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domingo, 4 de enero de 2026

Equipo de Servicio. ¿Se me ve a la moda? Aunque no sea práctico.

Equipo de Servicio. ¿Se me ve a la moda? Aunque no sea práctico.

Por Cecilio Andrade.

“Elige un trabajo que te guste 

y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.

Confucio.


Vivimos en una época con una grave tendencia fanática, fomentada por la publicidad, por satisfacer necesidades no esenciales, típica de la actual sociedad de la "civilización de consumo". 

La idea principal es la convicción de que gastar dinero y consumir productos de lujo, de moda, que nos hagan llamativos, beneficia a nuestra autoestima.

La mayoría conocerán muchas de las frases y citas con las adorno el presente artículo, por no decir todo lo que publico o expreso pedante de mi, todas van de la mano siempre de lo que intento transmitirles. En este contexto la que sigue entrecomillas es mía 100%,  "lo cierto es que la inmensa mayoría tienen empleos que odian para comprar cosas que no necesitan”. 

Parafraseando una de monjes, no somos nuestro uniforme. No somos nuestra nómina. No somos la funda de pistola que portamos. No somos el parche con velcro que aun no tiene nadie más. No somos nuestros pantalones 5.11. Somos lo que hacemos, como lo hacemos y para que lo hacemos.

El mundo del profesional armado, uniformado o no, civil, militar o policial, es lo mismo que en toda la sociedad actual, pues obviamente procede de esa misma sociedad, consumir lo más cool y que nos haga parecer más a la moda táctica del momento. 

Camisas, pantalones, chaquetas, cinturones, fundas, accesorios mil, se adquieren y diseñan más por la apariencia del comprador que por la función. Se olvidan también, en aras de la moda, que lo que fue diseñado para una función determinada, quizás no sea tan eficaz en otras funciones, por más bien que nos haga ver. 


Sin duda la opinión de Claudia Bürk va al pelo de  lo que nos ocupa hoy, equipos de trabajo armado.


“El hombre se da a conocer de una forma errónea.

Se empeña en identificarse a través de su manera de consumir,

de hablar y de aparentar,

tal y como una moneda grande se distingue de una pequeña por su sonido.”  


Miyamoto Sensei y Sócrates, entre otros muchos, ya hablaron de la cuestión de la apariencia sobre lo práctico y lo útil...

 ¿Qué puede añadir un pobre "juntaletras quemapólvoras" como yo.


Las ciudades de todo el planeta están llenas de gente  

que va de un lugar a otro en vuelos baratos 

para comprar las mismas prendas 

que a diario puede ver expuestas 

en los comercios de la calle donde vive”. 

D. Arturo Pérez-Reverte.


Entonces... ¿qué porto?

Dos preguntas suelen asaltar a todo profesional armado en muchos momento de su trabajo...

 ¿Qué equipo debo portar?

¿Qué equipo puedo permitirme adquirir?

Cuantas veces tras ver algún tipo de equipo especializado en manos de un compañero, un programa documental, una revista técnica o en un catálogo, alguno no ha pensado algo como esto: "quiero eso, necesito eso, no puedo trabajar sin eso". 

Algo que suele acontecer más veces de las que uno mismo está dispuesto a reconocer. 

Asentando un poco más los pies en la tierra con una mirada a su anémica tarjeta de crédito, al menos la de la mayoría de los profesionales, y hay que decidir qué es posible y/o se debe comprar. 

Todo el equipo que vale la pena es caro ¿verdad que sí?

Pero no todo se necesita realmente, muchas cosas son adquiridas más por capricho o por imitación que por una necesidad real.

Lo más adecuado, cuando existe una duda sobre que prioridad debe darse a las compras, es formular, y contestar sinceramente, una serie de cuestiones.

      • ¿Para qué se necesita?
      • ¿Es posible hacer lo mismo con el equipo que ya se porta? 
        • ¿O hay que sustituirlo? 
        • ¿Es más seguro trabajar con el nuevo?
      • ¿Sabemos sacarle todo el partido a lo que ya se porta?
        • ¿O se está desperdiciando sus capacidades por un mal uso del mismo?
      • ¿Es un capricho o una necesidad?
      • ¿De verdad es necesario?
      • ¿No se necesitará antes otra cosa que no se posee y no es posible sustituir con nada más?

Contestar a estas cuestiones suele ayudar mucho, aunque es justo reconocer que no siempre, si lo será la mayoría de las veces.

Sobre todo hay que intentar pensar más en su efectividad que la opinión de un solo individuo, en su estética, su marca, fabricante, o, lo más habitual, que hipotéticas unidades de élite lo emplean.

Por otro lado, y centrándonos en la temática que es lo que nos ocupa, ¿cuántas veces no se ponen mil y una excusas para no reconocer la propia incapacidad de mejora?

"Es que el color de la mira me deslumbra"

"Es que el disparador es 10 gramos más duro que el que yo estoy acostumbrado a emplear"

"Es que yo con esta funda no puedo disparar en condiciones"

"Es que... .... .... ..."

Mil y una... o más.

Pero con paciencia, una buena relación de humildad, entrenar eficazmente con asiduidad y una economía esmirriada, se consigue milagros.

Palabra.

Ésa es la materia de la que están hechos los sueños, 
y los cuentos de hadas, de una sociedad de consumidores: 

transformarse en un producto deseable y deseado.

Zigmunt Bauman.

Fundas de servicio... a modo de ejemplo.

Otra pregunta muy habitual en el mundillo del profesional armado es sobre qué funda se considera mejor para servicio, algo sobre lo que hay muchas opiniones. 

Opiniones a veces contradictorias, pero todas ellas suelen ser correctas según quien emplee un modelo u otro y en qué situaciones.

Independiente de la uniformidad marcada por cada departamento, la verdad es que el decir que una funda externa u otra es mejor o peor ciertamente es algo a considerar un poco… cuando menos, arriesgado.

Veamos por qué de ese riesgo contestando a un sencillo cuestionario.

Servicio:

      • ¿Patrulla a pie?
      • ¿En automóvil?
      • ¿En motocicleta?
      • ¿A caballo?
      • ¿En bicicleta?
      • ¿Funciones administrativas?
      • ¿De uniforme o paisano?

Imagen: 

      • ¿Qué imagen está obligado a dar por normas internas a la ciudadanía?
      • ¿Más o menos agresiva?

Capacidad: 

      • ¿Qué habilidad técnica posee?

Destino:

      • ¿Pertenece a una unidad táctica?
      • ¿O realiza servicios de calle?
      • ¿Tiene funciones administrativas?
      • ¿De investigación?

Otros equipos: 

      • ¿Qué otra equipación porta?

Riesgo:

      • ¿Qué nivel de riesgo existe en su zona? 
      • O mejor dicho ¿qué riesgos es probable que tenga que enfrentar y/o asumir?

Esos seis puntos, con sus matices detallados son quizás los principales, pero seguro que si cualquier profesional con un mínimo de sentido común se detiene un momento a pensar sacaría unos cuantos más.

Un séptimo punto a tener en cuenta sería...

 ¿Cuál es su estructura física?

        • ¿Grueso?
        • ¿Delgado?
        • ¿Atlético? 

Algo que puede dificultar o favorecer la extracción y enfunde del arma.

Las caderas, la barriga, etc. pueden ser un obstáculo si se empeña uno en hacer las cosas de la misma forma y con el mismo equipo que ese compañero que es tan delgado. Cada individuo es un mundo en sí, con sus propios problemas y sus propias características personales, que le marcaran sus pautas y formas de trabajo.

Los punto anteriores son los que definirán qué funda es mejor, cuál le puede sacar de cualquier apuro en el trabajo, cual le ayudará en algunos pero no en todos, y cuál le facilitará simplemente la portación del arma.

Particularmente no es buena cosa implicarse en marcas, aunque si en modelos y tipos. Un criterio a la hora de seleccionar una funda, y tras evaluar los puntos anteriores podría ser el siguiente:

      • Debe permitir el acceso al arma de forma rápida, cómoda y segura, para ello debe estar de forma natural frente a la mano, no debe necesitarse mirar hacia la funda para extraer el arma, si el servicio es habitualmente en algún tipo de móvil ayuda mucho que pueda permitir moverla o modificar ángulos.
      • Que permita portar el arma de forma cómoda y sin que provoque mayor cansancio o incomodidad. Si el trabajo diario es agotador en sí mismo no debe ayudar a ello.
      • No debe deformarse ni por el uso diario ni por el enfunde. 
        • Si esto ocurre puede suceder que se necesiten las dos manos para simplemente introducir el arma en la funda y no digamos para asegurarla con su clip. 
        • Imaginemos un caso en el que se han escuchado disparos dentro de una casa, se entra arma en mano, y en un determinado momento es agredido por una persona histérica pero desarmada, el tener el arma en la mano es un riesgo inútil, la guardará, pero si debe utilizar las dos manos para ello, no solo es seguro que resultara golpeado por la persona, si no que puede perder su arma. 
        • Es aconsejable que su funda permita introducir el arma y asegurarla con una sola mano y un solo gesto. 
        • Teniendo una mano mientras para frenar la agresión, y al momento la otra, libre de arma para controlar y reducir.
      • Fundas demasiado salidas fuera del cuerpo provocan múltiples enganchones que cansan, agotan, retiran nuestra atención de lo importante en determinados momentos y acaban rompiendo la funda en sí, aparte que pueden favorecer el agarrón de un desaprensivo y que logre llevársela, existen casos de arrancar el arma con la funda, rompiendo el enganche del cinturón y desarmando al agente. 
        • Pero las demasiado pegadas rozan, dificultan la extracción en determinados casos y siempre entorpecen el guardar el arma con una mano. 
        • Un término medio es siempre lo mejor.
      • ¿De cadera o de muslo? Si se porta chaleco porta-equipo, funda de muslo, si no de cadera. 
        • Hay fundas que permiten ambas funciones con el añadido de un pequeño accesorio. 
        • Tienen la ventaja de que el gesto de desenfundar y desbloquear el arma son los mismos, solo que uno más abajo que otro, con lo cual la instrucción y adiestramiento es más sencilla y cómoda.

Todo lo anterior, a grosso modo, es solo un criterio personal.

Como puede verse no se entra en modelos ni marcas, sino en evaluaciones y estudios de aplicación y empleo.

Lo mejor es estudiar siempre caso a caso, y definir cuál es la mejor para cada función.

Ahora bien, si estamos acostumbrados a un tipo de funda, y de repente se cambia a la maravillosa y estupenda funda “X”, no se puede pretender mantener la misma habilidad que la adquirida con la del modelo más pobre usada durante años. 

El mejor ejemplo es compararlo con un conductor que tras diez años con el mismo vehículo compra uno mejor, se le ahoga, va a tirones, le cuesta aparcar..

¿Les suena familiar?

¿No sabe conducir ya?

¿El vehículo es peor?

Simplemente ha cambiado todo lo que ya tenía aprendido de forma instintiva y natural.

La habilidad se genera entrenando con esa funda, si tras un tiempo con ella no hay mejoría, o una de dos, o esa funda no es práctica o la técnica es la que no es válida, nunca hay que pensar simplemente en falta de capacidad intelectual o motriz.

No es buena cosa dudar de la pericia profesional, como ya se vio en textos anteriores, los accesorios no dan habilidad, pueden ayudar a esa habilidad adquirida, con horas y horas de trabajo exigente, pero una funda no nos hará mejorar sin más.

Solo tres cosas lo hacen.

Trabajo, trabajo y trabajo.

Centroamérica, Diciembre 2018

domingo, 21 de septiembre de 2025

Teorías sobre el ritmo y el control del disparador... ¿todo en uno?

Teorías sobre el ritmo y el control del disparador... ¿todo en uno?

Por Cecilio Andrade.


"La vida se trata de ritmo. 

Vibramos, nuestros corazones bombean sangre, 

somos una máquina de ritmo, eso es lo que somos. 

Acción y reacción, flujo y reflujo, ensayo y error, cambio: 

este es el ritmo de la vida". 

 Autoría desconocida.


El ritmo... ese desconocido factor tan cotidiano.

El ritmo es crucial para la vida porque organiza cuerpo y mente, desde los latidos del corazón hasta el ciclo de sueño y vigilia, y desde la formación de hábitos hasta el aprendizaje y el movimiento.

Establece un sentido de orden, seguridad y bienestar, influyendo en la salud física y mental al sincronizar nuestras funciones internas con el entorno y facilitando la coordinación motora, la expresión creativa y la resiliencia frente al estrés.

Con tres factores principales a considerar subdivididos a su vez en otros tres contextos, ... para con todo ello crear nuestro propio Valknut del ritmo en nuestra vida cotidiana y, obviamente, al contexto del profesional armado.


Salud y bienestar.

      • Ritmos biológicos:
          • Nuestro cuerpo opera con ritmos circadianos que regulan la digestión, temperatura corporal, metabolismo y sueño, todo esencial para la salud y la energía.
      • Salud cardiovascular:
          • Las actividades rítmicas, como bailar, mejoran la circulación sanguínea y fortalecen el corazón al elevar el ritmo cardíaco, mejorando la salud general. 
      • Bienestar mental y emocional:
          • El ritmo, especialmente a través de la música y la danza, libera endorfinas que reducen el estrés, mejoran el estado de ánimo y fomentan la creatividad. 


Desarrollo y aprendizaje.

      • Habilidades cognitivas:
          • El ritmo es fundamental para el aprendizaje y la memoria; la repetición rítmica nos permite formar hábitos y retener información. 
      • Coordinación motriz:
          • El movimiento rítmico mejora la coordinación, el equilibrio y el control del cuerpo, habilidades clave para tareas motoras finas y gruesas. 
      • Orden y seguridad:
          • Los niños se benefician del ritmo al comprender los ciclos del día, la semana y el año, lo que les brinda una estructura y un sentido de seguridad. 


Integración y expresión

      • Conexión mente-cuerpo:
          • El ritmo, a través de la danza y el movimiento, ayuda a integrar los hemisferios cerebrales, lo que lleva a una mejor escucha, comprensión y retención de conceptos. 
      • Expresión artística y social:
          • El ritmo permite expresar ideas, emociones y sentimientos a través del movimiento, el canto y otras formas de arte, facilitando la interacción y la comunicación. 
      • Fomento de la creatividad:
          • El juego rítmico y la danza son herramientas para desarrollar la creatividad y la autoexpresión, elementos vitales para el bienestar personal.


El ritmo... táctico.

Buscar un ritmo para empuñar un arma, manipularla, disparar con eficacia y precisión, subsanar interrupciones, y todo ello mientras nos movemos y analizamos el entorno, no solo no es fácil sino que el más mínimo error desencadena una cadena de eventos de consecuencias potencialmente letales.

Moverse sin lograr controlar el disparo es una condena segura, tanto a nivel legal como ético y moral. Por eso debemos buscar el esmerado control del disparador, del movimiento seguro, del control firme, y todo ello siempre bajo los principios de ritmo, fluidez y precisión... 

¿Difícil? 

Quizá. 

De todas formas piensen una cosa...


 “Si fuese fácil lo haría cualquiera”.


El punto crítico de un disparo preciso, y probablemente el más importante, es el control del disparador, de la palanca de disparo, o, más comúnmente denominado, gatillo. 

Un buen control del mismo permite realizar el disparo, o disparos, sin que afecte en modo alguno al seguimiento de los elementos de puntería. 

Pulsando suavemente hacia atrás, sin brusquedades, y sin ningún tipo de presión angular que afecte a la alineación del arma con el blanco. 

Es muy importante saber que la suavidad da precisión, y que suavidad, correctamente aplicada, jamás implica lentitud. 

Dos son los elementos clave para un perfecto control...

      • Correcta colocación del dedo.
      • Correcta presión ejercida, ni excesiva ni brusca. 


El dedo.

Las dos cuestiones comentadas depende de varios factores, donde uno de los principales, entre otros, es el sistema de disparo del arma, simple acción, doble acción, DAO, etc. 

De forma general, independientemente del sistema, la colocación del dedo debe permitir una presión totalmente paralela al eje longitudinal del arma, sin provocar desviación lateral alguna al presionar.

Empuñando con la mano derecha, introducir demasiado el dedo suele generar disparos desviados hacia la derecha, por el contrario, si solo es la punta del dedo la que presiona el disparador, el disparo tiende a ir hacia la izquierda. Si el tirador fuese zurdo las variaciones se invierten. 

Ahora bien, exactamente ¿qué parte del dedo debe ejercer esa presión?

Según el tipo de arma o, siendo más exacto y correcto, según el sistema de disparo del arma, apoyaremos una zona u otra del dedo. 

      • Para armas de simple acción lo más recomendable y común es apoyar el centro de la yema del dedo. 
      • Para armas de doble acción, en las que se requiere realizar una presión mayor y más prolongada, lo aconsejable es apoyar la articulación de la tercera y segunda falange, distal y media o, para los que somos más viejos, falangeta y falangina. 
      • En armas con sistemas del tipo DAO o similar, al no necesitar tanta presión como en doble acción, pero algo más que en simple acción, se suele aconsejar apoyar una zona entre la yema y la articulación. 


Es evidente que todo lo anterior depende de más factores, como puede ser el tamaño del arma respecto a la mano que la empuña, los kilos de presión del disparador o el nivel de adiestramiento del tirador, entre otros.


Reacciones instintivas... y la sorpresa.

Para el actual cerebro humano, no muy distinto operativamente del de nuestros ancestros homínidos, no lo olvidemos, golpear, lanzar piedras o palos es algo sumamente sencillo, asumible, básico y natural. Pero...

Siempre tengo un pero en la recámara ¿verdad?

... es evidente que una explosión en el extremo de la mano es algo, cuando menos, antinatural. 

Es por ello que cuando disparamos el cerebro tiende a buscar alejarnos de esa explosión, cerrando los ojos, haciendo que nos encojamos, nos tensa excesivamente, por nombrar algunas de las cosas a las que nos obliga. Todo esto, uno a uno o en conjunto, provoca errores de precisión en los disparos, algo evidente sin duda. 

¿Podemos evitarlo? 

Y si es un sí ...

¿Cómo podemos entrenarnos para evitar esas reacciones?

La verdad es que sí es posible, con una técnica tan antigua como sencilla, el disparo por sorpresa.

Casi el 100% de los tiradores la conocen, se les ha explicado en alguna fase de su adiestramiento aquello de “el disparo debe sorprenderte”, si bien en la fase de iniciación y precisión es fundamental esta técnica de aprendizaje, también nos ayuda a corregir ese instinto erróneo que he comentado en tiradores más "expertos".

La definición rápida de un disparo por sorpresa sería algo como lo que sigue.


"Debemos presionar conscientemente el disparador, notando los clics de los pasos del mismo, pero sin detenernos a pensar en ello, manteniendo la atención totalmente centrada en los elementos de puntería respecto al blanco, en su correcta alineación, aplicando una presión constante, homogénea y suave, hasta que en un momento dado, ¡BANG!, se “escapa” el disparo."


Compárenlo con la aplicación de un colirio. Cuando colocamos el pequeño bote sobre el ojo, primero se debe visualizar el agujero del gotero de forma correcta y centrada, tras lo cual se presiona poco a poco hasta que una gota cae “por sorpresa” en el ojo. Si la alineación no es la correcta la gota probablemente no alcanzará el ojo. Pero si ejercemos una presión excesiva o irregular, las gotas, cuando no el chorro, alcanzarán definitivamente cualquier lugar menos nuestro ojo.

En esta técnica, tanto durante la fase de aprendizaje como en la de corrección, es importante que el disparo no se pueda prever, sabiendo que se producirá el disparo, pero no el instante exacto del mismo. Buscando que el disparo surja de forma imprevista. 

Si ello no es así, el ejercicio no servirá de nada, al menos respecto a lo que buscamos corregir. 

Con este simple y sencillo ejercicio corregiremos no solo los efectos reactivos adversos, cerrar ojos, presión excesiva del arma, etc. sino además otro fenómeno negativo anexo, el denominado gatillazo, el indeseado e impreciso disparo fruto de una contracción brusca del dedo.

Mientras mantengamos nuestra concentración en la alineación correcta del alza y el punto de mira sobre un punto concreto del blanco, la mente no podrá definir cuando la presión ejercida sobre el disparador soltará el disparo. 

Se concentrará en la puntería olvidando la explosión que se producirá, con lo cual se perderá, poco a poco, el miedo instintivo al disparo, mejorando la capacidad de alcanzar un blanco con precisión y eficacia, sin perderlo en ningún momento de vista. 

La mente humana está programada para poder concentrarse y enfocarse con precisión y exactitud en un único objeto o acción en concreto, ni una sola cosa más.

Bajo presión esta capacidad se agudiza.


De la adaptación a la realidad de supervivencia.

Evidentemente el ejercicio anterior no es válido para trabajar y entrenar una acción defensiva o de combate, no es posible perder tanto tiempo en realizar un disparo cuando la propia vida, o la de terceros, está en riesgo. 

De todas formas, en estas situaciones, la atención siempre estará por instinto en el blanco, jamás en el disparador. 

Es por ello que si se ha entrenado previamente de forma correcta el movimiento del dedo, bajo estrés este actuará de idéntica forma, solo que más rápido. Y aquí es donde entra en juego ese factor tan importante, y también menospreciado tan a menudo en el tiro defensivo y de combate, el control del disparador o gatilleo.

El gatilleo consiste en identificar los distintos pasos o tiempos que realiza el disparador antes de que se produzca el disparo. 

Esto permite conocer cuanto recorrido mínimo debemos soltar el disparador para que vuelva a armarse el sistema de disparo tras una acción de fuego, y poder volver a presionarlo para repetir el disparo. Es evidente que cuanto menor sea el recorrido del disparador, menor será el movimiento del arma, y por tanto menor la posibilidad de errar.

Al disparar un arma esta se eleva, mientras mantenemos la atención en recuperar la alineación con el blanco, sobre todo del punto de mira, el dedo no debe soltar el disparador. Mientras el retroceso siga actuando mantendremos esa presión. 

Una vez recuperada la alineación de los elementos de puntería soltaremos ligeramente el disparador lo justo y preciso para que el sistema vuelve a armarse posibilitando otro disparo.

Con el tiempo, y práctica, podremos soltar el disparador lo justo y necesario a la vez que el arma recupera su alineación.

¿Cuándo ocurre esto? 

En la mayoría de las armas modernas basta con soltar un par de milímetros el disparador, notándose un ligero “clic” sonoro, y vibrante, que lo identifica, tras lo cual es posible volver a presionarlo para repetir el disparo. 

Evidentemente en una acción real no podemos estar pendientes de detectar u oír ese “clic” característico, es algo a entrenar previamente, para que en la cruda y dura realidad surja de forma natural e instintiva. 


No entrenar este punto genera que el dedo suelte en exceso el disparador, con lo cual, no solo el arma se moverá en exceso antes y durante cada disparo, sino que además se perderá un tiempo precioso y vital.

Todo esto no es un secreto de grandes, ni pequeños, maestros. Todo lo contrario, es algo que casi todo tirador, del tipo que sea, comenta hasta la saciedad.

Pese a ello muy pocos lo entrenan debidamente y aun menos comprenden su enorme relevancia.


Educando el dedo.

Es con toda certeza el entrenamiento más importante así como el menos desarrollado, habitualmente. Su relevancia, entrenar el dedo de forma correcta, la baso en una regla de seguridad que considero fundamental, como estoy seguro que harán la mayoría de los lectores.

Mis propias experiencia, tanto las positivas como las negativas, me han marcado tajantemente en este aspecto. 

“Hasta que no tengas el objetivo en tus miras no pongas el dedo en el disparador”.


¿Y que razónes científicas podemos aportar para constatar esta cuestión como de especial relevancia? 

La razón es consecuencia del fenómeno denominado “Interacción Entre Miembros”. 

Termino que describe la contracción instintiva de los músculos, de la mano principalmente, en situaciones de estrés.

Este fenómeno se subdivide en tres factores o respuestas interconectadas.

      • Respuesta de Pérdida de Equilibrio.
      • Respuesta de Presión Simpática.
      • Respuesta Sorpresiva.

Respuesta de Pérdida de Equilibrio.

En cualquier acción de combate, defensiva u operativa, es muy común pisar un suelo de superficie inestable o deslizante, vidrios, canicas, aceite, escalones, etc. 

Perder el equilibrio, tambalearnos, llegar incluso a caer, es un factor mucho más sencillo y común de sufrir de lo que se suele plasmar en entrenamientos.

En estos casos la respuesta instintiva es bajar el centro de gravedad mientras se tensan todos los músculos del cuerpo. 

Con ello buscamos recuperar el equilibrio y minimizar los daños en la caída si no lo logramos.

¿Qué ocurrirá si el dedo está apoyado sobre el disparador?

Probablemente un peligroso, sonoro, indeseado y, sobre todo, incontrolado y negligente...


 ¡¡¡BANG!!!


Respuesta de Presión Simpática.

Piensen una cuestión, de nuevo en una reacción defensiva o acción operativa...

¿Cuántos gestos bruscos, o de fuerza, realizarán con una mano mientras la otra empuña un arma? 

¿Muchos?

¿Pocos?

¿Algunos?

¿Ninguno?

Imaginemos varios casos. 

A un policía o militar en plena entrada en una habitación un civil desarmado y aterrorizado se le arroja encima obligando a apartarlo con brusquedad para encarar el objetivo real. 

Un escolta protegiendo a su VIP, o una madre armada protegiendo a sus hijos, apartan de la línea de ataque al VIP o sus retoños con un gesto brusco de fuerza. 

Desarrollen más supuestos si lo desean, el concepto creo que está claro. 

En cualquiera de esos casos una mano realiza un gesto brusco o de fuerza, mientras la otra, la que empuña el arma, por reflejo realizará una presión similar.

Si el dedo está de nuevo sobre el disparador...

¿Qué creen que es lo más probable que ocurra? 


¿BANG?


Respuesta Sorpresiva.

Para todos es muy común, no lo nieguen, que encontrándose en el propio, confiable, seguro y conocido hogar, vayamos con la mente en cualquier otro planeta, muy lejos del que sus pies pisan. 

Lo preocupante es que muchos profesionales también lo hacen en la calle y trabajando, pero eso es otro tema. 

De repente nos sobresaltamos de forma exagerada ante un hijo, nuestra esposa o esposo, una voz a la espalda, un sonido fuerte, etc. 

¿Quien no se ha encontrado alguna que otra vez, en situaciones como las descritas, prácticamente saltando hasta el techo y con las pulsaciones descontroladas? 

No es miedo, ni algo negativo o malo, no somos cobardes ni asustadizos, es la reacción instintiva de nuestro organismo ante una sorpresa, es lo que familiarmente se denomina un “susto”. 

Una simple y fundamental respuesta de alerta de nuestro organismo. Natural, sana y a nivel evolutivo absolutamente imprescindible para poder sobrevivir como especie.

Ahora sumérjanse en alguno de estos escenarios, en una acción, defensiva u operativa, con todo el subidón fisiológico, psicológico y neuronal que ello conlleva, donde un simple gato aparece por donde no lo esperabamos, una bocina suena bruscamente, alguien grita de miedo o dolor desde un lugar imprevisto, incluso nuestro propio teléfono móvil comienza a vibrar, en resumen algo nos sorprende. 

Si en estas circunstancias, mientras sufrimos esa sorpresa, y susto, el dedo está encima del disparador... 

¿Qué probabilidades creen que tenemos de que no se produzca un disparo indebido?

¿De nuevo....?


 ¡¡¡BANG!!!



Nadie es más rápido en disparar por llevar el dedo en el disparador, tan solo es más rápido en disparar cuando no debe, hacia donde no debe y hacia quien no debe.


Velocidad versus control.

¿A qué velocidad se debe realizar todo lo comentado? 

Sin correr, a una velocidad tal que se pueda gestionar con seguridad todos y cada uno de los pasos a ejecutar, con un ritmo repetible y controlable. 

Todos erramos, y entrenar con errores es entrenar el error, no lo olviden. Jamás debemos descuidar la seguridad. Nunca lo hagan, ni en sus planificaciones, ni en sus adiestramientos, ni en su trabajo. Siempre entrenen con seguridad, con lo que solo sabrán trabajar con seguridad.

Estudiar y comprender es la obligación de todo profesional armado o legítimo usuario. 

Portar un arma no es un simple capricho del ego, sino que el porte debe buscar servir y proteger, algo que debe hacerse desde la profesionalidad y la dedicación. 

Al fin y al cabo esa es la diferencias clave de los buenos respecto a los malos, profesionalidad y dedicación.

Busquen en todos sus entrenamientos, en seco y con fuego real, tácticos o en FonF, defensivos o reactvos, etc. desglosar secuencias de ejercicios que busquen poder educar, entrenar y controlar eficazmente esa parte de nuestra anatomía, el dedo, que siempre damos por controlada y educada. 

Si es cierto o no de ustedes dependerá siempre.


La digresión a modo de epílogo pedante que que ya nunca falta...

Empezando fuerte este epílogo, Leonardo da Vinci nos legó tanto que resulta casi imposible encontrar un campo del saber donde no podamos encontrar alguna enseñanza; y en la cita que sigue tenemos una de sus máximas que podemos aplicar a la vida, en cualquiera de sus ámbitos. 


“El placer más noble es el júbilo de comprender”.


Que muy fácil es encadenar a Leonardo con Horacio cuando nos dice...


“Gobierna tu mente, o ella te gobernará a ti”. 


Y con Goethe...


“Las experiencias nos muestran tal como somos,

nos hacen ver nuestros propios defectos”.  


Necesitamos comprender para actuar, actuar para experimentar, experimentar para aprender, aprender para comprender

Y en todo ello necesitamos ritmo.

El ritmo está en todo, insisto, la vida es ritmo, y no hablo de bailar ni música, al fin y al cabo tengo dos pies izquierdos para el baile, y un oido que no pasa de discernir entre un “do” y un disparo de AK47. 

La importancia del ritmo nos lo recalcan grandes expertos de todos los campos.  

Por ejemplo recuerdo que Fritz Lang, el gran director de “Metrópolis” entre otras obras meritorias, escribió...


Cada película tiene una especie de ritmo que sólo el director puede darle.

Tiene que ser como el capitán de un barco”. 


El intelectual argentino Julio Cortazar en su “Bestiario” matizó que... 


“Las costumbres, André, son formas concretas del ritmo,

son la cuota de ritmo que nos ayuda a vivir”. 


Un novelista como Jerzy Kosinski...


 “Lo único importante era seguir su propio ritmo,

como las plantas en su crecimiento”. 


Incluso una autora moderna de literatura juvenil como Jandy Nelson nos dejó que  


“Encuentra el ritmo y no lo dejes escapar”.


El ritmo es tan importante en la supervivencia de un profesional armado como en la de un empresario.

¿No me creen?

 Tan solo recuerden que los maestros Sun, tanto Sun Wu (Tzu) como su descendiente Sun Bin, son utilizados tanto por estrategas y tácticos como por grandes ejecutivos. 

Jack Welch, escritor y empresario de éxito, escribió...


“Cuando el ritmo de cambios dentro de la empresa es superado por el ritmo de cambios fuera,

el final está cerca.” 


¿Pueden aplicarlo al combate? 

Seguro que sí.

Pero déjenme regresar a terrenos más firmes, para mi al menos. 

Miyamoto Musashi sabe poner, como siempre, la guinda perfecta, a todas las citas anteriores, cuando nos dice y confirma con dos grandes aforismos...


 “En cualquier arte y en cualquier ciencia no debe ignorarse el ritmo”.


“La desintegración es algo que le sucede a todas las cosas.

Cuando se desploma un caballo, una persona o un adversario, 

se desmoronan del ritmo del tiempo”.



En fin… ¿qué tal si buscamos ese ritmo?


Cuídense y cuiden de los suyos.


Agrigento, Italia, Julio 2025.