falleciendo, o casi, como consecuencia de una herida que por el estado emocional y hormonal interno no pudo o supo detectar a tiempo. Recordemos que una de las acciones del estrés es la reducción de la sensación de dolor con vistas a elevar las posibilidades de sobrevivir,  y que el dolor no bloquee las tareas de defensa y combate. Este ritual puede ampliarse realizando el mismo chequeo, tras practicarlo primero a uno mismo, con los compañeros, y a su vez ellos con nosotros, a modo de reafirmación de estatus físico. Esta ampliación también ayuda a la conciencia de unidad y grupo, al pensamiento de que se ha hecho lo correcto, y, lo más importante psicológicamente, a calmar y centrar la mente.

En notas anteriores he detallado y desmenuzado tanto la  aparentemente simple acción de manipular una arma, larga o corta, que quizá de la impresión de que en lugar de un gesto aparentemente simple, es un acto circense y acrobático. No es esa mi intención. Son los detalles los que separan a un experto de un simple aficionado. Lo crean o no, es el secreto de ese campeón de IPSC, al igual que del maestro de piano, del trapecista casi suicida, del malabarista de éxito, del cantante de renombre, del futbolista internacional, etc. Nadie logra la maestría, o su aproximación, entrenando solo una vez al mes, ni una vez a la semana. Requiere mucho más, atención al detalle y repetir (entrenar), hasta convertirlo en algo innato. No hay más secreto.


Les veo el Lunes con otra nota corta.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 20 de julio de 2020

Educando el dedo, porque ya lo decía la abuela… ¡Ese dedo! … el dedito que marca la realidad de supervivencia en un enfrentamiento.

Educando el dedo, porque ya lo decía la abuela… ¡Ese dedo! … el dedito que marca la realidad de supervivencia en un enfrentamiento.


Nota corta por Cecilio Andrade, continuación de la del Viernes.


Continuando con la nota corta del Viernes pasado, durante la fase de aprendizaje y corrección, es importante que el disparo no se pueda prever, sabiendo que se producirá pero no el instante exacto del mismo. Si ello no es así, el ejercicio no servirá de nada, al menos respecto a lo que se busca corregir. Con esta simple y sencilla práctica se corrigen no solo los efectos reactivos adversos, cerrar los ojos, presión excesiva del arma, etc. sino además otro fenómeno negativo anexo, el denominado gatillazo, el indeseado e impreciso disparo fruto de una contracción brusca del dedo. Mientras se mantiene la concentración en la alineación correcta del arma sobre una zona concreto del blanco, la mente no podrá definir cuando la presión ejercida soltará el disparo. Se concentrará en la puntería olvidando la explosión, con lo cual se perderá, poco a poco, el miedo instintivo al disparo, mejorando la capacidad de alcanzar un blanco con precisión y eficacia, sin perderlo en ningún momento de vista. La mente humana está programada para poder concentrase con precisión y exactitud en un único objeto o acción en concreto, ni una sola cosa más. Bajo presión esta capacidad se agudiza hasta el extremo.

Evidentemente el ejercicio anterior no es válido para trabajar y entrenar una acción defensiva o de combate, no es posible perder tanto tiempo en realizar un disparo cuando la propia vida, o la de terceros, está en riesgo. De todas formas, en esas situaciones, la atención siempre estará por instinto en el objetivo, jamás en el disparador. Es por ello que si se ha entrenado previamente de forma correcta el movimiento del dedo, bajo estrés este actuará de idéntica forma a lo entrenado, solo que más rápido. E aquí donde entra en juego ese factor tan importante, y también tan menospreciado, en el tiro defensivo y de combate, el control del disparador o gatilleo, y que consiste en identificar los distintos pasos o tiempos que realiza antes de que se produzca el disparo. Esto permite conocer cuánto recorrido mínimo debe soltarse el disparador para que vuelva a armar el sistema de disparo después de cada acción de fuego, tras lo cual poder volver a presionarlo para realizar otro disparo. Es evidente que cuanto menor sea el recorrido del disparador, menor será el movimiento del arma, y por tanto menor la posibilidad de errar.

Al disparar un arma esta se eleva, mientras se mantiene la atención en recuperar la alineación con el blanco, sobre todo del punto de mira, el dedo no debe soltar el disparador. Mientras el retroceso siga actuando se mantendrá esa presión. Una vez recuperada la alineación de los elementos de puntería se suelta ligeramente el disparador, lo justo y preciso, para que el sistema vuelve a armarse posibilitando otro disparo. Con el tiempo, y práctica inteligente, se podrá soltar el disparador ese recorrido “justo y necesario” a la vez que el arma recupera su alineación.

¿Cuándo ocurre esto? En la mayoría de las armas modernas basta con soltarlo un par de milímetros, notándose un ligero “clic” vibrante que lo identifica, tras lo cual es posible volver a presionar para repetir el disparo. Evidentemente en una acción real no es factible estar pendientes de detectar u oír ese “clic”, es algo a entrenar previamente, para que durante la cruda y dura realidad surja de forma natural e instintiva. No entrenar este punto genera que el dedo suelte en exceso el disparador, con lo cual, no solo el arma se moverá en exceso entre y durante cada disparo, sino que además se perderá un tiempo precioso y necesario.

Todo esto no es un secreto de grandes, ni pequeños, maestros. Todo lo contrario, es algo que casi todo tirador, del tipo que sea, comenta hasta la saciedad. Pese a ello, muy pocos lo entrenan debidamente y aun menos comprenden la enorme relevancia de la “educación del dedo”. Mis propias experiencia, tanto positivas como negativas, me han marcado en este punto. Es con toda certeza el entrenamiento más importante así como el menos desarrollado habitualmente. Su relevancia, entrenar el dedo de forma correcta, se basa en una regla de seguridad que debe considerarse fundamental, como espero y deseo que haga la mayoría. 


“Hasta que no tengas el objetivo en tus miras no pongas el dedo en el disparador”.


¿Existen razones científicas para respaldar este argumento? La razón es consecuencia del fenómeno denominado “Interacción Entre Miembros”. Termino que describe la contracción instintiva de los músculos, de la mano entre otros, en situaciones de estrés. Este fenómeno, en lo que nos atañe sobre disparar un arma de fuego, se subdivide en tres factores o respuestas interconectadas que ya comenté en algunas notas cortas anteriores. ¿Las leyeron? (1) y (2)  Si las repasan encontrarán que escribí sobre:

  • Respuesta de Pérdida de Equilibrio.
  • Respuesta de Presión Simpática.
  • Respuesta Sorpresiva.

Les veo el Viernes con otra nota corta.


Cuídense y cuiden de los suyos.


(1) - https://cecilioandrade.blogspot.com/2020/02/empunamiento-y-encare-algo-mas-que-una.html

(2) - https://cecilioandrade.blogspot.com/2020/02/gatilleando-el-disparador-o-algo-asi.html

viernes, 17 de julio de 2020

La importancia del dedo y el ritmo… y no, no hablo de tocar la guitarra… hablo de disparar un arma de fuego.

La importancia del dedo y el ritmo… y no, no hablo de tocar la guitarra… hablo de disparar un arma de fuego.


Nota corta por Cecilio Andrade, una solicitud.


Buscar el ritmo para empuñar un arma, manipularla, disparar con eficacia y precisión, subsanar interrupciones, y todo ello mientras se mueven y analizan el entorno, no solo no es fácil sino que el más mínimo error desencadena una cadena de eventos de consecuencias potencialmente fatales. Moverse sin lograr controlar el disparo es una condena segura, tanto a nivel biológico como jurídico y ético. Es por ello obligatorio buscar un esmerado control del disparador, del movimiento seguro, del control firme, y todo ello siempre bajo los principios de ritmo, fluidez y precisión... ¿Difícil? Quizá. El punto crítico de un disparo preciso, y probablemente el más importante, es el control del disparador, de la palanca de disparo, o, más comúnmente denominado, “gatillo”. Un buen control del mismo permite realizar el disparo, o disparos, sin que afecte en modo alguno al seguimiento de los elementos de puntería. Presionando hacia atrás sin brusquedades, ni presión angular que afecte a la alineación del arma con el objetivo. Es muy importante saber que la suavidad da precisión, y que esa suavidad, correctamente aplicada, jamás implica lentitud. Dos son los elementos clave para ese perfecto control, a saber, colocación y presión. Buscando la correcta colocación del dedo y la correcta presión sobre el mismo, ni excesiva ni brusca, y donde ambas cuestiones dependen de varios factores, siendo uno de los principales el sistema de disparo del arma, Simple Acción. Doble Acción, Doble Acción Unica, etc. 

De forma general, independientemente del sistema, la colocación del dedo debe permitir una presión totalmente paralela al eje longitudinal del arma, sin provocar desviación lateral alguna al presionar. Empuñando con la mano derecha, introducir demasiado el dedo suele generar disparos desviados hacia la derecha, por el contrario, si solo es la punta del dedo la que presiona el disparador, el disparo tiende a ir hacia la izquierda. Si el tirador fuese zurdo las variaciones se invierten. Ahora bien, exactamente ¿qué parte del dedo debe ejercer esa presión? Según el tipo de arma o, siendo más exacto y correcto, según el sistema de disparo del arma, se apoyará una zona u otra del dedo. Para armas de simple acción lo más recomendable y común es apoyar el centro de la yema del dedo. Para armas de doble acción, en las que se requiere realizar una presión mayor y más prolongada, lo aconsejable es apoyar sobre la articulación de la tercera y segunda falange, distal y media o, para los que somos más viejos, falangeta y falangina. En armas con sistemas del tipo DAO o similar, al no necesitar tanta presión como en doble acción, pero algo más que en simple acción, se suele aconsejar apoyar la zona entre la yema y la articulación. 

Es evidente que todo lo anterior depende de más factores, como puede ser el tamaño del arma respecto a la mano que la empuña, los kilos de presión del disparador o el nivel de adiestramiento del tirador, entre varios otros factores.

Para el actual cerebro humano, no muy distinto operativamente del de nuestros ancestros homínidos, no lo olvidemos, golpear, lanzar piedras o palos es algo sumamente sencillo, asumible, básico y natural. Pero es evidente que una explosión en el extremo de la mano es algo, cuando menos, antinatural. Es por ello que, cuando se dispara, el cerebro tiende a buscar alejarse de esa explosión, ya sea cerrando los ojos, encogiendo el cuerpo, tensándolo excesivamente, por nombrar algunas de las acciones más comunes con las que acaba provocando errores de precisión en los disparos. ¿Puede evitarse? Sí, entrenando para evitar esas reacciones con una técnica tan antigua como sencilla, el disparo por sorpresa. Casi el 100% de los tiradores la conocen, se les ha explicado en alguna fase de su adiestramiento aquello de “el disparo debe sorprenderte”, si bien en la fase de iniciación y precisión es fundamental esta técnica, también ayuda a corregir ese instinto erróneo que he comentado.

Al presionar el disparador, notando los clics de los pasos del mismo, pero sin detenerse a pensar en ello, manteniendo la atención totalmente centrada en los elementos de puntería respecto al blanco, en su correcta alineación, aplicando una presión constante, homogénea y suave, hasta que en un momento dado, ¡BANG!, se “escapa” el disparo. Esa es la definición rápida de un disparo por sorpresa. Compárenlo con la aplicación de un colirio, colocando el pequeño bote sobre el ojo, primero se debe visualizar el agujero del gotero de forma correcta y centrada, tras lo cual se presiona poco a poco hasta que una gota cae “por sorpresa” en el ojo. Si la alineación no es la correcta la gota probablemente no alcanzará el ojo. Pero si se ejerce una presión excesiva o irregular, las gotas, cuando no el chorro, alcanzarán cualquier lugar menos el ojo.


El Lunes continuaré esta nota corta que también nació con espíritu de artículo o libro.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 13 de julio de 2020

El cerebro del profesional armado … ¡casi un kilo y medio de gelatina lista para luchar y sobrevivir!… pese a todo

El cerebro del profesional armado … ¡casi un kilo y medio de gelatina lista para luchar y sobrevivir!… pese a todo.


Nota corta por Cecilio Andrade.


Pues sí, sin duda es un órgano más, el generador de las ordenes y reacciones específicamente, pero uno que también sufre sus propias acciones biológicas y químicas, y de una forma muy acusada además.

  • No podía pensar con claridad, sabía que tenía que hacer algo pero no recordaba que, no reconocía que estaba pasando”. La mayoría de las sustancias generadas afectan, llegando a impedir y obstruir, a la transmisión nerviosa normal. Pensar es una acto electro-químico de las neuronas, el cerebro está formado por millones de ellas, por tanto si la transmisión entre neuronas se ve afectada, obstruida o reducida, el pensamiento cuando menos es inconexo,  incompleto y/o ineficaz.
  • Después que pasó todo apenas recordaba algo”. No pensar con claridad por esa misma transmisión nerviosa irregular afecta a como son recibidos los datos, y recordar es ni más ni menos que recuperar datos. No se puede recuperar lo que no se ha recibido o se ha recibido de forma fragmentaria e inconexa. Ahí es donde el subconsciente puede ayudar con las terapias y técnicas adecuadas, pero cuidado con otro factor, los recuerdos falsos, inventados o añadidos por “asociación coherente”. La coherencia a posteriori puede ser inducida externa o internamente, por comentarios, lecturas, pensamientos, etc. Ser conscientes de que el cerebro no puede recibir información de la forma correcta puede ayudar a reconstruir ese recuerdo sin asociar “coherencias” positivas o negativas pero, normalmente, incorrectas e irreales.
  • Tan solo sentí que mi cabeza se quedó en blanco”. Como ya se comentó, pensar y recordar son simple y llanamente procesos químicos. Las neuronas liberan sustancias químicas para comunicarse entre ellas, neurotransmisores. El problema surge cuando las sustancias químicas de la ansiedad y el estrés chocan y obstaculizan a esos neurotransmisores, generando que memoria y pensamiento se vean alterados. Siendo esta alteración mayor o menor dependiendo de la gravedad de la situación vivida. Piensen en un accidente de tráfico que hayan sufrido, ¿recuerdan claramente como llegaron al hospital tras recibir la llamada de que su hijo estaba en el hospital por una colisión en moto? , etc. No es necesario ser un SWAT para sufrir estos efectos.
  • No podía pensar ni respirar, y solo oía que me decían, respira despacio y profundo”. Todo el mundo ha vivido situaciones propias o ajenas altamente estresantes en las que alguien dice, “tranquilo, solo respira hondo”. Es uno de los mejores consejos del mundo en estas situaciones. Los maestros zen, sin ir más lejos, basan todo su trabajo físico en este punto, respirar, concentrarse en respirar. Los pulmones se contraen ante una situación de ansiedad y estrés, con lo cual no logran tomar suficiente oxígeno, y la cuestión es que el oxígeno es fundamental para las funciones de pensar y recordar. Un déficit en la cantidad recibida provoca un menoscabo en el funcionamiento correcto de un cerebro que necesita como condición sine qua non el 20% del inspirado, lo cual, si lo comparamos con su volumen respecto al resto del cuerpo, es mucho oxígeno. Y mientras otros órganos pueden ralentizar sus funciones para consumir menos oxígeno, y los músculos usar otros “combustibles” anaeróbicos, sin necesidad de oxigeno, el cerebro no puede hacer ni una ni otra cosa. Si no recibe su 20% mínimo de oxigeno las funciones no se van reduciendo, simplemente  se “desconecta” o “apaga”... temporal o definitivamente...


No somos animales tan racionales y pensantes como gustamos creer, muy al contrario somos sumamente dependientes de la biología y bioquímica para responder a estímulos externos e internos, lo cual no otorga razón alguna para escudarse en ello y dejarse llevar. La concienciación, el entrenamiento bien dirigido, la comprensión de los hechos y/o posibles sucesos futuros, usar la innata capacidad de aprendizaje, emplear el mayor atributo del intelecto humano, la curiosidad, para investigar, y en definitiva, pensar, dará miles de posibilidades más que simplemente dejarse llevar por las olas de un coctel químico, por más biológico y natural que este sea. Es obligado aprender a llevar el timón en esas encrespadas olas, jamás permitiendo que nos estrellen contra los arrecifes de una reacción incorrecta y/o improcedente.

Recuerden las tres “E”, Educar, Estudiar, Entrenar. Y no hay más, damas y caballeros.


Les veo el Viernes contestando una solicitud.


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 10 de julio de 2020

Empuñamiento a dos manos… eso que dicen que cada cual tiene su “estilo” y no es necesario entrar en detalles… ese mismo.

Empuñamiento a dos manos… eso que dicen que cada cual tiene su “estilo” y no es necesario entrar en detalles… ese mismo.


Nota corta por Cecilio Andrade.



La importancia de este punto bien merece algo más que una nota corta, como un viejo artículo largo que apenas nadie leyó, seguramente por ocupar algo más de siete páginas, sin duda demasiado que leer en el mundo actual de “memes” de una frase corta y palabras bien sencillitas… vaya… me salió la vena sarcástica… y yo que pensaba que la tenía bajo control… mi viejo ego me la sigue jugando. En fin, no me disculpen, asumo el cargo, dejaré el texto completo para ese libro que guardo en el baúl de lo posible y/o potencialmente publicable. Volviendo al tema que nos ocupa hoy, el empuñamiento a dos manos, ese mismo que como dice el título no es necesario analizar ni estudiar, después de todo cada cual tiene unas manitas distintas, y ese cada cual agarra como gusta, y por otro lado si en defensa y en combate el disparo mas importante es reactivo y se dispara a una mano para no perder tiempo… ¿para que tanto tema de enfocarnos en cosas de dos manos que son superfluas? … Otra vez con el sarcasmo… No aprenderé nunca.

Para los que aún gusten de analizar veamos algunos detalles. Es en el punto final del recorrido de los brazos donde el arma quedará, normalmente, empuñada con las dos manos, y mientras con la forma del agarre de la mano principal apenas hay dudas, con el contacto con la de apoyo suelen surgir muchas opiniones más o menos divergentes. El empuñamiento de la mano principal, ya quedó explicado en una nota corta anterior y algún que otro artículo más largo propio o de plumas más sabias, si se ha hecho correctamente desde el desenfunde es inamovible hasta que el arma regrese a su funda. La de apoyo, la izquierda normalmente, al entrar en contacto con el arma debe “rellenar” los espacios que quedan libres sobre la empuñadura con el talón y palma, mientras los dedos se colocan sobre los de la mano principal que ya empuñaban el arma. De esta forma se obtiene un bloque uniforme y compacto, sin espacios huecos ni puntos sin superficie de contacto y apoyo.

¿Y con los pulgares qué se puede hacer? Si se ha colocado correctamente el talón de la mano de apoyo, y sus dedos, el pulgar de forma natural quedará por delante y debajo del respectivo pulgar de la mano principal, con lo cual ambos quedaran paralelos y a su vez a lo largo del lateral de la pistola. Situando exactamente el pulgar de la mano que empuña sobre la tercera falange del pulgar de la mano de apoyo. Todo lo cual facilitará el control del arma por cuatro motivos básicos.

  1. Al no dejar espacios huecos el control del arma es más efectivo.
  2. Los pulgares dirigidos al frente facilitan la alineación del arma en dirección.
  3. Ayudando a tener una referencia lineal de la pistola respecto a la muñeca y el antebrazo.
  4. La colocación exacta sobre la tercera falange de la mano de apoyo facilita controlar la recuperación de la alineación en altura tras cada disparo.

Ya te vale, Cecilio, todo el mundo sabe que eso que describes es para tiro deportivo, en tiro policial y defensivo se cruza un pulgar sobre el otro. Todo el mundo sabe eso” … no tengo muy claro eso de que “todo el mundo sabe”, ni si todo ese “mundo” tiene claros conceptos de biomecánica y propiocepción… sin duda no lo tengo muy claro, esta “tecnica” genera espacios huecos que desestabilizan el control del arma, ya que producen tensiones laterales que la desalinean de su línea de tiro. Con estrés, dichas tensiones laterales, se amplían de tal forma que unidas al leve descontrol generado por los espacios huecos creados, provocan errores angulares que llevan a fallar completamente los disparos. Y en muchos casos también afectando al control eficaz del indice de la mano principal. 

Y ahora nos dirás que apoyar el dedo índice de la mano de apoyo sobre el guardamonte del arma también es un error”. Bueno, no se si generar mayores errores angulares y descontrol, se debe considerar error. La tensión del momento se transmitirá a través del brazo, mano y por último al dedo, sacando el arma de la línea de tiro. Ahora sumen, espacios, huecos, dedos cruzados, dedo índice de la mano de apoyo sobre el guardamontes….. ni hablemos si le añadimos “gatillazos”, excesiva presión de las manos por estrés…. Etc. 

Detalles, detalles, detalles…. De ahí la importancia de la atención al detalle. Ni comentaré el poner el dedo pulgar sobre la muñeca de la mano principal…. Solo prueben para ver cómo queda el empuñamiento, y que defectos detectan. Si deciden disparar así tengan preparado desinfectante para la segunda falange de ese pulgar, es muy probable que les haga falta.

En fin… faltan muchísimos detalles más… pero sería mucho texto… sin duda.


El Lunes terminaré las notas cortas de los dos Lunes anteriores,  que se alargó porque quiso ser artículo en un mundo que solo quiere "memes" facilones y conocimientos sencillos.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 6 de julio de 2020

Sobrevivir a un enfrentamiento armado … y lo que nos dice el propio cuerpo.

Sobrevivir a un enfrentamiento armado … y lo que nos dice el propio cuerpo.


Nota corta por Cecilio Andrade.


Todo aquel que haya pasado por uno o más sustos en su vida, no solo en acciones armadas, sino también un simple “suceso” durante la conducción diaria camino del trabajo, por ejemplo, sabe reconocer determinadas “señales”. Veamos si las podemos identificar.

  • “El estomago me ardía, y me subía ese ardor hasta la garganta”. Las sustancias que se comentaron en otras notas cortas no se llevan muy bien con los estómagos. Este genera de forma natural ácido clorhídrico para poder descomponer los alimentos, pero el problema surge cuando esas sustancias “estresantes” le dan un mensaje para que libere más ácido. Y ahí tenemos el conocido ardor de estómago que quita el apetito durante la ansiedad, o tras una situación de estrés vital no permite comer mucho, con el estómago “encogido” y ardiente.
  • “No podía moverme, los músculos no me respondían, ni podía hablar”. Que los músculos se contraigan, perdamos coordinación y tacto es una particularidad de todos conocida, así como el hecho de sufrir temblores y estremecimientos sin control; la respuesta del cerebro, sus ordenes a través de las neuronas, de los nervios, son confusas y fragmentarias, siendo uno de los efectos más visibles esto que comentamos en este punto, temblores, estremecimientos, tics, etc.
  • “Notaba mis manos como con hormigueo, sin tacto, y vi en el espejo que estaba extremadamente pálido”. La sangre abandona parcialmente las zonas periféricas, concentrándose en los órganos vitales y los músculos más grandes y potentes, los que permitirán responder, resistir, pensar, luchar o huir con mayor garantía de éxito. Así mismo se reduce el riesgo de desangrado ante daños y cortes leves, así como resistir más durante estas acciones de supervivencia.
  • “Sentía una presión en el pecho, apenas podía respirar, me costaba mucho meter aire en los pulmones”. Los pulmones se contraen, dificultando la respiración que se vuelve irregular y jadeante. Lo veremos en una futura nota corta sobre este punto específico.
  • “Las manos me sudaban tanto que apenas podía agarrar y mucho menos empuñar, el sudor se me metía en los ojos, notaba mis axilas pegajosas y chorreando, el olor de mi sudor era nauseabundo”. Las glándulas sudoríparas son activadas con la primera descarga de sustancias químicas buscando mantener una temperatura corporal normal a pesar del aumento de presión sanguínea. Sangre que por otro lado se retira de estas zonas específicas en la periferia del cuerpo como vimos en un punto anterior, con lo cual no es factible una refrigeración correcta.
  • “Notaba la boca seca, apenas podía tragar, tenía la garganta también seca y como hinchada”. Las funciones orgánicas normales no son necesarias ante una lucha, el organismo busca por todos los medios reducir gastos superfluos y acumular medios para reparar posibles daños. La hidratación es fundamental para poder actuar durante un tiempo, y por ello reduce la producción de saliva innecesaria para sobrevivir en una lucha, salvo que consideremos que escupir puede ser una forma de combate.


¿Les suena todo eso? Seguro que si, y no solo a miembros de una unidad de fuerzas especiales, si no, como ya comenté, a un ciudadano tranquilo y sin riesgos, ante un sobresalto en el tráfico, una llamada diciendo que el hijo o pareja ha tenido un accidente, una entrevista importante, una aparición de ese ex que no necesitamos ver más, un instructor que los pone ante un ejercicio muy difícil frente a todos los compañeros. Si, sin duda, seguro que les suena a todos, recuérdenlo cuando entrenen sus capacidades y habilidades para trabajar en entornos de alto riesgo.


El próximo Lunes continuaré de nuevo con esta nota corta que quiso ser artículo, el Viernes contestaré a una solicitud.


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 3 de julio de 2020

¡Agresor neutralizado! Estoy bien…. O eso creo… Y… ¿ahora que… toca?

¡Agresor neutralizado! Estoy bien…. O eso creo… Y… ¿ahora que… toca?


Nota corta por Cecilio Andrade.


En principio, tras neutralizar al/la agresor/a, o agresores/as, ya que de todo hay, es necesario permanecer observando y controlándo con el arma, salvo que haya otros agresores y sea necesario repeler más ataques. Si no es tan “multitudinaria” la acción, es sumamente importante no dejar de controlar hasta que por el motivo que sea, fallecimiento, patente pérdida de capacidad, engrilletamiento, etc. en definitiva, que deje de ser un riesgo. El control visual, insisto en ello por su importancia, debe ser completo, desde el antes si la situación lo ha permitido, pero durante y después lo es de forma inexcusable.

Se bajará el arma, como se comentó en una nota anterior, hasta una posición que sin dejar de encañonar sea posible ver sus manos, donde está el verdadero riesgo, no en otra parte. Salvo que sea un artista circense y pueda manipular armas con sus pies, o su esputo sea acido o venenoso, manteniendo la distancia el único peligro estará en las manos. Si la situación se relaja un poco más es factible pasar a posición Sul, de alerta y control, sin permanecer de forma muy aparentemente ofensiva, pero siendo capaces de reaccionar en milésimas de segundo.

Obviamente, en la posición que se adopte de vigilancia, el dedo permanecerá a lo largo del arma, jamás dentro del guardamonte ni en contacto con el disparador. El arma, si se ha disparado, estará en la mayoría de los casos en simple acción, y el coctel hormonal del organismo favorecerá que un simple roce o estornudo ajeno contraiga ese dedo, generando un disparo indeseado, con lo que si el arma está dirigida en dirección al agresor neutralizado…. ¿Cómo se justificaría legal y éticamente ese otro disparo… sorpresivo y negligente?

Se ha desenfundado a la mayor velocidad que la técnica, suave y fluida, permite controlar todos los pasos necesarios, ahora ¿cómo enfundar? Sin prisas, con calma, respirando y oxigenándose antes, favoreciendo el pensar que cosas deben chequearse. Recargar si se considera necesario, comprobar si hay o no cartucho en recámara, que el arma quede en doble acción y/o asegurada, tras todo ello “desandar” el camino del desenfunde para llevar el arma a su lugar, dejándola asegurada y lista para otra acción si es requerida.

Unas simples manipulaciones, junto con la respiración correcta y la actitud mental positiva del que sabe que actuó legítimamente, ayudan a estabilizarse y a no cometer fallos de seguridad. Actuando todo ese conjunto a modo de ritual que ubica al sobreviviente en una situación controlada y calmada. 

Otro ritual muy recomendable, tanto psicológica como por motivos físicos, es el chequeo táctil de comprobación que no se ha sufrido heridas que puedan ocasionar mayores daños futuros. Lo crean o no, hay demasiados casos documentados en los que el “vencedor” de un enfrentamiento fallece, o casi, como consecuencia de una herida que por el estado emocional y hormonal interno no pudo o supo detectar a tiempo. Recuerden que una de las acciones del estrés y su descarga química, es la reducción de la sensación de dolor con vistas a elevar las posibilidades de supervivencia, con el objetivo de que este dolor no bloquee las tareas de defensa y combate.

Este ritual puede ampliarse realizando el mismo chequeo, tras practicarlo primero a uno mismo, con los compañeros que puedan acompañarnos, y a su vez ellos con nosotros, para reafirmar esa comprobación de estatus físico. Esta ampliación también ayuda a la conciencia de unidad grupal, al pensamiento de que se ha hecho lo correcto, y, lo más importante psicológicamente, calma, centra y enfoca mentalmente.

Suelo detallar y desmenuzar tanto la  aparentemente simple acción de desenfundar y presentar un arma, que da la impresión de pretender transmitir, en lugar un gesto aparentemente simple, un acto circense acrobático. No pretende ser esa la razón de mi detallada descripción. Tan solo considero que la atención a los detalles es lo que define a un maestro de un simple aficionado. Lo crean o no, ese es el secreto del piloto de rallys que llega a ser campeón del mundo, del gran maestro de piano, del trapecista casi suicida, del malabarista de éxito, del cantante de renombre, del futbolista tan aclamado. Nadie logra la maestría, o su aproximación, entrenando una vez al mes, ni una vez a la semana, se requiere mucho más compromiso y atención al detalle. Y por supuesto repetir y entrenar, hasta convertirlo en algo reflejo, instintivo, suave, fluido, sencillo y natural. No hay más secreto.


Les veo el Lunes con la continuación de la anterior nota corta.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 29 de junio de 2020

Enfrentamiento armado… estrés… ansiedad… pelear… sobrevivir… entrenar… menuda locura psicodélica.

Enfrentamiento armado… estrés… ansiedad… pelear… sobrevivir… entrenar… menuda locura psicodélica.


Nota corta por Cecilio Andrade.


Ya hemos visto lo que los pensamientos hacen en las emociones, estas a su vez en el organismo en base a lo cual desarrolla sus propias respuestas.

Veamos si es factible crear una pequeña hoja de ruta ante un cuadro de ansiedad.

  • Los pensamientos nacen de la corteza cerebral, la misma que genera la conciencia del entorno y de uno mismo, para desde ahí dirigirse hacia el cerebro medio donde se encuentra el sistema límbico, el dulce hogar, a veces, de las emociones.
  • El sistema límbico, tras generar la o las emociones correspondientes a los hechos pensados, envía mensajes a las glándulas suprarrenales, situadas encima de los riñones, para que liberen un conjunto variable de distintas sustancias químicas en el torrente sanguíneo, con el objeto de acelerar las funciones de muchos órganos, preparándolos y activándolos.
  • Estas sustancias, además de lo comentado, al anegar el organismo activan también la glándula pituitaria en el cerebro, sita bajo el órgano rector de las funciones básicas de supervivencia como especie y como ser vivo, el hipotálamo, y libera a su vez más sustancias que obligan a las glándulas suprarrenales a generar de nuevo más compuestos químicos, que acaban provocando lo que se llama de forma genérica síndrome de estrés, sin ser esa su función biológica fundamental.


Eso es muy … muy … a groso modo lo que ocurre ante la ansiedad, con un cuadro de estrés sorpresivo tan solo debe retirarse de la ecuación el punto primero, ya que los pensamientos no actuarán como generadores, pasando directamente esa función a las emociones, aunque estas por una muy pequeña e ínfima fracción de tiempo, siendo el hipotálamo el que, como verdadero ángel guardián de la especie, tomará las riendas ordenando a las glándula pituitaria, pegada al  mismo hipotálamo, segregar todo su coctel de ordenes químicas de forma inmediata, siendo este coctel el que a su vez alerte a las glándulas suprarrenales para actuar.

Muchos se preguntarán porque hablar de ansiedad en este asunto de armas y agresiones,, en un enfrentamiento armado no existe tal cosa como la ansiedad, no permite lapso de tiempo para ello, surge directamente el estrés puro y duro. No puede ser más correcto, tienen toda la razón, pero la ansiedad puede ayudar de gran manera para entrenar al propio organismo y mente ante una acción de supervivencia estresante y extrema como es un enfrentamiento armado. ¿Cómo? Analicen el resultado del coctel a nivel químico, hormonal y biológico, coctel que es prácticamente el mismo dentro del organismo, ya sea por ansiedad como por estrés. Lo cual es algo muy a tener en cuenta a la hora de diseñar programas, planes y ejercicios de adiestramiento operativo de forma realista, con vistas a su aplicación en el “mundo real”. Generando ansiedad en los entrenamientos es factible simular en gran medida las situaciones de estrés real ante una confrontación armada.

Curioso, ¿no lo creen? De cualquier forma no por ello es menos real y aplicable si se conoce en profundidad y se le sabe sacar todo el partido posible.

Ante una agresión o acción armada el organismo libera sustancias químicas porque necesita ser más fuerte, más rápido y más capaz de recibir y asimilar pequeños, o no tan pequeños, daños. Con la ansiedad son liberadas las mismas sustancias. Usen ese dato en sus entrenamientos.


El próximo Lunes continuaré con esta nota corta que se me alargó un poco más de la cuenta, el Viernes contestaré a una de las solicitudes.


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 26 de junio de 2020

Aquí lo que cuenta es ser el más rápido, eso de observar es cosa de lentos… ¿o no?

Aquí lo que cuenta es ser el más rápido, eso de observar es cosa de lentos… ¿o no?


Nota corta por Cecilio Andrade


Algo que se escucha, y se lee, muchas veces en boca de infinidad de tiradores es sobre lo imposible de entrenar todas las necesidades que un enfrentamiento armado exige, que para hacerlo bien hay que enfrentarse a ello muchas veces, que solo un instructor que haya “visto el toro” puede acercarse a plasmar un mínimo de lo que se necesita para sobrevivir. Realmente, ¿es esto cierto? En la sociedad actual, ¿Cuántos de los catalogados como instructores han estado en esa “delgada línea roja”?, ¿o azul? ¿o caqui? ¿tan difícil es diseñar entrenamientos que agudicen las capacidades que permitirán tener garantías de supervivencia en un enfrentamiento? ¿Se necesitan medios técnicos de última generación para lograrlo? Lo cierto, por más que a muchos les suene a filosofía barata, es que querer es la mitad de poder, la otra mitad es saber que se quiere lograr y cómo alcanzarlo. Lo que en este caso es relativamente simple, entrenar las capacidades que permitirán regresar intactos a casa por el propio pie.

En casi todas las clases que imparto, teóricas o practicas, surge el mismo punto, con todas las capacidades para generar y ampliar, ¿existen ejercicios que ayuden a ello y a sobrevivir a un enfrentamiento? La respuesta siempre es la misma, sí, tanto por partes como en conjunto; y para ello no son necesarias caras equipaciones, ni escenarios o escenografías inmensas, rebuscadas y circenses, tampoco tragarse miles de minutos de Youtube tratando de discernir si el protagonista del videoclip, pretende emular al trapecista, al domador de fieras o simplemente al payaso de ese circo virtual. Pensar, tan solo pensar, y ahí es cuando surge la antiquísima y, para muchos, misteriosa técnica de leer, analizar, investigar, probar, evaluar, volver a probar, contrastar, etc. Técnica no por más lógica, contrastada y milenaria es más usada hoy en día. Es posible crear coherentes, claros, sencillos y eficaces ejercicios para entrenar de forma realista. Y no solo real por el uso de munición, si no por sus aplicaciones en un enfrentamiento, así como por todas las posibilidades de ampliación y perfeccionamiento que pueden aportar con mínimas modificaciones.

Existen ejercicios tan antiguos, en distintas formas y usos, como el uso de armas de proyectiles por la humanidad; y los mejores generan muchas adaptaciones, modificaciones y distintas formas, unas veces por motivos prácticos y descriptivos, pero también por cuestiones más ególatras y de personalismo. Los más interesantes buscan mejorar las capacidades de observación, orientación, decisión y actuación (¿OODA?) a la hora de emplear, o decidir no usar, un arma de fuego.

Es muy común observar ejercicios en los cuales el tirador o tiradores, de espaldas al blanco, a una señal determinada, normalmente un pitido, giren desenfundando, para antes de terminar el giro estar ya disparando, con una eficacia mayor o menor según sus habilidades, sobre unos blancos bien definidos. ¿Es esto real? Ciertamente existen casos en los cuales no solo es necesidad si no que es imprescindible para lograr una mínima probabilidad de supervivencia, y es bueno entrenarlo además como respuesta motora inmediata y eficaz. Pero, alguno de Uds., operadores armados o legítimos usuarios, ¿imaginan escuchar una voz de alarma para instantáneamente girar mientras desenfundan y dirigen su arma al “bulto” situado a su espalda? Solo apuntar o encañonar, ni comentar si disparan. Estén mirando su Smartphone de última generación, por tanto en condición blanca, o pendientes de su entorno y vigilantes, condición amarilla o naranja, lo que ocurrirá es que:

  • Girarán primero la cabeza, con mayor o menor prontitud, para Observar que ocurre.
  • Tras lo cual el cerebro se Orientará deduciendo que está pasando.
  • Con dichos datos Decidirá cual debe ser la respuesta más eficaz y correcta.
  • Y por último Actuará, si esa actuación es más o menos eficaz y correcta ya es otro tema.

Agrade o no, lo crean correcto o no, el hecho real es que siempre se actúa así, y el cerebro cubre dicho ciclo de forma innata. Si esto no funcionara imaginen la de inocentes transeúntes que serían “baleados “ en las calles de cualquier urbe como consecuencia de una reacción de sorpresa, giro y disparo por…. el petardeo de un tubo de escape atorado. Lo correcto, natural e instintivo es ver antes de actuar, girar la cabeza ante algo imprevisto. Lo legal y ético es saber con exactitud a que se dispara y si debe hacerse, así de simple. Por último, en un enfrentamiento no habrá silbatos, pitidos ni nada similar que haga que un cerebro decida actuar, lo más cercano serán voces, y en el peor de los casos disparos. Por ello los timer deben ser empleados como herramientas de apoyo para evaluar mejoras y avances o retrocesos, no como prueba directa de lo maravillosamente rápido que disparamos ante los que nos observan desde Youtube u otras redes sociales.


Les veo el Lunes con otra nota corta.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 22 de junio de 2020

Algo sobre lo que todo el mundo sabe, todo el mundo entiende.… estrés y fisiología.

Algo sobre lo que todo el mundo sabe, todo el mundo entiende.… estrés y fisiología.


Nota corta a petición de compañeros profesionales armados, por Cecilio Andrade


Muchos textos técnicos sobre este tema, estrés y fisiología, son realmente eso, totalmente técnicos, ya que la mayoría de las veces están dirigidos a personal especializado, con unas necesidades profesionales muy concretas. También hay otros trabajos no tan específicos que siendo dirigidos a personal menos técnico, y con necesidades más de “andar por casa”, se vuelven inexactos y enrevesados. Como con todo, a veces es mejor un término medio, intentando hacer más accesible un tema tan específico, a modo de primer paso que genere el interés y cimientos suficientes para introducirse en trabajos más especializados de buenos profesionales.

Primeras cuestiones, ¿cómo reacciona el organismo ante el estrés y la ansiedad, desde el aspecto de la biología y la fisiología? ¿cómo la mente afecta al organismo? La vieja dicotomía entre pensamientos, emociones y cuerpo. Partiendo de que ansiedad y estrés son popularmente consideradas sinónimas, sin duda por las interrelaciones tan íntimas y profundas, así como efectos muy similares a nivel corporal, no siempre son lo mismo ni surgen de la misma vía o razón. Ante una entrevista para un empleo, una reunión con el/la “ex” con quien no se terminó del todo bien, un trabajo para el que no estamos seguros de estar capacitados, un policía o militar que entra en una zona que sabe que no es segura y no será bien recibido, etc., es muy común sentir ansiedad, y que esta acabe desembocando en un cuadro de estrés. Ante un ataque por sorpresa, una agresión, un “susto” en lenguaje coloquial, directamente se genera estrés, sin pasar por la fase de ansiedad, que normalmente aparece posteriormente. Obviamente esto es algo muy genérico, demasiado resumido dirá, justificadamente, un profesional de la Psicología, y pido disculpas sobre ello. Siguiendo con la filosofía de trabajo de “andar por casa” la ansiedad se apoya en cuatro puntos que parten de uno inicial, pensamientos que anticipan situaciones negativas. A saber:

  • Lo que se piensa anticipadamente.
  • Lo que los pensamientos afectan a las emociones.
  • Lo que las emociones generan al organismo.
  • Y como se comporta el cuerpo y la  mente a consecuencia de ello, su proceder.

Como ya comenté en textos anteriores, el cerebro recibe muchísima más información de la que es posible procesar conscientemente. Y si bien este proceso es una gran ayuda a la supervivencia como especie e individuo en general, en algunos casos genera problemas como la ansiedad, que comparada con un iceberg es tan solo lo ínfimo que asoma a la superficie. A veces mucha información es demasiada información, lo que lleva a actuaciones erróneas y negativas. Normalmente es el sistema descendente y consciente el responsable, el ascendente y subconsciente solo emite datos fríos y concretos, siendo el consciente el que no interpreta correctamente la información que recibe del subconsciente. Añadan a eso los problemas y trabas que la sociedad, cultura y educación recibida pone a esa información y su interpretación, y ya tenemos la escena del drama. La ansiedad surge del pensamiento consciente, pudiendo desde ella llegar al cuadro de estrés. Pero el estrés por una agresión directa y sorpresiva no pasa por el primer punto, el pensamiento consciente ya no actúa, entrando en liza directamente las emociones. Ante un ataque el orden sería:

  • Ante un ataque aparecen determinadas emociones, normalmente sorpresa e incredulidad o negación.
  • Las emociones actúan sobre el organismo generando reacciones químicas, hormonales y nerviosas.
  • En base a dichas reacciones se actúa y responde físicamente.

Ya es obvio que ansiedad y estrés sin ser lo mismo suelen ir de la mano, apoyándose íntimamente. Respecto a los factores de pensamiento y emociones, es necesario generar autoconfianza, autoevaluación, capacidades, habilidades, escuchar a uno mismo, observar y ver, etc. en definitiva, mejorar y ampliar la capacidad de captar y procesar información interna y externa. “Saber es poder” enseña el dicho popular, lo que no puede ser más cierto que en el caso que nos ocupa. Lo que la biología hace con el organismo, con la fisiología del mismo, es necesario verlo desde una ventana muy amplia y general, una ventana apta para todo tipo de lectores, no solo para operadores armados de las unidades de élite o psicólogos especializados.


Les veo el Viernes con otra nota corta.


Cuídense y cuiden de los suyos.