domingo, 26 de julio de 2026

Capítulo III: Calles, callejones y polvo (Versión 2.0 Digital).

 Capítulo III: Calles, callejones y polvo.

(Versión 2.0 Digital).


Pólvora, sangre y… gónadas.

La vieja, malhablada y fiel Infantería.


Por Cecilio Andrade.


«Las batallas se ganan con los puños,

y las palabras sirven en el consejo.

Conviene, pues, no hablar, sino combatir.» 

Homero, “La Ilíada”


Calles vacías.

Nubes y más nubes de polvo.

Asfixiante, opresivo.

Ahogando toda posibilidad de respirar, de ver, de planificar cualquier movimiento o de permitir que las cámaras ópticas y de fusión térmica de los visores HUD proyectaran una Realidad Aumentada mínima.

—Mie*** de polvo. —Escupió “Boxer”. Literalmente.

Masticaba el polvo que le erosionaba y manchaba en ocre los dientes, mientras en la esquina inferior de su pantalla IVAS el indicador de la cámara infrarroja parpadeaba en amarillo ámbar debido a la dispersión masiva de partículas.

“R2” asintió sin dejar de mirar al frente.

Mirar, que no ver, apenas veía el extremo de su fusil ni las cuadrículas vectoriales que colapsaban por momentos entre la bruma.

Habían logrado romper el cerco, pero al hacerlo las unidades habían perdido cohesión y la red de malla local (Mesh) se había desintegrado en microenlaces inestables.

Las fuerzas locales se dejaron llevar por la euforia de la ruptura y ahora estaban desorganizadas.

Por suerte, los bárbaros de enfrente no estaban mucho mejor; sus propios minidrones de guerra electrónica volaban bajo tratando de saturar la banda comercial, pero terminaban inutilizando sus propios transmisores de radio.

Por ahora, al menos.

Se movían poco a poco.

Controlando cada paso, cada giro, cada desplazamiento.

Mantenían las riendas de su personal bajo control.

El UGV cuadrúpedo V60 que caminaba a paso metálico entre ellos actuaba como un "Tercer Hombre", escaneando esquinas con sus sensores LIDAR de corto alcance mientras los soldados se resguardaban tras su blindaje compuesto.

No hacerlo, dadas las circunstancias y la total falta de mapas térmicos fidedignos, era clamar por un desastre.

Usaban las gafas “contra ventisca” sobre los ojos —ensambladas sobre los conjuntos ópticos del casco IVAS— con los kufiyyas o shemaghs protegiendo la boca y nariz.

Aun así masticaban el polvillo ultrafino que se burlaba de ellos traspasando las supuestas protecciones y filtrándose en los conectores de los laringófonos y los auriculares por conducción ósea.

Curioso equipo el de “Boxer” y “R2”.

El primero un cincuentón ex-escolta, ex-contratista, ex… mil cosas más. Un “gringo” de origen panameño y sangre italiana. Parlanchín y de buen humor, profesional como pocos.

El segundo un infante de marina, recalcando siempre lo de “Infantería” y “Marina de Guerra”, seco y callado, tan profesional como su compañero.

Curioso binomio.

El resto, tropas locales que los seguían por pura fuerza de carisma y ejemplo del dúo, confiando a ciegas en aquellos "cruzados" veteranos que manejaban la robótica pesada con la misma naturalidad con la que encaraban el arma.

Las ondas expansivas de las granadas de mortero, propias y bárbaras, agitaban el maldito polvo en todas direcciones.

De cuando en cuando, pequeños enjambres de drones FPV de fabricación artesanal enemiga —cuadricópteros comerciales modificados con granadas de mortero y cargas IED atadas con cinta aislante— cruzaban la bruma como avispas borrachas, precipitándose a ciegas por la turbulencia.

Cada poco alguna explosión caía más cerca de lo deseable, arrojándoles encima tierra, piedras junto con inmundicias varias de las que preferían ignorar composición y origen, al tiempo que la estática castigaba los receptores auditivos.

“R2” bajó un momento su shemagh para escupir, con gesto de hastío, una masa grumosa y marrón indefinida.

Tras volver a cubrirse con el pañuelo, observó con su calma característica el entorno a través de la retícula degradada de su visor.

—Demasiado tranquilo. —Gruñó “Boxer” al otro lado de la estrecha calle por la que se movían, ajustando el rifle de asalto mientras un nano-dron de reconocimiento propio descendía abatido por los residuos en la atmósfera.

Seguían avanzando entre un mundo fantasmagórico de polvo, motores de drones zumbando a lo lejos y explosiones aparentemente distantes.

Alcanzaron el final de la calle, frente a una medio derruida nave industrial de algún tipo.

La situación actual no había sido muy generosa con ella; apenas parecía sostenerse.

Entraron con precaución siguiendo el procedimiento SOP de combate interior e interacción hombre-máquina, el cuadrúpedo V60 penetró primero barriendo los ángulos muertos con la cámara infrarroja del morro, mientras el UGV blindado aseguraba el punto de entrada y les permitía verificar sectores.

Una vez que aseguraron el entorno, permitieron que los soldados se tomaran un respiro. 

Estaban agotados por todo lo que arrastraban —los veinte kilos de equipo pesado, las baterías de reserva, las placas balísticas y la munición—, asfixiados por el polvo, cocidos por un calor tan asfixiante como denso era ese maldito polvo.

“Boxer” y “R2” exploraron a la antigua, acercándose a mirar, un portón al otro extremo de la estructura.

—Despejado —gesticuló “Boxer” con señas de mano para no emitir señales electromagnéticas que delataran su posición.

—Por ahora, al menos. —Le contestó su colega.

Por medio de señales manuales indicó a uno de los binomios que, precedido por la marcha sigilosa del robot V60, asegurara el espacio siguiente.

Ambos “infieles” eran cautelosos; preferían no arriesgar la vida de los hombres por prisas y carreras, y su gente lo sabía.

Ventajas de la edad y la experiencia dirían algunos; principios y ética dirían ellos; otros quizás los tacharan de demasiado comedidos.

En el exterior, un par de granadas de mortero hizo vibrar de forma alarmante la estructura de la nave.

Todos sin excepción miraron hacia el techo, temiendo un desplome catastrófico del mismo mientras las interfaces de los visores HUD proyectaban alertas parpadeantes de sobrecarga acústica y choque estructural.

Cayeron tres granadas, estas más cercanas, provocando que la estructura ya se moviera de forma más que alarmante mientras los cubría con trozos de techumbre y cascotes.

—¡Vamos! —ordenó “R2” cruzando el portón. “Boxer” esperó, controlando el paso del resto del personal y asegurando que el UGV blindado cerrara la retaguardia de la serpiente.

Solo respiraron cuando volvieron a encontrarse sin un techo inestable sobre sus cabezas. 

En lo cual tampoco había tantas mejoras, con las granadas cayendo de forma tan aleatoria por el entorno y los drones enemigos cazando firmas térmicas desde un cielo estéril.

—No sé si es la mejor ruta. —Gruñó “R2” por lo bajo a su compañero.

—Tampoco tenemos muchas opciones. Solo podemos seguir la dirección actual e intentar enlazar con la red de los demás.

Desde luego que opciones no tenían muchas; más allá de seguir avanzando, todo lo demás eran elucubraciones vagas.

Acabaron entrando en otro edificio, esta vez ya sin techo que se les pudiera desplomar. 

Curiosamente estaba casi libre de polvo; hasta se notaba un ligero frescor, al menos comparado con el horno de las últimas horas.

A través de una de las ventanas pudieron observar cómo se desplomaba la nave que habían cruzado unos minutos antes en una cataratas de mampostería y escombros.

—Eso estuvo cerca.

—Sí. Demasiado.

—¿Cómo lo ves? —Consultó “Boxer”.

“R2” se tomó un largo minuto para analizar en detalle el entorno —consultando el mapa vectorial desincronizado de su pantalla de muñeca antes de hacer su valoración—. Su forma habitual, ni más ni menos.

—No creo que tengamos problemas en el entorno, al menos por el momento. Los “vecinos” se están replegando a la carrera en dirección a las barriadas del Norte; nosotros nos movemos en oblicuo a su movimiento.

“Boxer” asintió.

Con gestos rápidos indicó al binomio más cercano la dirección a seguir.

Cuando comenzaron a moverse, la onda expansiva de una explosión relativamente cercana los arrojó de nuevo al suelo de forma más o menos forzada.

De nuevo estaban envueltos en una nube de polvo, y de nuevo sin ver más allá de la bocacha de sus fusiles o de los cristales estropeados de sus cascos.

¡Mie*** de polvo y mie*** de día!

Tras incorporarse, intentaron asegurarse de que todos estuvieran tan intactos como era de desear dadas las circunstancias.

Había que continuar el movimiento; no podían detenerse.

“Boxer” se tocó la nariz por encima del shemagh; al apartar la mano vio unas manchas rojas sobre la capa de polvo que cubría sus guantes de combate.

El maldito polvo le estaba jod***** la nariz; con shemagh o sin shemagh, el polvo era una mie***.

—¡¡¡Mother F*****!!!

—¿Estás bien? —le preguntó “R2”.

—Sí. “No problem”. Vamos.

“R2” asintió.

Ninguno estaba en sus mejores días.

Los morteros estaban barriendo el sector a su derecha, empujándolos poco a poco en dirección opuesta, desviándolos de la ruta más directa que buscaban.

Como algo bueno, dentro de todo el caos, las explosiones estaban generando corrientes de aire que parecieron limpiar algo la zona donde se encontraban.

El binomio de avanzada se detuvo en un cruce mirando hacia atrás en solicitud de instrucciones.

“Boxer” hizo un gesto seco de avance, que fue obedecido de forma inmediata.

Apenas 50 metros más adelante, uno de los integrantes del binomio levantó el brazo con el puño cerrado, haciendo que todos repitieran la orden manual y se paralizaran en el punto donde se encontraban, pero aún sin moverse buscando abrigo.

Fuego de fusilería.

Un solitario, seco y agudo disparo del .223 Remington / 5,56 mm, mezclado con detonaciones cortas de granadas y varios impactos largos y graves de 7,62 x 39 mm.

Una solitaria arma occidental enfrentando a demasiadas, si el sonido, las ráfagas e incluso los sensores acústicos integrados en sus equipos no engañaban, armas bárbaras a juzgar por las direcciones de cada juego de estampidos.

* * *

La hora de pasar desapercibido, la sutileza, el enmascaramiento y el control de la firma electromagnética quedaron varios cargadores atrás; los tenía a segundos de reventarle el culo. 

“Kairyu” atravesó la plaza a la carrera mientras disparaba contra dos bárbaros que estaban al costado de un pickup con cajas de munición y antenas de control FPV artesanal.

El primero se derrumbó casi con gracia; el segundo sufrió un aparente ataque epiléptico que lo dobló por la mitad al recibir el doble disparo directo en su centro de masas.

Desde el costado del pickup que estaba detrás del primero comenzaron a devolver los disparos de forma casi inmediata, aunque el fuego fuera ineficaz y errático, por suerte.

De repente, una pareja enemigo de drones kamikaze zumbó rasante sobre el techo de los vehículos.

Kairyu no se inmutó —en apariencia, obviamente— mientras recorría todo el lateral de la plaza a cubierto tras una fila de vehículos en distintos niveles de destrucción.

Disparaba en ráfagas cortas mientras pasaba de un vehículo al siguiente; abatió al vuelo el primer dron de un disparo más que afortunado que lo hizo detonar en el aire, provocando una onda que derribó al segundo.

Uno de los bárbaros intentaba lanzar un cuadrúpedo comercial reprogramado —una versión robada y blindada de forma casera con planchas de metal y cargas explosivas— soltó el control remoto mientras se agarraba los testículos de forma espasmódica tras recibir un proyectil del .223.

Mientras corría notó un impacto de refilón contra la placa dorsal de su chaleco, lo cual no le frenó lo más mínimo para saltar y ponerse a cubierto tras los restos de un viejo y oxidado camión.

Mientras cambiaba el cargador ya agotado, se dio cuenta de que de repente no escuchaba disparos directos.

Casi se sentía un silencio pacífico tras el intercambio anterior, si no fuera por las explosiones de mortero en las cercanías y el crujido del motor de un robot enemigo tullido que ardía a pocos metros.

Se mantuvo inmóvil, buscando calmar su respiración y bajar sus pulsaciones.

Una piedra a la derecha.

Un clic metálico.

Otro ruido indefinido.

Desde ese lado, tras el borde del camión que le protegía, comenzó a asomar un cañón biselado de AK.

En el momento en que apareció un hombro, le disparó; con lo cual logró terminar de exponer al bárbaro al desplazarlo hacia atrás.

Sin perder el ritmo, le descargó cuatro impactos más entre el pecho y la cara.

—¡A la mie***! ¡Hi*** de P***! —gritó mientras se encogía para arrastrarse, seguido por los vengativos disparos de los colegas del bárbaro que acababa de enviar al paraíso bajo las espadas.

Encontró una puerta medio destrozada a su derecha, que atravesó de un salto digno del mejor ninja de serie Z.

Le costaba respirar, le dolía el pecho por la concusión en la placa balística y las manos no dejaban de temblar; aunque curiosamente las tenía a la vez insensibles, como trozos de madera temblorosa al final del brazo.

Le costaba mucho pensar.

Y no era miedo; ya no pensaba simplemente por la rabia que sentía por su propio error, por un exceso de confianza que lo había llevado a esto, a quedarse aislado, descolgado de la red de malla y sin cobertura de drones.

Era “tan bueno” que pensaba que los bárbaros aquellos no podrían ni saber que andaba por allí.

—Los cojo***.

La rabia le dificultaba pensar, ni más ni menos.

Debía calmarse; complicar un error con otro mayor no era una gran mejora.

¿Billetes?

El suelo estaba cubierto de billetes.

Apoyado con la espalda contra la pared de la puerta que acababa de cruzar, analizó dónde había entrado.

La única entrada y salida era la que transpuso instantes antes.

—Perfecto, chaval. Una verdadera y única trampa para jilip*****. —La rabia de nuevo.

Hoy no era su día.

Y con toda seguridad no tendría más; los de fuera ya estaban formando un semicírculo ante la puerta, la única puerta. 

—Cojonudo.

Se agachó para tomar alguno de los billetes. 

CCCP en alfabeto cirílico junto al busto de otro de esos payasos iluminados, Vladimir Ilich Ulianov, alias “Lenin”.

Rublos de la época soviética, de los años 90 concretamente, según las fechas que constaban en los mismos... pero también había viejos Yuanes y otros que no reconocía.

¿Qué carajo hacían allí tirados?

Como si eso importara algo ahora, con todos los bárbaros llamando a la única salida de aquella ratonera para idiotas.

Dejó caer el puñado de billetes; no era momento de comenzar una colección que ya no tendría tiempo de terminar, jamás.

—Jod**, Jod**, Jod**. —La rabia lo bloqueaba, provocando un peligroso efecto túnel en su visión, y eso no era buena cosa.

Comenzó a amontonar los pocos muebles que había, por suerte todos de robustas y gruesas tablas.

Eso le daría unos 10 segundos más de vida, si por casualidad y con suerte no tenían granadas o no lograban colar un dron kamikaze por el hueco del techo.

Poco más podía hacer que apuntar hacia la puerta y esperar.

¿Esperar?

—Jod**.

Pasó revista de equipo.

Un cargador a ¾ en el fusil y 5 más en espera en el chaleco, dos granadas defensivas que poco partido podrían darle allí encerrado sin matarse a sí mismo, y la más de media docena de aceros afilados —incluyendo su entrañable wakizashi— que, quién sabe, quizás aún podría usar en un último combate acorralado.

Un mini-dron enemigo intentó zumbar por encima del marco, pero tropezó contra el dintel y explotó sin golpear de lleno.

Inmediatamente después, uno de los bárbaros intentó pasar sobre la barrera de basura y muebles que había creado mientras, a la vez, disparaba al albur.

Ni se le aproximaron los impactos.

Casi pudo apuntar con calma al pecho del agareno suicida, descerrajándole dos balazos perfectos al “centro de masas”.

Uno menos; quedaban unos 100 más, sarraceno arriba o sarraceno abajo.

—Si les queda una sola granada, la he jodido.

Otro bárbaro había logrado alcanzar el muro exterior, disparando a la “palestina”, sin mirar, solo asomando el fusil en automático por la esquina.

Logró anularlo reventándole el bíceps del brazo expuesto con un tiro que a la vez hizo saltar esquirlas de ladrillo.

Dos más intentaron aprovechar ese instante para cruzar la puerta; por suerte, la estrechez de la misma, la basura que acumuló a modo de barrera y obstáculo, junto a la falta de coordinación entre ambos bárbaros, le facilitó el detenerlos con disparos rápidos y precisos al pecho.

Quedaron atrancados en la entrada, reforzando la barrera formada ante la misma.

—Que no tengan granadas; que no les quede ni una pu** granada.

* * *

“Boxer” señaló con un único y enérgico gesto manual, lo que provocó que “R2” junto con dos locales cruzara a la carrera hasta una vieja furgoneta en el lateral de la plaza, tras lo que desplegó un micro-dron "Avispa" Black Recon desde su hombro.

Otros dos locales se posicionaron en el lado contrario, bajo un oxidado y acribillado camión cisterna, acompañados por el cuadrúpedo UGV V60 que fijó sus patas hidráulicas y erigió su arma y visor frontal.

Los bárbaros ismaelitas estaban tan concentrados en disparar contra un edificio específico que no detectaron en lo más mínimo todo el movimiento de despliegue robótico y humano que se estaba produciendo a su espalda.

“Boxer” observó el entorno; sería de una gracia de humor muy negro que acabaran cayendo en el mismo error de no controlar la retaguardia, al igual que los que ahora estaban a punto de ser machacados.

Los bárbaros estaban descargando su furia sobre una desgraciada fachada y su respectiva puerta; menuda fiesta, macabra, para los que estuvieran dentro.

Uno de los bárbaros, cargando con un RPG, estaba buscando la mejor posición para colar la granada-cohete dentro del edificio, mientras un técnico insurgente preparaba una plataforma de dron kamikaze para meterla por la ventana.

Mal asunto si lo lograban; era momento de actuar.

A unos 70 metros, mejor no fallar. Apuntó con calma, usando la retícula holográfica acoplada al sistema IVAS para centrar la nuca del hostil… y facturación urgente al paraíso a la sombra de las espadas.

Once armas más —y las torretas del robot cuadrúpedo y el UGV blindado— comenzaron a realizar la misma facturación especial, de la cual seis bárbaros lograron “beneficiarse” en la primera salva.

El resto, más de una docena, lograron buscar posiciones de cobertura contra el nuevo, sorpresivo e implacable frente.

Mientras “R2”, los cuatro locales y la ametralladora automatizada del UGV mantenían un fuego controlado de supresión, “Boxer” se movía a cubierto flanqueando la posición enemiga.

Un pequeño nanodrón propio realizaba cortes en tarta remotos por delante de sus pasos, enviando la posición exacta de los supervivientes enemigos a los cascos del equipo.

La precisión y fluidez de movimientos era máxima, delatando una exigente y esmerada instrucción de combate. 

Cada gesto, cada movimiento, cada acto, todo el conjunto de acciones, de la más ínfima a la más complicada, denotaba una capacidad individual de primer nivel.

Si a ello añadimos ver todo ello integrado y coordinado en un equipo humano y robótico tan dispar y aparentemente disfuncional, se convertía en un verdadero ballet.

Un mortalmente efectivo y preciso ballet, al fin y al cabo.

Tres bárbaros aparecieron frente al binomio de avanzada del flanqueo, siendo abatidos sin tiempo ni a poner gesto de asombro ante los disparos.

Quizás intentaban huir, quizás intentaban una maniobra similar a la que ellos estaban ejecutando; posiblemente se lo podrán explicar a las 72 huríes vírgenes que supuestamente les esperan.

La sorpresa fue total; gritos, chillidos por las interferencias y fuego descoordinado lo reflejaron de una forma gráfica y letal.

Intentaron salir corriendo en varias direcciones, disparando aunque sin saber dónde estaban realmente los que les estaban masacrando.

Un intento de enviar un mini-robot suicida enemigo rodante fue aplastado al instante por una concentración de 5,56 mm que hizo detonar su carga antes de tiempo.

Un grupo de 4 o 5 lograron mantenerse compactos y protegidos tras una serie de vehículos, columnas y restos varios.

Devolvían el fuego con más calma y precisión que sus difuntos compañeros, aunque no con la suficiente como para abatir a uno solo de sus sorpresivos y ocultos atacantes.

Sorpresivos atacantes que habían diezmado a una fuerza dos veces y media mayor.

De hostigar y acorralar grupos pequeños hasta su destrucción, habían pasado a recibir una sobredosis de su propia medicina; y en ello estaban, esperando su aniquilación.

* * *

¿Disparos de 5,56 mm?

No es que los bárbaros no tuvieran armas de ese calibre, que sí las tenían —muchos arsenales capturados habían ido a parar a sus manos, así como las que retiraban a los soldados que abatían—, pero hasta ahora solo había recibido fuego de AK.

Y lo curioso es que no disparaban en su dirección, lo cual ya era desconcertante.

De repente escuchó, en un momentáneo silencio entre los disparos, una voz sarracena de pánico junto al estallido sordo de una carga robótica destruida.

No llegó a escuchar el final de la verbalización.

Tres explosiones, secas, contenidas y apenas diferenciadas entre sí, fueron seguidas de un silencio ominoso.

Apenas unos segundos después, escuchó un único disparo: 5,56 mm.

Dos más pasados unos segundos, mismo tipo de arma.

Uno más, aislado.

Alguien estaba cubriéndose de no dejar a nadie herido con deseos de martirio a su espalda; era evidente, la purga de seguridad antes de avanzar.

¿Pero de qué bando?

Comenzó a acercarse con precaución a la acumulación de obstáculos y cadáveres de la entrada, comprobando que las interferencias electrónicas comenzaban a despejarse. Creía que aquellos disparos eran de su gente, pero salir corriendo para repartir besos y abrazos agradecidos no era una buena decisión táctica.

Debía asegurarse antes de romper el ángulo.

—¿Quién vive? ¿Eres “R2”? —Escuchó en castellano castizo con deje andaluz.

El suspiro de Kairyu fue tan hondo y lacerante que sintió cómo le dolía cada pulmón al volver a inspirar.

—¿”Boxer”? ¿Eres tú? —Le preguntaron con impaciencia desde fuera quienes estaban al abrigo de los vehículos.

—No… —apenas le salió un maullido; se obligó a escupir polvo acumulado y aclararse la garganta—. ¡No! Soy “Kairyu”… —Algo mejor en volumen y modulación.

Parecía que llevaba una eternidad sin respirar.

—¿Necesitas ayuda? ¿Puedes salir?

—Salgo…

Asomó con precaución hasta que vio a “R2”, detrás de una de las columnas que enmarcaban la entrada, haciendo señas manuales claras de que se agachara.

Así lo hizo; si se lo indicaba sería por algo, ya averiguaría por qué.

El binomio, aparentemente de retaguardia, apoyado por la silueta recia del UGV blindado, estaba haciendo señales tácticas.

Un grupo de bárbaros asomó en ese instante por la calle del fondo, sin duda atraídos por los disparos y explosiones, o quizás llamados anteriormente por sus abatidos compañeros.

El porqué era lo de menos; lo importante es que los sensores térmicos del robot V60 los detectaron a tiempo y los estaban esperando perfectamente a cubierto.

Recordando que con los suyos tenía enlace radio —que había dado por perdida con tantas interferencias y contramedidas de la guerra electrónica—, probó por si la suerte les favorecía tras haber acortado la distancia física.

Un pitido sutil vibró en su auricular por conducción ósea, canal de malla reestablecido.

—¿“R2”? ¿“Boxer”? ¿Me recibís?

Había suerte; ambos agitaron la cabeza para asentir sin romper la disciplina de ruido, sin dejar de controlar a los adversarios que aún no los habían detectado.

—Tengo un sector despejado hacia esa calle y no pueden verme. Si abato al de la AM, los otros no creo que nos causen muchos problemas.

“R2”, sin mirarlo, le hizo el gesto del pulgar arriba.

El OK occidental; casi parecía una burla irónica contestar así (para los de enfrente era un gesto muy grosero).

“Qué pena”, modo irónico pasa a OFF.

Tras el OK, lo señaló a él y luego a los bárbaros de la calle.

La AM era de “Kairyu”; él sería el primero en abatir el arma más potente y peligrosa, y eso daría la señal a los demás para abrir la veda del agareno bárbaro.

Dentro del visor holográfico fue creciendo el tipo de la AM.

Poco a poco fue llenando, con su pecho, el centro de la retícula de “Kairyu”.

Era precavido, metódico; pero la situación ya estaba definida, avanzaba al encuentro de las balas de un despreciable cruzado.

Cuando los acompañantes de la AM estaban entrando en la plaza confiando en la cobertura y apoyo de esta, “Kairyu” realizó tres disparos rápidos y precisos.

Solo con el primero ya provocó la muerte al atravesar el labio superior y todo lo que estaba situado detrás.

Los otros dos proyectiles tan solo fueron para asegurar la baja por protocolo, logrando simplemente agravar el daño letal ya realizado por el primero. De forma exageradamente escandalosa, en el camino hicieron desaparecer parte del cráneo junto con el chitrali que hasta ese momento lo cubría.

Esos tres disparos desencadenaron una secuencia de apenas 3 o 4 segundos de fuego preciso y coordinado entre fusiles y la torreta del UGV.

Cada bárbaro recibió la atención de un arma, alguno de dos.

¿El resultado?… una patrulla eliminada en cinco segundos de fuego preciso, coordinado, dirigido y totalmente letal.

De manual, sin duda.

Tras asegurarse que no había movimientos ni firmas térmicas activas en el entorno, “Kairyu” se reunió con sus colegas.

—¿Estás bien? Se te ve hecho una mierda. —La pregunta de “R2” no podía tener un tono más neutro si la pregunta hubiera sido realizada por Stephen Hawking. Pero su mirada era otra cosa: le preocupaba su amigo.

—Sí, tranquilo. Nada que un poco de cerveza no pueda arreglar.

—Perfecto.

—Por cierto, me alegro de veros; os debo una bien gorda.

—Ok, guys. Besitos con lengua para luego; toca salir de aquí, la ruta es la misma. —“Boxer”, tan práctico como siempre, señaló la calle que tenían a su derecha y que, si no volvían a joderlos, los llevaría con el resto de sus colegas.

Comenzaron a moverse según los compañeros los rebasaban, de atrás hacia delante en formación de oruga, con el cuadrúpedo V60 y dos micro-drones en vanguardia y el UGV blindado guardando el flanco, evitando que nadie quedara rezagado.

El orden genera seguridad, y ya habían tentado a la suerte demasiado estos días.

Mejor hacer las cosas a la perfección en Modo Analógico o Digital, y no lamentarse a posteriori.

Por ahora regresaban todos… y que siguieran así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por su tiempo y su comentario.
Por motivos de seguridad se requiere revisión de todo lo comentado, en breve se autorizará su publicación.
Cuídese y cuide de los suyos.