viernes, 25 de septiembre de 2020

¿Cuál es su técnica absoluta?… comparando saber dónde estamos parados con saber disparar.

¿Cuál es su técnica absoluta?… comparando saber dónde estamos parados con saber disparar.

Nota corta por Cecilio Andrade.


Disparando, armas largas, se habla siempre de brazos, hombros, codos, manos, torso, piernas… ¿Qué falta? Cuando perdidos en la montaña se necesita definir un “dónde ca… estoy”, el método estándar es sacar el rumbo inverso a tres puntos visibles e identificados en el plano. Dibujando y cruzando esas tres líneas en el plano, mostrarán normalmente un diminuto triángulo dentro del cual ya no se estará tan perdido. Es posible “localizarse” con dos líneas pero la precisión no será tan exacta. Con el tiro de combate ocurre lo mismo, con dos líneas de control, léase brazos, es posible ser preciso, mas no del todo exactos, falta algo, y ese algo es el control de altura de la línea de tiro. Con la mano principal se controla y dirige el arma, con la de apoyo se controla en altura y deriva, y la mejilla otorga la precisión. Esa es la tercera pata de un trípode de estabilidad, y la tercera línea de referencia del plano. Mirando de frente a un objetivo, sin duda nadie dispara de “reojo”, la cara se coloca creando una línea imaginaria entre la mejilla, el eje del arma y el blanco, línea sobre la que se coloca la culata del arma. Con esos tres puntos de apoyo, ambos brazos y mejilla, el arma quedará dirigida con precisión. Ahora es cuando le toca a los tres ojos, los dos del tirador y el de la boca de fuego, buscar el punto exacto donde deben converger sobre el objetivo.


Según una antigua leyenda, existía un diamante con miles de facetas, un diamante que mostraba la verdad mirando a su través. Obviamente nadie veía lo mismo, cada cual miraba por una faceta distinta que modificaba la verdad a su ojo y le hacía pensar que era el único que veía lo correcto. El verdadero sabio fue el que intentó mirar por el mayor número de facetas posibles, sumando todo para hacerse una imagen lo más completa, y aproximada, posible de esa “verdad”.  Como individuos nos distingue forma física, constitución, habilidades, actitudes, experiencias, criterios, moralidad, principios, trabajo habitual; ahora imaginen a nivel internacional, y específicamente a nivel de instructores, cada cual con sus mayor o menor ego, con su deseo o no de distinguirse, de sacar algo único que lleve su nombre, cada uno con “su verdad”. Y han leído bien, “lo más aproximada posible”, no existen verdades absolutas, lo lamento por los dogmáticos.… en realidades, y siendo sincero, en absoluto lo lamento. En lo que atañe este texto, al trabajo con armas, el trabajo operativo, hay que evaluar cada técnica de forma precisa, y tener claro de qué condiciones positivas y negativas disfruta cada una. Saber el qué, porqué, para qué, como y cuando se emplea cada técnica por esas personas o unidades es importante, y si además se conoce como nació, desarrolló y evolucionó sería perfecto. Lo cierto es que la técnica perfecta no existe, existe el operador que sabe adaptarse mejor y más rápido, independientemente del procedimiento. Existe el operador que usa el menos común de los sentido, y si, ese mismo, el sentido común.


Se habrán dado cuenta que no hay comentario alguno sobre accesorios, empuñaduras, agarres, asas o demás aditamentos que pueden agregarse al arma. No vienen al caso. Han leído en qué puntos concretos han de fijarse para realizar correctamente sus acciones, que las faciliten o entorpezcan por el añadido de accesorios es más una cuestión de preferencia personal o grupal que de otra cosa. Decidan lo que decidan llevar entrarán en lo descrito en esta y otras notas cortas, por lo tanto son Uds. los que deben analizar, estudiar, probar y pensar si les ayuda o dificulta. Por otro lado un accesorio puede ser muy útil en un caso concreto pero entorpecer en otros. ¿Qué casos son más comunes y cuales más improbables? Ya saben, toca pensar.


“Vale, ok, ¿y tú? listillo, ¿como empleas el arma larga? por ejemplo”, pregunta clásica para tener un referente a criticar, imitar o considerar. Pues bien, empleo la que las circunstancias me piden. Por ejemplo, de forma estándar me muevo y actúo con la mano de apoyo recogida, paso a extenderla cuando tengo varios objetivos a media y larga distancia, o debo disparar en movimiento a blancos a esa media y larga distancia, o tras obstáculos a los que no deseo pegarme. Vuelvo a posición recogida en recintos cerrados o a distancias cortas y medias. Busco ser pragmático, adaptándome a las circunstancias y entorno de cada situación. Otra de las virtudes que un operador armado con posibilidades de éxito necesita, pragmatismo. Si además poseen la capacidad de adaptación, sin duda todo ello es prueba de que saben pensar… de forma pragmática y adaptativa. Con esas tres virtudes las posibilidades de supervivencia pueden considerarse como amplias. Un profesional armado no puede ser siempre un martillo, en este mundo no todo se soluciona a golpes, ya que no todo son clavos, aunque ciertamente si abundan. 

Siempre me quedo con la duda y esperanza de haber sabido aportar algo útil que les ayude a pensar y ampliar sus cajas de herramientas y técnicas. En fin, pensar quizá no hará mejores operadores pero si mejores profesionales. 


Hasta el Lunes.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Regresando a la cuestión de la “técnica única” como si hablaran de una revelación divina.

 Regresando a la cuestión de la “técnica única” como si hablaran de una revelación divina.

Nota corta por Cecilio Andrade.


Pongamos un ejemplo, en este particular la mayoría saben que personalmente defiendo el empleo del arma “hacia abajo", pueden encontrar algún que otro artículo mío en ese sentido, pero no desprecio ni desautorizo el arma “hacia arriba”, es más, la empleo, en espacios tubulares, autobuses y aviones, en algunos tipos de zonas industriales, en definitivas cuentas, me adapto, aunque eso implique bajar un poco mis revoluciones de trabajo. Si hablamos de arma corta con posiciones básicas y sus actualizaciones, Isósceles, Weaver, Tactical, C.A.R., Sul, Sien, etc. … las uso todas, paso de unas a otras según el entorno, la distancia, el arma, el adversario, en una calle, en un pasillo estrecho, dentro de un automóvil, al volante o de acompañante, con chaleco pesado externo, con más o menos equipo, ligero interior o ninguno, si hay mucha, poca o ninguna luz. E incluso en ese último caso no empleo la linterna de una única forma, la puedo pegar al centro del pecho para llevarla luego a la mejilla, subirla por encima de la cabeza, llevarla a un lateral con el brazo extendido, para posteriormente cruzarla con el arma y colocarla paralela a la misma, volviendo luego a alguna de las anteriores por necesidad de asegurar lo que se requiere en una linterna, ver, iluminar lo que apunto, como y cuando sea necesario.


Es cierto que en nuestras cajas de herramientas virtuales, abarrotadas de conocimientos, técnicas, procedimientos y sistemas, unos primaran sobre otros, unos serán los que se emplearán el 80 o 90% de los casos, pero ello es así porque en el entorno de trabajo profesional esas serán las más correctas y útiles, las más eficaces y las que menos debilidades tienen. Ahora bien, pretender que esa técnica es la única, que sirve para todo lugar, entorno y situación es una apuesta muy arriesgada. 


Estudien y analicen su trabajo, sus características, situación, entorno, casos previos y posibles evoluciones de los mismos. Con todo ese análisis vayan a su caja de herramientas y saquen todo lo que lleva para reordenar y situar en la parte más accesible de la misma lo que les sea más útil y aplicable a su trabajo. No tiren nada, guarden el resto por orden decreciente de posibles usos, esto es probable pero no habitual, esto es poco probable, esto otro es improbable, y esto no deja de ser una curiosidad. Lo definan como lo definan ahí estarán si lo necesita n. Analicen y entrenen igualmente esas otras herramientas desde todos los aspectos que crean convenientes, hasta que logren pulirlas de tal forma que sean realmente herramientas útiles. Háganlo en el mismo porcentaje que han clasificado el índice de probabilidades, entrenando más lo habitual y menos, pero de vez en cuando, lo improbable.


Si pueden “ver” todo lo que comento podrán opinar con precisión y equidad; dándose  cuenta que no existe nada absoluto en el trabajo operativo o armado. Tan solo pretendo darles una muestra, dicen que basta un botón para ello, sobre cómo debe contemplarse este mundo del adiestramiento. El trabajo de una unidad especial no es igual en Madrid, con sus niveles de riesgo, que, por ejemplo, en Rio de Janeiro y su entorno específico de trabajo policial, pese a que ambas son unidades especiales de primer orden. Ahora comparemos el trabajo de un patrullero en ambas ciudades , y ya comienza a sonar estúpido. ¿Y si metemos en esa comparación a un policía responsable del control de accesos del, también como ejemplo, Ministerio del Interior correspondiente a cada uno de los países citados?, quizá hasta este sonriendo mientras leen estas líneas. Ni hablemos de comparar servicios de guardias de seguridad privada en estas naciones, legislaciones aparte. Las armas pueden ser las mismas o similares, fundas, correas, equipaciones en general pueden ser iguales, incluso habrá procedimientos copiados, pero cada situación es un mundo, cada unidad tiene su personalidad generada por experiencias previas y particulares, y cada operador, policía y/o legítimo usuario son únicos. 


Cambiemos de entorno, observen una competición de esquí, o mejor dos, una de eslalon y otra de descenso en nieve virgen. Ambos esquiadores usan las mismas o similares herramientas, al igual que con las armas en los trabajos profesionales, con pequeñas modificaciones para cada especialidad, pero esquís y pistolas o fusiles básicamente son iguales en sus respectivas funciones. Pues bien, vemos que unos esquiadores se echan muy adelante, otros muy atrás, otros se quedan centrados; unos llevan las piernas muy pegadas, otros las abren un poco, y algunos trabajan con las piernas casi por separado; los hay que bracean mucho y los que parecen tener solo movilidad en las muñecas. Y lo curioso es que estadísticamente hablando todos, en un nivel alto del podio, con sus diferentes formas de hacer y esquiar, vencen con diferencias infinitesimales.


Les veo el Viernes.


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Alargando la posición del brazo de apoyo con un arma larga, un poco más o un poco menos.

 Alargando la posición del brazo de apoyo con un arma larga, un poco más o un poco menos.

Nota corta por Cecilio Andrade.


Continuando con la línea argumental de notas anteriores, esta posición, relativamente fácil de adoptar, es de uso común en el ámbito deportivo del IPSC con carabina y en alza en los entornos operativos. La mano de apoyo se aleja lo máximo posible, sin rigidez excesiva, buscando que la posición y tensión del codo sea muy similar a la requerida para la posición isósceles clásica con pistola. Es posible colocar la mano por encima o por debajo del arma, lo cual depende mucho del tamaño del arma respecto del usuario, de tal forma que se corrige unos centímetros importantes para no tapar la boca de fuego de forma peligrosa. En este caso los errores más comunes son no llegar a extender completamente el brazo, darle excesiva rigidez o "sacar” el codo hacia el exterior. Todo lo anterior genera cansancio y tiende a desviar los disparos en lateralidad, ya sea a la derecha por falta de tensión o a la izquierda por exceso de la misma, hablando respecto a la mayoría de tiradores diestros. El brazo principal no varía su posición de la ya descrita anteriormente en otras notas cortas, pero el hombro principal si está ligeramente más adelantado que en la posición recogida, ya que la cantonera del fusil se sitúa levemente más centrada respecto al tórax que en la posición anterior.


Como ventajas se pueden destacar:

  • Eficacia y precisión para disparos en movimiento para distancias medias y lejanas.
  • En posición de espera el arma está más controlada y los brazos pueden mantenerse más descansados.
  • En los cambios de objetivo y giros es fácil controlar la inercia del arma, incluso con accesorios pesados, lo cual facilita dichos cambios de objetivo.
  • Es también relativamente fácil controlar las transiciones de armas.
  • En tiro tras obstáculos es más sencillo asegurar la posición del cañón respecto al borde del parapeto.

Igualmente como desventajas deben destacarse:

  • El apoyo del arma en posición de tiro se realiza con los músculos, especialmente del hombro de apoyo, y el codo sufre más tensión, por lo que resulta una posición más agotadora que no permite mantenerla de forma prolongada y exigente.
  • El control físico y de manipulaciones del arma, como cambios de cargador o solucionar interrupciones, es ligeramente más lento e incómodo, sobre todo si no se entrena debidamente.
  • Los movimientos verticales rápidos del arma pueden acabar rebasando la zona a batir.
  • Resulta más fácil ser desarmado ya que la posición de ambos brazos no permite su máxima tensión y potencia de agarre, resultando relativamente fácil luxar el brazo de apoyo.
  • Dependiendo del tamaño y accesorios del arma puede hacer más pesado y lento su manejo.
  • En interiores muy cerrados, como vehículos, es incómoda de emplear, generando además un riesgo de daño al codo de apoyo.

Respecto a las posiciones intermedias, esta definición encuadra todas aquellas donde la mano de apoyo no está ni recogida lo máximo posible, ni extendida también al máximo. Muchos operadores e instructores tienen catalogaciones para cada ángulo específico, personalmente opino que como esto depende de condiciones tan individualizadas, y en muchos casos particulares de cada operador, es más sencillo compendiarlas en una solo tipo. Las condiciones generales de uso son las comentadas en la nota sobre la mano recogida, variando tan solo el ángulo entre brazo y antebrazo. La variación de dicho ángulo dependen en mayor o menor medida de lo ya comentado en la relación del tamaño del arma respecto a la envergadura del tirador. Al ser tan variada y personal la adopción de estas posiciones intermedias, realizar un desglose de ventajas y desventajas no será realista, ya que lo cierto es que la posición utilizada caerá dentro de los parámetros de alguna de las dos principales posiciones ya descritas. Por regla general, estas posiciones intermedias, son adaptaciones anatómicas personales, más o menos acertadas y/o correctas de las dos anteriores. En si mismas no son posiciones incorrectas por no estar en uno u otro extremo, son adaptaciones, por lo tanto cada tirador requiere un análisis individual y personalizado, basado en el grado de extensión o flexión de su brazo respecto a los parámetros de las posiciones ya descritas como “extendida” o “recogida”.


Les veo el Lunes con la próxima nota corta.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 14 de septiembre de 2020

¿Existe realmente una técnica o procedimiento absoluto y único? ¿Una verdad táctica divina o sólo modas?

 ¿Existe realmente una técnica o procedimiento absoluto y único? ¿Una verdad táctica divina o sólo modas?

Nota corta por Cecilio Andrade.

De todos es conocida esa obsesión tan extendida y generalizada dentro del mundo del trabajo con armas, “solo sirve esta posición de tiro o de trabajo”, “solo se puede portar el arma de esta forma”, “solo se puede disparar con esta técnica específica”; y todo aquel que use o abogue por otra es no solo un sacrílego sino que además, digámoslo sutilmente, es menos listo. Están los defensores acérrimos de la Isósceles clásica, los de la moderna o modificada, de la Weaver,  de la C.A.R., de la Tactical, junto a múltiples etcéteras más, y sin entrar en nada muy especial, comentando tan sólo algunas de las más comunes, y tan solo en pistola. Si habláramos en hacia donde apuntar el arma cuando no la dirigimos al objetivo, arriba, abajo, al frente, al costado o atrás, las discusiones pueden entrar en una dinámica de casi agresión. Suele surgir también, a modo de prueba inapelable al argumento que sea, el que tal “gran gurú” la usa y enseña; o aquello de “me la enseñaron en la Academia, ¿vas a saber tu más que los profesores de allí?”; así como esa otra “razón” de que tal cuasi legendaria y mítica unidad de elite la emplea. Normalmente muy pocos profesionales se toman la molestia de estudiar el porqué de la aparición, desarrollo y empleo de cada una de las técnicas de trabajo, dejando todo en un “esto es así y punto”, “siempre se ha hecho así”, o también aquello de “no inventes la rueda”. Veamos algunos ejemplos a modo de eso, de simples ejemplos de estudio.


Hasta no hace muchos años, para el combate urbano se consideraba que llevar el arma larga con la culata a la altura y pegada a la cadera, o incluso centrarla frente a la pelvis, era la mejor técnica para entrar en una habitación con potenciales adversarios armados. Es evidente que todos los obstáculos, mesas, sillas, sofás, etc., están a esa altura y además de ser un riesgo de choque y bloqueo del arma, el cañón no “ve" lo mismo que los ojos, con lo que se puede estar disparando sin impactar donde se observa. Tras este comentario todos los que aprendieron hace años esta técnica y ninguna otra, querrán fusilarme confirmando que ellos acertaban con precisión siempre, y les creo, le acertaban. Estas técnicas se crearon para uso con armas muy específicas, que por configuración estructural y/o de sistema de tiro, no permitían otra forma eficaz. Con el arma en la cadera era más fácil manipular y cargar rápidamente, en un entorno tan cerrado, los viejos fusiles de cerrojo reglamentarios. Y centrados frente a la pelvis se podía controlar el fuego automático con los primeros subfusiles, del tipo Sterling, Sten, Z70 o similares, que al usar un acerrojamiento por desplazamiento de masas se controlaban relativamente mejor en fuego automático de saturación desde esas posiciones. ¿Son erróneas? ¿Nuestros antecesores eran tontos y no vieron los problemas que generaban? Obviamente no, ni fueron erróneas ni nuestros antecesores tácticos eran tontos, se adaptaban a lo que tenían entre manos, ni más ni menos. Pero pretender emplear eso mismo a día de hoy, sin análisis alguno, si puede ser, cuando menos, poco inteligente. Los subfusiles y fusiles de asalto actuales son mucho más ergonómicos, manejables y controlables que en aquellas épocas, ni más ni menos.


Otro ejemplo, algunas unidades especiales, de moda, portan sus armas largas casi exclusivamente hacia arriba o en guardia alta, con lo que para muchos el que dicha unidad de fama cinematográfica lo haga ya es motivo más que suficiente para no considerar otra posición. Pero ¿se analizó porque la usan? ¿De dónde viene ese procedimiento? ¿En qué entorno táctico nació? ¿Alguien se ha parado unos segundos a pensar? El nacimiento y desarrollo de alguna de estas “famosas” unidades especiales fue en el mar, en asalto desde buques. Un buque está rodeado de agua ¿Qué probabilidad hay de que un disparo al aire impacte a alguien en mitad del océano Indico (por ejemplo)? Si apuntaran hacia abajo ¿de qué suelen ser los suelos de los buques, sus cubiertas, sus pasarelas? ¿Metal? ¿Rebotes?


¿Y en tierra por qué continuan con la misma técnica? ¿Y dentro del buque? Porque alguno argumentará que dentro del buque hay metal en los 360º de la esfera del operador, cierto, muy cierto. Si como equipo debe elegirse un procedimiento, será siempre el que cubra la mayor parte de las situaciones de trabajo de la unidad. Y lo entrenaran hasta que lo dominen como si fuera algo instintivo e innato. No se entrena mil técnicas para todas y cada una de las situaciones, ya que con estrés acabarían no sabiendo cuál adoptar, y el equipo acabaría pagando el error. Además, todos… TODOS, deben “trabajar en equipo” con el mismo sistema y procedimiento, pretender otra cosa es un suicidio táctico. Otra cosa muy distinta es tener que verse obligados, por el motivo que sea, a cambiar un procedimiento puntual, para lo cual deben estudiarlo y ensayarlo, por lo que obviamente les será imposible aplicarlo de forma tan rápida y precisa como el principal. Famosas o no, estas unidades se distinguen en saber cuándo deben hacer un esfuerzo y cambiar algo, ya sea puntual o permanentemente.


Les veo el Viernes con otra nota corta sobre el brazo de apoyo, sobre este tema seguiré el Lunes.


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Volviendo al asunto del brazo de apoyo con un arma larga, hoy toca la posición “recogida”.

 Volviendo al asunto del brazo de apoyo con un arma larga, hoy toca la posición “recogida”.

Nota corta por Cecilio Andrade.


Sin la menor duda es esta posición la más común desde el punto de vista operativo, ya que a pesar de no ser perfecta en todos los aspectos, es la que mejor se adapta a cualquier tipo de arma, independientemente de forma, calibre y tamaño. Amén de que es muy fácil de adoptar, si no me creen prueben con un sencillo ejercicio, colóquense en guardia de boxeo, la típica, ambos puños alzados, tronco ligeramente en oblicuo, con  lo cual queda una mano levemente por delante de la otra, ¿ya la tienen?, ahora que alguien les coloque un fusil en las manos sin que Uds. modifiquen apenas su posición más que para adaptarla al tamaño del arma, y ¡vuala! ¿Qué han obtenido?

La mano de apoyo se sitúa sobre la embocadura del cargador, o lo más próximo a la misma. Ambos brazos permanecen lo más cercano que sea posible al tronco superior. Ambos antebrazos tienen un ángulo respecto del brazo y tórax del orden de entre 30º y 45º, adaptándolo obviamente a los parámetros ya descritos de tamaño del arma, equipación y envergadura del tirador. El brazo de apoyo es casi una imagen en espejo del principal, aunque esto depende un mucho del tamaño del arma respecto del tirador, al obligarlo a alargar o recoger más el brazo. El hombro principal está ligeramente atrasado dejando el tronco en oblicuo respecto a la línea de tiro del fusil. Lo que me recuerda… ¿aún cómo un boxeador? ¿o no? El error más común suele ser abrir uno o ambos codos, lo que se traduce en un mayor agotamiento, pérdida de control de tiro en lateralidad y dificultar los movimientos verticales.


Como ventajas podemos destacar, entre otras:

  • El apoyo del arma en posición de tiro se realiza más con los huesos que con los músculos, lo que permite mantenerse descansados y operativos por más tiempo en acciones prolongadas y exigentes.
  • El control físico y las manipulaciones del arma, cambios de cargador o interrupciones entre otras, son más sencillas y cómodas por la cercanía de la mano que acciona.
  • Los movimientos verticales del arma son totalmente controlables.
  • Resulta más difícil ser desarmado desde esta posición ya que ambos brazos pueden ejercer máxima fuerza y control.
  • Portando accesorios pesados en la parte frontal del arma puede facilitar levemente el alzarla y mantenerla elevada.
  • Si se requiere puede realizarse un tiro más preciso situando el codo de apoyo en el abdomen, adoptando una posición de tiro muy parecida al tiro deportivo, eso sí…. estática.
  • Es fácil controlar las transiciones de armas así como los cambios de hombro.
  • Es aplicable a casi cualquier tipo de arma independiente de calibre y longitud.
  • Cómoda de emplear en recintos muy cerrados y/o vehículos.

Obviamente también deben conocerse sus desventajas:

  • Para disparos lejanos sin apoyo y/o de extrema precisión, la boca de fuego “baila” más.
  • En posición de espera el arma está más controlada sin duda, pero los brazos pueden agotarse más pronto, especialmente el de apoyo.
  • En los cambios de objetivo y giros es fácil rebasar el blanco por la inercia del peso del arma por delante de la mano de apoyo.
  • Aunque lo comenté como ventaja, lo cierto es que con accesorios pesados en la parte frontal puede también generar mayores oscilaciones, temblores y efectos de inercia para los disparos rápidos de combate.
  • Es fácil tapar la ventana de expulsión o presionar botones indebidos del arma, especialmente en armas relativamente pequeñas y/o con operadores con manos grandes.
  • En algunas armas es relativamente fácil presionar inconscientemente determinados “palancas” y “botones”, por ejemplo, en el M4 es muy común presionar con estrés el retén del cargador, incluso para manos pequeñas como las del “conejito” que escribe esta nota.
  • En algunos modelos de armas no es aconsejable agarrar directa y/o únicamente el cargador, debido a que este puede desalinearse generando interrupciones indeseables.
  • En disparos tras parapetos es sencillo cometer el error de disparar al mismo obstáculo.

Nos vemos el Lunes, hasta entonces … 


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Instructor y líder de instituciones, corporaciones y privados… ¿Auctoritas o Potestas?

Instructor y líder de instituciones, corporaciones y privados… ¿Auctoritas o Potestas?

Nota corta por Cecilio Andrade.


Los romanos supieron distinguir perfectamente algo que a día de hoy es muy común confundir, la auctoritas con la potestas. Un debate milenario, sobre si la autoridad debe ser solo moral, ética, profesional, humanista, educativa, y un largo, larguísimo en realidad, etc. y no simplemente administrativa y/o jurídica.


La primera tiene que ver con la autoridad moral que debe ganarse uno cada día con su propia profesionalidad y buen ejemplo; con el respeto y dedicación; con el cariño, aprecio, emociones, empatía y generosidad; con la persuasión, convicción, diálogo y comunicación precisa e individualizada; con los conocimientos adquiridos y las experiencias de contrastarlos; con un comportamiento y conducta ejemplar; con el saber y preparar la materia, clase o sesión; con una ascendencia y capacidad moral que no se compra en tiendas de marca ni en mercadillos de pulgas. Con algo que ni se compra ni se vende, con algo que se adquiere y se aprende, con algo que se construye día a día, con mucho esfuerzo, con mucha ilusión, con una enorme vocación, con un firme amor por este hermoso oficio, el de enseñar, aprender y compartir el conocimiento, saber y experiencia de poder ejercer una indeseada violencia éticamente justificada por Valores y Principios.


Mientras la potestas, por lo contrario, consiste en ese conjunto de facultades públicas que son otorgadas desde fuera a una persona de acuerdo con unas formalidades bien definidas. Se trata de un poder que no emana de la condición personal del titular, sino que está relacionada con la fuerza y la imposición coercitiva, con aquello que Maquiavelo explicó al definir que: “el príncipe debe infundir temor e imponerse por la fuerza de la espada”.


Sinceramente, estoy convencido de que un buen instructor, institucional, corporativo o personal, debe poseer la autoridad suficiente que sustente su capacidad de persuadir y convencer, hablo de auctoritas. Debe poseer, además, suficientes recursos, mecanismos, planes, equipos, protocolos  y procedimientos, amén de los ya nombrados conocimientos y experiencias, para que le permitan desempeñar su función de líder y mentor razonablemente bien, sin caer en el victimismo, sin que necesite investirse de potestas pública, y mucho menos que alguien externo al propio instructor, líder y/o mentor la imponga. Porque, entre otras muchas cosas y sin lugar a discusión, sin auctoritas no hay potestas, y por mucho que alguien se empeñe en convertirse en agente indiscutible de la autoridad y la verdad, las cosas son mucho más complejas. 


En muchos centros académicos, institucionales y privados, hay responsables con poca o nula autoridad moral, donde sin duda alguna muchos reciben más respeto por parte de sus “jefes” y “alumnado” del que con toda probabilidad merezcan. Es uno de esos hechos qué se puede comprobar con muy poco esfuerzo… desgraciadamente.



Resulta imposible resumir en una nota corta, incluso quizás tampoco en un artículo denso, todo lo que suscita el debate sobre la autoridad de un instructor y líder. Controversia que, después de todo, no es nueva. Habría que enmarcarla en una reflexión mucho más extensa, global si se quiere, sobre la sociedad, sobre el fracaso social y académico, sobre el rol que juega cada persona, y de manera más particular sobre la propia comunidad de instructores “tácticos”, como les gusta a la mayoría definirse.


Los instructores deben tener grabados a fuego sus Valores y Principios, que trabajan con, y para, personas concretas, con ritmos y necesidades distintas y propias, y jamás en función de intereses políticos de votos, económicos de mercado y beneficios, o de audiencias y necesidades enfermizas de acumular “me gusta” en una cuenta virtual. Como decía D. Francisco Giner de los Ríos, enseñar, guiar y/o instruir significa “aprender a dirigir con sentido la propia vida”, lo cual no solo implica acumular y repetir información, sino que también implica conocer, contrastar, reflexionar, elabora adaptar, junto a una enorme bolsa de “canicas” que, en definitiva, significan huir del pensamiento integrista tan en boga en nuestros días, renunciando a la simplicidad de las recetas mágicas y de las razones únicas, y, por supuesto, de las ocurrencias, diga quien lo diga, lo haga quien lo haga.


Una pregunta impertinente, como casi todas las mías, para finalizar esta nota corta de hoy, como instructores, mentores y/o líderes ¿tenemos auctoritas? ¿ganada cada día con el propio comportamiento y conducta? ¿o tenemos sólo potestas? ¿impuesta por un papel más o menos grueso, impreso en base a una regla, norma o ley?


Nos vemos el Viernes… espero que con una nota que les resulte menos irrelevante.


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Regresemos a empuñar el arma larga, ¿Hablamos de la colocación de la mano de apoyo?

 Regresemos a empuñar el arma larga, ¿Hablamos de la colocación de la mano de apoyo?

Nota corta por Cecilio Andrade

“El campo de las Artes Marciales abunda particularmente de esgrimas vistosas, con popularización comercial y aprovechamiento (…) La consecuencia de esto es que (…) las Artes Marciales de aficionados son origen de grandes heridas”. Bonito párrafo ¿verdad? Pareciera extraído de algún artículo de cualquier revista, web o blog tan en boga en nuestros tiempos. Lo cierto es que no es así, fue escrito en 1643 por un “tal” Miyamoto Musashi, “simple” espadachín de la época. Si son un poco curiosos podrán localizar infinidad de textos similares de muchos autores y épocas, por lo que imagino que esta cuestión debe ser algo intrínseco al ser humano, y por ello nada nuevo independiente de la época, sociedad y cultura. Es por ello que analizar, contrastar, evaluar, probar, pensar, en definitivas cuentas, es el verdadero arsenal que necesitamos. Después de todo ¿cuál es la más poderosa de las armas que posee el ser humano?


En notas anteriores comenté el cansancio como factor a considerar, y seguro que muchos pensarán algo como que “eso demuestra que es un mal operador” o “eso se arregla entrenando hasta que no se note el peso del arma”. Sobre lo primero es cuestión de egos y mejor dejamos su estudio profesionales más capacitados. Sobre lo segundo, lamento decir que ese es uno de los errores más comunes, olvidar que todos nos cansamos, que los músculos tienen límites, aun siendo la persona más fuerte y en forma del mundo. Que el estrés, con su coctel químico y hormonal, aumenta la fuerza y respuesta en un corto plazo de tiempo, pero a mayor esfuerzo y duración esta capacidad no solo desaparece, si no que deja capacidades mermadas muy por debajo de lo normal. Por eso muchos operadores, tras una acción armada, comentan los dolores musculares que sufren. El cuerpo ha trabajado a máxima capacidad y pasa factura. Pregunten a los fanáticos de los vehículos carreras, ¿qué ocurre con un motor potente si además de la mezcla de gasolina le añadimos oxido nitroso de forma continuada? Pues ese mismo motor somos todos operando con estrés. Guste reconocerlo o no, nadie está libre del agotamiento, y si bien el entrenamiento físico retarda su aparición, una combinación correcta y adaptada de técnicas variadas permite retardar mucho más su aparición, siendo operativos más tiempo sin ver mermadas sustancialmente las habilidades.


Permítanme una digresión. Habrán notado, unos más que otros, que utilizo conceptos como mano o brazo de “apoyo” y de “empuñe”, y también sé que tienen en mente otros términos como mano/brazo débil y fuerte, hábil y tonta, o simplemente derecha e izquierda. Analizo mucho el tema subconsciente, y por ello aprendí que este no tiene sentido del humor. Decirle a una parte de nuestra anatomía débil, torpe o tonta, es convertirlo en realidad. Usen siempre términos positivos para describir, ayudará a sacar mejor uso de ese miembro. Por otro lado, la supuesta mano tonta, torpe o débil, monta el cerrojo del fusil, cambia cargadores, subsana interrupciones básicas, dirige y alinea el arma, soporta el peso…. ¿se me olvida algo? Y mientras, la mano que empuña ¿qué hace? Si, manipula selector de tiro, en algunos fusiles el reten del cargador (no en todos), dispara, mantiene el arma apoyada con la cantonera en su lugar del hombro. Visto así, de verdad creen que esas definiciones negativas ¿se ajustan a la realidad? Lo de derecha e izquierda no lo uso ya que el 13% de la humanidad varón es zurda natural, en el caso de las féminas el 9%, por lo que aplico un concepto general para que cada cual emplea la técnica a su particular lateralidad. Tras esto unos detalles a tener en cuenta para analizar dónde colocar la mano de apoyo en el fusil. 


El codo del brazo de apoyo puede estar situado bajo el arma, casi en su vertical, o lo más cerca posible del eje longitudinal del arma sin que resulte incómodo o forzado. Desde esta posición resultará relativamente fácil cambiar de objetivos con ligeros “toques” (empujando o tirando). Lo cual es mucho más eficaz, seguro, rápido y preciso que rotar todo el tronco superior. La dirección general del brazo de apoyo debe dirigirse hacia el objetivo, sin tomar una posición exageradamente forzada ni tensa, sin forzar articulaciones ni músculos. El codo no debe levantarse ni aletear, aunque en algunas posiciones no apuntara hacia abajo si no a un costado, aun así mantendrá la dirección definida por el hombro y mano respecto al arma y el objetivo a batir. Sin ejercer una excesiva fuerza de agarre que genera temblores en la alineación, además de una pérdida más rápida de capacidades motoras por agotamiento.


Tras esto, ¿dónde situar la mano de apoyo? Según a quien se pregunte pueden listarse un catalogo muy largo de posiciones de tiro con arma larga según dónde y como se sitúe la mano de apoyo. Resumiendo todo un poco pueden quedar tan solo tres, recogida, alargada e intermedia; algo válido por lo menos para hacerlas manejables a nivel de estudio y adiestramiento, definiendo ventajas y desventajas según situación y entorno.


Les veo el Lunes. 


Mientras cuídense y cuiden de los suyos.

martes, 1 de septiembre de 2020

Instrucción y Deontología.

 Instrucción y Deontología.

AFITA.

Asociación Federal. Instructores de Tiro. Argentina.

Un ínfimo par de minutos de varias horas.




lunes, 31 de agosto de 2020

Conocerse a uno mismo.

 Conocerse a uno mismo.

AFITA 

Asociación Federal Instructores de Tiro Argentina.

Tan solo 6 minutos de mas de 6 horas de soportarme.

¡¡¡Gracias!!!




sábado, 29 de agosto de 2020

Cierre del II Seminario para Instructores de AFITA

Cierre del II Seminario para Instructores de 

AFITA

Asociación Federal de Instructores de Tiro de Argentina.

Un privilegio asistir y mayor privilegio colaborar.




viernes, 28 de agosto de 2020

lunes, 24 de agosto de 2020

1er Seminario de Actualización para Instructores de Tiro.

1er Seminario de Actualización para Instructores de Tiro.

AFITA.

Asociación Federal de Instructores de Tiro de Argentina.

Apenas 2 minutos de todo el de Seminario. 





viernes, 21 de agosto de 2020

¿Técnicas Básicas? ¿Técnicas Avanzadas?

¿Técnicas Básicas?  ¿Técnicas Avanzadas?

AFITA.

Asociación Federal de Instructores de Tiro de Argentina.

Apenas 3 minutos de más de 6 horas de seminario.





lunes, 17 de agosto de 2020

Y la tercera posición en discordia… codo de la mano que empuña el fusil en 90º… por herencia histórica.

 Y la tercera posición en discordia… codo de la mano que empuña el fusil en 90º… por herencia histórica.

Nota corta por Cecilio Andrade.

El hombro levantado en 90º es la  más común, y hasta no hace mucho casi la única, de las posiciones. Es una posición bastante forzada si nos detenemos un poco a analizarla, pero al ser la de “toda la vida” para muchos no requería más estudio. Se razona que al levantar el codo se crea un “hueco” donde apoyar la cantonera de la culata de forma firme y sin deslizamientos. Si bien esto es correcto hasta cierto punto, recordemos un poco de Historia Militar para analizarlo con detalle. Es cierto que con los calibres habituales en pólvora negra, y los empleados hasta mediados del siglo XX con pólvora sin humo, este hueco creado levantando el codo permitía un relativo mejor acople, no así respecto a la absorción del retroceso. Pero con los calibres de combate actuales así como las culatas más cómodas y ergonómicas esto ya es innecesario.Por otro lado, como sabe todo aquel que haya pasado por el ejército, por unidades convencionales en particular, el dogmatismo y el uso de procedimientos repetitivos, contrastados, fijos y “de toda la vida”, es el concepto de adiestramiento por definición. Con la instrucción de tiro y las formaciones de batalla también.


Desde la más remota antigüedad se ha usado el concepto “orden” para definir como se organizaban las tropas para presentar batalla. Desde el orden cerrado de las falanges griegas clásicas, hasta el orden abierto de los romanos o el intermedio macedonio, estas distancias se definían con la referencia del contacto con el brazo extendido, el codo o el hombro. En las formaciones de honderos, arqueros y ballesteros funcionaba de forma muy similar, con el añadido de requerir un espacio extra para manipular sus armas y concentrar al máximo sus lanzamientos sobre zonas concretas. Con la aparición de las armas de fuego la cosa no cambió mucho, la necesidad de espacio de manipulación y de recarga se debía contrapesar al conseguir disparar andanadas concentradas, para compensar baja precisión con máxima concentración de proyectiles. Y se continuó empleando el milenario orden cerrado, marcando con brazos extendidos y codos las distancias e intervalos entre tiradores y líneas. Para enseñar de forma inolvidable se hacía repetir a los reclutas miles de veces los mismos pasos y movimientos, y que en el caos de la batalla pensar no fuera una herramienta del soldado de línea. Un hoplita griego, legionario romano, arcabucero español o granadero prusiano, podría dar fe de ello sin duda alguna. Para cualquier militar moderno la cosa no ha cambiado apenas nada en ese sentido, si no para presentar batalla como entonces, sí para formaciones y desfiles, así como inculcar la pertenencia a un colectivo y minimizar la individualidad del recluta.

El levantar el codo para marcar las distancias entre fusileros, y aguantar mejor el culatazo del arma, formó parte del gesto de los instructores militares de forma tan repetida a lo largo de varios siglos que para todo el mundo se convirtió en sinónimo de tiro con arma larga. La repetición sistemática y sin dudar hasta que se generó ese reflejo adquirido ha llegado a través de los siglos, y de los millones de reclutas a los que se le implantó de forma tan firme. Incluso personas que jamás han usado un fusil o escopeta levantan el codo de forma aparentemente natural. Usar armas de fuego no es natural, recuérdenlo, pero este gesto ya ha pasado al acerbo del ser humano de forma casi innata.

  • Lo cierto es que para el tiro en sí no mejora en gran modo la precisión ni la estabilidad del arma.
  • El codo ofrece un blanco muy rentable en las condiciones del combate cercano y/o urbano.
  • Mantener el codo levantado genera cansancio en operaciones de mayor duración y exigencia.
  • La desalineación transversal de la muñeca puede, no a todo el mundo, generar tensiones que afecten a la forma de presionar el disparador y a la precisión.
  • Si bien levantar el codo puede ayudar en cierta medida a guardar un equilibrio vertical en una posición estática, realizando movimientos, aun de avance y retroceso, tienden a ralentizarse y perder fluidez.
  • En movimientos que impliquen cambios de dirección, ritmo o alineación del arma estos cambios también tienden a ser sincopados y poco fluidos.
  • En una ataque muy cercano, de contacto, habitual en entorno urbano, es muy fácil bloquear codo y brazo alzado para inmovilizar y desarmar al operador con un sencillo gesto.
  • Bajar el arma de la línea de tiro genera una mayor tensión en el hombro si se quiere mantener el codo levantado.
  • Por último, en condiciones urbanas o con obstáculos verticales es muy fácil golpearse este codo de una forma más o menos severa.

Les veré, espero, el Viernes con otra nota corta.


Cuídense y cuiden de los suyos.


A modo de complemento:

viernes, 14 de agosto de 2020

Posición del codo del brazo que empuña y dispara… tres formas … tres discusiones… analicemos hoy solo dos de ellas.

Posición del codo del brazo que empuña y dispara… tres formas … tres discusiones… analicemos hoy solo dos de ellas. 

Nota corta por Cecilio Andrade.


Cuando hablamos de la mano que empuña y presiona el disparador, las opiniones son bastante uniformes ya que tampoco hay tantas opciones. Pero con el codo si hay discrepancias, desde totalmente levantado hasta los 90º respecto a la vertical, hasta el que aboga por meter el codo casi en el ombligo. Respecto a ambos codos, antes de entrar en detalles específicos de posiciones y ángulos, respóndanme a una pregunta, cuando un boxeador, luchador de MMA, de eskrima o esgrima, están en guardia o golpeando, ¿levantan o abre los codos? Luchar es luchar, independientemente de que se porte un fusil, una pistola, una espada, una lanza, o simplemente las manos, y no debe haber diferencias abismales de una a otra forma, salvo en detalles nimios y muy puntuales. Se entrenará y adoptará una posición de en guardia y a partir de ahí se agregan las armas que se deseen. La función de la mano principal, además de presionar el disparador, es empujar el arma contra el hombro de forma suave, firme, sin excesos y en el lugar correcto. Y no es poco trabajo, créanme, requiere una gran exactitud y control en su ejecución.


Respecto al codo de ese brazo, su posición más extrema es la situada literalmente dentro de la zona del abdomen y tórax. Buscando, hipotéticamente, reducir la silueta frontal a su mínima expresión. Esta posición es sumamente negativa e incluso dañina para una técnica eficaz tiro de combate.

  • - Meter el codo de esa forma obliga a la columna vertebral a doblarse, forzando los músculos dorsales y trapecios por alargamiento, y a los músculos pectorales por compresión.
  • - Elongación que provoca tensión en la zona lumbar y cervical, agravándose con el mayor tiempo en acción.
  • - La compresión pectoral genera en gran medida una reducción de la capacidad pulmonar, precisamente en momentos en los que es necesario el máximo aporte posible.
  • - Con equipo táctico, chaleco con o sin placas, portacargadores, radios, etc., resulta casi imposible de adoptar, multiplicándose todos los efectos negativos anteriores.
  • - Con equipo más pesado y completo y/o con operadores de talla reducida, mi caso, directamente resulta imposible de adoptar, resultando para el operador en dos posiciones distintas según porte equipo o no.
  • - En las rotaciones, giros y movimientos en general, se pierde fluidez y flexibilidad, generando cada vez más rigidez y brusquedad, lo cual a su vez genera falta de estabilidad precisa y rápida del arma.
  • - El hecho de bajar y subir el arma obliga a reposicionarla cada vez respecto al hombro, debiendo “entrar” y “salir” de dicha posición cada vez que sube y baja el arma.

Obviamente es más recomendable una posición del codo más natural y “relajada” que favorezca la acción el mayor tiempo posible. Lo cual nos lleva a colocar el codo del brazo de empuñamiento paralelo al tórax, formando un bloque con él pero sin comprimirlo, logrando así una serie de beneficios respecto a la incómoda posición anterior, así como a la que veremos en la nota corta del próximo Lunes.

  • - No asoma, en condiciones urbanas, antes que el arma, por lo que no ofrece un objetivo tentador.
  • - Forma un bloque con el torso haciendo que una silueta homogénea y reducida sin esfuerzo.
  • - Muscularmente, hombros, dorsales y trapecio no están forzados ni hipertensos, con lo cual el cansancio, el esfuerzo generado para contrarrestarlo y las vibraciones por la tensión, tardan más en aparecer, manteniendo la efectividad por más tiempo.
  • - Al estar ambos brazos pegados al costado y paralelos al torso de forma natural, el esfuerzo muscular se minimiza en gran parte, repartiendo el apoyo entre los huesos largos y la caja torácica.
  • - El hecho de trabajar con o sin equipo de protección apenas afecta al codo para la adquisición de esta posición, ya que en ambos casos, se apoya en el costado del tórax.
  • - La muñeca no tiene torsión transversal, manteniendo la alineación con el antebrazo, lo que facilita una presión del disparador uniforme, cómoda y eficaz.
  • - Las rotaciones se ven facilitadas, incluso en movimiento, gracias a la relativa relajación de los músculos implicados.
  • - En una combate cuerpo a cuerpo el control del arma es mayor, resultando más difícil de bloquear el arma, por lo que se reduce el riesgo de ser desarmado y neutralizado.

Es la más recomendable, siendo invariable respecto al lugar donde se coloque la otra mano, la de apoyo. Algo que veremos en próximas notas cortas. Pero detengámonos aquí por hoy.


El próximo Lunes veremos la tercera opción general para situar el codo del brazo que empuña.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 10 de agosto de 2020

Secuencias de tiro… se usan porque si… lo que todos dicen… lo que todos hacen o… analizar un poco ¿hace daño?

Secuencias de tiro… se usan porque si… lo que todos dicen… lo que todos hacen o… analizar un poco ¿hace daño?

Nota corta por Cecilio Andrade.


Existen miles de textos, de unos pocos de las cuales me declaro culpable, sobre reseñas técnicas de lo que es una secuencia de tiro u otra, así como sus distintas variantes y evoluciones, pero ¿se usan así y ya está? Lo cierto es que la respuesta es un “si y no”, y aunque la contestación parezca el típico chiste de gallego no deja de ser correcta. Por cierto, si alguien se da por ofendido u ofendida, soy gallego desde hace algo más de 50 años.


Hay que disparar hasta que el agresor o agresores dejen de suponer un riesgo para la propia vida o la de terceros, lo cual implica no materializar simplemente esa secuencia estándar y bajar el arma, ni tampoco disparar sin parar hasta quedarse sin munición. Ambos extremos pueden suponer un gran problema para la propia supervivencia física, ética y/o legal. No es asumible tampoco estar subiendo y bajando el arma cada “X” disparos, se pierde enfoque del objetivo y se regalan oportunidades al adversario que se intenta neutralizar. Tampoco es recomendable disparar sin parar, amén de quedarse sin munición, magnificar el efecto túnel y continuar disparando a un objetivo que quizá ya esté neutralizado, con los obvios problemas legales posteriores, se desperdicia tiempo ante un riesgo que posiblemente ya no es tal, perdiendo de vista y control otros potenciales riesgos del entorno.

Un punto intermedio es siempre lo mejor. Realizar secuencias continuas hasta neutralizar al objetivo puede ser el mejor procedimiento en la mayoría de los casos. Dejar una media de 0.20 segundos entre cada secuencia suele ser una forma muy eficaz de mantener el dedo bajo control, para a través de este sencillo proceso calmar y controlar un poco los ya de por si acelerados organismos y mentes. Ese ínfimo intervalo entre cada secuencia permite tener un mejor control visual consciente del objetivo a neutralizar, así como detectar cuando deja de ser una amenaza y, por tanto, pudiendo pasar a otra, que será más fácilmente identificable al no estar tan obcecados sobre un único objetivo.


A modo de comentario aclaratorio sobre este asunto de las secuencias de tiro, así como para dejar claro el punto, principalmente tras observar que el dogmatismo integrista particular de muchos lectores me es transferido a mí sin formar parte de mi personalidad profesional ni personal, creo importante aclarar que no uso secuencias de tiro específicas ni estandarizadas. En cualquiera de sus formas y para toda situación, no lo considero correcto y en determinados casos un claro error hacerlo. Como toda técnica o procedimiento de trabajo con armas, ya sea recargar en una forma determinada, subsanar interrupciones, moverse con el arma al frente, hacia arriba o hacia abajo, etc, el concepto de secuencias de tiro tiene sus campos específicos de aplicación, que en unos será 100% aplicable y necesario, en otros parcialmente, y en algunos será contraproducente.


Como ejemplo de esto último imaginen un profesional armado contra 3, 4 ó 5 agresores. Si solo sabe realizar, por su entrenamiento previo, secuencias de dos o tres disparos, eso es lo que hará. Con toda seguridad, logrará parar al primer agresor, probablemente alcanzará al segundo, pero con el tercero sería quimérico pensar que lo logre antes de ser abatido. Lo más factible es el empleo de una técnica de tiro que implique una secuencia dividida y fluida de disparos únicos pasando de un blanco a otro, en lugar de secuencias mayores. Por otro lado tengan en cuenta que secuencias rápidas por blanco suelen implicar lentos cambios de objetivo.


No soy un defensor a ultranza de métodos únicos y excluyentes, por lo contrario, creo que toda técnica, incluso algunas aparentemente peregrinas, son aplicables en según qué circunstancias y situación. Por ello recomiendo a todo profesional la creación y mantenimiento de su caja de herramientas personal, llevando todas las que pueda necesitar por muy pesadas que parezcan, y aunque lo más habitual sea que solo emplee habitualmente seis o siete, ahí estarán todas las demás por si las necesita y, obviamente, si sabe usarlas.


También es obvio que se debe disparar mientras los riesgos estén ahí delante y con posibilidad de dañar a uno mismo o a terceros. Disparando siempre con el control que solo se adquiere con entrenamiento, buscando que sea como se trabaja, para trabajar como se ha entrenado. Solo entonces los resultados podrán ser los deseados con mayor probabilidad de éxito, eso sí, más acelerados con el estrés, que como comento muy a menudo, se encargará de pisar nuestro acelerador interno.


Les veo el Viernes… espero.


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 7 de agosto de 2020

Instruir con Principios… Valores… Coraje… Honor… ¿De qué habla este tipo? ¿Se le ha ido la cabeza?

Instruir con Principios… Valores… Coraje… Honor… ¿De qué habla este tipo? ¿Se le ha ido la cabeza? 

Nota corta por Cecilio Andrade.

La definición más aceptada de Principios, y sí, con mayúscula, es: “Conjunto de creencias y normas, que orientan y regulan la vida. Son el soporte de la visión, la misión, la estrategia y los objetivos. Principios que se manifiestan y se hacen realidad en la cultura, la forma de ser, pensar y conducirse”. Parafraseando a mi hija que de pequeña me lo decía, sin usar palabras “farmacéuticas”, es todo aquello que nos dice que está bien y mal en nuestro actuar en la vida que nos tocó vivir y decidimos permanecer. Y si alguien atenta contra esos Principios toca defenderlos, porque, no lo olviden, son de todos. Los Principios no son solo de militares, policías, personal entrenado, gente trasnochada, es de todos y cada uno de nosotros, como ciudadanos de una sociedad. Sociedad mejor o peor, imperfecta siempre como todo lo humano, pero nuestra. Sociedad que hemos hecho crecer con sangre y dolor de miles de años y millones de seres. Con sufrimientos de parto lento y doloroso. Donde millones han muerto y se han sacrificado, voluntaria o involuntariamente, para  que ahora tengamos una forma de vida civilizada y segura. Sabiendo que si cada uno de nosotros no defiende cada milímetro de esos Principios, es un milímetro menos para el futuro. Y un futuro sin Principios no existe, no se equivoquen.


Valores viene del latín, “valere”, “ser fuerte”, aludiendo a todos aquellos Principios que permiten a los seres humanos, mediante su comportamiento, realizarse como mejores personas. Son cualidades y creencias que vienen anexadas a las características de cada individuo, ayudándole a comportarse de una forma determinada. Los Valores posibilitan definir prioridades; ayudan a encaminar la vida del ser humano a su autorrealización; son creencias que permiten elegir entre una situación u otra. Donde los Valores corresponden a las acciones o comportamientos correctos o incorrectos, permitiendo diferenciar el bien del mal, de lo que se debe y lo que no, lo justo de lo injusto; pudiendo decir que los Valores involucran sentimientos y emociones, como por ejemplo cuando valoramos el amor y aborrecemos el odio, cuando estamos de acuerdo con la paz y no con la guerra, cuando valoramos la libertad contra la esclavitud. Cada individuo debe identificar sus Valores, dándose cuenta de lo que realmente es importante en su vida. Para mantener Principios y Valores se necesitan actitudes y conductas, ya que es la forma en la que se actúa en un momento determinado lo que define que  creemos, sentimos y valoramos. Los Valores son valiosos por lo que son, es decir, por lo que pueden llegar a significar o representar, y no por lo que se opine de ellos. Entre los Valores más comunes tenemos: responsabilidad, respeto, audacia, compromiso, compasión, consistencia, competitividad, cortesía, creatividad, confianza, disciplina, justicia, bondad, lealtad, apoyo, gratitud, entre muchísimos otros que cada uno de Uds. puede y debe añadir.


Otra sencilla palabra, Coraje, con dos significados aparentemente antagónicos para muchos, y que para mi entre otros, espero que muchos, en realidad son complementarios. Su primer significado es valor, decisión y apasionamiento con el que se acomete una acción, especialmente cuando se afronta un peligro o una dificultad. El segundo es rabia, enfado o disgusto, que causa no haber podido evitar una situación o suceso adverso. Es una palabra curiosa, ya que es préstamo del francés del siglo XIV, “courage”, que significa valentía; a su vez derivado del latín “cor”, corazón. Etimológicamente las dos acepciones del sustantivo pertenecen a la familia de “corazón”, respecto a los sentimientos. Y si a cualquier ser vivo se le detiene el corazón, ¿qué ocurre? Así es, se muere. ¿Qué le ocurre a una persona y sociedad sin coraje para defender sus Principios y Valores? ¿Para defenderse como individuos? Sin coraje, y etimológicamente hablamos de corazón no lo olviden, perecen, biológica y éticamente. ¿No me creen? Roma, Aztecas, Persas, China Imperial, España Imperial, Sacro Imperio Románico Germánico… ¿sigo? Por cierto, la palabra coraza, tiene el mismo origen etimológico. Curioso, ¿no creen?


Y finalmente Honor, esta si se considera hasta despreciable y trasnochada a día de hoy. Siendo tan banales que confundimos Honor con simple reputación, y esta con fama y notoriedad. Cuando es la cualidad moral que impulsa a una persona a actuar rectamente, cumpliendo su Deber con Coraje, de acuerdo con sus Principios y Valores. Es el respeto y buena opinión que se tiene de las cualidades morales y de la dignidad de una persona. Honor viene del latín “honos”, “honoris”, describiendo cualidades como rectitud, decencia, dignidad, gracia, fama, respeto, etc. que deben tener las personas. De ahí surgen también las palabras honesto, honrado, honradez, honra, honorable, etc. “Deben tener”, no es lo mismo que “tienen” … ¿verdad?

Y para terminar, todas las cualidades morales descritas son las que deben marcar la hoja de ruta en la vida, siendo la brújula de esa ruta, la propia conciencia. Y sí, lo sé, en las sociedades actuales conciencia propia hay poca y cada vez menos, lo sé, no me lo recuerden.


El Lunes regresaré a hablar de cosas más mundanas, sobre pegar tiros y demás.


Cuídense y cuiden de los suyos.