Equipo de Servicio. ¿Se me ve a la moda? Aunque no sea práctico.
Por Cecilio Andrade.
“Elige un trabajo que te guste
y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.
Confucio.
Vivimos en una época con una grave tendencia fanática, fomentada por la publicidad, por satisfacer necesidades no esenciales, típica de la actual sociedad de la "civilización de consumo".
La idea principal es la convicción de que gastar dinero y consumir productos de lujo, de moda, que nos hagan llamativos, beneficia a nuestra autoestima.
La mayoría conocerán muchas de las frases y citas con las adorno el presente artículo, por no decir todo lo que publico o expreso pedante de mi, todas van de la mano siempre de lo que intento transmitirles. En este contexto la que sigue entrecomillas es mía 100%, "lo cierto es que la inmensa mayoría tienen empleos que odian para comprar cosas que no necesitan”.
Parafraseando una de monjes, no somos nuestro uniforme. No somos nuestra nómina. No somos la funda de pistola que portamos. No somos el parche con velcro que aun no tiene nadie más. No somos nuestros pantalones 5.11. Somos lo que hacemos, como lo hacemos y para que lo hacemos.
El mundo del profesional armado, uniformado o no, civil, militar o policial, es lo mismo que en toda la sociedad actual, pues obviamente procede de esa misma sociedad, consumir lo más cool y que nos haga parecer más a la moda táctica del momento.
Camisas, pantalones, chaquetas, cinturones, fundas, accesorios mil, se adquieren y diseñan más por la apariencia del comprador que por la función. Se olvidan también, en aras de la moda, que lo que fue diseñado para una función determinada, quizás no sea tan eficaz en otras funciones, por más bien que nos haga ver.
Sin duda la opinión de Claudia Bürk va al pelo de lo que nos ocupa hoy, equipos de trabajo armado.
“El hombre se da a conocer de una forma errónea.
Se empeña en identificarse a través de su manera de consumir,
de hablar y de aparentar,
tal y como una moneda grande se distingue de una pequeña por su sonido.”
Miyamoto Sensei y Sócrates, entre otros muchos, ya hablaron de la cuestión de la apariencia sobre lo práctico y lo útil...
¿Qué puede añadir un pobre "juntaletras quemapólvoras" como yo.
“Las ciudades de todo el planeta están llenas de gente
que va de un lugar a otro en vuelos baratos
para comprar las mismas prendas
que a diario puede ver expuestas
en los comercios de la calle donde vive”.
D. Arturo Pérez-Reverte.
Entonces... ¿qué porto?
Dos preguntas suelen asaltar a todo profesional armado en muchos momento de su trabajo...
¿Qué equipo debo portar?
¿Qué equipo puedo permitirme adquirir?
Cuantas veces tras ver algún tipo de equipo especializado en manos de un compañero, un programa documental, una revista técnica o en un catálogo, alguno no ha pensado algo como esto: "quiero eso, necesito eso, no puedo trabajar sin eso".
Algo que suele acontecer más veces de las que uno mismo está dispuesto a reconocer.
Asentando un poco más los pies en la tierra con una mirada a su anémica tarjeta de crédito, al menos la de la mayoría de los profesionales, y hay que decidir qué es posible y/o se debe comprar.
Todo el equipo que vale la pena es caro ¿verdad que sí?
Pero no todo se necesita realmente, muchas cosas son adquiridas más por capricho o por imitación que por una necesidad real.
Lo más adecuado, cuando existe una duda sobre que prioridad debe darse a las compras, es formular, y contestar sinceramente, una serie de cuestiones.
- ¿Para qué se necesita?
- ¿Es posible hacer lo mismo con el equipo que ya se porta?
- ¿O hay que sustituirlo?
- ¿Es más seguro trabajar con el nuevo?
- ¿Sabemos sacarle todo el partido a lo que ya se porta?
- ¿O se está desperdiciando sus capacidades por un mal uso del mismo?
- ¿Es un capricho o una necesidad?
- ¿De verdad es necesario?
- ¿No se necesitará antes otra cosa que no se posee y no es posible sustituir con nada más?
Contestar a estas cuestiones suele ayudar mucho, aunque es justo reconocer que no siempre, si lo será la mayoría de las veces.
Sobre todo hay que intentar pensar más en su efectividad que la opinión de un solo individuo, en su estética, su marca, fabricante, o, lo más habitual, que hipotéticas unidades de élite lo emplean.
Por otro lado, y centrándonos en la temática que es lo que nos ocupa, ¿cuántas veces no se ponen mil y una excusas para no reconocer la propia incapacidad de mejora?
"Es que el color de la mira me deslumbra"
"Es que el disparador es 10 gramos más duro que el que yo estoy acostumbrado a emplear"
"Es que yo con esta funda no puedo disparar en condiciones"
"Es que... .... .... ..."
Mil y una... o más.
Pero con paciencia, una buena relación de humildad, entrenar eficazmente con asiduidad y una economía esmirriada, se consigue milagros.
Palabra.
“Ésa es la materia de la que están hechos los sueños,
y los cuentos de hadas, de una sociedad de consumidores:
transformarse en un producto deseable y deseado.”
Zigmunt Bauman.
Fundas de servicio... a modo de ejemplo.
Otra pregunta muy habitual en el mundillo del profesional armado es sobre qué funda se considera mejor para servicio, algo sobre lo que hay muchas opiniones.
Opiniones a veces contradictorias, pero todas ellas suelen ser correctas según quien emplee un modelo u otro y en qué situaciones.
Independiente de la uniformidad marcada por cada departamento, la verdad es que el decir que una funda externa u otra es mejor o peor ciertamente es algo a considerar un poco… cuando menos, arriesgado.
Veamos por qué de ese riesgo contestando a un sencillo cuestionario.
Servicio:
- ¿Patrulla a pie?
- ¿En automóvil?
- ¿En motocicleta?
- ¿A caballo?
- ¿En bicicleta?
- ¿Funciones administrativas?
- ¿De uniforme o paisano?
Imagen:
- ¿Qué imagen está obligado a dar por normas internas a la ciudadanía?
- ¿Más o menos agresiva?
Capacidad:
- ¿Qué habilidad técnica posee?
Destino:
- ¿Pertenece a una unidad táctica?
- ¿O realiza servicios de calle?
- ¿Tiene funciones administrativas?
- ¿De investigación?
Otros equipos:
- ¿Qué otra equipación porta?
Riesgo:
- ¿Qué nivel de riesgo existe en su zona?
- O mejor dicho ¿qué riesgos es probable que tenga que enfrentar y/o asumir?
Esos seis puntos, con sus matices detallados son quizás los principales, pero seguro que si cualquier profesional con un mínimo de sentido común se detiene un momento a pensar sacaría unos cuantos más.
Un séptimo punto a tener en cuenta sería...
¿Cuál es su estructura física?
- ¿Grueso?
- ¿Delgado?
- ¿Atlético?
Algo que puede dificultar o favorecer la extracción y enfunde del arma.
Las caderas, la barriga, etc. pueden ser un obstáculo si se empeña uno en hacer las cosas de la misma forma y con el mismo equipo que ese compañero que es tan delgado. Cada individuo es un mundo en sí, con sus propios problemas y sus propias características personales, que le marcaran sus pautas y formas de trabajo.
Los punto anteriores son los que definirán qué funda es mejor, cuál le puede sacar de cualquier apuro en el trabajo, cual le ayudará en algunos pero no en todos, y cuál le facilitará simplemente la portación del arma.
Particularmente no es buena cosa implicarse en marcas, aunque si en modelos y tipos. Un criterio a la hora de seleccionar una funda, y tras evaluar los puntos anteriores podría ser el siguiente:
- Debe permitir el acceso al arma de forma rápida, cómoda y segura, para ello debe estar de forma natural frente a la mano, no debe necesitarse mirar hacia la funda para extraer el arma, si el servicio es habitualmente en algún tipo de móvil ayuda mucho que pueda permitir moverla o modificar ángulos.
- Que permita portar el arma de forma cómoda y sin que provoque mayor cansancio o incomodidad. Si el trabajo diario es agotador en sí mismo no debe ayudar a ello.
- No debe deformarse ni por el uso diario ni por el enfunde.
- Si esto ocurre puede suceder que se necesiten las dos manos para simplemente introducir el arma en la funda y no digamos para asegurarla con su clip.
- Imaginemos un caso en el que se han escuchado disparos dentro de una casa, se entra arma en mano, y en un determinado momento es agredido por una persona histérica pero desarmada, el tener el arma en la mano es un riesgo inútil, la guardará, pero si debe utilizar las dos manos para ello, no solo es seguro que resultara golpeado por la persona, si no que puede perder su arma.
- Es aconsejable que su funda permita introducir el arma y asegurarla con una sola mano y un solo gesto.
- Teniendo una mano mientras para frenar la agresión, y al momento la otra, libre de arma para controlar y reducir.
- Fundas demasiado salidas fuera del cuerpo provocan múltiples enganchones que cansan, agotan, retiran nuestra atención de lo importante en determinados momentos y acaban rompiendo la funda en sí, aparte que pueden favorecer el agarrón de un desaprensivo y que logre llevársela, existen casos de arrancar el arma con la funda, rompiendo el enganche del cinturón y desarmando al agente.
- Pero las demasiado pegadas rozan, dificultan la extracción en determinados casos y siempre entorpecen el guardar el arma con una mano.
- Un término medio es siempre lo mejor.
- ¿De cadera o de muslo? Si se porta chaleco porta-equipo, funda de muslo, si no de cadera.
- Hay fundas que permiten ambas funciones con el añadido de un pequeño accesorio.
- Tienen la ventaja de que el gesto de desenfundar y desbloquear el arma son los mismos, solo que uno más abajo que otro, con lo cual la instrucción y adiestramiento es más sencilla y cómoda.
Todo lo anterior, a grosso modo, es solo un criterio personal.
Como puede verse no se entra en modelos ni marcas, sino en evaluaciones y estudios de aplicación y empleo.
Lo mejor es estudiar siempre caso a caso, y definir cuál es la mejor para cada función.
Ahora bien, si estamos acostumbrados a un tipo de funda, y de repente se cambia a la maravillosa y estupenda funda “X”, no se puede pretender mantener la misma habilidad que la adquirida con la del modelo más pobre usada durante años.
El mejor ejemplo es compararlo con un conductor que tras diez años con el mismo vehículo compra uno mejor, se le ahoga, va a tirones, le cuesta aparcar..
¿Les suena familiar?
¿No sabe conducir ya?
¿El vehículo es peor?
Simplemente ha cambiado todo lo que ya tenía aprendido de forma instintiva y natural.
La habilidad se genera entrenando con esa funda, si tras un tiempo con ella no hay mejoría, o una de dos, o esa funda no es práctica o la técnica es la que no es válida, nunca hay que pensar simplemente en falta de capacidad intelectual o motriz.
No es buena cosa dudar de la pericia profesional, como ya se vio en textos anteriores, los accesorios no dan habilidad, pueden ayudar a esa habilidad adquirida, con horas y horas de trabajo exigente, pero una funda no nos hará mejorar sin más.
Solo tres cosas lo hacen.
Trabajo, trabajo y trabajo.
Centroamérica, Diciembre 2018
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