lunes, 23 de noviembre de 2020

Conciencia situacional, entrenamiento inteligente y enfocado y… esperen… ¿no es esa Jennifer López?

Conciencia situacional, entrenamiento inteligente y enfocado y… esperen… ¿no es esa Jennifer López?

Nota corta por Cecilio Andrade.

Hoy en día todos los “expertos” del tiro “táctico” ponen como referencia de tal o cual técnica mega-espectacular a, de nuevo, tal o cual mega-espectacular unidad de operaciones o fuerzas especiales, forma parte del vocabulario de sus clases. Hablan de las supuestas técnicas mágicas que emplean, pero raramente hablan de la enorme capacidad para ver el entorno, es decir, la conciencia situacional para interpretar las acciones del bando contrario y detectar incluso sus intenciones. Gracias a ello pueden anticiparse a sus movimientos y ganar unos segundos , a veces solo centésimas de segundo, preciosos en los que realizar la mejor acción. El desarrollo de ese tipo de conciencia, percepción si lo prefieren, por ejemplo que debe esquivar ese obstáculo y moverse a aquel parapeto del que apenas es consciente, requiere de una práctica extraordinaria que, si bien al comienzo exige mucha atención, luego discurre de manera automática. No es nada sencillo, desde la perspectiva del procesamiento mental, seleccionar el movimiento más adecuado cuando uno se halla bajo el peso del “tonelaje” del estrés obvio del caso. Un operador, del tipo que sea, debe procesar simultáneamente los caminos de acceso a dos receptores distintos, al tiempo que procesa y responde a los movimientos de los adversarios, desafío solo superable si los circuitos ascendentes están bien lubricados, y que de lo contrario resultaría abrumador tener que razonar conscientemente cada movimiento.

Los estudios neuronales han puesto de relieve que cuestionar los detalles de la técnica mientras uno la está ejecutando es la mejor receta para el fracaso. Cuando los operadores tienen que moverse velozmente en un entrenamiento dirigido, a través de los ataques de sus agresores simulados, siendo conscientes de la técnica que deben ejecutar mientras sus instructores les están evaluando de la misma, cometen más errores. Y esto también sucede cuando un tirador de IPSC o IDPA centra su atención, cuando está a punto de sonar el pitido de comienzo, en si deben colocar los brazos de tal o cual modo, o cuando es el mejor momento para recargar.


La corteza motora que, en el caso de un operador experimentado, integra profundamente, después de miles de horas de práctica inteligente, esos movimientos en sus circuitos neuronales, funciona mejor cuando lo hace por su cuenta sin interferencias de ningún tipo. Cuando la corteza prefrontal se activa y empieza a pensar en lo que está haciendo o, peor aún, en el modo en que lo hace o ha de hacer, el cerebro otorga cierto control a los circuitos que, si bien saben cómo pensar y preocuparse, ignoran el modo de llevar a cabo el movimiento con fluidez y soltura. Y esa es, independientemente de que se trate de un enfrentamiento con un tirador solitario, la defensa contra un robo o un combate en Faluya, la mejor receta para el fracaso. Centrar exclusivamente la atención, durante la revisión de un ejercicio, en lo que no hay que hacer en el siguiente paso es el otro modo más seguro de obstaculizar el rendimiento. Ponerse excesivamente analítico es un obstáculo para cualquier tipo de efectividad. 


Dentro del punto de vista anterior existe la desafortunada reacción mental de realizar alguna acción sensible que uno había decidido no ejecutar, y este tipo de “errores” aumentan estando distraídos, estresados o, en cualquier otro sentido, mentalmente cargados. En esas circunstancias, el sistema de control cognitivo, destinado por lo general a controlar los errores en que se ha incurrido, “no he recargado correctamente”, puede servir involuntariamente de cebo mental, aumentando la probabilidad de incurrir de nuevo en el mismo error. Hagan una prueba, piensen detallada y minuciosamente en lo que no deben hacer antes de un ejercicio de tiro. La sobrecarga de atención entorpece el control mental. Por eso, cuanto más estresado se sienten, olvidan realizar muchas de las acciones que en la calma de entrenar solo en el polígono de tiro se realizan sin error alguno.


Es necesario relajarse, pero en este sentido, sobre los problemas que acompañan al empeño intencional de relajarse, hablamos de una acción que funcionan mejor cuando se permite que suceda sin forzarla. El sistema nervioso parasimpático, que se activa tras las acciones violentas de luchar por sobrevivir, actúa independientemente del cerebro ejecutivo, que piensa consciente y detalladamente en ellas. 


Añadamos, para terminar esta nota corta, que hoy en día se vive inmersos en distracciones digitales. Distracciones que generan una sobrecarga cognitiva casi constante, desbordando la mejor capacidad de autocontrol, acabando por convertirse en costumbre olvidar enfocarse en un entrenamiento inteligente, debido a lo cual es imposible generar unos reflejos o instintos adquiridos eficaces, y por ello el sistema ascendente no tendrá nada de lo que echar mano cuando le toque luchar por la supervivencia… ni más ni menos.


Les veo el Viernes.


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Después de escribir de recarga reactiva pasemos a las proactivas… y se enojarán por no defender una única forma… en fin…

Después de escribir de recarga reactiva pasemos a las proactivas… y se enojarán por no defender una única forma… en fin… 

Nota corta por Cecilio Andrade.

Pues si, pesado que soy, si lo prefieren pueden pasar a ver algo más entretenido, no se, pueden elegir a la genial Gina Carano en The Mandalorian…. Aunque seguro que la mayoría preferirá un buen partido de balompié, ya saben, por aquello de “pan y circo”.


Como ya se comentó en notas precedentes, en este tipo de recarga no hay tanta premura de tiempo, se decide completar la munición del arma por lo que pueda suceder, pero no existe un peligro inmediato enfrente al que reducir, ya que si así fuese se seguiría disparando hasta consumir toda la munición, o neutralizarlo, y pasar a realizar una recarga reactiva. Por tanto no es necesario deshacerse del cargador a “medio" usar, a veces esos pocos cartuchos pueden marcar una diferencia vital, si se saben guardar, obviamente. Las recargas proactivas difieren poco de las reactivas, salvo que el cargador “usado” no debe dejarse caer y si “guardarlo” en algún lugar, siendo esto donde se observa el primer tip diferenciador de los dos sistemas de recarga proactiva, uno que genera infinitas discusiones bizantinas. 


Procedimiento "uno" de recarga proactiva:

  • La mano de empuñe procede a destrabar el cargador usado.
  • La mano de apoyo lo extrae y “coloca o deposita” en alguna parte del cuerpo del tirador.
  • Tras lo cual la misma mano de apoyo busca un cargador lleno.
  • Procediendo finalmente a introducirlo en el arma.

Los tips posteriores son idénticos a los comentados en el caso de la recarga reactiva, no variando en detalle alguno, salvo que normalmente no es necesario acerrojar el arma.


Estoy relativamente seguro que más de uno/a se habrá dado cuenta que escribí, “coloca o deposita”, ¿qué diferencia hay? Antes de continuar hagamos un pequeño inciso: no es recomendable situar cargadores a medio usar junto con los llenos, las confusiones que se pueden crear podrían resultar letales. El cargador usado debe ubicarse sobre uno mismo y disponible para un caso de necesidad, pero separado de los llenos. Puede ·”colocarse” entre el cinturón y el abdomen, dentro de la camisa o chaleco si se porta, o incluso en un bolsillo, en la menos recomendable de las soluciones. Una posibilidad muy en boga es “depositarlo” en una bolsa de descarga situada para estas acciones en el cinturón. En todos los casos es posible disponer de ellos en una emergencia sin que se mezclen nunca con los completos.


Los detractores de este procedimiento alegan que el tiempo de recarga se ralentiza en exceso, pero lo cierto es que en ejercicios cronometrados los tiempos han coincidido casi en exactitud con las recargas reactivas, con mínimos medios de 1.98 segundos y máximos aceptables de 3.30 segundos. Lo innegable es que este procedimiento es sencillo de entrenar ya que la mano de apoyo solo debe realizar un movimiento, con lo que la habilidad y el tiempo invertido en dominar toda la acción es muy asimilable y sencillo de mantener. Por otro lado los problemas de tacto y estrés se ven bastante reducidos al no implicar movimientos ni agarres finos ni exageradamente precisos.


Respecto al procedimiento "dos" de recarga proactiva, esta implica que deben realizarse dos acciones relativamente complicadas pero no imposibles si se entrenan con constancia.

  • La mano de apoyo va primero por el cargador lleno.
  • Lo mantiene sujeto entre el índice y corazón en oposición con el pulgar.
  • Con el meñique y el anular en oposición con el talón de la mano agarra el cargador usado que es liberado en ese momento por la mano principal.
  • Lo extrae y mantiene retenido para, con un giro de muñeca, introducir el cargador lleno.
  • Tras lo cual lleva el cargador usado va al mismo lugar comentado en la recarga anterior.

Los defensores de esta posición comentan que de esta forma el tiempo sin munición es mínimo; y los detractores alegan que el stress, sudor, humedad, guantes, tamaño de las manos y habilidad requerida lo hacen muy complicado como procedimiento operativo. Lo cierto es que con entrenamiento inteligente y buen criterio se pueden conseguir tiempos medios entre 2.12 y 3.40 segundos casi con cualquier arma, larga o corta, cosa que está bastante bien.


La mano de apoyo debe realizar algunas acciones de ir, volver y manejar volúmenes relativamente grandes, pero insisto que no es algo negativo ni contraproducente, tengo manos muy pequeñas y recargo un G36 con este método sin problema, incluso con guantes. Tan solo requiere una inversión en tiempo de entrenamiento y mantenimiento algo mayor, pero nada que no pueda llevar a cabo por un buen profesional … con un disciplinado trabajo previo.


Aunque en el 75% de las situaciones empleo el procedimiento “uno”, también entreno el “dos” y me resulta muy útil en el 25% de muchas otras situaciones.


Les veo el Lunes para seguir hablando de cerebros y mentes.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Inconsciente… consciente… ascendente … descendente…. Ok… Ok… Por favor Cecilio, vamos a disparar… solo disparar… por favor.

Inconsciente… consciente… ascendente … descendente…. Ok… Ok… Por favor Cecilio, vamos a disparar… solo disparar… por favor. 

Nota corta por Cecilio Andrade.

Gran parte de aquello en lo que la mente consciente cree decidir concentrarse, pensar y planear voluntariamente, quizá en todo, discurre por los circuitos inconscientes, entre las bambalinas nombradas en una nota anterior. Evolucionando por millones de años los increíblemente veloces circuitos ascendentes favorecen el pensamiento a corto plazo, los impulsos y la toma rápida de decisiones, necesarias para la lucha por la supervivencia. Las áreas superior y frontal del cerebro como los circuitos descendentes, son “aplicaciones”, en argot moderno, recién “instaladas”, y su “programación” se produjo hace “tan solo” unos centenares de miles de años.


Los circuitos descendentes otorgan capacidades que permiten la autoconciencia, reflexionar y planificar. Se trata de un foco intencional que proporciona a la mente una palanca para equilibrar su soporte físico, el cerebro. Cada vez que se cambia el foco de atención de una tarea, plan, sensación o de una emoción a otra, se activan e implican una enorme cantidad de circuitos cerebrales. Evocar una reunión de amigos basta para que se estimulen las neuronas del placer; el recuerdo de una actividad con un amigo que ya falleció activará circuitos de tristeza; y el ensayo mental, o visualización, de un ejercicio de tiro efectivo fortalece, igualmente, la activación de axones y dendritas encargadas de coordinar los movimientos correctos a realizar.

El diseño evolutivo del cerebro humano es increíblemente sofisticado y eficaz, pero ello no quiere decir que sea perfecto. El sistema más antiguo, el ascendente, funcionó bastante bien durante la mayor parte de su evolución, pero actualmente son varios los problemas que genera su diseño. Siendo el sistema dominante tiende a funcionar bien normalmente, pero hay casos, como las adicciones, las rutinas tranquilizantes y/o las acciones imprudentes, en los que sus actos pueden volverse imperfectos e inadaptados al entorno actual. La necesidad de sobrevivir instaló en el cerebro, durante su más temprana evolución, programas ascendentes destinados a la supervivencia, procreación y crianza, separando lo placentero de lo desagradable, buscando eludir las amenazas mientras localiza las fuentes de alimento. Sin embargo en el mundo actual se necesita muy a menudo contrarrestar esa corriente de “caprichos” e impulsos ascendentes, debiendo aprender a gestionar eficientemente la parte descendente de la mente.


Si se dispusiera en una balanza a estos dos sistemas, se inclinaría siempre, por economía energética, del lado del platillo ascendente. Los esfuerzos cognitivos, como la atención al control del entorno para detectar amenazas, o el aprendizaje y entrenamiento de nuevas habilidades, requieren mucha atención y, por ende, un muy alto coste energético. Ahora bien, a más repeticiones inteligentes que se realicen de una habilidad anteriormente novedosa, más rutinaria se torna, siendo asumida por los circuitos ascendentes, principalmente por una red neuronal del tamaño de una pelota de golf situada en la base del cerebro, justo encima de la médula espinal, los ganglios basales. Cuanto más se ejercita una determinada rutina, mayor es la participación en ella de esta “pelotita”, restando trabajo y esfuerzo, y por tanto menor consumo de energía, a otras regiones del cerebro. La distribución de las tareas mentales entre los circuitos ascendente y descendente se atiene al criterio de obtener con el mínimo esfuerzo el máximo resultado. Es por ello que cuando la familiaridad acaba simplificando una determinada rutina, el control cambia, en una transferencia neuronal que cuanto más se automatiza menos atención requiere, pasando de descendente a ascendente, de consciente a inconsciente.


De este máximo de automatización e involuntariedad surge el estado de flujo, cuando la experiencia repetitiva permite prestar atención sin esfuerzo a una tarea exigente, sea esta un ejercicio de tiro en polígono, defenderse de un ataque o simplemente subir una escalera a la carrera, actividades que requieren, si no se han ejercitado suficiente o correctamente, una atención deliberada. Una vez dominadas las habilidades requeridas para satisfacer su ejecución efectiva dejan de exigir un esfuerzo cognitivo específico, liberando atención consciente para destinarla a lograr otras acciones o cotas más elevadas de desempeño, sean estas cotas necesarias por pura supervivencia o por una búsqueda consciente de la excelencia en la acción.


Ver a campeones del más alto nivel de trabajo con armas, como por ejemplo Eduardo de Cobos, demuestra con su fluidez y “sencillez” de acción que ha practicado muchas miles de horas, hasta que su mente se encuentra en un estado de flujo ascendente, actúan sin que cada gesto requiera pensar en el. Su estado mental es el que determina entonces su grado de concentración y, consecuentemente, su altísimo grado de desempeño. Cuanto más logra relajarse y confiar en el sistema ascendente, más libre y ágil se tornará su mente. Algo que solo se consigue tras muchas horas, unas 10000 como poco, de trabajo inteligente, enfocado y concentrado.


Les veo el Viernes con más “recargas”. 


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 13 de noviembre de 2020

Recargar con eficacia, la acción que puede marcar la diferencia … hablemos de recarga reactiva.

Recargar con eficacia, la acción que puede marcar la diferencia … hablemos de recarga reactiva. 

Nota corta por Cecilio Andrade.

Ante la necesidad de recargar existen dos posibilidades, recarga reactiva o recarga proactiva, y sin duda ambas generan discrepancias fanáticas. Ahora bien, mientras la primera, la reactiva, tiene un procedimiento básico y reconocible de forma casi universal, la proactiva por su parte tiene dos procedimientos a considerar y muy discutidos por los “expertos”. En ambos casos es muy importante conocer y entrenar la enorme serie de pequeñas variaciones, en forma de tips adaptados a anatomías, situaciones, equipaciones y entornos más que en la acción de recarga en sí. Es más que obvio que ante la situación indeseable, pero por otro lado normal, de tener el arma “vacía” lo más importante es devolverla a la condición de “lista para seguir disparando” lo más rápidamente posible. Lo de menos es si el cargador vacío cae al suelo y se pierde, el riesgo de “indefensión” es mayor que el factor de salvaguardar la equipación. Hasta ahí todo es sencillo, obvio y claro, veamos unos pequeños detalles.


La recarga reactiva, en su procedimiento básico es sencillo:

1º - ¡El arma se ha quedado sin munición!

2º - Una mano genera la expulsión del cargador vacío.

2º bis - A la vez la otra mano va a tomar un cargador lleno.

3º - Lo introduce de forma inmediata y precisa mientras el vacío cae.

4º - Esa misma mano acerroja el arma, dejándola lista para hacer fuego de nuevo.


Desde mis primeros días en el ejército muchos instructores se empeñaban que contara los cartuchos para saber cuándo recargar sin quedarme con el arma vacía, como procedimiento “standard” muchos lo conocerán, y habrán sufrido. Ahora bien, ¿cuántos de Uds. lo hacen realmente? ¿En pleno verdadero estrés vital? ¿Cuando la cabeza quiere “ver” lo máximo posible? ¿Cuando quiere abatir ese blanco antes que él lo haga con nosotros? ¿Cuando todo el entorno se ha reducido al ancho de las miras? Sean sinceros, al menos para Uds. mismos, ¿cuántos cuentan los disparos? La respuesta es sencilla y escabrosa, nadie.


Para los que insistirán que ellos si lo hacen, mis más asombradas e incrédulas felicitaciones, entonces podrán poner en práctica uno de los tips comentados, dejar un cartucho en recámara mientras insertan un cargador nuevo y completo, ahorrándose el paso de acerrojar su arma. Mis felicitaciones… creo.

Para el resto de los pobres mortales a los que no nos es posible contar en situaciones de verdadero, real y vital estrés, siempre aconsejo que no pretendan acerrojar sus armas, las que sean, largas o cortas, presionando diminutos botones o “palanquitas” para llevar los cierres adelante arrastrando un cartucho a la recámara. Botones o “palanquitas” los cuales, por cierto, parecen encogerse aun más de tamaño en situaciones de peligro. Esto último lo comento por varios motivos, prisas, sudor, uso de guantes, pérdida del tacto fino por el coctel fisiológico, entre otros muchos otros factores, cuando la vida está en juego, hacen que sea sumamente difícil encontrar esos mismos “botoncitos” y palancas. Por otro lado, no siempre los cierres se quedan atrasados y bloqueados tras disparar el último cartucho de un cargador, pudiendo ser la causa de una pérdida mayor de tiempo, al creer tener un cartucho en recámara y estar en realidad vacía. Siempre recomiendo acostumbrarse a acerrojar tirando del cierre, ya sea en una pistola o un fusil.


Pese a todo lo anterior debo decir que no considero totalmente incorrecta la técnica de entrenar ese presionar de palancas o botones, por más reducidos que se vayan haciendo con cada aumento de estrés. La repetición inteligente puede conseguir minimizar muchos errores de tacto, de forma que se conviertan en prácticamente inexistentes. No obstante, aun así existe el riesgo de que el cierre haya quedado adelantado con la recámara vacía y de todas formas se deba acerrojar. Personalmente prefiero aprender un solo movimiento que resuelva cualquier situación. Por otro lado, cada arma, largas sobre todo, tienen su forma específica de acerrojado que debe ser entrenada, un AK no es un G36, ni un FN FAL es un FN Five Seven.


En este punto hay irreductibles que perjuran que no deben deshacerse del cargador vacío hasta que el lleno esté casi en el arma. Las razones pueden ser múltiples y variadas, aunque en mi opinión estando el arma vacía lo que realmente interesa es tenerla despejada lo más rápidamente posible para insertar el lleno. Entrenando correctamente ambas manos, y sus dedos con ellas, puede realizarse todo de forma simultánea, una desalojando el cargador vacío y otra trasladando e introduciendo el lleno y acerrojando. Se pueden conseguir tiempos relativamente buenos, tanto con arma larga como con corta, entorno al 1.95 segundos por lo bajo y 3 segundos en lo alto, pero incluso 4 segundos puede considerarse una buena marca si con ella como referencia se entrena inteligentemente para ir reduciendo ese intervalo.


Les veo el Lunes… aun no tengo claro con que tema …


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Atento… ¡ATENTO!… consciente e inconsciente deben estar atentos, tanto para aprender como para actuar… atento.

Atento… ¡ATENTO!… consciente e inconsciente deben estar atentos, tanto para aprender como para actuar… atento. 

Nota corta por Cecilio Andrade.

El cerebro humano, el hardware, cuenta con dos sistemas separados y relativamente independientes, el software. Uno tiene un gran poder de computación y ronronea continuamente con la intención de resolver problemas, hasta que nos sorprende con una súbita solución tras una compleja deliberación. Sin embargo, como opera más allá del horizonte de la consciencia despierta, somos ciegos a su funcionamiento. Este sistema brinda los beneficios de su inmensa labor en una multitud de formas como si procedieran de ningún lugar, desde establecer la sintaxis de una frase hasta subsanar una grave interrupción mientras evita exponerse en un tiroteo. Esta forma de atención, tras bambalinas, suele irrumpir de un modo completamente inesperado en el centro del escenario, como cuando mientras hablamos por teléfono detenidos ante un semáforo en rojo, con la parte que se encarga de conducir situada tras la mente consciente, un bocinazo advierte que el semáforo ha pasado a verde.


¿Sorprendente? Aunque la mayor parte de este cableado neuronal se asiente en la parte “inferior” del cerebro, en los circuitos subcorticales, los frutos de su labor afloran súbitamente en la conciencia avisando al neocórtex, la parte más “elevada” del cerebro. Es por ello que se denomina “ascendente” a esta vía procedente de los estratos cerebrales inferiores, siendo el término habitualmente utilizado por las ciencias cognitivas para referirse a las operaciones llevadas a cabo por la maquinaria neuronal del cerebro inferior. Igualmente la expresión “descendente” se refiere a la actividad mental, principalmente neocortical, que controla e impone sus objetivos sobre el funcionamiento subcortical. En este sentido parecería que existen dos mentes funcionando simultáneamente, no las hay, es una sola funcionando en varios niveles a la vez.


La mente ascendente es:

  • Más rápida, su tiempo cerebral se mide en términos de milisegundos.
  • Inconsciente, involuntaria, automática y siempre está en funcionamiento.
  • Intuitiva, operando a través de redes de asociaciones.
  • Motivada por impulsos y emociones.
  • Responsable de llevar a cabo las rutinas habituales, guiándolas.
  • Gestora de los modelos mentales del mundo.


La mente descendente es:

  • Más lenta, en términos de segundos o décimas de segundo en el mejor de los casos.
  • Consciente y voluntaria.
  • Esforzada.
  • Asiento del autocontrol y de acallar los impulsos emocionales.
  • Capaz de movilizar rutinas automáticas.
  • Capaz de aprender nuevos modelos.
  • Capaz de esbozar nuevos planes.
  • Capaz de hacerse cargo, en cierta medida, del repertorio automático.


La atención voluntaria, la voluntad y la decisión intencional emplean los circuitos descendentes y/o conscientes, mientras que la atención reflexiva, el impulso y los hábitos rutinarios lo hacen con los ascendentes y/o inconscientes. Mientras repasamos lo que el instructor nos dice que debemos hacer cuando de la señal de ejecución estamos en una modalidad de funcionamiento descendente. Cuando tras mucha practica ejecutamos el ejercicio sin pensar en cada uno de los gestos, acciones y movimientos, en “piloto automático” fruto del entrenamiento inteligente y atento, estamos en modo ascendente. El ojo de la mente ejecuta una danza continua entre ambas formas de atención ascendente, por estímulos, y descendente, consciente y dirigida.


El sistema multitarea ascendente escanea en paralelo una gigantesca cantidad de entradas del entorno que todavía no han llegado a ocupar el centro de la atención consciente y, después de analizar lo que se halla dentro de ese entorno, “informa” de aquello que ha seleccionado como más relevante. En cambio, la mente descendente procesa secuencialmente, las cosas, una tras otra, llevando a cabo un análisis más concienzudo, por lo que necesita mucho más tiempo para decidir lo que presentará.


Resulta maravilloso, al menos para mi lo es, que la mente acabe equiparando lo que ocupa el centro de su conciencia con la totalidad de sus operaciones mentales. Lo cierto es que la inmensa mayoría de estas operaciones no ocupan el centro del escenario, sino que lo hacen entre el ronroneo del funcionamiento de los sistemas ascendentes, entre bambalinas, en el trasfondo de nuestra mente, inconscientemente.


Les veo el Viernes… para hablar de cargadores y recargas... reactivas o proactivas.... 


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 6 de noviembre de 2020

¿Neurología? ¿Para un simple cambio de cargador? ¿No te habrás has excedido con el valium, Cecilio?

 ¿Neurología? ¿Para un simple cambio de cargador? ¿No te habrás has excedido con el valium, Cecilio?

Nota corta por Cecilio Andrade.


En todo saber humano encontramos distintos procedimientos, más o menos correctos, de alcanzar las mismas metas. Normalmente estas diferencias son honestos intentos de dar una solución personal a un mismo problema, visto desde experiencias, habilidades y conocimientos diferentes. Enfocándonos en la necesidad de cambiar un simple cargador, o en realidad no tan simple, esta acción no puede ser diferente a lo comentado en las líneas anteriores, varios procedimientos y diversos tips, algunos supuestamente antagónicos y, para muchos buenos fanáticos obcecados, solo hay una única forma correcta, la “suya” obviamente.


Pero… ¿realmente existe un único procedimiento? ¿puede la situación, el entorno, el estado físico y anímico de uno mismo definir mejor que procedimiento emplear? ¿son todos esos tips antagónicos? ¿podrían ser realmente adaptaciones a según qué circunstancias dadas? Muchas preguntas, demasiadas quizás para muchos, ante un acto tan simple y sencillo, cambiar un cargador vacío, o con poca munición, por uno lleno y completo. Lo cierto es que cambiar un cargador de una forma eficaz y rápida puede en muchos casos marcar la diferencia del resultado final de un enfrentamiento, ya saben “el diablo está en los detalles”, pero claro hay que conocer esos “detalles” al dedillo… y de paso al diablo.


A lo largo de la Historia los mejores guerreros, tácticos y estrategas han sido siempre los que más rápido ha sabido adaptarse y aplicar las nuevas variables a las circunstancias. Anoten. antes de continuar, un pequeño tip mental:

  • En el trabajo con armas nunca nada es inamovible, muy al contrario, es adaptativo y evolutivo. 

Me van a permitir, que remedio si están leyendo este texto, explicar el por qué de mi terminología personal sobre la denominación de las técnicas de recarga de armas, después de todo me ha traído más de un agresivo comentario reprochándomelo, hablo de  recargas reactivas y proactivas.

En el rico idioma castellano, y más en sus versiones internacionales, existen infinidad de términos para definir cuando y como cambiar un cargador, y no hablemos de sinónimos del cargador mismo, respecto al cambio tenemos de emergencia, táctico, operativo, administrativo, etc. Todos ellos son correctos y descriptivos, pero para mi opinión adolecen de definir la situación externa, del entorno en la que se realiza dicha acción, . En mi concepto considero que es más útil definir la situación interna personal, la única que se percibe claramente y sobre la que es posible influir directamente. Por todo ello empleo términos neurológicos como “proactivo” y “reactivo”, definiendo cómo actúa la mente ante una acción determinada, la que sea, pero en este caso aplicando estos mismos principios a los cambios de cargador.


Una acción proactiva es aquella que se realiza por propia y consciente decisión. En el caso de una recarga es cuando se decide cambiar el cargador para poder disponer de uno completo en el arma, no tiene que haber un motivo concreto y definido, ni prisa o premura de tiempo, se considera pertinente y se actua pensando de forma activa en previsión de posibles acciones y necesidades futuras.


Por el contrario, una acción reactiva implica responder ante una situación dada, en nuestro caso que el arma se queda sin munición, donde técnicamente hablando el hecho de estar frente a un adversario o no es casi lo de menos. Se reacciona ante ese hecho que hay que subsanar con la mayor premura posible, actuando de forma reactiva ante un evento concreto y vital, no queda munición en el arma, los que con o sin adversarios a la vista es un riesgo vital.


Como ven, ambas definiciones hacen mención a la actitud mental que debe poseer el tirador, sin entrar en cuestiones particulares, situaciones concretas ni circunstancias puntuales. Considerando que es la mente la principal arma y, por tanto, la que debe pulirse, afinar y afilar, empezando por utilizar términos, desde el punto de vista de la neurolinguística, que faciliten dichas acciones. Algo que ya he comentado en trabajos precedentes, la mente inconsciente, la que toma el control en situaciones como las de supervivencia inmediata, no tiene sentido del humor ni interpreta, es literal y directa. El empleo de una u otra aparentemente simple palabra puede resultar una ayuda o un hándicap, depende de múltiples factores externos. Mejor buscar formas y términos que no le compliquen un trabajo ya de por si complicado.


Por cierto, utilizo también estos dos términos en muchos otros casos y situaciones, no solo recargando, sino también en aspectos como son el tiro reactivo o proactivo, acciones reactivas, planificación proactiva, etc., etc., etc.


Les veo el Lunes con otra nota corta.


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Una sencilla multitarea … empuñar, apuntar, manipular, moverse, conciencia situacional, y… ¿Alguien da más?… pues claro que sí… pequeño saltamontes.

Una sencilla multitarea … empuñar, apuntar, manipular, moverse, conciencia situacional, y… ¿Alguien da más?… pues claro que sí… pequeño saltamontes.

Nota corta por Cecilio Andrade.


De lo que no puede haber duda alguna es de que durante la multitarea de un enfrentamiento, la atención y el enfoque se divide, ¿verdad que si?, pues lamento decirles que desde la perspectiva de las ciencias cognitivas, es más falso que un euro de corcho. La atención es un canal estrecho y fijo imposible de dividir. En lugar de la creencia popular de poder dirigir simultáneamente la atención dividida, lo único que realmente se logra, si se logra, es llevarla de un lado a otro. Imaginen un conmutador que alterne rápidamente la atención concentrada de foco en foco.


El recurso más valioso de ese 1,3 kg de gelatina llamado cerebro no es el cociente intelectual, ni la memoria, ni tan siquiera la capacidad social, sino el maravilloso superpoder que le otorga su enorme capacidad de enfoque. Evolutivamente esa capacidad de resolver los problemas vitales, especialmente los que impliquen la propia supervivencia, gira en torno a la minimización de las distracciones. Capacidad centrada en la eliminación de los distractores molestos que desenfocan la atención y generan pérdida de tiempo, del que no se dispone en un evento de supervivencia del tipo que sea.


Pretender descubrir una pastilla, un sistema o un talento único, no nos lleva muy lejos. La solución que se precisa no es tecnológica ni mágica, sino cognitiva. La fuente de las distracciones no radica en algo externo sino en el mismo cerebro. Agrade o no, lo cierto es que nadie puede concentrarse simultáneamente en todo, pero pueden crearse formas de enfoque, atención y concentración con el “ancho de banda” suficiente como para poder pasar de un foco a otro con la rapidez, eficiencia y precisión requeridas para realizar cualquier tarea exigente, como puede ser, por ejemplo, luchar por su vida, o darle biberón a un bebe mientras se lee la prensa en la tableta.


Atención y memoria son capacidades cognitiva, distribuidas y conectadas a todas las enormes propiedades de esa impresionante, utilizada correctamente, masa gris sita entre oreja y oreja. No debe permitirse que el desenfoque generalizado y socialmente aceptado de la sociedad actual embote el filo de una capacidad importante para tantos y tantos aspectos vitales, aun sin hablar de combates, supervivencia, estrés y un larguísimo etcétera. No se debe olvidar que un foco de atención estable y dinámico también puede contribuir a crear una herramienta imprescindible para cualquier éxito personal, intimo e incluso familiar, en el día a día cotidiano.


La capacidad de focalizar la atención aumenta en la medida en que lo hace el número de datos que proporcionan información crucial para la propia supervivencia, por más estresante y sorpresiva que sea la situación. Datos inconscientes convierten los sentidos, principalmente ojos y oídos, en fuentes clave que guían para moverse eficazmente en combate. Captar un gesto delator y reaccionar de un modo aparentemente automático y casi instantáneo, saliendo de la línea de ataque y desenfundando o encarando el arma que se porta, resolver un cambio de cargador, o una interrupción, mientras se mueven a la vez que controlan los movimientos y acciones del agresor o agresores, por ejemplo, forman parte de ese tipo de enfoque inconsciente.


Entrenar todo ello con el máximo grado de atención, focalizacióny concentración, así como de forma activamente inteligente, aprendiendo de cada repetición, son los potenciadores de una efectiva capacidad de atención inconsciente cuando la situación real no permita análisis alguno. Un eficaz entrenamiento crea sendas cognitivas seguras y exactas que se convertirán en reflejos y/o instintos adquiridos, con resoluciones muy cercanas a los instintos innatos.


Coordinar lo que se ve y lo que se hace potencia el funcionamiento cognitivo en los entrenamientos, lubricando las acciones para un enfrentamiento. Sin duda, la cuota disponible de memoria operativa es muy pequeña, pero el monto global de información que es posible recibir y emitir a través de esa estrecha rendija resulta extraordinario. La capacidad de detectar de forma inconsciente algo que genere acciones y reacciones aparentemente instantáneas está ahí, pero necesita ser pulida y trabajada con el esmero del mejor tallador y pulidor de gemas.


¿Cómo es posible potenciar estas capacidades innatas tan menospreciadas? Anoten:

  • Con un enfoque preciso para preparar los entrenamientos.
  • Con un enfoque preciso para realizar los entrenamientos.
  • Con un enfoque preciso para analizar los entrenamientos.
  • Con un enfoque preciso para aplicar las conclusiones extraídas.
  • Y, obviamente, con un enfoque preciso para permitir la ejecución de los instintos adquiridos.

Lo cual nos lleva al resumen final de esta nota corta, entrenamiento y enfoque, aplicación y enfoque, atención y enfoque, concentración y enfoque, algo que … es tan difícil cuando no se trata de una serie  de moda en Netflix o Amazon ¿verdad?


Les veo el Viernes… si aún soportan estas notas cortas.


Cuídense y cuiden de los suyos

viernes, 30 de octubre de 2020

Center Axis Relock, C.A.R. System… el Arte Marcial de Paul Castle, una muy breve visión.

Center Axis Relock, C.A.R. System… el Arte Marcial de Paul Castle, una muy breve visión. 

Nota corta por Cecilio Andrade.

Por solicitud de varios sufridos y, hasta cierto punto, masoquistas lectores de notas cortas, haré un mínima y muy escueta referencia al sistema C.A.R. Antes de empezar siquiera, me gustaría insistir en el aspecto y connotación que implica una nota corta. Nota corta es un escrito breve que busca aclarar, recordar y/o resumir conceptos muchísimo más amplios y que requieren en muchos casos enciclopedias enteras para desarrollar en detalle. Partiendo de ahí, mis notas cortas no buscan ser enciclopédicas, si no recordatorios para que uds, sufridos lectores, investiguen y trabajen en desarrollar lo aquí extractado y muy resumido. Ahora pasemos al asunto.


El Sistema C.A.R. fue desarrollado por el, en su momento, policía británico Paul Castle (ϯ 14/09/2011) a lo largo de 3 lustros. Me atrevo a considerar este sistema como un Arte Marcial, dentro del concepto definido por estas dos palabras, ya que además de ser adaptativo a la mayoría de las situaciones de combate, como las Artes Marciales Tradicionales, utiliza los mismos principios de estabilidad, exposición corporal de costado y posiciones de combate específicas, según el entorno y las distancias al objetivo.


Los que sigan mis trabajos académicos y procedimientos, ya conocen la importancia que le doy a un entrenamiento realista acorde con las reacciones neurofisiológicas que nos encontraremos ante una situación operativa. Pues bien, este sistema busca favorecer una reacción efectiva ante una situación sorpresiva y altamente estresante, mientras facilita a la vez el uso eficaz de las armas o técnicas para defenderse o actuar. Aplica posiciones “naturales” dentro de lo poco natural que puede ser disparar un arma de fuego, y que personalmente prefiero definir como posiciones basadas en actos reflejos. Utilizando posiciones corporales perfectamente conocidas para todos los guerreros de cualquier milenio, lo que permite trabajar con las habilidades motoras gruesas, sabiendo que las habilidades motoras finas son las primeras en desaparecer ante el estrés. Sobre el tema del estrés dentro del combate y su entrenamiento previo, ya saben lo que enfatizado esta relación en mis trabajos y seminarios.


Como cualquier practicante de Artes Marciales Tradicionales o Modernas sabe, en las posiciones de combate se enfatiza la relación espacial del movimiento corporal propio con la distancia de combate y la visión. El sistema C.A.R. así lo hace también, logrando un estilo de trabajo eficaz y versátil, pensado para entornos extremadamente hostiles y estresantes.


Personalmente destaco más la filosofía de trabajo del sistema C.A.R. que sus técnicas específicas, ya que estas no son innovadoras ni únicas. El sistema se adapta al usuario y a las situaciones, buscando simplificar y facilitar las reacciones más seguras y efectivas. En resumidas cuentas, Paul Castle buscó un método de trabajo que uniera todo lo anterior de una forma coherente y sencilla, tanto de aprender como de mantener lo aprendido. Y para ser sincero, realmente lo logró. 


Ahora bien, pretender que un sistema, el que sea, por más completo que resulte o parezca, cubra todos los aspectos posibles de forma absoluta, es un gran error. Pretender que es la panacea así como un sistema único y sin relación ni simetría con otros procedimientos, es algo, cuando menos, exagerado. Mr. Castle reunió muchos procedimientos y conceptos en un sistema unificado destacable, pero no es el remedio que todo lo soluciona. Como en todo lo humano, el integrismo excluyente y el fanatismo táctico e instructivo, que maximiza un sistema ridiculizando a otros, es un error de consecuencias, en muchos casos, fatales. En la antigüedad, los grandes guerreros viajaban durante años visitando a distintos maestros para aprender procedimientos y técnicas de distintas escuelas con filosofías diferentes. Buscando, al final de ese periplo, sacar un conjunto uniforme utilizable, que en muchos casos han llegado a nuestros días como lo que denominamos Artes Marciales Tradicionales.


La filosofía creada por el Maestro Paul Castle es elogiable y aplicable en su conjunto. Pero quizás no todos sus sucesores y herederos han sabido tomar y asumir consecuentemente el concepto base original, a saber, adaptación y flexibilidad. Como en toda obra humana el error está más en el ser humano que en la obra. Este Sistema es una magnífica filosofía de trabajo, independientemente que sirva o no en todos los contextos que gustaría. En mi caso, por ejemplo, aplico, combinados con otras muchas técnicas, varios procedimientos y TIP´s que pueden considerarse dentro de este sistema, a pesar de emplearlos desde mucho antes de conocer el Sistema C.A.R. Combinaciones que conforman "mi propio sistema”, el cual, estoy seguro, adolece de mucho más que algún que otro hándicap... ya saben, no existe nada perfecto, absoluto ni total.


Sean alumnos, operadores, instructores o maestros, miren el concepto y no el espectáculo. Entrenen, estudien, analicen, prueben y vuelvan a analizar usando siempre el sexto y menos común de los sentidos, ya saben de que hablo, del sentido común. 


Les veo el Lunes con otra de estas infumables notas cortas. 


Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 26 de octubre de 2020

Aprendizaje, capacitación y responsabilidad… escatología y la culpa es del gato… … pero jamás es mía… no…

Aprendizaje, capacitación y responsabilidad… escatología y la culpa es del gato… … pero jamás es mía… no… 

Nota corta por Cecilio Andrade.

Respecto a muchos de los conceptos, ideas, criterios, procedimientos, etc. que ya he comentado en infinidad de publicaciones, notas cortas y artículos, amén de seminarios, clases y conferencias varias, donde siempre dejo “caer” pensamientos sobre si la responsabilidad es de uno o de otros, solo diré una cosa, a saber, “piensen que de esto depende su vida”. Con esta frase, o con el concepto de ella, concluyo, más o menos acertadamente, la mayor parte de mis comentarios. Por desgracia la experiencia me ha mostrado y enseñado que esta frasecita se queda muy muy corta, pero mucho. Si solo fuera la vida del agente, bueno, pues allá el mismo, pero esto no es así y ni siquiera es así de simple, la vida de muchas terceras personas dependen de ello. 


Todo profesional armado, policía, militar, oficial de protección, etc. amén de salvaguardar su propia vida, debe poseer las habilidades y capacidades de proteger la vida e integridad de sus compañeros, y por supuesto, de los ciudadanos, ya que en definitivas cuentas, para eso nos pagan, para salvaguardar vidas. No es solo la propia vida la que se pone en juego con una negligencia en la preparación, es la de los compañeros, la de los civiles y, por qué no, la de algunos malos, ya que, siendo sinceros y honestos, no todos merecen la muerte. Tenemos responsabilidades ineludibles para con otros. 


Y entonces ¿A quién hacemos responsable? ¿A la administración? ¿Al profesional? En realidad da igual, no importa quien o que.. Existe el hecho y debe remediarse de alguna forma. Quizás es todo un 50% de responsabilidad. O un 80% para la administración por no facilitar esa preparación, y un 20% del agente por desentenderse. O quizás el porcentaje debe invertirse… o quizás… quizás… y quizás.


El segundo punto que me lanzan siempre que imparto cualquier tipo de clase o seminario, es lo de dobles turnos, patrullas agotadoras, problemas personales y familiares, deudas, facturas, equipos inadecuados o inexistentes, etc., etc. y muchos etcéteras más. Todo eso seguro que les suena a muy conocido, trillado y vivido ¿verdad? Yo mismo muchas veces he estado, y a veces aún lo estoy, tentado de tirar la toalla, pero ¿saben qué? ganarían todos aquellos que quieren que solo haya borregos en las unidades, carne de cañón y de presidio por fallos de instrucción. Ante todos los problemas que suelen plantearme, y que todos podemos sufrir de una u otra forma, suelo contestar crudo y radical, “búsquese otro trabajo que no sea tan exigente”. Después de una grosería profesional de esta envergadura podría suplicar indulgencia por ello y pedir disculpas, pero nunca lo hago, ni lo haré. Y volviendo a mi grosera contestación piensen y añadan que ese otro trabajo, por otra parte, suele estar mejor pagado. 


Un profesional cualquiera de tipo medio puede perfectamente doblar el sueldo de un policía, y triplicar, o más, el de un militar de tropa, y sin más responsabilidad que el horario aparente que debe respetar, ya que de lo demás se encarga su jefa o director. Y aquí si pido disculpas, no menosprecio el trabajo de ningún profesionales de cualquier campo, muy al contrario, realizan una labor importantísima en el crecimiento de la calidad de vida de cualquier sociedad. El problema no es de ellos, es de aquellos, ya sean ciudadanos o políticos, que no valoran el esfuerzo y sacrificio de quienes ponen su vida en la misión de “proteger y servir”. No se trata de “desvestir un santo para vestir a otro”, se trata de ser coherentes. Y lo mismo aplica para muchos otros profesionales, lease de la medicina, de la enseñanza a todo nivel, etc, etc y de nuevo muchos etcéteras más.


Si su trabajo le parece muy exigente para buscar y/o poner los medios de hacerlo bien, de salvar vidas, la suya para no dejar a su familia desamparada, la de sus compañeros, o la de los ciudadanos que ha jurado defender y proteger, también de la incompetencia y negligencia de Ud. mismo si es mínimamente coherente, dedíquese a otra cosa. Hay dos frases muy en boca de muchos de mis mejores compañeros y compañeras por todo el globo, “para esto nos pagan”, y “si fuera fácil lo haría cualquiera”. Y así es, ni mas ni menos, “para esto nos pagan”, y “si fuera fácil lo haría cualquiera”… empezando por los políticos.


Otra cuestión, para terminar esta escatológica nota, es que en el ámbito de casi cualquier profesión que puedan imaginar, el 75% de las habilidades, capacidades y experiencias se generan y mantienen con tan solo dedicar de 15 ó 20 minutos diarios. Ahora piensen si amplían unos minutos más esa dedicación diaria… imaginen… que tan poco se necesita.


Claro que el sillón, el futbol, la cerveza, y el encefalograma plano es muy tentador. 


Hay otra frase más en mi arsenal, y esta si es bien grosera, “las excusas son como los culos, todos tenemos uno, y todos nos huele mal”. 


Les veo el Viernes con otra nota corta que espero sea menos grosera, pero insisto, no me disculpen… de donde no hay no puedo sacar.


Cuídense y cuiden de los suyos.

viernes, 23 de octubre de 2020

Solo existe una forma correcta… que obviamente es la MÍA, la que YO utilizo, la que YO enseño… la MÍA… la única… faltaría más.

Solo existe una forma correcta… que obviamente es la MÍA, la que YO utilizo, la que YO enseño… la MÍA… la única… faltaría más.

Nota corta por Cecilio Andrade.


Pretender que todo el mundo debe luchar de una forma única, autorizada, uniforme y homologada, es cuando menos …estúpido. Existen infinidad de factores, internos y externos al operador, que influirán en toda actuación. Igualmente es más que obvio que no hay dos situaciones iguales, ni que jamás dos personas reaccionarán igual, ni siquiera la misma persona en la misma situación lo hará exactamente igual, parecida sí, pero nunca igual, después de todo, de una forma u otra, algo habrá aprendido de una situación a la siguiente… ¿o no?


Cantear, por ejemplo y dado lo publicado estas semanas previas, es uno de esos factores a tener en cuenta, no es obligado, ni recomendable la mayor parte de las ocasiones, después de todo se pierde la calidad del uso de las miras, se pierde precisión en mayor o menor medida, pero pese a todo ello ocurre y se necesita saber emplearla con efectividad. El cuerpo la realizará, la buscará incluso de forma natural en situaciones límite. Obviar el canteo y/o considerarlo un error a corregir puede ser el verdadero y muy grave error. Todo organismo tiene las herramientas para sobrevivir y adaptarse, ignorarlas es ignorar la evolución natural que ha traído a nuestra especie, a través de un océano de tiempo de millones de años, hasta donde actualmente estamos.


La adaptación pasa por reconocer las capacidades y características propias y personales, tanto las innatas como las que es posible controlar y entrenar, para luego poner ese conocimiento en la ruta que permita sacar el mejor resultado posible ante las circunstancias externas que no dependen ya de uno mismo, por más adversas que estas sean. Recuerden, con estrés, y en un combate siempre hay estrés, que nadie se engañe, no hay tiempo para pensar, y mucho menos para aprender a utilizar algo que se obvió y descartó en la “calma” de los “obligados” entrenamientos previos. 

El gran Albert Einstein dijo, “Todo debe ser lo más simple posible, pero no más simple”, y en base a ello saber que el estrés nunca permite la realización de técnicas ni coreografías muy floreadas y por ende muy complicadas, después de todo lo primero que se degrada es la tan “cacareada” y mal comprendida psicomotricidad fina y avanzada, lo que hace que la realización de técnicas precisas y complicadas, el encadenamiento de movimientos y la coordinación ojo-mano-pies se convierta en algo muy muy complicado. Cuando no imposible si jamás se ha realizado correctamente, o solo se ha “entrenado” con la imaginación mientras desde la barra de un bar con una cerveza en la mano, o algo más fuerte… … …


Querer hacer muchas cosas a la vez ya es difícil en las condiciones de tranquilidad de un polígono de tiro, de un gimnasio o incluso de un Dojo tradicional, pero si además se incluyen los factores intrínsecos de todo ataque:

  • Sorpresa, que hace ir siempre un punto por detrás de la acción del “malo”, recuerden que nosotros somos “buenos”.
  • Al ir ese punto por detrás se generará querer acelerar aun más todos los movimientos.
  • El estrés, el miedo, esa misma sorpresa provocando reacciones fisiológicas que generan que todos los movimientos se vuelvan menos exactos, precisos y seguros.
  • Y lo anterior, a su vez, que generará aun mayor estrés, ya que se reconoce a nivel inconsciente que no se está realizando correctamente lo que se pretendía. Se puede engañar a los demás, un tiempo, quizás, pero jamás al propio subconsciente, y muchos menos en plena lucha por sobrevivir… no se equivoquen en esto.

Todo es un “simple” círculo vicioso, donde las soluciones únicas… ¿mágicas?… no existen, y donde lo más cercano a una “solución” pasa por:

  • Intentar entrenar previamente situaciones lo más parecidas posibles a la realidad.
  • Minimizar la cantidad de movimientos y que estos sean instintivos, tanto de tipo innato como adquiridos.
  • No pensar, actuar, “una mala técnica a tiempo es mejor que una estupenda dos segundos más tarde”. Técnicas que deben haber sido aprendidas y practicadas mucho antes.

Pero además hay otro “pequeño" detalle a considerar de forma sine qua non:


La propia vida y las de las personas a proteger, familia, amigos, compañeros, VIP, etc. no son lo primero, son lo ÚNICO.


Eso significa que la mente debe actuar bien enfocada, sin trabas internas y en base a una única premisa, a saber:


SI ME ATACAS… CAES.


Les veo el Lunes con otra nota corta, de estas molestas… o quizás no, ¿quién sabe?


Cuídense y cuiden de los suyos.