miércoles, 23 de noviembre de 2022

La incongruencia de estar totalmente pendientes de cómo nos ven sin ser capaces de enfocar la atención en el aquí y ahora... en el momento vital.

La incongruencia de estar totalmente pendientes de cómo nos ven sin ser capaces de enfocar la atención en el aquí y ahora... en el momento vital.

Nota corta por Cecilio Andrade.

Atención selectiva, el verdadero caballo de batalla, esa que cuanto más la entrenamos más fuerte se hace, permitiéndonos enfocar la mente más profundamente en lo que estemos haciendo, ya sea una práctica en seco, eso tan aburrido que nadie hace y menos aún correctamente, como desenfundando y disparando a varios objetivos en movimiento en el campo de tiro o, la peor situación, en un caso real.

En eso últimos casos extremos de lucha por la propia supervivencia, descubrimos que fracasar en lograr atención selectiva que nos permite un enfoque total,  buscando en su lugar "medio centrarnos" eficazmente sobre un objeto de atención mientras pretendemos simultáneamente ocuparnos de otros “focos”, deja la mente sumida en dudas, cavilaciones, bucles de pensamientos repetitivos y ansiedad inhibidora. 
Todo lo cual puede acabar desembocando en sensaciones de impotencia, incapacidad, desesperación, autocompasión, así como la repetición incesante de rituales, gestos y acciones cíclicas e inútiles junto a pensamientos, que podrían ser definidos como parte de un TOC*

La capacidad de desconectar la atención sobre una cosa superflua y dirigirla hacia otra verdaderamente importante ha resultado esencial para la supervivencia de la especie humana a lo largo de los millones de años de evolución del actual Glaber Simiae, ya saben, ese “mono sin pelo” de mi particular y personal nombre científico para todos nosotros, los humanos modernos. 

La concentración, enfoque y/o atención tiene también sus “efectos” negativos en la vida cotidiana, como cuando sume a los futuros Harry “el sucio” en las imágenes de YouTube Tactical Academy, al punto de hacerles olvidar las palabras y ejemplos que les rodean. O en caso de personas más “normales” viendo el fake de moda, un tierno gatito, el tropezón de una pobre persona y, como no, el porno más o menos acorde con sus gustos. 

Ese desenfoque “cotidiano” permite también a los policías en medio de una calle concurrida concentrarse en una conversación con un potencialmente peligros sospechoso, con los ojos y oídos fijos en su interlocutor, independientemente de que en el bar de al lado un adolescente estúpido destroce los tímpanos de todos con algo que llama música de moda. La mirada de los agentes no concentrados, inseguros, por el contrario, deambula a la deriva de un lado a otro, en busca continua de algo a lo que aferrarse.

Como pueden ver, los factores negativos y positivos del enfoque depende de la situación, entre otras muchas cuestiones. El hecho de centrarse en algo es una de las muchas capacidades vitales esenciales, cada una de las cuales se asienta en un distinto sistema neuronal, que ayuda a navegar a través de la turbulencia de la propia vida interna, del mundo interpersonal y de los retos que la vida depara. 

En los momentos de mayor concentración, luchar por la vida puede ser el tope de esa escala, los circuitos cerebrales de la corteza prefrontal se sincronizan con el objeto de ese foco de atención, entrando un estado denominado en Neurología como “cierre de fase”. Cuando se observa un determinado gesto identificado como, por ejemplo, “sacar un arma”, la persona reaccionará casi con toda seguridad moviéndose fuera de la línea de ataque, intentando simultáneamente extraer su propia arma. Si lo ha practicado con la concentración, enfoque, atención y precisión adecuadas, las señales electroquímicas procedentes de su región prefrontal se activarán con una sincronía muy precisa con el movimiento agresor observado.

Cuanto mayor es la concentración más fuerte es también la conexión neuronal. Y esta concentración nace desde el primer instante y gesto del entrenamiento previo. Si en lugar de concentración y enfoque lo que hay es una maraña de pensamientos desenfócanos, la sincronía acaba desvaneciéndose, con lo cual ya sea entrenando o en un enfrentamiento real casi con toda probabilidad se perderá la “batalla”. Por cierto esa pérdida de sincronía es propia de quienes padecen también el TDA**, ese mal que estamos volviendo verdaderamente  pandémico en este siglo XXI.

La atención concentrada mejora el aprendizaje, ya que cuando nos concentramos en lo que se está aprendiendo, el cerebro relaciona la nueva información con la que ya conoce, estableciendo nuevas conexiones, o sendas, neuronales. Si el alumno presta total atención a algo que el instructor le muestra, con toda seguridad aprenderá lo que le enseña, que le salga mejor o peor tras X repeticiones es otro asunto, aprendizaje que no sucederá en el caso de que la concentración del alumno sea, por el contrario, pobre.


Cuando la mente divaga, el cerebro activa una serie de circuitos relativos a cosas que nada tienen que ver con lo que se está tratando de aprender o ejecutar. Por ello es tan difuso el recuerdo de lo que se pretende aprender estando desenfocaros y distraídos.… ahora imaginen recordarnos luchando por la propia vida.


Cuídense y cuiden de los suyos.

Trastorno Obsesivo-Compulsivo.
** Trastorno de Déficit de la Atención.

domingo, 9 de octubre de 2022

Recuerden siempre la necesidad de atención y enfoque versus la necedad de vivir distraídos.

Recuerden siempre la necesidad de atención y enfoque versus la necedad de vivir distraídos.

Nota corta por Cecilio Andrade.

La concentración en medio del ruido de una descarga de munición, ya sea en un entrenamiento, curso o enfrentamiento, es un claro ejemplo del poder de la atención selectiva, la capacidad neuronal de dirigir la atención hacia un único objetivo, ignorando simultáneamente un inmenso aluvión de datos, cada uno de los cuales constituye, en sí mismo, otro posible foco de atención. Definiendo esa atención como “la toma de posesión, por la mente, de un modo claro y vívido, de uno entre varios objetos o cadenas de pensamientos simultáneamente posibles”... en resumen "consciencia situacional".

Antes de hablar de atención primero debemos definir distracción, así como que existe de dos tipos, sensorial y emocional

Los distractores sensoriales son los más simples, permiten, por ejemplo, dejar de prestar atención a los márgenes que enmarcan el texto mientras leen esta nota corta. O cuando manejamos e ignoramos el tacto de la palanca de cambios y del volante del vehículo sobre la palma de la mano. Estos son dos ejemplos obvios para reconocer que son muchos los datos que un cerebro ignora en el continuo bombardeo de sonidos, formas, colores, sabores, olores y sensaciones de todo tipo que capta inconscientemente de forma ininterrumpida a lo largo de la vida.

Las distracciones emocionales son mucho más problemáticas. Puede resultar relativamente sencillo concentrarse en medio del bullicio de un parque, cafetería o campo de tiro, pero basta con oír que alguien pronuncia nuestro nombre, para que ese dato acabe convirtiéndose en un señuelo emocionalmente tan poderoso que resulte casi imposible desconectarse de la voz que acaba de pronunciarlo, ignorando todo lo demás. La atención se apresta entonces a escuchar todo lo que, sobre nosotros se diga, en cuyo caso puede suceder que ignore y no  de respuesta a ese agresor que ha desenfundado un cuchillo mientras nos observaba, o, menos letal en principio, responda a las órdenes del jefe o instructor de la línea de tiro.

Es por ello tan importante reconocer que el principal reto, al que aun las personas más enfocadas enfrentan, procede de la dimensión emocional de la vida. Cualquier actuación, ya sea ante un evento cotidiano e inocuo o un enfrentamiento a vida o muerte, será menos eficaz cuantas más interferencias obstaculicen esa atención vital. 

El centro neuronal gestionador de la capacidad de permanecer con la atención centrada en un objetivo, ignorando simultáneamente todo lo demás, reside en las regiones prefrontales del cerebro. Los circuitos especializados de esta región alientan la fortaleza de los datos en los que necesitan, quieren y/o deben concentrarse, ya sea para contestar un WhatsApp mientras vigilan al niño en el parque, cumplir la orden de ejecución de un ejercicio de tiro especialmente difícil o, más exigente por pura necesidad, responder con la velocidad y efectividad adecuada ante un ataque contra la integridad física propia o de terceros.

Debido a que la atención efectiva, sobre todo las de supervivencia inmediata, nos obliga a desconectar de las distracciones emocionales, los circuitos neuronales de la atención selectiva incluyen mecanismos de inhibición de la emoción. Esto significa que las personas que mejor se concentran y enfocan son relativamente inmunes a la turbulencia emocional, al menos durante el evento exigente, el después ya es otra cosa, siendo más capaces de permanecer impasibles en medio de la crisis y mantener el rumbo en medio de la inevitable  marejada emocional. 

En este punto la suma de experiencias previas, reales, simuladas, visualizadas, entrenadas, etc. son el ancla fundamental donde asegurar ese foco de atención vital para la supervivencia.

¿Y Uds.? ¿Viven atentos y enfocados? ¿O van por la vida pendientes de... nada?

Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 3 de octubre de 2022

Luchando por sobrevivir y la importancia de "sentir o no sentir..." he ahí la cuestión como dijo Shakespeare... o casi.

Luchando por sobrevivir y la importancia de "sentir o no sentir..."  he ahí la cuestión como dijo Shakespeare... o casi.

Nota corta por Cecilio Andrade.


Cuando tomamos decisiones que afectan a la propia supervivencia y/o integridad física, como es el caso de un enfrentamiento armado, los sistemas subcorticales operan al margen de la atención consciente, cambiando las formas de toma de decisiones para no solo guiar en base al propio conocimiento y experiencia, si no también generando datos en forma de sensaciones. 

Ese tipo de intuición, del tipo "esto parece bueno y esto no lo parece tanto", determina la dirección que se seguirá mucho antes de estar en condiciones de plasmar conscientemente una decisión.

Los operadores e instructores realmente capaces y competentes, así como los afortunados supervivientes de combates, recopilan a la hora de adoptar una decisión clave muchos más datos, procedentes de una serie mucho más amplia de fuentes, de lo que la mayoría de la gente cree. No pasan por alto, por ejemplo, a la hora de tomar una decisión vital, datos proporcionados por sensaciones viscerales subconscientes.

Hablamos de una relación entre recopilación subconsciente y consciente del orden de 400.000.000.000 versus 1.000 bits por segundo respectivamente. Por cierto, permitiéndome ser un pedante, no deben confundir bit con byte, están emparentados pero no son lo mismo.

Entre los circuitos que definen las reacciones viscerales antes de que se tenga pensamientos conscientes para definirlas, están los de la amígdala y la ínsula. La opinión más extendida es que esas sensaciones son tan solo una fuente constante de errores, después de todo supuestamente somos animales racionales

Pero lo cierto es que que en realidad no generan tantos errores como puedan creer, ya que en definitiva no somos animales tan racionales como nos encanta considerar, resultando mejor definidos si lo hacemos como animales emocionales con raciocinio. Después de todo las emociones y sensaciones surgieron como una necesaria herramienta evolutiva de supervivencia, para generar estrategias de valoración habitualmente acertadas. ¿Cómo hubiéramos sobrevivido como especie si no fuera así?

El hecho de tener en cuenta las sensaciones como fuente de información permite emplear una enorme red de pautas de decisión que la mente recopila de manera subconsciente. El punto adecuado para tomar decisiones que sean útiles e “inteligentes” no solo depende de la experiencia que se tenga, sino también de su nivel de autoconciencia, en pocas palabras, de saber dónde está uno mismo parado. Cuanto más se conoce uno a sí mismo y reconoce sus capacidades, mayor es su destreza a la hora de interpretar los hechos, sin caer en distorsiones internas que pueden empañar su actuación. 

Los modelos de racionalidad fría y ordenada que se limitan a sopesar los pros y contras, los “correcto” versus “incorrecto” de todos los factores implicados, son superados y apartados cuando la amígdala entre en acción. El combate por la vida rara vez se presenta de un modo ordenado, pautado, definido y claro. 

El otro factor determinante es que la mente subconsciente, o ascendente, encierra información crucial inaccesible a la parte consciente del cerebro, o descendente, haciendo imposible introducir, por tanto, un esquema ordenado y pensado cuando el cañón de un arma o el filo de un cuchillo apunta al rostro. Las decisiones que en el campo de entrenamiento son y parecen perfectas, pueden no serlo tanto en la realidad de una interacción del tipo “tu vida o la mia”.

Como comenté al principio de la presente nota corta, los operadores e instructores realmente capaces y competentes, están buscando continuamente nueva información. Quieren entender el “territorio” en el que se mueven, atentos a las nuevas investigaciones, casos, referencias, experiencias, etc. buscando identificar pautas que podrían ser fundamentales para su trabajo.

Es por leo que cuando nos dicen que debemos estar enfocados, en este campo del combate y la violencia justificada, hacen referencia a la capacidad para permanecer concentrados en las sensaciones que son recibidas del propio subconsciente para actuar con la suficiente premura y “anticipación”, buscando sobrevivir y/o no resultar muy dañados.

Y ¿basta con esa focalización extrema?

¿Dónde se deja todo el repertorio racional, pensado, ordenado y meditado? 

Se mantendrán bajo el prisma desde el cual todas las decisiones de entrenamiento, capacitación y afinado de capacidades y habilidades se basan en datos y cifras procedentes de una extensa documentación y análisis. Datos y cifras que son corroborados con esas “sensaciones viscerales”, así como de la lectura eficaz de emociones y acciones de los demás.

Es incuestionable que operadores armados e instructores necesitan del conjunto compuesto por el foco externo, foco interno, y reconocer que un desequilibrio en cualquiera de estos focos puede ser fatal en una lucha del tipo “tu vida por la mia”.

Nos vemos con la próxima nota corta…. Que, por cierto, cada vez son menos cortas.

Cuídense y cuiden de los suyos. 

miércoles, 21 de septiembre de 2022

¿Multitarea en el empleo eficaz y seguro de las armas? ¿Por qué nos encanta complicarnos tanto?

 ¿Multitarea en el empleo eficaz y seguro de las armas?  ¿Por qué nos encanta complicarnos tanto?

Nota corta, aunque quizás no tan corta, por Cecilio Andrade.


La solución a lo expuesto en el título de la presente nota corta, los problemas del empleo eficaz y seguro de las armas, es tan simple que sorprende que haya que comentarlo. Lo primero es obviamente aprender la técnica correcta, tras lo cual podremos afianzarla con un entrenamiento inteligente, autodisciplina y constancia. Solo entonces es posible trasladar todo lo adquirido a la realidad de las circunstancias. Proceso que necesita cubrir el primer punto con una guía experimentada, el segundo con una férrea voluntad de esfuerzo por parte del alumno, y el tercero con una más férrea aún voluntad de vencer


Nada que realmente valga la pena se consigue sin esfuerzo, trabajo y dedicación. Pero cuando hablamos de salvar vidas, la propia para empezar, la conclusión es más que evidente, no es un juego, por más que en algunas ocasiones podamos unir diversión al aprendizaje. Quien no esté dispuesto a trabajar duro, y frustrarse en muchas ocasiones, que no espere gran cosa más allá de lo que el azar le proporcione. 


Lo he repetido una y otra vez, en cursos, seminarios, conferencias y charlas, es de obligado cumplimiento que el ego dominante y destructor, no confundir con el que va de la mano de la sana autoestima, debe quedar fuera de cualquier ecuación de aprendizaje y crecimiento. Aquello que  no se mide, con una crítica objetiva en este caso, no genera aprendizaje, sin el cual simple y llanamente no puede existir avance ni mejora.


Quizá lo recuerden de haberme leído o escuchado, pero resumiendo todo hasta un punto que lo haga más sencillo de analizar, pese a no ser del todo exacto, la mente tiene una forma de reconocimiento consciente y otra subconsciente.


En la función consciente, volviendo a ser muy simplista, se manejan las situaciones que se salen de lo rutinario, permitiéndonos estar atentos a los potenciales y posibles imprevistos, pero encarando cada situación de una en una. 


Tras leer lo anterior les acaba de pasar por la cabeza un pensamiento, “este tipo está muy equivocado, yo puedo realizar varias cosas a la vez sin problema alguno”. 


¿A qué lo han pensado? 


No mientan, lo han hecho. 


Lo que en realidad hace su mente es repartir pequeñas fracciones de tiempo de atención para cada cosa, lo que nos da esa sensación de simultaneidad. Mientras lo exigido no sea muy complicado todo va bien, el problema surge cuando el grado de atención de cada acción exige una fracción mayor de un tiempo más que limitado. Sobre todo si hablamos de trabajo real con armas.


Les propongo un experimento tan aparentemente sencillo como frustrante, al menos para mi lo es, encadenando cuatro ejercicios “facilísimos” a modo de multitarea.

  1. Llene dos tazas con su bebida caliente favorita.
  2. Pónganle un poco de azúcar, pero no mucho, ya saben que no es bueno el exceso, 
  3. Coloque las cucharillas correspondientes en cada taza.
  4. Ejercicio uno: Comience a girar ambas cucharillas en el mismo sentido, por ejemplo ambas a la derecha.
  5. Ejercicio dos: Tras controlar ese movimiento, y sin dejar de hacerlo, ahora golpeé el suelo con el talón del pie derecho, por ejemplo, al ritmo que guste.
  6. Ejercicio tres: Cuando ya domine los dos movimientos anteriores pase a utilizar ambos pies, con el ritmo, también por ejemplo, de dos golpes del talón derecho y uno del izquierdo, de forma continua y repetida, obviamente sin dejar de girar simultáneamente las cucharillas hacia la derecha en ambas bebidas.
  7. Ejercicio cuatro: Recite “a Cuesta le cuesta subir la cuesta, y en medio de la cuesta, va y se acuesta”.
  8. Si no ha derramado las tazas deje de hacer todo lo anterior y llévelas con su pareja para tomárselas mientras se ríen juntos de lo que acaban de comprobar… somos torpes.

No es posible la multitarea eficaz y segura trabajando con la función consciente de nuestra mente, para ello necesitamos trabajar con el subconsciente, y aquí debo hacer una anotación. 


Los términos subconsciente e inconsciente tienden a usarse muy a la ligera como sinónimos de un mismo concepto. Algo que lleva a errores de aplicación y comprensión. Permítanme de nuevo una explicación tan básica y simple que un purista puede acusarme, con cierta razón, de estar equivocado, pero que aun así nos ayuda a comprender el contexto de ambos términos interrelacionados pero no sinónimos.

  • El inconsciente maneja todas las rutinas, gestos y funciones automáticas como caminar, girar la cabeza, masticar, respiración, bostezo, parpadeo, latidos del corazón, etc.
  • El subconsciente maneja todas las miles de cosas que nos permiten desarrollar y potenciar destrezas y habilidades, y que de forma general se consideran reflejos adquiridos. 

Recuerden esa fase de su vida donde como conductores nóveles, con un vehículo de cambio mecánico, debían “mover” la dichosa palanca de primera a segunda o de tercera de nuevo a segunda. ¿Qué hacían? Conscientemente luchaban por recordar los pasos correctos de acelerar o frenar para tras presionar el embrague mover de forma fluida la dichosa palanquita. Mientras intentaban pensar en hacer todo eso de forma exacta, inconscientemente sus nervios generaban estrés, sudor, hiperventilación y exceso de tensión muscular. Obviamente todo ello agravado si llevaban pasajeros, después de todo a ninguno nos gusta ahogar el motor ni salirnos de la calzada dando esa imagen de torpe al volante que en realidad todos éramos en esa época, y que algunos aún seguimos siendo pero que ya no nos importa mostrar.


Con el tiempo y práctica ya no se piensa en todo lo anterior, convirtiéndolo en un reflejo adquirido subconsciente del que ya ni nos damos cuenta, salvo situaciones muy puntuales y concretas. Es entonces que aprendimos como pasar a la zona automática para que nuestro cerebro grabe esas rutinas que de forma subconsciente se repiten sistemáticamente. Las hemos trasladado de la zona consciente a la subconsciente


Ahora, después de no hablar de ellas en toda la nota no tan corta, apliquen todo lo explicado al trabajo real con armas, con todos sus condicionales físicos y mentales… ¿a qué es sencillito?


Cuídense y cuiden de los suyos.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

El tamaño si importa, en este caso al menos, cuando hablamos de armas largas.

El tamaño si importa, en este caso al menos, cuando hablamos de armas largas.

Nota corta por Cecilio Andrade.

La distancia entre la boca de fuego de un arma individual, larga o corta, y el cuerpo del que la empuña suele estar aproximadamente a la misma distancia, salvo en armas extremadamente largas. Piensen donde está el extremo del cañón de su pistola con los brazos extendidos, en mi caso sobre unos 70 a 75 cm. Con un fusil o subfusil estándar, no hablo de armas especiales, la distancia suele estar, en mi caso, entre esa distancia y 50 cm con algunos subfusiles. 

"Pues vale ¿Y eso qué?" Preguntarán algunos, paciencia, a eso voy, pero primero comprueben Uds. ese dato. 

¿Lo han hecho?

Perfecto, continuo.

La longitud de las armas no varía dentro del mismo modelo, la verdadera variable está en la envergadura y tamaño de cada operador. Esta variable, respecto al uso del arma larga, afecta tanto en comodidad como en equilibrio. 

Permítanme un poco de personalismo, honestamente creo que solo debo hablar de lo que se y experimento, no presumiré, tranquilos, tan solo me usaré como conejillo de indias y blanco de chistes de tipos bajitos.

Mido 1.60 m de altura, mis brazos son relativamente cortos (sin el relativo en realidad). Un MP5 estándar, un M4 y un H&K G36K, por ejemplo, me ofrecen una longitud óptima de trabajo, y más si las culatas me permiten modificar su longitud para adaptarla a mi equipación puntual. 

No es lo mismo trabajar sin chaleco balístico que con él a la hora de apoyar la culata, con una simple camiseta o un chaquetón con relleno de plumas, como tampoco lo es llevar un chaleco interior bajo un traje de sastre que un chaleco exterior con placas. Cuando el fusil lo cambio por otros como el FN FAL, CETME C, G36E, etc., u otros modelos más bien largos, mis brazos necesitan ejercer más fuerza. Esto no es por el peso, que no varía tanto en realidad, se debe a la mayor longitud que obliga a mis bracitos de papa pitufo a extenderse más para generar la suficiente palanca de apoyo y sostén. Y es esa palanca más larga la que genera un mayor agotamiento.

Trabajando con compañeros/as más altos (lo normal en mi realidad, soy siempre el más bajo de cualquier grupo) observé que con el primer conjunto de armas, las más cortas, a veces su altura y envergadura les hacia tomar posiciones incómodas, demasiado encogidas, muy apretados y doblados respecto al cuerpo. No tenían posiciones de empuñe que les ayudará como con las armas más grandes, que a mí, por el contrario, me generan la dificultad que les comentaba anteriormente. 

Como todo, en el caso de los compañeros de estaturas más normales y en el mío, el entrenamiento tiende a subsanar estos condicionantes negativos.

Cuídense y cuiden de los suyos.

sábado, 3 de septiembre de 2022

La importancia de comprender, practicar e interiorizar las técnicas correctas.

La importancia de comprender, practicar e interiorizar las técnicas correctas.

Nota corta por Cecilio Andrade.

El combate, en todas sus versiones, situaciones y posibilidades, requiere una serie de mecanismos internos imprescindibles para un buen desempeño, Todos estos mecanismos internos contrariamente a lo que se cree son adquiridos, pero se apoyan en unos cimientos  innatos e instintivos inapelables. Es decir, debemos saber como reaccionaremos de forma innata para aprender a redirigir estos impulsos hacia la respuesta o acción más correcta para la supervivencia.


Nadie, de nuevo contrariamente a lo que se cree, nace con la habilidad innata de disparar “palos de trueno”. Con la habilidad de golpear de cualquier forma y con cualquier herramienta si nacemos la mayoría, ya que incluso empleando armas blancas no son más que extensiones de nuestros miembros naturales. Pero al disparar un arma de fuego sufrimos fogonazos, retrocesos, estampidos y exigencias de control fino, por si un combate ya fuera poca cosa. Nadie nace preparado para este tipo de “agresiones”, por lo que para manejarlas y sacarles ventaja debemos aprender a conocerlas perfectamente y acostumbrarnos deforma correcta a ellas. 


Lo natural es tratar de huir de las situaciones potenciales de riesgo lo más rápidamente posible, para protegernos y evitarlas si es factible. Este software instintivo viene programado desde antes del nacimiento incluso, con el cual cuando identificamos una fuente de riesgo de cualquier clase, actuará el reflejo que, en el mejor de los casos, nos ponga a salvo. Todos los seres vivos poseemos este instinto de protección de reaccionar ante estímulos ofensivos. 

  • Si resbalamos o nos empujan generamos resistencia para conservar el equilibrio.
  • Ante un resplandor cerramos los ojos.
  • Con un sonido fuerte tendemos a contorsionarnos de curiosas formas.

Con el tiempo acabamos cumpliendo el viejo refrán, “gato escaldado del agua fría huye”, e identificamos las posibles fuentes de riesgo anticipando nuestra reacción. Si en entrenamientos  de baja luminosidad el instructor busca siempre cegarnos con su linterna de un millón de lúmenes, o es ese “compañero” tan graciosillo que le encanta presumir y cegarnos con la misma linterna que usa el instructor, con muy pocas repeticiones y apenas estemos en situación, veamos o no la linterna, con seguridad estaremos entrecerrando los ojos y preparándonos a levantar las manos. 

Es obvio que cada ser humano es un caso único de circunstancias, capacidades y talentos, donde algunos vienen con más posibilidades que otros. Pero atentos al detalle y mucho cuidado con el mismo, el talento es sólo una mínima parte de un todo. Sin la motivación de una meta real, sin la disciplina de una personalidad firme, sin un trabajo técnico correcto e inteligente, sin el esfuerzo continuo de mejora, es imposible generar unos resultados sólidos. Cualquiera puede tener un día afortunado, después de todo un reloj estropeado dará la hora correcta dos veces al día, pero solo quienes trabajan y se esfuerzan están verdaderamente más cerca del éxito y de la supervivencia.


El profesional armado o el legítimo usuario con poco o nulo entrenamiento, sin importar la edad, los años de servicio o la “experiencia” adquirida en charlas de bar y con los repetidos visionados de “Harry el sucio” así como las distintas versiones de Youtube Academic Tactic-Cool, buscará vencer con el desconocimiento de la aplicación correcta de los reflejos que mencionaba.

  • Cerrará los ojos.
  • Encogerá el cuerpo.
  • Tensará todos los músculos posibles.
  • Doblará la muñeca que empuña.
  • No enfocará correctamente.
  • Se auto-asfixiará ya sea por dejar de respirar o por hiperventilar.
  • Se bloqueará y negará a reconocer que este realmente en combate vital.

En definitiva, buscará salir como sea del “lío” en el que se encuentra. Pero todos los reflejos reseñados hacen que cualquier proceso a nivel técnico que no haya realizado de forma correcta y repetida con anterioridad, sean ya imposibles en el instante en que está ejecutando su disparo. 


He visto a muchos profesionales y veteranos que aun después de muchos años cometen errores aparentemente mínimos, pero letales en una situación de combate. Por ejemplo, cierran los ojos en el momento del disparo y balancean la muñeca anticipando el retroceso del arma.  


Independientemente de la experiencia y veteranía todos debemos lidiar con diferentes inconvenientes cuando estamos bajo presión vital. La verdadera diferencia entre alguien correctamente entrenado y otro que no lo está, es que los primeros cometen errores más pequeños, más sutiles y con menos frecuencia. Pero lo cierto, nos guste o no reconocerlo, es que el error siempre formará parte de todo proceso.


Es por ello que es de suma importancia comprender, practicar e interiorizar las técnicas correctas con el objetivo de alcanzar la preparación necesaria y la ejecución precisa que se requiere para salir indemne de un combate.


Cuídense y cuiden de los suyos.

domingo, 28 de agosto de 2022

Hablemos de conexiones nerviosas, de brazos y manos para finalmente rematar con porcentajes... menuda mezcla... ¡y qué dolor de neuronas!

Hablemos de conexiones nerviosas, de brazos y manos para finalmente rematar con porcentajes... menuda mezcla...  ¡y qué dolor de neuronas!


Nota corta por Cecilio Andrade.


Para ser correctos respecto al título de esta nota corta y como un buen compañero, profesional de la Medicina, me recordó en una conferencia que impartí, las neuronas no duelen, transmiten señales, de dolor entre otras, pero lo que es doler no duelen. Me tomo la libertad de adelantarme por si algún purista me quiere corregir este punto. 


Pasemos al tema de hoy.


¿Recuerdan una relación porcentual con los números 25 y 15 sobre la que escribí en varios artículos de fisiología y neurología? ¿No? Sin problema, hagamos un pequeño recordatorio.

El 25 % de las conexiones nerviosas de nuestro cuerpo son exclusivamente para las manos, y el 15 % para los brazos, quedando el 60 % restante a repartir por el resto del organismo. 

Haciendo una pequeña digresión, en realidad es algo más del 60% ya que en el campo de las conexiones neuronales, en nuestro cuerpo no existen zonas aisladas unas de otras,  y los porcentajes tienden a interrelacionarse. Nuestro cuerpo no es una simple formula de suma y resta, sino más un algoritmo de relaciones. Pero volvamos a lo que nos ocupa en esta nota corta.

Ese primer 25 % que les comentaba controla la gran habilidad, capacidad y respuesta que tienen nuestras manos ante tantos eventos que el ser humano ha sufrido a lo largo de su evolución en el planeta, y que a día de hoy nos hace únicos. 

Si lo añadimos con el 15 % de las conexiones nerviosas que controlan los brazos empezamos a comprender porque el ser humano es un ser gesticulante. Hablamos y expresamos más con las manos y brazos que con los labios. Y estas mismas habilidades son las que actúan a una velocidad aparentemente imposible ante situaciones de estrés y supervivencia.

Bien, entendamos los datos, el 15% de las conexiones nerviosas de nuestro organismo están relacionadas con los brazos, y el 25% pertenecen a nuestras manos, pero, esos datos de pura y aburrida matemática ¿qué utilidad tienen? Mucha, casi toda, como ya comenté en los artículos de referencia. Esos números en la tarea que nos ocupa, trabajo con armas, son tan importantes que ignorarlos, no comprenderlos o no tenerlos en cuenta en la forma y medida correcta, pueden generar efectos muy negativos e indeseables, incluso, fíjense Ud´s, hasta para morirse.

El desequilibrio de datos transmitidos y recibidos, entre los porcentajes por partes anatómicas que negocia nuestro cerebro, pero sobre todo la gestión de esos datos de forma coordinada, es la causa de que algunas personas sean capaces de juegos de equilibrio y coordinación circenses, mientras otros no seamos capaces de caminar y masticar chicle o meternos un dedo en la nariz sin riesgo de tropezarnos con nosotros mismos, arrancarnos la lengua y/o sacarnos un ojo en el proceso.

Los brazos no deben estar tensos ni rígidos, deben estar coordinados perfectamente con el resto del cuerpo y la situación con la que se lidia, las razones de ello son simples y fáciles de observar a poco que hayan hecho un trabajo serio y analítico del proceso de actuación con armas, del tipo que sea.

Cuídense y cuiden de los suyos.

miércoles, 24 de agosto de 2022

No busquemos pastillas instantáneas, para cualquier práctica óptima necesitamos un enfoque óptimo.

No busquemos pastillas instantáneas, para cualquier práctica óptima necesitamos un enfoque óptimo.

Nota corta por Cecilio Andrade.

Salvo que se dediquen a levantar piedras al estilo vasco o lanzar troncos como un buen escocés, donde los simples rasgos físicos de estatura y corpulencias son importantes, cualquiera puede alcanzar las cotas más elevadas del desempeño que lo acerquen a la excelencia. Sin olvidar que incluso esos grandes, literalmente, vascos y escoceses, deben realizar miles de repeticiones inteligentes para poder acercarse a la excelencia de sus prácticas.

El único secreto para acercarse a la excelencia radica en la «práctica inteligente», durante meses y/o años, a través de un entrenamiento bien diseñado al que entregarse plenamente. De poco sirve una simple repetición mecánica sin retroalimentación continua, es necesario, para aproximarse al objetivo de la excelencia, ajustar una y otra vez la meta, hay que adaptarse poco a poco permitiendo más errores al comienzo, con lo que a medida que los límites se expanden ir ajustando la práctica.

Para alcanzar un gran nivel de desempeño no basta con acumular miles horas de prácticas rutinarias. Lo que de verdad importa, en cualquier habilidad, es el modo en el que se presta atención mientras se realizan las prácticas. Un experto se entrena guiado por unos parámetros firmes y plena concentración, buscando mejorar aspectos concretos de su ejecución. No se limita a acumular horas de ejercicio, sino que lo realmente busca como importante es el feedback, la concentración y el enfoque preciso. Mejorar una habilidad requiere de la participación de una atención consciente y enfocada. La neuroplasticidad, el fortalecimiento de los circuitos cerebrales más antiguos y el establecimiento de nuevas conexiones para ejercitar la habilidad que se esté practicando, requiere de toda la atención posible.

Cuando por el contrario, y lo más usual en un mundo de prisas y atajos para todo, la práctica discurre pensando en otra cosa, el cerebro no reconstruye los circuitos relevantes para esa rutina concreta. La falta de enfoque arruina cualquier práctica. Poco mejora el desempeño de quienes pasan, mientras se ejercitan, de una cosa a otra sin analizar lo que realmente están realizando. La atención plena incrementa la velocidad de procesamiento mental, fortalece las conexiones sinápticas y establece o expande redes neuronales ligadas a lo que estamos ejercitando.

Un verdadero experto contrarresta activamente la tendencia al simple automatismo, elaborando y seleccionando de forma deliberada un entrenamiento cuyo objetivo exceda su nivel actual de desempeño, en resumen, saliendo de su zona de confort. Cuanto más tiempo dediquen esos expertos a la práctica deliberada con plena concentración, más desarrollada y perfecta será la ejecución.

Pero la atención concentrada, como los músculos en tensión, acaba fatigándose. Por eso los verdaderos expertos de talla internacional, independientemente de que se trate de levantadores de piedras o troncos, futbolistas o violinistas, suelen limitar la práctica más exigente a un máximo de 4 horas diarias. Ya que el descanso y la recuperación física y mental forman parte integral del régimen de entrenamiento. Aunque traten de llevar su mente y sus cuerpos hasta el límite, no los fuerzan tanto como para que, durante la sesión, su foco de atención se disperse.

Recuerden, una práctica óptima requiere de una concentración óptima.

Cuídense y cuiden de los suyos

domingo, 14 de agosto de 2022

Aptitud mental y con(s)ciencia situacional… práctica filosófica o filosofía práctica… vivir alerta para sobrevivir.

Aptitud mental y con(s)ciencia situacional… práctica filosófica o filosofía práctica… vivir alerta para sobrevivir. 

Nota (otra vez no tan) corta por Cecilio Andrade.

“El Samurái desde que abandona la puerta de su casa hasta que regresa a ella,

actuará siempre como si estuviera bajo los ojos del enemigo”


En un mundo perfecto las palabras del monje y Maestro Zen Yamamoto Tsunetomo en su obra “Hagakure”, escrita como guía de samuráis, podrían considerarse agresivas, violentas o cuando menos paranoicas. Pero si en su época, siglo XVIII según el cómputo occidental, no estaban fuera de lugar menos lo son en un violento y aun apenas post-adolescente siglo XXI, por mucho que lo deseen todos los bien pensantes y políticamente correctos. A todos nos gustaría pensar que la bondad humana es universal, y que por el hecho de ser vegetarianos y mimar a un gatito ese tigre no nos va a devorar. Por desgracia el mundo es bastante más cruel y peligroso. O quizás no cruel, si peligroso pero no cruel, lo correcto quizás sea decir “neutral”.


Mentalizarnos de que no vivimos en un pacífico e idílico mundo feliz es el primer paso para poder estar en una situación de alerta sana y natural. La enorme cantidad de situaciones de riesgo a las que podemos vernos enfrentados es tal que pensar de otra manera, a día de hoy, es de inconscientes cuando no de suicidas. Y lo cierto es que esta alerta no es solo aplicable a profesionales armados, cualquier ciudadano del rincón más apartado del pueblito más alejado puede verse envuelto en una situación de riesgo, encontrándose en la realidad de luchar por su integridad o por la de las personas de su entorno familiar o social.

En la parte del mundo ocupado por la civilización occidental no vivimos en un ambiente del tipo “duelo en OK Corral”, pero los índices de violencia no nos permiten tampoco relajarnos. Crecen sin parar y a no mucho tardar, ojalá me equivoque, estaremos en los mismos porcentajes que el resto del planeta. Tampoco olvidemos un detalle, Occidente es un oasis en un mundo violento, la violencia en grandes ciudades del resto del globo superan la de muchas guerras. África, muchas partes de Iberoamérica, Asia en sus distintas zonas, son la mayor parte del planeta, y el oasis de Occidente está cada vez más cerca y cercado por esa violencia.


Pocos occidentales se dan cuenta que tener una mentalización de prevención y de uso de la violencia para defenderse de una agresión no es una aberración como nos quieren vender determinados grupos y “estudios”. Ser previsor, vivir prevenido es lo más sano y correcto, no nos convierte en paranoicos, tan solo nos hace precavidos y observadores. Después de todo el saber popular lo expresa perfectamente, “más vale prevenir que curar”, y si este dicho tiene tantos siglos en nuestra cultura, por algo será.


En este ámbito, al hablar de aptitud mental, no me refiero a salir de casa como si cada día tuviéramos un duelo al sol al más puro estilo espagueti western. Se trata de ver, no solo de mirar nuestro entorno. Captar lo que vemos, no en pasar la mirada sin atención ni interés. Con un mundo centrado en los teléfonos “inteligentes”, estos tienden a absorber la de sus usuarios alejándolos de captar lo que les rodea. No hablo de un tiroteo, un simple resbalón en unas escaleras ya puede ser bastante grave, una cartera robada por ir pendiente de Facebook o WhatsApp nos estropeará el almuerzo que “disfrutamos” con las fotos de la última playmate.


Realmente cada vez vivimos más apartados de nuestro entorno, y si no, levanten su cabeza de su Smartphone o tableta y miren a su alrededor cuando tomen el café matutino, verán pocas cabezas que no estén agachadas sobre sus “inteligentes” teléfonos. Podría pasar la playmate de antes, real y en carne y hueso, entre ellos y ellas, y muy pocas cabezas se darían cuenta de ello.


Debemos reaprender a vivir en el mundo, observarlo, entenderlo, analizarlo y sobre todo estar alerta en el. Y en lo que nos ocupa, el trabajo del profesional armado, con más razón. Ni imaginan la cantidad de “profesionales”, escoltas u operadores que observo “mensajeando” y "navegando" en medio de un operativo, una protección o un servicio cualquiera. ¿No lo creen? Ojalá fuera mentira, me habría ahorrado ser siempre el malo y el paranoico del grupo.


Un profesional armado debe vivir en el mundo, estar en él al 100% de su tiempo activo, con una mentalidad, o aptitud mental, adecuada y real. Está ahí para hacer un trabajo, un trabajo que implica estar alerta y capaz para ejercer una violencia controlada, si no ha podido evitarla, buscando impedir una violencia mayor y descontrolada. Ni más ni menos. Pensar otra cosa es vivir en un mundo que no es el real.


La mayoría confían simplemente en su capacidad para usar esa violencia, en general como luchadores, sin darse cuenta que por más dieces que sean capaces de hacer, por más llaves y técnicas de artes marciales que conozcan, sin la aptitud mental de reconocer, identificar y prevenir un ataque, no hay mucho más a nuestro favor. La única y mejor defensa es simple, estar atento, prevenido, dispuesto y capaz para usar la violencia también, con lo cual la mayoría de las veces logran evitarla. Es tan “simple” como eso. Es visualizar el entorno, sus “ocupantes” y actuar en consecuencia. Aptitud mental se denomina. 


Nadie puede ir las 24 horas del día en situación de alerta, pero si puede ir “observando”. Observando y pensando que cosas están fuera de lugar y de situación. Si lo logramos, raramente seremos sorprendidos, quizás no salgamos de “rositas”, pero sin duda la sorpresa no será uno de los factores en nuestra contra. La siguiente cuestión a considerar dentro de la aptitud mental es no asombrarnos ni ver una agresión con incredulidad, algo muy común en el oasis occidental. 


Si observamos el mundo con una atención normal, la sorpresa en nuestra contra es muy difícil de lograr. Si mentalmente estamos dispuestos a reaccionar ante determinadas acciones, es indiscutible que nuestro tiempo de reacción se reduce de forma muy importante. El ciclo OODA de nuestro cerebro se minimiza y nuestras posibilidades de salir con bien aumentan. Junto a este ciclo, uno de las mejores referencias de escalada de atención, al menos a modo de exposición gráfica y visual a la hora de aprender a “vivir en el momento y en el mundo”, es la desarrollada por el Coronel Jeff Cooper en su “Código de Colores de Alerta”.


Cuídense y cuiden de los suyos.

domingo, 7 de agosto de 2022

Tres son las principales creencias que suelen limitarnos por más capacidades que realmente poseamos, no importa si instruyen o aprenden… Hablemos de ello.

Tres son las principales creencias que suelen limitarnos por más capacidades que realmente poseamos, no importa si instruyen o aprenden… Hablemos de ello. 

Nota corta por Cecilio Andrade.


Según Morty Lefkoe, reputado psicólogo de Harvard, son tres las creencias principales que los seres humanos nos repetimos para torpedear, de una forma u otra, nuestro propio desarrollo y crecimiento. A saber:

  • No soy suficientemente capaz.
  • Si me equivoco solo demostraré lo malo que soy.
  • Sin duda no merezco este reconocimiento.

Como pueden ver volvemos a tratar el ya viejo Síndrome del Impostor; pero hoy quisiera ampliar el concepto y recalcar lo importante que es eliminar estas creencias limitantes y sus condicionamientos emocionales


A lo largo de un día normal, no importa si es en la faceta profesional o personal, tenemos muchas emociones que en su mayor parte pueden durar desde unos pocos segundos a 5 minutos. Con esto no creo les diga nada nuevo ni que no sepan. Pero lo que no les gustará saber en absoluto es que del 95% de esas emociones surgen más de 50000 pensamientos negativos, en su inmensa mayoría autolimitantes y condicionantes.


Como líderes, mentores e instructores, pero también como eternos estudiantes, debemos aprender a convertir esas creencias limitantes en fortalezas, al menos si deseamos lograr crecer, avanzar, mejorar y desarrollarnos con vistas a aportar algo útil a los demás. 


Para ello podemos empezar por tres puntos básicos:

  • Escribir una lista de los principales miedos con las razones que detectamos para cada uno de ellos.
  • Escribir en otra lista los pensamientos limitantes más recurrentes con un aporte para transformarlos por ideas positivas.
  • Crear un mapa mental de las nuevas creencias que buscamos implementar y actuar como si ya estuvieran en marcha.

Es sumamente importante añadir a los tres puntos anteriores aportes sólidos en los seis pilares fundamentales del conocimiento, sin los cuales todo el esfuerzo para destruir los pensamientos limitantes sería inútil.

  • Saber.
    • Comprender.
      • Evaluar.
        • Analizar.
          • Adaptar.
            • Aplicar.

Saber.

Debemos poder definir y señalar todas las partes de la materia de la que deseamos considerarnos capaces, nombrar casos así como contestar las preguntas fundamentales de todo concepto con rigor científico, me refiero al empleo continuo del qué, quién, dónde, cuanto y/o cuándo.

Comprender.

Es importante ser capaz de explicar las características a la vez que relacionamos entre sí términos, ideas, conceptos o principios,


Evaluar.

Necesitamos ver que es lo más importante como evidencia para defender el tema, idea, concepto o principio, a la vez que interpretamos esta información con el criterio base de poder emplearla para evaluar resultados.


Analizar.

Comparando, contrastando y relacionando con otras cosas, sabiendo cuáles son las características y/o propiedades que lo distinguen, cuáles son las partes que lo componen, y qué investigaciones o trabajo puede generarse en el futuro.


Adaptar.

Buscando cómo poder ajustarlo a una situación nueva, descubriendo que elementos es posible añadir a esa nueva idea o concepto, para crear o diseñar algo distinto. A la vez debemos lograr predecir o inferir los resultados así como ser capaces de demostrarlo a terceros.


Aplicar.

Para lo cual es obligado tener muy claro porqué qué es importante el conocimiento, como funciona, que problemas solventa y cómo es posible utilizarlo en una nueva situación con resultados predecibles.


¿Complicado? Quizá… o ese quizá “tan solo” sea una "simple" cuestión de esfuerzo, disciplina y voluntad.


Cuídense y cuiden de los suyos.

jueves, 4 de agosto de 2022

Fuerza contra Fuerza, una de esas discusiones que sale a la palestra una y otra vez.

Fuerza contra Fuerza, una de esas discusiones que sale a la palestra una y otra vez.


Nota corta por Cecilio Andrade.


Y esto ocurre sobre todo en ciertos círculos en referencia sobre si el entrenamiento Fuerza contra Fuerza  (e. a. FcF) es algo más que un juego, si en realidad no es simplemente más que una forma de divertirse más o menos “oficialmente”. Si no deja de ser un puro entretenimiento aceptado y correcto de los denominados profesionales armados.


Es cierto que se pueden utilizar municiones o armas simuladas, de airsoft o de pintura, pero el hecho de hacer uso de esos, llamémosles así, “juguetes”, no implica que las lecciones, conclusiones, experiencias y lecciones aprendidas sean menos reales. Obviamente siempre y cuando el “juego” se haya materializado con parámetros realistas y coherentes.

Pero… 
¿De qué hablamos? 
¿Qué es realmente? 
¿Teoría práctica? 
¿Práctica teórica? 
¿Una pérdida de tiempo? 
¿Un entretenimiento?
¿Un simple pasatiempo?

Me consta que mucha gente opina, y sin duda deseando que fuese cierto, que todo se puede aprender con leer, charlar, asistir a conferencias, ir de vez en cuando, más en cuando que en vez, sin fuesen sinceros, entre otros aspectos del aprendizaje. 

¿Para qué  es necesario sudar durante horas? 

¿Sufrir humillaciones, según su propio ego obviamente, delante de compañeros? 

¿Perder el tiempo repitiendo innumerables veces movimientos violentos? Si con la primera repetición ya salen "perfectos". 

Sinceramente, en cierto aspecto me gustaría poder escribir que ojala tuviesen razón, el trabajo del profesional armado sería más simple, pero ustedes y yo sabemos que mentiría.

Nada que implique arriesgar la vida puede, ni debe, ser fácil y regalado. El gran escritor, desaparecido hace más de dos décadas, Robert A. Heinlein, lo puso en boca de uno de sus mejores personajes: “nada que realmente vale la pena es gratis”. Y les aseguro que mi opinión es la misma.

Con todo esto no quiero decir que no se necesite estudiar, leer, asistir a conferencias y cursillos, aprender otros temas menos operativos, o divertidos si se prefiere decirlo así. Muy al contrario, es necesario realizar todos y cada uno de esos actos, y además, entrenar, repetir, sudar y sufrir.

Como pueden ver, lo único que hago es añadir más trabajo, más esfuerzo, más horas invertidas, al ya de por sí reducido bagaje de tiempo de un profesional armado. Un campo no invalida a los otros, muy al contrario, se complementan, se refuerzan, se apoyan y se respaldan. 

Unos sin los otros solo son una silla sin una pata, puede servirnos como asiento, es indudable, pero solo de una forma forzada, artificial e incómoda, cuando no peligrosa.

En breve continuaré "disertando", mientras tanto fúmense un puro mientras se cuidan y cuidan de los suyos.