El único secreto, a voces, conocer al Guerrero que debemos ser (I de II).
Controlar nuestra mente para poder cumplir con el Deber para con una sociedad indecisa e indefensa.
Por Cecilio Andrade.
"Tienes poder sobre tu mente
no sobre los acontecimientos externos.
Date cuenta de esto, y encontrarás fuerza”.
Marco Aurelio.
Un repaso personal entre el barro, el asfalto y la realidad
Permítanme echar la vista atrás.
Hubo una época en mi vida en la que la palabra "obsesión" se quedaba muy corta para describir mi ética de trabajo.
No se rían, lo digo totalmente en serio, era un tipo difícil de complacer, empezando por mí mismo.
Me pasaba la vida enfrascado en el estudio.
Mañanas, tardes y muchísimas noches robadas al sueño para entender el lenguaje de las armas y el asalto urbano; para descifrar el silencio del bosque y la hostilidad de la montaña.
Estudié el tiro en todas sus facetas, desde el defensivo, ese que te salva la piel en un décima de segundo, hasta el de máxima precisión a distancias que marean.
Me obsesioné con el combate cuerpo a cuerpo, el de sentir el aliento de tu adversario en el rostro, y con la balística de largo alcance, cuando apenas distingues algo de lo que buscas alcanzar.
Entrenaba hasta que los ojos me ardían, el cerebro parecía querer estallar y los músculos se declaraban en huelga.
Ese esfuerzo me supuso muchas recompensas, así como muchos sacrificios.
Una de lo que si logré fue integrarme como operador en equipos multinacionales de intervención especial, trabajando para organismos que me llevaron por medio mundo y varios continentes.
Hoy, honestamente, ya no soy ese supuesto e idealizado operador "mega cool" y técnico que sale en las revistas.
Aun así, mucha gente me pregunta de dónde venía aquel afán.
Siempre respondo lo mismo, algo que en esta sociedad actual, tan llena de mediocridad y sed de likes, muy pocos llegan a comprender.
Nunca busqué la gloria ni las medallas, que, dicho sea de paso, nunca gané.
Supongo que es el precio de ser alguien directo y, como se dice ahora, "políticamente incorrecto”.
Admito que si hubiera sido un poco más diplomático, habría alcanzado otros objetivos.
Aprendí esa lección tarde... y todavía hoy, a veces, se me olvida.
Pero lo que tengo claro es que lo hice por una razón sagrada, al menos lo sagrada que para un ateo como soy significa eso; simplemente para que quienes no pueden defenderse de los chacales lograran volver a casa con los suyos.
Y para que los protectores de esos indefensos ciudadanos también tuvieran también esa misma oportunidad de regresar con los suyos.
En ese camino conocí a profesionales increíbles de todos los rincones de este planeta que tanto nos gusta destrozar.
De ellos aprendí que las tácticas que creía inamovibles a veces necesitan mil vueltas de tuerca para comprenderlas, interiorizarlas y, muy importante, adaptarlas a las miles de circunstancias y situaciones que vivimos en nuestro no tan idílico mundo de Yuppi.
"No todo lo que se afronta puede cambiarse,
pero nada puede cambiarse
hasta que se afronta”.
James Baldwin.
Táctica, estrategia y técnica, poniendo orden.
En los dos artículos anteriores, que en realidad era uno solo, pero me salió tan largo que tuve que cortarlo por la mitad, hablé sobre la diferencia entre técnica y táctica.
Vamos a profundizar un poco más… si lo soportan.
Empezando con ello de forma directa, la Táctica es el arte de maniobrar contra un oponente para lograr un objetivo.
Punto.
Sin adornos ni flores.
Pese a lo pragmático si creo que debemos comparar y definir de una forma muy sencilla para que lo entendamos mejor…
- La Estrategia es el pensamiento, el plan y la visión de la meta y objetivo.
- Se concibe en despachos y zonas seguras.
- La Táctica son las manos y los pies.
- Es lo que ejecutan los tipos y tipas que salen ahí fuera a cumplir la misión.
- Es la estrategia hecha carne.
- ¿Y la Técnica? Es el cemento que une todo el conjunto y le da fuerza.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando no hay equipo?
¿Qué pasa con el policía que patrulla solo, la madre que protege a sus hijos o los ciudadanos que simplemente quiere sobrevivir a un mundo violento?
Para empezar, hay que tener claras, y recordar, las dos únicas estrategias posibles cuando el peligro asoma…
Retirada o dominio.
Huida o lucha.
Presa o guerrero.
No hay zonas grises.
Es un sistema binario, 1 ó 0.
Siento decir que las "medias tintas heroicas" no funcionan.
O sales corriendo para poner distancia, o te quedas y tomas la iniciativa para controlar el caos.
Buscar un término medio suele ser el primer paso para arrepentirse de la decisión tomada.
"No podemos cambiar las cartas que nos han dado,
sólo como jugamos la mano”.
Randy Pausch.
El valor del sentido común.
¿Es la retirada una opción válida?
Por supuesto que lo puede ser.
Retirarse no siempre es cobardía; a veces es la decisión más madura que nos dicta el menos común de los sentidos, el sexto, el sentido común.
Para retirarse solo hace falta un indicio, una sospecha, un olor extraño, un sonido que no encaja.
El subconsciente, que procesa información a una velocidad de vértigo, piensen en 400 mil millones de bits por segundo nada menos, nos está avisando de que algo va mal.
Si nuestra estrategia es eludir, no podemos ignorar esa alarma.
Para hacerlo bien necesitamos lo que los samuráis llamaron Mente de Combate, equivalente a lo que hoy conocemos como Conciencia Situacional, y personalmente prefiero definirlo como Atención Relajada.
No es estar paranoico ni buscar pelea; es estar vigilante pero sin tensión.
Es la famosa "Condición Amarilla" del Coronel Cooper.
Es estar ahí, monitoreando personas y lugares de forma natural, sin teatro.
A quien esto le parezca "incorrecto", no pienso pedirle disculpas.
A la realidad no le importan nuestros sentimientos.
Y para concluir esta parte, si decidimos eludir, basta con observar, decidir y movernos.
Sin misticismos ni tonterías.
"La verdadera prueba de un hombre
no es cómo se comporta en confort y conveniencia,
sino cómo se mantiene en tiempos
de controversia y desafío”.
Martin Luther King Jr.
Cuando no queda otra que pelear, dominen sin dudar.
Pero, ¿qué pasa cuando retirarse no es posible ni moralmente aceptable?
Entonces, damas y caballeros, toca dominar la pelea.
Aquí entran en juego palabras que hoy suenan "fuera de onda”, Ética, Deber, Responsabilidad, Honor.
Si esto les resulta incómodo, pueden saltarse los siguientes párrafos de este apartado.
He vivido situaciones donde huir era lo más fácil para mi integridad física, e incluso la jurídica, pero moralmente me era imposible retirarme sin más.
Podía irme y dejar a civiles atrás, pero me habría sentido como un cobarde el resto de mi vida.
No es una decisión fácil, hay que valorar y poner en la báscula personal cosas como la familia, los amigos, al contexto legal y al deber público… pero sobre todo el Deber personal para con los Principios y Valores que nos definen como seres humanos.
De ahí surge que si decidimos quedarnos, la única estrategia debe ser dominar hasta que neutralicemos la amenaza.
Y cuando digo neutralizar, me refiero a que el otro, y otros, dejen de ser un peligro.
No hay recetas mágicas, a un atacante armado y decidido solo se le controla con acciones violentas y decididas… las palabras relajantes y los besos con lengua no lo pararán.
Por eso, debemos hacernos siempre esta pregunta ante cualquier crisis…
¿Es escapar una opción posible y moralmente correcta?
Si la respuesta es NO, entonces preparémonos para dominar.
Si la respuesta es SI, retírense en silencio y sin dudar.
Y eso requiere capacidad, entrenamiento y, sobre todo, decisión.
Para entrenar esto de una forma efectiva, les propongo un ejercicio que llevo años recomendando; para lo cual necesitarán los magníficos ensayos sobre enfrentamientos reales de Ernesto Pérez Vera para España y Charles Remsberg para EE.UU.
Una vez leídos vuelvan atrás y analicen cada caso partiendo inicialmente de tres sencillas preguntas.
- ¿Podía escapar y evitarlo?
- ¿Había víctimas vulnerables?
- ¿Hubo intervención y si la hubo cómo cambió el resultado?
Añadan a estas tres básicas las preguntas que quieran, pero hagan el ejercicio.
Esta práctica mental preparará el cerebro para que, cuando la adrenalina nuble su juicio, sean capaz de tomar la decisión más correcta posible.… lo cual no significa que sea la más efectiva.
Sin secretos.
Sin misteriosas mitologías.
Solo trabajo, honestidad y responsabilidad.
La formación debe ser pragmática y sin dogmas de fe, sin ser fiel a un sesgo ni a un procedimiento, la formación para nosotros, como profesionales armados, debe implicar siempre destruir carencias.
Jamás olviden que la formación cruzada de un buen guerrero tiene un poco de todo, golpeo, patadas, suelo, trabajo con armas de impacto y de corte, con armas de fuego de distinto tipo, y muchísimos etc.
En mi caso ya no busques la perfección en todo, pero si busco la máxima eficiencia en cada uno de los aspectos de mi formación.
Si ya tenemos una edad o lesiones, yo mismo soy ese ejemplo, no me meteré con ejercicios de entrenamiento que dependan de darme golpe tras golpe contra el suelo todo el día.
Se que puedo acabar en el suelo, por tanto entreno como protegerme y como salir de ello lo más intacto y antes posible.
No glorifico el cuerpo a cuerpo, lo acepto como una realidad que debo gestionar para vencer.
"La triste verdad es que la mayor parte del mal
es cometido por personas que nunca deciden
ser buenas o malas”.
Hannah Arendt.
¿Ética? Responsabilidad y vergüenza.
Hay cosas que, aunque sean legales y aceptables, son moralmente dudosas.
La sociedad occidental actual es el vivo ejemplo de la frase anterior.
Les enumeraré tres mantras que sigo como mandamientos personales.
- No te metas en líos por ego.
- No intervengas si solo vas a empeorar las cosas.
- Pero tampoco te escondas en excusas baratas cuando podrías ayudar.
Si como profesionales armados decidimos dar un paso al frente, lo haremos para neutralizar toda amenaza y proteger a los inocentes, jamás para buscar gloria ni quincalla en forma de medallas.
Al igual que si decidimos retirarnos porque es lo más sensato, debemos hacerlo sin vergüenza.
A veces, una retirada táctica es la única opción responsable para salvar la vida, la de los nuestros y la de quienes hemos jurado proteger..
Les hablo de una sencilla conclusión, humildad y realismo.
No hay secretos mágicos.
Hay trabajo duro, honestidad y un plan coherente basado en la fuerza, en la mente, en el combate real, en el buen criterio y, al final, en el arma como extensión de todo lo anterior.
Desenfúndame con razón, enfúndame con Honor.
¿Conocen ese tipo de personajes que se creen seguros solo por portar una pistola?
¿Reconocen a aquel fanfarrón que presume de valiente sin tener con qué respaldarlo?
¿Se reconocen en alguna de esas preguntas?
Todo se reduce a entrenar, aprender y seguir ajustando lo adquirido, después de todo la vida no es una película ni un video juego; en un conflicto real hay consecuencias legales, morales y humanas.
Tenemos la obligación de estar preparados para todas ellas.
Si quieren mejorar de verdad, hagan ese ejercicio anterior de analizar incidentes reales, y con ellos de la mano diseñen entrenamientos que les obliguen a pensar bajo estrés.
Busquen gente que les pongan las cosas difíciles, no compañeros que les regalen el oído.
Al final, no se trata de ser fiel a un grupo, una institución ni a un gurú táctico, sino de ser fiel a uno mismo y a la familia.
Sin secretos.
Solo trabajo, honestidad y responsabilidad.
Espero verlos la próxima semana para la segunda parte de este artículo… que antes de su publicación ya se que será polémico…
Espero verlos…
Cuídense y cuiden de los suyos.
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