Presentación de las obras de dos viejos soldados y una retroalimentación al ego del escritor.
El pasado viernes 20 de febrero, en Zizur Mayor, en el último reino de Iruña, Navarra para la mayoría, se presentaron las dos últimas obras de dos viejos soldados en una conversación íntima sobre las imágenes y las preguntas que atraviesan la mente de quienes defienden la última línea entre la barbarie y la razón, con preguntas del moderador, que llevó su lectura personal de las obras, los fragmentos de su interpretación a un espacio para la reflexión conjunta.

Trajo el moderador preguntas como...
¿Qué nos enseñan las herramientas de la guerra sobre lo que somos?
Y con sus silencios a reflexiones con las que hablamos de lo que nos sostiene y de lo que nos transforma como defensores de una sociedad adormecida e indefensa.
Gracias Xabi, presidente de PTPol y defensor del muro de servir y proteger.
Gracias a José Ángel Soguero por su “Force on Force. La tumba del ego”… búsquenlo en Amazon... no les decepcionará.
En "Meditaciones de Hoplología I" reúno textos que exploran la tensión entre defensa y vulnerabilidad, disciplina y emoción, memoria y horizonte.
No es un manual ni una apología, es una búsqueda silenciosa, una insistencia por nombrar lo que late bajo el pulso del conflicto.
Si le interesan las preguntas profundas sobre la condición humana, con este libro intento ofrecer paisajes para detenerle y pensar.
"Meditaciones de Hoplología I" es mi viaje íntimo por la forma en el que las armas, el coraje y el miedo modelan nuestra humanidad.
Pensamientos, investigaciones y reflexiones que preguntan, que mueven a pensar, que invitan a mirar más allá del ruido, sobre el miedo que heredamos, la fuerza que elegimos, y las huellas que dejamos en los otros.
Cada texto aquí es una pequeña vigilia, donde hay imágenes de hierro y barro, de manos que sostienen y de manos que sueltan; hay recuerdos que pesan y gestos que liberan.
Con este libro no busco respuestas contundentes, sino abrir espacios de duda y curiosidad.
Hablo de disciplina y de pasión, de memoria y de futuro.
Es, sobre todo, una invitación a leer el lado humano detrás de las herramientas, a escuchar las historias que las armas silenciaron o que el tiempo cubrió con polvo.
Para quien se atreve a mirar, cada página busca ofrecer un espejo y una puerta.
“Meditaciones de Hoplologia I.
La Ciencia del Profesional Armado del Siglo XXI”.
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“Force on Force.
La tumba del ego”
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Post scriptum.
No puedo evitarlo, dudé por días pero al final sucumbí a mi ego.
Retroalimentación de mi libro desde la mente y el corazón de un gran profesional, grandísima persona, e inmejorable amigo.
“Las Meditaciones de Cecilio Andrade.
Por Juan Sepúlveda.
Supongo que hay áreas del saber humano, sobre todo en el terreno teórico, en donde la adquisición y sistematización de nuevos conocimientos se puede lograr frente a un teclado, a un cuaderno de notas o discutiendo frente a una pizarra.
Me imagino que algo así puede suceder en algunas ramas de la filosofía, en la matemática pura y en algunos otros terrenos similares. Y me quedo en la suposición porque soy completamente ignorante de eso.
Lo que sí sabemos es que, en otras áreas de conocimiento, la teoría se construye después, y a veces muchísimo después de la práctica. Por ejemplo, la arquitectura la inventamos miles de años después de que el primer humano se aburrió de vivir en la misma cueva que sus suegros, juntó unos palos y ramas para construir un refugio temporal donde cobijarse junto a su familia de la lluvia y del frío.
También sabemos que la primera escuela de medicina surgió muchísimo después de que algunos humanos, y sobre todo humanas, aprendieran que había hierbas, semillas y resinas que podían aliviar o empeorar algunas dolencias de sus familias, y que compartieron ese saber con alguno de sus descendientes.
En esas y muchas otras ciencias y artes ligadas a la práctica, muy poco se puede lograr frente a un cuaderno de notas o en un aula, sin tener una base práctica. Los aviones tienen que volar, las casas tienen que sostenerse, los brebajes tienen que curar y todo, o casi todo, debe servir para una función antes de que otro humano con tiempo de sobra se ponga a teorizar sobre cómo, por qué y cuándo sirve, o por qué no lo hace.
De manera similar, nuestros antepasados se han agredido, con o sin armas, desde la noche de los tiempos. Como en otras especies, la cacería, la defensa, la agresión y, por lo tanto, la guerra que, aunque primitiva, no es más que la expresión social de esas conductas, nacieron mucho antes de que alguien se diera a la tarea de sistematizar su aprendizaje y transmisión, lo cual requiere un grado, aunque sea mínimo, de capacidad analítica de las técnicas, procedimientos, equipos y armas.
Sabemos que la guerra ha contado con varios, algunos muy buenos, historiadores y estudiosos. Entre quienes han registrado hechos militares notables en la historia no se puede dejar de lado a Julio César y sus Comentarios de las Guerras de las Galias. En el terreno artístico-literario, la épica tiene entre sus fuentes principales la narración de hechos bélicos o las hazañas de héroes mitológicos o personas reales en conflictos verdaderos, y a veces mezclas de ambos, como en La Ilíada, y estoy seguro de que siempre lamentaremos que ni Sócrates ni Platón, ambos experimentados soldados, no hayan desarrollado el tema en sus diálogos. Mi desconocimiento aún mayor del mundo oriental y otras culturas me impide referirme a ellas, aparte del tantas veces citado Arte de la Guerra de Sun Tsu, quien sistematizó sus conocimientos sobre estrategia militar y política hace más de dos mil años.
Sin embargo, este libro que escribió el Maestro Cecilio Andrade no habla de la historia de las guerras, de estrategia y mucho menos trata de ensalzar las hazañas de héroes reales o mitológicos. Hoplología, según me sentí obligado a averiguar, es, desde hace cosa de un siglo y algo, la sistematización del conocimiento de la conducta, las tácticas, el equipamiento y el uso que hacen de las armas los seres humanos en situaciones de defensa o de combate.
Y eso es lo que Cecilio hace aquí, no desde la perspectiva del académico que, encerrado en un aula, consultorio o laboratorio, trata de extraer de las experiencias ajenas, las piezas con que irá armando el edificio estructural de una teoría que explique y ordene esos pedazos de realidad, y, si tiene éxito, extraer de ellas algunas reglas que tengan la ansiada validez universal, si es que eso existe.
Al contrario, él acomete esta tarea intelectual desde la perspectiva de quien estuvo, vio e hizo lo que pretende descomponer, analizar y sistematizar. Porque antes de ser teórico, Cecilio fue un guerrero, no se formó profesionalmente como filósofo o teórico de la violencia humana, sus causas, formas y consecuencias, sino que, como tantos otros jóvenes en edad similar, pasó por un instituto militar en donde, nos imaginamos, tuvo que aprender primero a obedecer y a no hacer demasiadas preguntas como las que nos venimos haciendo hace rato.
De la misma manera que, en otras ciencias y artes ligadas a la práctica, los humanos las aprendemos haciéndolas y no leyendo sobre ellas, Cecilio probablemente no tuvo la inquietud, la ocasión ni mucho menos el tiempo de hacerse las preguntas que lo han llevado a escribir esta obra hasta mucho más tarde, cuando su excelencia en la profesión militar le hubieron ganado el respeto de subordinados, sus pares y también sus superiores.
Y también después de haber emprendido de una manera sistemática su formación académica y humanística en las ciencias de la historia, poniendo en eso toda su disciplina intelectual, su perseverancia y espíritu analítico.
Y por eso esta obra que nos entrega, para que, si queremos aprovecharla, podamos enriquecernos y crecer con sus enseñanzas y ejemplo, ha requerido de su parte dos tipos de coraje, de bravura o como se diga en las costas mediterráneas; de un lado, de la valentía física para necesitó para enfrentar el peligro muchas veces en su vida de soldado profesional, sin la cual no hubiera acumulado su amplia experiencia internacional, y del otro, de la valentía intelectual necesaria para expresar sus conceptos como él los vio, arriesgándose a decir cosas incómodas, a desenmascarar vicios encarnados entre algunos que se llaman sus colegas y a proponer rutas y caminos nuevos, sin otra intención que el perfeccionamiento y superación de sus lectores.
Pero todo esto no lo va destilando Cecilio como una tesis de grado que solo leerán quienes la califiquen o deseen antagonizarla, sino en un estilo de día a día, con mucha llaneza y yendo de una vez al grano, como el tema lo requiere.
Así que, si usted espera transcurrir por estas líneas y capítulos con la suavidad de un crucero de lujo, al cual solo llega un lejano zumbido de motor y una leve brisa marina, mejor piénselo, porque cada uno de los artículos/ensayos de Cecilio se nos presenta como una escaramuza corta y sangrienta, en donde hay unas ideas viejas que nos estorban, unas herramientas de análisis basadas en la realidad y, después de unas páginas, salimos, si no más sabidos, por lo menos con más inquietudes que antes del encuentro.
Y después de ese asalto, viene el siguiente, y así.
Yo no descansé un segundo leyendo Meditaciones sobre Hoplología; algunas ideas me hicieron fruncir el ceño, otras me dejaron pensando, un par de veces dejé el libro al lado para practicar una técnica, o para rumiar alguna idea que no me calzaba en mi ordenamiento mental.
Y cuando finalmente lo dejé, ya leído, supe que este libro había cumplido con el primer requisito que debe cumplir toda obra de estudio serio: quien terminó de leerlo no era el mismo ser humano que lo abrió por primera vez.
Gracias Maestro.”
Gracias a ti Juan, por tu tiempo, por tu análisis, por tu comprensión del objetivo, por tu aprecio… por todo y por tanto.
Gracias amigo mío.
Cuídate y cuida de los tuyos en las tierras de Nueva España.

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