domingo, 28 de junio de 2026

El viejo guerrero.

El Viejo Guerrero.


Dedicado por Cecilio Andrade para “Odín”.


Extraido de 'El guerrero a la sombra del cerezo', capítulo 20: "Más allá de lo aparente".


«Mil días para forjar el espíritu,

diez mil días para pulir lo que has forjado».

Miyamoto Musashi.


Hasta entonces, el viejo instructor había sido un rival agresivo que le avasallaba con el constante martilleo de su sable de madera, pero ese día se había tornado un oponente hierático e imperturbable.

Se limitaba a aguardar sus tentativas para desviarlas con facilidad y contraatacar cuando su guardia estaba desarmada.

Para su frustración, "Odín" descubrió que cuando su adversario no llevaba la iniciativa, él resultaba ser un atacante lento y previsible.

Pero el muchacho se conjuró para que esta vez no fuera así.

Llevaba una eternidad frente a su viejo instructor, las puntas de sus bokken a un palmo de distancia, recortados ambos contra el profundo gris de la tarde.

La incipiente ventisca hacía girar los copos de nieve a su alrededor, y "Odín" se dijo que esperaría cuanto fuera necesario para descargar el golpe que había preparado tanto tiempo. 

Necesitaba demostrarse que, al menos una vez, sería capaz de hendir la guardia de su instructor.

De improviso, vió que bajaba la punta de su arma hasta señalar con ella el suelo.

La ocasión apareció como un fugaz claro de sol entre las nubes, y "Odín" gritó y cargó hacia adelante con la espada en alto.

Con una guardia tan baja, era imposible que pudiera bloquear un mandoble que llegara desde arriba.

Pero no era esa la intención del viejo, que ni siquiera hizo el ademán de esquivar la acometida de su oponente.

Se limitó a levantar su bokken a media altura con un movimiento mesurado, casi lánguido, y el estómago de "Odín" se estrelló contra la punta del arma, quedando irremisiblemente sin aliento.

La espada enhiesta perdió toda la ferocidad y se le escapó de los dedos, cayendo a su espalda sobre la nieve.

Lentamente se dobló e hincó la rodilla frente a su oponente, mientras la vista se fundía en un rojo palpitante.

— ¿Tan viejo y lento me crees que te atreves a atacarme con una carga frontal?

— No, jefe —logró articular el dolorido "Odín", más herido, incluso, en su amor propio.

— En el camino de la espada, al igual que en el de la guerra, se fundamenta en engañar a tu oponente. —El viento arreciaba y arrastraba las palabras de l viejo instructor—. Nunca te arriesgues con un ataque frontal, a no ser que estés absolutamente convencido de tu superioridad sobre el adversario.

"Odín" asintió desde el suelo, luchando por recuperar el resuello y mantener el conocimiento.

— Por tanto, Odín, ¿cuándo debes lanzar un ataque abierto contra un enemigo?

—Nunca...

—¿Por qué?

—Porque nunca he de estar seguro de mi superioridad sobre un enemigo.

El viejo sonrió ante la respuesta.

— Aún hay esperanza para ti, por lo menos eres más rápido de mente que de piernas. Pero las bestias también aprenden cuando las golpean con un palo, aguardo el día en que seas capaz de aprender antes de recibir el golpe.

Dedicado a "Odín", aunque creías llevar mucho en el en realidad acabas de entrar en el sendero.... 

Las verdaderas pruebas aún están por llegar.... 

No lo olvides, el inteligente aprende de sus errores, el muy inteligente de los errores ajenos, y el sabio aprende también de los aciertos ajenos.

No pierdas tu brújula..... 

¿O ya sólo sabes usar GPS?



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