La "nueva" guerra de cabos 2.0 Versión 2026... digital esta vez.
Pólvora, sangre y … gónadas. La vieja, malhablada y fiel Infantería.
Por Cecilio Andrade
Dos. Versión digital.
“Acertóle en la frente con la áspera piedra;
el guijarro rompióle ambas cejas,
el hueso no pudo resistir el impacto
y los ojos cayeron en el polvo,
en tanto que el guerrero, semejante a un buzo,
caía del bien construido carro
y la vida abandonaba sus huesos”
HOMERO.
—¡La plaza del puto profeta! ¡Sus putos cojones!
El exabrupto le brotó a "Mayor" desde lo más profundo de las entrañas, con una fuerza tan visceral que por un instante casi le pareció saborear la cena de la noche anterior.
Si aquel infierno era el ejemplo del homenaje que les tenían preparado, bien podían irse todos al carajo; al mismo pozo infecto donde acabaría su propio estómago si es que continuaba vivo para contarlo.
"Mayor" corría como un poseso bajo un sol de justicia que le castigaba la espalda, mientras su propia sombra lo adelantaba por la "bucólica" placita.
La muy cobarde recortaba sus contornos sobre el suelo polvoriento con una nitidez perfecta, nítida, marcada, casi de película, estirándose hacia delante en aquella carrera demencial.
Con el astro rey empujándolo desde atrás, lo cierto es que su silueta tenía razones físicas muy lógicas para ganarle el sprint en mitad de aquella locura.
De todas formas "Mayor" ya no veía su sombra, ahora lo que parpadeaba en el tercio inferior de su visor HUD de casco (sistema IVAS) era el vector tridimensional de su propia huella electromagnética.
El maldito "Efecto Espejo" en tiempo real, una cúpula translúcida de color rojo parpadeante en su pantalla periférica que le advertía que la red de malla (Mesh) y la fusión de sensores activos lo estaban haciendo visible para los sistemas de guerra electrónica enemigos.
Una baliza de radiofrecuencia con patas, andante, nítida, casi de "película".
—¿En qué carajo tengo la cabeza? —se recriminó a sí mismo mientras el aire le quemaba los pulmones.
El abrigo hacia el que dirigía sus zancadas parecía estático, tan lejano como si hubiera empezado aquel aparente maratón interminable hacía dos horas y no unos pocos segundos atrás.
Veía perfectamente la ruta a través de su visor AR,, manteniéndola en luz verde y la posición exacta de sus compañeros flotando en los bordes de sus ojos, con la cúpula roja de alerta encima, pero la fatiga física no entendía de algoritmos.
¿Cómo demonios le decían los teóricos a esa distorsión y relatividad del tiempo bajo un estrés extremo?
¿Tiempo de combate?
¡Qué más daba, redios!
Para cuando sus botas alcanzaron el destruido, oxidado y vetusto BTR, su sombra ya llevaba un buen rato esperándole, descansando plácidamente apoyada contra el viejo blindaje.
—¡¡¡Sus muertos!!! —escupió, casi aplastando a uno de los dos perros robots armados que lo flanquearon mientras corría, dos UGV cuadrúpedos V60 asignados como apoyo al equipo, que llevaba un buen rato inmóvil, apoyado contra el chasis, con su cámara térmica barriendo los sectores frontales en modo EMCON pasivo.
Los chinos utilizaban estas plataformas en manadas… ellos disponían de tres de esos“perros” y el mejor protegido y también armado para aciones de “hombre punta” un UGV BEAST.
También disponían de varios modelos de drones, incluyendo los micro que sabía que ya tenían dentro de algunos edificios.
Justo cuando asomó para un vistazo por vieja costumbre, sobre el viejo acero del vehículo apareció una muesca brillante, seguida una milésima de segundo después por el eco de una detonación lejana, sorda y casi rutinaria.
—«Fallaste, cabrón», — pensó "Mayor" para sus adentros, todavía sin verbalizarlo, algo que con el poco aire que le entraba en el pecho le resultaba del todo imposible.
Aplastando a su veloz y asustadiza sombra, pegó de nuevo la placa balística de su espalda contra la chapa protectora del viejo blindado.
Jadeaba como si acabase de cruzar una piscina olímpica entera en apnea; y en cierta manera, sabía que aquel esfuerzo no dejaba de ser un buceo a pulmón en mitad de la muerte, solo que sin un ápice de frescor.
Con el pecho agitado, forzó la vista para repasar la ruta que acababa de cruzar desde el otro extremo de la plaza.
Allí estaban sus hombres: un batiburrillo indomable de desarraigados que sumaban más de dos docenas de nacionalidades distintas.
Se movían con fluidez, desplegándose minuciosamente para dar continuidad a un avance que se suponía que él estaba... ¿liderando?
—«Estoy viejo para esto... ¡Joder!», — se quejó mentalmente mientras el hierro volvía a vibrar.
Nuevas melladuras saltaron en el chasis del BTR entre un festival de chispas, esquirlas metálicas y costras de óxido que pasaron volando sobre su cabeza, tras todo lo cual resonaron las correspondientes ráfagas lejanas.
Fue entonces cuando "Pitbull" apareció a su costado, frenando en seco y golpeando las viejas chapas con la protección balística de su hombro derecho.
"Mayor" lo miró de reojo desde las alturas de su propia estatura.
—¿Te perdiste, chiquitín? Has tardado —se burló, manteniendo un ojo puesto en el control del resto del personal.
—¡Me vas... a comer... lo que rima... con Clavijo! —medio jadeó, medio vomitó su pequeño colega.
A pesar de la que estaba cayendo, intercambiaron una sonrisa burlona y cómplice.
La zancada del primero equivalía a una y media larga del segundo, pero el peso del equipo de combate que arrastraban era exactamente el mismo, la vieja y maldita broma de siempre.
Cuatro impactos secos volvieron a castigar el venerable chasis del BTR.
Al abrigo del metal continuaron llegando cuerpos que se lanzaban a la carrera, frenando por puro impacto contra el blindado.
Aquellos hombres no estaban para más florituras tácticas; de hecho, uno de los que les acompañaba se sacudió violentamente un par de veces en mitad del asfalto antes de derrumbarse, con el cráneo convertido en una macabra y efímera nube roja.
Nadie perturbaría su descanso eterno en las próximas horas, al menos no hasta que consiguieran hacerse con el control absoluto de aquel pueblo perdido en mitad de ninguna parte.
"Mayor" intentó asomar la vista por un costado de la montaña de óxido que les servía de abrigo hacia la siguiente estación de aquella curiosa carrera de relevos.
Una lluvia violenta de metralla metálica y polvo de óxido desprendido acompañó su forzoso regreso a cubierto.
—Cinco —sentenció "Mayor"—. Tres en la esquina izquierda y dos en la ventana de la casa azul.
—Ya, ya... ¿y los tres detrás del camión? ¿y los dos tras el pickup marrón? ¿Los dejamos para otro día? —ironizó "Pitbull", con un tono tan calmado que casi parecía aburrido al bromear con su viejo colega en mitad del tiroteo.
Broma que podía permitirse, ya que sin necesidad de asomarse físicamente estaba utilizando las ópticas tanto del UGV BEAST armado que asomaba una cámara por una grieta del BTR, y del "Dron Escolta" que flotaba estabilizado 150 metros por encima, en la pantalla táctica de su muñeca.
La Inteligencia Artificial procesaba el barrido térmico y acústico a través del humo denso de los fogonazos, superponiendo siluetas rojas nítidas gracias a la fusión de sensores térmicos y NVD.
Dos de los recién llegados se rieron de medio lado.
Todos en aquel grupo se conocían desde hacía una eternidad, y tampoco era que la situación permitiera mayores demostraciones de camaradería.
El resto apenas si alcanzaban a comprender el idioma de aquellos "infieles locos”.
El repiqueteo de las balas enemigas continuó provocando vibraciones, mientras óxido y esquirlas volaban en todas direcciones.
Sin inmutarse, "Pitbull" presionó el contacto de su laringófono.
—¿De vacaciones, “Pater”?
—Ya ves, aquí, viendo cómo se lo curran los viejos —la voz de “Pater” entró por los auriculares.
Estaba firmemente asentado al otro lado de la plaza, agazapado tras su nueva amante, un inmaculado y meticulosamente cuidado M200 .408 CheyTac.
—¿Tienes algo?
—Sí.
—OK. Ponte a ello, pero antes pasa localizaciones a las AR del equipo, yo haré lo mismo con mis objetivos.
El tono de "Pitbull" mutó del aburrimiento irónico a la frialdad profesional en un abrir y cerrar de ojos.
Acto seguido, volvió a activar la radio colectiva.
—“Ario”, “Odín”... cuando recibais la información por AR y tengan a bien vuesas mercedes, me gustaría llegar a tiempo al almuerzo.
Para entonces, “Pater” ya estaba en faena.
Sus pesados proyectiles surcaban el aire por encima de ellos con un sonido agudo, casi armónico, que rasgaba la atmósfera.
Al sentir la precisión del francotirador, los de enfrente redujeron notablemente la intensidad de sus disparos, como si se lo estuviesen pensando mejor.
Claro que alguno de ellos ya no volvería a pensar jamás en este mundo terrenal; en todo caso, tal vez estuviera ocupado debatiendo con sus 72 huríes vírgenes en el más allá.
—¿Salimos? —preguntó "Kairyu" con la mirada fija en el objetivo mientras veía al UGV BEAST dirigiéndose por orden de “Pitbull” al punto de entrada.
Su colega “R2” hizo un leve y rápido gesto con la barbilla hacia la base del edificio desde el cual habían corrido.
Desde su posición, pudieron observar a un tipo enorme, rubio y de tez sonrosada, que cargaba un RPG-7 sobre el hombro.
Y disparó.
La ventana de la casa azul se tragó aquel bocado picante por completo.
Casi en el mismo instante, otra granada-cohete simultánea envió al personal hostil parapetado tras el pickup junto con sus desdichados colegas de la casa azul.
Un billete de solo ida al paraíso.
Si aquel destino se encontraba o no "a la sombra de las cimitarras", era algo que sin duda ya estarían descubriendo por sí mismos.
Inshallah.
“Odín” y “Ario” demostraron una vez más que formaban un buen equipo de artillería portátil, de los que no solían fallar jamás.
—Aquí “Odín”, IA confirma amenazas identificadas neutralizadas —transmitió con voz sintética limpia de ruido y transmitida por conducción ósea por el canal de recepción pasiva.
—Id con "R2". Me quedo el UGV en posición 1 como escudo frontal —informó “Pitbull".
No era una orden, nunca lo eran con él; bajo el estándar, compartido cada operador conocía al milímetro los SOP de interacción hombre-máquina y su lugar exacto en aquel caos.
Mientras los cachitos de los nuevos residentes del paraíso de Alá volvían a tocar el sucio suelo de la plaza de su Profeta, y mientras “Pater” despachaba a alguno más por la vía de facturación urgente, "Pitbull" ya corría veloz seguido muy de cerca por sus colegas.
Esta vez, el patilargo de "Mayor" no conseguiría llegar antes que él.
Los dos integrantes locales de su equipo saltaron tras ellos apenas medio segundo después.
Tampoco se les podía culpar por ese retraso, aquel grupo de locos se conocía desde hacía décadas, y su nivel de coordinación era un proceso totalmente inconsciente y visceral.
Por desgracia, la fatalidad aguardaba en el trayecto.
Uno de ellos se derrumbó a unos pocos pasos de alcanzar la cubierta de los vehículos abandonados en el borde de la plaza.
Su compañero se detuvo de inmediato a auxiliarlo.
El herido tenía el costado izquierdo del abdomen destrozado; las brutales convulsiones y el lacerante dolor le impedían moverse, y su compañero tampoco podía arrastrarlo solo.
Fue entonces cuando “R2” apareció entre el humo y el polvo, haciendo honor a su viejo y querido nombre de guerra de “Nube Negra”, lastima que los cabrones de colegas le hubieran “calzado” el de “R2” como broma estúpida de su nombre deletreado en ingles, en fin…. para que pensarlo mientras arrastraba al herido a cubierto.
Tras lo cual comenzó de forma inmediata el protocolo TCCC para estabilizarlo.
Dejarlo sin más en aquel estado equivalía a condenarlo a una muerte segura y muy dolorosa.
Mientras el UGV entraba disparando tras su escudo ,”Pitbull" llegó a la esquina final de la plaza del Profeta.
Casi sin diferencia de tiempo lo alcanzaron "Mayor" y “Kairyu".
Apenas se detuvo a esperarlos; guiado por esa sincronía invisible, penetró de un salto a través de la ventana que la granada-cohete de Ario había convertido en un boquete humeante, girando hacia la derecha a la vez que entraba en la estancia.
"Kairyu" entró a continuación, pisándole los talones.
A ojos de un observador inexperto, casi se diría que entraron pegados el uno al otro, con el arma perfectamente encarada y disparando desde el hombro hacia el lado opuesto del elegido por "Pitbull".
"Mayor" entró prácticamente hacia el frente, ligeramente posicionado a la izquierda tras “Kairyu".
En un abrir y cerrar de ojos, entre los tres tenían todo el interior cubierto mientras se protegían las respectivas espaldas.
Nada más entrar, una sombra armada ribeteada en rojo en sus AR apareció en el sector de responsabilidad de “Mayor". Los microdrones, el UGV y sus propias cámaras personales alimentando a la IA les permitían identificar objetivos que de otra forma les generaría dudas o simplemente no detectarían.
Sin dudar un instante, la abatió de tres disparos en semiautomático tan veloces que casi parecieron una ráfaga continua.
Otra figura se abalanzó desde la izquierda; "Mayor" la paró en seco clavándole el cañón del fusil directamente en el esternón a la vez que disparaba.
El chorro rojo que salió despedido por la espalda del tipo le recordó, por una milésima de segundo, alguna de las películas más crudas de Tarantino.
Inshallah.
Mientras chequeaba concienzudamente su zona de responsabilidad, se dio cuenta que solo localizaba visualmente las siluetas verdes de sus colegas gracias a las gafas AR.
¡En realidad, la atmósfera estaba tan saturada de humo y polvo que sin ellas y los microdrones de apoyo no se vería una mierda!
Disparó sobre un fogonazo ribeteado en rojo detectado al extremo derecho de su sector, al tiempo que un proyectil enemigo zumbaba peligrosamente sobre su oreja izquierda.
Volvió a disparar para asegurar la baja y, en ese preciso momento, tiraron brutalmente de él hacia atrás.
Sintió de golpe la turbulencia de varios disparos que pasaron casi rozándole la mejilla, seguidos de una densa nube de polvo junto con un chorro espeso de sangre y materia húmeda, cálida y asquerosa.
Notó que algo pesado se apoyaba por un instante en su hombro para acabar deslizándose inerte al suelo…
Uno de aquellos locos integristas casi había logrado degollarlo por la espalda antes de ser neutralizado… por alguno de sus dos compañeros.
Se dio cuenta de que aún contenía la respiración.
Necesitó de un esfuerzo totalmente consciente para obligar a sus pulmones a introducir oxígeno otra vez.
"Kairyu" le dio una palmada en el hombro mientras pasaba a su lado hacia un pasillo que se vislumbraba vagamente entre todo aquel maldito humo y polvo en suspensión.
—¿Descansando, maño? —bromeó con su habitual flema al adelantarlo.
—Tus muertos, picoleto —masculló "Mayor".
La luz del exterior entraba por unas claraboyas altas, dibujando sombras extrañas entre toda la escoria que flotaba en el aire cerrado e inmundo de aquel recinto.
La suma de olores que lo inundaba todo —humo, polvo, sangre, heces, orines, pólvora quemada y trilita— era casi insoportable.
“Mayor”, recuperando resuello, se colocó de inmediato tras "Kairyu" mientras este, a su vez, se situaba tras “Pitbull”, y todos por detrás del UGV a orugas, no había espacio para los V60 por lo que “Pitbull” los mantenía en reserva.
Las alturas personales de los cuatro, dispuestas de forma escalonada, les daba la mayor potencia de fuego posible hacia el frente con una mínima exposición física.
Aunque, con toda probabilidad, "Pitbull", situado a la vanguardia de la formación, aún tras el escudo del UGV, no fuera de la misma opinión sobre el eufemismo de "mínima exposición”.
De todas formas, dada su reducida envergadura, era algo que había asumido e interiorizado hacía muchos años, desde que aprendió a combatir al estilo “analógico” casi cuarenta años atrás, le tocaba ir primero sí o sí, y no había más vuelta de hoja, y no hacia tanto que habían incorporado el escudo robot del UGV.
Mientras avanzaban por el corredor tras el binomio formado por un microdron escolta en lo alto, casi rozando el techo, otro al frente localizando objetivos y el UGV armado y escudado, controlados ambos por las instrucciones de “Pitbull” y gestionadas mediante IA; “Mayor” se aseguraba con frialdad de que nadie vivo quedara por detrás de su progresión; y para ello, nada mejor que recetar una “grajea" de 5,56 mm vía craneal, o sea, a través de la cabeza del “paciente".
Mano de santo infalible para curar de raíz el barbarismo integrista, salvaje y medieval.
Por más inhumana o despiadada que pudiera parecer en principio aquella acción preventiva sobre el papel, lo cierto es que no tenían capacidad suficiente ni personal para cubrir cada espacio físico que dejaban atrás.
Permitir, por unos supuestos y mal aplicados principios humanitarios, que fanáticos integristas heridos —potenciales mártires suicidas como ambición máxima en la vida— quedaran a la espalda de su avance, era una carta segura para no volver a celebrar con sus colegas nada más salvo un funeral; de cuerpo presente si había suerte de poder recoger algo útil después.
Llegaron al final del pasillo, deteniéndose frente a una puerta guarnecida por contrafuertes de adobe a los costados que daban paso a un enorme e iluminado interior, casi parecía una plaza o un parque pequeño.
En un instante, "Pitbull" desapareció de su visión frontal; "Kairyu" se aplastó hasta límites inverosímiles contra el muro derecho tras el contrafuerte, y él reaccionó por puro instinto dirigiéndose al lado opuesto, reduciéndose aún más, si ello era posible, pese a su considerable complexión maña.
Sus cuatro armas barrieron al unísono toda la zona frontal.
¿Cuatro?
Sin apenas perder el control del sector frontal, "Mayor" encontró a "Pitbull" acuclillado y cubriendo el frente también justo por debajo de él.
Ventajas evidentes del enano cabrón.
Mientras el UGV avanzaba de nuevo hacia unos cascotes caídos pudieron observar al frente hacia figuras vestidas en tonos ocres y pardos se movían frenéticamente mientras se cubrían.
Los ropajes de ambos grupos no eran muy distintos a simple vista —pakuls, turbantes, shalwar kameez y chapáns tradicionales—, salvo por la aparente corpulencia de jugadores de fútbol americano que exhibían los “cruzados".
La razón de esto último era muy sencilla: portaban blindajes pesados con equipo de combate bajo la ropa local.
Aparentaban una inexistente obesidad y sudaban como perros, sin duda, pero lo cierto es que solo sudan los vivos.
- ¡¡¡Azul!!! - Mientras informaba que cambiaba el cargador, con un gesto simple y seco, de buen maño parco en palabras y rico en acciones, "Mayor" verificó la posición compañeros, y comenzó a moverse en perfecta "L" táctica, manteniendo la Teoría Esférica de seguridad total colocándose tras "Kairyu" con su arma plena de munición apuntando ya al frente.
Ambos avanzaban al unísono, alineando miras y preparándose para soltar series controladas al centro de masas en cuanto divisaran un objetivo.
El UGV avanzaba al frente, preparado para absorber los impactos iniciales y protegiendo el avance de los operadores, los cuadrúpedos armados V60
La fusión de visión térmica de sus gafas AR, con la vista de tantas cámaras, les permitía ver a través de las cortinas de polvo provocadas por las detonaciones del edificio, filtrando el caos visual.
Sin embargo, semejante saturación de información acababa por pasarles factura, por eso “Pitbull” definía y seleccionaba la información que debía fluir desde la IA a las gafas de cada operador. … el enano recibía el paquete completo, si no estaba ya antes de tanta tecnología como las “maracas de Machín” ahora seguro que acabaría en breve con una camisa de fuerza en una habitación acolchada.
Y entonces todas las alertas del HUD comenzaron a parpadear con violencia, el enemigo estaba empleando un barrido masivo de guerra electrónica de contención, provocando el temido "Efecto Espejo" y amenazando con inducir un falso marcado de objetivos por fuego amigo digital.
—¡Eco Whisky! ¡Pasamos a analógico! ¡Red caída! —en un perfecto oxímoron, bramando y calmada, la voz de “Pitbull” alegó a través del intercomunicador óseo justo antes de que las pantallas de las gafas AR se tiñeran de estática.
El cambio de doctrina fue instantáneo y visceral.
Como un acto reflejo entrenado hasta la saciedad, todos los dispositivos AR y las radios digitales de malla se apagaron por completo.
Se abandonó de golpe la dependencia de los visores térmicos y las ayudas digitalizadas para regresar al seguro de vida innegociable de la unidad, el "Modo Analógico”… los fundamentos de todo soldado de infantería.
Todos los medios robot, aéreos y terrestres pasaron a modo espera y cobertura, no podían arriesgarse a que cometieran “errores” y acabaran colaborando con el enemigo.
Retornando al uso exclusivo de señales manuales y códigos verbales cortos, prescindiendo por completo de las redes, "Mayor" alineó el alza y punto de mira de su fusil.
La limpieza dinámica continuó bajo el método tradicional, alinear miras, disparo, recuperación, verificar posición, repetir secuencia…
Secuencias de disparos rápidos y juntos al centro de masas del adversario para maximizar el poder de detención de la munición estándar militar, controlando conscientemente el dedo del disparador para economizar cartuchos en medio del humo.
La "L" táctica del binomio funcionó con precisión quirúrgica, barriendo habitación por habitación, esquina por esquina, metro a metro, demostrando que la resiliencia física de la infantería prevalece cuando la tecnología se desvanece.
El empuje y el adiestramiento forjado con miles de horas limpiaban el sector de forma impecable.
En un momento, un silencio denso se apoderó del entorno, roto únicamente por los casquillos calientes que rodaban por el suelo, el jadeo de los operadores…
—¡¡¡Allahu Akbar!!!
Una docena de bárbaros, armados con una mezcla heterogénea de fusiles AK-47, se lanzó sobre ellos disparando y gritando como locos.
"Mayor" empezó a sudar con más intensidad, pero no por el rigor del clima ni el exceso de equipo y protección.
Era un sudor frío, denso y grasiento.
Apestoso.
Eran fanáticos puros; si cualquiera de ellos llevaba explosivos encima, podían darse por convertidos en hamburguesas de cruzado.
Entre las cuatro armas coordinadas estaban logrando frenar mínimamente los intentos de avance hostil, pero aquello no podía durar mucho más tiempo sin un apoyo exterior contundente.
La unidad de mando y apoyo había logrado aislar los V60 que estaban apoyando con su fuego de cobertura los flancos del equipo, actuaban como posiciones estáticas sin precisión, pero negando con su fuego los flancos al avance enemigo, con las contramedidas electrónicas enemigas era lo mejor que se podía lograr para evitar que acabaran disparando a sus propios compañeros biológicos.
Con el riesgo de captura digital por el enemigo bastante era contar con ese apoyo
Escuchaba a "Pitbull" hablando por la radio, aunque no sabía si estaba "rajando en arameo" invocando a todos los nombres del santoral o, como esperaba que fuera lo más probable, coordinando el necesario apoyo externo.
De repente, un fogonazo acompañado por una explosión sorda levantó otra enorme nube de polvo que surgió del costado derecho del grupo de bárbaros.
A través de la brecha surgida de la humareda aparecieron más tropas locales, firmemente apoyadas por colegas cruzados.
Barrieron sin piedad ni dilación todo el flanco bárbaro.
Inshallah.
Ahora, con la adrenalina bajando, "Mayor" podía escuchar con claridad lo que el estrés anterior no le permitió:
—"Pitbull", aquí “Odín”. Flanco despejado…… ¡CLANG!… ¡Cabrón! —Se escuchó una ráfaga corta por radio y en directo—. Confirmo zona despejada.
—Recibido. Asegurad el perímetro. Que los locales limpien el resto. Dile a su jefe que bastante hemos hecho con abrirles la puerta, les toca ganarse el resto del pan de hoy —contestó "Pitbull" con un evidente mal humor y fruncido en el ceño; lo cual tampoco era extraño en él, lo fruncía por todo.
Al igual que otra más que evidente ironía cargada de mala baba se escuchó por las ondas, la inarmónica voz de “Porno":
—Sí, infórmales, no sea que se acostumbren a pensar que nosotros ganaremos su guerra y nos quedemos con su paga y medalla.
Mientras controlaba las acciones de los equipos visibles, una ligera y atípica sonrisa irónica relajó por un momento el gesto severo de “Pitbull".
Tras mirar a sus colegas y proceder al cambio reglamentario de cargador, comenzaron a cruzar el patio desolado.
—Equipo, aquí "Pitbull"... —habló por la radio—. Novedades.
—Odín, Porno y Ario sin novedad y en ruta.
—Pater y Templario entrando sin novedad.
—Aquí Paxman con Corderito y Sunday, controlando la evacuación de heridos.
—Aquí R2 con Wolf y Balitas; con el equipo de apoyo avanzado. ¿Interrogo si regresamos?
—Negativo, mantened la presión sobre los locales; si pierden ímpetu no habremos ganado nada útil. Os envío refuerzos, estad atentos.
—Recibido.
Deteniéndose un instante a organizar sus pensamientos, "Pitbull" reanudó el movimiento y la transmisión:
—LuisMi, aquí "Pitbull".
—Adelante, “Pitbull".
—Si lo ves seguro reactiva el modo digital completo y comprueba sistemas.
—Recibido, ya estaba en ello, en un minuto o menos recuperareis la red. En cuanto Odín barrió su flaco se cayeron todas sus contramedidas… no se si por que destruyo el equipo o decidieron apagarlo para evitar localización.
—Ok. Gracias. Transmite a “Chiquero” que estamos sin novedad, sin bajas propias, aunque los locales si han tenido algunas, y que los objetivos de Charlie a Foxtrot han sido ocupados y asegurados.
—¿Algo más? Querrán más datos, ya sabes cómo son.
—Lástima no tener "buenas comunicaciones", ¿verdad? —el sarcasmo en su voz era más que evidente.
Una risa nada diplomática surgió a través de la radio:
—Cierto, cierto, tantas interferencias y contramedidas en zona no sientan bien para tener buena comunicación. Mi ex decía lo mismo. De todas formas, seguro que sus "pajaritos" de reconocimiento están mirando en este preciso instante vuestros lindos culitos pelados.
—Infórmales, por favor.
—Voy, voy… no te estreses.
Por ahora todos bien... por ahora.
—Por cierto, "Pitbull", exige “Chiquero” cambiar el nombre código. Parece ser que sus mercedes, como diría "Mayor", se sienten ofendiditas por algún motivo desconocido por mi—añadió LuisMi, derrochando su mordacidad habitual.
"Mayor" fue rápido en entrar para responder:
—¡Uy! Me siento profundamente dolido de que puedan llegar a pensar que mi elección de ese indicativo fue con una mala intención por mi parte. Muy dolido. —El exagerado gesto de pesar de su rostro sucio, lleno de hollín y barbado, restó mucha verosimilitud a aquellas compungidas palabras.
—Cómo te gusta joderlos con esa "sutileza" cervantina tuya, maño —comentó "Pitbull".
—Claro, claro. Como tú eres el vivo ejemplo del tacto y las virtudes diplomáticas.
La velocidad de respuesta de "Mayor" seguía siendo tan rápida, afilada y efectiva como sus disparos con el fusil.
—Id con R2. Necesitará apoyo y pulmones para motivar a estos heroicos luchadores de la libertad —zanjó "Pitbull".
No era una orden de mando militar taxativa, nunca lo eran con él; entre ellos sabían perfectamente su lugar, su responsabilidad y su misión en el equipo.
Con un gesto simple y seco, propio de un buen maño parco en palabras pero rico en acciones firmes, "Mayor" comenzó a caminar con "Kairyu" acoplado a su costado.
Ambos avanzaban atraídos magnéticamente hacia donde sonaban la mayor cantidad de disparos: duros, secos y continuos.
—Oye... ¿los maños pagáis ronda de cerveza cuando os salvan el culo? —lo pinchó "Kairyu" con su tono habitual, neutro, plano y sin desequilibrios, acorde con una forma de ser tranquila, pragmática y concisa.
—Solo cuando encuentran a un muy raro picoleto que no le da por presumir de lo lejos que le llega la meada —devolvió el maño con sorna.
Ambos sonrieron de medio lado bajo la mugre y miraron fijamente al frente, hacia los equipos de acción locales que continuaban rematando la faena del día.
Un día a la vez...
—Señores, salvo los que ya tenéis trabajo asignado, reunión en quince sobre punto de control Gold-3. Municionad y reequipaos; debemos estar listos por si el equipo avanzado nos necesita —la nada melodiosa voz de "Pitbull" sonó de nuevo por las ondas.
... y una batalla por día.
Pero algunos días pueden ser muy, pero que muy, largos.
Inshallah.


