Las claves del crecimiento, el avance y la autotransformación…
… aprendiendo con nosotros mismos.
Por Cecilio Andrade.
"No tengas miedo de crecer lentamente;
ten miedo sólo de quedarte quieto”.
Proverbio chino.
Ya hemos salido del banquillo, ya hemos dejado atrás la primera parte de nuestra educación formal, un colegio mayor, una academia, la universidad, ahora entramos a la cancha, a la que quizás sea la fase más importante de nuestro transcurso vital; esa fase que puede afectar a todas las demás, la familiar, la emocional, la interior… hagan su propia lista.
Me refiero a esa segunda fase educativa, basada en la experiencia y la práctica, la misma que entre otros factores nos otorga una gran gran parte de la propia autoestima. Hablo también de esa misma fase que reiniciamos cada vez que cambiamos de carrera, de proyecto, de enfoque profesional, en definitiva cuando adquirimos nuevas habilidades, enfrentando los abrumadores riesgos de salir de la rutinaria y letal zona de confort.
Y los riesgos son muchos… muchísimos en realidad.
Si no tenemos cuidado, si cedemos ante las propias inseguridades, si nos liamos con problemas emocionales, si dejamos que todo esto controle nuestros pensamientos, generaremos incapacitantes temores que redundarán en deficiencias de aprendizaje y crecimiento personal que arrastraremos toda la vida.
Es importantísimo aprender las pautas que nos permitan seguir una ideal, y siempre única y totalmente individual y personal, senda correcta de aprendizaje y crecimiento personal. Aprendizaje que gracias a una mente disciplinada trasciende todos los campos del saber humano, incluido el de la Seguridad y la Protección,
"El cambio y el crecimiento se producen
cuando una persona se arriesga y se atreve
a experimentar con su propia vida”.
Herbert Otto.
Objetivo prioritario, el crecimiento personal.
Para los que somos de cierta edad, el significado de mirar atrás, con melancolía quizás, inevitablemente implica reconocer en nosotros mismos, y en todas las personas que en mayor o menor medida nos han acompañado, esa etapa, o etapas, de la vida en la que todas nuestras facultades y capacidades futuras estaban en desarrollo, como un potencial pendiente.
Esa parte de nuestra vida, personal y profesional, recibe muy poca atención. Después de todo no contiene grandes anécdotas, ni loables éxitos o logros verdaderamente reseñables. En esta vital fase de aprendizaje, somos individuos casi copias del ejemplo que creemos querer seguir con mayor o menor acierto.
Sin embargo lo verdaderamente importante para ese potencial oculto está bajo la superficie, en la mente que se transforma, crece, aprende y se desarrolla de modos que en ese periodo no podemos aún ver, pero, si sabemos reconocerlo aunque sea en forma retrospectiva, contienen todas las semillas de nuestro éxito o fracaso futuro.
En la infancia y adolescencia se nos inculca conocimientos abstractos a lo largo de un extenso periodo de dependencia de padres y profesores. Crecemos absorbiendo información para que al cabo de este proceso se nos arroje al despiadado, insensible e implacable mundo laboral, en el cual debemos luchar en solitario sin maestra ni madre que nos ampare.
Seamos sinceros:
- ¿Estábamos listos cuando nos tocó a nosotros, sesudos veteranos de la Seguridad en general, salir a la palestra?
- ¿Lo están ahora los nuevos fichajes salidos o no de flamantes universidades?
En realidad ni unos ni otros están, como no lo estábamos nosotros, capacitados plenamente para manejar la transición a una independencia totalmente eficiente y capaz.
Traíamos con nosotros el hábito de aprender de libros o maestros, las nuevas generaciones quizás añadan las redes digitales más que el “analógico” papel encuadernado. De una forma u otra, hábito impropio para la fase experimental, práctica y autónoma de la vida que viene después. Creímos, como ahora creen, que lo que importa en nuestro mundillo profesional es la acumulación de títulos y méritos, llamar la atención y hacer amigos en los lugares adecuados.
Los que logran adaptarse paso a paso, aprendiendo con aciertos y errores, podrán hallar finalmente su senda. Los que, por otro lado, cometimos demasiados desaciertos, nos creamos un sinfín de problemas que de una forma un otra, en positivo o negativo, nos dejan huella y definen nuestro devenir personal y profesional.
El aprendizaje debe ser seguido por cada individuo a su manera, sin pretender seguir al pie de la letra el guión de otros, o de los consejos de un libro que la mayor parte de las veces solo autoayuda al juntaletras que lo edita.
El verdadero y eficaz aprendizaje, ese mismo que implica crecimiento y realización, trascienden a todos, en todos los campos y en cualquier era de la humanidad, y esto es así porque se basa en algo tan inherente al ser humano como es la psicología y el funcionamiento de nuestro cerebro.
El principio primordial que debemos plasmar a fuego y transmitir en la medida de nuestras posibilidades es simple:
"La meta de todo aprendizaje no es el dinero,
una buena posición, un título o un diploma,
sino la transformación de la mente y del carácter,
de tal forma que garanticen el crecimiento y el desarrollo personal…
en definitivas cuentas, el éxito".
En cualquier profesión, como puede ser en los múltiples campos de la Seguridad, entramos como ingenuos novatos, normalmente llenos de ideas falsas, así como de sueños y fantasías sobre el futuro y su recorrido.
Nuestro conocimiento comienza siendo subjetivo, basado más en emociones, inseguridades y experiencia muy limitada, que en verdaderas capacidades. Poco a poco, día a día, fracaso a fracaso y logro a logro, acabamos poniendo un suelo firme bajo nuestros pies, pasamos a tener capacidades objetivas definidas por los conocimientos y las habilidades que permiten a los profesionales tener éxito; aprendiendo a trabajar en equipo y a manejar tanto las críticas como los halagos, transformándonos de impacientes y desperdigados a disciplinados y enfocados.
Para ello la elección es muy simple, seleccionar los proyectos y puestos de trabajo que nos brinden las mayores posibilidades de crecimiento y aprendizaje.
Crecimiento y aprendizaje que nos dará beneficios toda la vida, muy superiores al de ese puesto aparentemente tan lucrativo que ofrece pocas o nulas oportunidades de crecimiento y aprendizaje.
Es esto lo que debemos buscar y perseguir, desafíos que nos hagan mejorar y tonificar nuestra mente, donde obtengamos la más objetiva retroalimentación sobre nuestro desempeño y progreso. Elegir un aprendizaje que parezca fácil y cómodo es el camino del estancamiento, y debemos recordar que lo estancado acaba muriendo y pudriéndose, solo lo móvil y dinámico es sinónimo de vida, y por ende de crecimiento.
En mi caso, cada vez que aprendo una habilidad o modifico mi trayectoria profesional, recupero esa parte jovial y aventurera de mi mismo. Podría haber jugado sobre seguro, siendo un funcionario uniformado más, pero, en tales circunstancias, no habría enfrentado más retos que un rutinario día tras día y año tras año hasta llegar al retiro.
Utilizo el riesgo y las dificultades para medir mis propios progresos, buscando retos constantemente, algo que espero seguir haciendo hasta el final, obligándome a salir de mi odiada e incómoda zona de confort.
"Un maestro vive en el mundo de la transformación,
no en el mundo de la pérdida y la ganancia.”
Dr. John Demartini.
Las tres fases del aprendizaje.
El verdadero aprendizaje es individual y personal, adoptando múltiples formas. Ocurrirá en un solo lugar a lo largo de años, o en varias proyectos en distintas localizaciones geográficas. Podrá ser un aprendizaje especializado o uno integral o compuesto que implique muchas habilidades. Puede englobar una combinación de estudios universitarios y experiencia práctica, o múltiples cursos y experiencias bien aprovechadas.
En cualquiera de las situaciones anteriores que nos encontremos, o creamos encontrarnos, si han llegado hasta este punto del presente artículo, con seguridad aceptarán que mi personal definición del aprendizaje, así como la meta del mismo, es la autotransformación personal.
También espero que dentro de dicha aceptación reconocerán las tres fases que empleo de modo general, personal, profesional y académico, y que espero haber sabido plasmar en los párrafos anteriores de una forma más o menos comprensible.
Las tres fases que aplico son:
- Fase pasiva - dependencia.
- Definida como la recepción de conocimientos, ya sea por observación como por lectura.
- Aquí es donde podemos incluir de forma inmediata los cursos y seminarios en los que aprendemos técnicas, procedimientos, métodos y/o sistemas nuevos.
- Fase práctica - adquisición.
- Definida como la puesta en marcha de las conocimientos adquiridos en la fase anterior, buscando consolidarlos, fortalecerlos y cristalizarlos en nosotros mismos.
- Hablamos aquí de las jornadas de capacitación que buscan la consolidación de habilidades y aptitudes basadas en los conocimientos adquiridos en cursos y seminarios.
- Fase activa - experimentación.
- En esta fase conocemos perfectamente las técnicas, procedimientos, métodos y/o sistemas, así como poseemos las capacidades, habilidades y aptitudes que en su conjunto conforman nuestro trabajo.
- Tenemos la actitud para el mismo, así como la base para poder experimentar con garantías de éxito con novedosas técnicas, procedimientos, métodos y/o sistemas, buscando actualizar nuestras habilidades y aptitudes.
- Es aquí donde aparecen las jornadas de entrenamiento, ya sabemos y tenemos las habilidades, toca perfeccionarlas y mejorarlas, e incluso arriesgándonos a experimentar.
Espero haber sabido plasmar de una forma comprensible un tema que deseo seguir desarrollando en futuros artículos y ensayos, mientras tanto recuerden mi mantra…
… cuídense y cuiden de los suyos.
Artículo original para el Boletín del
Capitulo 321 de ASIS, Bajío, México.
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