martes, 24 de enero de 2023

Ese maravilloso kilo y “poco” de gelatina e incógnitas... su cerebro... ¿táctico?

Ese maravilloso kilo y “poco” de gelatina e incógnitas... su cerebro... ¿táctico?

Nota corta por Cecilio Andrade.

Que el cerebro también es un órgano no cabe duda alguna, es el generador de ordenes, acciones y reacciones específicas, del cual se olvida, o simplemente se ignora, que también sufre sus propias reacciones fisiológicas y químicas, y de una forma muy acusada además. 

¿Les suena algo como esto?

No podía pensar con claridad, sabía que tenía que hacer algo pero no recordaba que, no reconocía que me estaba pasando”. 

Pensar es una acto electro-químico de las neuronas, y el cerebro está formado por “muchas” neuronas... lo cual me da pie a una de mis acostumbradas digresiones, no me disculpen.

Un adulto tiene cerca de noventa mil millones de neuronas... y cada una de esas neuronas pueden conectarse con otras cincuenta mil... ahora multipliquen ...

Regresando a la argumentación, si la sinapsis entre neuronas está afectada, obstruida o reducida, el pensamiento cuando menos es incompleto e ineficaz, y, sé que lo saben, con estrés se generan muchas sustancias que llegan a impedir y obstruir la transmisión nerviosa normal, tanto a nivel eléctrico como químico.

Con seguridad les será muy conocido aquello de:

Después que pasó todo apenas recordaba algo”. 
o
No recordaba nada, mi mente estaba en blanco”.

No pensar con claridad por esa comunicación neuronal irregular afecta a como se reciben los datos, y recordar es ni más ni menos que recuperar datos archivados. No se puede recuperar lo que no se ha recibido, o que se ha recibido de forma fragmentaria e inconexa. El subconsciente puede recibir ayuda a posteriori con terapias y técnicas adecuadas, pero hay que tener mucho cuidado con un factor capital, los falsos recuerdos, inventados o añadidos por ser “coherentes”. La coherencia que puede ser inducida, de nuevo a posteriori, externa o internamente, por comentarios, lecturas, pensamientos, ansiedad por dar respuestas, etc. Ser conscientes de que el cerebro no puede procesar información de la forma correcta puede ayudar a reconstruir un recuerdo sin añadir “coherencias”, positivas o negativas, que normalmente son irreales.

 Después de todo, pensar y recordar son simple y llanamente procesos químicos, donde las células nerviosas liberan sustancias para comunicarse entre ellas. El problema surge cuando las nuevas sustancias químicas de la ansiedad y el estrés chocan y obstaculizan a los neurotransmisores "normales", dando lugar a que memoria y pensamiento se vean alterados, siendo esta alteración mayor o menor dependiendo del grado de percepción interna de la situación vivida. Piensen, por ejemplo, en un accidente familiar grave que hayan vivido, ¿recuerdan como llegaron al hospital tras recibir la llamada de que su hija estaba ingresada en estado grave?

Con seguridad alguna alguna vez lo han vivido.

No podía pensar y apenas respirar, solo oía que me repetían, “respira despacio y profundo””. 

Todo el mundo ha vivido situaciones propias o ajenas altamente estresantes en las que alguien dice, “tranquilo, tu solo respira hondo”, sin duda uno de los mejores consejos para tales situaciones. La meditación, sin ir más lejos, basa casi todo su trabajo fisiológico en este punto, respirar, concentrarse en respirar. 

Pero ocurre que los pulmones se contraen ante una situación de ansiedad y estrés, con lo cual no podrán tomar todo el oxígeno que desearíamos, y la cuestión es que el oxígeno es fundamental para las funciones de pensar y recordar. El cerebro necesita el 20% del total respirado, lo cual, si lo comparamos con su volumen respecto al resto del cuerpo, es mucho oxígeno. Y mientras otros órganos pueden ralentizar sus funciones para consumir menos, los músculos usar otros “combustibles” anaeróbicos, sin necesidad de oxigeno, el cerebro no puede hacer ni una ni otra cosa. Si no recibe su 20% de oxigeno ve reducidas sus capacidades hasta incluso llegar a “apagarse” o “desconectar”. 

No somos animales tan racionales y lógicos como gustamos creer, en realidad, como aburro de harto repetir, somos animales emocionales con raciocinio, sumamente dependientes de la fisiología y bioquímica para responder a los estímulos externos e internos de la vida, lo que no es excusa para dejarnos llevar. La concienciación, el entrenamiento bien dirigido e inteligente, la comprensión de los hechos pasados y posibles del futuro, la maravillosa neuroplasticidad de un cerebro que nos otorga nuestra innata capacidad de aprendizaje para emplear el atributo mayor del intelecto humano, la curiosidad por investigar, en definitiva, pensar, nos otorgará miles de posibilidades más que si simplemente nos dejamos arrastrar por las olas de un coctel químico, por más biológico y natural que sea. 

Es obligado aprender a llevar el timón en esas olas, jamás permitiendo que nos estrellen contra los arrecifes de una reacción incorrecta e improcedente. Como le comentaba a un gran amigo, la conducta puede inducirse pero las habilidades deben aprenderse, dejando el azar fuera de la ecuación. Con pruebas y errores… más errores normalmente, y practicar, practicar y practicar las tres “E”, a saber, Educación, Estudio y Entrenamiento. 

Eso es todo lo que hay... y no hay más, damas y caballeros.

Cuídense y cuiden de los suyos.

domingo, 15 de enero de 2023

Hablemos de Historia, historias e historietas… también de maestros, artistas y monos malabaristas… que de todo hay en la viña...

Nota corta por Cecilio Andrade

Hablar de armas es hablar de herramientas diseñadas, creadas y empleadas con el propósito final, modernos usos deportivos y políticamente más o menos correctos aparte, de neutralizar a otro u otros seres vivos. Sonará, se leerá, se sentirá feo, frio e inhumano, si se quiere, pero no cambia el concepto ni la realidad. Y así ha sido desde hace miles de años, desde que alguno de nuestros ancestros homínidos decidió agarrar una rama caída, una piedra o una quijada de ciervo para agredir a su vecino, ya sea por defenderse o para robarle un bocado de comida, la razón en este punto histórico es lo de menos. Después de todo que el empleo de esa herramienta tenga usos legítimos y honorables o no depende del animal que la empuña, no de la herramienta en sí. Y ese uso, legítimo o no, no se ha modificado lo más mínimo con el paso de los eones, marcando incluso mitos y religiones.

Desde aquellas lejanas eras antediluvianas siempre ha habido individuos en busca de la habilidad máxima en las disciplinas del empleo de armas, y el que hoy en día sean armas de propulsión química y en el pasado fueran de corte o impacto, como espadas, piedras o una mitológica quijada de burro, no cambia el concepto real y concreto de la necesidad de utilizar un arma con la eficacia requerida para vencer al adversario que sea. Las sociedades de todas las épocas los consideraban, entre otras cosas, como maestros de un arte, algo que aun hoy se mantiene, deformado y alterado sin duda, pero aun subsistiendo. 

El término artista de hoy es más bien considerado desde el punto de vista del espectáculo que de ninguna otro concepto, lo que por desgracia es un gran error. Si añadimos a esto que la reata pueril de muchos de los que actualmente son definidos, y se definen a sí mismos, como artistas, en cualquier ámbito, sin ser mucho más que desgraciados bufones, sin duda el concepto artista no tiene un gran aval. El concepto aun es considerado relativamente serio dentro de los denominados Artes Marciales, por ejemplo Boxeo, Judo, Kárate, Muay Thai, y ciento y muchos etcéteras de otros estilos. Para los que me hayan leído en trabajos previos les sonará lo que diré a continuación, Arte Marcial es el arte de la lucha, del combate, da lo mismo usar la mano desnuda, un tipo determinado de objeto punzante, cortante o contundente, o las más actuales armas de propulsión química, la base real no ha cambiado lo más mínimo con los siglos ni con la herramienta a emplear.

¿Por qué me voy tanto por las ramas? Simplemente quiero definir la importancia, para mí al menos, del concepto Artista Marcial. La etimología de la palabra artista no proviene del espectáculo, si no del Arte, definido como cualquier actividad humana realizada con esmero y dedicación, y que requiere capacidad, habilidad, experiencia y el tan imponderable talento. Los mejores, los verdaderos artistas, tienen ese talento. Un artista tiene una serie de características bien definidas, es metódico, sistemático, perseverante, lo que sin ser generalizado en el ser humano, si es común entre los verdaderos artistas. Lo que convierte esas características de  más o menos comunes a especiales es el talento, que en el caso que nos ocupa, la lucha en todas sus formas, es básicamente la adaptabilidad. Todos podemos seguir patrones, métodos y sistemas con mayor o menor precisión, los monos de circo lo hacen, pero el artista genuino y con talento sabe adaptar todo eso a cualquier circunstancia distinta, puntual y concreta, lo cual significa que sabe adaptarse de forma aparentemente innata y sencilla.

Luchadores, soldados, policías, instructores modernos de la relevancia de Pincus, Pecci, Yeager, Vera, Costa, Cobos, McKee, Suarez, McNamara, Cooper, Proctor, Lamb y, de nuevo, muchos etcéteras más, junto a todos los que no son tan conocidos, ¿son artistas marciales? Lo cierto es que si, y por doble partida. Para empezar son artistas marciales porque, como sus antecesores desde hace miles de años, buscan la excelencia en su desempeño con perseverancia. Y por último, porque como artistas saben darle ese toque personal que es convertir una inexactitud, o un potencial error, en una ventaja para magnificar los efectos deseados. Ese es el talento que un profesional armado debe buscar, y que quizá, en última instancia, siga siendo simple adaptación al medio o a las circunstancias.

Con respecto a las armas y su empleo, los conocimientos nunca son suficientes, siempre se debe seguir avanzando, perfeccionando, adaptando… ¿creciendo? Las circunstancias son las que dictan que métodos y su aplicación permitirán vencer y sobrevivir. Los mejores, los artistas marciales genuinos, lo logran gracias a que comprenden las circunstancias y se adaptan. Sus combates son en un 90% con la mente y en un 10% con el cuerpo. No se quedan en la mediocridad de que siempre se ha hecho así, convierten aparentes irregularidades de forma en métodos para sorprender, adaptarse y superar las circunstancias. Esa es la diferencia entre un simple repetidor de técnicas, pautas y patrones, al igual que un mono malabarista, y un metódico y adaptativo artista marcial. Ese es el talento a buscar y cultivar.

Cuídense y cuiden de los suyos.

domingo, 8 de enero de 2023

Toca dar una explicación de algo y dejar que el mundo siga…. Al menos una parte.


Nota muy corta (o quizá no) por Cecilio Andrade.


Con seguridad la nota de hoy generará tres reacciones. A saber:

  • ¡¡¡Por fin!!! Ya era hora que lo reconocieras, capullo.
  • Vaya, qué lástima, me gustaba su trabajo.
  • ¿Y eso qué? ¿A quién le importa lo que hace o deja de hacer? Por cierto… ¿quién es?

En los tres casos, con toda seguridad, las reacciones habrán sido extremas… es lo que hay, y no hay más.


El último curso privado operativo o de armas que impartí en España ya tiene 15 añitos de terminado, no recuerdo si fue el de la Semana Táctica que impartí en Almería con Eduardo de de Cobos y José María Bautista, o en Madrid con Javier Pecci de padrino. Al año siguiente recién regresado de Afganistán decidí solicitar una excedencia para trabajar primeramente en un proyecto de seguridad avalado por la ONU y finalmente acabar como freelance por un total de 13 años.


Desde entonces, fuera de trabajos con universidades, instituciones y gobiernos, con los controles administrativos correspondientes, no he hecho ningún trabajo práctico ni operativo, o cursos si lo prefieren, salvo una semana por año desde el 2014 al 2018 en Algeciras, en el enormemente exitoso evento solidario, importante ese detalle, que tuve el privilegio de coordinar con el permiso de Auxi y Domingo en primera instancia, y de todos los que decidieron subirse con valor a un carro endeble en su origen, pero sólido y firme en su resultado final.


En tan solo 5 años logré, permítanme un golpe de pecho y ego, después de todo la nota versa sobre mi propia justificación, logré, decía, mis cuatro objetivos primordiales.

  1. Aportar a una asociación en beneficio de familias con niños con cáncer, “Por una Sonrisa”, tanto desde el aspecto económico como en el de compartir y arropar a los seres humanos que allí nos encontramos.
  2. Dar cursos, talleres y monográficos de máximo nivel y calidad a precios accesibles para profesionales armados y de seguridad.
  3. Dar a conocer a instructores españoles muy capaces hasta entonces desconocidos y a los que en algunos casos tuve que obligar, pese a sus amenazas de desmayarse en plena clase, a compartir sus conocimientos.
  4. Y finalmente dar el empujón y el ánimo para que cada uno generara su propia senda.

Y logré el éxito en cada uno de los puntos. Evidentemente no solo es mi éxito, en este caso como en todos los proyectos que lograron salir adelante, ya sea en mi época militar en los temas de francotiradores, combate urbano y tiro de combate, como en el ámbito privado e internacional, a nivel operativo o de capacitación, ese éxito siempre es la suma de “masas críticas” de voluntades, motivaciones, capacidades e ilusión de lograr la excelencia. Jamás se logra nada sin un equipo motivado y capaz ,empujando cual “muro de escudos” al más puro estilo clásico.


Mi familia misma me llega a reprochar que me preocupo mucho más de empujar y motivar a otros a lograr sus sueños y objetivos que de los míos propios, lo cual no es cierto, ya que mis objetivos de siempre, incluso sin saberlo en mi egocéntrica juventud, era, es, y espero que siga siéndolo hasta el final, empujar a todo el mundo para que logren todo lo que son capaces de ser.


No lo he logrado en todas las ocasiones ni con todos los que me he propuesto, pero tanto en mi tierra natal como en todas las patrias lejanas que me acogieron como un hijo pródigo, puedo decir que he ayudado a muchos a lograr encontrar su senda. La inmensa mayoría son infinitamente mejores que yo en mis mejores tiempos, los que no lo son aún en breve superarán cualquier marca que yo pudiera tener.


Ese es mi orgullo personal, como ven también peco de ego, no soy el mejor en nada, pero puedo decir orgulloso que ayudé a serlo a muchos, y espero me dejen seguir ayudando a esos mismos y a más.


¿A que viene todo esto? No lo nieguen, se lo están preguntando.


En general los últimos meses me he mantenido muy “fuera de campo” a nivel de trabajo académico y de adiestramiento. Hay épocas que nos obligan a pararnos, sentarnos en una piedra bajo un árbol más o menos frondoso, y ver como “sale el sol por Antequera”. Quien por no ser indígena de la piel de toro desconozca esa cita del saber popular hispano búsquenla en la red, vale la pena. Y en eso ando, en una de esas salidas de sol antequerano que nos hace replantearnos rutas, itinerarios y recorridos, todo ello cambiando objetivos y metas. Viendo a grandes amigos crecer y superarse, y a la vez viendo a otros, por contra, buscando la forma de crecer no por su propia y personal búsqueda de la excelencia, sino más bien buscando flaquezas y debilidades, en muchos casos inventadas, en otros reales pero… ¿Es Ud., estimado lector perfecto e inmaculado? A andar se aprende cayendo, errando, y de esos errores se busca encontrar la senda correcta.


Salvo una semana solidaria por año del 2014 al 2018, no he impartido cursos privados en mi tierra natal desde el 2008. No soy competencia de nadie ya que no estoy en “el mercado” desde entonces, no se preocupen por mi, damas y caballeros, puedo confirmar que abandoné una hoja de ruta que ya en realidad no estaba siguiendo desde el 2008. Reconozco, sería hipócrita por mi parte no reconocerlo, que de una forma u otra tenía cierta ilusión, infantil sin duda, de retomar tras quince años fuera de mi tierra el transmitir en casa.


No es posible, sin duda alguna. A día de hoy, salvo apoyos no nominales, a conocidos y amigos de confianza para sus proyectos en España, no hago trabajo académico ni de capacitación en el país. Espero con calma y paciencia poder pasar a la reserva de las Fuerzas Armadas de mi país en breve, cerrando una puerta como creo que la abrí en 1986, con ilusión y cariño, pero sobre todo como una persona profesional y dedicada.


Mientras llega ese momento sigo apoyando a universidades, instituciones, organizaciones y gobiernos fuera de España, sin interferir en nada en el mercado de capacitación local, más allá de, como ya dije, apoyos a amigos muy puntuales. Busco, una vez cumplido mi paso a la reserva nacional, poder dedicarme al completo a proyectos con esas mismas universidades, instituciones, organizaciones y gobiernos.


¿Seguiré escribiendo? Si, es mi forma de transmitir y una cierta forma de calmar un ansia interna de transmitir y motivar. Seguiré investigando, seguiré estudiando, analizando y llevando al público mis conclusiones, no para convencer a nadie, solo para que alguien recoja esas migajas de datos y finalmente haga algo útil con ellas.


Lo que deseo dejar muy claro es que siempre he seguido una máxima de mis tiempos mozos, “se parco en palabras y que los hechos hablen por ti”, pese a lo cual a veces toca explicarse con detalle y precisión.


Como me ha tocado hacer ahora… gracias, damas y caballeros.


Cuídense y cuiden de los suyos.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Cumpleaños y agradecimiento.


La vida no me ha resultado muy fácil a veces, sobre todo estos últimos 20 años... aviones , trenes, automóviles más o menos “blandos”, aeropuertos, estaciones, hoteles de variados “niveles” de calidad… trabajos de mayor o menor riesgo y fatiga. Viajar trae mucha alegría, o eso dicen, pero en algunos trabajos también me acompañó el dolor, fuertes emociones y mucha miseria.

Decir que he pasado de estar rodeado de gente, ya sean amigos, compañeros, extraños y/o directamente “adversarios”, a sentirme extremadamente solo deseando estar en casa con los míos en una fracción de segundo, es quedarme muy corto en la descripción.
Hoy estoy en un punto de mi vida, recién cumplidos los 56, donde puedo ver lo realmente afortunado que he sido de haber podido compartir tiempo y experiencias con las personas más increíbles del mundo. Solo puedo sentirme agradecido por todos los que me ayudaron a continuar en este viaje tan accidentado.
Todos, junto a mi increíble familia, y mi no siempre afortunada tozudez, me han mantenido en la senda cada vez que pensé en tirar la toalla. Todos han hecho que mi tiempo en la senda valga la pena, que los sacrificios hayan sido útiles.
Mi cuerpo ya me pide bajar el ritmo, en contra de mi mente y espíritu.
Quiero dar las gracias a todos, amigos o enemigos, compañeros y jefes, familia de sangre o de elección. Todos habéis hecho que mi vida valga la pena vivirla, superando con creces cualquier cosa que podría haber soñado.
Gracias… gracias por mantenerme en la lucha tantas veces cuando tan solo quería dejarlo todo.
Cecilio.



miércoles, 23 de noviembre de 2022

La incongruencia de estar totalmente pendientes de cómo nos ven sin ser capaces de enfocar la atención en el aquí y ahora... en el momento vital.

La incongruencia de estar totalmente pendientes de cómo nos ven sin ser capaces de enfocar la atención en el aquí y ahora... en el momento vital.

Nota corta por Cecilio Andrade.

Atención selectiva, el verdadero caballo de batalla, esa que cuanto más la entrenamos más fuerte se hace, permitiéndonos enfocar la mente más profundamente en lo que estemos haciendo, ya sea una práctica en seco, eso tan aburrido que nadie hace y menos aún correctamente, como desenfundando y disparando a varios objetivos en movimiento en el campo de tiro o, la peor situación, en un caso real.

En eso últimos casos extremos de lucha por la propia supervivencia, descubrimos que fracasar en lograr atención selectiva que nos permite un enfoque total,  buscando en su lugar "medio centrarnos" eficazmente sobre un objeto de atención mientras pretendemos simultáneamente ocuparnos de otros “focos”, deja la mente sumida en dudas, cavilaciones, bucles de pensamientos repetitivos y ansiedad inhibidora. 
Todo lo cual puede acabar desembocando en sensaciones de impotencia, incapacidad, desesperación, autocompasión, así como la repetición incesante de rituales, gestos y acciones cíclicas e inútiles junto a pensamientos, que podrían ser definidos como parte de un TOC*

La capacidad de desconectar la atención sobre una cosa superflua y dirigirla hacia otra verdaderamente importante ha resultado esencial para la supervivencia de la especie humana a lo largo de los millones de años de evolución del actual Glaber Simiae, ya saben, ese “mono sin pelo” de mi particular y personal nombre científico para todos nosotros, los humanos modernos. 

La concentración, enfoque y/o atención tiene también sus “efectos” negativos en la vida cotidiana, como cuando sume a los futuros Harry “el sucio” en las imágenes de YouTube Tactical Academy, al punto de hacerles olvidar las palabras y ejemplos que les rodean. O en caso de personas más “normales” viendo el fake de moda, un tierno gatito, el tropezón de una pobre persona y, como no, el porno más o menos acorde con sus gustos. 

Ese desenfoque “cotidiano” permite también a los policías en medio de una calle concurrida concentrarse en una conversación con un potencialmente peligros sospechoso, con los ojos y oídos fijos en su interlocutor, independientemente de que en el bar de al lado un adolescente estúpido destroce los tímpanos de todos con algo que llama música de moda. La mirada de los agentes no concentrados, inseguros, por el contrario, deambula a la deriva de un lado a otro, en busca continua de algo a lo que aferrarse.

Como pueden ver, los factores negativos y positivos del enfoque depende de la situación, entre otras muchas cuestiones. El hecho de centrarse en algo es una de las muchas capacidades vitales esenciales, cada una de las cuales se asienta en un distinto sistema neuronal, que ayuda a navegar a través de la turbulencia de la propia vida interna, del mundo interpersonal y de los retos que la vida depara. 

En los momentos de mayor concentración, luchar por la vida puede ser el tope de esa escala, los circuitos cerebrales de la corteza prefrontal se sincronizan con el objeto de ese foco de atención, entrando un estado denominado en Neurología como “cierre de fase”. Cuando se observa un determinado gesto identificado como, por ejemplo, “sacar un arma”, la persona reaccionará casi con toda seguridad moviéndose fuera de la línea de ataque, intentando simultáneamente extraer su propia arma. Si lo ha practicado con la concentración, enfoque, atención y precisión adecuadas, las señales electroquímicas procedentes de su región prefrontal se activarán con una sincronía muy precisa con el movimiento agresor observado.

Cuanto mayor es la concentración más fuerte es también la conexión neuronal. Y esta concentración nace desde el primer instante y gesto del entrenamiento previo. Si en lugar de concentración y enfoque lo que hay es una maraña de pensamientos desenfócanos, la sincronía acaba desvaneciéndose, con lo cual ya sea entrenando o en un enfrentamiento real casi con toda probabilidad se perderá la “batalla”. Por cierto esa pérdida de sincronía es propia de quienes padecen también el TDA**, ese mal que estamos volviendo verdaderamente  pandémico en este siglo XXI.

La atención concentrada mejora el aprendizaje, ya que cuando nos concentramos en lo que se está aprendiendo, el cerebro relaciona la nueva información con la que ya conoce, estableciendo nuevas conexiones, o sendas, neuronales. Si el alumno presta total atención a algo que el instructor le muestra, con toda seguridad aprenderá lo que le enseña, que le salga mejor o peor tras X repeticiones es otro asunto, aprendizaje que no sucederá en el caso de que la concentración del alumno sea, por el contrario, pobre.


Cuando la mente divaga, el cerebro activa una serie de circuitos relativos a cosas que nada tienen que ver con lo que se está tratando de aprender o ejecutar. Por ello es tan difuso el recuerdo de lo que se pretende aprender estando desenfocaros y distraídos.… ahora imaginen recordarnos luchando por la propia vida.


Cuídense y cuiden de los suyos.

Trastorno Obsesivo-Compulsivo.
** Trastorno de Déficit de la Atención.

domingo, 9 de octubre de 2022

Recuerden siempre la necesidad de atención y enfoque versus la necedad de vivir distraídos.

Recuerden siempre la necesidad de atención y enfoque versus la necedad de vivir distraídos.

Nota corta por Cecilio Andrade.

La concentración en medio del ruido de una descarga de munición, ya sea en un entrenamiento, curso o enfrentamiento, es un claro ejemplo del poder de la atención selectiva, la capacidad neuronal de dirigir la atención hacia un único objetivo, ignorando simultáneamente un inmenso aluvión de datos, cada uno de los cuales constituye, en sí mismo, otro posible foco de atención. Definiendo esa atención como “la toma de posesión, por la mente, de un modo claro y vívido, de uno entre varios objetos o cadenas de pensamientos simultáneamente posibles”... en resumen "consciencia situacional".

Antes de hablar de atención primero debemos definir distracción, así como que existe de dos tipos, sensorial y emocional

Los distractores sensoriales son los más simples, permiten, por ejemplo, dejar de prestar atención a los márgenes que enmarcan el texto mientras leen esta nota corta. O cuando manejamos e ignoramos el tacto de la palanca de cambios y del volante del vehículo sobre la palma de la mano. Estos son dos ejemplos obvios para reconocer que son muchos los datos que un cerebro ignora en el continuo bombardeo de sonidos, formas, colores, sabores, olores y sensaciones de todo tipo que capta inconscientemente de forma ininterrumpida a lo largo de la vida.

Las distracciones emocionales son mucho más problemáticas. Puede resultar relativamente sencillo concentrarse en medio del bullicio de un parque, cafetería o campo de tiro, pero basta con oír que alguien pronuncia nuestro nombre, para que ese dato acabe convirtiéndose en un señuelo emocionalmente tan poderoso que resulte casi imposible desconectarse de la voz que acaba de pronunciarlo, ignorando todo lo demás. La atención se apresta entonces a escuchar todo lo que, sobre nosotros se diga, en cuyo caso puede suceder que ignore y no  de respuesta a ese agresor que ha desenfundado un cuchillo mientras nos observaba, o, menos letal en principio, responda a las órdenes del jefe o instructor de la línea de tiro.

Es por ello tan importante reconocer que el principal reto, al que aun las personas más enfocadas enfrentan, procede de la dimensión emocional de la vida. Cualquier actuación, ya sea ante un evento cotidiano e inocuo o un enfrentamiento a vida o muerte, será menos eficaz cuantas más interferencias obstaculicen esa atención vital. 

El centro neuronal gestionador de la capacidad de permanecer con la atención centrada en un objetivo, ignorando simultáneamente todo lo demás, reside en las regiones prefrontales del cerebro. Los circuitos especializados de esta región alientan la fortaleza de los datos en los que necesitan, quieren y/o deben concentrarse, ya sea para contestar un WhatsApp mientras vigilan al niño en el parque, cumplir la orden de ejecución de un ejercicio de tiro especialmente difícil o, más exigente por pura necesidad, responder con la velocidad y efectividad adecuada ante un ataque contra la integridad física propia o de terceros.

Debido a que la atención efectiva, sobre todo las de supervivencia inmediata, nos obliga a desconectar de las distracciones emocionales, los circuitos neuronales de la atención selectiva incluyen mecanismos de inhibición de la emoción. Esto significa que las personas que mejor se concentran y enfocan son relativamente inmunes a la turbulencia emocional, al menos durante el evento exigente, el después ya es otra cosa, siendo más capaces de permanecer impasibles en medio de la crisis y mantener el rumbo en medio de la inevitable  marejada emocional. 

En este punto la suma de experiencias previas, reales, simuladas, visualizadas, entrenadas, etc. son el ancla fundamental donde asegurar ese foco de atención vital para la supervivencia.

¿Y Uds.? ¿Viven atentos y enfocados? ¿O van por la vida pendientes de... nada?

Cuídense y cuiden de los suyos.

lunes, 3 de octubre de 2022

Luchando por sobrevivir y la importancia de "sentir o no sentir..." he ahí la cuestión como dijo Shakespeare... o casi.

Luchando por sobrevivir y la importancia de "sentir o no sentir..."  he ahí la cuestión como dijo Shakespeare... o casi.

Nota corta por Cecilio Andrade.


Cuando tomamos decisiones que afectan a la propia supervivencia y/o integridad física, como es el caso de un enfrentamiento armado, los sistemas subcorticales operan al margen de la atención consciente, cambiando las formas de toma de decisiones para no solo guiar en base al propio conocimiento y experiencia, si no también generando datos en forma de sensaciones. 

Ese tipo de intuición, del tipo "esto parece bueno y esto no lo parece tanto", determina la dirección que se seguirá mucho antes de estar en condiciones de plasmar conscientemente una decisión.

Los operadores e instructores realmente capaces y competentes, así como los afortunados supervivientes de combates, recopilan a la hora de adoptar una decisión clave muchos más datos, procedentes de una serie mucho más amplia de fuentes, de lo que la mayoría de la gente cree. No pasan por alto, por ejemplo, a la hora de tomar una decisión vital, datos proporcionados por sensaciones viscerales subconscientes.

Hablamos de una relación entre recopilación subconsciente y consciente del orden de 400.000.000.000 versus 1.000 bits por segundo respectivamente. Por cierto, permitiéndome ser un pedante, no deben confundir bit con byte, están emparentados pero no son lo mismo.

Entre los circuitos que definen las reacciones viscerales antes de que se tenga pensamientos conscientes para definirlas, están los de la amígdala y la ínsula. La opinión más extendida es que esas sensaciones son tan solo una fuente constante de errores, después de todo supuestamente somos animales racionales

Pero lo cierto es que que en realidad no generan tantos errores como puedan creer, ya que en definitiva no somos animales tan racionales como nos encanta considerar, resultando mejor definidos si lo hacemos como animales emocionales con raciocinio. Después de todo las emociones y sensaciones surgieron como una necesaria herramienta evolutiva de supervivencia, para generar estrategias de valoración habitualmente acertadas. ¿Cómo hubiéramos sobrevivido como especie si no fuera así?

El hecho de tener en cuenta las sensaciones como fuente de información permite emplear una enorme red de pautas de decisión que la mente recopila de manera subconsciente. El punto adecuado para tomar decisiones que sean útiles e “inteligentes” no solo depende de la experiencia que se tenga, sino también de su nivel de autoconciencia, en pocas palabras, de saber dónde está uno mismo parado. Cuanto más se conoce uno a sí mismo y reconoce sus capacidades, mayor es su destreza a la hora de interpretar los hechos, sin caer en distorsiones internas que pueden empañar su actuación. 

Los modelos de racionalidad fría y ordenada que se limitan a sopesar los pros y contras, los “correcto” versus “incorrecto” de todos los factores implicados, son superados y apartados cuando la amígdala entre en acción. El combate por la vida rara vez se presenta de un modo ordenado, pautado, definido y claro. 

El otro factor determinante es que la mente subconsciente, o ascendente, encierra información crucial inaccesible a la parte consciente del cerebro, o descendente, haciendo imposible introducir, por tanto, un esquema ordenado y pensado cuando el cañón de un arma o el filo de un cuchillo apunta al rostro. Las decisiones que en el campo de entrenamiento son y parecen perfectas, pueden no serlo tanto en la realidad de una interacción del tipo “tu vida o la mia”.

Como comenté al principio de la presente nota corta, los operadores e instructores realmente capaces y competentes, están buscando continuamente nueva información. Quieren entender el “territorio” en el que se mueven, atentos a las nuevas investigaciones, casos, referencias, experiencias, etc. buscando identificar pautas que podrían ser fundamentales para su trabajo.

Es por leo que cuando nos dicen que debemos estar enfocados, en este campo del combate y la violencia justificada, hacen referencia a la capacidad para permanecer concentrados en las sensaciones que son recibidas del propio subconsciente para actuar con la suficiente premura y “anticipación”, buscando sobrevivir y/o no resultar muy dañados.

Y ¿basta con esa focalización extrema?

¿Dónde se deja todo el repertorio racional, pensado, ordenado y meditado? 

Se mantendrán bajo el prisma desde el cual todas las decisiones de entrenamiento, capacitación y afinado de capacidades y habilidades se basan en datos y cifras procedentes de una extensa documentación y análisis. Datos y cifras que son corroborados con esas “sensaciones viscerales”, así como de la lectura eficaz de emociones y acciones de los demás.

Es incuestionable que operadores armados e instructores necesitan del conjunto compuesto por el foco externo, foco interno, y reconocer que un desequilibrio en cualquiera de estos focos puede ser fatal en una lucha del tipo “tu vida por la mia”.

Nos vemos con la próxima nota corta…. Que, por cierto, cada vez son menos cortas.

Cuídense y cuiden de los suyos. 

miércoles, 21 de septiembre de 2022

¿Multitarea en el empleo eficaz y seguro de las armas? ¿Por qué nos encanta complicarnos tanto?

 ¿Multitarea en el empleo eficaz y seguro de las armas?  ¿Por qué nos encanta complicarnos tanto?

Nota corta, aunque quizás no tan corta, por Cecilio Andrade.


La solución a lo expuesto en el título de la presente nota corta, los problemas del empleo eficaz y seguro de las armas, es tan simple que sorprende que haya que comentarlo. Lo primero es obviamente aprender la técnica correcta, tras lo cual podremos afianzarla con un entrenamiento inteligente, autodisciplina y constancia. Solo entonces es posible trasladar todo lo adquirido a la realidad de las circunstancias. Proceso que necesita cubrir el primer punto con una guía experimentada, el segundo con una férrea voluntad de esfuerzo por parte del alumno, y el tercero con una más férrea aún voluntad de vencer


Nada que realmente valga la pena se consigue sin esfuerzo, trabajo y dedicación. Pero cuando hablamos de salvar vidas, la propia para empezar, la conclusión es más que evidente, no es un juego, por más que en algunas ocasiones podamos unir diversión al aprendizaje. Quien no esté dispuesto a trabajar duro, y frustrarse en muchas ocasiones, que no espere gran cosa más allá de lo que el azar le proporcione. 


Lo he repetido una y otra vez, en cursos, seminarios, conferencias y charlas, es de obligado cumplimiento que el ego dominante y destructor, no confundir con el que va de la mano de la sana autoestima, debe quedar fuera de cualquier ecuación de aprendizaje y crecimiento. Aquello que  no se mide, con una crítica objetiva en este caso, no genera aprendizaje, sin el cual simple y llanamente no puede existir avance ni mejora.


Quizá lo recuerden de haberme leído o escuchado, pero resumiendo todo hasta un punto que lo haga más sencillo de analizar, pese a no ser del todo exacto, la mente tiene una forma de reconocimiento consciente y otra subconsciente.


En la función consciente, volviendo a ser muy simplista, se manejan las situaciones que se salen de lo rutinario, permitiéndonos estar atentos a los potenciales y posibles imprevistos, pero encarando cada situación de una en una. 


Tras leer lo anterior les acaba de pasar por la cabeza un pensamiento, “este tipo está muy equivocado, yo puedo realizar varias cosas a la vez sin problema alguno”. 


¿A qué lo han pensado? 


No mientan, lo han hecho. 


Lo que en realidad hace su mente es repartir pequeñas fracciones de tiempo de atención para cada cosa, lo que nos da esa sensación de simultaneidad. Mientras lo exigido no sea muy complicado todo va bien, el problema surge cuando el grado de atención de cada acción exige una fracción mayor de un tiempo más que limitado. Sobre todo si hablamos de trabajo real con armas.


Les propongo un experimento tan aparentemente sencillo como frustrante, al menos para mi lo es, encadenando cuatro ejercicios “facilísimos” a modo de multitarea.

  1. Llene dos tazas con su bebida caliente favorita.
  2. Pónganle un poco de azúcar, pero no mucho, ya saben que no es bueno el exceso, 
  3. Coloque las cucharillas correspondientes en cada taza.
  4. Ejercicio uno: Comience a girar ambas cucharillas en el mismo sentido, por ejemplo ambas a la derecha.
  5. Ejercicio dos: Tras controlar ese movimiento, y sin dejar de hacerlo, ahora golpeé el suelo con el talón del pie derecho, por ejemplo, al ritmo que guste.
  6. Ejercicio tres: Cuando ya domine los dos movimientos anteriores pase a utilizar ambos pies, con el ritmo, también por ejemplo, de dos golpes del talón derecho y uno del izquierdo, de forma continua y repetida, obviamente sin dejar de girar simultáneamente las cucharillas hacia la derecha en ambas bebidas.
  7. Ejercicio cuatro: Recite “a Cuesta le cuesta subir la cuesta, y en medio de la cuesta, va y se acuesta”.
  8. Si no ha derramado las tazas deje de hacer todo lo anterior y llévelas con su pareja para tomárselas mientras se ríen juntos de lo que acaban de comprobar… somos torpes.

No es posible la multitarea eficaz y segura trabajando con la función consciente de nuestra mente, para ello necesitamos trabajar con el subconsciente, y aquí debo hacer una anotación. 


Los términos subconsciente e inconsciente tienden a usarse muy a la ligera como sinónimos de un mismo concepto. Algo que lleva a errores de aplicación y comprensión. Permítanme de nuevo una explicación tan básica y simple que un purista puede acusarme, con cierta razón, de estar equivocado, pero que aun así nos ayuda a comprender el contexto de ambos términos interrelacionados pero no sinónimos.

  • El inconsciente maneja todas las rutinas, gestos y funciones automáticas como caminar, girar la cabeza, masticar, respiración, bostezo, parpadeo, latidos del corazón, etc.
  • El subconsciente maneja todas las miles de cosas que nos permiten desarrollar y potenciar destrezas y habilidades, y que de forma general se consideran reflejos adquiridos. 

Recuerden esa fase de su vida donde como conductores nóveles, con un vehículo de cambio mecánico, debían “mover” la dichosa palanca de primera a segunda o de tercera de nuevo a segunda. ¿Qué hacían? Conscientemente luchaban por recordar los pasos correctos de acelerar o frenar para tras presionar el embrague mover de forma fluida la dichosa palanquita. Mientras intentaban pensar en hacer todo eso de forma exacta, inconscientemente sus nervios generaban estrés, sudor, hiperventilación y exceso de tensión muscular. Obviamente todo ello agravado si llevaban pasajeros, después de todo a ninguno nos gusta ahogar el motor ni salirnos de la calzada dando esa imagen de torpe al volante que en realidad todos éramos en esa época, y que algunos aún seguimos siendo pero que ya no nos importa mostrar.


Con el tiempo y práctica ya no se piensa en todo lo anterior, convirtiéndolo en un reflejo adquirido subconsciente del que ya ni nos damos cuenta, salvo situaciones muy puntuales y concretas. Es entonces que aprendimos como pasar a la zona automática para que nuestro cerebro grabe esas rutinas que de forma subconsciente se repiten sistemáticamente. Las hemos trasladado de la zona consciente a la subconsciente


Ahora, después de no hablar de ellas en toda la nota no tan corta, apliquen todo lo explicado al trabajo real con armas, con todos sus condicionales físicos y mentales… ¿a qué es sencillito?


Cuídense y cuiden de los suyos.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

El tamaño si importa, en este caso al menos, cuando hablamos de armas largas.

El tamaño si importa, en este caso al menos, cuando hablamos de armas largas.

Nota corta por Cecilio Andrade.

La distancia entre la boca de fuego de un arma individual, larga o corta, y el cuerpo del que la empuña suele estar aproximadamente a la misma distancia, salvo en armas extremadamente largas. Piensen donde está el extremo del cañón de su pistola con los brazos extendidos, en mi caso sobre unos 70 a 75 cm. Con un fusil o subfusil estándar, no hablo de armas especiales, la distancia suele estar, en mi caso, entre esa distancia y 50 cm con algunos subfusiles. 

"Pues vale ¿Y eso qué?" Preguntarán algunos, paciencia, a eso voy, pero primero comprueben Uds. ese dato. 

¿Lo han hecho?

Perfecto, continuo.

La longitud de las armas no varía dentro del mismo modelo, la verdadera variable está en la envergadura y tamaño de cada operador. Esta variable, respecto al uso del arma larga, afecta tanto en comodidad como en equilibrio. 

Permítanme un poco de personalismo, honestamente creo que solo debo hablar de lo que se y experimento, no presumiré, tranquilos, tan solo me usaré como conejillo de indias y blanco de chistes de tipos bajitos.

Mido 1.60 m de altura, mis brazos son relativamente cortos (sin el relativo en realidad). Un MP5 estándar, un M4 y un H&K G36K, por ejemplo, me ofrecen una longitud óptima de trabajo, y más si las culatas me permiten modificar su longitud para adaptarla a mi equipación puntual. 

No es lo mismo trabajar sin chaleco balístico que con él a la hora de apoyar la culata, con una simple camiseta o un chaquetón con relleno de plumas, como tampoco lo es llevar un chaleco interior bajo un traje de sastre que un chaleco exterior con placas. Cuando el fusil lo cambio por otros como el FN FAL, CETME C, G36E, etc., u otros modelos más bien largos, mis brazos necesitan ejercer más fuerza. Esto no es por el peso, que no varía tanto en realidad, se debe a la mayor longitud que obliga a mis bracitos de papa pitufo a extenderse más para generar la suficiente palanca de apoyo y sostén. Y es esa palanca más larga la que genera un mayor agotamiento.

Trabajando con compañeros/as más altos (lo normal en mi realidad, soy siempre el más bajo de cualquier grupo) observé que con el primer conjunto de armas, las más cortas, a veces su altura y envergadura les hacia tomar posiciones incómodas, demasiado encogidas, muy apretados y doblados respecto al cuerpo. No tenían posiciones de empuñe que les ayudará como con las armas más grandes, que a mí, por el contrario, me generan la dificultad que les comentaba anteriormente. 

Como todo, en el caso de los compañeros de estaturas más normales y en el mío, el entrenamiento tiende a subsanar estos condicionantes negativos.

Cuídense y cuiden de los suyos.

sábado, 3 de septiembre de 2022

La importancia de comprender, practicar e interiorizar las técnicas correctas.

La importancia de comprender, practicar e interiorizar las técnicas correctas.

Nota corta por Cecilio Andrade.

El combate, en todas sus versiones, situaciones y posibilidades, requiere una serie de mecanismos internos imprescindibles para un buen desempeño, Todos estos mecanismos internos contrariamente a lo que se cree son adquiridos, pero se apoyan en unos cimientos  innatos e instintivos inapelables. Es decir, debemos saber como reaccionaremos de forma innata para aprender a redirigir estos impulsos hacia la respuesta o acción más correcta para la supervivencia.


Nadie, de nuevo contrariamente a lo que se cree, nace con la habilidad innata de disparar “palos de trueno”. Con la habilidad de golpear de cualquier forma y con cualquier herramienta si nacemos la mayoría, ya que incluso empleando armas blancas no son más que extensiones de nuestros miembros naturales. Pero al disparar un arma de fuego sufrimos fogonazos, retrocesos, estampidos y exigencias de control fino, por si un combate ya fuera poca cosa. Nadie nace preparado para este tipo de “agresiones”, por lo que para manejarlas y sacarles ventaja debemos aprender a conocerlas perfectamente y acostumbrarnos deforma correcta a ellas. 


Lo natural es tratar de huir de las situaciones potenciales de riesgo lo más rápidamente posible, para protegernos y evitarlas si es factible. Este software instintivo viene programado desde antes del nacimiento incluso, con el cual cuando identificamos una fuente de riesgo de cualquier clase, actuará el reflejo que, en el mejor de los casos, nos ponga a salvo. Todos los seres vivos poseemos este instinto de protección de reaccionar ante estímulos ofensivos. 

  • Si resbalamos o nos empujan generamos resistencia para conservar el equilibrio.
  • Ante un resplandor cerramos los ojos.
  • Con un sonido fuerte tendemos a contorsionarnos de curiosas formas.

Con el tiempo acabamos cumpliendo el viejo refrán, “gato escaldado del agua fría huye”, e identificamos las posibles fuentes de riesgo anticipando nuestra reacción. Si en entrenamientos  de baja luminosidad el instructor busca siempre cegarnos con su linterna de un millón de lúmenes, o es ese “compañero” tan graciosillo que le encanta presumir y cegarnos con la misma linterna que usa el instructor, con muy pocas repeticiones y apenas estemos en situación, veamos o no la linterna, con seguridad estaremos entrecerrando los ojos y preparándonos a levantar las manos. 

Es obvio que cada ser humano es un caso único de circunstancias, capacidades y talentos, donde algunos vienen con más posibilidades que otros. Pero atentos al detalle y mucho cuidado con el mismo, el talento es sólo una mínima parte de un todo. Sin la motivación de una meta real, sin la disciplina de una personalidad firme, sin un trabajo técnico correcto e inteligente, sin el esfuerzo continuo de mejora, es imposible generar unos resultados sólidos. Cualquiera puede tener un día afortunado, después de todo un reloj estropeado dará la hora correcta dos veces al día, pero solo quienes trabajan y se esfuerzan están verdaderamente más cerca del éxito y de la supervivencia.


El profesional armado o el legítimo usuario con poco o nulo entrenamiento, sin importar la edad, los años de servicio o la “experiencia” adquirida en charlas de bar y con los repetidos visionados de “Harry el sucio” así como las distintas versiones de Youtube Academic Tactic-Cool, buscará vencer con el desconocimiento de la aplicación correcta de los reflejos que mencionaba.

  • Cerrará los ojos.
  • Encogerá el cuerpo.
  • Tensará todos los músculos posibles.
  • Doblará la muñeca que empuña.
  • No enfocará correctamente.
  • Se auto-asfixiará ya sea por dejar de respirar o por hiperventilar.
  • Se bloqueará y negará a reconocer que este realmente en combate vital.

En definitiva, buscará salir como sea del “lío” en el que se encuentra. Pero todos los reflejos reseñados hacen que cualquier proceso a nivel técnico que no haya realizado de forma correcta y repetida con anterioridad, sean ya imposibles en el instante en que está ejecutando su disparo. 


He visto a muchos profesionales y veteranos que aun después de muchos años cometen errores aparentemente mínimos, pero letales en una situación de combate. Por ejemplo, cierran los ojos en el momento del disparo y balancean la muñeca anticipando el retroceso del arma.  


Independientemente de la experiencia y veteranía todos debemos lidiar con diferentes inconvenientes cuando estamos bajo presión vital. La verdadera diferencia entre alguien correctamente entrenado y otro que no lo está, es que los primeros cometen errores más pequeños, más sutiles y con menos frecuencia. Pero lo cierto, nos guste o no reconocerlo, es que el error siempre formará parte de todo proceso.


Es por ello que es de suma importancia comprender, practicar e interiorizar las técnicas correctas con el objetivo de alcanzar la preparación necesaria y la ejecución precisa que se requiere para salir indemne de un combate.


Cuídense y cuiden de los suyos.