Capítulo II: Casa por casa… adobe por adobe
(Versión 2.0 Digital).
Pólvora, sangre y… gónadas.
La vieja, malhablada y fiel Infantería.
Por Cecilio Andrade
«Una guerra no se gana el día de la batalla»
EIJI YOSHIKAWA
— ¡PITBULL! ¡PITBULL! Aquí “Mayor”. ¡Responde coj****!
Había logrado alcanzar con su pelotón de locales al equipo de avanzada y coordinaron el movimiento para terminar de limpiar la zona con las tropas locales.
Pero las cosas se jodieron, para variar.
Estaban aislados y rodeados.
El barrio era un laberinto anárquico de calles estrechas y callejones sin salida, con altos muros de adobe o bloques a los lados, y por supuesto con media docena de bárbaros por cada esquina y ventana.
Tras expulsarlos del resto de la población se habían ido concentrando en la zona, y ya no tenían mucho donde elegir.
Ninguno de sus equipos de UAV eran operativos, las contramedidas los habían alejado cuando no derribado.
Un destino paradisíaco sin duda alguna.
Avanzar en esas condiciones era un infierno para las fuerzas locales.
Por suerte, o por Allah, vaya uno a saber, el entrenamiento que habían recibido de los españoles e internacionales que ahora los acompañaban sobre el terreno, les estaba librando de las muchas bajas que en otras circunstancias hubieran sufrido.
Habían aprendido a trabajar con apoyo mutuo, a ser más coordinados, profesionales y, sobre todo, metódicos, integrando los flujos de información táctica que la red de malla (Mesh) intentaba sostener en el sector.
Pero lo que ciertamente los motivaba era ver que aquellos que los instruían no se quedaban mirando desde las gradas, sino que estaban en primera línea, plasmando sobre el terreno lo que enseñaban.
Sin duda eso no era lo típico.
“Mayor”, un tipo grande, mal afeitado, de respuestas rápidas y mordaces unidas a acciones controladas y medidas, era el preferido por todos.
Podía ser duro y exigente en su faceta de instructor, pero no perdía aplomo a la hora de compartir una fogata en mitad de las frías noches de las montañas.
Sin escrúpulo alguno a la hora de agarrar a mano desnuda un trozo de cordero asado con cuscús.
Ni de quedarse en evidencia y burlas buscando pronunciar el idioma local de sus alumnos.
Sin duda tenía carisma. Aunque en este momento el tener o no tener carisma le valía un “ardite”, como a él mismo le gustaba decir en su castellano medio blasfemo medio decimonónico.
Atrapados en un viejo y medio derruido patio de adobe, bajo una tormenta de contramedidas que saturaba el espectro y dejaba las comunicaciones bajo mínimos, el blasfemado santoral católico estaba llegando a la letra M en esos momentos.
— ¡Pitbull! ¡Tu p*** madre! ¡Que alguien me responda, coj****!
Una ráfaga de ametralladora RPK barrió toda la parte superior del muro cada vez más reducida tras el que se parapetaba.
— ¡Jod**!
El denso polvo de adobe se le introducía en los ojos casi cegándolo, mientras el tercio superior de su visor HUD de casco (sistema IVAS) parpadeaba con violencia en un tono ámbar degradado. Las alertas tácticas en Realidad Aumentada (AR) indicaban pérdida de sincronía por interferencias hostiles.
Lo cierto es que su respiración no estaba mucho mejor, no sabía si del puto polvo, de la adrenalina, o de la mala “ostia” de maño que cada segundo que pasaba notaba crecer.
Mala cosa, un maño encabronado no mide razones más allá de abrir cabezas a garrotazos.
Notaba vibrar las muelas con cada impacto cercano.
El auricular de su radio comenzó a chapurrear sonidos digitales inconexos sin sentido y evidentemente humanos.
— Aquí “Mayor”, adelante. ¡Repita mensaje!
Otra ráfaga y otra nube de adobe le hizo encogerse de nuevo.
— ¡No recibo una mie***, coj****, repita!
El santoral bajado a base de verbos no aptos para oídos bien pensantes, ya estaba por la letra R y bajando.
Mal día para ganarse el cielo a estocadas… o a tiros, ya que estamos.
Intentó observar por una pequeña fisura del decreciente muro de adobe, bajando la mirada por debajo de la interfaz AR, que apenas mostraba algo más que estática gris, para usar su ojo desnudo, pero una nueva ráfaga de munición trazadora, en el lugar donde pensaba colocar su barbada y enojada cabeza, lo hizo desistir.
Mejor no ser curioso, la curiosidad mata a los gatos.
Buscando centrarse en mitad de aquel caos, su instinto de infante veterano le hizo comprobar físicamente el cargador del fusil, asegurando el seguro de vida analógico.
Medio cargador, mejor cambiarlo por uno completo.
En su bolsa de descarga, en la cadera izquierda, llevaba varios cargadores usados con munición variable.
Siempre que podía colocaba uno completo, no quería encontrarse agotando un cargador incompleto en la mitad de una acción decisiva.
Su esposa, allá por el norte de España, con seguridad haría algo más que reprocharle esa estupidez.
En cuanto tuviera un momento redistribuiría y completaría cada cargador para pasarlo a sus lugares correctos en el portaequipo.
De una forma u otra, veinte kilos de equipo de combate no permite muchas florituras algorítmicas.
Debajo de las ropas locales —los amplios chapáns y shalwar kameez que camuflaban su silueta— llevaban el chaleco pesado, placas balísticas, hileras de cargadores, la unidad de radio con salto de frecuencia, kits de estabilización personal TCCC, explosivos, granadas, bengalas, amén de mucho equipo personal considerado por cada cual como “imprescindible”.
Como los ineludibles cuchillos, en el caso particular de “Kairyu” un wakizashi y varias cuchillas más, de “Pitbull” mejor ni hablar, ¡lo que le gustan los filos al enano!
En fin, centrándose de nuevo, cuando tuviera tiempo redistribuiría munición y cargadores… sin duda ahora no lo tenía.
De repente un cambio de tono y ritmo en los disparos de los bárbaros le hizo volver a intentar mirar la ya conocida fisura del muro.
Un pelotón local, aprovechando el pasillo de observación remota que un dron escolta automatizado abría a duras penas entre las interferencias, junto con el gringo-pañameño del grupo, el bueno de “Boxer”, estaba atacando por el flanco de la unidad que le había acorralado.
Perfecto.
— ¡Avanzad! — Aulló a su equipo local y ni parpadeó ni dudó; de un solo impulso aprovechó el momento para salir corriendo como alma que lleva el diablo arrastrando a los suyos, esquivando los trazos de los proyectiles que la fusión térmica del IVAS lograba dibujar en los márgenes de la pantalla.
Si bien la palabra se perdió en el maremagnum del momento, el gesto y la acción de correr hacia un edificio donde ahora combatían bárbaros y fuerzas de apoyo, fue acicate suficiente para los soldados que lideraba.
Atravesó una puerta medio reventada como un jugador de rugby buscando el ensayo del último segundo del partido.
Notó, no puede decirse que viera u oyera realmente, que el combate se había trasladado al otro lado de la casa.
Obviamente esa era la dirección a seguir, y rápido.
Comenzó a recibir contactos IFF en sus gafas AR, lo que significaba que tenía equipos amigos cercanos.
En una habitación cercana estaban tres identificadores reconocibles, “R2”, “Boxer” y “Balitas”.
— ¡”Mayor” entrando! – informó antes de hacerlo; en mitad de la saturación digital, no avisar por voz o romper la Teoría Esférica de seguridad era una llamada clara y directa para atraer el inamistoso “fuego amigo”.
— ¡Entra mendrugo! — “R2” tan emotivo como siempre.
En unos pasos se colocó entre aquellos hombres y bajo el nivel de la ventana donde estaban tres de sus colegas, parapetados tras la masa de un UGV de cadenas BEAST que permanecía inmóvil, actuando como escudo balístico frontal pasivo.
— Llegas tarde. ¿Te paraste a tomar un café?
“R2”, suboficial de Infantería de Marine, matizando siempre de manera efusiva lo de “Infantería”.
La impasibilidad vestida de uniforme y Realidad Aumentada.
Pocos mandos militares sabían transmitir el respeto, calma y determinación, que el enjuto y seco “R2” lograba simplemente tomando, por ejemplo, ese café que nombró. Con un sentido del humor negro de vasco de corazón, parco en palabras, sin duda los hechos hablaban por él.
Le contestó mientras consultaba de reojo la pantalla táctica de su antebrazo.
— Algo así. Pero el escándalo que montáis no me deja disfrutar el día.
— Humm. – le miró de reojo “R2” medio asintiendo, medio ignorando.
Tan locuaz como siempre.
El silencio que siguió fue cubierto por el sentido práctico de “Boxer”.
— Han cerrado las dos calles. Logramos romper para conectar con vosotros pero seguimos encerrados. Juntos pero encerrados. Y no tengo enlace radio completo. El "Efecto Espejo" nos está machacando; la IA del IVAS se está volviendo loca intentando filtrar las señales enemigas y temo un falso marcado de objetivos por fuego amigo digital debido a la saturación.
— Yo tampoco logro enlazar limpio.
Recibían fuego desde la segunda planta de uno de los pocos edificios de más de un nivel de la zona, ametralladoras y fusilería AK barría cada centímetro del perímetro de adobe que lograban mantener.
La posibilidad de un empleo de drones explosivos estaba descartado con tanta mierda electrónica en el aire, aún no habían recibido los equipos filoguiados, las posibilidades de una asalto directo o un flanqueo a pie era nula sin exponerse al embudo fatal; el edificio de dos plantas tenía forma de media herradura y prácticamente rodeaba sus posiciones.
— ¿Qué tal está esa calle de la izquierda?
“Balitas”, joven y experimentado, a las malas como todos, policía nacional en el pasado, soltó un sonoro suspiro de desengaño sin apartar el ojo de la óptica térmica.
— Intenté romper por ahí a la vez que contactábamos con vosotros. Ni lo penséis, poco faltó para que acabara cagando por el ombligo. Tienen al menos dos RPK, una PKP y creo que al menos otra AGS 30, y obviamente no podían faltar los RPG de rigor. Nos tienen fijados.
Fanático estudioso de las armas y sus municiones, detallista hasta lo más ínfimo, se podía confiar en él para analizar y definir armamento y especificaciones, si decía algo lo basaba en datos concretos y contrastados.
No dudaba de la precisión de un solo dato del material que identificó a los bárbaros.
“Mayor”, analizando el entorno a través de la fusión de sensores de su visor HUD, comprobó que al unir ambos equipos el perímetro se había ampliado de una forma que permitía una mejor cobertura y apoyo.
Algo bueno.
Pero también tenían mayor zona a controlar sin poder concentrar reservas para cubrir intentos de ruptura del enemigo, y las baterías del equipo integrado ya mostraban los primeros avisos de descarga por el uso intensivo de los contrainterferidores.
Algo malo.
Siempre había creído que las guerras se ganan más por cerebros que por balas, por mucha tecnología del siglo XXI que lleves encima.
Lo cual no invalidaba que también creía que, llegado el tajo, había que poner los huevos en el momento y lugar.
— ¿Quieres centrarte? – Autorregañarse en momentos de estrés extremo y distorsión temporal se estaba convirtiendo en una costumbre que no deseaba ni necesitaba adquirir – ¡Redios!
Miró hacia su derecha, donde las siluetas vectoriales parpadeaban en ámbar en los bordes de sus ojos, la reducida IA que acompañaba a cada uno luchando por darles algo de información útil.
Un pasillo como una autovía, genial.
— ¡Voy a cruzar! ¿Eres “Maño”? – Informando a la vez que se aseguraba de que los del otro lado sabían quién era y, según la respuesta, confirmaba quién estaba en el otro lado.
No era cuestión de encontrar una reata de bárbaros queriendo hacer pinchito moruno de maño.
— Negativo, soy el picoleto de tus sueños más húmedos. Ven corazón.
Sin duda agarenos bárbaros no eran.
— Entrando “Mayor” y “Boxer”.
Cruzando a la carrera el ancho pasillo abierto que dividía la casa se lanzaron en plancha al siguiente habitáculo, siguiendo los trazos de la fusión térmica del IVAS.
La cantidad de cacharrería y porcelana variada que cubrían el suelo le dio la pista, estaban en la cocina del hogar.
— “Qué carajo me importará para qué es esto, ¿céntrate? O te encontrarás sin cabeza que centrar.” — Otro pensamiento intrusivo de mierda.
Desde un costado de un amplio ventanal que iluminaba el arruinado hogar lo miraba un sonrientemente burlón “Kairyu” flanqueado por dos cuadrúpedos V60 en posición de espera.
— Cuanta pasión poseen “vuesas mercedes” cuando quieren.
— Todos los picoletos sois así de mariconas o tú estás hoy especialmente cariñoso.
— Uy Maese, sois tan dulce en vuestros requiebros.
— Sí, hoy estoy de un inspirado que te rilas – rezongó mientras gateaba al costado de su colega, desactivando momentáneamente el emisor de su laringófono para reducir firma electromagnética -. ¿Qué tenéis por estos lares?
— Aquí, con mis parlanchines colegas, apostando si tu culo entraba intacto o a trozos – señaló a los cuatro soldados locales que ocupaban el lugar.
— Qué bien te lo pasas.
—Si vos supierais y yo os contara… maese.
Las miradas de los compañeros locales no permitían adivinar muchas alegrías por aquella conversación que no comprendían.
Aquellos españoles estaban locos, que Allah los confundiera.
— Bueno, se acabó el recreo niños. Tenemos trabajo. – Miró la pared del fondo -. ¿Cuántos explosivos tenemos?
El método tradicional nunca falla cuando la electrónica se satura.
— Si no los han dejado en casa antes de salir de excursión cada uno debe llevar 3 cargas de 100 gr de trilita, con sus correspondientes “Apps” – contestó “Kairyu” un instante más tarde sin dejar de controlar la calle.
— Ok. Necesitaré dos petardos cortados por la mitad y ya cebados.
⭐ ⭐ ⭐
Unos minutos y poco más tarde:
— ¡Todos a cubierto! ¡YAAA!
Apenas él mismo se cubrió tras la pesada mesa sintió que el cerebro se le salía por las orejas, las muelas bailaban una sardana y los intestinos pedían vacaciones.
Las cuatro medias cargas detonaron simultáneamente con una perfección casi de libro, reventando la pared de adobe.
Sin encomendarse a Cristo ni al Diablo, siempre hay que mirar por ambos no sea que el ego de alguno de los dos salga afectado y nos acabe mirando mal, saltó hacia donde debía estar el boquete que buscó crear.
El polvo, la conmoción y la estática gris de la pantalla del casco no le permitían ver mucho; ni siquiera sabía si se acabaría estampando de bruces contra un muro intacto, o incluso si se dejaría los dientes clavados por un boquete demasiado pequeño.
Regresando instantáneamente al Modo Analógico, Mayor alineó el punto de mira físico de su fusil mientras los dos pequeños UGV armados le adelantaban, enganchados por proximidad a su enlace con el humano.
— Inshallah, esperemos que sí lo quiera el viejo moro.
A los ojos de los que estaban aun recuperando el uso del cerebro robots y humano parecieron ser tragado por la nube de polvo.
Unos instantes después fueron tras él “Boxer” y “Kairyu”.
— Maño de mier - Suspiró Kairyu con una sonrisa bajo la máscara táctica mientras se introducía de cabeza en aquella “impenetrable” nube.
⭐ ⭐ ⭐
— Bonitas vistas. ¿Ahora qué? – preguntó “Boxer” una vez comprobaron, por las buenas por suerte, que el boquete era de medidas perfectas para sus voluminosas humanidades, mientras la red de malla luchaba por su parte por restablecer de forma automática el flujo de datos.
— Pudimos asegurar la casa adyacente, hemos flanqueado unos metros pero seguimos dentro de su perímetro.
“Mayor” seguía mirando de forma metódica el nuevo sector.
— Si no nos abrimos paso y los desalojamos de ese punto fuerte lo único que recogerán cuando “Pitbull” logre entrar con los los locales y UGV de vanguardia, serán los trocitos de nuestros huevos blancos. Y no creo que eso sea muy buena idea si tenemos en cuenta el aprecio que nuestras respectivas señoras le tienen a esa zona en particular.
Los miró de reojo.
– Creo que en eso estamos de acuerdo, ¿no?
— Estamos. Pero sobre aprecio de zona corporal y señora habla por ti. — aún le pesaba el último divorcio.
— Vale – Sonrió a su pesar — Todos los edificios que rodean ese alto donde están fortificados se han construido simplemente adosándose unos a otros, aprovechando los muros del vecino para ahorrar tiempo, dinero y esfuerzo.
“Kairyu” y “Boxer” volvieron a mirar el “vecindario” con un nuevo y concreto interés a través de la fusión de canales de sus ópticas.
— “R2” ¿me recibes?
— Aquí “R2”.
— Necesito fuego de supresión sobre nuestros vecinos en cuanto te lo solicite. Utiliza la óptica del dron si aún tienes señal.
— Recibido y esperando.
— ¿”Odín”? ¿Estás con nosotros? —la frecuencia de la radio colectiva entró por conducción ósea limpia de ruido ambiental.
— En la casa amarilla con “Paxman”. Bonita fiesta te montas por tu lado.
— Sí, seguro que mola mazo. ¿Qué te queda de tus juguetes gordos?
— Mío nada. Pero dadas las fechas en las que estamos y que parece ser que he sido un niño bueno, los Reyes Magos me han dejado un talibán bueno y muerto con una mochila repletita de RPG a estrenar. Así que soy generoso, pide por esa boquita y yo me encargo de repartir amor en los culos que me pidas.
El gigante rubio no perdía el humor.
— Ok. Necesito que les obligues a abandonar las habitaciones de la izquierda del edificio, de esa forma tendré espacio para poder acercarme, entrar y maniobrar.
— Hecho. Estaré listo a tu orden.
— Boxer, dejamos a dos aquí para que mantengan el fuego y no intenten flanquearnos por este punto.
Sin contestar “Boxer” señaló a dos con ligeras heridas que los hacían algo más lentos que el resto, señaló la ventana y les hizo el gesto manual clásico de “cúbreme”.
No se necesitaba ser un gran políglota para que simplemente se posicionaran con su fusil preparado.
Buenos chicos.
— “Odín” procede.
—“Odín” reci…….. — la última parte de la respuesta quedó ahogado por el sonido de dos granadas cohete saliendo de sus respectivos tubos RPG.
No hubo dos explosiones en realidad, al menos no se escucharon como tales, una enorme y única bola de fuego, polvo y metralla cubrió el objetivo.
— Buen trabajo chaval — pensó “Boxer” mientras comenzaba a moverse.
Comenzaron a moverse habitación por habitación, mandando un par de los microdrones Black Recon, con enlace directo por láser y empleando uno de repetidor del adelantado y no perder enlace, con IA y navegación inercial, logrando reconocer mínimamente por delante.
Con lo que a veces solo saltando ventanas, otras creando los accesos con cargas controladas y ejecutando cortes en tarta milimétricos, alternando la ventaja algorítmica de los sensores con la velocidad del disparo repetido al centro de masas, metro a metro lograron posicionarse sin apenas oposición.
Por suerte los bárbaros agarenos tenían demasiadas cosas con las que lidiar.
“Pater”, “R2”, Balitas y “Wolf” son buenos organizando fiestas y entretenimientos, el alma de cualquier fiesta que se precie.
Y esta se precia para traca, truco y trato.
Finalmente lograron alcanzar la última pared.
Tras la cual estaba su objetivo… que no era pequeño ni desarmado por lo poco que les podían transmitir sus dos “avispas” enlazadas por láser.
Colocaron tres cargas de 100 gr formando un triángulo equilátero.
Atracaron las cargas con todo lo sólido, pesado y resistente que pudieron encontrar.
Finalmente se retiraron dos habitaciones más allá con el pequeño explosor analógico tipo “grapadora” conectado a las cargas por finos cables.
Mirando al rededor por pura inercia, para comprobar si todos estaban a cubierto, asintió mientras bajaba la mirada, y el casco protector hacia el suelo, casi como rezando.
— “R2” … dale.
La descarga de fusilería, y ametralladoras, un festival de impactos que castigó los muros bárbaros, que surgió tras el mensaje a modo de contestación sin palabras, fue tan brutal e instantánea, que hasta ellos mismos se encogieron de forma instintiva.
Una pequeña explosión seguida de un sonido rasgado y deslizante precedió a una mucha mayor explosión, seca y contundente, que hizo temblar el suelo y les hizo apretar los dientes con mayor fuerza, mientras las pantallas de sus visores IVAS parpadeaban y recuperaban el 100% de la señal, mostrando los vectores en verde.
Con el dedo sobre el explosor “Mayor” miró a todos sus hombres para acabar centrando la mirada en su reciente amigo “Boxer”.
— Cómo le gusta decir al enano de “Pitbull”... ¿Queremos vivir para siempre?
Su sonrisa era la misma que amargaba la vida a sus antiguos oficiales, lo que es la vida.


