domingo, 22 de febrero de 2026

El único secreto, a voces, conocer al Guerrero que debemos ser (II de II).

El único secreto, a voces, conocer al Guerrero que debemos ser (II de II).

La Sociedad necesita de ciudadanos fuertes, luchadores y con una mente sanamente crítica.


Por Cecilio Andrade.


"El que tiene un porqué para vivir

se puede enfrentar a casi cualquier cómo”.

Friedrich Nietzsche.


La hoja de ruta para construirnos como luchadores.

Si lo que buscamos es el "renacimiento" de un ser humano a la vez culto y capaz de luchar cuando deba, la progresión tiene que ser en base a la lógica.

Nada de hablar de cuentos chinos ni de seguir tradiciones tan solo porque son viejas; debemos convertirnos en alguien que pueda protegerse y proteger a los suyos.

Algunos empezaron de niños y crecieron en el tatami, otros despertaron más tarde, sintiendo que les faltaba algo, una especie de "tarea pendiente" con su propia humanidad.

Ese vacío daría para otro artículo entero, pero por ahora, vamos a centrarnos en lo práctico. 

Aquí tienen mis seis propuestas.



1. Fuerza física.

El primer paso es brutalmente simple… levanten hierros, suden y déjense de tonterías.

Olviden el yoga suave, las clases de bienestar que quedan muy bien en Instagram o los aeróbicos de bajo impacto.

Un guerrero, o guerrera, necesita músculo y fuerza funcional.

No se trata de hincharse por narcisismo, sino de tener una base física que nos de confianza, imponga respeto y funcione en una pelea de verdad.

Cuando nos quitemos la chaqueta, la impresión debe ser del tipo "Vaya, parece fuerte", y no "ahí va otro papá con barriga”.

No es vanidad, es ventaja táctica.

La fuerza nos permite movernos mejor, aguantar los golpes y agarrar con energía.

La hipertrofia para las cámaras es un espejismo estúpido, la resiliencia es la única moneda que les permitirá salir del choque.


2. Ajustar la mente.

Debemos pensar como guerreros con inteligencia, y esto no es una religión, es educación. 

Debemos entrenar nuestros pensamientos, con lectura profunda, así como análisis y disciplina intelectual.

Hoy en día todo el mundo consume contenido rápido y basura, “disfrutando” un analfabetismo funcional apabullante, donde leer más de de dos líneas en un meme nos convierte en “bichos raros.

No sean uno más de esos millones de analfabetos funcionales.

Lean, piensen, sean críticos.

Cuanto más se alejen mentalmente del "rebaño", mejor podrán anticiparse y adaptarse.

Nuestro entrenamiento debe separarnose del resto, no por arrogancia, no por clasismo, sino por pura competencia, capacidad y para eludir el “contagio” de la mediocridad.


3. Habilidades de combate.

Debemos ser honestos con nosotros mismos, oponiendo la realidad frente a los mitos.

Es muy importante saber con quién entrenamos, con qué intensidad y con que grado de pragmatismo.

Necesitamos huir, aquí sí, del humo de las apariencias, del exceso de ceremonias, de meditaciones raras o instructores que nos venden una verdad espiritual inapelable.

Vamos para aprender a romper a alguien si hace falta, no para sentirnos superiores ni iluminados… para eso hay otros lugares y otros momentos.

En la supervivencia real de la calle el objetivo es sencillo, golpear fuerte y hacer daño.

Y sí, el grappling, lucha de agarre, es importante porque muchas peleas acaban en el suelo; el boxeo o el Muay Thay nos da gran capacidad de golpeo… así podríamos seguir con los miles de Artes Marciales, reales o ficticios, que existen, pero no los idealicemos, es posible que no encajen con la realidad de nuestro día a día.

Recomiendo buscar lo que nos dé capacidad de golpeo, sincronización y calma bajo presión.

Es importante fortalecer nuestras deficiencias. 

¿Saben boxear? Aprendan algo de suelo.

¿Hacen Jiu-Jitsu? Aprendan a encajar golpes y a cerrar la distancia sin que les vuelen los dientes.

Entrenar es descubrir debilidades, no jurar lealtad a un estilo, procedimiento, escuela o instructor.

Más “sencillo” imposible.


4. Elección con criterio.

No todas los sistemas e instructores nos sirven, tenemos que ser racionales.

¿Podemos mantener las habilidades sin invertir mi tiempo para dormir, comer y tomarme un café?

¿Es bueno el instructor?

¿Son pragmáticos los procedimientos?

A veces una clase humilde a la vuelta de la esquina con un grupo de compañeros motivado en la misma causa que uno mismo, es mejor que un "mítico" seminario que nos pilla a 900 kilómetros y nos cuesta un sueldo completo.

Identifiquemos qué nos falta…

¿Pegada?

¿Movilidad?

¿Trabajo con armas?

¿Escenarios reales?

Si no lo tienen, busquen en su entorno.

Recuerden que la lealtad a un procedimiento no les salvará la vida; saber luchar sí.


5. Intensidad.

Entrenar hasta quedar inválido es un error grave que no les dará una medalla de honor, no sirve de nada el buscar el heroísmo autodestructivo.

Si después de una sesión no pueden caminar en tres días, se han pasado de vueltas.

El objetivo es mejorar, crecer, aprender y no romperse.

Necesitamos ajustar el ritmo a la edad y a las viejas lesiones.

Busquen un progreso que dure años, no picos de sacrificio que les manden al hospital… y les incapacite para seguir mejorando, progresando y avanzando en la senda.


6. Luchador vs tirador

Lo he visto durante décadas, el enfrentamiento entre "tirador" vs “luchador” como si ambos términos fuesen un oxímoron; cuando lo único cierto es que como profesional armado primero debemos ser luchadores y luego sumar a nuestras habilidades el ser tiradores.

Muchos de los que portan una pistola, a veces también un fusil o subfusil, hacen unas pocas prácticas académicas o un curso para acabar creyéndose listos para emular en el mundo real la mejor acción del video juego Call Of Duty: Black Ops.

Error.

Sesgo del conocimiento se denomina a esta pobre falacia de la realidad asumida, un error en el razonamiento que hace que un argumento parezca válido ya que “lo que sabemos es todo lo que hay que saber”.

En unos pocos párrafos les hablaré de ello en detalle.

Volviendo a la argumentación, es mucho más fácil añadir un arma al repertorio de alguien que ya sabe y está concienciado para luchar, que enseñar a pelear a alguien que solo sabe disparar a cartones.

Un tirador piensa en posición y puntería; el luchador piensa además en distancia, daño y control del riesgo.

Si sabemos y estamos enfocados a luchar cuando sea necesario, un arma es una simple herramienta multiplicadora. 

Si solo portamos el arma, sin más capacidades ni concienciación, nuestras opciones en un enfrentamiento de cerca son peligrosamente escasas.

Las aleaciones armeras no sustituyen a la preparación de una mente humana, al menos en un enfrentamiento a “tu vida o la mía”.


"Los hechos no dejan de existir

porque sean ignorados”.

Aldous Huxley.


El mal de nuestra época, el Sesgo del Conocimiento.

Este, desgraciadamente, tan común sesgo, puede entenderse de varias formas según contextos, y en nuestro caso los reseñaré como los aplicables al trabajo como profesionales armados.

Podemos analizarlo desde la Psicología Cognitiva, desde el análisis de datos, desde la instrucción y adiestramiento, o desde la interpretación de noticias y sucesos, entre otros muchos aspectos.

En términos generales se refiere a distorsiones sistemáticas sobre qué información se conoce, cómo se interpreta y qué se considera relevante o verdadero.

Un resumen práctico o definición breve podría ser…


Es la tendencia a favorecer, privilegiar o depender de ciertos conocimientos, fuentes o marcos interpretativos que producen una visión incompleta o distorsionada de la realidad.

Por cierto, como en casi todo lo que escribo últimamente, no solo es aplicable para profesionales armados, hagan una prueba con sus redes sociales y noticieros habituales sobre políticos, pseudo-periodistas y “expertólogos” tan de moda, y analicen todo ello con los ojos puestos en lo que leerán a continuación.

Permítanme listar las seis formas más comunes de este sesgo general, que por cierto suelen venir como las ofertas de Amazon de todo en uno.

  • Sesgo de disponibilidad.
    • Valorar más la información que viene fácilmente a la mente .
    • Ejemplos:
      • Sobreestimar la probabilidad de eventos muy publicitados.
      • Ese mito sobre armas que se repite una y otra vez.
  • Sesgo de confirmación.
    • Buscar o interpretar información que confirme nuestras creencias previas y descartar la contraria.
  • Sesgo de supervivencia.
    • Fijarse solo en los casos que “sobrevivieron” o tuvieron éxito y olvidar los fracasos.
    • Ejemplos:
      • Solo estudiar las operaciones exitosas.
      • Solo contabilizar los ejercicios correctos y/o perfectos.

  • Sesgo de autoridad/experto.
    • Aceptar afirmaciones por quien las dice en lugar de por las evidencias.
    • Ejemplos:
      • “Tal “instructor” con más de 500.000 entradas en su TikTok lo explica así”.
      • Uno muy habitual es aquel que nos dice, “se lo he visto hacer a la Unidad de élite/especial X”.
  • Sesgo de muestreo/datos.
    • Usar datos no representativos que distorsionan los resultados.
    • Ejemplos:
      • Conjuntos parciales de entrenamiento, seleccionando solo las partes que nos interesan.
      • Solo los factores correctos o confirmatorios de un operativo o de un ejercicio.
  • Efecto del marco (framing).
    • Adaptar la forma en que se presenta la información para modificar la interpretación.


Las consecuencias de dejarse llevar, consciente o inconscientemente, por esta escala de sesgos tiene cuatro riesgos, incluso me atrevo a decir cuatro efectos.

  • Decisiones pobres, desde políticas de actuación hasta elección de tácticas y procedimientos operativos.
  • Reforzamiento de prejuicios y grupos de pensamiento homogéneos y cómodos hasta que chocan con la realidad.
  • Modelos predictivos y/o de actuación inexactos, desvirtuados  y distorsionados.
  • Difusión de desinformación y por tanto conclusiones erróneas.

¿Les resulta familiar?

¿A nivel social?

¿Ideológico? 

¿Cotidiano? 

Seguro que sí.

Entonces ¿podemos detectarlo y mitigarlo?

Veamos algunos puntos para ello.

  • Cuestionar supuestos.
    • Listando todas las hipótesis posibles.
    • Buscando evidencia contraria.
  • Diversificar fuentes y perspectivas.
    • Incluyendo voces contrarias.
    • Y datos alternativos.
  • Revisar el muestreo de datos.
    • Comprobando el grado de representatividad de dichos datos.
    • Identificando que parcialidad o inclinación muestran los datos.
  • Análisis crítico y aplicación de métodos estadísticos.
    • Empleando controles.
    • Con validaciones cruzadas.
    • Y pruebas de robustez.
  • Transparencia y documentación.
    • Al registrar decisiones.
    • Con los criterios de selección y elección.
    • Identificando las propias limitaciones.
  • Entrenamiento y cultura interna.
    • Buscar fomentar el pensamiento crítico.
    • Revisiones y auditorías por pares.
    • Equipos multidisciplinares.
  • Simulacros y pruebas de control y variación (test A/B). 
    • Contrastando alternativas con datos empíricos.


Cuanto trabajo les propongo… ¿verdad?

Lo lamento… o quizá no, no lo lamento en modo alguno.

Si nuestra sociedad logra sobrevivir lo hará gracias a una única cosa, que ella misma, pero sobre todo sus guardianes y protectores, logre fomentar y generar el pensamiento crítico entre todos los individuos que la conforman.

¡Casi nada!


"La gente se siente más cómoda

con una falsa sencillez

que con una verdad compleja”.

Varias fuentes.


Pensamiento crítico y supervivencia.

Permítanme contarles algo para terminar esté artículo… en estos días navegar por la avalancha de información, en cualquier ámbito profesional y social, se parece mucho a la distancia entre cruzar una plaza en medio de una hecatombe de miles de fuegos artificiales o pasear por un jardín zen.

Es por eso que el pensamiento crítico no es un lujo para académicos, debe convertirse en nuestra herramienta cotidiana, esa herramienta que nos ayuda a decidir, comprender y actuar con más calma y claridad.

Pensar con criterio no significa ser escéptico de todo; significa hacer sencillas preguntas antes de aceptar algo.

¿De dónde viene esto?

¿Qué evidencia lo respalda?

¿Qué intereses podrían estar detrás? 

Con este hábito de la mano nuestro día a día, personal y profesional, gana en sentido dejando menos espacio para malentendidos o manipulaciones.

En la vida pública y social se notaría una diferencia abismal con la realidad actual. 

Cuando más personas contrastan datos y evitan caer en falacias, cualquier debate se vuelve menos falso, estridente y más útil.

Las decisiones que afectan a los colectivos salen beneficiadas, al priorizar soluciones basadas en hechos y no solo en emociones o gustos puntuales.

También para nuestros profesionales armados y de la seguridad tiene beneficios prácticos en lo profesional y lo creativo.

Aprender a evaluar métodos, probar hipótesis y aceptar errores como aprendizaje impulsa la innovación.

Equipos que practican el pensamiento crítico resuelven problemas más rápido y adaptan sus ideas cuando la evidencia lo exige.

A nivel personal, pensar críticamente nos protege al reducir la probabilidad de caer en engaños, en teorías improbables o en aceptación de procedimientos y sistemas inoperantes por ser “políticamente correctos”.

Además todo lo dicho, nos permite tomar decisiones más coherentes con nuestros Valores y con las consecuencias a largo plazo.

Prueba con estos puntos…

Antes de compartir este artículo, por ejemplo, o cualquier noticia, revisen y analicen la fuente y lo que leen.

Al valorar cualquier propuesta localicen y pidan datos concretos

Y aun así pregúntense siempre ¿y si estoy equivocado?”

Pequeños hábitos que, con el tiempo, transformarán la forma en la que pensamos y convivimos.

En resumen, el pensamiento crítico es una herramienta necesaria, fundamantal, práctica y accesible que mejora nuestras decisiones, fortalece el aprendizaje y nos ayuda a vivir con más seguridad.

Vale la pena cultivarlo…

Sé que si lo logran no les defraudará jamás… en ningún aspecto de su vida.

Cuídense y cuiden de los suyos.